Aunque ya era de madrugada, Nathan entró en la cocina en busca de un vaso de leche y allí se encontró a Mohinder. La luz estaba completamente apagada, pero el profesor pareció no haberse dado cuenta, estaba concentrado en la taza que tenía entre las manos, como si estuviera intentando ver el futuro en ella.

Cuando Nathan dio la luz, Mohinder levantó la cabeza y el otro hombre pudo ver las prominentes ojeras en el rostro del profesor. "Veo que no has dormido mucho últimamente." Nathan cogió el vaso y se apoyó en la encimera.

Mohinder sonrió con cierta amargura en la mirada. "La verdad es que no, he estado tan ocupado estos últimos días, que ni siquiera se en que día estamos."

Mohinder se sentó en la silla más cercana que encontró y se puso a pensar, pues era verdad, no sabía que día era, trabajando durante casi todo el día para encontrar una cura para la extraña enfermedad de Molly y tratando de conseguir que Peter hablara de lo ocurrido por las noches, el tiempo pasaba sin que el profesor se diera cuenta y aunque no quisiera reconocerlo, también le estaba afectando a su lado.

"¿Qué tal está Peter?" No era necesario que Mohinder contestara para que Nathan supiera la respuesta.

Nadie le había visto apenas desde lo de su padre, pero Nathan se pasaba la mayor parte del día junto a su hermano pequeño, mientras el profesor trabajaba, él entraba en la habitación, se sentaba en la cama junto a Peter, sabiendo que apenas le diría nada en todo el día; pero él necesitaba estar allí, sentía que al menos de esa forma estaba ayudando a su hermano a no sentirse sólo, a saber que había gente a su lado que quería ayudarle y que le escucharía cuando estuviera dispuesto a hablar.

Nathan se sentaba en la cama y tan sólo observaba a Peter, quien, alguna vez, le observaba con su mirada triste, que parecía haber perdido toda la vida, toda la ilusión que tanto adoraba Nathan de él.

A veces, cuando Nathan lo veía acurrucarse entre las sábanas, comenzaba a hablar, aunque sabía que Peter no le escucharía, pero lo necesitaba, le hablaba de cuando eran pequeños, de lo ilusionado que estaba Peter cuando su hermano mayor regresaba de la universidad y lo mucho que disfrutaba con él.

También se preocupaba mucho en pesar lo que decir y como lo iba a hacer, se aseguraba de no nombrar a su padre, tan sólo hablaba de ellos y a veces, hasta hubiera podido asegurar que le había visto sonreír, aunque esos momentos duraban poco.

"No muy bien. Es como si Peter hubiera desaparecido y en su lugar hubiera un simple recuerdo de lo que fue." Mohinder suspiró con tristeza al imaginar que Peter no volviera a ser el mismo hombre del que se había enamorado. "Creo que ya lo he intentado todo, pero creo que me acercó más a la solución del problema de Molly, que al corazón de tu hermano."

Mientras hablaba, Nathan desapareció en la despensa y volvió a salir en pocos segundos. "Creo que nos van a hacer falta medidas desesperadas para solucionar esto." Y sin esperar respuesta salió de la cocina con un par de botellas en mano.

- o -

Mohinder lo vio desaparecer, completamente sorprendido. "¿Se puede saber de que va todo esto?" Le preguntó mientras comenzaban a subir las escaleras.

Nathan se dio la vuelta justo delante de la habitación en la que estaba Peter. "Creo que todavía conozco a mi hermano mejor que tu y se que para conseguir que diga lo que siente, que saque toda la mierda que tiene dentro, vamos a tener que ayudarle." Levantó la mano y le mostró al profesor una de las botellas.

"¿Quieres emborracharlo?"

"Es una forma de decirlo." Sin más dilación, Nathan llamó a la puerta, pero Peter no respondió, por lo que se decidió a entrar sin más. La habitación continuaba en la más absoluta oscuridad, día y noche, esas persianas se mantenían bajadas. "¿Estás despierto?"

"Si." Los recién llegados escucharon el sonido de las sábanas al moverse y se acercaron a la cama. "¿Por qué no estáis durmiendo?"

"Te hemos traído algo." Mohinder miró a Nathan. "¿Hemos?" Pero no dijo nada al respecto. Los dos se sentaron en la cama y Nathan acercó una de las botellas hasta Peter.

"No voy a beber a las tres de la mañana." Dijo Peter de mala gana y se volvió a tumbar en la cama.

