"Lo sé, ha sido un error, no deberíamos ni haber llegado hasta aquí, pero estamos aquí, igual que en las grandes historias, señor Frodo, las que realmente importan, llenas de oscuridad y de constantes peligros, esas de las que no quieres saber el final, porque.. ¿Cómo van a acabar bien? ¿Cómo volverá el mundo a ser lo que era después de tanta maldad como ha sufrido? Pero al final, todo es pasajero como esta sombra. Incluso la oscuridad se acaba para dar paso a un nuevo día. Y cuando el sol brilla, brilla más radiante aún, esas son las historias que llegan al corazón, porque tienen mucho sentido aún cuando eres demasiado pequeño para entenderlas. Pero creo, señor Frodo, que ya lo entiendo. Ahora lo entiendo. Los protagonistas de esas historias se rendirían si quisieran pero no lo hacen. Siguen adelante. Porque todos luchan por algo.

¿Por qué luchas tú, Sam?

Porque el bien reine en este mundo, señor Frodo, se puede luchar por eso."

Samsagaz "Sam" Gamyi, Las dos Torres, ESDLA.

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¡Equilibrio!, la leyenda se hace realidad:

Tras esquivar una vez más el oscuro ataque del digimon cadavérico, ShineGreymon perdió un segundo la concentración en la batalla debido al espectacular juego de luces que se estaba dando a unos kilómetros, justo en la playa, en el lugar donde dejó a su compañero. Fue el momento que, el ya debilitado SkullBaluchimon, aprovechó para darle un certero golpe en el pecho que le hizo caer al suelo y por supuesto recuperar toda la furia que tenía acumulada.

Acabaría con esto ya e iría a ver como estaba su compañero Taiyou y los demás, de esa forma le propino su ataque más poderoso "GeoGrey Sword"

Fue algo completamente mágico como creo ese gran círculo de fuego, concentrándose en su espada ardiente como el sol, que penetró en uno de los últimos digimons malignos que quedaban, SkullBaluchimon, que como pasase con sus compañeros, su alma volvió a quedar atrapada en el emblema, en este caso del desprecio.

Hecho esto, empezó un vuelo al lugar en donde se estaba fraguando la batalla más importante y difícil, pero se detuvo al encontrarse por el camino a uno de sus camaradas.

-SlashAngemon, ¿necesitas ayuda?.- conforme lo preguntaba se sentía estúpido, más al ver que el compañero de Tenshi destrozaba la metralleta de un Mummymon cada vez más acolarrado.

-Ya vencí a este miserable en el mundo de los deseos, ahora lo venceré para siempre.

El digimon momia dio unos pasos para atrás, viendo su final inminente y el ángel digimon preparó su ataque.

-¡Golpe del…

Hubo un fuerte movimiento causado por una onda expansiva que venía desde Ogudomon y el ataque no llegó a producirse debido a que, entre cegadores rayos de luz, el alma del compañero de Tenshi se disipó en el aire mientras el emblema, el cual le había dado su milagroso cuerpo salía disparado en dirección a la batalla.

-¡SlashAngemon!.- exclamó el digimon de la amistad apurado, sin darse cuenta que a él le estaba pasando lo mismo.

Quien no daba crédito a lo que veía era Mummymon. ¿En serio se iba a librar? Sin duda este iba a ser su día de suerte. Sus dos enemigos ya habían desaparecido por completo, viéndose a lo lejos como esos dos pequeños artefactos llamados emblemas iban a velocidad endiablada dejando un rastro de luz. Parpadeó un par de veces y se lo empezó a creer.

-¿Les he vencido?.- se preguntó, para después sonreír abiertamente.- ¡les he vencido!.- gritó alzando los brazos al cielo, hasta que se dio cuenta, mirando los vendajes que le colgaban, que se estaba convirtiendo en esa maldita sustancia negra. Era demasiado bonito para ser verdad.- Oh, mierda, otra vez prisione…

Ni terminó, su espíritu quedó preso en el emblema de la ira. Este era el último que faltaba, todos los emblemas de la oscuridad habían sido desactivados y dado que Mummymon se había ido sin ser atacado, solo podía existir una explicación, Akuma había perdido el emblema de la oscuridad.

Pero el digimon de la ira no era el único que pagó las consecuencias del heroico sacrificio de Dragomon, ya que también como le pasó a SlashAngemon y ShineGreymon, los espíritus de los digimons habían abandonado los emblemas de los niños, porque otra misión requería a los emblemas, por fin, debían darles su verdadero uso. Debían estar todos juntos.

...

Unos estaban asustados, otros anonadados y otros no queriendo mirar como se desencadenaba la gran batalla de Dragomon contra Ogudomon que, entre tanto destello de luz no fueron conscientes de que los emblemas habían vuelto, más que eso, que estaban delante de ellos flotando y emitiendo una luz conmovedora.

Kibou lo vio todo con claridad, podía ver a través de los destellos con una nitidez máxima, es por eso que frunció el ceño con ira cuando vio de vuelta a su enemigo.

-Akuma.- gruñó.

Al otro lado, Tenshi tampoco se perdía detalle de lo sucedido, pero al contrario que el portador de la oscuridad su vista no se fijó en el monstruo que tantos días llevaba atormentándolos sino en lo que por fin caía de él.

-El emblema.

El resplandor ya empezaba a ser menor, porque Dragomon había desaparecido por completo, sin embargo Musuko había levantado la cabeza al escuchar a su amigo rubio. No dejaría que ese emblema volviese a caer en manos del mal, mucho menos con su portador presente.

Fue el único que pudo reaccionar, él y Akuma, de nuevo incorpóreo, se desplazaron como balas al encuentro del medallón, solo entonces Tenshi vio lo que hacía.

-¡Ni lo sueñes!.- gritó, mientras tomaba impulso y se elevaba en el cielo.

Kibou estaba demasiado lejos subido en el risco, Akuma estaba a punto de cazarlo de nuevo y por los aires como cual capitán Tsubasa no había mucho tiempo que pensar. Tenía que tomar la decisión ya.

-¡Tenshi!.- gritó, haciendo un espectacular giro de cadera, dando un puntapié al medallón, para enviarlo hacia atrás y quitándoselo prácticamente de la cara a Akuma que gruñó furioso.

Veintidós ojos, veinticuatro cuando Musuko cayó y apresuró a mirar si había tenido éxito, veintiséis contando con la demoníaca mirada de Akuma, siguieron el camino que hacía ese emblema. Y el que lo vio que llegaba directo a él era el chico comúnmente llamado cuatro ojos, Makoto.

-Soy gafe.- susurró, muerto de miedo.

Pasó como en cámara lenta, aunque en realidad todo transcurrió en cuestión de milésimas, no le dio tiempo a esquivarlo, le impactó contra la cabeza, eso sí, desviándolo lo justo para que cállese a quien lo estaba esperando, Tenshi. Pero él no era su dueño, él no podría activarlo, debía enviarlo a Kibou que observaba todo con máxima atención y ahí, el que discurrió rápido, sorprendiéndose a sí mismo y a todos, para que engañarse, fue Taiyou, que con un toque mágico de su pie le envió el shinai de Shizuka, que estaba por los suelos desde la batalla.

-¡Tenshi!

Sonrió al ver lo que le enviaba Yagami y haciendo gala de sus rápidos reflejos y de su habilidad con las manos, lo atrapó y se lo acomodó como si se tratase de su fiel bate de béisbol, esperando que llegase la original pelota.

Faltaban centímetros, milímetros, Akuma gritó y se desplazó velozmente, los niños observaban cada movimiento de ese rubio con el corazón en un puño, era el golpe de suerte, el que les daría la victoria o les condenaría a las tinieblas para siempre. La clase de golpes que Takaishi no fallaba.

-¡Home-ruuuuuun!

Y no lo hizo, le golpeó de lleno de forma magistral, tan fuerte que rompió en dos la espada de bambú, haciendo que una parte saliese volando y le diese en toda la frente al recién recuperado Makoto. Estaba claro que era una señal de que en las batalla él no debía salir de la posición avestruz. Pero en cualquier caso, Akuma volvió a gruñir rabioso, viendo como ese emblema se elevaba más y más, con una trayectoria perfecta a su catcher de excepción, su legítimo dueño, su portador.

Sus inocentes, luchadoras y ahora más que nunca esperanzadas miradas no perdían detalle de la parábola que realizaba ese artefacto, a cada segundo creyendo más en que era posible, en que el milagro se realizaría, en que iba directo a las manos de Kibou.

Fueron solo unos segundos los que duró el recorrido, pero los más eternos y agónicos en la vida de esos doce niños.

Vamos Kibou, no la cagues ahora como acostumbras, ¡te he hecho un envío genial!, ¡con uno de estos ganaré la liga infantil!.- pasaba por la mente de Tenshi.

Kibou tú siempre has sido guay, no como tu primo Taiyou, ¡tú eres el guay de los Yagami!, ¡sálvanos y serás el chico más molón del mundo para siempre!.- fueron los inocentes pensamientos de Aiko.

Oh, mierda, creo que Yoshi se ha cagado… sin el creo se ha cagado, ¡Kibou tú no hace falta que la cagues!... mmm, no lo recordaba tan guapo, la muerte le ha sentado bien..- fue lo que pensó, en este momento tan crucial, Minako.

Dragomon ha molado mucho, ha sido alucinante, ¿me dejarán mis padres tener un Dragomon?, aunque primero Kibou debería atrapar ese emblema y que… no sé lo que pasará pero seguro que será alucinante.- pensaba Osamu, mirando con la boca abierta la trayectoria de ese emblema.

Que golpe más guay ha dado mi primo Tenshi, claro porque es el mejor y el más listo de mundo, cuando sea mayor quiero ser como Tenshi, así nadie se atreverá a llamarme bebé, ni siquiera papá.- pensó Yuujou sin poder remediar una sonrisa de ilusión por imaginarse su futuro.

Ooooh estrellitas, genial por fin me he despertado y estoy en mi camita, ¡sabía que era una pesadilla!… oh no, me duele la cabeza mucho y estoy en la arena y… ¿será posible que al final no vaya a morir hoy?.- creía Makoto, dejándose caer sobre la arena, ajeno a todo.

No sé lo que está pasando pero es lo más emocionante de mi vida, por favor Kibou atrapa ese emblema y danos la paz por la que llevamos tantos días luchando y por la que han muerto tantos digimons bonitos y feitos pero todos amiguitos… ¡nos lo merecemos!.- apretó los puños Chikako eufórica.

No la cagues como en aquel partido en el que te dejé tirar el penalti decisivo y todavía me arrepiento de ello, por favor Kibou, este es tu momento, demuestra que también eres un héroe, ¡y pártele los morros a ese Akuma!, ¡You´re the winner!, ¿por qué cuando pienso en inglés lo pronuncio tan bien?.- le dio fuerzas también, con el pensamiento Musuko.

Venga Kidevil, te hemos salvado para esto, para que nos des la victoria… mmm… Kidevil, suena bien, próxima película ¡MK contra Kidevil!, me gusta, me gusta como suena… además, tiene una buena planta, tiene futuro como actor.- eran los pensamientos de "Mishi", como siempre en su mundo.

Sabía que Kibou estaba bien, sabía que vendría, soy tan feliz porque lo vamos a lograr y vamos a vencer y… ¡Musuko ha estado genial!, ¡y que guapo está con esa cara de despistado llena de arena!.- pensaba Shizuka, perdiendo, tal vez por primera vez su calma y serenidad característica.

Akuma cómeme el rabo, cómeme el rabo, cómeme el rabo, cómeme el rabo, cómeme el rabo, ¡cómeme el rabo!… ¡Kibou eres el mejor, demuestra que eres un Yagami!.- pasaba por la mente de Taiyou, conteniéndose para no ir corriendo hasta su primo y abrazarlo.

Vamos, todos confían en mí, pero no solo eso, tengo que hacerlo por mí, no, tampoco por mí, tengo que hacerlo por ella, por la portadora de la luz… ¡mamá!.- gritó esto último saltando para atrapar el emblema.

Todos vieron la escena paralizados, atentos a cualquier movimiento, para ver si de verdad había atrapado el emblema y que sucedía ahora. El salto de Kibou fue espectacular, lo rozó con los dedos y… cayó para atrás. El envío había sido demasiado fuerte y el salto del castaño demasiado flojo.

Al ver eso, todos empezaron de nuevo a temer por sus vidas.

