Capítulo XXV: Salvando vidas.

Paró en seco su enloquecida carrera cuando llegó al callejón en el que la lucha se estaba efectuando. Tres hombres, dos jóvenes y un anciano, luchaban contra Battousai. Se llevó la mano a la boca cuando observó que uno de los jóvenes atacaba a Battousai, y éste, en un rápido movimiento, lo golpeaba con la funda de su espada en un ojo, el hombre dio varios traspiés, y Battousai aprovechó para sacar de su funda a su espada, tan rápido que ni ella misma fue capaz de ver ese movimiento, y atravesaba con ella al hombre, rebanándole todo el estómago. El hombre escupió sangre, y cayó inerte, su espalda se apoyó en la pared, y él se deslizó hasta el suelo. A su alrededor, un charco de sangre se formaba.

Se llevó la mano a la boca reprimiendo una arcada. El joven, colocó al más anciano detrás suya y desenvainó su espada, pero el anciano, valiente, lo empujó.

—¡No! No debes morir ahora —gritó y desenvainó la suya, listo para atacar. Horrorizada, observó como Battousai, inexpresivo, frío y sangriento, se agachaba, apoyándose con una rodilla en el suelo y atravesaba con su espada la garganta del hombre hasta que salió por el otro extremo de la cabeza. Las lágrimas bañaron sus ojos, apartó la vista cuando Battousai retiró la espada y partiendo la cara del anciano en dos. Fijó su vista al suelo, apretando los puños, y observó las flores de cerezo que estaban en el suelo. Flores de cerezo.

Abrió los ojos desmesuradamente. Tomoe olía igual que las flores de cerezo... La voz de Kenshin resonó en su cabeza. Miró la escena de la pelea, Battousai había arremetido contra ese hombre, y ahora había orientado su espada hacia él, la cual brillo con el reflejo de la luna. De repente, la voz de Kenshin resonó con más fuerza en su cabeza, volviéndole a narrar la horrible historia que desencadenó esa noche.

—Ríndete —no era una sugerencia, más bien era una orden.

—No me rendiré —tras esto se lanzó contra Battousai en un acto alocado arremetió contra la espada de Kenshin que ni se defendía de aquel hombre, simplemente dejaba su espada quieta. Cansado, Battousai asesta dos cortes a Kiyosato, uno en su vientre y otro en su hombro izquierdo, mandando al joven contra el suelo.

Despertando de su trance, Kaoru se acercó al hombre y dejó caer a su lado. Con cuidado, colocó su mano en la nuca del hombre levantándolo un poco, él hombre, tiritaba y un fino hilo de sangre caía por la comisura de sus labios.

Battousai abrió los ojos sorprendido, y luego, frunció el entrecejo y apretó los puños.

—¿Qué mierda haces aquí? —gruñó.

Kaoru lo miró de reojo, con la manga de su kimono limpió el hilo de sangre de los labios del hombre y le sonrió, intentando darle fuerzas.

—Te pondrás bien, Kiyosato.

El hombre abrió los ojos sorprendido y desconcertado porque aquella mujer supiera su nombre, luego, todo para él se volvió oscuridad...

Izumi se mordió el labio cuando vio salir a Shinsaku, ni sus palabras, ni sus artimañas, ni sus ruegos, habían impedido que esta noche él saliera. Aspiró con fuerza y echó la cabeza hacia atrás apoyándola en el marco de la ventana, contuvo con todas sus fuerzas las lágrimas.

