Y de Yacimiento.

Después de que el Alquimista de Acero le recriminara por su actuación, Lyra tomó una decisión. Así que, esa misma noche en que el pueblo se reunía para celebrar su recuperada libertad, ella regresó a su casa, reunió sus pocas pertenencias y se marchó para siempre.

No tenía familiares o amigos a los que acudir, ni mucho dinero con el que poder mantenerse. Mas aceptaba las consecuencias de sus acciones. Equivalencia de intercambio. Porque ahora podía comprender el odio que todos en Youswell les habían profesado, el rencor que brotaba de sus agotados rostros cada vez que los veían, los horribles insultos que le dedicaban a sus espaldas. Recién ahora Lyra entendía que su trabajo como guardaespaldas del corrupto Yoki había sido más que despreciable.

Por eso abandonaba aquel que había sido su hogar, por el bien de las personas a las que marginado. Ello se merecían disfrutar de la felicidad que, por tantos años, les había sido negada. Y lo que menos necesitaban era el tener a una mediocre alquimista oscureciendo su alegría y vigor. Después de todo, no la necesitaban a ella para sacar adelante al pueblo. Youswell era reconocido por sus abundantes yacimientos de carbono y todos los hombres del pueblo eran mineros. Estarían bien.

Además, su sueño de convertirse en una alquimista estatal continuaba en pie. Pero primero debía aprender a pensar en el bienestar de los demás, tal y como se lo habían demostrado los hermanos Elric.