Primera Publicación: Enero 2014
Reedición: Septiembre 2017
—Derecha, Izquierda, Derecha, Izquierda —era las palabras que acompañaban el compás de un par de aplausos. Sentado en el apoyabrazos de uno de los sillones y con una sonrisa radiante estaba el dueño de la casa, un atractivo doctor, moreno de ojos azules tan oscuros como la misma noche, su cabello oscuro estaba lanzado hacia atrás y apenas si podía contener la seriedad en su voz.
Caminando hacia él, estaba la otra habitante de la casa con la mirada cansada, mordiéndose el labio de los nervios que le producía lo que llevaba sobre la cabeza. Le aterraba el solo hecho de tropezarse o de cambiar tan siquiera un poquito su postura. No quería perder esos discos que Darien había puesto con tanta maldad, entre sus odangos.
—Así me gusta —le indicó con el dedo índice y medio, sus ojos, para que la princesa no quitara su vista de la de él—, pierna derecha, pierna izquierda, bien, ahora gira y sigue caminando hasta la cocina.
—Darien —gruño entre dientes mientras trataba de no perder el equilibrio al pasar por el pequeño espacio que había entre los dos sillones que le bloqueaban el paso hacia la cocina.
—Shhh —la silenció—, es mi hora de pruebas, yo ya te recibí en la mañana con el desayuno en la cama, una hermosa rosa y te trajeron bombones de una de las mejores bombonerías del distrito, así que ahora es mi turno de educarte como toda una dama.
—Pero, ¿por qué los discos de Three Lights? —volvió a gruñir Serena.
—Porque es divertido —comentó el doctor con un sutil movimiento de sus hombros—, solo por eso.
—¡Estoy segura que no es por…! —giró rápidamente para gritarle a su novio, cuando las cajas cayeron de su cabeza—. ¡No! —gritó y se agachó rápidamente por los nervios de que sus apreciados cds se rompieran, fue en eso, cuando escuchó una gran carcajada proveniente de Darien; con los labios fruncidos, Serena se levantó enojada del suelo— ¡Darien! —el moreno no respondió, solo se dejó llevar por la risa que lo invadió y cayó en seco contra el sillón de tres cuerpos.
—¡Tu cara! —la señaló y luego llevó la mano hacia su estómago una vez más—. Fue mortal, tu cara ante la idea de perder tus discos.
—¡Están vacíos! —protestó agachándose para tomar las cajas y enseñárselas al moreno.
—¡Por supuesto! —comentó deteniendo su risa, y luego carraspeó para acomodar el tono de su voz—. Solo quería divertirme, nunca sería tan mala onda como para destruirte algo que aprecias.
Serena lo miró y suspiró derrotada.
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¡Qué empiece el Desafío!
Conquístame, si puedes
Capítulo 25: "Serena y las clases de etiqueta"
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Serena estaba sentada en la cabecera de la mesa del comedor con ambas manos en las puntas de esta, observaba con terror el plato de sopa que su novio había colocado delante de ella, no porque no le gustara, le estresaba ver dos cucharas en la mesa, si bien una estaba a su derecha la otra estaba por sobre el plato. Arqueó la ceja derecha tratando de adivinar cuál debería usar… Decidió seguir su instinto y tomó la de la derecha. Darien sonrió.
—Tomas la sopa desde el afuera hacia el centro para que no se te caiga del plato, escurres y la elevas —mientras Darien le indicaba los pasos a seguir, Serena lo miraba de reojo. ¡La trataba como si ella no supiera comer!—. Tienes que inclinar solo un poco la cuchara para que puedas beber la sopa sin necesidad de introducirla completamente en la boca —Serena se acercó al plato y obedeció las indicaciones—. ¡No! —la regañó haciendo que Serena casi soltara la cuchara, aunque la sopa se cayó de ella hacia el plato— Tú tienes que acercar la cuchara a tu boca, no tu rostro al plato como si fueras un perro.
—¡Ya Darien! —protestó la rubia a punto de llorar y soltó la cuchara. Darien solo la miró como se cruzaba de brazos—. Ya no quiero.