-¡Pero que paquete es el tío!.- se desesperó Tenshi, llevándose la mano a la cara, mientra Akuma aún se permitía el lujo de reír, yendo directo a Kibou.

-Me gustaría ver que agilidad tienes tú si acabases de venir de la muerte, estúpido Takaishi.- murmuraba el muchacho, bajando a todo correr por el risco, para atrapar el emblema cuanto antes.

Bajó el pedrusco lo más rápido que su piernas le permitieron, tirando piedras y levantando el polvo conforme sus pies desnudos pasaban a toda velocidad, sin importarle las heridas que esto le causasen, ya que en estos momentos no sentía el dolor físico, ni ninguna otra clase de dolor, su mente había bloqueado todas esas sensaciones, ya que solo estaba puesta en su misión, encontrar el emblema.

De un saltó tocó tierra firme y ahí, a escasos metros lo vio y empezó a correr como nunca antes había corrido. Le estremeció sentir a su lado la sombra de Akuma que se desplazaba también con celeridad, pero no le hizo detenerse porque ese ser ya no le provocaba ningún miedo ni tampoco le hacía quedarse paralizado, todo lo contrario, la furia que le hacía desprender le daba más fuerza para continuar.

Hizo su último esfuerzo, se arrojó al artefacto pero no llegó a tocarlo, su mano se detuvo en el último segundo al ver la sombra de Akuma sobre él. Fue algo superior a él, sentía la necesidad de mirarlo por última vez y esa fue su perdición.

Sus ojos rojos como la sangre que había derramado quedaron clavados en él, adentrándose en su ser como había hecho desde que tenía memoria y volvió a oír su voz, con esa amabilidad que empleaba en exclusiva para él, para hacerlo enloquecer más si puede, para hacer que cumpliese todos sus deseos.

"Kibou, dámelo, esta vez será diferente, me uniré a ti para siempre, no te dejaré, haremos esto juntos. Te daré todo mi poder, porque tú eres yo, nos necesitamos, mejor dicho, me necesitas".- escuchó esa serena voz, que aún intentándolo no pudo camuflar su crueldad.

El castaño le mantuvo la mirada desafiante, pensando en cuanto odiaba a ese ser, no por haberlo convertido a él en un monstruo, eso podía perdonarlo, incluso culparse a sí mismo de permitirlo, lo que jamás le perdonaría era el daño que le había causado con todas sus acciones a la persona que más amaba, de la que juró vengarse, a Hikari Yagami.

"Les perdonaré la vida a tus amigos, a quien desees, déjame volver a ti y todo será diferente".- trató de seguir cautivando ese siniestro ente.

Por un momento la duda invadió a Hayashiba o eso es lo que Akuma creyó, porque retiró inconscientemente la mano y su rostro se relajó un poco, incluso dio alguna muestra de angustia y miedo.

Akuma se acercó más, convencido de que lo estaba logrando, pero no fue más que una ilusión, porque en el corazón de Kibou jamás habría sitio otra vez para un demonio como ese y lo supo en el momento en que el niño volvió a endurecer la mirada.

-Que te den.- y sin prolongar más esto, lo atrapó, por fin el emblema de la oscuridad lo poseía su portador.

"Mierda".- exclamó Akuma furioso por el engaño, mientras Kibou gritaba con fuerza y del emblema salían potentes haces de luz morada casi negra.

Los niños vieron el espectáculo con asombro, temor pero sobre todo esperanza, ya que confiaban en que quien lo hubiese atrapado fuese Kibou, todos menos Tenshi que al segundo, su emblema que flotaba encima de él cayó en su mano siguiendo el camino del emblema de la oscuridad, solo que los rayos que salían de él eran blanquecinos.

En ese momento, todo su alrededor desapareció, se encontraron en un universo diferente, completamente blanco, lleno de la luz más pura y perfecta que habían visto nunca. Ahí solo había dos personas, solo dos almas que ya estaban destinadas a encontrarse desde antes de que fuesen concebidos. Su unión espiritual era irrompible, eran su otra mitad, eran la base de que se sucediese el gran milagro, la paz perpetua, la vuelta del equilibrio y ahora que sus corazones por fin estaban acompasados y su voluntad era firme, nadie podría detenerles. Ni siquiera la maldad absoluta. El castaño sonrió de manera automática al ver a su homónimo rubio y el portador de la luz le devolvió la sonrisa en el acto estirando la mano para tocarlo, gesto que devolvió Kibou al segundo.

-Te he echado de menos…- empezó él.

-Mi hermano.- terminó Tenshi, justo antes de que sus manos se entrelazasen.

Una gran onda salió de ellos, cayendo cada uno hacia un lado medio inconscientes, ya en la orilla donde se desencadenaba la batalla.

Sus amigos a penas pudieron decir sus nombres porque estaban atónitos viendo lo que había quedado en medio de los dos, lo que había formado el emblema de la luz y la oscuridad, viendo el regreso del emblema más precioso que habían visto nunca, el del equilibrio.

Claramente agotado, Tenshi se llevó la mano a la cabeza tratando de reponerse y mientras Kibou imitaba sus gestos, una nueva luz trataba de hacer la competencia al mágico día que había creado el emblema del equilibrio y esa luz venía del único digimon que estaba presente, más concretamente de su anillo sagrado.

Todavía inconsciente, la compañera de Hikari comenzó a brillar, a elevarse por los aires directa a convertirse en leyenda, a llegar hasta el emblema más antiguo de todos.

Con la boca abierta y Akuma temiendo su final observaron como el emblema se transformaba en un gran ente de luz, que llegaba directo al anillo de Gatomon, haciendo que desapareciese no solo el anillo, sino la mismísima digimon perdió su forma para adoptar otra nueva, para permitir que el espíritu que durante tanto tiempo había sido cautivo se adueñase de su cuerpo, le diese sus fuerzas, hiciese justicia.

Desde que se juntasen los dos emblemas que tantos miles de años llevaban separados, el cielo era blanco, la luz bañaba hasta el más recóndito rincón de ese lugar y Gatomon, ya estaba tomando una forma definida, para alucine de los niños, que no daban crédito a lo que veían.

-Alucinante.- repetía Osamu, una y otra vez.

-¿Gatomon es Baransu?.- preguntaba Chikako conmocionada.

-¿A eso se refería cuando dijiste que estaba atrapado?.- preguntó Minako, recordando las incoherencias que dijo su hermano en el monte Infinito.

-Acaba con él.- fue lo único que pudo decir Taiyou, sin dejar de abrir la boca, contemplando el espectáculo.

No tenía un aspecto definido, era un ente hecho de luz, en la cabeza solo se le veían unos ojos arco iris que radiaban esperanza, lo que parecía unos largos brazos caían casi hasta el suelo y una especie de túnica lo cubría por completo. Era el ser más extraño que habían visto en su vida, pero desprendía paz y un gran sentimiento de bondad.

"Aquí acaba tu reinado, ríndete para que puedas ser ajusticiado".- resonó esa voz femenina y cálida. Daba paz solo escucharla.

Akuma en cambio sonaba más desesperanzado que nunca, dando un gruñido de rabia.

"¡No!, aún no ha terminado mi misión, no tienes derecho a sentenciarme"

"Debes ser destruido Akuma, ya lo sabes, tu maldad no tiene cabida en este mundo ni en ninguno, humanos y digimons han decidido, no desean que tú estés más aquí".- siguió con su tono pausado e imperturbable, el ser hecho de luz.

"¡Ellos son los que me crearon!".- gritó lleno de ira la sombra provocando una de esas oleadas de oscuridad, que no llegó a nada, el espíritu de Baransu lo absorbió por completo.

"Y también los que desean destruirte, tienen derecho a reconocer sus errores y aprender de ellos."

Akuma rió, seguramente por última vez.

"¿Y qué?, siempre habrá odio, sentimientos negativos, maldad, por lo que nunca moriré y volveré, cada vez volveré con más fuerza, lo sabes"

"Y yo estaré para ajusticiarte y para no permitir que pongas en peligro la estabilidad de los mundos."

Dicho esto una enorme balanza se apareció, posicionado a Akuma en uno de los platos, mientras en el otro aparecían luces de colores en donde se reflejaban a gran velocidad todos los hechos terroríficos realizados por Akuma en todas sus reencarnaciones. Estaba ajusticiando su alma, para ver cuantos crímenes había cometido y si todavía podía ser perdonado, si todavía tenía derecho a existir.

"¿Y cual es el veredicto?".- se atrevió a preguntar con sorna el demonio.

"Aunque pudiese perdonarte, ahora he tomado el cuerpo de un digimon, un digimon al que le has causado miles de sufrimientos, no solo a ella, sino a lo que más ama en el mundo y por ese la sentencia está clara, ¡debes ser destruido!".- dijo esto último con la voz de Gatomon y por un momento se pudo distinguir hasta su mirada.

Akuma resopló furioso.

"Siempre odié esa mirada, maldito digimon…- masculló con rabia, para luego hablar a Baransu.- ¡No puedes hacer esto!, ¡eso es venganza!, no puedes vengarte, debes ser ecuánime".- exigió con rabia.

La balanza desapareció y el ente estiró sus largos brazos, juntando las manos al final.

"No es venganza, es justicia."

-¡Esa frase es mía!.- exclamó Taiyou ilusionado.

Y al apartar los brazos varios círculos de datos se aparecieron, rodeando a la sombra Akuma por todos los ángulos, haciéndola cada vez más pequeña.

"Volveré, tened por seguro que volveré".- decía esto penetrando con su aterradora mirada a su mayor víctima, Kibou, que no le apartó la mirada en ningún segundo, quería ser testigo de cómo se consumía hasta la última célula de ese demonio.

-Muérete Akuma.- fue lo que dijo, con una sonrisa de satisfacción.

Las ondas cada vez pasaban a más velocidad, llegando también de los diferentes puntos del mar de la oscuridad los doce emblemas oscuros que penetraron en lo que quedaba de Akuma. Finalmente las ondas cesaron y lo que quedó fue una bola negra, del tamaño de una pelota de tenis con los emblemas de la oscuridad presos en su interior.

Tras presenciar el espectáculo de luces y ver como se había desintegrado el maldito demonio que les llevaba martirizando tantos días, los niños no sabían que pensar ni que sentir, lo único que querían era llorar, abrazarse los unos a los otros, sentir este calor que ahora emanaba el cielo y por supuesto volver a su mundo, regresar con sus amigos que habían muerto en la batalla y sentir el amor de sus queridos padres. No obstante, aún tenía una misión que cumplir.

"Necesito vuestra ayuda".- habló con una dulzura máxima el emblema Baransu.

-No creo, te has cargado al malo de un golpe cuando nosotros ni pudimos rozarlo.- dijo Musuko, todavía en shock por lo que acaba de presenciar, pero con una gran sonrisa de felicidad.

"Musuko Motomiya, nada de esto hubiese sido posible sin ti, sin tu carisma, sin tus ánimos, sin tu determinación a la hora de tomar decisiones en la batalla y por su puesto, sin tu valor."

Conforme hablaba, la expresión de Musuko se tornó más seria, pero sintiendo un gran regocijo, por fin todo su trabajo era recompensado.

"Vuestros emblemas deben sellar al demonio".- explicó y Motomiya asintió.

-Valor.- dijo con convencimiento, saliendo el símbolo de su emblema de su corazón, llegando hasta su medallón que seguía flotando, empujándolo entonces hasta la pequeña bola.

Los demás aún se mostraban algo reticentes, confusos y un poco asustados, sobre todo Kido y por supuesto que dio un bote al escuchar su nombre.

"Makoto Kido, las buenas acciones vienes de corazones sinceros como el tuyo. Solo por hacer brillar ese emblema ya eres mucho más valiente de lo que piensas. Gracias por salvarnos"

Era una voz tan bonita, que hasta se sonrojó, pasándose el dedo por debajo de la nariz con nerviosismo.

-Bueno… yo…

"Mishi" le dio una colleja para que espabilase.

-¡Que no intenta ligar contigo, que lo que quiere es tu emblema!.- exclamó, provocando las risas de sus amigos y el rubor mayor de Kido.

-Ajá… eh… un… sinceridad.- dijo, produciéndose algo parecido a lo que ocurriese con el emblema del valor.

"Michael Kiyoshi…"

-¡Soldado MK Van Damme a su servicio, señor.- se llevó la mano a la frente haciendo el saludo militar, flipándose más de lo debido.