"Muy bien, pues, no bebas si no quieres." Nathan abrió la botella de Tequila y bebió un buen trago. Aunque estaban en completa oscuridad, se fijó en la mirada de su hermano que se había apartado de él. Notó con el líquido casi le abrasaba la garganta, pero no dijo nada. Le acercó la botella al profesor, quien dudó un momento antes de cogerla. No solía beber alcohol, pero esa vez haría una excepción por Peter.

Peter los miró a los dos, sabía muy bien lo que estaban haciendo y por mucho que su mente no hacía más que pensar en que podía haber hecho las cosas de otra manera, que no tenía porque haber matado a su padre, la visión de las dos personas más importantes de su vida, desviviéndose por él fue superior a sus fuerzas.

Por ello, alargó la mano y cogió la botella de las manos de Nathan y bebió hasta casi atragantarse. "¿No decías que no ibas a beber a las tres de la mañana?" Nathan sonrió mientras hablaba, pues por fin, se dio cuenta que su hermano estaba reaccionando con algo.

Peter tosió, a causa de la falta de costumbre y sobretodo por beberse el tequila a palo seco, sin sal ni limón, pero por mucho que la garganta le estaba abrasando y casi le había cortado la respiración, el calor que atravesó su cuerpo, le dio una energía renovada en un primer momento.

- o -

Dos horas después, las dos botellas estaban casi agotadas, mientras que los tres reían de una forma casi histérica, Peter tumbado boca abajo en la cama, abrazando una almohada con fuerza, Mohinder junto a él, acariciándole el pelo y con la cabeza apoyada sobre su hombro y Nathan sentado en el suelo, con la botella en la que todavía quedaba algo en la mano.

"Lo digo en serio. Peter era un trasto cuando era un crío." Nathan se secó las lágrimas que caían por sus mejillas. "Si no fuera por mi, se habría matado cuando tenía seis años."

Peter se incorporó un poco y arrastrándose por la cama llegó hasta el borde y agarró la botella de mano de su hermano. "No fue para tanto, como mucho me habría hecho un chichón."

Nathan levantó la cabeza hacia él. "Eso no es lo que dicen mis costillas y mis riñones."

"¿Qué ocurrió, es que ya de pequeño intentaste volar?" Preguntó Mohinder desde el fondo.

"En realidad si." Dijo Nathan mientras escuchaba la risa de su hermano que había ocultado el rostro avergonzado contra la almohada. "La cosa fue que cuando Peter rondaba los seis años, estaba empeñado en que era Superman."

"¡Era la antorcha humana!"

"Bueno pues la antorcha humana." Mohinder los miraba los dos, no pudiendo parar de reír al imaginarse a Peter como un superhéroe. "La cuestión es que creía que podía volar, si ya entonces estaba convencido de eso. Y lo intentó."

"¿No?" Dijo Mohinde entre carcajadas.

"Recuerdo que fue una tarde, yo acababa de entrar en casa y escuché la voz de mi hermano. "Nathan, ven mírame." Dijo Nathan imitando una voz infantil. "Seguí su voz y me lo encontré en lo alto de la escalera. "Puedo volar." Me dijo todo seguro de si mismo. Yo pensé que se trataría de un juego de niños, pero cuando lo vi lanzarse, el corazón me dio un vuelco."

"¿Y que ocurrió?" Mohinder seguía la historia completamente concentrado en las palabras del mayor de los Petrelli, mientras inconscientemente iba pasando sus dedos por la espalda de Peter.

"Intenté cogerlo antes de que saltara, pero no pude. No recuerdo muy bien como fueron las cosas, pero si que me acuerdo de acabar en el suelo, con la espalda echa polvo y teniendo a Peter encima de mi."

"Creí que podía volar, estaba totalmente convencido y tenía que demostrártelo, porque sólo tu me entenderías. Además sabía que si algo salía mal, tu estarías allí para ayudarme." Peter se había tumbado sobre su espalda y tenía la mirada fija en el techo. "Reconozco que tuve miedo al ver que no volaba y que iba a caer por las escaleras, pero cuando te vi, cuando me cogiste, ese miedo desapareció por completo." Peter se levantó y miró a su hermano, que lo escuchaba en silencio. "No sabía que te hubiera hecho daño, no dijiste nada entonces y yo creí que estabas bien." Peter se apoyó en el cabecero de la cama y pareció hacerse muy pequeño.

