25
La lanzó con suma fuerza, su cuerpo rebotó tres veces contra el suelo, hasta terminar rodando en el último escalón de la entrada del hospital. Su ropa estaba repleta de rasguños y agujeros, ya sea por los impactos de los golpes o del propio terreno ya en ruinas.
Tenía un largo camino de cardenales recorriéndole la espalda y las piernas, cientos de cortes cubrían sus brazos desnudos, pues sus mangas no habían tardado en romperse en el transcurso de la pelea. Notaba el calor de la sangre emanando por sus fosas nasales y el labio superior, el cual lo tenía un poco hinchado debido a la herida. Por el momento sus ojos no le fallaban, a pesar de haber recibido más de una ronda de puñetazos.
Mas no por ello se incorporó. Caitlyn permaneció en el suelo, sin ánimo de seguir luchando contra la criminal. Le dolía incluso el propio aire que entraba y salía de su cuerpo, pero aquello era una minucia comparado con el dolor de la pérdida. Ya no salían lágrimas de sus ojos, no servía de nada llorar por algo que no se puede arreglar.
Mientras escuchaba los pasos de su asesina, su mente le recordaba los diversos momentos en los que podía haber hecho algo por ella, en lugar de centrarse en el trabajo. Las voces eran como ecos que golpeaban su cabeza, ecos que la hacían sentirse más miserable y más culpable.
"¿Juegas conmigo mami?"
Su voz era tan dulce e inocente. Ella no pedía gran cosa, tan sólo pasar unos minutos con ella, algo que quiere cualquier niño de su edad.
"Lo siento, hoy no puedo Emily. He de terminar una investigación importante, pero te prometo que mañana sí."
"¡Vale! Iré a preguntarle a mami Vi. Pero mañana juegas conmigo."
Las botas entran en su campo visual, Catrixce se pone de cuquillas a su lado, la luz del ojo cibernético le recorre el rostro de arriba abajo, mirándola tan fríamente como su ojo humano. Con su brazo derecho la mueve, hasta dejarla bocarriba.
- Podrías poner algo de resistencia al menos, ¿no? – inclina la cabeza, mirándola como si estuviera dudando de ella, pero en el fondo sabe la respuesta.
- ¿De qué sirve luchar, cuando me has arrebatado todo?
- ¡Oh, por favor! – se incorpora. - ¡Tú le has hecho más daño a esa niña que nosotras! – empieza a dar vueltas a su alrededor. - ¡Sólo nos echas la culpa porque somos las malas de la historia!
- Te hicimos un favor. Esa niña era la hija de un hombre al que en realidad no amabas, simplemente fingías que la querías por miedo a lo que pudieran pensar los demás.
- ¡Eso es mentira! – grita Caitlyn.
En un arrebato de ira, la sheriff intenta incorporarse, pero de una patada la criminal la vuelve a tumbar al suelo. Aprieta los dientes, la suela de su bota le aprieta el cráneo contra el mármol del escalón.
- Un sheriff no debería de mentir, aunque es cierto eso de que los sentimientos pueden causar más dudas que cualquier otra cosa en el mundo. –
Las gemas de su brazo comienzan a brillar. En cuestión de segundos una pequeña acumulación de carga electro-arcana se forma en la palma de su mano. La luz de los últimos focos del hospital desaparece, quedando únicamente la blanca azulada de la propia energía. Catrixce sonríe maquiavélicamente, siente el miedo de Caitlyn en sus ojos.
- Pero tranquila. Yo terminaré con tus dudas.
- ¡Hermana cuidado! – grita la otra.
Ambas levantan la mirada, a lo lejos ven un objeto acercándose rápidamente a su posición. El ojo robótico hace zoom al objetivo, no es un objeto sino el cuerpo de un enorme voltiock corriendo hacia su posición.
Quedando pocos metros de distancia, Catrixce dispara la cadena de rayos contra el voltiock. El último cae del cielo, impactando de lleno en el núcleo de la criatura, provocándole un gran estallido de dolor que termina con su propia muerte. La explosión se expande por la zona, los restos del cuerpo de metal salen desperdigados por todas partes con la misma potencia que una bala.
