Sinopsis: Algún día Hinata quería encontrar a alguien especial en su vida. Alguien a quién abrazar, besar y calentarse en sus brazos. Hinata sólo quería amar alguien y alguien que la amará, también. Pero, ¿qué pasaba si éste ya había llegado a su vida sin que se hubiera dado cuenta? Muy distinto ha como lo imaginaba, distinto en su carácter y en su forma de ser. Tal vez alguien como Naruto.

Género: Friendship/romance.

Pareja: NH


Tal vez algún día


26.

Naruto torció sus manos y volvió a revisar su carpeta llena de papeles para asegurarse que no le faltará ninguno.

—Calma, hombre —dijo Toneri, sentado a su lado con los brazos tras la nuca y en pose relajada.

Naruto lo miró de mala manera.

—Tú siempre te tomas todo a la ligera, Toneri —se quejó.

El albino se encogió de hombros.

—Esa es mi filosofía de vida, que te puedo decir —se estiró en su asiento y bostezó ruidosamente—. No entiendo porque las entrevistas de trabajo deben ser tan temprano. Muero de sueño.

—¿Volviste a quedarte despierto hasta la madrugada viendo anime? —preguntó Naruto, con una sonrisa torcida. Al parecer ciertos hábitos en su amigo eran inalterables a pesar del tiempo que lo conocía.

Toneri sonrió fingiendo inocencia.

—Puede que me haya enganchado en uno nuevo.

Naruto negó, divertido.

A medida que el tiempo transcurría la idea de buscar un empleo se consolidaba en la mente de Naruto como se lo comentó a Hinata semanas atrás. Estaba a menos de medio año de terminar la carrera y la idea de continuar viviendo en la casa de sus padres, no le apetecía para nada. Sus padres le cuidaron, alimentaron y educaron durante un largo tiempo y quedarse más tiempo con ellos sería abusar de su hospitalidad.

Además, quería salir, independizarse, buscar un lugar propio. Algo que pudiera llamar suyo. Claro que para ello, necesitaba ahorrar dinero y para obtener dinero; necesitaba trabajar y por ello estaba ese temprano lunes, sentado en la espera de su turno en aquella oficina.

Y, en esa travesía parecía seguirlo también Toneri.

—Sabes que estoy buscando empleo para mudarme de mi casa y para ello debo trabajar. Lo que no entendió es porque estás aquí, Toneri. Que yo recuerde tus padres te pagan la carrera y el alquiler de tu departamento. Tú no necesitas dinero.

El Otsutsuki se sobresaltó.

—Bueno, sí…—dudó, rascándose la nuca—. Pero no es lo mismo, sólo me dan lo necesario para mantenerme y algo de dinero extra no me vendría mal.

Naruto encerró los ojos, mirando con atención al Otsutsuki.

—No te creo, ttebayo.

—Cree lo que quieras —dijo Toneri, sin darle importancia.

Una joven vestida elegantemente salió de una oficina con una lista en las manos y los miró de reojo.

—Namikaze Naruto —llamó, interrumpiendo la charla de los dos amigos y consultando la lista con los nombres de los postulantes.

—Yo —respondió Naruto levantándose de su asiento.

—Sígueme.

El Namikaze respiró hondo y la siguió.

Durante casi dos semanas estuvo yendo de un lado para el otro, tocando puertas, dándole vistazos a los anuncios de empleos en la red y contactando con compañeros de la universidad que conocieran lugares donde solicitarán practicantes o trabajos de medio tiempo.

Pero, o él tenía mala suerte o los trabajos para los que aplicaban eran difíciles de ingresar pero hasta el momento no tenía resultados alentadores en la búsqueda de empleo. Sólo ese mismo día pasó por más de diez entrevistas de trabajos y repartido curriculum en distintas empresas, compañías y agencias de empleo sin esperanzas.

Bueno, nadie dijo que madurar era sencillo.

Ni mucho menos abrirse camino por sí mismo era cuestión de suerte.

Suspiró.

Ahora mismo era el último de los solicitantes de una larga lista que lo precedieron en esa tarde. La compañía donde se encontraba esperando su turno de ser llamado era de una constructora que solicitaba practicantes que tuvieran carreras afines con la construcción e ingeniería, perfecto para Naruto, pero a medida que veía salir a los postulantes, sus ánimos decaían ya que los veía entrar con una sonrisa y terminaban asustados, molestos y hasta una joven salió llorando.