—Bueno —dijo buscando algo en el bolsillo de su delantal, y extrajo del mismo, el osito que Serena tenía siempre en su mochila, ese que le había regalado su amigo Seiya—, si no quieres…
—¡Eso es mío! —protestó poniéndose de pie, mientras Darien hacia girar el gancho del colgante en el dedo índice derecho.
—¿Sabes —sin mirarla seguía moviendo el gancho del colgante en su dedo—, es increíble como yo pude vencer mi miedo escénico, te canté ante miles de personas, y tú no puedes con algo tan simple? Esto —dejó el osito sobre la mesa y se levantó— es decepcionante para mí. Sin dudas, muy decepcionante —y salió de la cocina, subió las escaleras y se ocultó en la habitación donde cayó boca abajo y se quedó ahí, sin decir nada. Tan solo tenía los ojos cerrados.
Serena mientras tanto, seguí sentada en la mesa con el osito en sus manos y los ojos cerrados. O ella se estaba poniendo muy grave o Darien estaba poniéndose muy sensible con estas cosas. Abrió los ojos y se fue al cuarto de estudio y se encerró ahí toda la tarde.
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Ya era de noche cuando las luces del jardín entraron por el ventanal de la habitación despertando al joven doctor que había perdido la noción del tiempo acostado. Se sentó en la cama, y tras pasar ambas manos un par de veces por su rostro extendió los brazos hacia arriba para desperezarse. Se puso de pie y bajó las escaleras en busca de Serena, quizás si se había puesto un poco grave él con la situación. Simplemente si ella no podía, no podían nomas.
Suspiró pero cuando bajó encontró todo a oscuras, casi se le ocurrió pensar que había salido sino fuera porque vio la luz por debajo de la puerta del estudio de la rubia.
Se acercó a la puerta y pudo escuchar algo que le sorprendió:
Serena estaba viendo videos de etiquetas y buenos modales.
Se quedó detrás de la puerta hasta que la voz del programa de los consejos de Madam Laurent terminó y se alejó hacia la cocina donde prendió las luces y se instaló en la cocina a ver que hacía de cenar. Aunque nadie podía quitarle la sonrisa de que Serena hubiera buscado videos de buenos modales, solo esperaba que no se hubiera quedado dormida mientras reproducía los videos de etiqueta. Una carcajada escapó de su garganta al mismo instante que cerró la puerta del refrigerador y…
—¿De qué te ríes? —la voz de Serena casi lo hace pegarse al techo por el susto.
—Este… —aspiró profundo para recuperarse del susto de su novia—, nada, estaba recordando algo que me pasó —ya vuelvo en sí, llevó las verduras a la encimera para empezar a pelarlos—. ¿Tú dónde estabas?
—Viendo unos videos —respondió observando como su prometido cortaba las verduras.
—Ah —fue lo único que dijo mientras seguía trabajando en la cena.
—¿Qué vamos a comer? —preguntó apoyándose contra la encimera.
—Voy a hacer una sopa de entrada, y luego, como tienes que consumir cosas balanceadas vamos a comer pescado con papas al horno.
—Suena rico —dijo mirando la mesa—. ¿te ayudo a colocar la mesa?
—Ya —respondió mientras echaba las verduras dentro de una olla con agua y la colocaba al fuego. Luego, buscó el pescado dentro del refrigerador, mientras Serena colocaba la mesa.
La rubia entrecerró los ojos, y colocó de una forma los platos, luego tras pensar un poquito, colocó de una manera determinada los cubiertos, y terminó por acomodar tres copas en cada uno de los lados.
Sonrió feliz y apoyó las manos sobre su vientre mientras observaba como todo lucía como había visto en los videos que estuvo revisando en la tarde.
—Sere —Darien volteó a verla y se quedó paralizado al ver cómo había puesto la mesa
— ¿Así está bien, verdad? —el doctor solo afirmó con la cabeza sorprendido—. ¡Qué bueno!
—¿Cómo… —tartamudeó— cómo lo lograste?
—Recordé que en la mañana me mencionaste a una tal Madam Laurent, así que mientras tú no sé qué hacías arriba, me puse a ver sus videos y la verdad es muy práctica y didáctica.
