Nuevooo capituloooo! :D


Llegaron dos minutos más tarde que los demonios y la niña. Naoki, Keller y Max ya habían entrado a la cueva y trataban de no caminar tan rápido para encontrarse tan repentinamente con aquellos tres. Naoki observaba el perfil del ángel; lucia tranquilo y dispuesto a hacerse del libro maldito y de la pequeña mocosa. Tenía todos los pensamientos positivos y tenía la certeza de salir victorioso.

— ¿Qué tanto me miras?—le cuestiono al Shinigami.

Naoki rápidamente sacudió la cabeza, desviando la vista.

—Nada—murmuro tímido.

Max los observaba receloso. La relación que llevaban ese ángel y ese Shinigami le irritaba y simplemente los quería ver separados. Se sentía estúpido pensando así pero eso era lo que en verdad expresaba. Keller se detuvo al llegar al cruce de dos caminos que a simple vista se veían sospechosos. Este soltó una risilla de ironía.

—El demonio que creó esta cueva no fue tan tonto—se cruzó de brazos. Solo movía su cabeza observando lo que le rodeaba.

— ¿Cuál camino tomaremos?—le pregunto Max.

—Ninguno—contesto complejo.

Naoki y Max intercambiaron miradas, confundidos.

—Cualquiera nos puede llevar pero no nos arriesgaremos a toparnos con alguna trampa.

Max estaba estupefacto.

— ¿Por qué no simplemente seguimos el camino que los demonios tomaron? Creo ver algunas huellas por aquí…

El ángel le dio un fuerte puñetazo en la cabeza, sin ocasionarle mucho dolor. Una de sus habilidades era esa: golpear sin ocasionar daño alguno. Max ya se había asustado, no le gustaba estar con Keller cuando se molestaba.

—Tenemos que llegar primero, tonto—le espeto. De pronto, los ojos azul metalico del ángel quedaron clavados en un bloque a punto de caerse en un muro que estaba frente a ellos. Todos los demás bloques estaban perfectamente alineados, excepto ese, siendo altamente sospechoso.

Keller se acercó hacia allá, teniendo en claro lo que iba a hacer. Retiro aquel bloque y de pronto la pared empezó a temblar, dejando ver una puerta en medio de todo aquel muro. Éste sonrió victorioso y volteó a ver a Naoki y a Max.

—Naoki y yo tomaremos este camino—Keller se dirigió a Max—. Tú continuaras siguiéndolos, y cuando tengas una oportunidad, atrapa a Aileen.

Max frunció el ceño. Se sintió excluido pero por supuesto, obedecería sus órdenes.

—Entendido—hizo un cortés movimiento de cabeza.

Max espero unos momentos hasta que los perdió de vista y él continuo con su camino por el lado izquierdo. No estaba muy alejado de los demonios y de Aileen, pero aun así no podía verlos. Llevaba su arma afuera, por si acaso era necesario. Aquel lugar lo ponía bastante nervioso, prefería estar acompañando a Keller que ir persiguiendo a un par de seres peligrosos.

Pero, sí atrapaba a Aileen, sería muy bien recompensado, se ganaría la admiración de Keller. Aumento su ritmo queriendo ya atrapar a aquella mocosa. Cuando supo que estaba cerca, retrocedió un poco, chocando con una de las paredes. Por poco Aileen lo veía.

—No seas ansioso, Max—se hablaba para sí mismo—. Tienes que calcular bien la oportunidad de atraparla.

La pequeña sombra de Aileen se movió junto a las dos otras, continuando por el pasadizo de la derecha. Esperó unos cuantos segundos a que ellos avanzaran y así su presencia no fuera tan fácil de percibir. La sensación de aquel lugar era cada vez más tenso; sí lo descubrían persiguiéndolos de seguro se encargarían de matarlo. Él también oía ruidos, pero no voces como la pequeña Aileen. Max podría jurar que detrás de él las cosas se caían, poniéndole los pelos de punta.

Sí tan solo él fuera acompañado por el ángel. Sí tan solo el inútil de Naoki no le robara toda su atención. Mirando al frente se encontró con la iluminación proveniente de la siguiente intersección. Se detuvo en seco mirando las siluetas de aquellos tres. Ellos avanzaban poco, pero no tomaban un camino fijo. Max se puso de cuclillas y discretamente trato de esconderse en la curva de aquel pasillo. Difícilmente miro la hora que indicaba su reloj. Ya habían pasado más de ocho minutos desde que se separó de Keller y Naoki.

Una luz comenzó a iluminar uno de los caminos, dejando paralizados a Ciel, Sebastian y a Aileen. Max sonrió tranquilo y sabía bien de quien se trataba. En cualquier momento atacaría su punto débil: Aileen.


