Después de toda la información que Marinette descubrió sobre Adrien y su madre, las cosas cambiaron un poco para ella. Se sentía extraña, se sentía realmente confundida.

Era un sentimiento difícil de explicar. Porque... Adrien le llamaba la atención, le parecía un chico muy bonito, muy simpático, muy tierno. Era todo un adulto, era increíblemente alto, pero tenía cara de oso. Él podía ser adulto, pero tenía su alma de niño aún presente, por eso era tan infantil, por eso le gustaba jugar Pokémon GO y jugar con los cubos Rubiks.

Adrien era una persona muy especial, Adrien irradiaba ternura. Adrien era único, era fácil tener sentimientos por él. Pero como Marinette siempre supo, él era su amor imposible, después de todo, él tenía una familia, estaba con Lila (aunque no eran esposos, simplemente vivían juntos), pero se amaban, o al menos, la prueba de ese amor era su pequeño hijo. Pronto cumpliría cuatro años. Debía significar algo.

Solo que... era extraño pensar en que Adrien y su madre pudieron haber tenido alguna relación de noviazgo. ¿Imaginan eso? Marinette no podía imaginar a Adrien como su padre, le parecía bastante extraño. Aunque estaba segura de que como padre debía ser alguien completamente cariñoso, tierno, amable. Él era especial, de eso no había duda alguna.

Vaya que la vida podía ser confusa y complicada...

Una tarde ella se encontraba aburrida en clase y tuvo la idea de rayar sus venas junto a uno de sus mejores amigos: Luka.

—¿Qué podemos dibujar? —preguntó Luka.

—Tú solo mira —sonrió la azabache.

Entonces utilizando marcador de color negro dibujo la silueta de una pokébola. Y con el color rojo pintó su dibujo y con el azul hizo una tirita.

—¡Listo! —exclamó ella sumamente feliz —. ¡Es una pulsera Pokémon! —explicó.

—Yo no me haré una pulsera Pokémon —Luka se cruzó de brazos.

Marinette era una chica insistente, así que finalmente convenció a su amigo de dibujar la pokébola. Así que ahora ambos tenían una Pokémon GO Plus dibujada en las venas.

—Te odio —susurró Luka.

Marinette rió. ¡Claro que la amaba! Por algo eran amigos.

Ambos tomaron muchas fotografías de recuerdo. Luka le tomó una a Marinette la cual ella puso de estado y justamente Adrien tuvo que responder ese estado, ¡rayos! ¡siempre veía sus tonterías!

Adrien: me agrada tu Go Pluss

Bueno... eso había sido algo bastante dulce.

Después de obtener toda esa información, espero a que la hora de recreo se hiciera presente y le contó todo detalladamente a su mejor amiga, Alya.

Ambas se quedaron dentro de la sala para poder conversar a gusto y sin estar susurrando.

—¡BOOM! —exclamó Alya mientras movía sus manos alrededor de su propia cabeza —. Acabo de explotar, literalmente.

Marinette rió de modo breve, no se sentía del mejor humor posible, pero le gustaba saber que tenía con quien hablar del tema.

—Me quedé sin palabras —admitió la morena mientras se acomodaba mejor en su asiento —. No me imaginó como te debes sentir tú.

—¿Cómo me siento? —preguntó con sarcasmo —. Déjame pensar... —se levantó de su silla y comenzó a caminar en círculos —. Me siento un poco tonta —admitió.

—No eres tonta, eres adolescente —dijo Alya —. Aunque creo que es algo similar, la verdad no lo sé —estaba confundida.

—Él hablaba conmigo solo para quedar bien con mi mamá. ¡Cómo es que nunca me di cuenta! —exclamó Marinette con algo de dolor.

La verdad es que se sentía un poco utilizada. No era un sentimiento lindo.

—¿Sabes algo? Yo no creo que haya sido por eso.

—¿No lo crees? ¡es lo más obvio! —respondió una irritada azabache.

Alya se levantó de su asiento y sujetó por los hombros a su amiga, puede que ella se encontrará dolida en ese momento, pero no estaba pensando con claridad.

—Amiga, él se preocupa por ti —dijo Alya. Marinette negó con la cabeza —. Recuerda que te abraza y te mira con dulzura, además, dices que habla contigo, lo intenta —le recordó ella.

Marinette bajó la cabeza, verdaderamente no sabía qué pensar, no sabía qué sentir. Estaba triste, se sentía muy extraña.