"Es el corazón soñador de los niños el que crea los milagros, el creó el Digimundo, el que me creó a mí, es por eso que nunca hay que dejar de soñar, de desear."

-Señor, sí señor.- asintió, con un hilillo de voz de lo emocionado que estaba.- Deseos.

Y el emblema de Mike, se unió al de sus compañeros.

"Aiko Ishida, el amor es el sustento de los sentimientos puros, de los deseos de paz, sin amor nada valdría la pena."

La rubia sonrió, con la respiración entrecortada debido a su emoción, dejando que las lágrimas entrasen en su boca, mientras, con un brazo seguía achuchando con fuerza a su hermano.

-Amor.- dijo sin apenas voz.

El color rojo característico de ese emblema entró en el medallón y se unió a los demás.

"Osamu Ichijouji, no seríamos nada sin gente como tú, sin mentes curiosas, porque eso es lo que hace al Digimundo mágico, la ilusión de niños como tú por aprender todo de él."

-Gracias.- se ruborizó ligeramente el chico.- conocimiento.

Su emblema también llegó hasta la bola oscura.

"Shizuka Hida, tú desempeñas una función muy importante, porque es de la bondad de donde nacen los buenos sentimientos, los sentimientos que componen a los seres de luz, gracias."

La educada niña, emocionada por las palabras, hizo una reverencia.

-Gracias, bondad.

El emblema que hace años perteneciese a Ken, también se encaminó a su último destino.

"Chikako Izumi, no eres terca sino decidida, no eres temeraria sino valiente, no eres testadura sino tenaz. Esa perseverancia nunca debe desaparecer porque nunca hay que bajar la guardia, siempre hay que seguir firme por defender lo que es justo."

-De acuerdo.- sonrió la niña ilusionada.- tenacidad.

Otro emblema más se unió al de sus amigos, faltaban la mitad.

"Taiyou Yagami, tú eres quien mantiene unidos a los compañeros y por tanto quien mantiene unidos los emblemas, porque eso es la amistad, crear lazos en base a unos sentimientos puros… y gracias, por cuidar y hacer brillar una cualidad esencial para no perder la fe, su portadora estará orgullosa de ti y de tu trabajo."

El moreno, con los ojos vidriosos, empezó a reír con fuerza.

-¡Mi futuro hermanito!.- exclamó con alegría.- amistad y este va por ti hermanito ¡milagros!

Los dos medallones, impulsados por los sentimientos de Taiyou y de alguna manera, del futuro Yagami, volaron a reunirse con los demás.

"Minako Ichijouji, este mundo no podría existir sin la inocencia de los niños, sin esos sentimientos puros que tú tan bien has reflejado, gracias por tu trabajo."

-He hecho lo que he podido.- rió, increíblemente para todos, aguantando su ataque de histeria, mientras el emblema de la pureza brillaba.- pureza.

"En cuanto a ti Yoshi Ichijouji, nadie sabe lo que nos deparará el destino, pero sí que en tus manos brillará con fuerza camino hacia la luz, igual que has hecho hoy."

El bebé dio una sonora carcajada que llenó de ternura a todos, mientras Leafmon le saltaba en la frente ya totalmente recuperado y lleno de felicidad.

No llegó a vocalizar nada en concreto así que lo hicieron sus hermanos a una voz.

-Destino.

El emblema de Yoshi brilló con más fuerza que nunca.

Un pequeño pelirrojo se mantenía pegado a su hermana por precaución, sabiendo que muy pronto le tocaría a él y eso lo llenaba de ilusión.

"Yuujou Ishida, la esperanza es lo que mantiene viva la luz, lo que jamás debe perderse, porque en cuanto desaparece, las tinieblas crecen con fuerza e intentan consumir la luz. Mantenla en tu corazón siempre."

El niño asintió con una gran seriedad a su nuevo mejor amigo y ser luminoso favorito, el espíritu de Baransu.

-Lo haré.- dijo convencido de sus palabras, para después sonreír, se moría por ver la lucecita salir de su pecho.- ¡esperanza!.- gritó con fuerza.

Por último, el ente se dirigió a las dos personas que quedaban, las cuales ya no tenían emblema.

"Tenshi Takaishi, Kibou Hayashiba, luz y oscuridad son las dos caras de una misma moneda, ya habéis comprendido que no puede vivir una sin la otra, ni brillar una más que la otra, deben permanecer en perfecta armonía para mantener lo más importante en este mundo, el equilibrio. No son cualidades fáciles de manejar, sin embargo, vosotros lo habéis hecho a la perfección y eso os unirá para siempre, no olvidéis que sois los guardianes del equilibrio y que cuando vuestra determinación flojee, el caos volverá a nuestros mundos. Gracias por vuestro esfuerzo, gracias por aceptar esta difícil misión, gracias por liberarme y hacerme renacer."

Kibou escuchó cada palabra con solemnidad, asintiendo a todo lo que decía, mientras Tenshi lo hacía con una sonrisa mucho más relajada.

-Lo has dejado en buenas manos.- dijo el rubio, abrazando por el cuello a Kibou.

-Me esforzará al máximo por no decepcionaros.- fueron las palabras del castaño.

Seguidamente ambos se miraron y asintieron.

-Luz y oscuridad.

-¡Equilibrio!.- gritaron todos los niños al unísono.

Alrededor de la bola negra apareció un grueso anillo sagrado dorado incrustándose en él cada uno de los emblemas, reservando el centro para el emblema Baransu.

Los niños contemplaban esto con gozo y gran emoción, por saber que habían hecho historia y lo más importante que ya todo había acabado, que habían cumplido su misión y podrían volver a su amada rutina llena de paz. Pero entonces escucharon una voz familiar, sobre todo para Taiyou.

-¿Papá?.- se giró lo justo para verlo, porque así era, guiados por los juegos de luces, los mayores al fin llegaban hasta sus hijos.

-¡Papá!.- gritó también Aiko al reconocer un cabello rubio y la voz de su progenitor.

Los niños sonrieron y lloraron con intensidad, pero también los padres que corrían a su encuentro, gritando continuamente sus nombres.

Pero el reencuentro no llegó a producirse porque el sello estaba acabado, el ente que había poseído a Gatomon desapareció, quedando metido en su emblema, que a su vez sellaba la bola y cuando eso sucedió, la luz se esfumó del lugar, pero no solo eso, el mar de la oscuridad se disipó, apareciendo en un mundo desértico y apocalíptico, pero en el que volvían a ver, tras tantos días, la luz del sol, el Digimundo.

...

Taichi tuvo que pegar un gran brinco para no ser atropellado por un coche mientras él mismo y todos sus amigos se cubrían el rostro, ya que una cegadora luz a la que no estaban acostumbrados les daba de lleno.

Poco a poco, pudieron ir abriendo los ojos para darse cuenta de que de nuevo volvían a estar en su mundo, pero eso no fue lo que les desconcertó sino que, el cielo era azul y a lo alto el sol brillaba más majestuoso que nunca, por lo menos, eso les pareció a ellos.

-Pero que… ¿Y Taiyou?.- se revolvió Yagami, mientras su esposa lo ayudaba a levantarse.- estaba aquí hace un segundo.

-Sí… es… es… hemos vuelto a nuestro mundo.- trató de razonar Izumi, a pesar de que también estuviese cardíaco por haber podido ver a su niña tan cerca y no poderla abrazar.

-Pero, no puede ser.- comentó Jyou.- hay sol.

Entonces fueron conscientes en verdad de lo que eso significaba, ese brillante sol.

-Entonces…- empezó Sora emocionada, preocupada y desconcertada.

-¿Lo consiguieron?.- terminó Mimi, empezando a lloriquear.

-Pero estaban aquí y… si… ¿donde están?.- preguntó Daisuke, perdiendo la paciencia.

...

-¡Papá!.- llamaba una y otra vez Taiyou apurado, sin poder controlar las lágrimas, al igual que la mayoría de sus amigos.

Sintió una mano apoyada en su hombro y escuchó la voz por la que hace tantos días había suspirado.

-Estarán bien, no te preocupes, ahora los veremos.

Se dio la vuelta y lloró con más fuerza, pero esta vez de felicidad, por tenerlo, por verlo, por tocarlo. Su querido primo volvía a estar a su lado.

-¡Kibou!.- se arrojó a abrazarse a su pecho, con todo lo sucedido, ni había podido alegrarse de la vuelta de su primo.

Hayashiba dibujó una sonrisa en su rostro, dejando que esa ternura y cariño que desprendía su primito entrase en él. Volviendo a sentirse humano y lo más importante, amado.

Sonrió más al notar unos fuertes brazos envolviéndole la espalda y un chilló en su oreja.

-¡Kibou!, ¡eres el mejor!.- exclamaba Musuko, sin hacer nada por remediar sus lágrimas de felicidad.

Otra chica se abrazaba por su otro lado con un poco más de cuidado debido al bebé que llevaba en sus brazos, pero eso sí, llorando como una auténtica histérica.

-¡Estás guapísimo!

De frente, pasando por encima de su primo, la que le abrazaba era Shizuka. Acto seguido sintió que a cada pierna se le unían dos chicos, Chikako y Osamu.

Una rubia y un castaño saltaron respectivamente por encima de Shizuka y Musuko, uniéndose a este abrazo en grupo.

-Kibou como molas.- decía Aiko estirándose para frotarle el pelo.

-Definitivamente saldrás en mi película.- comentaba "Mishi" con alegría, tumbándose prácticamente encima de la cabeza de Motomiya.

Yuujou se las apañó para colarse entre las piernas de todos y poder abrazar también a su parte de Kibou, mientras Makoto aún miraba a su alrededor aterrado.

-Yo creo que ese monstruo todavía puede aparecer.- finalmente fijó su vista en esa bonita estampa que protagonizaban todos sus amigos y sonrió.- me encantan los abrazos de grupo.- corrió, olvidándose de Akuma por completo a tirarse como un loco a la piña, quedando patas arriba con la cabeza atrapada entre la mata de pelo de Taiyou, el pecho de Shizuka, el hombro de Kibou, los brazos de Aiko, y mientras Mike no paraba de darle zurras en el trasero.

Viendo esta surrealista pero emotiva escena estaba Tenshi, al cual Kibou buscó con la mirada. Cuando lo encontró, el rubio sonrió feliz.

-No has estado mal, para ser Kibou.- dijo, con su sonrisa encantadora, mientras extendía los brazos para abarcar al máximo posible del grupo.- buen trabajo chicos.

Y ahí, en ese espontáneo pero sincero abrazo de esos trece niños contando al bebé que casi aplastan, encontraron la recompensa a sus sacrificios, el momento por el que tantos días habían luchado, su final feliz.

Pero para mejorarlo más, empezaron a oír trotes, aleteos y voces conocidas y entonces es cuando en verdad fueron conscientes de que habían regresado al Digimundo.

Al levantar las cabezas y separarse rieron y lloraron por igual, pero ambas acciones provocados por el mismo sentimiento, la felicidad, porque rodeándoles estaban los amigos que les habían cuidado desde que eran bebés, los abnegados compañeros de sus padres.

-¡Gabumon, Piyomon!.- fue Yuujou el que rompió el hielo y corrió a abrazarse a esos dos digimons.

-Oh, mi pequeño bebé de Sora.- achuchó Piyomon, restregándole el pico, mientras Gabumon le daba unas palmadas en la espalda.

-No soy un bebé.- medio protestó el niño, más por costumbre que por otra cosa. Luego miró a Gabumon.- ¿Y Psychemon?, ¿dónde está?.- alzó la vista, pero se entristeció al no encontrarlo.

Ambos digimons también se entristecieron, pero fue Piyomon la que logró sacar ese instinto maternal.

-Lo verás pronto, no te preocupes, cuando el Digimundo sea restaurado.

Y el niño no entendió muy bien a que se refería, pero asintió, mientras los demás digimons felicitaban al resto de pequeños con gran entusiasmo.

Musuko, ya alzaba por loa aires a V-mon chocando la cabeza con la suya, cuando le alertó el trote de un caballo. Rodó los ojos con desprecio al ver al hombre que iba colgado de la cola de Centauromon, sin parar de insultarle por ser tan brusco.

-A buenas horas aparece el viejo este.

Quien sí se alegraron de verle fueron Osamu y Chikako.