—Lo es —afirmó con una sonrisa ladeada y volvió a preocuparse de la comida que tenía al fuego.
Cuando se sentaron a comer, Darien observó todo el tiempo a Serena, ella actuaba bastante confundida pero tras hablar con ella misma, recordaba que tenía que hacer, como tomar los cubiertos y como comer cada uno de los alimentos que moreno le había servido. No pudo evitar sonreír ampliamente al ver que si quería mejorar.
—Has hecho muchos avances en una tarde —le comentó y Serena lo miró primero confundida y luego sonrió para afirmarle.
—Una tarde muy productiva.
Tras terminar de cenar, ambos pasaron a retirarse a su habitación, ahí se acostaron juntos, Darien rodeando a Serena con sus brazos, y ella solo mantenía su cabeza apoyada sobre el pecho masculino.
—Tenías razón Darien… —susurró Serena.
—¿En?
—Tengo que hacer mi mayor esfuerzo, por ti —se movió para mirarlo y éste también la miró quitando el lazo que mantenía alrededor de su novia.
—Serena…
—Si tú pudiste romper todo ese esquema de hombre duro y de pocas expresiones por mí… —cerró sus ojos y luego volvió a mirarlo—. ¿Por qué yo no puedo hacer algo tan simple y sin tanta exposición, por ti?
Darien no sabía cómo sentirse ante aquellas palabras, solo atinó a acercar su rostro y besar a su princesa lunar.
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Para el domingo en la tarde, Serena caminaba con elegancia con un libro en la cabeza por el pasillo de la casa, sus hombros alineados, su cabeza erguida, sin dudas estaba poniendo todo de sí para mejorar y eso tenía a su marido bastante contento, puesto que le había permitido una rica bolsa de "basura chatarra" como él denominaba a las papas fritas y shufflé.
—¡Bien Serena! —dijo Darien con un aplauso—. Creo que ya es suficiente, has avanzado mucho y estoy muy orgulloso de ti.
—¡Darien! —exclamó abrazándose de su prometido, y cuando estaba a punto de unir sus labios a los de él, un golpeteo en el ventanal de la sala, les indicaron que no estaban solos, movieron un poco la cabeza y ahí estaban las cuatro Sailor Inner con un montón de bolsas en sus manos.
—Creo que ya no estamos solos —dijo soltándola.
—¡Condenadas! —gruñó Serena al sentir como el calor del cuerpo de Darien se alejaba del suyo.
—¡Serena! —exclamaron cuando les abrieron la puerta.
—¡Fuimos a comprar las ultimas cosas para el salón de fiesta! —exclamó Mina con un movimiento de sus manos.
—¡Todo quedo sin dudas maravilloso! —acotó Rei con un aplauso.
—Y he enviado todo los comprobantes de gasto a tu mail, Darien —le indicó Amy al Doctor.
—Luego lo reviso —respondió con una sonrisa.
—¡Y he visto las flores perfectas para el tocado, el ramo de novia y la decoración! —le afirmó Lita— Todo va quedando de maravillas chicos, será una gran fiesta.
—¡Claro! —Mina lleno su mano derecha de shufflé y se lo llevo a la boca—. ¡Estamos nosotras organizando todo! —se llenó la boca con ellos—. Tenfgmof qufh…
—¡Mina! —las regañaron las chicas al unísono por lo desagradable de la escena.
—¡Lo siento, lo siento! —se disculpó moviendo la muñeca derecha de arriba hacia abajo repetidamente—. ¡Vinimos a hablar de las despedidas de solteros! ¿Qué vamos a hacer?
Serena y Darien se miraron, miraron a las chicas y se volvieron a mirar.
—¿No digan que no pensaron en sus despedidas de solteros? —preguntó Rei sumamente sorprendidos de aquel acto.
—No harán algo muy loco, ¿no? —respondió con una pregunta Darien algo perdido de aquella cosa. De solo imaginar donde lo pudiera llevar Andrew le daba miedo.