Alya le sonreía de el modo más amable posible, quería apoyar a su amiga aunque la situación era bastante extraña. Si ella hubiese estado en el lugar de Marinette... quizás se sentiría peor y lloraría. Marinette estaba actuando de modo valiente, o eso pensaba ella.

—Te ayudó a probar una bicicleta dentro de un supermercado —Marinette sonrió ante el recuerdo. Él la guiaba y afirmaba la bicicleta, eso fue realmente tierno —. Te obsequió un collar de Soy Luna —ese día él había dicho: "¡Te tengo un regalo!", parecía tan feliz —. Además, él quería jugar Pokémon contigo.

Marinette asintió, todo eso era cierto, todo eso había nacido por su parte.

—Y arregló mi patín —agregó Marinette —. ¡Me dejó patinar dentro del supermercado! ¡y eso está prohibido! —celebró ella.

Alya rió debido a la felicidad de su mejor amiga, eso había sido muy tierno.

—¿Aún piensas que solo hablaba contigo por compromiso? —preguntó la morena con tono serio.

Y fue en ese momento en el cual Marinette se quedó callada. Ya no sabía qué era lo que pensaba y lo que no pensaba.

A los pocos días Marinette acompañó a su madre al supermercado, tenían que comprar muchos productos y necesitaban del otro canasto.

Marinette iba algo escondida, no quería ver a Adrien porque desconfiaba de sí misma, no sabía cuál podría ser su reacción al verlo. Quizás con verlo junto a su madre bastaría para comenzar a llorar, debido a la tristeza presente en su corazón. El tema era complejo, no podía evitarlo.

Para su suerte, no estaba en el local, por lo que pudo caminar de modo tranquilo.

Cuando se estaban yendo, lo vieron.

Él estaba arrodillado mientras trabajaba con una máquina. Frente a él había otro joven, solo que era distinto, se veía un tanto más joven y más delgado.

—¿Trabajando? —bromeó Sabine al verlo. Ella se acercó y besó su mejilla.

Marinette se quedó estática. ¿Lo saludaba o se quedaba en su lugar? No sabía qué hacer.

Decidió ignorarlo, después de todo, ¿qué importancia tenía saludarlo o no hacerlo?

—Hola, Mari —él la saludó.

Ella se quedó estática. ¿Le devolvía el saludo desde donde se encontraba o se acercaba y lo saludaba?

—Hola —besó su mejilla. Él estaba completamente transpirado, era raro.

—Tengo que desarmar está máquina para llevarla en el metro —le explicó a Sabine.

Marinette pensó en que él la saludaba, quizás en el fondo sí le importaba un poco o simplemente era muy educado.

Octubre había acabado y noviembre había llegado.

Normalmente noviembre es un mes que no tiene mucha relevancia, porque es el mes antes de diciembre y todos aman diciembre, en diciembre se acaba el ciclo escolar y vienen las tan ansiadas vacaciones. Además, en diciembre contamos con las festividades, primero la Navidad, llena de nieve y de bellos obsequios y después la despedida del año.

Diciembre es un mes grandioso, es el mes que nadie ignorará jamás. Pero... no olvidemos que para algunas personas noviembre también puede ser un mes importante, como para las personas que festejan su cumpleaños en ese mes. Ese es el caso de Marinette, que su cumpleaños se acercaba a pasos agigantados. Estaba feliz, sabía que sus amigos lo celebrarían junto a ella.

La que no estaba feliz era Sabine.

—Ya estamos en noviembre y aún no me devuelven mi bicicleta —se quejaba la adulta.

Marinette ya no opinaba nada respecto a la famosa bicicleta, ya la daba por perdida. Seamos realistas: esa bicicleta se había ido en junio y ya estamos en noviembre. El tiempo había pasado demasiado rápido, ¿por qué no la devolvió antes?

—¿Y por qué no le dices alguna mentira piadosa para que te regrese la bicicleta? —propuso Marinette.

—¿Una mentira? —repitió su madre escéptica. Marinette asintió, las mentiras en ocasiones te podían ayudar bastante —. ¿Y qué quieres que le diga?

—Déjame pensar —Marinette tenía una idea, pero a ella no le convenía. Aunque... si se trataba de su madre podría ayudarla siempre —. ¿Él sabe que tenemos una panadería?