-¡Señor Gennai!.- corrió el pelilila.

-¿Lo hemos conseguido?, supongo que sí porque mi papá siempre dice que tú no vienes hasta que el mal ha sido derrotado.- comunicó la pelirroja con alegría, incomodando seriamente al digi-anciano.

Tosió levemente para hacerse el interesante y sin más preámbulos se tiró a estirar de los mofletes de Osamu, mientras besaba su cabeza.

-¡Lo habéis conseguido!, ¡no puedo creerlo!, ¡gracias!.- decía como un histérico, ante el apuro de Ichijouji que no sabía como actuar y las risas del resto.

Todos estaban relajados, disfrutando del momento y de este maravilloso reencuentro, excepto Taiyou, que llamó seriamente al anciano del Digimundo.

-Oye viejo…

-¡Más respeto!.- le dio un coscorrón en la cabezota.

-Ahora también me pega este…- susurró en dolorido.

-Hola pi…

-¡Waa!.- dio un grito de terror al ver a su lado a ese hada digimon que tanta golpiza le daba, pero no se dejó intimidar y tras coger a Wormmon, que pasaba por ahí y ponérselo en la cabeza, para que hiciese una función de casco, volvió a dirigirse a Gennai.

-Señor…- llamó ahora en tono de niño bueno.-… ¿y nuestros papás?, los vimos pero ya no están.

-Eso es bueno niño, esos quiere decir que volvieron a su mundo, que la distorsión desapareció, ¡que lo habéis conseguido!.- se tiró eufórico a estirar de los mofletes a Yagami, con tanta fuerza que lo derribó.

Mientras, otros digimons encabezados, nunca mejor dicho dado el tamaño de su cabezota, por el inconsciente de V-mon, celebraban la victoria jugando al futbol con un original balón que habían encontrado por ahí. Claro que cuando Gennai fue consciente de eso, abrió tanto los ojos que casi echan a andar y después apresuró a darle una patada de karate al compañero de Daisuke, para que dejase de jugar con eso.

-¡Sois idiotas! ¡no toquéis eso!.- exclamó, jadeante y con el temor en el cuerpo.

-¿Por qué?.- preguntó con naturalidad Gomamon.

-Porque es…. ¡Akuma!.- se flipó, por no perder la costumbre con un rayito detrás de él, más bien flojo, por el cansancio que acumulaba Tentomon.

En efecto, el balón de V-mon y compañía era la bola sellada por el emblema Baransu y evidentemente que escuchar eso, hizo que las caras de los niños se tornaran pálidas, empezaban a entrar en pánico.

-¡Sabía que no estaba muerto!.- exclamó Kido, lloriqueando, metiendo la cabeza en la tierra.

-Pero es imposible, es… es… ¡Tú viejo senil haz algo!.- gritó Minako en la cara del pobre digi-humano.

Kibou y Tenshi ya habían endurecido su expresión y se temieron lo peor cuando en ese cielo azul y resplandeciente empezaron a formarse unos remolinos, como nubes de diferentes colores, por los cuatro puntos cardinales.

-Chicos, tranquilos.- trató de mantener la calma Motomiya, sin bajar la guardia en ningún momento.

-Esto está demasiado obsoleto.- añadió Taiyou, mirando su alrededor con recelo.

Justo encima de sus cabezas la luz que más potente brillaba era una azul, hasta que pudieron empezar a distinguir una enrome cola envuelta en cadenas cubriendo toda esa parte de cielo, seguidamente ese ser mostró su cabeza y los niños respiraron de alivio.

-Alucinante, es más grande de lo que imaginé.- susurró Osamu impresionado.

-¿No es malo?.- preguntó Makoto, atreviéndose solo entonces a levantar la cabeza.

-Azulongmon.- lo reconoció Tenshi, sonriendo ilusionado.

Miraron a su alrededor, viendo a los otros digimon que cubrían las otras partes del cielo, pero ya mucho más lejanas, al norte, la luz que predominaba era amarillenta, la correspondiente a Ebonwumon, el cielo estaba rosado hacia el sur debido a Zhuqiaomon y al oeste, Baihumon lo tornaba más anaranjado.

-Niños elegidos.- tomó la palabra el digimon al que le correspondía la zona en la que se encontraban, el Este, o lo que era lo mismo, Azulongmon.- habéis hecho un gran trabajo, no solo venciendo ese demonio maligno sino que restaurando el equilibrio, muchas gracias, el Digimundo está en deudas con vosotros. Sin embargo el daño sufrido ha sido muy grave y va a ver que restaurarlo por completo…

-¿Podemos ver a nuestros papás?.- interrumpió Taiyou, sin hacer el menor caso a lo que hablaba.

-No interrumpas a Azulongmon.- le dio un nuevo coscorrón Gennai, para luego sonreír a la bestia sagrada.- esto… ya que restauráis el Digimundo por completo, ¿podrías volver a hacerme joven?

El ignorado esta vez fue el digi-humano, porque el guardián del Este prefería contestar la pregunta de Yagami.

-Utilizad vuestros corazones para traerlos.

Los niños se miraron los unos a los otros y sonrieron, seguidamente, sacaron sus digivices y se concentraron al máximo y la puerta no tardó en abrirse, un remolino de colores se apareció ante ellos.

-Claro, el corazón une los mundos.- asintió Patamon, mientras se depositaba encima de la cabeza de Tenshi.

...

En el mundo real, la gente estaba a cada segundo más confusa, sin entender que había sucedido y lo más importante sin creerse que ya todo había pasado y había vuelto a la normalidad, entre ellos, como no, se encontraban lo preocupados padres de los héroes.

-Y ahora que…- preguntaba Keiko cardíaca.

La respuesta vino en forma de un bonito remolino con los colores del arco iris.

Taichi buscó con la mirada a sus compañeros de aventuras para asegurarse que estaban compartiendo con él los mismos sentimientos de emoción, porque sentían como los corazones de sus hijos conectaban con los suyos.

-¿A qué estás esperando Yagami?.- preguntó Ishida divertido, mientras abrazaba a su esposa y con la otra mano sacaba su digivice.

-¡Adelante!.- dio la señal y de sus dispositivos salieron esas luces sagradas que les permitieron realizar este apasionante viaje al Digimundo, el cual nunca se cansarían de hacer.

De la impresión que les dio ver el cielo del Digimundo cubierto de las todopoderosas cuatro bestias sagradas, casi ni se percataron de que los gritos de alegría y júbilo de sus hijos, que ya correteaban hacia ellos. Claro que en seguida olvidaron esa estampa que con suerte se veía una vez en la vida, hasta Koushiro no dudó en apartar la mirada del cielo para enfocarla en lo más importante y maravilloso que existía para él, su hija.

-¡Papá, mamá!.- corría Taiyou, el más emocionado.

-Hijito.- se arrodilló Akane para abrazarlo, achucharlo y hasta elevarlo en sus brazos como cuando era un bebé.

-Mi orgullo.- felicitaba Taichi, sin hacer nada por controlar sus lágrimas, besando la cabeza de su hijo.

-Gracias papá, ¿y mi hermanito?, ¿está bien?.- preguntó con un deje de preocupación.

-Ahora que te tiene a ti, está perfecta.- aseguró el moreno.

Una estampa similar también la protagonizaba el pequeño Yuujou, que ya había sido alzado por lo aires por sus orgulloso padre, mientras su hermana se abrazaba con cariño a su madre.

-… y no lloré papi…- contaba el niño, luego miró a su hermana, que negaba con una gran sonrisa, restregando sus lágrimas en el vientre de su madre.- bueno solo un poco, pero no soy un bebé.

-Claro que no, si eres hasta más alto que yo.- estiró los brazos Ishida, elevándolo hasta el cielo.

-Mis pequeños.- susurraba la pelirroja, que ahora buscaba también besar a su benjamín, mientras Aiko saltaba a su padre.

-Pero estás bien, ¿estás bien de verdad?.- preguntaba Koushiro, escaneado a su hija por todos los ángulos.

La niña se tiró al cuello de su padre y le proporcionó un cariñoso beso en la mejilla, cosa que no hacía muy a menudo con él.

-Te quiero mucho papá.

-Y… y yo.- correspondió emocionado el compañero de Tentomon.

Una mujer lloraba de forma escandalosa abrazando, más bien asfixiando, a su principito.

-Mi Mishi, que orgullosa estoy de ti…

El joven se separó un poco y entonó una voz adulta.

-Madre, ahora soy MK.

Y Mimi volvió a llorar desconsolada, acariciándolo y achuchándolo.

-Mi Mishi, cuanto te quiero.

Haciéndole la competencia en lloros, se encontraba Miyako, que en estos momentos hubiese deseado ser un pulpo para poder abarcar a todos sus niñitos, al que ya tenía bien cogido era a su Yoshi, pero milagrosamente también lograba acariciar a Minako y Osamu.

-Lo habéis cuidado muy bien, lo habéis hecho muy bien, estoy orgullosa de vosotros.

Ken no dijo nada, sus lágrimas hablaban por él, mientras realizaba un abrazo en familia.

-¿Me he ganado ese conjunto tan chulo que no me querías comprar, verdad?.- preguntaba Minako, aprovechando la situación.

-… y entonces estábamos rodeados de Bakemons y dije, ¡eh, camuflémonos entre ellos!, y así es como les salve.- narraba Makoto, adornado un poco la historia para quedar como más héroe, mientras Momoe no dejaba de achucharlo y Jyou lloraba orgulloso a cada palabra.

-¡Por fin la palabra héroe va al lado del apellido Kido!.- dijo un tanto contenido, imaginándose la foto de su hijo al lado de la palabra valor en todos los diccionarios del país.

Otra que no podía estar más contenta era Shizuka, ya que no podía ni recordar cuando fue la última vez que sus padres le abrazaban así y le daban tantas muestras de cariño.

-Estamos orgullosos de ti.- decía Iori emocionado.

-Solo he hecho lo que tú harías.- respondió la castaña, recibiendo el nuevo abrazo de su padre.

-¿Estás bien, de verdad?.- inspeccionaba Keiko angustiada, por ver la sangre seca en la frente de su hijo.

-Sí mamá…- respondió este dejándose abrazar por su cariñosa progenitora, mientras Daisuke no paraba de reír y de frotarle la cabeza orgulloso.- por cierto…- miró a su padre temeroso.- los siento, pero… se me rompieron las goggles.

El rostro del empresario se tornó rojo, rojo furia concretamente, pero la mirada asesina de su mujer y también su sentido común y sobretodo su corazón hicieron que el enfado se diluyese antes de aparecer.

-Lo importante es que tú estás bien, idiota.- lo abrazó contra él, de una forma bastante brusca, para besarle donde deberían estar esas goggles.

Dos que estaban un poco perdidos eran Tenshi y Kibou, que no paraban de mirar para ver si sus padres aparecían, empezándose a inquietar por su ausencia.

No obstante, también había gente para recibirlos, Yamato no dudó en atrapar a su sobrinito y elevarlo también alto como si fuese un crío ante las protestar divertidas de este y Taichi lloró de emoción al ver a su amado sobrino tan vivo y apresuró a abrazarlo y tomarlo en brazos.

-Kibou, mi Kibou, sabía que saldrías de esta.

-Tito…- correspondió el abrazo el joven, para volver a mirar el horizonte.- ¿y mamá?

Como si hubiese escuchado su llamada, una nueva puerta se estaba abriendo y ambos niños sonrieron con fuerza, cuando vislumbraron las figuras de sus padres.

-¡Papá!.- corrió como una exhalación el rubio.

-Venga Tenshi, que al final se te va a enfriar la cena.- llamó totalmente relajado Takaishi abriendo los brazos para recibir a su heroico hijo.

A la que se le detuvo el corazón fue a Hikari, viendo de pie, mirándole y hasta sonriéndole, a su pequeño, el niño del cual el último recuerdo que tenía era atacándole, convertido en un monstruo, el niño al que había velado durante días en una cama, el niño que vio morir, su vida, su razón para existir.

Se llevó las manos a la boca, llorando desconsolada, estaba tan sobrecogida por el reencuentro que hasta le flojearon las piernas y cayó de rodillas sin poder dar ni un paso hacía su hijo y por supuesto que al ver eso, fue el castaño el que corrió como una bala al encuentro de su madre.

-Mamá…- se abrazó a ella, derramando las primeras lágrimas desde que había vuelto a la vida. Sintiendo de nuevo esa sensación de bienestar que solo le producían los brazos de su madre, el amor de su madre.