Entra en escena la Catrixce mitad máquina. Activa el indicador de su antebrazo, los distintos proyectiles de metal son suspendidos en el aire, inmediatamente les cambia su trayectoria, haciéndolos impactar contra las paredes de otros edificios o en vehículos cercanos.
Caitlyn observa con detenimiento el indicador y el movimiento de la criminal. Puede que no fuera una científica excelente como lo es su madre, pero aquella acción le recordaba a una propiedad que tiene la electricidad con el metal.
- Electromagnetismo. – murmura Caitlyn, captando la atención de la asesina. – Nunca manipulaste la electricidad de verdad.
- ¡La electricidad pura es imposible de manipular! ¡Mi propia hermana necesita del arcano para utilizar una pequeña parte, y ni aun así se acerca a la carga de verdad!
- Deja las charlas para otro momento, hermana. – vuelve la vista al frente. – Creo que tendremos que dejar a la sheriff para más tarde. –
Ω
Los ojos de Jinx parecían que se fueran a salir de sus órbitas de un momento a otro. El vapor salía de los nudillos del guante con intensidad, algo normal debido a la alta temperatura del cuerpo del voltiock que acababa de lanzar por los aires.
Se le había ocurrido en el último momento. Huir por toda Piltover con un monstruo más grande que un elefante, compuesto de metal y electricidad; no era algo precisamente ni sencillo ni agradable. Y menos aun cuando las únicas armas que logró encontrar, aparte de los propios guanteletes; era una recortada y una pistola.
Daba gracias de haber mejorado los guantes, porque de lo contrario no habría podido cargar con ellos desde tan lejos, y habérselos puestos tan rápido para propinar un directo. Un directo que podría haber fallado de no ser por el voltiock, tan obcecado con querer matarla que ni se inmutó en esquivarla cuando la vio parar, girarse y correr hacia él.
Y así fue. Un puñetazo en toda la jeta de la criatura, aplicando una fuerza generada por los motores traseros, combinada con la velocidad y el peso del voltiock, y otras cosas leyes físicas aburridas; lo hicieron lanzar por los aires contra el hospital.
- Vaya. – Jinx por fin consiguió articular palabra. – Creo que ajusté un poco de más la potencia de impacto. Aunque ha molado pegarle en toda la cara. Empiezo a entender por qué a Vi le gustaba darme de hostias.
- ¿Y entiendes también por qué eres una traidora? – esa voz…
Jinx se gira de golpe, recibiendo un impacto en la cara que la logra tirar al suelo unos metros más adelante. Le duele la nariz, posiblemente se la haya partido. Saca las manos de los guanteletes y se las lleva a la cabeza, palpándose la zona afectada. Si, se la había partido, la sangre que brota de ella se lo asegura.
Un sonido metálico la pone en alerta. Se incorpora lo más rápido que puede, manteniendo una mano sobre la nariz con tal de evitar la hemorragia. Con su mano libre tantea por la cartuchera en busca del cierre de ésta, logrando abrirla y sacar la pistola. Quita el seguro y apunta con ella a Kaleb, o lo que queda del Kaleb que conocía.
Sus brazos habían sido sustituidos por un par robóticos, sobre la camiseta negra tenía un condensador de energía, algo que le recordaba al horno de Sion. De éste le salían un par de cables que se conectaban con cada extremidad de su cuerpo, como por ejemplo a los rotores de sus piernas. Su piel, antaño morena, ahora era tan blanca como el hielo.
Pero lo que más le llamaba la atención eran sus ojos, esos ojos que antes eran negros, ahora azules como el cuerpo de Xerath y con las venas de estos marcadas por todo el blanco de los mismos.
- No me lo puedo creer. Todo este tiempo criticando a la Bioforja, y ahora te has convertido en algo peor, en el perrito faldero de la criminal que destruyó tu querida ciudad. – le provoca Jinx.
- Tú no eres quien para darme lecciones de moralidad. – apretó los puños. – Me usaste para conseguir la maldita madamina, sabías perfectamente el mal que causaba entre los nuestros y ni con esas me dijiste la verdad.
- Espera, espera, espera, para el carro. ¿Todo este lio viene por esa tontuna?