Nathan se levantó, aunque le costó un poco hacerlo con el alcohol que tenía en el cuerpo. Llegó hasta la cama y se sentó junto a Peter, mientras que al otro lado se colocaba Mohinder.

"¿Qué te iba a decir? Tu estabas bien y era todo lo que me importaba, si te hubiera ocurrido algo entonces. Podías haberte abierto la cabeza." Nathan tocó el brazó de su hermano que lo miró sonriendo ligeramente.

"Tu siempre has estado ahí para ayudarme." Dijo y se volvió hacia Mohinder. "Y tu también. Incluso ahora, se que los dos tenéis otras cosas que hacer, mejor que emborracharos conmigo, pero en cambio estáis aquí. Gracias." Ni siquiera estando sereno, hubiera podido controlar las lágrimas que comenzaron a brotar de sus ojos de forma involuntaria.

Peter se deslizó en la cama y apoyó la cabeza sobre el regazo de Mohinder, que lo miró igual que si observara a un cachorrillo totalmente desvalido, le acarició el cabello, mientras lo escuchó sollozar.

"Claro que estamos aquí por ti, soy tu hermano mayor y si entonces evité que te pasara nada malo y que no te rompieras nada al tirarte por las escaleras, ahora estoy haciendo lo mismo, no quiero que te hundas en ti mismo, cuando podemos ayudarte." Nathan se acercó a los dos y se acostó en la cama, abrazando a su hermano.

"Creo que después de todo lo que hemos pasado juntos y de todas las veces que has intentado salvarme, lo lógico es que sea yo el que haga algo por ti. Creo que te lo mereces." Mohider agachó la cabeza hasta poder tocar la mejilla de Peter y le besó dulcemente, escuchando un pequeño suspiro proveniente te este.

"¿Creéis que podría haber hecho otra cosa?" La voz de Peter sonó triste, absolutamente apagada.

"¿A que te refieres?" Nathan había juntado su cuerpo al de su hermano, apoyándose sobre su brazo.

"A papá. Tal vez tendría que haber hecho otra cosa, al fin y al cabo era nuestro padre, no se trataba de Sylar, era nuestro padre Nathan y no tuve ninguna duda a la hora de hacerlo. Mate a papá."

Nathan se incorporó y esperó a que Peter le mirara. "El me hubiera matado a mi, no le importó sacrificar a su propio hijo para conseguir su propósito." Nathan sonrió al darse cuenta que Peter había dejado de llorar. "El otro día, tuviste que decidir, elegir entre papá y yo y me elegiste a mi; se muy bien que no fue nada fácil para ti, pero aun así tengo que ser sincero y darte las gracias, si no lo hubieras hecho seguramente ahora estaría muerto."

Peter no sabía que decir, porque si por un lado sabía muy bien que Nathan y Mohinder tenían razón en sus palabras, que le querían y que harían todo lo que estuviera en sus manos para ayudarle, algo en su interior todavía le decía, que era alguien horrible, que si hubiera pensado un poco más las cosas, hubiera encontrado una forma de conseguir que todo terminara bien sin matar a su padre.

"Además Pete, sabes tan bien como yo, que ese hombre no era papá. El Dallas Petrelli que ambos conocimos, al que yo admiraba y con el que tanto discutiste por poder ser tu mismo hasta que conseguiste que al menos, te aceptara tal y como eras, murió hace un año; estuviste a mi lado en el funeral, lloraste tanto como yo y juntos, conseguimos seguir adelante. El monstruo que nos atacó, no era papá, simplemente era eso, un monstruo y nada más."

Un fuerte impulso se apoderó de Peter cuando abrazó con fuerza su hermano y comenzó a llorar otra vez, dejando que saliera toda la porquería aculada durante los últimos días en su interior. Nathan cerró el abrazo, acariciándole el cabello. "Tranquilo, todo esta bien, todo ha terminado."

Unos momentos después, Peter se acurrucó contra su hermano y cerró los ojos, dejando que el alcohol hiciera su trabajo por fin, durmiéndose en los brazos de su hermano.

Mohinder miró a Nathan y sonrió, aunque tenía una envidia sana por lo mucho que Nathan conocía a su hermano pequeño, por todos los años que había disfrutado de Peter y por como sabía que decirle y como tratarle, que teclas tocar para conseguir hacerle sentir mejor.

"Gracias." Dijo en voz muy baja, mientras Nathan se movía y dejaba que Peter se apoyara sobre él. Este tan sólo sonrió y fue a salir de la habitación.

"El resto es cosa tuya." Dijo mientras sonreía y salía de la habitación.