—¿Qué estoy haciendo aquí? —se preguntó Naruto, ajustando y desajustando la corbata que se puso esa mañana. No era precisamente el más inteligente de su clase, ni el más aplicado o el más hábil. Tampoco tenía experiencia laboral, cuestión que le fastidiaba porque el 80% de los empleos lo pedían. ¿Así que no era mejor irse ahora y evitarse la vergüenza de enfrentarse a quien le entrevistaría y le dijera en su caso que era un inútil? Con esos negros pensamientos en su mente se levantó de su asiento, dispuesto a irse, cuando su móvil sonó, deteniéndolo.

—¡Naruto! —La dulce voz de Hinata se escuchó cuando respondió el móvil— ¿Cómo estás? ¿Cómo te está yendo todo? —a pesar de la distancia, el rubio pudo notar la emoción en su voz.

—Hinata —Naruto se tomó la frente y sonrió nerviosamente—. Hola. ¿Cómo estás tú? ¿Estás en clases?

—No, no todavía, estamos en receso. Pero eso no es importante. Dime, ¿cómo va todo por allá? ¿Ya deslumbraste algún gerente para que te contraté de por vida?

Una sonrisa nerviosa se dibujó en el rostro de Naruto.

—Casi, sólo me estoy dando tiempo para que ver todo, tengo tantas ofertas —mintió, para no defraudarla—. Ahora estoy esperando mi última entrevista. Ya sabes —rió para no preocuparla— para ampliar las opciones.

—Increíble, Naruto —halagó Hinata—. Estoy segura de que lo harás increíble, sólo muéstrales la calidad de persona que eres y te contrataran enseguida.

—¿Tú crees?

—Sí. Por supuesto. Eres inteligente e imaginativo y nunca te rindes en lo que te propones, eres determinado y valiente, Naruto. Cualquier trabajo que consigas estarán felices de tenerte porque eres maravilloso.

Naruto sintió que las palabras de aliento de Hinata inflamaban su pecho y lo llevaban de confort y confianza. Como si de repente todo el temor y malas energías que pesaba bajo sus hombros se esfumarán y lo llenaran de vitalidad y energía. Como si pudiera lograrlo todo, como si el mundo no fuera nada comparado con su fortaleza.

—Namikaze Naruto —lo llamaron haciéndole volver hacia la puerta donde una joven lo esperaba mientras salía otro pasante frustrado—. Su turno.

—Debo irme Hinata —anunció Naruto cubriendo el móvil para que sólo su voz fuera oída por la ojiperla.

—Suerte —le deseó Hinata y cortó la comunicación.

Naruto guardó el móvil en su bolsillo y lentamente una sonrisa se dibujó en su rostro.

—Estoy listo —tomó el folder con sus papeles y siguió a la joven secretaria hasta la oficina donde sería entrevistado por uno de los reclutadores de aquella empresa. Infundado en confianza gracias a las palabras de Hinata en su mente.

La oficina era pequeña y tenía algunos ventanales con las cortinas abiertas que si fuera una hora más temprana haría que diera el sol en todo su esplendor. Un hombre vestido de manera formal, de cabellera plateada alborotada y cubierto con un extraño tapabocas oscuro estaba sentado en un escritorio con una gran pila de papeles a su lado, Naruto supuso que sería los papeles de los otros postulantes.

—Buenas tardes —saludó el hombre, levantándose de su asiento y alzando la mano. Naruto dio un paso hacia adelante y se la estrechó, no tan fuerte para que no pareciera de carácter déspota ni tan suave para que se le tachara de falto de carácter.

—Buenas tardes, Namikaze Naruto. Mucho gusto.

—Hatake Kakashi —se presentó el hombre y tomó asiento, invitándolo a hacer lo mismo—. Bueno, Naruto —Kakashi cruzó los brazos y lo evaluó con la mirada—. ¿Tienes alguna experiencia trabajando?

Naruto tragó saliva por un segundo, pero entonces recordó las palabras de Hinata y se llenó de valor.

—Podría mentirle y decirle que sí, señor Hatake, pero usted lo descubriría al instante al ver mis papeles —Naruto señaló la pila de papeles que acompañaban al otro—. Así que no, no tengo experiencia trabajando pero lo que sí tengo es la voluntad de adquirirla aquí, en esta compañía de prestigio. De llenarme de habilidades y experiencias de personas mucho más inteligentes y brillantes que yo y que ésta se beneficie con las que yo traigo consigo.

Kakashi alzó las cejas con sorpresa, pero no mostró más emoción.

