La declaración obligada :P Los personajes pertenecen a Sthepanie Meyer y la increíble historia es de Drotuno, yo solo soy la traductora.

De nuevo me acompaña mi Beta y amiga Erica Castelo, y por ello gracias a ella también.


CAPÍTULO 26 – Epílogo

Tres meses después…. Enero…

BELLA

"¡Se movió, mami!" Dijo Bethy con un jadeo, sus ojos muy abiertos mientras su mano se extendía sobre mi vientre.

"Lo hizo," dije con una risita, metiendo su cabello detrás de su oreja.

Me eché a reír, no porque ella no hubiese sentido antes a Samuel, sino porque la pateó en la espalda mientras estábamos acostadas juntas en el sofá. Fue como si la estuviese empujando para que se quitara de encima de él. La rivalidad entre hermanos ya había comenzado.

"¿Qué es tan gracioso?" Preguntó Edward, apareciendo por el pasillo.

Llevaba unas pesadas botas, jeans, y una gruesa sudadera con capucha, porque dijo que si no paleaba la nieve de la acera, alguien—y no estaba diciendo nombres—terminaría sobre su trasero. Personalmente, creo que se estaba refiriendo a él mismo, pero nunca lo admitiría.

Y maldición, era un buen regalo para la vista, porque acababa de regresar de ayudar a Jasper y Emmett de hacer algunas reparaciones de emergencia a la casa del padre de Jasper. Una tormenta había hecho un gran daño a su techo, y los chicos se ofrecieron a ayudar. Edward los había llevado volando a Texas, y se había llevado casi cuatro días terminarlo.

"¡Me pateó!" Bethy le dijo, su voz incrédula y claramente ofendida, y tuve que ocultar mi risa detrás de mi mano.

Edward sonrió, sacudiendo su cabeza y arrodillándose a un lado de nosotras. "Ah, eso hizo, ¿eh?" Preguntó, colocando una cálida mano en mi estómago, pero la desplazó hacia dónde seguía moviéndose.

"Ahí, cariño," le dije, viendo su rostro suavizarse con una expresión cariñosa.

"Tranquilo, Samuel," canturreó, dejando un beso sobre mi camiseta y frotando mi vientre de forma tranquilizadora. "Todos tenemos que compartir a mami. Disfruta por ahora de tenerla para ti solo, compañero," dijo riéndose, guiñándome un ojo. "Y puedes culpar a tu hermana por los hotdogs con chili para el almuerzo."

"Tiene que gustarle los chiwi dogs," dijo Bethy, y casi esperaba que rodara los ojos. "¿A quién no le gustan los chiwi dogs?"

"Tú dile, pequeña dulzura," le dijo riéndose, besando su adorable nariz antes de ponerse de pie. Tomó mi rostro entre sus manos, agachándose para besar mis labios. "Voy a palear la nieve. Y luego voy a tratar de terminar el cambiador. ¿Está bien, amor?"

"¿Vas a aplicar mancha en el invierno?" Le pregunté.

Se echó a reír, sacudiendo su cabeza. "Tengo calentadores allí, pero tiene mancha. Solo tengo que agregarla a las manijas y fijar la parte de arriba. No tuve la oportunidad antes de irme."

"Oh," dije en voz baja, asintiendo un poco. "Debería salir a la oficina y ver a las chicas. Tenían algunos trabajos de seguridad y una llamada que hacer a un cliente potencial."

"Solo… no te excedas, dulzura," me ordenó, ayudándome a ponerme de pie. "El doc dijo…"

"Lo sé," me quejé, rodándole mis ojos. "Solo voy a estar allí. No es como si fuera escoltar a una estrella de rock. Y debería darte las gracias por echarme a Alec encima como una rabiosa mamá gallina durante cuatro días."

Sonrió con suficiencia, pero asintió, acompañándome a la puerta principal, porque no había fuerza de la naturaleza que pudiera detener su sobreprotección. No que quisiera que dejara de hacerlo, porque era una de sus características más amorosas.

"Ven, Bethy," la llamé. "Tal vez tía Makenna tenga un nuevo proyecto de arte para ti."

"¡Viva!" Canturreó, bajándose de un salto del sofá y saliendo disparada por la puerta, sus botitas dejando adorables huellas en la nieve todo el camino hacia la puerta de la oficina de Gravity, la que abrió de golpe y entró.

Edward se aseguró de que no me resbalara en los escalones del porche, manteniendo una mano firme en mi codo mientras me acompañaba por el patio. De nuevo, no lo detuve, porque tenía razón sobre el médico. La doctora Sandler había dejado perfectamente claro cuando fuimos para mi revisión del quinto mes, que tenía que llevármela tranquila. Mi presión arterial estaba solo un poco alta, sin mencionar que este bebé era más grande de lo que Bethy había sido, por lo que mis pies estaban constantemente hinchados, y la espalda me punzaba al terminar el día. No podía hacer verdadero trabajo, además del trabajo de escritorio, no podía cargar a Bethy, ni tenía permitido conducir. Estaba a un paso de que me ordenaran guardar reposo en cama por lo que quedaba de mi embarazo, así que de verdad tenía que cuidarme.

Respiré hondo con ese último pensamiento, mirando a Edward y cerrando bien mi enorme chaqueta. "Prometo sentarme y comportarme," le prometí, sonriéndole.

"Como si eso fuera posible," dijo riéndose, tomando mi rostro entre sus manos y besando mis labios. Su nariz se arrugó al mismo tiempo que exhaló profundamente, provocando que su aliento creara humo a su alrededor en el aire helado. "Sé que estás aburrida, bebé. Sé que esto es difícil. Ya no falta mucho tiempo."

"No estoy discutiendo, Edward, pero Dios, estoy realmente aburrida," dije con una risita, sacudiendo mi cabeza. "Al menos déjame vivir a través de mis empleados," le supliqué, agarrando ambos lados de su rostro. "¿Por favor?"

Se echó a reír y me dejó apachurrar su rostro cuando lo besé bruscamente.

"Está bien, bebé," me dijo, todavía riéndose. "Solo no camines de regreso sin alguien contigo. ¿Entendido?"

"Sí, señor," ronroneé, besándolo otra vez.

Me señaló con un dedo. "Vas a ser solo una figura decorativa allí. Nada de estrés, nada de caminar de un lado al otro, nada de correr a salvar al mundo."

"Tengo seis meses de embarazo, Edward. Además del estrés, ¿cuánto de esa otra mierda crees que puedo hacer?" Dije con una carcajada, mi cabeza cayendo hacia atrás.

"Encontrarías una manera," murmuró, haciendo un puchero como un niño. "Solo… haz algo inofensivo, como papeleo o alguna mierda de esas."

"Está bien," dije con una risita, encaminándome hacia la puerta de la oficina, pero me detuve y me volví hacia él. "Oye… realmente te extrañé, ¿sabes?"

Su sonrisa pudo haber iluminado el cielo en un Cuatro de Julio, pero acortó la distancia que quedaba, sus manos deslizándose a cada lado de mi rostro. Pegó su frente a la mía, capturando mi boca en un beso ardiente. Las cosas que hicieron sus labios y su lengua provocaron que el clima frío dejara de existir.

Se apartó de mi boca, lo que hizo que lloriqueara, pero su voz fue dulce, suave, sexy, como chocolate derretido. "Oh, dulzura," dijo con un suspiro, sus ojos todavía cerrados, "Odié esa mierda. ¿Cómo demonios dormía antes de conocerte?"

Solté unas risitas, frotando suavemente su mandíbula sin afeitar. "Tienes que sufrir a fin de apreciar la buena mierda," le dije, riendo cuando una carcajada de él golpeo mi mejilla.

"Tú eres la definición de buena mierda, bebé," dijo riendo, dándome un beso rápido y agarrando el pomo. "Vamos, amor. Entra antes de que pesques un resfriado. Estaré aquí afuera si me necesitas."

El lugar estaba en movimiento y ruidoso como de costumbre. Rose estaba al teléfono, recostada en su silla mientras Caleb jugaba en su corralito junto a su escritorio. Makenna ya había dejado a Bethy en la mesa de conferencias con papel y crayones, antes de regresar a la sala de computadoras con Alice. Y era a esa sala a la que me dirigía.

Makenna sostuvo mi silla cuando me senté a un lado de ella, mientras Alice estaba ocupada en la radio. En su pantalla estaba el plano de una arena marcado con las posiciones donde estaría nuestra seguridad para un concierto que se llevaría a cabo esa noche en Portland. Nuestros muchachos habían sido contratados para ser el personal de seguridad para la banda.

"¿Cómo le está yendo?" Le susurré a Mack, porque sabía que entendería de quién estaba hablando.

"Kurt, repórtate," dijo por los auriculares, dándome una sonrisa irónica.

"Aquí Kurt," dijo. "Estoy con Alec. Estamos recogiendo al sujeto ahora en el aeropuerto."

Sonreí, porque se escuchaba bien, calmado, aun cuando este era su primer trabajo real. Le había dicho a Alec que quería que Kurt lo siguiera durante los primeros trabajos, porque él era el más experimentado.

Había sido sugerencia de Wes el que lo contratáramos, le diéramos entrenamiento, e incluso que le enseñáramos a usar armas. El expediente de Kurt—tanto mental como criminal—lo habían retenido, y había tenido problemas para volver a la escuela y encontrar un trabajo decente. Su padre se había preocupado de que cayera de nuevo con la gente equivocada. Por lo que después de una muy larga y muy detallada discusión con mi equipo, nos sentamos a tener una charla con él.

