Desde que empecé este juego, inconscientemente sabía que no tenía lo necesario para ganar. Empezando por el hecho de que en toda mi maldita existencia, he tenido un solo novio, Sai, el que por supuesto, hizo honor a todas los relatos de mis amigas, compañeras o conocidas sobre los hombres que las habían dejado en su vida.
Yo seguía bastante maltrecha con mi vida, pero cuando apareció él con su sonrisa sincera, gestos de preocupación y cariño que parecía desinteresado, sentí que podía tener finalmente mi final feliz. Me sentí por bastante tiempo como parte de esa vibra en que andas de la mano y todo te parece rosa. Pese a mi extraña apatía, siempre tenía algún enganche o algo divertido que hacer para sacarme una estúpida sonrisa. Iba todo tan perfecto, o al menos así lo creía. Mi nube de amor se comenzó a desvanecer a medida que mi preocupación por mis estudios volvió a su centro y el centro que tenía él sobre mí, o más bien nosotros, se transformó en uno que tenía por todas partes, o con otras personas, para que me entiendan de forma clara. Por su puesto, yo no lo creí de inmediato. Cuando te dicen que tu primero novio, tu primer amor, tu primera vez, o para explicarlo mejor, el chico al que le entregas tu corazón, lo más preciado que tienes, en una bandeja, y te dicen que lo dejó en el maletero del auto, para comenzar a usar el asiento trasero para cosas más interesantes, es algo difícil, o más bien, duro de creer, y como buena novia cegada por mi propia novela de amor, no lo creí, pero más tarde, cuando los rumores se suman al completo trastorno de personalidad de él, sabes que no está bien. Aún así, estúpidamente, lo seguí queriendo y por un tiempo lo hablamos y cambió en algo, hasta que de la nada, se fue, metafóricamente hablando, porque el muy idiota siguió ahí todo el tiempo, aunque claro, ahora le importaba un carajo yo y mi insignificante corazón.
Recuerdo como si fuera ayer aquel día en que me tomé una botella completa de vodka y me emborraché como nunca en mi vida. Ignoro cómo no caí enferma o algo así, el punto es que luego de 4 semanas de sufrimiento crónico, tenía que apaciguarme de alguna forma. Ino, como siempre, me dio su absoluto apoyo, tratando de no insistir demasiado en las frases que uno nunca escucha como "Te lo dije" o "lo sabía", después de todo, jamás quieres escuchar que él no es para ti, que no te conviene, que no le compran su cara, porque en el fondo, uno compra todo su cuento. Me río de sólo pensar en que estuve afuera de su maldita mansión, con el puto encendedor que decía "Te quiero", dispuesta a lanzarlo frente al carísimo BMW con el que llegaba en aquella época, después de todo ¿con qué mierda iba a pagar los daños? Y la verdad, suena mal, pero es injusto, te llevan al juzgado o a la policía por quebrar un maldito vidrio, pero jamás se llevan a alguien a juicio por jugar con tus malditos sentimientos. Jamás. Esa deuda, pasa gratis en la vida y te la tienes que bancar sola, porque lamentablemente los amigos te acompañan, pero al final de la noche, cuando estás sola en tu cama, mirando la luz de tu reloj despertador, y te baja la pena y caes en cuenta que él no va a estar más contigo, que te vas a dormir sola, y que todas esas cosas que tanto querías, no van a volver, no hay nadie que te pueda tender una mano. Después de todo, llegamos solos y nos vamos solos.
Es de todas formas, lamentable, que pese a esa dura lección y pese a que me prometí no volver a exponer mi tonto corazón, yo estaba de nuevo ahí, frente al que fue en un principio una tortura académica, luego un dolor de cabeza familiar y ahora, era lo peor de lo peor, el tipo que nuevamente me había hecho caer en ese oscuro agujero del que no se puede salir. Ese maldito juego que algunas personas llaman amor y que yo jamás he aprendido a jugar bien. Uno que algunos juegan por mera diversión y, otros, porque caemos en él.
- ¿Quieres algo? – me ofreció abriendo el minibar que tenía en su habitación.
Estaba un poco agachado mirando en el interior, mientras con una mano sujetaba una puerta blanca.
- Agua estaría bien… - hablé algo nerviosa.
Iba a necesitar algo de líquido para todo lo que quería hablar, porque esa era mi meta, lograr al fin, hablar. No quería sus caricias ni su cuerpo aplastando el mío mientras jadeaba desesperada por que siguiera sus caricias. No quería.