Sebastian suelta la antorcha de inmediato, más sin embargo la iluminación de las demás antorchas a los lados no desaparece. El ángel continúa viéndonos de forma tranquila. Ciel me resguarda detrás de él. No sé si sea mi imaginación pero creo sentí a Ciel mucho más alto…

— ¿Adónde creen que van?—cuestiona Keller entre algunas risas.

Nadie le responde. Mi respiración se complica a tal punto que necesito aspirar por la boca.

—Les vuelvo a preguntar…

— ¿A dónde más iríamos, idiota?—replica Ciel.

La sonrisa del ángel se ensancha de forma burlona.

—De la forma en la que me hablas te arriesgas mucho.

Mi mirada observa por encima del hombro de Ciel.

—Oh, ahí estás, Aileen—da un paso adelante.

Rápidamente Sebastian saca un cuchillo de plata, poniéndose en guardia.

—No es necesario eso—da un chasquido con sus dedos y sorpresivamente el arma de Sebastian se convierte en cenizas en segundos.

Siento como las manos de Ciel se convierten en puños.

—Bien, ahora iré directo al grano—avanzo otros dos pasos, saliendo de aquel pasillo, estando más cerca de nosotros—. ¿Estaban dispuestos a ir por el libro?

Trago saliva; supongo que Ciel y Sebastian hicieron la misma expresión ya que estamos en apuros. Lo más probable es que el ángel ya tenga el "libro". Esto es tan ridículo.

—Pues—da un saltito como si estuviera danzando—, el libro ya está bajo mi poder.

Oigo como Ciel suelta cierto gruñido gutural.

—Estás mintiendo—espeta Sebastian nervioso.

—Claro que no, llegue primero.

Está en lo cierto.

—Eso es imposible—dice en forma firme Ciel.

— ¿Imposible?—se burla.

Estamos perdidos. Este tipo tiene todo a favor de él, sigue siendo inexplicable como pudo llegar primero sin siquiera haber algo que lo demuestre. Quiero salir corriendo.

— ¿Creen que pueden ganarme?—continua burlándose—. ¿Creen que en serio pensaron poder conseguir el libro primero que yo?

— ¿Quién confirma que tienes el libro?—masculla Sebastian.

— ¿Un ser divino como yo les mentiría?

Ciel me empuja para impedirme seguir mirando a través de su hombro. Por poco caigo.

— ¿Acaso eres tan tonto para venir solo y enfrentarte a dos demonios?—repone Ciel—. No trates de engañarnos.

— ¿Piensan que estoy solo?—sonríe pícaramente.

Detrás de él viene Naoki, con su guadaña sujeta de una sola mano. Sus ojos están brillando y no lleva lentes. Sus ojos… Sus ojos son dorados y solo por unos instantes logran mirarme con frialdad. Ciel da un paso atrás.

— ¿Ese es tu refuerzo?—bufa—. ¿Un debilucho como él?

Naoki suelta una carcajada.

—Al menos soy más fuerte que tú, mocoso.

—Tus provocaciones no son nada—el ángel desvaina su espada de diamante, pareciendo más peligroso con cada movimiento. Es evidente que atacará en cualquier momento.

—Aileen—murmura Ciel en voz muy baja—. Huye. Trata de salir de aquí.

—Pero…

— ¡Solo haz lo que te ordeno!—me mira con ojos carmín ardiendo.

Me alejo a trompicones, sintiendo que lo que haga será una tontería. Antes de marcharme veo que Naoki salta en contra de Ciel, lanzándolo contra una de las paredes con su guadaña.

— ¡Ciel!—trato de regresar.

— ¡Dije que te largarás!—grita mientras se reincorpora.

Me detengo en seco. Sebastian ataca a Naoki pero Keller contraataca dándole un leve corte sobre su brazo. Giro sobre mis talones y empiezo a correr por el pasillo poco iluminado por las antorchas. Las voces continúan susurrándome cosas y como si fuera poco, ya veo sombras. En una curva me pierdo por completo. Por un momento la oscuridad no me deja ver hacia donde voy y cuando la luz regresa, Max está esperándome en medio del pasillo. Desesperadamente le ordeno a mis pies que se detengan, arrastrándolos con dificultad en la tierra. Por poco caigo de bruces, pero logro estabilizarme. Me doy la vuelta nuevamente, huyendo de mi nuevo peligro. Por desgracia tropiezo con una piedra perdiendo todo el equilibrio y velocidad que llevaba. "Mierda", murmuro tratando de levantarme. Un pie se recarga sobre mi espalda, dejándome inmóvil.

—No, no irás a ninguna parte ya—su mano toma de mi brazo.

Disimulo estar tranquila y no forcejearme; al momento de ya estar en pie, aprovecho para engañarlo y volver a salir corriendo, pero no lo logro. Su fuerza es mayor que la mía y logra alzarme en brazos.

Esto ya es como un Déjà vu.

Pataleo pero no me suelta.