—¿Qué crees que puedas aportar aquí que otras personas no hicieran?

—Soy una persona determinada. Los objetivos que me planteó en la vida son mi prioridad y no dejo que nada me distraiga de ellos. Con esa misma determinación trabajaré para realizar mi trabajo y haré lo mejor de mí para que lo objetivos de esta empresa sean cumplidos.

—¿Conoces el prestigio de esta compañía?

—Así es, señor. Su fundador es Jiraiya, un hombre rico a quien le gusta recorrer el mundo para inspirarse a construir edificios que nadie más ha imaginado. Pese a que es considerado un hombre solitario, es uno de los hombres que más dinero aporta a eventos de caridad y ayuda humanitaria de todo el mundo.

—Parece conocer perfectamente todo lo que sucede en esta compañía.

Naruto sonrió con más confianza cuando vio a Kakashi sonreír. Era una buena señal.

—Por supuesto, señor. Siempre estoy preparado para todo. Yo…

—Puedes irte —interrumpió Kakashi de repente.

Naruto estaba desconcertado.

—Pero, aún no he dado toda mi opinión.

—Para mí es suficiente —determinó Kakashi, revisando algunos documentos—. Shizune —llamó a la secretaria que se mantuvo callada, observándolo todo.

—Sí, señor —Shizune se adelantó hasta ellos.

—Lleve al señor Namikaze al departamento jurídico y que le redacten un contrato de seis meses, claro que éste se podrá ampliar dependiendo de su desempeño. Felicidades, señor Namikaze, usted está contratado.

Naruto estaba tan asombrado que apenas sintió cuando Kakashi le estrechó la mano, felicitándole. Una lenta alegría inundó a Naruto que rió y celebró estrechándola con entusiasmo y energía.

—No se arrepentirá señor. Daré lo mejor de mí, se lo aseguro, ttebayo —dijo Naruto.

Se despidió cordialmente de Kakashi y se encaminó con Shizune hacia el departamento jurídico, siempre con una sonrisa en el rostro.


El auto de Naruto estaba estacionado en una colina, un lugar perfecto para ver las estrellas en aquella noche tranquila y pasar un tiempo de calidad con Hinata. Con entusiasmo, el Namikaze le contó contento como había obtenido finalmente el empleo a una atenta Hinata a quien le narró las peripecias que tuvo en un inicio por pasar las entrevistas de empleo todos aquellos días y todas las cerradas de puerta de muchos, que le habían tachado de falto de experiencia y demasiado joven en un principio.

—¿Cómo voy a obtener experiencia sino me dan la oportunidad? Eso es ilógico —argumentó Naruto, quejándose.

Hinata asintió de acuerdo con sus palabras.

—Pero finalmente pudiste demostrar tu valía, Naruto.

—Sí, eso es lo más genial, Hinata. Voy a estar como pasante un tiempo y luego, vendrán los verdaderos proyectos.

—¿Y Toneri? ¿Qué pasó con él?

—Ese suertudo —se quejó Naruto pero estaba sonriendo así que Hinata supuso que no estaba molesto con el Otsutsuki—. También lo aceptaron, estaremos trabajando en un cubículo cerca uno al otro.

—Eso es bueno.

—No creo que tanto, pero no estaré tan solo y al menos tendré una cara conocida en aquel lugar —Naruto abrazó de forma sorpresiva a Hinata haciéndole sonrojar—. Gracias —murmuró ocultando su rostro contra su cuello.

—¿Por qué? —preguntó Hinata sin entender, acariciándole las hebras rubias de sus cabellos con sus dedos.

—Si no hubieran sido por tus palabras, creo que no lo hubiera conseguido. Tus palabras me dieron la suficiente confianza para intentarlo —murmuró Naruto, algo apagado—. Todo este tiempo me sentí un fracasado con tantos rechazados y puertas cerradas en la cara.

—No es cierto —le contradijo Hinata— tú eres maravilloso, Naruto. Si ese señor no se daba cuenta de las extraordinarias cualidades que tienes, el fracasado hubiera sido él, al no reconocerlo.

Naruto alzó el rostro y la miró con fijeza. La mirada de Naruto era tan potente y llena de cariño por ella que Hinata se sonrojó y jugó nerviosamente con sus manos.

—Te quiero —susurró Naruto con tanto sentimiento que la dejaron sin palabras.