Shinsaku había presentado notables mejoras en su deteriorada salud en las últimas semanas, pero todavía no estaba preparado para la lucha; sin embargo, tan cabezota y fiel a sus propósitos, poco le había importado su salud. Se apartó de la ventana cuando Shinsaku se perdió en la oscuridad de la noche y salió de la habitación. Con los hombros hundidos y el labio que le temblaba incontrolablemente, recorrió el pasillo, bajó las escaleras, y salió de la posada al jardín. Caminó lentamente hasta una pequeña caseta contigua a la posada, mucho más pequeña que la sala de entrenamientos, donde estaba el santuario que la señora Hiroe tenía en la posada. Tocó con las manos temblorosas las puertas del pequeño mueble que probablemente guardaba los restos de los parientes de la señora Hiroe. Suspiró, y cogió una cerilla, la prendió y encendió las dos velas que había en él.

Se hincó de rodillas y rezó.

Rezó por Shinsaku.

Colocó una toalla en la frente de Kiyosato, el cual sólo hacía temblar y temblar. El doctor, había dicho que las heridas, aunque profundas, no eran mortales, y que con los cuidados necesarios se pondría bien. Apartó un mechón de pelo de su rostro y suspiró. Seguro que, si Megumi estuviera ahí, Kiyosato se pondría pronto bien y correría en brazos de su Tomoe. Miró de reojo a Battousai, que estaba sentado frente a la ventana, en su habitual posición. Volvió su vista hacia Kiyosato. Si hubiera llegado unos minutos más tarde, o si no hubiera despertado del trance que se había sumergido, él no estaría vivo, y Battousai tendría la primera línea de la cicatriz en su rostro.

Battousai se levantó lentamente, sin apartar su vista de la ventana. Se mordió el labio nervioso, pues sabía que él estaba molesto con ella, y en cualquier momento, iba a explotar toda esa tranquilidad que demostraba. Girándose bruscamente a ella, la miró con el ceño fruncido.

—No sé cuántas veces te tengo que decir que no salgas de la posada de noche —prefería mil veces que le gritase a que le hablara con ese susurro escalofriante.

—Tenía un mal presentimiento...

—Deja de tonterías, la noche es una amenaza hasta para los más peligrosos asesinos. ¿Qué pasaría si te hubieras encontrado con uno de los Shinsengumi o alguien peor? —se llevó dos dedos a la sien —. No tienes ni puta idea de los locos que andan sueltos, tendrías suerte si te matan atravesándote el estómago o el corazón, pero no, algunos de ellos les gusta ver tu sufrimiento, y te torturarán minuto a minuto hasta que tú mismo desees tu muerte. ¿Quieres ése final para ti?

Cerró un ojo y encogió la nariz. Ella sabía muy bien los locos que andaban por la calle, los asesinos sin escrúpulos y sangrientos que podían haber, había conocido a Jinei, sabía la magnitud de la maldad de Shishio y sus hombres... Pero no se arrepentía, como muchas veces anteriores, estaba dispuesta a sacrificarse, incluso a enfrentarse esos hombres si hiciera falta, aunque sabía que tenía las de perder, si su sacrificio sirviese para salvar una vida, como había ocurrido esta noche.

Aspiró y resopló con fuerza. Se levantó y lo encaró.

—Kenshin, como todo el mundo temo tener un final doloroso, pero, ¿sabes qué?, no me importa. Arriesgarme esta noche ha salvado la vida de Kiyosato. Ha evitado el sufrimiento de Tomoe y el de su hermano Enishi. Tú harías lo mismo. No, tú haces lo mismo, cada noche te arriesgas, asesinas, te manchas las manos de sangre, para conseguir un futuro mejor, y no te importa morir por eso. ¿Acaso tú no haces lo mismo que he hecho yo?

Le cogió de los hombros y la miró, su corazón se encogió cuando vio sus ojos brillosos.

—Tú eres mi vida. Si algo te pasase eso, sería peor que la más dolorosa de las muertes —se mordió el brazo y la abrazó con fuerza.

Kaoru escondió su rostro en el hombro de él y soltó un suspiro entrecortado. Ella lo comprendía, cuando él estaba en peligro, cuando le ocurría algo, su dolor era insoportable. Levantó el rostro en busca de sus labios y él no tardó en besarla. Un beso diferente a los demás, ansioso, desahogando toda la preocupación y la angustia que había sentido.