—Nunca le he practicado al respecto —admitió Sabine.

Bingo.

—Perfecto. Dile que necesitas la bicicleta pronto, porque esa bicicleta tiene parrilla y la necesitas urgentemente.

—¿Para qué la necesitó?

—Porque tienes que comprar un pastel de cumpleaños y no quieres tener que pagar el despacho.

Ese plan lo había visto antes en una serie, si en la televisión funcionó a la perfección ¿por qué en la vida real saldría mal? Era el plan perfecto.

—Eso es muy creativo —sonrió Sabine.

—Tú solo dile eso y verás como te la devuelve —sonrió Marinette.

/

Sabine: Adrien, crees que podrías devolverme la bicicleta antes del 16 de noviembre? Por favor!

Adrien: ?

Sabine: la necesito, por favor

es para comprar una torta

para Marinette

Adrien: ?

Mari esta de cumple el 16?

Sabine: si! por eso la necesito!

Pero Adrien no respondió nada más.

Desde la noche del cuatro de noviembre Sabine se había comenzado a sentir mal. Marinette se preocupó bastante por su madre y la atendió del mejor modo posible, no podía dejarla sola y moribunda en su cama. ¿Qué clase de hija haría eso?

Eran las cuatro de la mañana y Sabine seguía vomitando. Ya era cinco de noviembre. Marinette quería faltar a clases y quedarse cuidando a su madre, pero Sabine no se lo permitió. Así que asistió a clases.

Estuvo algo desconcentrada. Es que como su madre estaba enferma, pudo revisar su celular y vio la conversación que ella mantuvo con Adrien gracias a la bicicleta. Perfecto... Sabine le había dicho la fecha de su cumpleaños. No sabía si sentirse bien o mal, eso significaba bastante.

—¿Dices que le dijo cuando es tu cumpleaños? —preguntó Alya cuando estaban sentadas en la banca del patio.

—Lo hizo —confirmó Marinette.

—Mm... eso puede ser bueno para nosotras —sonrió Alya.

—¿Y eso que tiene de bueno?

—Que lo pondremos a prueba —respondió una sonriente Alya.

—¿A prueba? —Alya asintió —. ¡Alya! —reclamó la azabache —. Las únicas personas que tenemos pruebas somos los estudiantes, él es adulto, no lo podemos poner a prueba.

Alya golpeó su frente y negó con su cabeza. ¿Por qué Marinette tenía que ser así?

—¡Niña! —se quejó Marinette —. ¿No entiendes lo que está pasando? —ambas se miraban fijamente —. Escucha: si ese día él te felicita es porque realmente le importas lo suficiente como para recordar la fecha de tu cumpleaños.

El corazón de la azabache se aceleró bastante, no había pensado en la posibilidad de que Adrien la felicite. ¡Oh, por Dios! ¿y si ese día se veían y él le daba uno de sus abrazos tan especiales? ¡ese sería un regalo tan bonito!

Pero...

—Y si no me felicita significa que no le importó en lo absoluto —dijo de modo bajo.

—Haremos la prueba —Alya acarició la cabeza de su amiga, le estaba dando apoyo.

Marinette se sintió decidida. Esa sería la prueba de oro. El día de su cumpleaños podría pasar por toda una decepción, o podría sentirse dichosa y recordada. Era una prueba tanto para él como para ella.

—Ya verás como todo saldrá bien —la reconfortó Alya.

Esa tarde cuando regresó a casa su madre continuaba enferma. Sabine se encontraba en cama, tenía una fuerte fiebre y escalofríos. Estaba resfriada o eso parecía.

Marinette quiso darle comida, pero ella se negó. En su lugar durmió durante gran parte de la tarde. Pero de todas formas la adolescente le dio pastillas para el resfriado, le preparó té e intentó ofrecerle galletas, solo que su madre no quería. Luego de algunas horas le hizo compañía y conversó con ella.

—¡Por favor, cállate! —suplicaba su madre —. Quiero dormir.

—Durmamos juntas —y para que ninguna de las dos estuviese sola, Marinette realmente se acostó con su madre.

Fue una sensación bonita dormir al lado de tú madre. Es como volver a la niñez, la época en la que las preocupaciones no existen y tienes a tu fortaleza a tú lado, porque sabes que con tu mami nunca nadie podrá hacerte daño, sabes que estás completamente a salvo.

Sabine era el pilar que Marinette necesitaba para no derribarse. La persona en la que más confiaba.