Jasper, Emmett, y Edward le habían enseñado a Kurt de armas—cómo dispararlas, limpiarlas y manejarlas. Aunque primero lo inscribí en una clase de artes marciales, porque no solo necesitaba la disciplina, sino también la habilidad de defenderse. Alice le había enseñado todo lo demás—cómo funcionaba nuestra compañía, qué tipo de trabajos tomábamos, y cómo, sin importar qué, todas las cosas se quedaban dentro de la compañía. Se adaptó como un pez al agua. A todo. Era joven, fácil de enseñar, y estaba jodidamente ansioso por demostrar que podía. También sabía que estaba llenando unos malditos zapatos enormes, porque estaba tomando el lugar de Sam en el equipo, y Kurt se sentía honrado.

Mack me dio los auriculares, y me los puse, diciendo, "Respira profundo, Kurt. Lo vas a hacer bien, cariño."

"Gracias, Bella," se rio con nerviosismo.

"¡Bells!" Escuché por la radio.

"¿Cómo te sientes, cariño?" Canturreó Jasper.

"Como un globo gigante," dije riéndome. "Pero estoy bien. Ustedes tengan cuidado y que tengan una buena noche, ¿está bien?"

"Sí, señora," todos respondieron.

Me quité los auriculares y los puse sobre el escritorio, mirando a Rose cuando se apoyó en el marco de la puerta.

"Te ves como el infierno," me dijo en broma y guiñándome un ojo.

"Gracias. Tú también," dije riendo, encogiéndome de hombros. "No duermo bien sin Edward. Y hay un límite de películas de caricaturas que una mamá puede ver sin volverse loca," le dije, golpeando mi sien con mi dedo.

"Debimos habernos quedado juntas," murmuró Alice, viéndose casi igual que Rose. "La maldita casa estaba demasiado callada sin los ronquidos de Jazz."

Todas nos reímos, pero era cierto. Nuestros hombres eran nuestros guardianes, algunas veces nuestros cocineros, y nuestros mejores amigos. Había sido así desde el momento en que los conocimos.

Miramos hacia arriba a la cámara de seguridad cuando sonó una alerta de que la reja principal estaba siendo abierta. Reconocí al instante el BMW de Carlisle, pero no estaba solo. Otro coche se detuvo justo detrás de él, resultando ser el de Eleazar.

Los dos hombres salieron de sus vehículos, pero fue Eleazar el que habló primero.

"Debería patear tu trasero por todo el maldito bosque, hijo," gruñó lo bastante fuerte como para que lo escucháramos desde nuestros lugares adentro, señalando a mi esposo con su dedo.

"Joder, puedes intentarlo," dijo Edward con desdén, encogiéndose de hombros.

"Oh, demonios," Rose, Alice y yo murmuramos juntas, dirigiéndonos hacia la puerta.

"Makenna, quédate con Bethy y Caleb, por favor," dijo Rose antes acompañarnos afuera.

"Sí, claro," dijo en voz baja, pero era seguro que sus ojos no iban a dejar las cámaras de seguridad.

Salimos por las puertas de la oficina en silencio, Rose sosteniéndome a medida que nos acercamos a los tres hombres a través de la nieve. Edward estaba recargado contra la pared exterior de su carpintería, agarrando la pala para la nieve casualmente con su mano.

"¿Cómo demonios lo hiciste, Edward?" Espetó Eleazar, su rostro rojo por la ira y veneno mientras lo fulminaba con la mirada.

"¿Hacer qué?"

"¡Maldición, sabes muy bien qué! ¿Dónde estuviste la semana pasada?" Preguntó Eleazar, su actitud calmándose un poco, porque mi esposo no se inmutaba. En lo absoluto.

"Texas," dijo Edward como si nada encogiéndose de hombros. "El padre de Jasper necesitaba algunas reparaciones en su casa después de una tormenta. Em, J, y yo volamos allá para ayudarle."

"Mmmm," dijo El con burla, viéndolo con incredulidad. "Casualmente vuelas a Texas al mismo tiempo que transporto prisioneros a Guantanamo Bay, a sabiendas que nos detendríamos en Texas para cargar combustible."

Mis cejas se dispararon hacia arriba, y mi cabeza se giró hacia Rose. "No lo hicieron," le siseé.

Suspiró, sacudiendo la cabeza y encogiéndose de hombros. Alice resopló, cruzando los brazos sobre su pecho mientras continuábamos escuchando.

"¿Cómo lo supiste? ¿Cómo lo hiciste, Edward?" Preguntó El, sonando ahora resignado con todo.

"El," finalmente Carlisle interrumpió, colocando una mano sobre el hombro de su cuñado. "Cristo, hijo, ¿ordenaste la muerte de Kenny Porter y lo llevaste a cabo?"

Tan solo el nombre pareció provocar que la máscara de tranquilidad de Edward cayera y se hiciera añicos, porque su puño golpeó y abrió una grieta en la pared del cobertizo junto a él.

"¿Pensaste que me olvidaría de esa mierda?" Gritó, arrojando la pala al suelo. "Puso una puta pistola en la cabeza de mi niña. ¡Amenazó a Bethy, la mató de hambre, le dio medicina para la tos para callarla, y se rio mientras lo hacía, papá! Bethy todavía tiene pesadillas de 'El Hombre Malo'."

Hice una mueca, pero él tenía razón. De vez en cuando Bethy entraba corriendo en nuestra habitación muy tarde en la noche, abriéndose paso entre nosotros después de tener una pesadilla. Ahora eran menos que al principio, pero sabía que le molestaban a Edward. Qué tanto le molestaba, no tenía idea. Hasta ahora.

El suspiró, sus manos cayendo a sus costados en un gesto de derrota. "Maldita sea, Edward," gimió, rodando los ojos. "Hubiese pasado el resto de su vida encerrado como un terrorista."

"No. Era. Suficiente," gruñó Edward. Otra vez, su puño golpeó el costado de la carpintería. "Tuviste suerte de que esperé hasta que terminaste tu caso. Puedes quedarte con los otros dos testigos.

Kenny estaba muerto en el segundo que puso el arma en la cabeza de Bethy el día que me la quitó. Joder, justo enfrente de mí." Edward se irguió en toda su altura, prácticamente ensanchándose a medida que se acercaba a Eleazar. "Ahora… ¿estás aquí para arrestarme por algo?"

"¡Demonios, no!" Se burló Eleazar, ondeando su mano sin darle importancia, pero Carlisle dio un paso hacia delante de todos modos, colocándose como una protección para su hijo. "No tengo ninguna maldita prueba de que fuiste tú. Fue un puto golpe perfecto. Haciéndolo parecer como un suicidio."

La boca de Edward se curveó un poco con orgullo, pero no dijo nada mientras cogía de nuevo la pala, sus ojos alcanzando a vernos. De pronto, la culpa invadió su rostro.

Rose suspiró, diciendo, "Tenía el presentimiento de que estaban tramando algo. Esos tres estuvieron bastante sospechosos un día antes de que se fueran."

"No puedo decir que los culpo," murmuró Alice, encogiéndose de hombros cuando la miramos. "No puedo, Bells. Lo siento. Jasper dijo que nunca había visto a Edward tan destrozado que cuando vio a Bethy alejarse con un arma apuntando a su cabeza. Algo sobre ese secuestro nos cambió a todos."

Froté mi estómago donde Samuel estaba dando pataditas. Parecía reaccionar cuando mis emociones estaban excitadas—buenas o malas. Y en ese momento, no estaba segura de lo que estaba sintiendo, salvo algo traicionada. Edward pudo haberme dicho lo que había estado planeando.

Rose y Alice volvieron a entrar a la oficina cuando Edward se dirigía hacia mí, y tenía la sensación de que Jasper y Emmett estaban por recibir un sermón. Carlisle acompañó a Eleazar a su coche, y seguían conversando cuando mi esposo quedó de pie frente a mí.

"Bella, yo…" Comenzó a decir, pero levanté mi mano.

"No digas nada," le dije, viendo su mano que ahora sangraba. "Llévame de vuelta a la casa."

Bufó, pero gentilmente tomó mi brazo y me guio por la resbalosa nieve y al subir los escalones del porche. Una vez que estuvimos dentro, me di la vuelta hacia él.

"Al baño, ahora. Voy a limpiarte esa mano," le dije.

Asintió, sus hombros cayeron un poco cuando lo seguía por el pasillo hacia nuestra habitación. No dijo nada hasta que se dejó caer en el inodoro cerrado. Me miró, sus ojos de un verde profundo y contrito.

"S-Siento n-no ha-abértelo d-dicho," tartamudeó en voz baja, mirando hacia sus pies y no a mis ojos.

Levanté la mano, agarrando el cierre de su sudadera, y lo bajé, dejando al descubierto una sencilla camiseta blanca debajo. Él se la quitó, pasando con cuidado su mano herida por la manga. Puse su brazo sobre el tocador, y podía sentir sus ojos sobre mí mientras sacaba el kit de primeros auxilios.

"Eso fue jodidamente estúpido, Edward," le dije en voz baja, sacudiendo mi cabeza y comenzando a limpiar sus nudillos. "Podrías haberla jodido. Pudo haberte arrestado, de verdad."

"No hubiese p…"

Le levanté una ceja. "Ahora no es el momento para que te pongas todo engreído y esa mierda. ¿Cómo supiste cuándo ir?"

"Felix," murmuró, desviando su mirada de mí. "Sabía lo que quería, y estaba de acuerdo. Lo hizo a espaldas de El como un favor para mí—por Bethy. Estaba con el equipo de traslado y nos dio una… oportunidad."

"Y el padre de Jasper… ¿Todo eso fueron pendejadas?"