—¡Claro que no! —indicó Amy, y tras buscar en su teléfono un par de cosas, se las pasó a Serena y a Darien quienes juntaron sus cabezas para poder observar el lugar.
—Es un bar karaoke —les informó Lita quien se paró al lado de ellos para contarles las cosas—, lo arrendaremos para el viernes, lo bueno es que tiene dos salas, en una podemos hacer la despedida de Darien y en el otro la de Serena. ¡Tenemos muchas ideas divertidas!
—Suena interesante —comentó Serena, aunque Darien no estaba muy convencido.
—¡No te arrepentirás Darien! —le prometió Rei guiñándole el ojo.
—Si, además —Mina había ido a la cocina a buscar algo para tomar y se quedó de piedra cuando vio el pequeño cuadrado oscuro que sostenía un imán en forma lunar—. ¡Por mi planeta guardián!
—¿Qué paso? —preguntaron todos, ante el grito de la rubia de cabello suelto.
—¡Ya viene Rini! —exclamó mostrando la ecografía. Darien y Serena se quedaron tiesos por unos segundos y luego, los ojos de las Sailor dejaron la ecografía para observar a Serena de arriba abajo y detenerse en su vientre.
—Este… bueno… —susurró llevando ambas manos a su vientre—. Pues sí, Rini está en camino.
—¡Serena! —las cuatro se acercaron a ella y un poco más botan a Darien por abrazar a la futura mamá— ¡Felicidades!
—¡Gracias Chicas! —exclamó emocionada.
Luego de compartir un rato con la pareja, las chicas decidieron dejarlos solos para ir a repasar para los exámenes finales que todas tenían esa semana. Recordándole a Serena que le quedaba un examen por dar el martes.
—Mañana voy a tener que estar estudiando —protestó la rubia después de cerrar la puerta.
—Mañana —Darien la tomó rodeándole la espalda con sus brazos—, ahora pasaste uno de mis retos de etiqueta, así que puedes pedirme lo que quieras —le comentó con un movimiento sexy de sus cejas oscuras. Serena pareció comprender la intención de Darien en ese momento pues su sonrisa se amplió a todo su esplendor.
—Ok, lo que quiero es… —acercó los labios a los del doctor, pero se separó de golpe— un helado de menta con chispas de chocolate —Darien alzó la ceja derecha pensando que Serena lo estaba tomando para el chiste pero—. ¡Plis! Es la pulga rosada… digo nuestra Rini quien lo pide —completó con ojitos brillos de gatito abandonado.
Darien suspiró y se alejó de su novia para ir a comprar el bendito helado y de paso, tomar aire helado, él también.
Serena solo sonrió y se metió en la cocina a preparar algo de comer para cuándo llegará su lindo novio.
Para cuando Darien regresó con el pote de helado, el olor que había en la casa le dio hasta nauseas.
«Qué demonios» pensó y tras dejar las llaves ingresó rápidamente a la cocina donde encontró a su querida novia cocinando «esto no es nada bueno»
—¡Me dio antojos e hice una sopa de zanahorias y pimientos que me quedo deliciosa! —exclamó, pero Darien no se veía muy alegre con aquella.
«Menos mal que me compré unas galletas, o no cenaré»
Con una sonrisa que no sentía, se sentó en la mesa donde Serena le sirvió la crema anaranjada donde se veían claramente los cubitos verdes rojos y amarillos de los pimientos. «Tal vez si solo tomó la crema y dejó los pimientos…» pensó pero Serena pudo leerle el pensamiento porque rápidamente lo amenazó.
—Si no te comes todo, voy a comerme yo el paquete de galletas que trajiste con el helado —le advirtió sentándose en su puesto.
—Pero… como —exclamó sorprendido de la frase de Serena.
—No solo tú me conoces bien —y tras enviarle un beso se dispuso a comer de la sopa que para alivio de Darien sabía bien, muy bien. Tan bien, que hasta repetiría el plato.
—¿Queda más de tu sopa? —le preguntó observando que Serena ya había terminado, ésta se levantó y observó la olla donde había cocinado.
—Sí, pero está llena de Pimientos —le advirtió.
—No importa —le pasó su plató—, llénalo nomas.