- ¡¿Tontuna?! – una serie de chispas recorrieron su cuerpo de arriba abajo. - ¡¿Te parece poco el mero hecho de haberme traicionado, no solo a mí, sino a mis amigos?!
- Prefiero ser una rata traidora que se chuta una droga capaz de parar su corazón cualquier momento, a una rata traidora que ha vendido a sus amigos, ha traicionado su propia ciudad con tal de que una terrorista le ayude a resolver los problemas con su Ex-novia. – recalca la última palabra. - ¿De qué me servía contarte la verdad?
- Tienes razón, ¿de qué me servía? Si al final acabarías aceptando esa personalidad que la propia droga te creó. Pero te equivocas en una cosa, Jiena. – sonríe, la misma sonrisa que identifica a Catrixce, lo cual preocupa a Jinx. – Tu querida amiga no me ayudará a resolver los problemas, no, me ayudará a aniquilarte a ti, y a todos aquellos que te rodean. Después de que te mate, iré a por tu hermana y a por esa mocosa que hacía tu estancia en la celda menos aburrida.
- No si te mato yo antes. – aprieta el gatillo.
Ω
Shyvanna iba tan rápido como le consentían sus alas de acero. Vi se amarraba fuertemente a la coraza de su espalda, justo detrás de los dos generadores que permitían aumentar su velocidad. Desde luego, su armadura de la legión de acero se adaptaba a la perfección a su forma dracónica, aparte de proporcionarle algunas mejoras.
La demaciana tenía con qué defenderse y protegerse, pero ella no. No contaba con sus queridos guanteletes, y si se encontraba con Catrixce en el camino no tenía ni idea de cómo hacerle frente.
Observaba el estado de la ciudad. La criminal había dejado su huella por doquier, tanto ahora como en los años anteriores. Los voltiocks atacando a las fuerzas militares, las explosiones de energía se veían en cualquier avenida, no había edificio que no estuviera afectado o derruido por las ondas expansivas, y las ruinas le daban un aspecto más tétrico a lo que una vez fue la Ciudad del Progreso.
Distinguió a Shauna Vayne y a Tristana entre los combatientes. Por el momento se las apañaban bien contra esas criaturas, la yordle les depositaba sus granadas cerca del núcleo principal, de tal forma que la cazadora sólo tuviera que disparar en el lugar acertado para hacerlas estallar.
Por el otro lado, Jarvan encerraba a los voltiocks en su arena metálica. Una vez atrapados, salía y les dejaba actuar a Ezreal y Lux, el primero usando su andada arcana y la segunda con sus bombas de luz. Una estrategia arriesgada, pero por el momento muy efectiva.
Pero la pregunta era: ¿cuánto tiempo lograrían aguantar? Esas cosas no paraban de aparecer, se desconocía cuál era su número total, pero desde luego mucho mayor que la munición y la energía de los aliados. Las granadas de Tristana se terminarían acabando, así como las saetas de plata de Vayne. Jarvan no podría seguir realizando su habilidad definitiva sin salir herido, el traje de Ezreal se quedaría sin energías para lanzar otro ataque arcano, y el maná de Lux se gastaba tan rápido como explotaba sus bombas.
Cuanto más durase esta batalla, más probabilidades tenían de perder. Era como uno de aquellos combates de la liga, donde el equipo rival era más fuerte a medida que se alargaba el combate. Vi recuerda la de veces que parecía tener ganado los enfrentamientos, y como en cuestión de veinte minutos, el equipo enemigo había dado la vuelta a la partida. Precisamente era eso lo que estaba pasando.
- ¡Ahí están! - dijo Shyvanna.
Vi se inclinó hacia adelante, mirando donde le había dicho la medio dragón, el hospital adonde se había ido su jefa. Sus ojos se abrieron como platos, el corazón le dio un vuelto al ver a Caitlyn tendida en el suelo y Catrixce a su lado. Estaban en la entrada medio derruida del edificio, había un fuego abierto en una de sus plantas, y parte de la fachada había sido destrozada por unos voltiocks que ahora no eran más que chatarra.
Shyvanna plegó las alas, los rotores de sus motores se apagaron. Caían en picado, la velocidad era tal que Vi tuvo que amarrarse con fuerza al tronco del dragón. El suelo estaba cada vez más cerca, la colisión era inminente.