Un leve gruñido hizo que se separasen. Kaoru se giró hacia Kiyosato que apretaba fuertemente los ojos y tenía una mueca de dolor en el rostro. Battousai suspiró.

—Debemos irnos antes de que se despierte.

Kaoru lo miró.

—No, tengo que quedarme hasta que se recupere.

Frunciendo el ceño, se acercó a ella.

—¿Estás loca? No puede verme mujer. Nadie debe saber que he salvado a uno de nuestros enemigos.

—He dicho que me quedaré yo —dijo poniendo énfasis en el yo.

—No... No, no y no, no te quedarás con él, es peligroso.

—Kiyosato no es malo, y, además, está herido, sé defenderme sola —orgullosa, sacó el bokken del cinturón de su kimono y se lo mostró —. Voy armada.

Battousai enarcó una ceja.

—Sí, un palo de madera puede ser peligrosísimo. Cariño, no me apuntes con él —murmuró con sarcasmo.

—Puede ser peligroso si sabes cómo usarlo —se acercó a él y le golpeó flojo en la cabeza con él, Battousai frunció el ceño —. ¿Te recuerdo cuando nos conocimos? ¿quién se enfrentó a esos hombres y les ganó? Bueno, quizás necesité un poco tu ayuda, pero también he ganado a Shinsaku en los entrenamientos.

—Shinsaku está enfermo.

—Pero es uno de los mejores asesinos del Ishinshishi —se cruzó de brazos —. Prometo que cuando se mejore iré a la posada, de mientras puedes decirles que... que un amigo ha venido del extranjero y quise hacerle una visita.

Frunció los labios mirándola fijamente. Sabía que nada le haría cambiar de opinión, era terca como nadie. Pero esa forma de preocuparse por las personas, y su terquedad, eran una de las cosas que más amaba de ella. Puso su mano en su nuca y la besó, al separarse, mordió suavemente su labio inferior.

—Vendré a verte cuando anochezca —se giró y salió por la puerta, asegurándose de que no era visto por nadie.

Kaoru miró a Kiyosato y se acercó a él, se arrodilló a su lado y apartó la toalla de su frente, la volvió a mojar en el cuenco, y la estrujó para ponerla en su rostro y limpiar el sudor.

Izumi miró a Battousai y frunció el ceño, carraspeó y se levantó de la mesa. Con disimulo, miró a Battousai y señaló la puerta indicándole que saliera. Salió y lo esperó, todos estaban comiendo y no se habían dado cuenta de que Battousai había apartado de mala gana el plato y chasqueando la lengua se había levantado para seguirla. Todos, excepto Lizuka, que había dejado de comer y había echado la cabeza hacia atrás, acercándose a la puerta para escuchar la conversación.

—¿Dónde está Kaoru? —preguntó Izumi cruzándose de brazos.

—No está —contestó simplemente, haciendo que Izumi frunciera aún más el ceño.

—Sé que no está, por eso te estoy preguntando.

Suspiró exasperado.

—Ha ido a visitar a un amigo que ha vuelto de no sé dónde —contestó sin más e inclinando la cabeza, se marchó hacia arriba.

Izumi carraspeó. ¿Visitar a un amigo? ¿Por qué no le había dicho nada? Bufó bajo y fue hacia la sala de entrenamientos donde estaba Shinsaku.

Por suerte, sus plegarias de la noche anterior habían servido, y estaba con más fuerza que nunca. Abrió la puerta sin hacer mucho ruido y lo observó, sudoroso y agitado, golpeaba con el bokken el saco de arena. Ahora volvía a ser el hombre fuerte y vigoroso que ella recordaba cuando vino a trabajar a la posada gracias a la señora Anara. Se acercó a la estantería donde estaban los demás bokken y se acercó a él, tocó con suavidad su hombro con el bokken y él se giró rápidamente y le agarró la muñeca, cerró los ojos cuando vio el bokken que él sujetaba aproximarse a su cara, pero el golpe nunca llegó. Abrió los ojos y lo observó.