-Mi bebé, mi chiquito, mi Kibou…- lloraba la mujer aferrándose con fuerza a su cuerpo, no quería despegarse de él nunca más.

-Mamá… perdona, perdóname por haberte hecho sufrir.- suplicó un perdón, completamente innecesario.

Era el momento más esperado por todos, la estampa más tierna, la de hijos y padres de nuevo reunidos, primera y última generación. Cuando la euforia inicial acabó y los abrazos y los lloros fueron cesando un poco, por fin volvieron a prestar atención a los digimons gigantes que se expandían en todo el cielo.

-Habéis hecho un gran trabajo, todos, porque el trabajo de toda vuestra vida era para esto, para llegar a este día, los nueve primeros elegidos y el poder de sus emblemas, los digielegidos que portaron el poder armor y ahora los catorce últimos elegidos que habéis devuelto el equilibrio y sellado el mal para siempre. Esto ha sido un trabajo de años y el Digimundo os agradece vuestra dedicación, vuestro esfuerzo y sobre todo, vuestros corazones puros, que fueron los únicos capaces de obrar el milagro. Gracias.

Esas palabras llenaron de emoción a todos los presentes y un sentimiento cálido les embriagó, convencidos de que ese sentimiento les acompañaría de ahora en adelante, toda su vida.

Las cuatro bestias comenzaron a moverse, mientras la bola oscura, sellada por los emblemas y Baransu flotaba justo en el centro, en donde brillaba cada vez con más intensidad una preciosa luz dorada. A penas duró unos segundo su aparición, la del quinto digimon sagrado, un dragón dorado que fue el que se llevó la bola, justo después de eso, las cinco bestias desaparecieron y el cielo regresó a su normalidad.

-Alucinante.- dijo Osamu, todavía impactado por esa fugaz aparición.

-¿Quién era?.- se atrevió a preguntar Taichi.

-¡Huanglongmon!.- asintió Gennai, haciéndose el sabio, mientras Tentomon hacía eso con lo que tanto disfrutaba como eran los rayos y relámpagos.

-¿Existe de verdad?.- preguntaba Koushiro atónito.

-Ahora que el emblema Baransu ha sido restaurado, él ha sido liberado para cumplir su misión, guardar ese emblema y perpetuar el sello del demonio Akuma.

Lentamente, se fueron recuperando de esta aparición, a creerse de verdad que todo había terminado y a, por supuesto, volver a abrazar a sus queridos hijos.

Una que no dejaba de atosigar a su pequeño era Hikari, no era para menos. Fue en uno de sus abrazos cuando descubrió la extraña marca que llevaba grabada en la nuca.

-Kibou, ¿estás bien?.- preguntó examinándolo con preocupación.

El niño la miró y medio asintió.

-¿Y donde está papá?.-preguntó, ahora eso era mucho más importante para él que cualquier marca.

La maestra se mordió el labio inferior angustiada, buscándolo con la mirada, porque no tenía ni la menor idea de cual había sido su destino, ya que cuando Akuma fue destruido, ella reapareció en el hospital junto a Takeru, por lo que seguramente su marido permanecería en esa habitación del mar de la oscuridad.

-¡Ayudadme!.- ese grito alertó a todos en especial a Hikari, porque provenía de su compañera.

Así era, la digimon gato, que había servido de anfitrión del emblema Baransu se acercaba hasta ellos, llevando como podía al inconsciente Yuuto Hayashiba.

-¡Papá!.- corrió el muchacho.

-¡Yuuto!.- le siguió Hikari.

Todos se interesaron por el recién aparecido, observando con el corazón en un puño como Jyou le buscaba el pulso.

Tras unos segundos en absoluto silencio, que fueron los más eternos para todos los presentes, en especial para Hikari y Kibou, el médico de digimons habló.

-Es muy débil, pero tiene pulso.- anunció, provocando la alegría el Kibou y un gran suspiro de alivio en Hikari.

...

No se esperaron más y Yuuto, acompañado de su familia, fue trasladado al mundo humano, necesitaba cuidados médicos urgentemente. Los demás no tardarían en acompañarlo, pero antes, sentían la necesidad de hacer una cosa, tenían que acudir a un entierro.

El lugar elegido fue el que consideraban más bonito y esperanzador del Digimundo, pese al desastroso estado en el que se encontraba ahora, se trataba de la ciudad del comienzo.

-Eran tan bonitas…- lloriqueaba Daisuke, sin duda el más afectado.

El hombre que tenía al lado le dio un merecido coscorrón.

-¡Si lo llego a saber nunca te las regalo!

-Lo siento capitán Taichi.- se disculpó Motomiya, caponeando a su hijo.- ¡la culpa es de este!

Y Daisuke se volvió a llevar un capón, pero esta vez de su esposa.

-Lo ves Momoe…- hablaba Jyou con su esposa.- te tengo dicho que tenemos que dejar de quedar con esta panda de frikis y tú no me haces nunca caso.

Yamato que estaba a su lado, lo miró sorprendido.

-¿Eso lo dice el idiota que se pone un piercing a los cuarenta?

Kido se lo tocó molesto.

-Por cierto, tienes canas.- metió más el dedo en la yaga Ishida, deprimiendo a Jyou. Seguidamente habló para su esposa.- Sora tenemos que ampliar nuestros círculos sociales.

-¡Más respeto!.- se oyó bramar a Taichi, ya harto del cuchicheo en un momento de duelo como este.

-¡Estamos enterrado unas goggles tarado!.- despotricó Ishida, para después resoplar al cielo.

Los niños no decían nada, observaban la escena conmovidos, ya que el entierro de ese preciado objeto era una señal de su esfuerzo y de que en verdad su lucha había finalizado, podían descansar en paz como harían esas gafas. Quien dejó que se le reflejasen en sus grandes ojos marrones fue su último portador, el tercero en total, él que, tal vez más las echaría de menos y más había aprendido de ellas, no pudiendo evitar que recordase uno de los días más felices de su vida, el primer día en el que se sintió valiente de verdad, el día que recibió esas goggles de su padre.

...

...

Un niño de unos seis años llegaba a casa después de la escuela. Al oír la puerta su padre le llamó eufórico ya que hoy había hecho un gran progreso que quería compartir con su vástago.

-¡Musuko ven aquí ahora mismo!, no te lo vas a creer pero he pasado la pantalla de Machinedramon, yo solo.- terminó de hablar dirigiendo la vista al niño que asomaba.

Tiró el mando de la consola muy malamente al ver el estado que traía su pequeño; la ropa manchada y desgarrada y la cara con algún que otro moratón.

-¿Pero que ha pasado?

-¡Aaaah!

Ese grito histérico venía de su madre, que como todas las madres, exageraba al máximo una pequeña lucha infantil. Mientras Keiko iba a por el botiquín para realizarle las oportunas curas, Daisuke, ejerciendo más o menos de padre, le examinaba un poco por encima.

-Hijo, ¿con quien te has peleado?

-Con ese idiota de Wada.- contestó el muchacho furioso, sin poder aguantar las lágrimas, no de dolor, sino de rabia e impotencia.

-¿Y por qué ha sido?… oh, no me digas que porque ha insultado a los Verdy, sí es así, yo mismo le partiré la cara.- empezó a acumular ira, Motomiya padre.

-No… es… es, que soy un fracasado.- bajó la vista el niño, sintiéndose incapaz de mirar a su heroico padre. No se sentía digno.

Levantó el rostro de nuevo al sentir su mano en la cabeza y ver su sonrisa, en la que reflejaba un gran orgullo, pasase lo que pasase.

-Cuéntamelo.

-Es… es que… es porque… Minako estrenaba gorra, era muy fea, pero a ella le gustaba y estaba muy feliz y ese idiota de Wada y otros niños se la quitaron y empezaron a jugar con ella y… y… Minako empezó a llorar y yo les dije que no debería hacer eso, que aunque la gorra sea fea a ella le gusta y no está bien tratar así las cosas de otras personas, pero se rieron de mí me empujaron y siguieron jugando con la gorra, hasta que la tiraron fuera y pasó un coche y la rompió y Minako lloró más y… y… yo me cabreé mucho y le pegué a ese idiota con todas mis fuerzas pero él me pego más y los otros chicos y… al final Minako se quedó sin su gorra y yo no pude hacer nada, perdí, soy un fracasado.

Al terminar su historia, rompió a llorar ahora sí de tristeza, no obstante, la sonrisa de Daisuke seguía imperturbable, incluso se había ampliado.

-Espera un segundo.- dijo, mientras se perdía por el interior de su habitación.

El pobre niño ya estaba lleno de tiritas, debido a que Keiko ya estaba realizando una de las labores que más dominan las madres, la de enfermera, entonces Daisuke reapareció y Musuko no se creyó lo que llevaba en su mano, sus goggles.

Sin más preámbulos, Motomiya padre se las colocó en su cabezota y Musuko supo que jamás olvidaría este día.

-Hoy has demostrado mucho valor hijo, nunca vas a poder proteger a todo el mundo y no por eso eres un fracasado, pero sé que lo intentarás y no te rendirás nunca y estás goggles serán el símbolo de tu corazón valiente y de tu deber para con las personas más débiles.

Considerar a Minako Ichijouji una persona débil era atrevido, pero el mensaje era claro, Musuko Motomiya ya era digno heredero del valor.

-Gracias papá, las cuidaré mucho.- susurró, sin apenas voz debido a la emoción.

-Eso espero.- le zarandeó del cogote Daisuke, también bastante conmovido, ya que desde que su hijo nació había esperado con ganas este día.- y recuerda Musuko que… ¡el coraje te dará alas para volar!

-¿De verdad?.- preguntó el niño ilusionado.

-Ajá…- asintió el hombre, sintiéndose por primera vez padre.

Lo que no se esperaba, pero debería haberse imaginado era que un niño de seis años y encima apellidado Motomiya, se tomase esa frase de forma literal.

Entró en pánico cuando lo vio todo decidido tratando de tirarse por la terraza.

-¡Pero que haces!.- se llevó las manos a la cabeza Daisuke.- ¡que es una metástasis!, ¡metástasis!

-¡Dirás metáfora!.- corrigió Keiko, apresurando a tomar a su inconsciente hijo en brazos.

Pero al pobre Daisuke eso le aterró aún más.

-¿¡Tiene un tumor!

...

...

-¡Me gustaría decir unas palabras!.- exclamó, tras salir de su ensoñación, ganándose varios suspiros de abatimiento de los mayores y las miradas emocionadas de los pequeños.

-Adelante.- le dio el visto bueno Yagami padre.

El chico sonrió satisfecho.

-Sé que solo eran una goggles bastante viejas, pero todos los que estamos aquí sabemos que eran importantes por otros motivos, eran un símbolo. No solo simbolizaban el valor de quien las portase, sino de todo su grupo, pero ahora están rotas y puedo decir, que mi valor y el de mis compañeros es más fuerte que antes y que jamás se extinguirá, que no necesitamos unas goggles para saber a quien mirar, porque nuestros corazones ya están conectados, todos hemos demostrado ese valor. Gracias chicos.- finalizó, llevándose una gran ovación de niños, digimons y ex -goggle boys y un poco más pausada del resto de adultos.

La tierra comenzó a caer encima de ese pequeño objeto que durante tanto tiempo había sido el símbolo al que seguir. Uno que lo miraba más tristón era el pequeño Yuujou, mientras inconscientemente había sacado la armónica de su padre.

-Estarán solas.- murmuró, mirando a su progenitor, al que casi le da un patatús al ver su amada armónica y la mirada de su hijo. Como leyendo su pensamiento.- ¿papá?.- preguntó, como buscando su aprobación.

-Eh… uh…- finalmente logró sacar una sonrisa totalmente fingida y sonar dulce.- es tuya hijo, puedes hacer lo que… quieras.- logró decir con dificultad.

El pelirrojo sonrió satisfecho, arrojando ese objeto que tantos años había acompañado a su padre y que tan característico era del Digimundo. Seguidamente, también tiró el gorro de su madre.