Al siguiente día Sabine consiguió levantarse, pero aún así se sentía un poco débil, aún no estaba del todo bien.

Se habían quedado sin comestibles y por ese motivo Sabine tenía que ir al supermercado, además, daría una justificación de sus dos ausencias.

Marinette fue con su madre por seguridad. Andar en bicicleta saliendo de un resfriado fuerte no era algo muy sensato por parte de Sabine, ¿cómo se le ocurría? Por eso ella se coló, por si su madre sufría algún accidente.

Una vez dentro del supermercado, Sabine se encontró con una de sus amigas que trabaja ahí. Empezaron a conversar, resulta que el día anterior el Lider tuvo muchas ofertas, rebajaron los vasos y todo lo relacionado a la cocina, hoy solo quedaban ollas.

Mientras las adultas conversaban, Adrien apareció. Él estaba transportando muchísimas cajas. Pero se detuvo para saludarlas.

—Él que solo me envía emojis —bromeó Marinette.

—Es que estoy enojado.

Antes de continuar con la oración, abrazó a Sabine y la mantuvo abrazada por unos largos minutos.

Internamente Marinette no pudo evitar decir "¡Awww!" es que eso había sido demasiado tierno. De acuerdo, Adrien siempre era tierno con su madre y con todo lo que sabía ahora, le era algo difícil no imaginarlos juntos. ¡Qué locas son las vueltas de la vida!

—Con todo esto de las ofertas, ¡estoy agotado! —finalizó la oración. Luego se acercó a ella: —. Hola, Mari —él se agachó para que ella le diera un beso en la mejilla. De acuerdo, eso era nuevo. Ella lo hizo —. ¿Cómo estás? —le preguntó.

Silencio.

—Tengo que seguir trabajando, ¡nos vemos! —y continuó transportando todas esas cajas. ¡Eran demasiadas! Marinette se preguntaba qué contendrían todas esas cajas, era algo llamativo.

Aunque en ocasiones los hacían transportar cajas vacías. ¿Por qué? Bueno, quizás el supermercado las reutilizaba o algo por el estilo. Marinette no tenía ni la menor idea.

Él se alejó y ellas siguieron con sus compras.

Cuando terminaron de comprar, Sabine desamarró su bicicleta y como se sentía débil, su bicicleta casi termina tirada en el suelo. Por lo menos Marinette fue lo suficientemente rápida como para sostener la bicicleta, sino... bueno, simplemente la bicicleta se hubiese caído. Pero mejor prevenir que lamentar.

Caminaron de modo lento pasando por el estacionamiento del Lider. Sabine bajó su bicicleta a la calle, pero Marinette no quiso bajar, se iban a ir, pero apareció justamente Adrien.

—Pronto te devolveré tu bici —dijo Adrien.

—¡Qué bueno! —exclamó Sabine —. Ya la extraño.

Adrien se acercó un poco más a la bicicleta de Sabine y la observó más de cerca.

—¿Por qué tiene stickers? —preguntó con tono de diversión.

Marinette estaba incómoda. Literalmente Adrien estaba parado en el medio de ambas. Porque Marinette se encontraba en la vereda, Sabine en la calle y Adrien en el medio. Era raro.

—Porque es la bicicleta de Marinette.

—Oh, verdad —Adrien vio ambas bicicletas y sonrió —. Porque la que está usando Mari tiene un pedal que no corresponde —Sabine asintió —. Le devolveré la bicicleta antes del dieciséis —dijo en tono alegre.

¿Antes del dieciséis? ¡un momento! ¡él recordaba la fecha! ¡qué lindo!

Marinette se emocionó y se permitió sonreír. ¿Significaba que Adrien había pasado la prueba?

—¡Qué bueno! ¡necesito la parrilla! —exclamó Sabine.

—Yo también tengo que comprar una parrilla, mi bici no tiene.

En un momento un auto rojo pasó a gran velocidad y las personas que estaban dentro de ese auto gritaron. Por la hora, la oscuridad presente y la situación de estar sola en la calle en plena noche, Marinette se asustó y no pudo evitar dar un salto. Por lo menos había afirmado bien la bicicleta.

—Tranquila... —Adrien acarició tres veces su brazo y le sonrió de modo dulce, de modo tranquilizador —, no tengas miedo —añadió.