—Debiste avisarme —musitó agitado y se apartó de ella.

Recuperándose de su impresión, movió su bokken e intentó hacer un malabar con él, pero se cayó al suelo. Shinsaku sonrió.

—Quería... quería que me enseñarás a usarlo —dijo sonrojada, se agachó y cogió el bokken.

Shinsaku ensanchó su sonrisa.

—¿Enserio?

Asintió sonriente, y él se encogió de hombros. Dejó su bokken a un lado y se colocó a sus espaldas. Izumi suspiró entrecortada cuando sintió su hombría en su trasero, y sus manos en su cintura, con suma lentitud y provocación, subió sus manos por sus costados hasta llegar a las axilas, y de ahí, a sus brazos y al llegar a sus manos, que mantenían sujetas el bokken, las cerró encima de las de ella, y miró el saco. Acercó su cabeza a su oído y habló en un susurro:

—Golpea el saco con fuerza —y así lo hizo, pero sólo provocó una carcajada por parte de él que la enfureció —. ¿Esa es toda la fuerza que puedes utilizar?

Frunció el ceño y los labios, y le dio un codazo apartándolo. Miró el saco y golpeó con el bokken en él con tanta fuerza que lo partió el dos. Se giró y lo miró, él estaba boquiabierto.

—¿Qué? ¿Sorprendido? —levantó un dedo —. Y no te atrevas a dudar de mi fuerza, porque puede ser que no sea el saco lo que golpee.

Shinsaku pestañeó varias veces sorprendido, y luego sonrió. Se acercó a ella, y le agarró de las nalgas pegándolo a él.

—Mmm... Me has puesto cachondo —musitó rozándose contra él.

Izumi sonrió y dio un leve tortazo en su rostro.

—Pues tienes a tu amiga mano para solucionarlo —se apartó de él y salió a paso ligero de la sala de entrenamientos con una risita divertida.

Él suspiro y miró su mano.

—Amiga, tienes tarea...

Battousai caminó con paso firme hacia el lugar de reunión, un bello jardín enderezado con un bonito estanque, Katsura, estaba dando de comer tranquilamente a los peces, y a su lado, uno de sus hombres favoritos, Katagai. Miró de reojo a Lizuka, que caminaba a su lado. No podía estar tranquilo teniendo al lado, pero si Katsura aún confiaba en él, él no era nadie para decirle nada. Al llegar frente a su líder paró su avance y lo miró.

Katsura dejó de dar de comer a los peces y se irguió, sonrió al verles.

—Ya estamos aquí —dijo Lizuka cruzándose de brazos.

—Me alegra veros, os he citado aquí porque quería un poco de intimidad, he llamado a mis mejores hombres porque tengo una misión importante para ellos.

—Maestro —dijo Battousai cortante, como siempre.

—Esta noche, tendremos una junta confidencial, Toshimaru y Miyabe—san estarán allí. Es una reunión importante para decidir los objetivos de organización.

—¿Quiere que esté de guardia?

—No. Himura, ¿te interesaría ser parte de la junta?

Lizuka miró sorprendido a Kenshin y sonrió.

—Oh, eso sería fantástico —dijo en tono amigable.

Pero Battousai se mostró indiferente, inexpresivo.

—Prefiero renunciar

Los tres lo miraron sorprendidos, no esperaban esa contestación. Katsura, lo miró esperando una explicación sobre esa respuesta.

—Soy un asesino, y no tengo capacidad para otra cosa maestro, Si no hay nada más me voy —sin más, hizo una leve reverencia se dio la vuelta y se fue de ahí, sin prisa y sin pausa.