En un primer momento, el resto de infantes quedaron desconcertados por el gesto del más pequeño, pero no tardaron en seguirle. Era una preciosa idea, así las goggles no estarían solas, el espíritu de todos las acompañarían para siempre. Aiko se deshizo de la bolsita rosa que había heredado de Sora, Taiyou de la cinta azul de pelo, lo que Makoto arrojó fue la bolsa de provisiones, la cual por cierto, ni había abierto en esta misión, "Mishi" lo siguió tirando el gorro rosa de vaquera, Minako se quitó la pañoleta y su hermano la chaqueta gris que su padre llevaba de niño. Luego, junto a Chikako, depositó con sumo cuidado el laptop de Koushiro, que tuvo una reacción similar a Yamato, es decir, empezó a híper ventilar. En dos trozos, pero Shizuka depositó su espada de bambú. Por último, Tesnhi se quitó ese gorro, que de blanco ya no tenía nada debido a todas las batallas que había librado y también el silbato de Kibou, el cual todavía seguía portando y solo cuando ambos objetos acompañaron a todos los recuerdos no solo de los niños sino de sus padres, la tierra los tapó para siempre.

-Hay que ver… y casi me pides el divorcio cuando nos mudamos de casa y pensé que te había tirado la armónica ¿y ahora?.- buscaba una explicación convincente la señora Ishida.

Yamato hizo un gesto como quitándole importancia.

-Sora, he madurado, además ha sido un gesto muy bonito de Yuujou.

-En tu interior deseas llorar como me pasa a mí con mi laptop, ¿verdad?.- le susurró Koushiro con acierto.

-Ajá…- contestó débilmente el deprimido astronauta.

-Al menos así, se quedará una parte de nosotros en el Digimundo para siempre.- vio el lado bueno Mimi, mientras con los brazos continuaba rodeando a "Mishi" contra su vientre, balanceándolo levemente como llevaba haciendo todo el rato.

Las miradas de todos se dirigieron hacia el digimon que se acercaba, todavía con Gennai a su espalda.

-¿Y por que te tengo que llevar a todos lados?.- murmuraba Centauromon con fastidio.

-¿Porque destrozaste mi casa?.- respondió el viejo, saltando de su caballo particular, casi destrozándose la cadera. El pobre no estaba para estos trotes.

-¿Qué quieres viejete?.- tomó la palabra Daisuke, en su tono divertido habitual.

Como de costumbre, Gennai lo ignoró y se dirigió a los demás.

-Ya es hora de iros, el Digimundo va a cerrar sus puertas para restaurarse y si os encuentra…

-Sí, sí, lo de siempre.- hizo un gesto de repetición con la mano Miyako.- … nos considerará objetos extraños y la diñaremos, ahora nos vamos.

-Exacto.- continuó el digi-humano con sobriedad.- pero no solo eso, será mejor que os despidáis de vuestros compañeros, todos.

-Vale, hasta luego Gomamon.- le dio una chapada a su amigo Jyou.

-Despedíos mejor, tenéis tiempo.- repitió Gennai.

-¡Pero que exagerado eres!.- habló con optimismo Miyako.- ¿cuanto tiempo vamos a poder estar sin venir?… ¿dos días?, ¿tres?… lo resistiremos.- dijo mirando con complicidad a Hawkmon.

-En realidad, la puerta no se volverá a abrir hasta dentro de… ¡720 años!

Fue tan impactante la noticia que Tentomon no pudo controlar su rayo y le chamuscó un poco el cogote a ese anciano. Pero al margen de esto, absolutamente todos; niños, digimons y adultos, entraron en pánico, no queriendo creerse que esto fuese verdad, que después de todos sus esfuerzos los niños no pudiesen volver a ver a sus compañeros, disfrutar de su amado Digimundo, que esto se acabase para siempre. Simplemente no podían aceptarlo, era una parte demasiado importante de sus vidas como para prescindir de ello. El Digimundo y por tanto los digimons ya formaban parte de ellos, eran su otra mitad.

-Debe ser un error, no puede ser posible.- apresuró a buscar una explicación lógica Koushiro.

La respuesta de Gennai fue negar con la cabeza afligido, para él también era duro comunicar esta noticia.

No podían creer que esto sucediese, sin duda era una de sus mayores pesadillas.

-¿Y para eso hemos luchado tanto?, ¡para no poder volver a ver a Yokomon!.- se alteró Aiko, Sora trató de reconfortarla rodeándola con el brazo, pero esta despreció este gesto. Estaba demasiado enfadada y exigía una explicación.

-Aiko, tienes que pensar...- tomó la palabra Koushiro, tratando de mantener ese entereza característica de él.- que, ella va a vivir, al igual que todos nuestros compañeros, aunque ya… no podamos… seguir disfrutando de ellos.- finalizó, con dificultad. Esto era demasiado doloroso para todos.

-Pero… no es justo.- susurró destrozada, ahora sí, dejándose consolar por su madre.

La reacción de Aiko era la representación del estado de ánimo de todos sus amigos, que no podían creer que esto terminase así, todos menos Yuujou, que como de costumbre no se enteraba de nada, a parte de que en su inocente cabecita esta noticia era algo imposible de digerir.

En cualquier caso, 28 años después la historia se repetía y humanos y digimons volvían a tener que separarse, todo hacía indicar que para siempre.

...

-Menudo digi ¡buuh!… ¿eh Sora?.- articulaba con mucha dificultad la sentida Piyomon.

-Es deja vu Piyo y más que deja vu esto es una pesadilla.- continuó la mujer, tratando de hacerse la fuerte sin conseguirlo.

La cariñosa ave observó a su Sora, con la misma devoción, cariño y hasta admiración con la que le llevaba obsequiando 28 años. Dejó salir una triste sonrisa pensando en lo mucho que echaría de menos aprender esas palabras tan difíciles que utilizaba su amiga como "automáticamente".

Pese a que su mundo estuviese devastado, pudo sentir como le cubría la sombra de un árbol, ahora con las ramas totalmente secas, pero tenían pinta de seguir siendo consistentes.

-Oye Sora, igual como ahora ya eres mayor y no estás gorda sino que has sido madre.- dijo con tacto, empezando a enfadar a Takenouchi, porque vale que no había recuperado del todo su figura desde su última maternidad, pero ya estaba hasta las narices de que se lo restregasen.- igual… ya no te quieres subir pero…- continuó mirando el árbol.

-¿Por quien me tomas?.- inquirió la mujer con los brazos en jarra, le habían dado en una de las cosas que más le dolía: su orgullo.- te demostraré que sigo siendo esa chica atlética que conociste.

Tras intentar trepar, hacer un poco el ridículo y que Piyomon terminase empujándola del trasero para que pudiese subir, las dos amigas volvían a despedirse en su sitio favorito.

-Definitivamente voy a retomar el tenis y el ejercicio.- bufaba la pelirroja, haciendo algún que otro estiramiento.

-Estás bien así.- contestó la digimon con tristeza, dibujando una tierna sonrisa en su amiga y haciendo que la abrazase al momento.

-¿Sabes?, la primera vez que nos separamos estaba convencida de que…

-¿Nos volveríamos a ver?.- interrumpió Piyomon esperanzada.

-En realidad… no.- la deprimió más si puede Sora.- estaba convencida de que toda esa aventura al final quedaría como un verano fantasioso que con el paso de los años no sabría si había sido real o una hermosa alucinación.- explicó la diseñadora con nostalgia.- pero por suerte me equivoqué y pasaste a formar ya no solo parte de mis recuerdos, sino que parte de mi vida y… ha sido la mejor vida que podría haber imaginado. Te debo mucho Piyo, si no es por ti, seguro que ahora sería una solterona amargada que no se hablaría con su madre y no la querría nadie.- comentaba, pasando las manos por las mejillas, tratando de impedir que las lágrimas siguiesen saliendo.

-No digas eso Sora, tú eres maravillosa y todo el mundo te quiere por lo que eres y además siempre me has cuidado mucho, eres como una madre para mí.

-Piyomon.- la abrazó con fuerza contra su pecho.

-Me hubiese gustado ver crecer a tus bebés… y sobre todo ver la cara de Yamato cuando la pequeña Aiko tuviese su primer novio.- rió, tratando de calmar la situación.

La mujer también sonrió, la acarició y la volvió a abrazar.

-Te quiero mucho Piyo, gracias por todo.

...

Un hombre y un digimon compartían juntos las misma visión de ese devastado lago, el lago que tantos recuerdos les traía porque fue donde sus lazos comenzaron a unirse para siempre. Permanecían en absoluto silencio, como en casi todos los acontecimientos importantes de sus vidas, las palabras sobraban, bastaba con sentirse el uno al otro.

-Te pediría que tocases la armónica pero ya ni eso puedo.- rompió el silencio Gabumon, recordando cual era el único sonido que permitían que rompiese este perfecto silencio.

El rubio suspiró y bajó la cabeza.

-Lo siento.

-Era broma.- respondió su amigo, también abatido.

Yamato continuaba con la cabeza gacha, tal vez, porque estaba llorando y no quería que nadie le viese en ese estado, ni tan siquiera su compañero del alma.

Gabumon lo miró y frunció el ceño, él mejor que nadie conocía a su amigo y lo que estaba haciendo no le gustaba nada, porque se estaba encerrando en sí mismo, ¿y si una vez que se fuese seguía con esa actitud?, no podía permitirlo y solo encontró una forma de hacerlo reaccionar: clavar sus dientes en su pierna.

-¿Qué haces?.- le dio un empujón Yamato, al notar esa mordedura y mostrando así que las suposiciones de Gabumon eran ciertas, estaba llorando.

-Solo asegurarme de que no hagas el tonto, tienes una vida maravillosa y aunque yo no pueda estar a tu lado físicamente la vas a seguir teniendo y no quiero que lo estropees por nada, ¡has entendido!, no estaré ahí para morderte la pierna y hacerte reaccionar, por lo que me lo tienes que prometer Yamato, ¡prométeme que serás feliz!.- saltó Gabumon con enfado, sin hacer nada por retener sus lágrimas y conmoviendo como nunca a Yamato.

Aunque no estuviesen juntos, su amigo seguiría estando en su corazón y estas palabras eran muestra de ello. No le costó mucho esfuerzo dibujar una sonrisa y tomar de las manos a su amigo.

-Te lo prometo Gabu y no te preocupes, le enseñaré a Garu a morderme la pierna por si acaso.- finalizó, tratando de poner ese toque de humor.

El digimon solamente sonrió y asintió satisfecho. Si Yamato le había prometido ser feliz, él podía estar tranquilo.

...

-Ahora que ya empezábamos a compenetrarnos como equipo.- hablaba un hombre con rabia, a la orilla de ese lago casi seco.

El digimon que estaba a su lado, asintió tristemente.

-Sí, yo aplastaba a los digimons y tú les curabas, ¡un plan perfecto!.- siguió Gomamon, con su tono burlón habitual.

Kido frunció el ceño y lo miró atentamente.

-¿Acaso tienes algo en contra de mis técnicas curativas?

Gomamon hizo aspavientos con los brazos, negando con velocidad.

-Claro que no Jyou, en realidad eres el mejor médico de digimons que conozco.- se disculpó. Teniendo en cuenta de que era el único médico de digimons de momento, esas disculpas no tenían mucho valor, menos mal que Jyou estaba demasiado triste como para darse cuenta de que esa foca continuaba vacilándole.

-Te iba a pedir que me dieses la mano, pero creo que después de 28 años haciendo la misma broma, no tendrá gracia.- dijo el médico con nostalgia.

-Bueno Jyou, yo creo que los grandes clásicos siempre tienen gracia.- continuó Gomamon, tendiéndole la zarpa.

El hombre sonrió, mientras inevitablemente las gafas se le humedecían de la emoción. No dijo nada, le acarició la cabeza y se llevó ambas manos a la oreja izquierda, para quitarse por fin ese ridículo piercing.

-Toma Gomamon.- se lo entregó y el digimon lo miró con desconcierto.

-¿Para que quiero esto?

-Bueno, te pega con esa cresta que llevas.- sonrió Kido.

-¿Eso significa que vas a dejar de hacer el ridículo?.- indagó el digimon, poniendo de los nervios a Jyou, el cual solo encontró una salida.

-¿Me das la mano?

...

-Así que 720 años, eso es muchísimo tiempo, ¿en serio no hay un error?, yo creo que sí…- metía una considerable chapa Koushiro a Gennai.

-Koushiro…- llamaba Tentomon por enésima vez y como las anteriores era ignorado por Izumi, que seguía mareando a Gennai.