"No," resopló sin humor. "No, solo fue una excelente coartada en un buen momento."

Apliqué toquecitos de medicina antibacterial en la piel abierta, mirándolo. "Creía que podrías olvidarte de esto después de Lilith. Eso debió haber sido suficiente," le dije, pero seguía mirando hacia la ducha y no hacia mí. "Este es el último golpe flagrante que organizas, Edward. Lo digo en serio."

Su cabeza giró de golpe, y al fin encontró mi mirada. La suya era penetrante, pero todavía llena de preocupación, como la de un niño regañado. El hombre le temía a mi temperamento, pero su trasero era osado cuando se trataba de ir a prisión por matar a un insignificante idiota que había amenazado a su familia.

"Mira, lo entiendo," le dije con un suspiro, cogiendo un rollo de gasa. "Créeme, casi tiré del gatillo frente a Kenny cuando ustedes lo estaban interrogando, pero tú ya no eres un mercenario. Querías salir de eso. Vas a permanecer fuera de eso. Ahora que todos los involucrados en esa mierda ya no existen, puedes retirarte oficialmente de ese caso. ¿Entendido?"

Asintió despacio, sus ojos moviéndose rápidamente de mi rostro, a su mano y a mi vientre, pero seguía callado. Solo sus dedos se movieron cuando vendé su mano.

Dejé escapar un profundo suspiro, agarrando su fuerte mandíbula y forzándolo a mirarme. "Casi te pierdo, Edward. No voy a pasar por eso de nuevo. Algo podía haber salido mal con solo ustedes tres," le dije, cogiendo su mano herida para asegurarme que estuviera bien vendada. "Te lo dije antes. Trabajas para mí, o no trabajas en nada, o incluso puedes hacer muebles todo el maldito día, pero tu sentido de la venganza es demasiado. Pensé que te habías sentido mal por como ocurrieron las cosas con Lilith, ¿y luego vas y haces esto?"

"Se acabó, Bella," dijo simplemente, pero con firmeza, su frente arrugándose. "Esto fue diferente. Es solo que… no pude…"

"Lo ," dije con un bufido, sacudiendo mi cabeza. "Para ser honestos, me había olvidado por completo de él. Ese hombre era un repugnante troll. Pudo haberse podrido en Cuba, cariño."

"No," gruñó en voz baja, su mano herida cerrándose en un puño, y vi lo que realmente le había hecho a mi esposo el ver que le quitaran a su hija.

Lo había hecho que se cagara del susto. Se había sentido inútil, como un fracaso, porque no pudo llegar a su bebé cuando ella más lo necesitaba. No pudo haber evitado nada de la mierda que Bethy pasó mientras estaba fuera de su vista, y seguramente viviría toda su vida viendo el cañón de esa arma pegado a la cabeza de una niña de tres años cada vez que cerrara los ojos. Y probablemente todo se había intensificado cuando Felix llamó. Edward había visto un medio para un fin.

"Lo siento," le susurré, tomando su rostro entre mis manos. "Es mi culpa que toda esta mierda con Lilith comenzara en primer lugar. Lo siento por todo. No tienes idea. Bethy, tú, Sam… todo es por mi culpa, porque no pude en ese entonces mantener mi boca cerrada."

"No, Bella," dijo con un jadeo, poniéndome entre sus piernas. "Nadie te culpa, bebé. Lo juro. Lilith tomó una decisión, justo como Kenny lo hizo." Me rodeó con sus brazos, plantando besos en mi pancita, solo para poner su barbilla encima de ella, como si fuera un estante. "Tenía que terminarlo, dulzura. Es solo que no podía permitir que se saliera con la suya, y siguió siendo pomposo hasta el final. Siento no haberte dicho la verdad. Siento haberte molestado. Es la última vez, jamás volverá a suceder."

Besé su frente, inhalando profundamente su aroma—el vigorizante aire libre, madera lijada, y champú. "Amo que puedas protegernos, Edward. Me encanta que no permitirías que una mosca volara cerca de nosotros. Esa es una parte de ti que amo profundamente, pero un simple golpe—sin que nos informaran—pudo haber terminado mal."

"Alec sabía."

Bufé una carcajada sin humor. "Por supuesto que sabía." Edward sonrió con suficiencia, pero me dejó apartarme un poco de él para continuar. "En una emergencia, nuestras vidas están en tus manos. Prométeme que se acabó. Tú querías terminar con esto, bebé."

"Eso quiero. Terminó," recalcó, en su rostro la imagen de la sinceridad. "Kenny fue el final de eso."

Estudié su rostro y vi que hablaba en serio. Ahora podía decirle a su hija que "El Hombre Malo" había desaparecido por completo, muerto y enterrado la próxima vez que tuviera una pesadilla. Necesitaba resolverlo. Y lo hizo. Permanentemente. No era que me molestara lo que había hecho; era que lo había hecho a mis espaldas. Podría haber salido lastimado o muerto o incluso arrestado, y no hubiese sabido por qué hasta que todo hubiese terminado.

Alcancé a ver su nuevo tatuaje, el escudo de la familia Cullen, asomándose justo por debajo de su camiseta blanca. Significaba que la familia es primero. Y eso fue lo que él hizo—puso a su familia por encima de todo lo demás. Se había hecho cargo de la última amenaza que quedaba—sin importar que el pendejo hubiese estado en prisión por el resto de su vida. Esa mierda no era importante para Edward. Extendí mi mano y tracé con mi dedo la elegante voluta, comprendiendo totalmente. Sí, se había sentido mal cuando le disparó a Lilith, pero la detuvo justo a tiempo, se llenó de orgullo cuando tuvo éxito en atraparla. Sí, mintió sobre dónde había estado, pero lo hizo para protegerme, porque el estrés era algo que yo no podía soportar, y nada podía pasarme a mí o Samuel en lo que respecta a mi esposo. Pero fueron las pesadillas de Bethy las que habían provocado este golpe, este error de juicio, porque era el recordatorio más difícil de todos. Era como una bofetada en su rostro cuando ella subía a nuestra cama, aferrándose a su papi como si el infierno mismo la persiguiera. Y solo por eso. Simplemente… lo entendí.

"No me vuelvas a mentir," le dije suavemente, olvidándome de todo, porque estaba hecho y no había nada que pudiera hacer al respecto. De hecho, en el fondo, estaba orgullosa de él, de alguna forma; había cerrado el capítulo por completo con un giro de acontecimientos aterrador. "No hubiese podido llegar a ti para ayudarte, si algo hubiese salido mal."

"No lo haré, bebé," me prometió, sacudiendo su cabeza y dejando otro beso en mi estómago. "Samuel, dile a mami que nadie cuida mis espaldas como ella lo hace, pero que—" Me sonrió "—no debería estresarse."

"Cierra la boca," me reí y gemí al mismo tiempo, rodando mis ojos. "No te ayudará el que te pongas todo lindo en este momento."

Se rio entre dientes, sus mejillas tornándose ligeramente rosadas. "Bien," dijo con un suspiro, su frente posándose en mi vientre. "Te amo. Lo siento. Todo terminó, dulzura. Necesitaba ponerle fin. A todo."

Asentí y suspiré, y otra vez, no podía culparlo. Alice tenía razón. El secuestro de Bethy nos había cambiado a todos. Nos hicimos más cautelosos y vengativos, iracundos y muy temerosos. Demonios, podía imaginar que Jasper y Emmett solo le habían añadido leña al fuego una vez que se enteraron del traslado de Kenny de Washington a Cuba.

Samuel dio una buena patada, justo donde descansaba la frente de Edward, y los dos nos reímos. Edward se echó hacia atrás y pasó sus dedos suavemente sobre el lugar.

Solté unas risitas. "Sí, y eso también va por mí."

"Me parece justo… de los dos," dijo Edward con una risita, besando mi pancita, y luego tirando de mí hacia sus labios. "Es contigo, amor. Siempre será contigo con quién quiero trabajar. No haciendo muebles, no como un holgazán en la casa todo el día… contigo."

"Excelente. Entonces compórtate, por favor."

"Lo haré. Lo prometo."

~oOo~

EDWARD

Tres meses después… Marzo.

"¿Señor Cullen?" Oí detrás de mí mientras me paseaba como un león enjaulado en el cuarto de hospital de Bella.

Todavía traía puesta la ropa de hospital que había estado usando cuando me echaron de la sala de partos. Mi cabeza giró de golpe para ver a la doctora Sandler, y mi corazón voló y se cayó al suelo al mismo tiempo.

"Él está perfectamente sano," me dijo con una radiante sonrisa, entregándome a Samuel. "Tal vez lo sacamos antes, pero no te darías cuenta. Es un niño fuerte de casi cuatro kilos."

Parpadeé para contener las lágrimas, mis brazos temblaban mientras lo tomaba de sus manos. Y Dios, era jodidamente perfecto. Se me quedó viendo con enormes ojos marrones igualitos a los de su madre, y podía ver que su cabello era solo un tono más oscuro que el mío.

"¿Y Bella?" Dije con voz ronca, mirando a la doctora.

"Está bien y estable, pero como sabes, está inconsciente. La traeremos en unos minutos," respondió con calma, colocando una mano sobre mi hombro. "Ella está bien, Edward. Lo sacamos antes, porque estaba causando demasiado estrés en ella."

Asentí, pasando saliva nerviosamente y mirando a mi hijo. Bella había intentado con todas sus putas fuerzas mantenerse calmada, incluso yendo tan lejos como para confinarse en cama las últimas semanas, pero Samuel había causado estragos en ella, y al verlo, podía ver por qué. Estaba grande y fuerte. Se retorció en la manta en que lo habían envuelto, murmurando su descontento por estar lejos de ella.