Lizuka abrió la boca sin palabras. Cada vez Battousai lo sorprendía más. Volvía a ser tan impredecible como hacía meses, era increíble que sólo con Kaoru dejara de ser ese hombre frío y amenazador.

—Con su permiso —dijo, hizo una reverencia y se marchó detrás de él.

Battousai caminaba por las calles tranquilamente, observando a los niños jugar y a las mujeres hablar. Todo parecía tan normal que nadie diría que estaban en guerra. Paró en seco cuando vio al grupo de los Shinsengumi, se giró con naturalidad y se ocultó tras la puerta de un local cercano y los miró, vigilante. Andaban seguros, con autoridad, y la gente se apartaba a su paso.

Saito arrugó la nariz y miró de reojo hacia donde Battousai se escondía. Okita, al darse cuenta, lo miró.

—Señor Saito, ¿ha pasado algo? —preguntó.

Sin dejar de mirar hacia esa dirección le contestó:

—Me pareció haber olido a sangre, Okita.

Okita se rio.

—No, señor Saito, ¿no será que últimamente ha matado a demasiada gente?

—Okita... —dijo a modo de advertencia y cerró los ojos, pero él, inocente, lo miró.

—¿Si?

—La palabra es como algo que se mastica, pero antes hay que degustarla en la boca.

Entendiendo, asintió y sonrió. Continuaron su camino, y la gente se limitaban a mirarlos y murmurar entre sí. Battousai salió de su escondite, sin apartar la vista de ellos.

—Se creen muy importantes siempre andando por en medio de la calle —dijo Lizuka detrás de él, pero Battousai no pareció inmutarse. No sabía que para que le seguía, ni para que le hablaba con ese tono amistoso, sólo hacían que le entraran ganas de partirle la cara. Lizuka se acerca a él, poniéndose al lado, y con disimulo, le da un pequeño papel en la mano —. Contamos contigo esta noche —susurró en su oído, a lo que Battousai sólo asintió. Lizuka sonrió complacido, cuando le asaltó un agradable olor —. Mmmm… me gusta como huele...

—Flor de cerezo blanco —contestó él sin apartar la vista de los Shinsengumi. También había percibido ese olor, y por alguna razón, su corazón se había acelerado.

Lizuka lo miró de reojo.

—Conozco ese perfume... es algo embriagador —miró hacia una mujer alta, seria y muy guapa, que estaba al otro extremo de la calle, sonrió —. Debe de ser de aquella mujer —fue entonces cuando Battousai apartó la mirada del grupo y dirigió la vista hacia donde miraba Lizuka, allí, mirando hacia la dirección de esos hombres, estaba una hermosa mujer. Lizuka se puso la mano en el mentón —. Una mujer guapa.

Battousai entornó los ojos mirándola. Sí, era una mujer muy guapa, cuando ella giró la cara hacia él, él apartó la mirada, al igual que Lizuka, que sin decir nada, se marchó de ahí. Battousai lo miró irse, y luego volvió a mirar hacia donde estaba la mujer, pero ésta ya no estaba...

Continuará...


Bueno, espero que os haya gustado, he tenido que volver a ver las Ovas para escribir lo último, la cosa empieza a ponerse interesante.. AH! y deciros que siento mucho la tardanza, sé que me estoy retrasando demasiado, pero lo importante es que sigo con la historia no?

Muchas gracias a todos los que me habéis dejado review, vuestro apoyo me anima mucho. Gracias a: kagomekaoru, Coppelia in Black, kisa—Chan—sohma, Nadja—chan, gabyhyatt, Kaorumar, Kaoru layer, lorena, Saku—Kag15, Esmeraldy, Mai Maxwell, yessica, BattousaiKamiya, Kaoru23, hitoki—chan, jegar sahaduta, sakura dark angel, —Sesshiry—, okashira janet, Mei Fanel, MARITZA, —Sakura—Star—, KororO, Kaoru Takarai, joy, aniee;, nere, Ryu—Lov.