Marinette lo miró. Se quedó hipnotizada en sus ojos. Él nunca antes había hecho algo así, nunca antes había acariciado su brazo. Su palma era suave, era un chico tierno.

Pudo sentir su palma porque estaba sin nada más que una polera sin mangas.

—Tan desabrigada que estás —le dijo a Marinette.

Habla, no tengas miedo...

—Es que... no hace frío —susurró.

Adrien rió un poco y después sonrió.

—No hace frío pero no me puedo sacar el polerón —respondió él —. Mi mochila está llena —Sabine rió de ello —. Miren lo que tengo —y mostró un cubo.

Marinette negó con la cabeza, él sí que era como un niño. Un niño muy grande.

—Lo acabó de comprar —anunció sonriendo ampliamente.

—Pero si ya tienes muchos —dijo Sabine.

—Tengo más de treinta —rió él —. Pero me encantan.

Comenzó a mover su cubo, lo desarmó porque aún estaba armado con los colores y todo eso. Sabine en un momento dijo: "tú podrías hacer eso para mejorar tu mano", ella respondió: "mi mano ya está bien", "no lo está" le dijo su madre.

Por Dios, esa situación del yeso ya había pasado hace mucho tiempo, no era necesario seguir hablando de ello. Pasado pisado. Hakuna Matata.

"De hecho cuando armas un cubo duele, es un muy buen ejercicio" fue lo que dijo Adrien "aunque también existen unas pelotas que ayudan como ejercicio" añadió.

—¿Adónde vas ahora? —preguntó Sabine.

—A comprar cigarros —respondió Adrien.

—Caminemos.

Y la vida le había regalado un momento al lado de Adrien, para su suerte o mala suerte. Sabine se mantuvo en la calle y Adrien quedó al lado de ella.

—¿Haz visto los nuevos Pokémon que agregaron al juego? —le preguntó él. Ella asintió —. ¿Viste a Ponyta?

—Sí.

—¿Y a Rapidash?

—Sí.

—¿Y Cubone? —¿pero solo sabe hablar de Pokémon éste chico o qué? Ahora asintió. Él siguió hablando de los nuevos Pokémon y ella ya empezó a negar con la cabeza, pero no porque no los había visto, sino que porque se aburrió del tema.

Y recordó su teoría de que él le hablaba por obligación y repentinamente se sintió un poco enojada. La verdad es que no sabía que sentir al respecto, ya no sabía como tomar la situación con Adrien, era extraño.

—Yo no he atrapado ninguno —le dijo Adrien —. Con tanto trabajo ya no he tenido tiempo de jugar.

—¿Y cómo no te hemos visto? —preguntó Sabine.

—Es porque he estado en bodega —respondió él —. He tenido demasiado trabajo, me he estado yendo demasiado tarde.

—Yo casi me muero ayer, estaba con un resfriado terrible —comentó Sabine —. ¡Y Marinette no me dejó morir tranquila! Me hablaba hasta por los codos.

—Tú sí que eres malvada —le dijo Adrien.

¿Malvada?

Simplemente estaba cuidando a su madre. ¿Dónde está la maldad en eso?

No hablaron más y Adrien le dio un abrazo de despedida a Sabine. Luego se acercó a ella "Adiós, Manita" le dijo mientras se agachaba para que ella besará su mejilla, ella lo hizo y él le dio un leve abrazo. "Cuídense" fue lo último que dijo.

Una vez en casa, pasó algo que Marinette jamás imaginó sucedería.

—¿Por qué no lo miras? —le preguntó su madre con tono preocupado.

—¿Perdón? —preguntó la azabache sentándose en la mesa.

—Marinette, Adrien habla contigo y tú ni siquiera lo miras —le dijo. La chica abrió la boca sorprendida, ¿en serio la iban a retar por eso? —. Él intenta entablar una conversación contigo, realmente lo intenta y tú ni siquiera lo miras.

Marinette se sintió expuesta.

—No me doy cuenta, lo siento —no le contaría lo que sucedía realmente.

—No seas grosera con él, es un buen chico y te mira con cariño.

Cariño...

Vaya, Marinette realmente se sentía confundida respecto a todo lo que estaba sucediendo.

Éste capítulo quedó bastante extenso porque junté muchos días, jaja.

Todo lo del final fue lo que sucedió hoy. Y sí, me sorprendí bastante cuando mi mamá me regañó por no hablar con él _, no me lo esperaba.