"Paciencia, amiguito," dije con un suspiro, presionando mi labios en su frente. "También quiero verla."

"¿Sabe?" La doctora Sandler dijo con una sonrisa irónica, "hay un grupo insufrible de gente afuera en la sala de espera…"

Sonreí, sacudiendo mi cabeza. "Sí, no puedo llevarlos a ninguna otra parte, en serio."

Se rio entre dientes y asintió. "Sí, bueno… Tal vez si les muestra la prueba, puedan calmarse. Porque hay una cosa pequeñita allí que no puede quedarse quieta para salvar su vida," dijo orgullosa, porque ella había sido el la médico que asistió el parto de Bethy.

"Entendido," dije riéndome, besando nuevamente la frente de Samuel. Volví a mirarla. "Gracias. Podría…"

"Iré a buscarlo personalmente cuando traigamos a Bella de vuelta a su cuarto, Edward," me recalcó, agarrándome mis hombros y encaminándome hacia el pasillo. "Vaya a presumir, papá. Es tan lindo como sus padres."

Me eché a reír, porque habíamos elegido a la mejor médico para la personalidad de Bella y la mía, sin mencionar que era una gineco-obstetra fenomenal. Supo exactamente lo que necesitábamos escuchar en los últimos nueve meses. Nunca se contuvo de expresar su desaprobación sobre algo, pero permanecía calmada, usaba el humor para conseguir que nos concentráramos, y nunca nos dejó entrar en pánico.

"Ya voy, ya voy," le dije, guiñándole un ojo caminando por el pasillo. Miré a Samuel, que parecía estar solo un poco abrumado por todas las luces brillantes y movimiento, pero le susurré, "Oh, prepárate, hombrecito. Esto será… algo."

Usando mi hombro, empujé la puerta de la sala de espera sin hacer ruido, sacudiendo mi cabeza a la vista frente a mí. Toda mi familia y equipo prácticamente se habían apoderado de la maldita sala. Jasper estaba sentado con Alice en la esquina, la cabeza de ella en su hombro. Emmett estaba en el suelo con el bebé Caleb, que estos días era la definición de problemas que gatean, mientras Makenna, Wes, y Rose estaban tratando de ocupar el tiempo de Bethy con libros, juguetes y crayones. Y eso era tan solo en un lado de la sala.

En el otro lado, estaba Alec y Sarah—que se habían casado el mes anterior en una pequeña y rápida ceremonia —y Abby, que se estaba riendo con Kurt por algún juego que estaban jugando en su teléfono. Tía Kate, Mickey, y Obie estaban viendo la televisión en la esquina, aunque todos tenían los ojos vidriosos, obviamente sin ver una maldita cosa de lo que estaban pasando. Esme y Eleazar estaban juntos en una esquina, enfrascados en una conversación en susurros.

Todos estaban preocupados, porque había sido una emergencia, y estoy seguro que todos se asustaron cuando la doctora dijo que iba a sacar a Samuel antes. No que mi trasero estuviera mejor, porque estuve a punto de derrumbarme en la sala de partos.

Pero la figura más importante estaba frente a la ventana, su frente prácticamente pegada al vidrio mientras miraba sin ver hacia el clima lluvioso de Seattle. Mi papá estaba retorciendo sus manos nerviosamente detrás de su espalda, su color casi cenizo, porque su amor por mí y Bella no tenía límites. Casi estaba enfermo de la preocupación.

"¡Papi!" Escuché, y todos los ojos se posaron en mí.

Puse un dedo en mis labios, y Bethy sonrió y asintió, pero fue la primera en llegar a nosotros. Me arrodillé, y ella se acercó para mirar.

"Ven aquí, hermanita mayor," le dije, besando su sien. "Tu hermanito es simplemente perfecto," le dije, pero fue también para el resto de la sala, y pude sentir como un poco de la tensión desapareció.

"Es lindo," dijo con una risita, usando mi hombro para acercarse. "Pero aun así huele raro."

Me eché a reír, besando ruidosamente su cuello. "Tú también eras linda y olías raro."

"Nuh uh," canturreó, todavía riéndose. "¿Dónde está mami?"

Y tenía que ser la niña de ahora cuatro años la que hiciera la pregunta difícil, porque a pesar de mi felicidad por el bultito en mis brazos, estaba malditamente seguro que mi preocupación estaba escrita en todo mi puñetero rostro, como un anuncio luminoso. Coloqué mi mano en la parte de atrás de su cabeza, presionando mis labios en su frente, cerrando mis ojos con fuerza al mismo tiempo que inhalaba el dulce aroma de su champú. Los recuerdos de alarmas y pitidos en la sala de partos hicieron que todo mi cuerpo se estremeciera.

"¿Edward, hijo?" Mi papá me apremió, su voz un poco temblorosa.

Asentí en señal de que lo había escuchado, pero le respondí a mi hija. "Mami está durmiendo," le dije. "Comenzó a sentirse muy débil, así que decidieron que Samuel debía irse antes a casa con nosotros. Tuvieron que darle algo para calmarla y que durmiera. Despertará pronto, pequeña dulzura."

Se liberó otro poco de tensión en la sala, y algunas de las chicas se sentaron en alivio. Esme se sorbió un poco la nariz, y levanté la vista para verla, y luego de vuelta a Bethy, porque mi pequeña me miraba como si no me creyera. Podía detectar las pendejadas a un kilómetro de distancia—igual que su madre.

"Relájate, cariño," dije en voz baja, tocando su rostro y haciendo que me mirara a los ojos. "También estoy preocupado, pero me dijeron que mami va estar bien."

Asintió, mirándome con confianza y esperanza pura.

Finalmente me puse de pie para presumir a mi hijo. La mayoría de las declaraciones me hicieron reír, y se acercaron a mí de todas direcciones.

"¡Se ve igualito a Bethy cuando nació!"

"¡Oh, las mejillas regordetas!"

"Tiene los ojos de Bella."

"¡Pero tu cabello!"

Me reí con ese último comentario, porque le quitamos a Samuel su gorrita, y en efecto, su cabello apuntaba para todas partes, igual que el mío. Pero fue la voz de mi padre que detuvo a todos.

"Se ve igualito a ti en el día que naciste," me dijo, rogándome con ojos silenciosos y suplicantes que le permitiera cargar a mi hijo.

"Aquí tienes, Poppy," le dije con un suspiro, entregándoselo. "¿Puedes recordar lo de hace tanto tiempo atrás, viejo?"

"Cállate, hijo," dijo riéndose, poniendo los ojos en blanco. "No eres tan viejo. Demonios, no soy tan viejo."

Sonreí, pero sentí un tirón en mi manga, y dejé que Esme me apartara de todos.

"¿Qué pasó?" Me preguntó, tomando mi rostro entre sus manos. "Te ves enfermo de la preocupación."

"Ella…" Dije con un suspiro, sacudiendo mi cabeza y bajando la vista a mis pies. "Empezó a decaer. Por lo que pasaron de monitorear sus contracciones, a sacar a Samuel… así," susurré, tronando mis dedos. "Joder, Esme… nunca había estado tan asustado. Todas esas alarmas se activaron, ella no podía hablar… ni siquiera cuando Bella ha tenido armas apuntando a su cabeza, nunca he estado tan asustado."

"Era un enemigo con el que no podías pelear, hijo. Esa es la razón," me dijo para tranquilizarme, acariciando mi brazo. "¿Qué te dijeron?"

"Que está bien, estable," dije con voz ronca, cerrando mis ojos con fuerza. "Está en recuperación."

"Entonces, tienes que confiar en ellos, Edward," me dijo, siempre la voz tranquilizadora.

Estaba negando antes de que siquiera terminara. "Me sentiré mejor cuando ella me lo diga. Cuando esté despierta y dándome órdenes, entonces estaré bien."

Sonrió, sorbiéndose la nariz y soltando una risita. "Me parece bien, hijo."

"¿Se quedarían tú y papá?" Solté de pronto. "Sé que en algún momento todos tendrán que regresar, pero podrían ustedes…"

"Por supuesto," me dijo, besando mi mejilla. "Nos quedaremos con Bethy también. ¿De acuerdo?"

Asentí, tragando grueso, pero los dos levantamos la vista cuando la doctora Sandler se recargó en la puerta de la sala de espera.

"¿Tengo que darte algo para calmarte, Edward?" Dijo con sarcasmo, rodando los ojos. "Ella está bien. Y está de vuelta en su habitación. Sigue dormida, pero despertará en un momento."

Sonreí, porque toda la sala se rio de lo que me preguntó. Mi padre me entregó a Samuel de nuevo, y dejé un beso de alivio en su manita que se había escapado de su manta.

"¿Puedo verla?" Le pregunté.

"Sí, por supuesto."

"Papi," dijo Bethy entusiasmada, apresurándose hacia mí, pero mi papá la cargó.

"Todavía no, pequeña," le canturreó. "Pronto podrás ver a mami, pero vamos abajo a ver qué tipo de helado podemos encontrar, ¿eh?"

"¿De fresa?" Le preguntó, y me reí entre dientes, porque mi pequeña no se cansaba del helado de fresa.

"Esperemos que tengan de fresa, Bambina," dijo Alec riendo, tocando su barbilla con sus dedos.

"No, chocolate," dijo Abby en voz baja, sonriéndole a Alec, que la cargó con una carcajada.

"¡Olvídense de eso!" Dijo Emmett con su vozarrón. "Hay una tienda justo a la vuelta de la esquina. Todos vamos a ir," canturreó, rebotando a un risueño Caleb—que era la viva imagen de su padre, hasta en su sonrisa con hoyuelos—en sus enormes brazos, pero cuando pasó junto a mí, me susurró. "Ve… ve con tu chica. Te dejaremos en paz por un rato, ¿eh?"