- ¿No vas a querer? – preguntó de pronto con su brazo estirado hacia mi, sosteniendo un vaso con el líquido transparente que había pedido.
Pensé, por un segundo, en que era un tío telepático, pero era producto de mi estúpido nerviosismo. Me reí, en mi interior, pensando en lo estúpida que debía verme, haciendo tan difícil algo tan natural como lo era hablar con alguien.
Me acerqué un poco hacia él y tomé el vaso, estirando mi brazo.
- Gracias… - solté con estupor.
El sonido de una lata me hizo levantar la vista. Bebí, con lentitud, mientras él comenzaba a hacer lo mismo con su lata de Coca Cola.
Bajé el vaso y lo sostuve entre mis manos, para levantar la mirada hacia él. Tenía sus ojos posados sobre mis labios, lo cual hacía bastante evidente sus intenciones y el motivo por el cual me había dejado entrar a su habitación. Ver parte de mi rostro reflejado en sus oscuras pupilas, hacía demasiado fácil entregarme a sus brazos y olvidarme por un par de minutos del verdadero motivo por el cual yo había entrado a su habitación.
Dejó, de pronto, la Coca Cola de lado, para acercarse a mi, con pasos lentos y cortos. Me quedé quieta un momento, producto de la mera sensación de sentir su repentina cercanía y su volátil aroma, que hacía de Sasuke Uchiha, un depredador aún más letal.
Fue extraño.
No se lanzó como de costumbre, cargando sus manos con posesión en contra de mis caderas o alguna otra parte de mi cuerpo que hiciera que el contacto fuera demasiado cercano, al contrario, se detuvo frente a mi, a unos cuantos centímetros de distancia y me observó con atención. Sentí un escalofrío de inmediato, pero me contuve. Debía ser un juego de su parte, una forma de hacerme caer rápido y de demostrarme frente a mis propias narices lo débil que era frente a él, lo mucho que lo deseaba y lo poco que lo podía resistir, pero no… me quedé quieta y mantuve mi gesto, sosteniendo su mirada.
Alzó de pronto, su brazo sobre mi rostro y sonrió. Me alejé de inmediato, como método instintivo de defensa y su sonrisa se borró.
- Quiero… - hablé firme - …más bien… necesito que hablemos…
No dijo nada.
Fue hacia atrás, a buscar su lata de bebida, y luego caminó hacia un sillón blanco largo, que estaba frente a una pequeña mesita de madera, que parecía tan costosa como todo que rellenaba aquella suite. Estaba claro que hablar conmigo no estaba dentro de sus prioridades ni tampoco era algo que le llamara mucho la atención.
Me acerqué hasta donde se encontraba, recuperando mi vaso de agua, y me apresuré a tomar asiento a su lado. Suerte para mi que el sillón era lo suficientemente largo para crear una distancia apropiada que nos mantuviera a raya y evitara que yo sucumbiera ante alguna acción repentina, como la que había intentado recién.
- Probablemente te suene idiota… - hablé, tratando de no pensar demasiado para soltar lo que traía - … y supongo que tampoco soy del tipo de chica con la que te interesa hablar… y bueno, no es como que sea sólo tu culpa… yo tampoco lo he hecho bien, pero…
- ¿Y por qué supones conocer el tipo de chica con la que me interesa tener una conversación? – me preguntó viéndome fijamente. Parecía un poco irritado.
No quería responder demasiado defensiva. Si calentaba el ambiente a la primera oración, probablemente iba a terminar lanzándole el agua a la segunda, besándolo a la tercera, y saliendo de golpe a la cuarta. La historia que escribíamos en nuestros encuentros, no tenía mucha variación.
- No es que lo suponga… pero bueno… es lo que conozco de ti… o más bien, veo conmigo… - hablé, tratando de mantenernos en son de paz.
Se rió con ironía.
- Cada uno ve lo que quiere ver Sakura… - habló cansadamente.
- Ese es tu problema Sasuke… no dejas ver nada… así que al final, no queda otra que imaginárselo…
Negó con la cabeza.
- Pues tengo una pregunta ¿por qué mierda te interesa saberlo? – pese a mi esfuerzo, parecía que él era irritable al contacto verbal humano por naturaleza.