-Porque yo creo que eso realmente es imposible con la tecnología que disponemos ahora…

-¡KOUSHIRO!.- perdió la paciencia Tentomon, cosa bastante difícil y el informático tuvo que dejar de hacerse el tonto y prestarle atención.

-¿Qué quieres Tento?, ¿no ves que estoy hablando?.- disculpó de mala gana, señalando a Gennai, el cual ahora roncaba como un cerdo.- estaba…- corrigió, tornándose un poco rojo.

-Sé lo que estás haciendo Koushiro, estás tratando de evitarme para no tener que despedirte de mí.- explicó el digimon insecto con acierto.

Izumi rió forzosamente.

-Eso no es cierto Tentomon.- le quitó importancia, tratando de no mirarle demasiado.

-Koushiro-han…- le llamó de esa forma tan especial que solo empleaba él.

El pelirrojo bajó la mirada, incapaz de ocultar la tristeza que le invadía en este momento, porque así era, aunque pasasen los años, Izumi seguía siendo muy malo para mostrar sus sentimientos y mucho menos en despedidas tan dolorosas como esta, ya que no solo dejaba a su compañero, también dejaba su corazón en ese lugar.

-Lo siento Tento, ya sabes que no soy muy bueno para estas cosas.

-Ya lo sé.- respondió el insecto, también sin saber lo que decir.

-De todas formas.- alzó la cabeza Koushiro, para luego hacer una formal reverencia.- muchas gracias por cuidar de Chikako en esta aventura y te agradecería mucho que también cuidases de Motimon cuando renazca porque Chikako le quiere mucho…

Y el pobre Tentomon cayó patas arriba, enrojeciendo más si puede a su compañero, que al ver su caída no pudo evitar reír, sintiéndose un poco ridículo.

-Tú siempre tan formal.- negó el digimon divertido.

El antiguo portador del conocimiento se llevó la mano a la nuca, tratando de excusarse.

-Lo siento Tento, lo hago lo mejor que puedo.

En un acto repentino el digimon se subió a su espalda y este lo miró confundido.

-No importa Koushiro-han, me encanta como eres.

-Gracias.- se ruborizó todavía más el genio.

-Aunque, estaría bien que le prestases más atención a Chikako, porque a veces, te sumerges en tu mundo y te olvidas de todo, también de ella.

El hombre escuchó la regañina con atención, se sintió fatal por esas palabras, más porque aunque lo hiciese de forma inconsciente, eran de lo más acertadas.

-Mejoraré en eso también, gracias.- volvió a asentir con su educación habitual, provocando que esta vez, por tenerlo encima, cayesen los dos, eso sí, entre divertidas risas.

...

Por una zona selvática, que como todo ahora estaba desangelada, era una mujer la que gritaba sin descanso el nombre de su compañera, sintiéndose a cada paso más apenada por pensar que esa dichosa planta le volviese a hacer lo de hace 28 años. Se negaba a pensarlo, no después de todo lo que habían vivido.

-¡Palmon como me lo vuelvas a hacer no te hablo en la vida!, ¡Palmon!.- trataba de amenazar sin ninguna convicción, la cada vez más descompuesta Mimi.

Así era, escondida entre las plantas, una vez más Palmon la miraba, llorando con intensidad.

Finalmente Mimi se cansó de andar para un lado y para otro, sentándose en una rama en el suelo y con las manos cubriéndose el rostro empezó a llorar más amargamente.

-Palmon… te odio… eres mala.- decía entrecortada como esa niña desvalida que una vez fue y tal vez seguía siendo.

Escuchar eso y los gimoteos de su compañera llegaban al alma a la digimon planta, pero es que no se sentía capacitada de decirle adiós a Mimi para siempre, era demasiado horroroso. Estuvo a punto de mostrarse, pero en el último segundo se echaba atrás, hasta que notó una presencia en su espalda y supo que había sido descubierta.

-¿Qué haces?.- dijo ese niño con gran enfado y Palmon rompió a llorar todavía más, ya que ahora también tendría que despedirse del adorable hijo de Mimi.

-Mishi…- se llevó las garras al rostro.

No obstante el chico se mostró entero, demostrando así lo mucho que había madurado en esta aventura.

-Estás haciendo llorar a mammy y eso no se lo consiento a nadie.- dijo ya sin tanta firmeza, estaba a punto de romper a llorar.

-Es que es demasiado horrible…

-Pues imagínate para mí, yo ni siquiera puedo ver a Tanemon.- explicó, sobresaltando a Palmon, ¿desde cuando ese niño vivía en el mundo real?

Aunque sin saberlo, su conversación había sido escuchada por Tachikawa, que ya se acercaba a ellos.

-Palmon…

Al escucharla, Palmon bajó la cabeza avergonzada.

-Mimi… lo siento, pero es que…

La cocinera ya sonreía y la abrazó con fuerza, no necesitaba ningún tipo de explicaciones.

-No pasa nada Palmon, te entiendo.- dijo, demostrando que la madre también era más madura que la última vez.

-Te voy a echar mucho de menos.- sollozaba la digimon.- si quieres hasta te dejo que me arregles el pelo…

Mimi la miró firmemente.

-Creo que está bien así, eres preciosa.- la volvió a abrazar, hasta que ese momento íntimo y especial fue interrumpido con el escandaloso llanto de Mike, porque al parecer ya había perdido su madurez y había vuelto en sí.

-¡Tanemooooon!.- gritaba entre sollozos mientras las dos chicas apresuraban a abrazarlo para tratar de consolarlo.

...

-…¿has entendido cual es el plan?.- preguntaba Daisuke son seriedad.

V-mon, sin demasiado convencimiento, asintió.

-Pero no sé Daisuke, ¿en serio crees que meterme debajo del jersey de Akane y fingir que soy su bebé va a funcionar? al fin y al cabo, ella todavía no tiene barriga.- argumentaba el digimon azul, todavía no las tenía todas consigo de ir de polizonte al mundo real como era el propósito de su compañero.

-Tú tranquilo, diremos que es porque aquí pasa el tiempo más rápido y que su bebé ya ha crecido.- siguió Motomiya, para él su plan no tenía fisuras.

Sin embargo sus palabras dejaron pensativo al digimon.

-Si el tiempo pasa aquí más rápido eso quiere decir que en vuestro mundo pasa más lento…

-¿Huh?.- revolvió la cabeza el empresario, lo que le faltaba que su amigo se pusiese en plan Stephen Hawking.

-Quier decir que… igual el tiempo, no es el mismo, en nada y eso querría decir que…

Por desgracia nunca sabremos la deducción a la que habría podido llegar V-mon, porque Daisuke ya se hartó de sus divagaciones, cogiéndole para que se pusiese en posición fetal, nunca mejor dicho, y pudiese colarse inadvertidamente en el interior de la ropa de la señora Yagami.

Sobra decir que en cuanto Daisuke, todo convencido, empezó a enredar bajo la ropa de la mujer de su mejor amigo sin ningún tipo de explicación, esta le dio un soberano bofetón, también su esposa que había visto la escena y tuvo suerte que Taichi no estuviese en ese momento con su mujer, porque sino, seguramente también le hubiese partido los morros.

Los inseparables compañeros, con sendos chichones latiéndoles con fuerza en sus cabezotas hicieron una acertada reflexión.

-Vale, igual el plan tenía alguna fisura.- reconocía el ex goggle boy. Pero en cuestión de milésimas se le ocurrió otro plan perfecto.- ¡ya lo tengo!, te esconderé dentro de la mata de pelo de Taiyou y…

V-mon ya no lo escuchó, porque algo le decía que ese plan tampoco iba a salir bien, además que no es que estuviese de acuerdo con su compañero en ir al mundo humano a vivir para siempre, a parte de porque muy seguramente acabase muriendo debilitado, él era un digimon, su sitio era este.

-Daisuke, no creo que sea buena idea que me vaya a tu mundo…

-¡¿Qué?.- se alteró por completo nada más escucharlo, dejando de pensar en su loca idea de que el pelo de Taiyou era un dibujo animado que podía albergar todo lo habido y por haber.

-Este es mi mundo, si las puertas entre los dos mundos se van a cerrar, será porque no debe haber digimons en tu mundo, así como humanos en el mío, ¿no crees?.- habló con un sensatez inaudita.

En un principio Motomiya lo iba a replicar, pero para que engañarse, por muy doloroso que fuese, en su interior, compartía los mismo sentimientos.

-Es que va a ser la primera vez que nos vamos a separar.- manifestó el moreno, sujetándose la cabeza con las manos y dando un suspiro de tristeza.

-¡Daisuke!.- se tiró hacia él V-mon, llorando como una niña.

En un primer momento, el hombre trató de hacerse el duro, pero finalmente no pudo aguantar y estalló en una gran llorera, abrazándose a su querido compañero.

-¡V-mon!

...

Esa dramática y un tanto sobreactuada escena en nada se parecía a la contenida despedida que protagonizaba el más pequeño de los digidestinados.

-Bueno Armadillomon, supongo que esto es un adiós.

-Ajá.- asintió el digimon, en apariencia por lo menos, mucho más triste que su compañero.

A continuación, Iori le tomó de la mano e hizo una reverencia con la cabeza.

-Muchas gracias por haber estado a mi lado todos estos años, he aprendido mucho de ti y no sería la persona que soy ahora si no es por ti y el Digimundo, gracias.

El digimon observó y escuchó atentamente al abogado, para luego volver a suspirar.

-Ajá…- contestó, mientras miraba de reojo la escandalosa despedida de Daisuke y V-mon, para luego volver a clavar la vista en Hida. ¿Por qué él no podía ser un poco más sentimental?

Sin hacer caso al rollo que le estaba soltando ahora sobre los lazos de amistad que perduraran más allá de los mundos, Armadillomon se decidió a tomar la iniciativa, saltando a los brazos de su compañero.

-Iori… te voy a echar mucho de menos.- confesó, acurrucándose en su pecho.

Inmediatamente, el rostro del hombre se tornó rojo.

-Ajá…- logró balbucear. No estaba acostumbrado a este tipo de declaraciones, menos de un digimon.

-Iori… te quiero mucho.- volvió a hablar el monstruo, dejando sin habla a su amigo.

-Ajá…

...

No muy lejos de ahí, una histérica mujer asfixiaba a su querido digimon, que a juzgar por el color morado de su rostro, todo hacía indicar que, que su compañera se largase iba a ser una bendición. Justo a su lado, un apenado hombre, con un bebé en brazos y con un digimon gusano al hombro, suspiraba observando la desgarradora escena.

-Hawkmon…- llamaba y lloraba por igual la mujer, resistiéndose a soltar a su amigo.

-Miya… ko… yo… también… te voy… a echar de menos.- logró articular el ave, no sin dificultad. Pero aún así le daba igual, porque en verdad, iba a echar de menos esos asfixiantes achuchones.

-Oye Ken, si quieres tú también puedes estrujarme.- apuntó con amargura Wormmon.

Ichijouji, que miraba tiernamente a su bebé, el cual no soltaba a Leafmon por nada, parece que se había dado cuenta de que cuando lo dejase de agarrar ya no lo volvería a ver nunca más, negó con la cabeza.

-Lo siento, creo que eso todavía no se me ha pegado de Miyako.

Ese simple comentario hizo que el digimon verde esbozase una pequeña sonrisa, pensando en lo feliz que era viendo a su compañero tan humano y también, como no, en la pena que le iba a dar no poder seguir contemplando su cambio. Era obvio, que en él, ya no quedada nada de digimon kaiser.

-Ken, tampoco es la primera vez que nos separamos.- trató de hablar con un poco de optimismo. El detective lo miró con atención.- ya sabes, cuando eras niño, viniste a verme y luchamos juntos y luego, después de la batalla contra Magnamon, también estuvimos separados y nos volvimos a encontrar, así que…

Sin darse cuenta, él también sonreía.

-Yo creo que sí.- dijo con voz queda, para luego mirar nuevamente a su hijo y convencerse, ya que consideraba que sus hijos jamás dejarían que les separasen de sus amados compañeros para siempre.- tiene que ser así.

...

Sentado en un risco, mirando el horizonte en solitario y con una seriedad que en otro tiempo hubiese sido impensable, estaba el líder de todos ellos, el cual, desgraciadamente no tenía compañero del que despedirse.

-Mierda…- gruñó, al notar sus ojos humedecidos.