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Eran casi cerca de las diez de la noche cuando Darien terminó de lavar la loza sucia y se sentó junto a Serena que estaba abrazada al pote de helado de menta mientras usaba las galletas como cucharas, para ver una película en la sala de su casa, algo que no habían hecho hasta ahora. El moreno acomodó su brazo tras Serena y se la apegó a él, ella obedeció al cambio de posición sin emitir queja alguna. Sin dudas, aunque llevaban dos semanas viviendo juntos, casi no habían compartido como pareja y él quería más, más de su compañera. Apoyó su nariz sobre la cabeza de Serena y aspiró su olor hasta embriagarse de él.
—¡Darien! —le reclamó entre risas—. Eso que hiciste, me da cosquillas.
—Lo siento yo… —le quitó el pote de helado, las galletas y la tomó del rostro para besarla, su boca se sentía fría, mezcla de menta y chocolate, una combinación refrescante y adictiva que hizo que Serena cayera sobre él comiéndose a besos, aumentaron tanto que la ropa empezó a estorbar, rápidamente Darien se deshizo de la blusa rosada de su novia pero cuando estaba a punto de desabrochar el sostén blanco, el teléfono de la casa comenzó a sonar.
—Darien —lo interrumpió—, deja contestar.
—¡Que se pudran! —le dijo llevando nuevamente sus manos al broche del sostén.
—¡Puede ser importante! —se separó de él y se acercó al teléfono.
—¡Ni embarazada dejan de jodernos en lo mejor! —gruñó y se ganó una mirada de rabia de soslayo de su novia.
—¿Aló, buenas noches? —saludó Serena y la sonrisa casi le desapareció—. Hola Seiya —ahora sí que Darien se terminó por enojar—. Así que te enteraste… si, gracias ¿Qué vienen para acá? —Darien comenzó a hacerle gestos negativos pero Serena le dio la espalda—. Es que ahora no, estoy cansada y creo que me iré a dormir temprano —hizo un silencio y Darien festejo con ambos brazos en alto—, no, nada grave, solo que he estado ocupada y ahora tengo que cuidarme… ¡Dale, nos vemos a la salida de la universidad mañana, ya besitos, bye!
—¿Mañana? ¿Besitos? —protestó Darien, pero Serena se volteó solo un poco con una sonrisa maliciosa en sus labios— ¿Qué?
—Nada —estiró sus brazos hacia arriba dándole a Darien una vista perfecta de la anatomía de la rubia—, me iré a acostar, ¿vienes?
—¡Ya quisieras tú que no! —le dijo parándose del sillón, y tomándola por la cintura para luego cargarla en brazos—. ¡Ya quisieras!
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El sol del lunes brillaba con fuerza sobre el cielo de Tokio aunque no hacía tanto calor, Serena llevaba una polera de mangas largas verde y unas calzas negras y estaba con sus libros en mano esperando porque Seiya llegara por ella para ir a almorzar juntos.
Estaba por irse cuando un osito rosado le detuvo el paso, volteó y se encontró con Seiya que la miraba con una gran sonrisa en sus labios.
—¡Felicitaciones futura mamá! —le dijo y Serena tomó el obsequio, encantada con él.
—Gracias Seiya, es muy lindo.
—¿Vamos? —le indicó extendiéndole el brazo para que ella lo tomé, Serena lo miró y lo tomó del brazo hasta el restaurante que había cerca de la universidad.
—¿De qué querías hablar conmigo? —le preguntó Serena viendo por donde comenzaba en su plato de carne al jugo con puré de papas.
—Pues… —sonrió de lado, apoyó el codo en la mesa y luego, el mentón en su puño derecho—, tengo dos propuestas que hacerte.
—Dime —le pidió cortando la carne, la soltó con el cuchillo y tras cargar el puré, pinchó un trozo de carne.
—Quiero organizar tu despedida de soltera —le pidió.
—Mmm —apretó los labios—, no creo que a Darien le guste eso.
—Es que ahí viene mi segunda proposición —le sonrió—, deja a Darien y cuidemos a Rini como si fuera nuestra.