Tomé agua para aclarar mi garganta y no ponerme a gritar de inmediato. Si bien nunca había llevado los estribos con Sasuke, ésta vez tenía que hacerlo y aguantar todas las frases que usualmente me sacaban de mis casillas, pero los esfuerzos no bastaron para que soltara lo que tenía en mi interior.
- Porque eres el novio de mi madre, mi profesor y pese a todo eso, te sigues acostando conmigo y no entiendo si eres del tipo que le gusta el morbo o algo así, pero yo ya estoy cansada de todo esto… - dije finalmente.
Me miró incrédulo.
- ¿Y qué esperas entonces? – su molestia no decaía.
No sabía la respuesta, o más bien, la sabía pero no quería decirlo. Reproducir lo que mi cabeza había arrojado frente a su obvia pregunta, me hizo sentir un monstruo y también muy estúpida. Muy infantil. Quizás, en el fondo, necesitaba llenar aquel agujero que había quedado en mi interior con los hombres de mi vida, porque había una cosa clara… todos los hombres a los que yo había amado, mi padre y Sai, terminaban abandonándome, por una u otra razón, era como una especie de maldición, y era muy estúpido creer que Sasuke iba a ser la excepción, por lo tanto decirle la verdad: que lo quería, que quería estar con él, que quería que me eligiera a mí y me dijera que todo esto iba a ir bien, era una locura. No podía decir eso, era imposible.
- No espero nada… - solté con mi típica voz de autodefensa - …sólo espero que me digas las cosas como son, te puedo parecer bruta, pero prefiero que me digan las cosas a la cara, si te acuestas conmigo porque sí, quiero saberlo y si no… - a medida que hablaba, sentía como el aire escaseaba en mis pulmones.
- ¿Y si no qué? – me interrumpió.
- ¿Y si no que… qué? – pregunté sin entender.
- Si no me acostara contigo porque sí… ¿qué me dirías? – sostuvo su mirada, esperando que hablara.
Jamás creerían como mi corazón saltó en ese momento. Jamás. Ni siquiera con Sai la primera vez que dijo que me quería, sentí algo tan poderoso y a la vez, que me hacía sentir tan frágil, pero pese a aquello, no sabía que decir ¿estaba jugando? Él siempre lo hacía y lo hacía tan bien, que yo caía como abeja a la miel.
- No lo sé… ¿lo haces? – solté incrédula.
Volvió a reír. Con su risa no era necesaria una respuesta.
- Pues bueno… ha quedado claro entonces… - me levanté sintiéndome estúpida nuevamente - …gracias por el agua – dejé el vaso sobre la mesa.
Luego de aclararme ese punto, independiente de quien fuera Misaki y lo que hiciera con el resto de su jodida vida, probablemente a mi me debía importar un cuerno. Seguir preguntando detalles de su vida íntima, estando yo fuera de ella, no tenía justificación desde el ángulo que lo mirase. Me había derrotado, de forma fácil y rápida. Al menos mi muerte ésta vez no había sido tan agónica cómo la última. Al menos, Sasuke había ido directo a la vena, pero entonces ¿por qué seguía doliendo? Lo que sentía por él, debía ser proporcional al tiempo y recién había caído en cuenta que sentía por él, pero aún así, el dolor no se había esfumado rápido.
Me miró, sonriendo de medio lado.
- Entonces… supongo que aclaré tus dudas… - negó con la cabeza - … y como siempre… escuchas lo que quieres ¿no?
- Pues sí… dejas todo tan claro como el agua… - mi control nuevamente iba por Saturno.
Caminé hacia la salida.
- ¿Te vas? – me habló desde atrás.
Me giré, tratando de mostrar una falsa sonrisa. Estaba detrás de mí, observándome con una mirada divertida y a la vez cautivadora. No podía ser tan estúpida. Me había dicho, en mi cara, que le gustaba joderme, literalmente, y yo seguía sintiendo esas malditas mariposas.
No sé jugar a esto. Insisto. Debería haber algún manual para chicas como yo, o para las mujeres en general, que nos enseñara a jugar como ellos y a la vez, sentir como ellos, o sea, nada. Realmente, admiro a Ino por su capacidad innata y paciencia ilimitada para tratar de hacerme entender que los hombres como éste no valen la pena. Lástima que termino enamorada de ellos.
Se acercó, retomando su actitud de asechador, y habló en mi oído.
- Ahora, entonces, que está todo claro entre nosotros… - rió - ...puedes venir conmigo, yo suspender el almuerzo y tomarnos la tarde libre…
Me aparté bruscamente, mirándolo incrédula. No podía ser. No podía haber un tipo tan malo como él.