Claro que le había escuchado decir aquellas mismas palabras hace algún tiempo, a veces de forma juguetona, otra de forma honesta y sincera pero esta vez parecía…

…tan maduro,

…tan real,

…tan inquebrantable como si le estuviera haciendo un juramento, una promesa que prometía ser eterna. Como…

Naruto tomó sus mejillas y la acercó contra sí, para besarla, nublando cualquier pensamiento de la mente.

El calor de sus bocas, arrastraron a Naruto a sentarla en su regazo para sentirla más cercana, más unida, más suya de lo que otra persona había sido en su vida. Su mano izquierda bajó hasta la cintura de Hinata donde la acarició dibujando formas indefinidas. La escuchó gemir de sorpresa cuando su lengua se adentró en la boca de Hinata. Siempre fue lo suficiente precavido para besarla, siempre con ternura y cariño, siempre correcto con respecto a Hinata.

Siempre respetuoso.

Caballero, noble…

Sin embargo, desde hace algunos meses, sus deseos por la joven crecían en su interior de forma apasionada. La amaba y ansiaba saber cómo sería sentir ese amor representado en forma física, como sería sentir su piel bajó sus dedos, la ternura de sus caricias y la estrechez de su cintura…

Naruto tomó una bocanada de aire viendo como el pecho de Hinata subía y bajaba intentando recuperar el aire. La tentación de su blanco cuello fueron demasiado para Naruto que deslizó sus labios repartiendo húmedos besos que la hicieron suspirar y temblar al mismo tiempo. La escuchó gemir haciendo que la sangre de su cuerpo se agolpará en algunas partes que le resultaron molestas en ese momento.

Para Hinata era como la revolución de todos sus sentidos con sólo sentir las caricias que le prodigaba Naruto. Quería y temía con la misma intensidad, que la mareaban. Volvió a sentir los labios de Naruto sobre los suyos y le correspondió, colocando sus brazos en su cuello.

Los dedos del rubio acariciaron su espalda y el largo de su cabello; bajando peligrosamente...

El celular de Hinata sonó, sobresaltándolos.

Hinata se separó de inmediato de Naruto y lo tomó después de tres tonadas, regresando a su asiento.

—Es mi padre —explicó y contestó—. Sí, papá, llegaré en algunos minutos. Naruto ya me está llevando a casa —se sonrojó, mirándolo de reojo e intentando calmar los fuertes latidos de su corazón—. Sí, te llamaré cuando llegué —cortó la llamada y se volvió a Naruto.

Sus ojos chocaron y desviaron la mirada, apenados.

—Debo ir a casa —dijo Hinata como un murmullo.

—Bien —respondió Naruto y arrancó el motor del auto.

Hinata jugó con sus manos sin saber cómo comportarse mientras Naruto se debatía en cómo debía iniciar el tema. Las cosas sin decir que ocurrió entre ambos parecían de cierta medida desequilibrantes, como si de repente en su relación se hubiera roto una brecha que no sabían que podían cruzar.

—Yo…—intentó Naruto haciendo que los ojos aperlados de Hinata se alzarán para mirarle. Rió y no supo cómo seguir. "¡Que complicado!" —pensó, superado por sus emociones y el arrebato loco de hace algunos instantes. ¿Cómo pretendía abordar un tema tan delicado como ese?

Hinata también sonrió, pero se lamentó interiormente.

Se sentía confundida y acalorada.

Sí, se habían besado muchas veces anteriormente, pero ahora era parecía diferente.

Más osado.

Más ardiente.

Más íntimo y no sabía que pensar al respecto. Lo miró: el rostro de Naruto estaba concentrado mirando a la autopista, sus manos empuñaban el volante con firmeza e imaginó como sería ser tocada por él, poder sentir sus caricias, sentirse amada por él en una forma más física, más pasional.

Enrojeció y no apartó la vista de la ventanilla en todo el camino de regreso a casa.

Se despidieron tímidamente uno del otro y cada uno se encaminó a su domicilio.

Sin saber que decirse.

Esa noche Hinata se recostó en su cama con una duda en la mente y un nerviosismo latente.

Al parecer una nueva etapa en su noviazgo iniciaba, después de todo cuando uno empezaba a madurar, lo hacía en todos los aspectos de su vida y Naruto y Hinata tendrían recién que convivir con ello.

Sea de una manera u otra.


NOTAS

Esto se va volver intenso. Con "I" mayúscula. Ya estoy trabajando en el siguiente capítulo espero que no sea tan difícil de escribir como este, que en verdad me ha hecho sufrir como no tienen idea.

Nos leemos.