No se hacía a la idea de no volver a su amado Digimundo, de que los digimons quedasen en el olvido, que hasta en un futuro no muy lejano fuesen consideradas criaturas fantásticas que jamás existieron, y por su puesto, no podía creerse que jamás volvería a ver a Agumon y que tan siquiera se iba a poder despedir de él. Por eso permanecía ahí, en solitario, sin que nadie lo perturbarse, para poder empaparse de cada detalle de ese, aunque ahora desolado, en su corazón siempre bello paraje que era el Mundo Digital.

Se frotó los ojos con violencia para desaparecer cualquier rastro de lágrimas cuando escuchó a su nada silencioso hijo, tratando de ser sigiloso, es decir, siendo el doble de ruidoso que de normal. Cuando sintió que lo tenía a su lado, trató de sacar su mejor sonrisa.

-Lo siento.- fue lo único que dijo Taiyou, mientras trataba de contener el llanto.

Automáticamente, Taichi lo rodeó con el brazo.

-No tienes que disculparte de nada, al contrario, todos estamos en deuda con vosotros. Gracias a vuestro trabajo, no solo el Digimundo sino que también nuestro mundo se ha salvado.

-Ya…- asintió en un tono totalmente apagado, mientras se pasaba la manos por las mejillas para secarse las lágrimas.- pero es que… no voy a volver a ver a Koromon y Agumon también murió por mi culpa y tú ni siquiera te puedes despedir de él…

Le dolían en el alma esas declaraciones, pero más le dolía ver a su hijito tan abatido y sintiéndose tan culpable, de tal forma que trató de sacar esa sensibilidad y cordura que le habían proporcionado estos nueve años de experiencia paterna.

-No tienes que pensar en eso, solo piensa en que muy pronto ellos volverán a estar vivos, aunque no podamos verlo.

No era un gran alivio para un niño de nueve años, pero al menos le reconfortaba un poco.

-Pero a mí me gustaría verlos.

Nuevamente el diplomático desvió la vista al horizonte, eso sí, sin dejar de acariciar la enmarañada cabellera de su vástago.

-¿Sabes?, si estuviesen aquí no les gustaría vernos tristes.- no pudo evitar una sonrisa traviesa al recordar su infancia con Agumon.- seguro que Agumon le quemaría la cola otra vez a ese Seadramon.

Lo consiguió, Taiyou compartió su risa divertida.

-¿Y tú avivarías el fuego papá?

El adulto miró al cielo como haciéndose el despistado.

-No sé de que me hablas…- se excusó, para luego estallar en intensas carcajadas.

...

-¿Así que saldremos por aquí?.- preguntaba Takeru, señalando el precioso remolino que ya se estaba abriendo.

Porque así era, humanos y digimons ya se tenían que decir adiós. Aprovechando las últimas y apuradas despedidas de sus compañeros, Patamon, un tanto indignado, voló en el campo visual de Takeru.

-Recuerdo que la primera vez que te fuiste te dolió más separarte de mí.- rezongó molesto, no era para menos, el escritor había pasado por completo de despedidas, lloros y frases tristes.

Con una gran sonrisa, la que casi siempre adornaba su rostro, lo estiró de las orejas.

-Patamon, ¿para que nos vamos a despedir si nos vamos a volver a ver dentro de nada?.- dijo, haciendo brillar más fuerte que nunca la esperanza que siempre había residido en su corazón.

El pequeño digimon, todavía un poco dubitativo, empezó a ilusionarse con la idea.

-¿Tú crees?

-Claro.- aseguró sin dudar.- es una promesa.

...

Minutos antes de que los digielegidos abandonasen por fin su querido Digimundo, la heroica Gatomon aguardaba en esos horrorosos pasillos que tan bien conocía a base de haber pasado días y días velando a Kibou, que su compañera abandonase la habitación en la que ahora descansaba su marido.

Habían sido momentos angustiosos, debido sobretodo a la confusión, temor e histeria colectiva por el hecho de volver de ese extraño mar y que lentamente se había ido apaciguando. En cuanto eso sucedió, Yuuto y también Kibou, recibieron las atenciones médicas necesarias, aunque el secreto de lo sucedido a Yuuto residiese en la fiel compañera de Hikari.

La digimon dejó de deambular al verla precisamente saliendo de la habitación.

-Es por el anillo, Hikari.- explicó ella, al notar el confuso silencio de su amiga.- Dragomon le puso uno de sus anillos para salvarle la vida. Los médicos no encontrarán nada.

Abrumada por tanta información y por todo lo que había sucedido en tan poco tiempo, Yagami tomó asiento, llevándose las manos a la boca.

-¿Quieres decir que ese monstruo ha salvado a mi hijo y a mi marido?.- acertó a preguntar, tras un segundo de reflexión.

-Supongo que aunque, a veces sus métodos no fuesen acertados, su corazón era noble.- respondió la digimon, compartiendo la extrañeza de su amiga. Al fin y al cabo, hasta ese día, detestaba la oscuridad con todas sus fuerzas.

La castaña estaba cansada y sobre todo aturdida, tenía la sensación que todos estos últimos días, desde la posesión de Kibou, habían sido una eterna pesadilla de la que por fin, parecía que iba a despertar. Sin embargo, tuvo la suficiente lucidez para percatarse de un pequeño detalle de su compañera.

-¿Y tu anillo?

La gata se miró la cola con algo de nostalgia.

-Supongo que esta vez lo he perdido para siempre.

-¿En serio eres una divinidad del Digimundo?, ¿ese Baransu?.- cuestionó, algo desorientada.

La digimon apresuró a negar.

-Solo se sirvió de mi cuerpo, ahora que ni siquiera tengo el anillo, soy una digimon normal, bueno, en realidad más debilucha que antes.- dijo esto último con algo de pena.

Eso dibujó una tierna sonrisa en su compañera, que levantándose se dirigió hacia ella, para tomarla en brazos y darle un cariñoso beso.

-Da igual porque ya no vas a tener que luchar más.

Ella correspondió la sonrisa y se abrazó a su compañera, deseando con todo su corazón que esas palabras fuesen certeras, que la paz rigiese su destino.

-Muchas gracias por todo Gatomon, jamás podré agradecerte todo lo que has hecho por mí.- susurraba la castaña con cariño.

Irremediablemente, las lágrimas empañaron los preciosos ojos azules de la digimon felina.

-No digas eso Hikari, soy yo la que está en deuda contigo, porque si no te hubiese encontrado nunca habría sido quien soy ahora, solo habría sido otro instrumento del mal.

Abrieron los ojos por la cantidad de luces de colores que salían frente ellas, no había duda de que era la puerta digital, que reclamaba a Gatomon a su mundo.

-Creo que tengo que irme.- saltó de los brazos de Hikari apenada.

-De acuerdo.- asintió la maestra.

-Bueno… eh… Hikari.- se dio la vuelta antes de adentrarse.

-¿Sí?

-Hasta la próxima.

La mujer sonrió ampliamente y asintió con seguridad.

-Hasta la próxima.

En el mismo momento en que la larga y ahora desnuda cola de Gatomon entró por ese túnel, la puerta desapareció, no solo esa, también la que se había abierto para devolver a los humanos a la tierra, quedando definitivamente separados los digielegidos y sus indispensables camaradas.

Había sido un día agotador, emotivo y cargado de luchas y por fin, tras varias derrotas, se habían alzado con la victoria definitiva. La paz y por tanto el equilibrio habían sido restauradas en el Digimundo, pero a costa de un precio muy alto, renunciar, para el resto de sus vidas a este maravilloso lugar y por ende a los digimons, aunque si bien la distancia física era inevitable, la sentimental la mantendrían de forma eterna, conservando esa esperanza y confiando en que el poder de sus corazones pudiese unir los mundos, esta vez para siempre.

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N/A: aahhh… fin. Primer capi en el que no tengo un chananana por hacer jeje. Bueno, sí, me ha quedado larguísimo y eso que eliminé varias escenas… pero vamos, que consideré que todo esto tenía que entrar en el capi, porque sino, se me alargarían más capítulos de absoluta paja, ya que el tema en cuestión ya se ha finiquitado y como a mí me gusta escribir cantidades industriales de paja, que le voy a hacer XD.

En sí, quise hacer el capítulo parecido al último de adventure, es decir, que se carguen al malo en el previo y luego ya hacer un poco el felicito (ese Akuma ya ha chupado demasiadas líneas en el fic XD) Intenté que este capi tuviese una recopilación de la esencia del fic, es decir: amistad, heroicidades, riñas y pullas entre los digidestinados, humor bastante ridículo y un poco de emotividad que no mata.

Aclarar que el ser Baransu no es Gatomon, como ha explicado en esta última conversación con Hika la propia digimon, lo que quería decir y espero que se haya entendido es que al estar el emblema en dos su espíritu estaba atrapado en el anillo de Gatomon y al ser liberado, poseyó a Gatomon, pero no es él, tampoco Huanglongmon, este es una especie de portador, guardián de que el sello de Akuma no se rompa y por lo tanto el equilibro vuelva a peligrar. (cuando descubrí a digimon tan chulo dije, tiene que hacer un cameo en mi fic jeje) Espero que no haya resultado muy lioso, no obstante, las dudas me las podéis preguntar. (improviso respuestas muy bien XD)

Como curiosidad diré que, que "Gatomon" venciese a Akuma, lo tenía pensado desde el principio porque, no olvidemos que una de las reencarnaciones de Akuma fue Myotismon (de ahí viene todo el mejunje del fic), así que me pareció poético que 28 años después, lo volviese a vencer.

Que más, ou sí, las despedidas, sí, volví a hacer mi pequeño homenaje a adventure (lo que hace la falta de imaginación XD) y bueno no maté a Yuuto ¡bieeeen!, *spoiler de algo que muy seguramente nunca existirá más allá de mi cerebro* si soy sincera en realidad vive porque en mi imaginación, en la continuación de esta historia me lo cargaba esta vez sí de forma definitiva, pero como estoy casi segura de que no voy a escribir la continuación, pues Yuuto Hayashiba tienes suerte jeje. (además que quería dejar el fic con final feliz)

Por cierto, mis disculpas a los que deseaban un protagonismo mayor de Kibou y me pedían en sus reviews siempre que despertase ya y se uniese a los niños, pero es que la miga del fic era esa, era uno de los grandes alicientes de los niños para continuar, por su amigo Kibou y por eso tenía claro que su aparición sería al final del final, casi, casi, testimonial. Para no quitarle misterio al chico y que les diese, esta vez sí, la victoria definitiva.

En fin que esto ya se acaba, queda el último capi para darle un final bonito y feliz y el epílogo, para darle todavía un final más bonito y más feliz XD. Y por supuesto el premio al ganador del… ¡Ranking!

Ganador indiscutible con un total de 21 puntos:

TENSHI TAKAISHI

Yuujou Ishida (16 puntos), Taiyou Yagami (13 puntos), Kibou Hayashiba (12 puntos), Michael Kiyoshi "Mishi" Barton (8 puntos), Musuko Motomiya y Yuuto Hayashiba (7 puntos), Aiko Ishida y Shizuka Hida (6 puntos), Minako y Osamu Ichijouji, Chikako Izumi y Makoto Kido (5 puntos), Pschymon (4 puntos), Patamon, Akari según Taichi, para darle una emoción inexistente "?" Yagami y Yoshi Ichijouji (3 puntos), Gabumon, Gatomon y V-mon (2 puntos), Tentomon, Leomon y Takeru Takaishi (1 punto)

Ahora que ya tenemos ganador puedo dejar de ser imparcial y decir que en un principio estaba convencida de que ganaría Yagami (por eso de ser el hijo del adorado por todos Taichi XD) y ya había ideado el premio con él, luego la cosa se fue animando y quise hasta el último segundo que ganase mi pequeño Yuujou, porque el premio le quedaba mejor a él por ser el peque de la historia (quedaba más poético, siguiendo los pasos de su tío hasta en eso, bueno y porque es mi favorito, para que voy a ocultarlo más XD), pero bueno, es lo que tiene cuando se deja votar, además que adoro a Tenshi y voy a intentar dar lo mejor de mí para que le quede bien el premio, os lo prometo.

Nadita más, me despido, véase que he intentado dejar un poquito de suspenso con eso de la despedida a los digis y el digimundo que se cierra forever and never para que no parezca que está todo finiquitado y alguien lea el siguiente capi jeje. Nos vemos dentro de unos diez días.

Un saludo!

Publicado: 17/07/2011