- No quiero Sasuke… - negué, no creía que siguiera diciéndome ese tipo de cosas - …no…
No me hizo caso. Rodeó mi cintura con uno de sus brazos y con el otro acariciaba mi rostro. Era una nueva modalidad de su cruel juego. Demostrar su gran capacidad para mentir a través de sus caricias que parecían cargadas de dulzura, pero que no lo eran y nunca lo iban a ser.
Lo miré, tratando de demostrar toda la rabia que había dejado caer anteriormente en mi burdo intento por abandonar esa lujosa suite, pero sus ojos demandantes, hacían que mi mano contra su pecho, se ablandara y comenzara a rendirse. No era amor, ya no. Me sentía débil, como una niña chica que prefiere creer el cuento que sabe que en el fondo no es verdad, porque nada lo era. Nada de lo que él decía o demostraba lo era. Lo único absoluto en todo esto, era que él, lo hacía porque sí. Jamás pensé que un sí, iba a ser tan negativo.
- Vamos… - susurró sobre mi oído mientras besaba mi mejilla.
Lo miré y suspiré hondo para aguantarme. No podía querer a alguien así, a alguien que no me quería ni se preocupaba para nada que sentía yo.
- Suéltame… - dije con voz baja - …por favor…
Pero mi voz era sonido muerto para él…
Me cubrió completamente con sus brazos y acercó sus labios a los míos dejándome sentir su tibia respiración sobre mis labios. Era la peor y más dolorosa de las torturas, aquella que sufres completamente consciente. Sabes que no vas a ninguna parte, sabes que no va a terminar en nada bueno para ti, sabes que te hace mal, y lo peor, sabes que él no te quiere, pero no puedes decir que no.
- ¿Porqué me haces esto Sasuke? – lo miré con la vista algo nublada. Sentía que mis ojos comenzaban a dejar caer mi pesar.
- Porque quiero… - sonrió tomando mi rostro con sus manos y apoyando su frente sobre la mía.
Sentí luego sus labios sobre los míos. Sus cálidos y venenosos labios. Tan húmedos, tan tibios, tan deliciosos. Cubrían los míos en suaves roces, que seguían el patrón de su portador. Jugaban con los míos. Con cada roce, sentía como si me desgarraban una parte de mi herido corazón, y yo seguía ahí, quieta, casi inmóvil, tratando a duras penas de no seguirles el ritmo, con la última esperanza de encontrar la salvación.
Sólo haz lo que tengas que hacer… nada más que eso… ¿bueno?
Las palabras, o mejor dicho, las extrañas y adoloridas palabras de Itachi volaron a mi cabeza. Su boca cubría la mía y su lengua comenzaba a introducirse para jugar con la mía a modo de cómo lo hacía con mi ser completo, cuando lo detuve de sopetón. No en las mejores condiciones, lo aparté a duras penas, como una gacela agonizante producto de la herida de un tigre.
Al ver mi rostro, cansado, derrotado, triste y comenzando a ser cubierto por lágrimas, me miró sorprendido.
- ¿Qué pasa? – no estaba enojado, más bien, fingía estar preocupado.
Como siempre… fingía…
- No… - negué con la cabeza, retrocediendo.
Había estado tan sumida en su hechizo, que no caí en cuenta que me había alejado de la puerta y estábamos a un par de metros frente a la cama.
- No entiendo… - me miró incrédulo.
- Ya no es divertido… - lo miré, mientras me corría un par de lágrimas - …Itachi… yo… no puedo…
- No te creo… - mejor dicho, yo no lo podía creer. Me tenía, hecha un desastre frente a él y seguía pensando sólo en si mismo.
Sólo haz lo que tengas que hacer… nada más que eso… ¿bueno?
Volví a recordar las palabras de Itachi. Su frase me cayó en claro, como el mejor de los consejos del más enterado de mis amigos. Me parecía casi irónico que él fuera capaz de hacerme entender qué tenía que hacer, para irme de ahí y hacer que Sasuke me dejara.
- No quiero… ni puedo seguir con esto ¿lo entiendes? – apreté los puños - …no puedo seguir entre mi madre y tú, no puedo seguir jugando a que sé cómo hacerlo, cuando no tengo puta idea como hacerlo… no quiero…
Era simple y claro. Tenía que decir la verdad. Nada más que eso.