Asentí, siguiendo a la doctora de vuelta a la habitación de Bella.

~oOo~

BELLA

Luché para liberarme de la sensación de estar rodeada por una espesa bruma. Me sentía pesada y lánguida, incapaz de abrir mis ojos todavía. Mi cuerpo se sentía como si estuviera oprimido, y adolorido con cada respiración que daba, pero fue el sonido agudo del descontento de un bebé lo que me trajo de vuelta al presente.

Samuel.

"Tranquilo, Samuel," oí a la voz más dulce tratar de tranquilizarlo—una voz que asociaba con tranquilidad y confort. "Va a despertar pronto. Es la persona más fuerte que conozco, amiguito. Créeme."

Samuel pareció alegar con gorgoteos en respuesta, lo que solo provocó que mi esposo se riera bajito.

"Oh, ya veo," dijo con una risita. "Vas a ser el niño de mami, ¿verdad? No puedo culparte…"

Quería reírme de los dos. Necesité de todas mis fuerzas para obligar a mis ojos a abrirse, solo para cerrarlos con fuerza de nuevo para hacerlos que enfocaran. Cuando finalmente pude ver alrededor de mi habitación, clavé la mirada en mis dos hombres. Edward estaba prácticamente hecho un ovillo en torno a Samuel, sentado de lado a lo largo del sofá frente a la ventana. Sus rodillas dobladas, sus pies apoyados sobre el sofá, y su espalda recargada en el reposabrazos, pero sus brazos rodeaban un ruidoso bultito de mantas azules.

"Es hermosa e inteligente… y muy valiente, hombrecito. No tienes idea por lo que tuvo que pasar para traerte aquí," le susurró, pero podía escuchar el efecto que el miedo, la preocupación, el estrés tenían en él.

Hice una mueca, recordando cómo no había podido moverme, o hablar. Recordé que le dijeron a Edward que iban a sacar a Samuel en ese momento, pero después de eso, todo se puso borroso. Sin embargo, estaba segura que mi esposo se refería a cada difícil paso durante mi embarazo.

"E-Ella ya t-te a-ama t-tanto," le balbuceó a Samuel, su voz quebrándose un poco. "Y eso es importantísimo, peque, porque cuando mami ama a alguien, no estoy seguro de que exista algo que no haga por esa persona."

Parpadeé para contener las lágrimas, sacudí mi cabeza, y finalmente dije, "Hey…" Mi voz era baja y rasposa, pero su cabeza se levantó de golpe.

"Cristo, Bella," dijo con un jadeo, levantándose con cuidado del sofá e inclinándose hacia mí, con nuestro hijo aun en la curva de su brazo. "Estaba tan preocupado, bebé."

"¿Él está? Quiero decir… todo está…" Comencé a decir, sin saber lo que estaba preguntando, porque los últimos momentos que estuve despierta habían sido realmente atemorizantes.

"Oh, Dios," dijo Edward, su frente arrugándose, pero la sonrisa más grande y dulce fue apareciendo en su rostro. "Es malditamente perfecto, amor. Toma," me dijo, sentándose con cuidado en la orilla de mi cama. "Creo que es hora de que ustedes dos se conozcan… um, cara a cara," dijo con una risita, dándose la vuelta hasta que pudo acostar a Samuel sobre mi pecho.

Las lágrimas caían por mi rostro al ver el pequeño clon de su padre—todo a excepción de mis ojos. Samuel era cada sueño, cada idea que tuve desde que me había enterado que estaba otra vez embarazada, solo que más. Era otro Edward, y era simplemente… perfecto.

"Hola, Samuel," dije sorbiéndome la nariz y sonriendo al mismo tiempo, inclinándome hacia el beso de Edward en mi sien. Con cansancio, levanté mis manos para sostenerlo. "Tienes que ser el hombre más guapo que jamás haya visto," me reí bajito, trazando sus adorables rasgos.

Edward se echó a reír, pegando su frente a mi sien, pero se le escapó un suspiro tembloroso en mi oído, como si lo hubiese estado conteniendo por siempre. "Mierda, dulzura, me alegra que estés bien. Hiciste que me cagara del miedo. No vuelvas a hacer esa mierda de nuevo."

Asentí en silencio, volviéndome para acariciar con mi nariz su rostro sin afeitar, porque sabía que había estado bastante frenético en la sala de partos. "Lo siento," le susurré, tratando de besar cualquier parte de mi esposo que pudiera alcanzar, al fin haciendo contacto con su barbilla. "¿Qué pasó?"

Bufó, levantándose nuevamente y pasando saliva con nerviosismo mientras jugueteaba con la manta de Samuel, su sombrero, solo para permitir por último que su manita envolviera su dedo, su ceño frunciéndose ligeramente. "Él estaba listo," dijo simplemente, encogiendo un solo hombro. "Te estaba agotando, Bella, pero me dijeron que estabas bien, y que él estaba bien. Es un chico fuerte de casi cuatro kilos," dijo, sonriendo cuando Samuel soltó un largo y contento suspiro mientras me miraba. "¿Ves, peque? Te dije que mami era hermosa," le susurró, besando otra vez su cabeza, solo que esta vez, su mano tocaba mi rostro, metiendo mi cabello detrás de mi oreja. "Necesito informarles que estás despierta, bebé."

"No… todavía no," solté, sacudiendo mi cabeza. "Déjame tenerlos a los dos… solo por un minuto. ¿Está bien?"

Sabía que lo más probable es que hubiese un grupo grande de personas esperando escuchar algo. Sabía que era probable que mi pequeña estuviese subiendo por las paredes. Y sabía que eventualmente, la vida tenía que seguir en un curso completamente diferente, pero solo quería, seguir acurrucada con mis chicos.

"Claro, amor," dijo Edward con voz tranquilizadora, deslizando sus dedos por mi mejilla y debajo de mi barbilla, solo para llevar mis labios suavemente a los suyos. Se movió de nuevo, con cuidado y recostándose lentamente a mi lado. Deslizó su brazo por debajo de mi cabeza, acurrucándonos a los dos con él.

"¿Quién está aquí?" Le pregunté.

"Todo el mundo," dijo riéndose. "Y algunos más."

Sonreí y asentí, inclinándome finalmente para besar a Samuel que se estaba quedando dormido. "¿Y Bethy?"

"Piensa que huele raro, pero que es 'lindo'."

Solté unas risitas, mi cabeza cayendo hacia atrás a su brazo, y giré la cabeza para encararlo. "¿Le dijiste que ella también estuvo así?"

"Sí," dijo riéndose. "No se lo tomó muy bien."

"Apuesto a que no," dije con una risita. "No puedes decirle a una chica que huele raro, Edward. ¿Qué pasa contigo?"

Se rio entre dientes, enterrando su rostro en mi cabello. "Quiere verte, bebé. Probablemente este trepando un costado de mi padre y bajando por el otro, porque él fue lo bastante brillante como para llevar a todos los niños por helado."

Asentí, suspiré, y lo miré. "Está bien," al fin transigí, cerrando los ojos cuando sus labios tocaron mi frente.

Poco a poco se zafó de nosotros, pero tomó a Samuel. "Vamos a dejarlo dormir, Bella. Tuvo un día ocupado." Sonrió cuando solté una risita, lanzando un guiño en mi dirección, pero rodó la cuna a un lado de la cama de hospital, acostando a Samuel con tanto cuidado que apenas se removió.

Se irguió en toda su altura, y fue entonces que noté que se había cambiado de nuevo a su ropa normal—jeans y una camisa negra con las mangas arremangadas. Sus hombros estaban anchos, orgullosos al mirar a su hijo, a pesar de que se veía agotado. Su cabello era un caos tan sexy que solo podía imaginar cuántas veces había tirado de él en frustración.

Me dio mi sonrisa torcida favorita, pasó una mano por su cabello probablemente por millonésima vez, y dijo, "Volveré en un momento, dulzura."

El solo verlo caminar hacia la puerta me hizo darme cuenta de que algo faltaba, que algo se había ignorado desde que había abierto los ojos. Su mano se extendió hacia la puerta, pero lo detuve, porque parecía estar cargando el peso del mundo sobre sus hombros, como si estuviera un poco perdido, y como si hubiese corrido el largo de cuarenta campos de fútbol. Era fuerte y alto, era guapo y dulce, y era la columna en la que todos nos apoyábamos. De pronto, mi amor por Edward era abrumador.

"Edward, espera," le dije, lágrimas corriendo por mi rostro. "De verdad siento mucho haberte asustado. Te amo tanto."

Cruzó la habitación en un instante, sus manos apoyándose a cada lado de mi cabeza al mismo tiempo que presionaba frenéticamente sus labios en los míos.

"Dios, Bella," dijo con voz rasposa, liberando al fin sus emociones. "Está bien, amor. No tienes que disculparte conmigo. Lo hiciste jodidamente bien," susurró con urgencia contra mis labios. "S-Solo e-estoy f-feliz d-de q-que l-los d-dos e-estén b-bien," balbuceó de forma adorable. "También te amo… joder, demasiado."

Tomé ambos lados de su rostro, mirándolo. "Necesitabas saberlo…"

Sonrió, negando, pero me besó suavemente. "Oh, lo sé… lo has hecho todo por mí, amor. Lo sé, de verdad…"

Asentí, besándolo antes de que se apartara para ponerse de pie nuevamente.

