Los días pasaban en Hogwarts y pronto el fin de curso llegó y con ello la boda tan esperada.
Ginny Potter, Minerva McGonagall y Luna Weasley ayudaban a Hermione a vestirse y ponerse bonita para la ceremonia. Había elegido un vestido blanco de palabra de honor con una larga cola para lucir al pasear y algo amplio paa disimular la prominente barriga en que se había convertido si vientre. Como peinado llevaría un recogido sencillo con algunas trenzas al estilo griego.
-Estoy muy nerviosa.-dijo la castaña emocionada.
-Tranquila, es normal. Toda mujer siempre está así el día de su boda-declaró McGonagall con una gran sonrisa.
-Bueno, teniendo en cuenta que es Snape tu futuro esposo, algo nerviosa sí que estaría en tu lugar-bromeó Ginny.
Entre risas y cotilleos las mujeres terminaban de preparar a la novia, mientras que en las mazmorras Severus Snape estaba al borde del infarto. Albus Severus, Dumbledore, Lupin y Harry intentaban apaciguar esos nervios que le invadían al pocionista.
-Severus, cálmate hijo, todo va a salir bien-le tranquilizaba Dumbledore risueño.
-Vamos Severus, sé que uno nunca se ha visto en una situación igual. Pero yo con todas mis dudas, fue la mejor decisión del mundo la de casarme con Nymphadora.-terció Remus.
El pequeño Albus Severus tomó de la mano a su profesor y le miró sonriendo.
-Ellos tienen razón. Ahora tienes una familia. Todos estamos contigo y queremos que seas feliz.-resolvió Albus abrazándole.
-Tenéis razón. Hoy será el día más feliz de mi vida-dijo Severus Snape con mariposas en el estómago.
Todo estaba listo. Los jardines habían sido decorados de un blanco brillante que se acentuaba con el sol radiante de un mes de junio. Todos esperaban expectantes a que se desarrollara el evento. Una serpiente y una leona se unían en matrimonio para siempre.
Las mujeres lloraban por la emoción al ver desfilar a la novia del brazo de Harry Potter hasta su futuro marido quien esperaba con un nudo en la garganta al final del altar.
Hermione estaba preciosa y en pocos minutos sería su mujer. La mujer de Snape.
Cuando estuvieron juntos en el altar, se miraron y sonrieron de manera cómplice y tímida. Dumbledore oficiaría la ceremonia.
Tensión, nervios, miradas que se cruzan una y otra vez, caricias en las manos unidas y sonrisas.
-Severus Snape Prince, ¿aceptas como esposa a Hermione Jane Granger, en la salud y en la enfermedad, en la riqueza y en la pobreza, a pesar de ser Gryffindor( añadió guiñando Dumbledore un ojo y haciendo reir a los invitados) hasta que la muerte os separe?
-Sí, acepto
-Hermione Jane Granger, ¿aceptas como esposo a Severus Snape Prince, en la salud y en la enfermedad, en la riqueza y en la pobreza, a pesar de su mal humor y su sarcasmo inseparable( las carcajadas y la mirada asesina de Snape acompañaron las palabras de Dumbledore) hasta que la muerte os separe?
-Sí, acepto.
-Entonces yo os declaro marido y mujer.-dijo el anciano director con lágrimas en los ojos.
-Te quiero-dijeron los recién casados al unísono.
Severus y Hermione se besaron con pasión. Nada podría separarles pues acababan de firmar su consentimiento de estar juntos para siempre. La felicidad les embriagaba y les hacía sonreir como si nada pudiera ir mejor.
El banquete transcurrió entre risas, anécdotas y expectativas de futuro.
James Sirius había conseguido sacar a la castaña de su corazón y se había aplicado en las clases, de modo que había aprobado todas las materias sin problema. En un futuro ya tendría tiempo de encontrar el amor.
Albus Severus había terminado el curso con unas notas inmejorables, su propio padre le había comentado que empezaba a pensar que estaba emparentado con Hermione por ese cerebro tan privilegiado. Severus le había acogido como aprendiz y durante todos sus años en Hogwarts se encargaría de dirigir sus estudios. Además había ganado la amistad de Scorpius y eso le hacía feliz.
Unos meses después, a finales de verano, Hermione tuvo que ser trasladada a la planta de maternidad del Hospital de San Mungo. Pronto el bebe nacería pues las contracciones habían aumentado en las últimas horas y el plazo aproximado para dar a luz ya había llegado. Snape temblaba de arriba a abajo a casusa de la emoción y el miedo.
-Dejadme entrar. Tengo que...yo...mi mujer...yo-balbuceaba nervioso.
-Tranquilo Severus, está en buenas manos.-le tranquilizaba Dumbledore con unas palmaditas.
Los minutos pasaban lentamente para el pocionista y todos los acompañantes estaban espectantes por recibir la buena nueva.
Un llanto rompió la inquietud, la incertidumbre y la tensión del ambiente. Un medimago salió a informar sobre lo que había ocurrido.
-Enhorabuena señor Snape, tiene usted una hija muy linda.
Tuvieron que abanicar y sujetar a Snape quien estaba tan conmocionado que apenas podía dar dos pasos. Acababa de ser padre. Tenía una niña. Suya. Su hija.
Entró a la habitación y la estampa que encontró fue la más hermosa que nunca hubiese podido imaginar. Hermione sostenía entre sus brazos una preciosa niña. Su piel era blanca como la leche y tenía el mismo color de pelo y de ojos que su padre. La nariz pequeña y los labios rojos eran de Hermione. Una mezcla perfecta. Era una preciosidad.
-Mira cariño, nuestra pequeña, somos papás-dijo Hermione orgullosa de su hija en brazos.
-¿Crees que seré un buen padre?
-El mejor, ya lo verás ¿Quieres cogerla?
Severus tomó en sus brazos a la pequeña y sintió como una corriente de calor le embriagaba. La pequeña emanaba un dulce olor a vainilla. Movía sus manitas en el aire jugueteando.
-Hola Sarah, soy papá-dijo Severus Snape dejando escapar un par de lágrimas de alegría.
Los ojos azabaches se encontraron con unos pequeños del mismo color que le sonrieron. Una nueva Snape en la familia.
Todo volvía a estar en paz. Todo iría bien. Severus Snape podía empezar de cero con una familia de verdad.
Fin
