Riley V
Por fin. Esas eran las palabras que se repitieron una y otra vez dentro de su cabeza cuando Lucas la besó en la azotea. Por fin.
Era inútil intentar contar los días que llevaba esperando ese momento, el beso definitivo. El verdadero inicio de su propia historia de amor. Sus padres tuvieron la suya y ella por fin había comenzado la de ella. Por fin Romeo había escalado su ventana.
El beso fue agradable, de eso no había duda. Lucas se acercó a ella gentilmente y junto sus labios juntos a los de ella con suavidad. Era tal y como esperaba… pero se fue a la cama aquella noche con una sensación extraña. Los besos que se daban sus padres estaban cargados de cariño y de dulzura, pero también de algo más. Cuando Cory y Topanga Matthews se besaban tenían un brillo en los ojos que Riley aún no había sido capaz de descifrar: era más que cariño, era un brillo intenso y profundo. Siempre que aparecía ese brillo en los ojos de sus padres, Riley cogía a Auggie de la mano y se lo llevaba a su cuarto. Algo le decía que él no necesitaba verlo tan pronto (no quería crearle un trauma).
Se dijo así misma que era normal que ese brillo no hubiese aparecido en aquel beso. ¡Seguro que ese brillo tardó años en aparecer para sus padres!
El siguiente beso que se dieron Lucas y ella fue durante el entrenamiento, tres días después de que volviesen al instituto. Fue cortó (tampoco querían montar un espectáculo), aunque igualmente agradable que el primero.
-Así que… ¡Lucas Friar! –exclamó Joanna con una mueca pícara mientras calentaban.
-Sí –asintió Riley poniéndose roja. –Llevábamos años buscando el momento apropiado y… ¡en Año Nuevo llegó!
-¡No tienes suerte ni nada! –exclamó a su otro lado Mel mirando a Lucas que en aquel momento estaba quitándose la camiseta interior sudada. –Mírale… ya sé que es un poco joven para mí, pero… ¡sin duda haría una excepción!
Riley se rio ante el comentario de Mel. Esa chica era completamente desinhibida y siempre decía lo que se le pasaba por la cabeza. Era igual que Maya en muchos sentidos. Hablando de Maya… Riley estaba convencida de que si hubiese oído el comentario de Mel habría intentado sacarla los ojos. Siempre se enfadaba cuando las chicas miraban a Lucas como si se tratase de un objeto sexual. A Riley no le importaba, un comentario no hacía daño a nadie y menos aún entre chicas.
Habían pasado dos semanas desde que habían empezado a salir y no se habían besado desde aquel beso durante el entrenamiento. Salían en citas por supuesto, pero siempre hablaban. La mayor parte de las veces ni siquiera iban los dos solos. Que estuviesen saliendo no significaba que quisiesen dejar a sus amigos aparte. Riley no quería ser una de esas personas que dejaba de salir con sus amigos sólo porque se había echado novio.
Fueron juntos a la feria de Ciencias (en la que Smackle ganó el primer premio). Farkle había estado ayudando a Smackle con el proyecto y Smackle insistió en que subiera con ella al escenario (fue todo un detalle por su parte). Farkle subió al escenario contento y sonrió a Riley desde allí.
Pasó algo curioso cuando la sonrió. El genio se había arreglado para la ocasión: llevaba unos pantalones de traje y una camisa negra. La ropa le quedaba como un guante. A Riley siempre le había encantado como le quedaba el negro a Farkle, pero esa noche precisamente… estaba… estaba… La cuestión es que no pudo evitar dejar escapar un sonido de sus labios. Un sonido que ella jamás hubiese dejado escapar de forma consciente. ¡Un sonido que ella jamás pensó que podía emitir!
Lucas, que estaba a su lado, la miró extrañado.
-¿Qué ha sido eso? –preguntó sorprendido.
-¿Qué ha sido el qué? –le preguntó a su vez Riley intentando que no la mirase a la cara. Sabía que debía tenerla del color del tomate.