"Ahora, déjame ir por ellos antes de que tengamos una revuelta en la sala de espera," me dijo, frotando su rostro bruscamente. Cogió mi mano, besando el dorso de ella. "Han estado preocupados por ti."

Dicho eso, me dio una última mirada y salió hacia el pasillo. Giré mi cabeza, viendo a mi bebé dormir, y suspiré con una satisfacción perfecta. Superamos todas las adversidades que posiblemente puedas imaginar, solo para llegar a dónde estamos. Mi nariz se arrugó al pensar en los malos momentos, pero me reí cuando pensé en algunos buenos, todos mientras miraba fijamente a Samuel.

La puerta se abrió de golpe, y sonreí cuando Edward entró con Bethy sobre su hombro como un saco de papas, y lo estaba regañando.

"Bájame, papi," le ordenó. "Quiero ver a mami… como debe de ser. ¡No de cabeza!"

"No me dijiste eso," le replicó, girándola para bajarla al suelo.

Cubrí mi boca para ahogar mi risa cuando lo fulminó con la mirada antes de darse la vuelta.

"¡Mami!" Canturreó, apresurándose a un lado de la cama.

"Hola, niña hermosa," le dije, extendiendo mi mano para enroscar su cabello en mi dedo. "¿Te estás portando bien?"

"¡Sip!" Me dijo, asintiendo con vehemencia. "Poppy nos compró helado, y jugué vencidas con tío Em para ver quién te veía primero."

Me eché a reír. "¿Y tú ganaste?"

"Sip," me dijo otra vez, con una sonrisa radiante como un rayo de sol.

"Las partidas siguen," se rio Edward, señalando con su pulgar detrás de él. "Apuesto por Esme."

"No te culpo," dije con una risita, levantando la vista cuando una enfermera entró en la habitación.

"¿Ya podemos ir a casa, mami?" Me preguntó, dándole a la enfermera una mirada mordaz cuando la mujer se puso frente a ella, pero Edward la cargó para que pudiera verme.

"Pronto, pequeña dulzura," le canturreó, besando su cuello. "Todos queremos a mami en casa pronto… han sido unas largas veinticuatro horas."

Lo miré a los ojos por un momento, sonriendo tiernamente al ver a mi familia. Me pregunté—solo por un momento—qué tanto cambiaría con la adición de Samuel. Me pregunté dónde hubiese terminado sin el fuerte, dulce y guapo hombre de pie frente a mí, en ese momento, diciéndole a nuestra hija en un adorable susurro lo que la enfermera me estaba haciendo.

La enfermera sonrió, dándome un guiño mientras me tomaba la presión arterial. "Creí que ese hombre suyo iba a volar el lugar cuando usted nos dio un poco de problemas, señora Cullen," me dijo en broma, aunque solo me estaba viendo a mí.

Me eché a reír, cubriendo mi rostro, porque no podía imaginarme lo que hubiese hecho si algo salía mal. Él era adorable, educado y amable. Era el mejor esposo y padre que una mujer siquiera podía concebir que existiera, pero se habría vuelto loco si algo salía mal. Ella no tenía idea de los ciertas que eran sus palabras.

Edward se rio entre dientes, rodando los ojos y sacudiendo su cabeza.

Le hice un gesto a ella para que se acercara, guiñándole un ojo a Edward. "Estoy segura que todos somos afortunados de no tener que averiguarlo."

Edward me dio una advertencia en la forma de una mortal ceja arqueada y un sexy gesto de su cabeza, pero antes de que pudiera decir algo, mis puertas del hospital se abrieron de golpe, permitiendo que todos entraran. Les sonreí a todos, aceptando sus abrazos, riéndome al escuchar sus exagerados susurros, y negando al ver a todos tratando de llegar a mí. Ellos eran—después de todo—mi loca familia, mis amigos cercanos. Pero fue a la cálida y firme mano entrelazando sus dedos con los míos, a la que me aferré, y al mirar a Edward, cerrando los ojos cuando plantó un largo y lento beso en mi frente, no podía sentirme más afortunada de lo que me sentía en ese momento.

~oOo~

Un año después… Marzo

Mis ojos rodaron dentro de mi cabeza cuando una mano cálida, fuerte, y callosa se deslizó sigilosamente debajo de mi camiseta, tomando mi seno de lleno y provocando que mi pezón se convirtiera en un pico alto y duro. Por un breve momento, recordé la primera vez que me quedé en la casa de Edward hace más de cinco años. Siempre parecía despertar caliente, con deseos de acurrucarse y lujurioso. Si ocurría que estuviésemos en cama al mismo tiempo, se despertaba acariciando, besando y restregándose. Estaba duro, pegándose a mí y raspando con sus dientes el punto justo debajo de mi oreja que me volvía loca. Susurraba cosas peligrosas y obscenas con voz rasposa que destilaba sexo, deseo carnal y amor—cosas que deseaba cada vez que él las decía.

Nada había cambiado.

"Cariño, viene gente…" Gemí, mi trasero arqueándose hacia atrás, hacia él, buscando algo, lo que sea. Mi cuerpo reaccionaba contra mi voluntad cuando se trataba de él, y probablemente siempre lo haría.

"La única que me importa que… se venga eres tú, dulzura," bufó en mi oído, arrastrando su lengua por la parte de afuera.

Me reí bajito y gemí al mismo tiempo, sintiendo su sonrisa contra la piel de mi cuello. "Fiesta de cumpleaños, Edward… ¿recuerdas?"

"Sip," gruñó, deslizando su mano extendida por mi estómago y metiéndola por debajo de la cintura de mi ropa interior. "Lo recuerdo…"

Mi respiración se detuvo bruscamente en mi garganta cuando sus dedos parecían buscar exactamente el lugar donde lo quería, así que me rodé quedando de espaldas, mis piernas abriéndose, a pesar de lo mucho que teníamos que hacer hoy. Mis ojos se clavaron en unos oscuros, deseosos y un poco traviesos, y no pude contenerme de acercarlo a mí. Hombres anchos y fuertes se cernieron sobre mí, el codo de Edward se apoyó a un lado de mi cabeza, mientras la otra mano continuó su exploración de lo mucho que me afectaba.

"Mm, tan mojada, amor. ¿Estaba soñando conmigo de nuevo?" Canturreó, su voz fluida y aterciopelada contra mi garganta.

"Tal vez," bromeé, entrelazando mis dedos en su cabello y tirando de su rostro hacia el mío.

Estaba a punto de besarlo hasta dejarlo sin sentido, a pesar de que ninguno de los dos se había levantado todavía. El aliento matutino no era importante cuando un hombre duro, fuerte y sexy estaba restregando su polla contra tu pierna mientras te decía cómo quería tomarte de todas las formas imaginables. Simplemente a estas alturas no podían importarme menos los pequeñísimos detalles. Demonios, apenas si podía recordar mi nombre en ese momento. Pero fue el ruido sordo de pequeños pies lo que hizo que todo se detuviera.

Sonreí, pero suspiré en derrota, mi cabeza cayendo hacia atrás a la almohada al mismo tiempo que el pobre de Edward caía en mi pecho, se le escapó una pequeña risa mientras trataba de calmarse. Mis partes femeninas gritaron en protesta cuando su mano dejó mi ropa interior.

Nuestra puerta se abrió de par en par, y vi como mi guapo niño entraba a la habitación con sus piernas rollizas, pero todavía tambaleantes.

"Creo que es tiempo de una cama para un niño grande," murmuré, quitándome a Edward de encima.

"Sí, ya está terminada," dijo con un suspiro en respuesta, pero su mirada amorosa hacia nuestro pequeñito era difícil de ignorar. "La voy a instalar hoy."

Nuestro niño de un año era muy inteligente y muy fuerte para su propio bien. Se había estado escapando de su cuna por unas semanas ya, y su actividad mañanera favorita era correr hacia nosotros a primeras horas de la mañana. A Samuel le encantaba sus besos mañaneros.

"¡Mu-ma! ¡Pupii!" Samuel dijo sonriente por un lado de la cama al mismo tiempo que palmeaba el colchón, llevaba unos pantalones de pijama de camuflaje con pies incluidos y una camiseta con camuflaje que decía, "A mi mami le gustan los chicos malos" – un divertidísimo regalo de su tía Alice.

"Ahí está mi cumpleañero," canturreé, bajando mis manos y subiéndolo a la cama.

Se acurrucó a mí con unas risitas, su cuerpecito retorciéndose cada vez más cerca, porque él era mi monstruo mimoso. Mientras Bethy era un remolino las veinticuatro horas del día los siete días de la semana, al parecer, Samuel era mi dulce y cariñoso niño. Era tímido y divertido. Era callado y muy listo. Y seguía siendo el vivo retrato de Edward, a excepción de los profundos ojos chocolate que eran iguales a los míos.

Edward se rio entre dientes, estirándose a un lado de nosotros y apoyando la cabeza en su mano, su codo sobre mi almohada. "¿Escapaste de nuevo, eh, hombrecito?"

"Sí," dijo Samuel en voz baja con una dulce sonrisa e inclinando su cabeza.

"Dile a papi que eres demasiado genial como para que te detengan," le dije con una risita, besuqueando su cuello hasta que chilló y se retorció en mi regazo.

"Geal, Pupii…" Dijo entre risitas, lo que hizo reír a su papá.

"Estoy convencido de que eres parte… mono," gruñó Edward, tirando de su hijo hacia él y haciéndole cosquillas en su pancita.

"¡No!" Samuel se rio, sentándose derecho cuando su papá dejó de hacerle cosquillas.

Me reí de ambos, porque no podía evitarlo. Eran prácticamente idénticos, y tan lindos. Levanté mi mano, tratando de aplacar el cabello de Samuel, pero era inútil. El dormir, combinado con su locura natural, hacía imposible mantenerlo abajo.