Sólo les separaba unos metros de distancia, Catrixce levantó la mirada al escuchar como el aire era cortado por el cuerpo de la demaciana. Pero ya era tarde para que ella se pudiera echar a un lado. La dragón desplegó sus alas, una gran bocanada de aire levantó a la criminal del suelo. Vi saltó y corrió hacia Caitlyn, la llamarada eléctrica de Shyvanna pasó por su lado y por el de la sheriff, impactando en el voltiock que había en el interior y a su dueña.
La agente cargó entre sus brazos a la francotiradora, reuniéndose con la guerrera y subiendo ambas a su lomo. Ella volvió a alzar el vuelo, aprovechando la gran humareda que se había ocasionado a causa del ataque. Tenían poco tiempo antes de que Catrixce volviera en sí, pues era imposible que esa simple llama hubiera acabado con ella.
- No te preocupes Cait, ya estás a salvo. - dijo Vi mirando hacia atrás. - Por el momento no nos sigue, hay que reunirse con los demás y preparar el contraataque.
- Ya no quiero seguir luchando, Vi. - musitó Caitlyn.
- ¿Qué estás diciendo? Piltover está siendo atacada, hay que defenderla y acabar con Catrixce.
- ¡No hay forma de vencerla! - gritó ella de golpe. Las lágrimas en su rostro habían pillado desprevenida a la agente.
- ¿Qué ha pasado Caitlyn? - preguntó preocupada.
- La ha matado. - la miró a los ojos, mostrando su rojura a causa de los sollozos. - Uno de sus voltiocks la tenía entre sus garras, rompió el cristal y cuando ella se lo ordenó, la arrojó por la ventana. Pude escuchar como sus llantos desaparecieron al llegar al suelo.- se rodeó con sus brazos, volvió a bajar la mirada. - Si ni siquiera pude salvar a mi hija, ¿cómo esperas que salve una ciudad? -
Vi se quedó de piedra ante estas palabras. ¿Era cierto? ¿Catrixce había sido capaz de matar a una niña inocente? Pegó a Caitlyn contra su pecho, dejando que se desahogase. Su mente cargaba con la culpa y el arrepentimiento. En el funeral de Jayce juró que las protegería a ambas, y la muerte de Emily había hecho algo más que romper su promesa.
"Mami Vi, ¿crees que algún día podré llegar a la altura de mamá?"
Quería llorar, quería derramar lágrimas en ese momento hasta quedarse a gusto y aceptar la cruel realidad. Mas no podía, tenía que ser fuerte ahora mismo por Caitlyn, no podía verse derrotada tan pronto.
"¿Por qué preguntas eso Em? ¿Acaso quieres ser una policía como tu madre?"
Una agente de policía. Supuestamente ellas tenían que haber protegido la ciudad, impedir que criminales como Catrixce la asediaran y causasen el caos. Pero al final ni eso, era culpa suya todo lo que estaba pasando. Ella había traído a esta psicópata al lugar que la acogió después de lo sucedido en Zaun. Los había sentenciado a todos.
"No, quiero ser algo más. Quiero ser una de esas valquirias que existían antes en Piltover."
Las Valquirias de Piltover. El mítico grupo disuelto hace años, un equipo militar que se decía que era la envidia de toda ciudad-estado, pues en su momento contaban con la magia y tecnología más avanzada. Gracias a ese conjunto de valientes héroes, había nacido la tecnología hextech, la misma que hizo que se separaran. Este era el sueño de esa pequeña.
"Em, ese grupo ya no existe. La difusión de la tecnología hextech acabó con ellos.
"Lo sé, pero en Freljord dicen que las valquirias renacen como un ave fénix.
"¿A dónde quieres llegar pequeño cupcake?
"El pasado no son más que lecciones para el presente, lecciones que nos ayudan a caminar en el futuro. Mami Vi, yo seré una Valquiria de Piltover. Yo protegeré a esta ciudad, al igual que hacíais papá y tú.
"Creo que es hora de que dejes de asistir a esas clases de Vayne."