- Odio los ataques de conciencia fulminantes… - me miró con disgusto.
Su respuesta me dolió. No esperaba palabras de aliento ni muestras de cariño, pero tamcpo esperaba eso. Sentí que si no lo golpeaba, no iba a quedar satisfecha, pero me contuve de todas formas, al menos, físicamente, porque mi voz se salió totalmente de tono.
- ¡Joder! ¿qué eres sordo? ¿qué no entiendes español? – le grité, enfurecida - ¿qué acaso ser cómo tú me haría mejor persona? ¿te divertiría más si no sintiera nada? – las lágrimas salieron de mis ojos, sin poder a estas alturas contenerlas - …si fuera una perra que se acuesta contigo a tu antojo sin sentir ningún puto remordimiento ni ningún maldito sentimiento ¿tendrías acaso más diversión?- tosí, para hablar bien, y que las lágrimas no ahogaran mis propias palabras.
Me miró, sin decir nada por un par de segundos y luego se acercó a mí. Retrocedí por instinto y continué.
- Y lo peor… ¡al parecer tienes otra jodida novia! ¡una amante por ciudad! ¿o ahora me vas a decir que esa Misaki es la novia de un hermano perdido que no tenía idea que tenías?
Su rostro relajado cambió por completo. Sus ojos, se volvieron más oscuros de lo que habría visto alguna vez al hablarme y su voz estaba cargada de disgusto.
- ¿Y me lo dices tú? – se rió con ironía - ¿soy yo al que le gusta jugar? – negó con la cabeza - …apareces de la nada jugando a la niña rebelde, con novio por cierto, en la cocina de tu casa con el novio de tu madre y sigues con tu relación, acostándote también conmigo por cierto… - volvió a reír - …y luego, cuando la excusa del alcohol ya no te podía funcionar, lo botas… probablemente te aburres, pero ¡hey! Sakura siempre guarda una carta… ahí tenías al barman esperando por ti, el tío perfecto… ¿Itachi no? – lo miré incrédula mientras mis puños se cargaban de furia - …pero adivina que… ¡te seguiste acostando conmigo! ¿o ya te olvidaste de la pieza del lavado?
Me mantuve callada escuchando como escupía en mi cara todo lo que realmente pensaba sobre mí.
- Lo que te molesta… es que no eres capaz de reconocer que te gusta jugar tanto como a todas las chicas de tu tipo… - sonrió - …el problema es que necesitas echarle la culpa a alguien, porque no eres capaz de admitir que en el fondo… lo disfrutas… - dio un paso hacia mi y me tomó por la cintura.
Interpuse mis brazos, llena de rabia y pena. Él no lo entendía, ni tampoco lo iba a hacer. Quizás tenía en parte razón, pero para él, todo esto era parte de un juego, que si bien, había sido divertido en un principio, se había transformado en algo demasiado real. Mi vida lo era, y todo lo que el había resumido en un par de oraciones, parecía perder todo el real significado con el tono mordaz que había utilizado para decirlo. No había forma de hacerlo entender.
Me aparté hacia atrás nuevamente, limpiando mis propias lágrimas y restos de humedad sobre mi rostro, con mi puño.
- ¡Vamos Sakura! ¿me vas a decir ahora que te ofende? – su voz, ya no era plana.
Le pegué una enorme cachetada.
- Eres un estúpido… - lo miré con odio - … un imbécil, incapaz de comprender algo obvio aunque lo tengas frente a tus propias narices… no tienes idea de…
- Quizás tengas razón… - me interrumpió- …y te doy asco también ¿no? – dio dos pasos más, hacia mí.
Retrocedí.
- ¡Entonces que quieres! ¿eh? – comencé a llorar - ¿qué quieres de mi, maldito bastardo? ¿qué no te basta con haberme tenido en bandeja a mi, luego que tenías a mi madre? si crees que me gusta tanto jugar ¿qué no te cansas de… – seguí gritándole.
- ¡Joder Sakura! – negó con la cabeza - ¿qué aún no lo entiendes? – sus ojos se clavaban sobre los míos - ¡te quiero a ti! – me gritó, sosteniéndome con sus brazos.
Con esa frase, que creí no escuchar, Sasuke hizo lo que yo menos imaginé.
No dejarme ir… no dejarme sola…
Perdón por no contestar RV ahora, si puedo lo hagi en la noche o cuanyo llegue a mi casa.... gracias a todas y espero les guste!!
Muac!