"No te molestes," murmuró Edward con ironía. "No lograrás nada."

Me eché a reír, besando su mejilla. "¿Habla la experiencia, bebé?"

"No tienes idea," dijo con una risita, sacudiendo su cabeza y dando un profundo suspiro al presionar sus labios en la cima de la cabeza de Samuel. Se volvió hacia mí, besando un lado de mi cuello. "Ya que no puedo terminar lo que tanto deseaba, debería empezar con la mierda para el día," canturreó en mi oído, dándole a mi piel un último beso con la boca abierta.

"¡Mierda!" Dijo Samuel, y le rodé mis ojos a Edward.

Soltó una carcajada, levantándose de la cama. "Cien dólares al tarro de las groserías. Lo tengo," dijo con ironía, aun con una gigantesca sonrisa.

Me volví hacia mi pequeño. "Vamos a cambiarte de ropa, ¿de acuerdo, peque? Hay gente que vas a ver hoy," le dije, cargándolo y bajando de la cama.

Samuel asintió, soltando unas adorables risitas, "¡Gente!"

~oOo~

"Oh, es como Mini-Me (1)," dijo Rose con una risita, haciendo un gesto hacia el otro lado del patio.

"Wow, ¡mira quién habla!" Me eché a reír, mi cabeza cayendo hacia atrás. "¿Has visto a tus dos chicos últimamente?"

"Es cierto, ¿verdad?" Dijo con una risita, sacudiendo su cabeza. "Lo que es peor, Caleb tiene el sentido del humor de Emmett," se rio, señalando hacia la parrilla justo cuando un Caleb de dos años decidió rociar a su padre con una pistola de agua, lo que solo resultó en una persecución por mi patio. Aunque Emmett estaba permitiendo que su hijo pensara que se estaba escapando.

Pero fue en la carpintería donde se volvieron a posar mis ojos, y no pude contener mi sonrisa. Edward estaba sacando las partes de la nueva cama de niño grande de Samuel en la que había estado trabajando por semanas, preparándola para meterla a la casa, pero era la sombra frente a sus pies lo que era demasiado. Los dos estaban vestidos con pantalones cargo cortos color negro, tenis, camisetas blancas, y por supuesto, gorras de béisbol negras hacia atrás. Seguro que hice esa mierda a propósito.

Jasper, Carlisle, y Edward desmantelaron poco a poco la cuna de Samuel, almacenándola en el sótano. Pieza por pieza, metieron la nueva cama, instalándola con el nuevo colchón que habíamos comprado hace un mes. Sabíamos que era el momento, aunque parecía muy adecuado el instalarla el día de su cumpleaños.

Emmett avisó que los hotdogs y hamburguesas estaban listos, y más gente de la que sabía que hacer con ella se le unió frente a las mesas que habíamos puesto juntas.

Me levanté del columpio del porche donde estaba sentada y caminé por el pasillo para ver cómo lucía la habitación de Samuel. Me apoyé en la puerta, viendo a Edward fijar las barras de seguridad a la nueva cama. Todos sus ayudantes—incluyendo al pequeño—lo había dejado ante la mención de comida.

"No van a funcionar," dije riéndome, encogiéndome de hombros cuando me miró por encima de su hombro. "Se va a seguir escapando."

"Bueno, duerme como las manecillas del reloj," dijo con una carcajada, enderezándose y admirando su trabajo. "Gira toda la maldita noche."

Mis ojos recorrieron a mi esposo hacia abajo y de vuelta hacia arriba, porque había iniciado algo esta mañana, y necesitaba desesperadamente que lo terminara. Estaba simplemente ardiente, parado allí con una camiseta que se aferraba a cada músculo de su cuerpo, sus capaces manos recogían lentamente todas sus herramientas.

"Mmmm, deberíamos intentar eso de girar… en cada dirección sobre la cama," ronroneé, recargándome contra la pared y mirando a través de mis pestañas. Tuve deseos de reír cuando su cabeza se giró en mi dirección como si estuviera en un pivote, sus ojos oscureciéndose al instante.

Sonrió sensualmente, su ceja levantándose a medida que caminaba hacia mí después de dejar caer otra vez sus herramientas sobre el colchón. "Mmm… podemos," gruñó, apoyando sus manos a cada lado de mi cabeza. "Estoy seguro de que… debemos."

Sonreí, asintiendo despacio. "Oh, también estoy segura de que debemos. Solo lo estoy… comentando…"

"Creé un monstruo esta mañana, ¿verdad?" Me preguntó, su voz tomando un tono completamente diferente al mismo tiempo que rozaba con su nariz de mi mejilla a mi cuello. "Siento no poder haber terminado lo que comencé, amor. Créeme, tenía tantos deseos de verte venirte para mí. Me encanta escucharte gritar mi nombre a primeras horas de la puta mañana."

Todo mi cuerpo se estremeció ante el puro estado de ánimo sensual que prácticamente estaba exudando. Era como si el hombre pudiera accionar un interruptor. O tal vez yo lo accionaba y él solo reaccionaba.

Gemí, porque no pude contenerme cuando su cuerpo se pegó al mío, cuando sus dedos se deslizaron en mi cabello casi con fuerza, cuando sus labios mordisquearon con besos tentadores. Definitivamente no podía ignorar la forma en que me olió, como si necesitara el aroma de mi piel a fin de permanecer con vida, y la forma en que olía como a rayos de sol y madera cortada y humo de la parrilla. El toque de cerveza en su lengua fue la gota que derramó el vaso.

Agarré los costados de su camiseta, acercándolo a mí al mismo tiempo que él se lanzaba hacia mi boca. Sonidos frenéticos, apresurados y húmedos llenaron la pequeña habitación cuando nos besamos como maniáticos, como adolescentes escapándose de los adultos, sin querer que los atraparan metiendo mano. Manos calientes agarraron mi trasero al mismo tiempo que sus caderas se pegaron a las mías. Las lenguas se deslizaron y arremolinaron juntas, imitando lo que Edward quería hacerme con otras partes de nuestros cuerpos.

Mis propios dedos encontraron su camino hacia parte de atrás de los pantalones cortos de Edward—amasando su trasero y provocando que empujara un poco hacia mí—y no hacia su cabello, porque por alguna retorcida y pervertida razón, quería que esa maldita gorra se quedara puesta cuando me tomara con fuerza.

"¡Mami!" La voz de Bethy sonó desde la puerta principal. "¡Nanny dice que es hora para el pastel de Sammy!"

La frente de Edward cayó sobre mi hombro, un "Joder," en un siseo, pero con una risita se escapó de sus labios.

No pude evitar reírme, mi cabeza cayendo hacia atrás a la pared con un suave ruido sordo. "Cristo, Edward, te aseguro que esto no ha terminado…" Le advertí, abrazando sus fuertes hombros con fuerza cuando se rio contra mi piel.

"Claro," concordó, besando mi mejilla, mi nariz, y por último mis labios, "pero al parecer, no deberíamos estar solos juntos…"

Sonreí, empujándolo para quitármelo de encima, gritando, "Ya vamos, Bethy. No vaya alguien a venir."

"No, tú no te vas a venir," dijo Edward con un puchero, poniendo los ojos en blanco al escuchar mi risa. "Podrías haberlo hecho, pero ya no…"

"¿Esa es la palabra del día, cariño?" Me ataqué de la risa, dejándolo solo en la habitación de Samuel para que aclarara su… cabeza.

Para cuando llegué a la mosquitera, todo lo que escuché fue, "¡Debió serlo, maldita sea!"

Todavía estaba riendo para cuando llegué a la mesa.

~oOo~

EDWARD

"¡Sammy empezó!" Bethy protestó mientras llevábamos a ambos niños hacia el baño.

"¡Pastel!" Soltó Samuel solo para añadir más leña al fuego, estaba seguro de ello. Puede que solo tuviera un año, pero ya había aprendido cómo hacer enojar a su hermana.

"Él tiene un año, Bethy," dijo Bella con un suspiro, pero apenas podía contener su diversión, porque la guerra de comida había sido divertidísima.

"¡Y me lanzó pastel!" Mi hija replicó, sonando igualita a su madre cuando discutía.

Tuve que contener mi carcajada y mi sonrisa, solo sacudiendo mi cabeza y prácticamente llevando a la fuerza a mi hija por el pasillo. Demonios, tenía miedo de siquiera tocarla porque estaba cubierta de pastel y glaseado y lo que parecía ser ensalada de papa.

La fiesta había sido malditamente divertida. Toda nuestra familia y equipo se presentaron, trayendo a sus niños. Hubo hotdogs y hamburguesas, refrescos y cerveza, incluso papas fritas y salsa, pero fue le pastel de cumpleaños lo que nos trajo a este momento, lo que nos trajo a una bañera llena de burbujas y agua caliente. Mi hijo—mientras todo el mundo estaba de espaldas al comenzar a irse por la noche, eso sí—había decidido que necesitaba más pastel de cumpleaños… con su pequeño puño, por supuesto. Sin embargo, cuando su hermana mayor le había dicho que no lo hiciera, agarro su puñito y se lo arrojó a ella. Y por Dios, si se había cabreado, resultando en la batalla de pastel del puñetero siglo.

"¡Desvístete!" Ordenó Bella, señalando a Bethy, su voz no daba oportunidad para un argumento al mismo tiempo que procedía a quitarle la ropa a Samuel.

Me reí bajito al ver el ofendido rostro de Bethy, pero me puse de cuclillas frente a ella. "Ven aquí, pequeña dulzura," dije con un suspiro, todavía sonriendo, pero cogí su camiseta para quitársela por encima de su cabeza.