- Shyvanna, aterriza por favor. Se me ha olvidado hacer algo. –
- ¿Qué estás diciendo Vi? - inquirió la dragón.
- ¡Tú hazlo! –
La demaciana acató la orden, busco una explanada libre de cualquier peligro y descendió. Caitlyn miraba intrigada a Vi, quien bajó del lomo de Shyvanna. La agente la miró a los ojos, lo que estaba pasándole por la cabeza era una locura, la locura debe ser cosa de familia, pensó ella al imaginarse lo que estaba a punto de hacer.
En un rápido movimiento, se acercó a Caitlyn, puso sus manos a cada lado de su rostro y juntó sus labios. La sheriff no la apartó, aquella acción la había pillado totalmente desprevenida y no sabía cómo reaccionar. Pero en el fondo aquel simple beso la sacaba de este mundo donde parecía que los presagios no fueran a desaparecer nunca. Sin embargo, Vi las separó.
- Llevo mucho tiempo pensándolo, pero creo que al final las acciones transmiten las cosas mejor que las palabras. - se alejó de ella, dándole la espalda. - Llévatela Shyvanna.
- ¿Qué pretendes Vi? - preguntó Caitlyn.
- No voy a seguir huyendo. Voy a enfrentarme cara a cara a Catrixce, y no hay forma de que me convenzas para hacer lo contrario.
- ¡No seas idiota, no hay forma de matarla!
- ¡Emily creía en nosotras! - gritó ella. - ¡Ella quería ser una heroína para Piltover, quería ser una protectora como nosotras! Sé que ahora no llegará a serlo, pero yo haré que su sueño se cumpla, aunque para ello tenga que morir intentándolo. -
El silencio volvería a reinar, sino fuera por las explosiones y los rayos de un combate cercano. Las tres campeonas levantaron la mirada, había un duelo entre dos personas a unos metros más a delante. Distinguieron a Jinx, cargando con los guanteletes de Vi en la espalda, no era les extrañaba que a pesar de su apariencia pudiera cargar con algo tan pesado. El otro era un chico medio cyborg, supusieron enseguida que debía ser algún aliado de Catrixce.
- La parte mecánica de Catrixce usa el electromagnetismo. - Vi se volvió hacia Caitlyn.- En el hospital, cuando destruyó a uno de sus volitocks, pude ver ese dispositivo que usó contra Jayce. Pero no sólo eso, al parecer Catrixce no puede usar la electricidad, dice que es imposible canalizarla, de ahí que use el electromagnetismo o esas piedras arcanas que tiene incrustadas en el tatuaje. Espero que esto te sirva de ayuda.
- Gracias Caitlyn, creo que me acabas de dar una idea para acabar con ella. - Vi sonrió, ella le respondió con otra cálida sonrisa.
- No se te ocurra morir, es una orden.
- Dudo que pueda acatarla, sheriff. - la agente se despidió de ella, corriendo en dirección a Jinx.
En el fondo tenía la esperanza de que el final de la asesina, o asesinas en este caso; estaba muy cerca. Se aferraba a esa expectativa, era lo que la alentaba a volver con los demás, con sus amigos, con su hermana, con Caitlyn...
Ω
Jinx se echó a un lado nada más recibir el impacto, esquivando por los pelos uno de los brazos mecánicos de Kaleb. Había hecho bien en no dejar atrás los guantes de Vi, quien sabe lo que habría sido de ellos de no haberlo hecho. Sin embargo, rezaba porque los diferentes golpes no la aboyaran.
El zanuita la agarró de la pierna izquierda, y con una fuerza que ni ella misma se creía, la lanzó contra un vehículo abandonado. Se comió de lleno la puerta de metal, el cinturón que mantenía aferrados los guanteletes se soltó debido al impulso, lanzándolos lejos de su posición.
La espalda le gritaba como mil demonios enfurecidos, el dolor era prácticamente insoportable. Sentía el calor en su brazo derecho, fruto de los cardenales que recientemente se habían formado en él. Se levantó como pudo, agarró la pistola que se le había caído al suelo y volvió a darse la vuelta.