- o -

Casi era medio día cuando Peter despertó por fin. La cabeza le estaba destrozando, pero al menos había descansado y notaba que se había quitado un fuerte peso de encima, sabía que lo de la noche anterior le había sentado bien.

Se quedó sentado en la cama y miró a su alrededor, encontrándose sólo en la habitación. Se levantó y aunque sabía que eso le iba a destrozar la cabeza, subió la persiana, dejando que el sol penetrara en el cuarto.

Salió de la habitación, casi arrastrando los pies, pues le costaba demasiado manejar su propio cuerpo. La casa estaba casi en completo silencio, aunque escuchó unas voces que provenían del piso inferior. Las siguió hasta que vio a Mohinder, junto a Matt y Molly que reían felizmente.

"¿Entonces ya está?" Dijo Matt, al mismo tiempo que Molly se lanzaba a sus brazos.

"Lo he tenido delante todo el tiempo y hasta esta mañana no me había dado tiempo. Mi padre sabía que la clave estaba en mi, que yo podría haber curado a mi hermana. Mi sangre es la respuesta." Mohinder se sorprendió cuando el policía también se abrazó a él.

Al escuchar los pasos en el piso de arriba, Mohinder se volvió y se encontró con los ojos de Peter, distintos a los que había visto días atrás, tal vez no iguales a los que tan bien conocía, pero con el tiempo, estaba seguro que Peter volvería a ser el mismo.

Tras disculparse frente a Matt y Molly, Mohinder subió las escaleras hasta encontrarse con Peter y para su sorpresa y felicidad, este rodeó su cintura con fuerza y le besó intensamente. Había echado esto tanto de menos que un intenso suspiró salió de su garganta.

"Buenos días." Dijo una vez que Peter separó sus labios de los del profesor.

"Buenos días y gracias." Le susurró al oído. "Siento haberme comportado así últimamente, pero te quiero compensar por ello." Dijo finalmente Peter mientras sonreía.

Sin dejar que Mohinder dijera nada, tomó su mano y tiró de él de vuelta al dormitorio. Lo vio sonreír e incluso sonrojarse, pero no lo comentó. Una vez dentro de la habitación, Peter cerró la puerta, se apoyó en ella y atrajo a Mohinder hasta él. Puso sus manos alrededor del cuello del profesor y volvió a besarle, muy despacio.

Al notar los labios de Peter sobre los suyos, Mohinder sintió ganas de llorar, aunque no lo hizo, pues cuando la lengua de Peter se internó en su boca, decidió cerrar los ojos y disfrutar del intenso momento.

Poco a poco comenzó a retroceder hasta sentarse en la cama, llevando consigo a Peter. Este lo empujó hasta que el profesor quedó tumbado en la cama. Se puso sobre él, sentado sobre su estómago y atrapó sus dos manos sobre su cabeza.

"Se que lo has pasado muy mal estos días por mi culpa y no puedo permitir que siguas sintiéndote mal." Mientras hablaba, Peter fue besando el cuello del profesor y notó con este arqueaba la espalda cada vez que separaba sus labios de la piel de Mohinder. Quería y necesitaba volver a sentir el contacto de Peter sobre si mismo. "Hoy es un día para nosotros dos solos." Peter deslizó su lengua hasta la mejilla del profesor. "Además, por lo que he oído, hay que celebrar la recuperación de Molly." Mordió el labio de Mohinder y escuchó el pequeño gemido que hizo este. Apartó sus manos de las del profesor y fue bajándolas por el pecho y el estómago de este hasta llegar a su pantalón.

"Espera." Consiguió decir Mohinder y se dio cuenta que Peter lo miraba sorprendido. "Si quieres compensarme de alguna manera ven." Le sujetó con delicadeza la barbilla y juntó otra vez sus labios con los de Peter, le besó con fuerza, notando la lengua de este en el interior de su boca, moviéndose con decisión. Mohinder se movió y consiguió tumbar a Peter sobre la cama.

Mientras todavía le estaba besando, fue desabrochando la camisa de Peter, que al volver a mirarlo le sonrió. "Lo…" Mohinder puso un dedo sobre los labios de Peter. No le hacía falta poder leer su mente, para saber que iba a pedirle perdón, pero no quería escucharlo, no otra vez, pues lo único quería escuchar en ese momento era el agitado corazón de Peter cerca de él y su respiración entrecortada, mientras esperaba poder volver a tocarle, acariciarle y hacerle suyo para siempre.