"Él comenzó," me susurró solo a mí, señalando con su dedo detrás de ella, lo que provocó que al fin Bella esbozara una sonrisa.

"A veces, es mejor no interponerse entre un hombre y su comida, cariño," dije riéndome, encogiendo un hombro. "Sería como si yo te quitara tu tazón de palomitas cuando estás viendo una película."

"¡No lo harías!" Dijo con un jadeo.

"No, pero es la misma idea, Bethy," dije con una carcajada. "Era su pastel, su cumpleaños. Estaba festejando de la mejor forma que sabía."

"¡Pastel!" Samuel dijo, agarrando el rostro de Bella con sus dos manos regordetas.

"¡Yo no arrojé pastel cuando era un bebé!" Dijo con un bufido, levantando sus brazos ya que la había desvestido.

"Sí, lo hiciste," Bella y yo repetimos juntos mientras la metía a la bañera.

Mi rechoncho hijo ya estaba dentro, cubierto con burbujas y salpicando felizmente con un helicóptero de juguete en su mano.

"Me llevó una eternidad lograr quitar el pastel de las paredes de la cocina," murmuró Bella, sus ojos se pusieron en blanco cuando me reí nuevamente, pero me miró. "¿Puedes encargarte de… esto?" Dijo con un bufido, haciendo un gesto hacia la bañera llena de niños resbalosos. "Necesito preparar la nueva cama de Samuel."

"Sí, amor," dije con una risita, dándole una palmada en el trasero cuando salía del baño, lo que resultó en una mirada fulminante de ella y risitas de los niños.

"Mami está enojada," susurró Bethy, haciendo una torre de burbujas con forma de pirámide.

"Mami está… frustrada. Estoy muy seguro que es por mi culpa," le susurré en respuesta al sentarme en el banco junto a la bañera, porque era cierto.

Lo que había iniciado como una gloriosa sesión de besos a primeras horas de la mañana se había convertido en todo un día de provocaciones. Todo el día. Todo el maldito día. Deseaba a Bella casi hasta el punto de llorar y hacer pucheros, pero no había habido ni una oportunidad, y cuando la hubo, algo o alguien nos interrumpía. Me había encontrado solo en la habitación de Samuel cuando armaba su cama, la había atrapado en la lavandería mientras buscaba velas en el cajón de las chucherías. Me había acorralado en el cobertizo de la madera, y así sucesivamente. Si hubiésemos recibido algún tipo de desahogo, habría sido divertido, pero en estos momentos, todo lo que quería es a los niños en sus camas y a mi esposa en la nuestra.

No se necesitó mucho tiempo para conseguir que los dos quedaran limpios. Bethy era bastante capaz de bañarse ella sola, y Samuel fue más que cooperador conmigo. Una vez que los tuve afuera y envueltos en toallas, los dejé libres.

"Personitas desnudas andan sueltas," le grité a Bella, que se rio desde el fondo del pasillo.

"¡Entendido!" Gritó en respuesta mientras dejaba salir el agua de la bañera. "Bethy… las pijamas, por favor," le ordenó.

"Bien, mami."

Después de preparar el vasito entrenador de Samuel, me dirigí a su habitación. Era un pequeño lío de risitas pero soñoliento mientras Bella llenaba de besos su pancita. Sus piernas y brazos regordetes se retorcían al tratar de alejarse de ella.

Me senté en el borde de la cama, dándole su vasito. De inmediato, se lo metió a su boca, y luego lo dejó caer sobre la cama para más tarde. Quité el cabello de su frente, plantando un prolongado beso allí.

"Buenas noches, pequeño soldado," le dije, aunque todavía no había entendido bien la rutina.

"Pupii," canturreó, sonriéndome.

"Te amo," le susurré, besando sus manos y cubriéndolo con las mantas, solo para que Bella tomara mi lugar cuando me fui a la habitación de Bethy.

"¡A la cama, pequeño sargento!" Gruñí, sonriendo cuando soltó unas risitas y se metió debajo de las mantas.

"¡Sí, señor!" Me respondió riéndose, lo que hizo que Bella riera desde la puerta.

Bethy había estado muy molesta cuando Samuel interrumpió su rutina para dormir, de modo que la única forma en que pude calmarla fue promoverla a Sargento Segundo—saltándose tres rangos, eso sí. Le había dicho que ella estaba a cargo, que era más experimentada y tenía que enseñarle todo a Samuel, y no tardó en aceptarlo con unas dulces risitas y un, "Está bien, papi."

"Solo dulces sueños, pequeña dulzura," le dije, besando sus adorables labios fruncidos.

"Sí, señor," me dijo, un enorme bostezo se apoderó de su rostro mientras la arropaba. "Te amo, papi."

"También te amo," le dije, apagando la luz una vez que Bella la cubrió en besos.

Bella se encaminó hacia la sala, pero la atrapé.

"Uh, no," le ordené, haciéndola girar hacia la puerta de nuestra recámara. "Alec metió los regalos, Esme llenó la lavavajillas, la basura está en bolsas. Cualquier otra cosa… mañana," gruñí por lo bajo en su oído.

Se le escapó una dulce carcajada cuando cerré nuestra puerta, y ella se encontró pegada contra ella. "Edward," dijo con risita, su cabeza cayendo hacia atrás con un ruido sordo.

"Que no," la reprendí suavemente mientras mis labios se cernían sobre los suyos. "Tengo una importante sesión de besos que terminar."

Sonrió, feliz y adorable, aunque sus ojos se oscurecieron solo un poco cuando sus manos subieron rodeando mi cuello. Bajé las mías, agarrando su trasero y levantándola en mis brazos, solo para pegarla de nuevo a la puerta.

"¿Dónde me quedé?" Le pregunté.

"¿En qué ocasión?" Dijo riéndose, besando bruscamente mis labios.

"Esa mierda no importa," gruñí, incapaz de no comérmela a besos.

Casi con un suspiro de alivio de parte de ambos, finalmente reclamé su boca, restregándome contra ella. Caderas giraron, lloriqueos tocaron mejillas, y mi polla se endureció y palpitó enseguida.

Bella se apartó de mí casi jadeando por aire. Joder, estaba simplemente hermosa al verse hambrienta de mí. Con sus labios ya rojos por mis besos y sus mejillas sonrojadas, no pude contenerme de besarla de nuevo, solo porque al fin podía hacer esa mierda.

"La cama," por fin me ordenó, jadeando mientras trazaba ligeramente mi mandíbula, mi barbilla, mi labio inferior.

"Sí, señora," cedí agradecido, apartándola de la puerta, solo para dejarla caer sobre nuestra cama.

Le sonreí, apoyando mis brazos a cada lado de su cabeza, pero que me encantaba que esta parte de nuestra relación nunca había menguado, nunca se había apagado. Teníamos dos hermosos niños, trabajos difíciles, y habíamos estado casados por casi cinco años, y ahora deseaba más a la mujer que en este momento estaba tirando de mi camiseta de lo que lo había hecho cuando la conocí. ¡Y joder, eso es mucho decir!

"Te amo, dulzura," le dije, quitándome la gorra para llevar mis manos a mi espalda y tirar de mi camiseta para quitármela.

"También te amo, Edward," me dijo con la más dulce de las sonrisas.

No pasó mucho tiempo para que toda nuestra ropa estuviera esparcida en la cama y en el suelo junto a ella. Y caí de nuevo en sus brazos con una risita, porque los dos nos veíamos tan malditamente desesperados por terminar lo que yo había empezado en lo que nos parecía como una eternidad.

"Ahora, veamos… ¿dónde me quedé?" Pregunté con falsa sinceridad y un ceño fruncido.

"No importa, así que vuelve a empezar," dijo con una risita, trazando con su lengua el tatuaje en mi brazo, pero sus ojos permanecieron clavados a los míos. Sin embargo, estiró su mano tocando sin ver junto a ella, agarrando mi gorra y empujándola hacia mí. "Pero la puta gorra se queda puesta."


(1) Mini-Me personaje interpretado por Verne Troyer en la segunda y tercera película de Austin Powers.


Y estos dos siguen igual de calientes que siempre jajajaja. ¿Qué les pareció Samuel? Es lindo, ¿verdad? Igualito a Mercward. Un buen final también para Kurt que se une al equipo, y nuestro Alec cayó en las redes de Sarah y Abby awwww. Aunque hubo pérdidas importantes y dolorosas como la de Sam, ahora hay más integrándose al equipo. Espero que hayan disfrutado del epílogo, siempre es triste terminar una historia pero al menos sabemos que todavía tenemos más de esta gran familia. Mientras tanto, demos un gracias a la autora de esta gran serie "DROTUNO", por lo que les pido el GRAN FAVOR de que dejen un review en la historia original, el link está en mi perfil. Como siempre, las que saben inglés sabrán que escribir, las que no, pueden escribir esto: Thanks for share your amazing stories with us Drotuno. I read the Spanish translation and it's great.

Ahora, le comenté a mi beta y alguna chica en Face que necesito un poco de descanso de estas historias. Amo a Mercward pero a veces hace falta intercalar con otros "personajes", aunque prácticamente son los mismos en este fandom, las historias son diferentes, por eso decidí comenzar otra traducción y otra que viene en camino. Las que todavía no han empezado a leer, las invito a leer 'Rental Exchange' y ahora 'Out of the Mouth of Babes' además de mis otras traducciones aquí en FF. Gracias por acompañarme en esta nueva aventura y espero que continúen conmigo ;) Saludos y nos leemos en mis siguientes traducciones.