-Acabas de gemir –respondió Lucas que seguía sin poder creérselo. -¡Y no ha sido el gemido de un gatito! Parecía más bien uno de una película por…
-¡Ssshhh! –le siseó Riley para que se callase. Veía como Zay les miraba con curiosidad. ¡Lo último que quería era que Zay se enterase! Era un bocazas… se lo contaría a todo el mundo.
Lucas empezó a reírse. Riley le miró sin poder creérselo. ¡Se estaba riendo de ella!
-Perdona –dijo el chico mientras le caían lágrimas de la risa. –Es que nunca pensé… que… tú… pudieses… ¡ya sabes!
Siendo sincera consigo misma, a Riley también le sorprendió el sonido que había emitido. Aunque Lucas no se libró de un par de puñetazos en el brazo por haberse reído de ella.
Aquella noche, después de la feria de Ciencias, Lucas y ella se besaron por tercera vez. Sus padres estaban fuera y tardarían un rato en llegar.
-Riley, si no quieres… lo voy a entender perfectamente –dijo Lucas algo inseguro. Era como si estuviese buscando una excusa para irse.
-¡No! ¡Yo quiero hacerlo! –exclamó Riley sentándose con él en sofá. –Quiero hacerlo
Empezaron a besarse con delicadeza, como siempre. Se atrevieron incluso a meterse la punta de la lengua. Y entonces… entonces… a Riley le vino a la cabeza la imagen de Farkle subido en aquel escenario, mirándola con aquellos preciosos ojos marrones y… y… entonces (por segunda vez consecutiva aquella noche) hizo algo que nunca hubiese imaginado que podía hacer.
Cogió a Lucas fuertemente de la camisa (tal y como solía hacer Maya) y fusionó su boca con la suya. Le besó apasionadamente, como si necesitase comerle la boca para poder respirar. Y lo más extraño de todo es que lo hizo con los ojos cerrados (cosa de la que ni siquiera se dio cuenta). Acto seguido, se levantó del sofá y se sentó en el regazo de Lucas frente a frente con él. Al no abrir los ojos, no se dio cuenta de la cara que estaba poniendo Lucas (el pobre estaba en estado de shock sin poder creer lo que estaba viendo).
Para su eterna vergüenza Riley empezó a balancearse adelante y hacia atrás, frotando sus partes íntimas con las de Lucas (todo ello con los ojos cerrados). Poco a poco, empezó a notar un bulto debajo de ella y al notarlo se balanceó con más ganas aun. Era impresionante… ¡era increíble! ¡Dios, como adoraba ese bulto!
-¡Sí! –dejó escapar con un gemido. -¡Quiero hacer los deberes de Ciencias!
Puede que fuese esa frase la que la hizo volver a la realidad. Abrió los ojos y vio a Lucas completamente boquiabierto. El chico estaba sudando. Parecía un animalillo asustado. Riley, al darse cuenta de lo que estaba haciendo, se bajó de su regazo y se sentó a su lado en el sofá. Ninguno de ellos dijo nada durante los tres minutos siguientes.
-Creo… creo que necesito ir al baño –dijo Lucas aun sudando y dirigiendo la mirada a su entrepierna.
-¡Oh, claro! –exclamó Riley cayendo de repente en la cuenta de qué era el bulto que había sentido. –Tranquilo… tú… eeehhh…. ¡tómate tu tiempo!
Lucas la miró avergonzado y se levantó corriendo al baño. Riley pensó que Lucas no tenía nada de lo que avergonzarse (la reacción que había tenido era natural), era ella la que tenía que avergonzarse. ¿Qué narices había sido eso? ¿Era algo que solía pasar muy a menudo cuando empezabas a desarrollarte? ¡Qué vergüenza! ¡Qué vergüenza! ¿Cómo iba a ser capaz de mirar a Lucas a la cara después de aquello?
Lucas y ella estuvieron algo tensos tras aquel episodio. Estaba convencida de que los demás lo notaron, pero que prefirieron no preguntar nada… y se sintió agradecida por ello. A Farkle ya era incapaz de mirarle sin sonrojarse.