Se apartó con su mano libre los cabellos que entorpecían su vista, el pelo desaliñado era una de sus menores preocupaciones ahora mismo. Cargó la pistola, y en cuanto lo tuvo a la distancia adecuada, dejó que el cargador se descargara sobre el cuerpo de Kaleb. Por mala suerte sólo recibió un golpe en uno de los cables, las demás balas habían pasado de largo.
Buscó entre sus bolsillos, ya sólo le quedaban dos cargadores y algunos cartuchos para la recortada. Quitó el descargado y puso el nuevo en la pistola, tiró el resorte y volvió a preparar el arma. En el fondo maldecía la suerte de aquel tipo, si contara al menos con una bomba podría hacerle una trampa y convertirlo en miles de pedacitos.
- Se acabó Jinx. – dijo Kaleb sonriendo. – No tienes con qué hacerme frente.
- ¡Pero yo sí! –
Ambos dirigieron su mirada a la repentina Vi, quien se había puesto los guanteletes que previamente habían salido desperdigados. Sin poder reaccionar, Kaleb se comió el directo propinado por la agente. La potencia lo lanzó contra un montón de chatarra, posiblemente restos de una antigua máquina, levantando una polvareda al impactar.
Aprovechando la llegada de Vi, Jinx se permitió recuperar un poco el aliento. La agente se acercó hacía ella, y tras mirar brevemente sus guantes mejorados, miró con cara de pocos amigos a la criminal de pelo azul. Ésta rodó los ojos, y sin preocupación alguna se puso de pie, cortando las distancias entre ambas.
- Sólo han sido un par de mejoras. – intentó excusarse.
- Aun así, no me gusta que me toquen los guantes.
- Oh vamos, acabas de lanzar a un tío por los aires, es una potencia cinco veces mayor que los anteriores.
- Recuérdame que cuando acabemos con esto te de una paliza. – Kaleb se desprende de las piezas metálicas, llamando la atención de ambas mujeres.
- Te sorprenderá, pero estoy echando de menos los viejos tiempos en los que me pegabas. – dijo Jinx viendo como su querida amiga Catrixce se acercaba a lo lejos.
- Por primera vez estamos de acuerdo en algo. – ambas hermanas se ponen en guardia.
Ω
Me desprendo de los restos del voltiock, pudiendo así salir a la superficie. El cielo está colmado de polvo y cenizas, no hay rincón en la que no pueda ver y oír el caos desatado. Tengo frío, no recordaba haber salido de casa desnuda. Miro las palmas de mis manos, me alegro al ver ese suave destello recorriendo mi circuito sanguíneo.
Algo me alerta, desconozco el qué, pero me obliga a esconderme detrás de una pared derruida. Asomo un poco la cabeza, veo salir a una mujer mitad ciborg de lo que parece ser un hospital en muy mal estado. ¿Es esa la usurpadora eléctrica de la que me habéis estado hablando hermanos? Parece muy fuerte.
Si es esa la usurpadora, he de prepararme para lo peor, empezando por algo de vestir. Miro a mi alrededor, mis hermanos agudizan mi mirada, distingo un pequeño tendal que se resiste a ser demolido, y menos mal que aun cuenta con algo de ropa sin desprender.
Corro hacia esa dirección. No me gusta sentir la tierra bajo mis pies, no es una buena conductora para nosotros. En el camino veo a más hermanos, todos me chisporrotean lo mismo. Temen acabar corruptos como los anteriores.
Una explosión me logra empujar, comiéndome toda la tierra del camino. Me duele, no el golpe, sino el mero hecho de sentir ese aislante rozando mis circuitos. Rápidamente me incorporo y salto hacia una farola, aferrándome al poste y recuperando mi carga. Mucho mejor.
No obstante, todavía oigo esos sollozos. Son muy agudos, se han adentrado hasta lo más profundo de mi mente. Mis hermanos dicen que es de algún cachorro humano, pero no veo ninguno por aquí.
Sus chisporroteos logran quitarme esos lloros, aunque sea de forma temporal, lo cual me alivia. No me agrada en absoluto tener que escuchar ese sonido. Vuelvo la vista al tendal, suspiro y emprendo la marcha.
Enserio, como odio la tierra.
Ω
Se agradecen los comentarios, aunque sea un "me gusta" anónimo ^^
Kaiserelle.