A lo lejos veo corriendo a Ciel para acá.

— ¡No!—grito en uno de mis esfuerzos por librarme—. ¡Ayuda!

Max corre en dirección contraria. Naoki sigue atacando a Ciel, sin dejarlo con oportunidad de ayudarme. Siento como el mundo cae a mis pies. Todo se derrumba y no hay escapatoria.

— ¡Ayuda!—suplico más desesperada.

En cuanto me vuelvo más inquieta, Max coloca un pañuelo sobre mi nariz y boca, obligándome a aspirar esa horrible droga de antes.

Todo se vuelve oscuridad para mí.


Enfrente de ellos estaba lo que tanto anhelaba el ángel. El libro que se encargaría de desaparecer todas esas "suciedades" de demonios. Todos aquellos de pecado mortal. Todos los que de alguna forma habían manchado su alma con venganzas, engaños, traiciones…

Keller avanzo con paso decidido hacia donde se encontraba el libro Vitam et Mortem, descansando sobre un tronco de roble macizo. Al principio dudó en continuar acercándose. Tenerlo a escasos centímetros de él era tan irreal. Había imaginado esto por años, investigando sin descanso en donde estaba y ahora, lo tenía frente a él. Era un libro grueso con pasta dura en color negro. De el resaltaban las letras rojo escarlata de Vitam et Mortem y el año en el que había sido escrito: 1895.

—No hay mucho tiempo—le recordó Naoki.

Volvió a observar unos segundos más el libro. Lucia impecable y transmitia cierto magnetismo inseguro. El ángel por fin lo tomó.

Pesaba mucho menos de lo que aparentaba.

Y lo más obvio del caso: no se podía abrirl.

—Solo nos falta Aileen—dijo orgulloso Keller—. Y todo esto por fin podrá realizarse.

Volvió a sonreír cuando vio el libro en sus manos. Aquel pasadizo los había ayudado de gran maravilla y los demonios ya no tendrían oportunidad. Se dio la media vuelta para dirigirse a Naoki y le entregó el libro en las manos. Naoki de inmediato resultó nervioso.

—Sácalo de aquí, por el camino por dónde venimos—el ángel se quitó su saco—. Y también llévate esto. Me encargare de los demonios, pero no tardes, necesitare de tu ayuda.

Keller poso su mano en la cabeza de Naoki y siempre de cierto modo, le reconfortaba al Shinigami. Naoki salió corriendo de ahí, apresurándose a ir a la salida. Durante todo ese recorrido tardo un poco menos de dos minutos en salir de la cueva y otro minuto en bajar la montaña, hasta que llegó al auto que manejaba uno de los subordinados del ángel. Éste miro extrañado el libro.

—Ni se te ocurra tocarlo—le advirtió Naoki.

Keller admiro una vez más el lugar en donde había estado el libro. Era una antigua sala estilo victoriana y había frases escritas en las paredes en antiguo latín.

—Hora de encargarme de esos demonios—murmuro antes de salir por el camino normal sin el atajo.

Sebastian recibió una gran herida con la espada de Keller. Ahora sangraba demasiado y se sentía cada vez más débil. Su joven Amo también estaba en peligro y por el maldito ángel no podía ir a ayudarlo.

—Creí que serias más competitivo aun—le gritó el ángel moviendo su espada de forma energética contra él.

Ciel ya se había alejado unos metros y con apenas fuerzas podía luchar contra aquel Shinigami.

— ¡Pelea, maldito demonio!—volvió a atacarle. Esta vez le había herido una pierna.

El lugar comenzó a moverse un poco, pero eso no les importo. Sebastian trató de ignorar sus heridas para pelear en serio con ese creído. Saco una de sus armas que tenía y trato de lastimarlo con ellas.

—Debes de estar bromeado—rio el ángel mientras le cortó a la mitad la corbata de su traje.

Sebastian retrocedió para asegurarse también en donde estaba Ciel, pero no había rastro de él. De pronto, se oyó un grito de Aileen pidiendo ayuda. De inmediato el mayordomo pensó en lo peor. Ciel trató de seguir al bastardo de Max llevándose a Aileen, pero Naoki lo seguía atacando sin descanso. Entró en cólera y soltó un grito que retumbo hasta en las paredes. Naoki estaba a punto de darle el golpe final con su Oz, pero Ciel logro detenerlo por el mango.

—Tienes aprecio por Aileen, ¿cierto?—le pregunto al Shinigami.

Éste de inmediato se detuvo de ejercer fuerza.

— ¿Por qué ayudar a alguien que le hará daño?

— ¡Él no le hará daño! Es solo por su bien.

Las paredes de la cueva temblaron más y en menos de lo que se esperaban, el techo se comenzó a derrumbar. Keller dio su último intento por golpear al mayordomo pero al ver en el peligro que se metían al estar en un derrumbe, corrió en busca de la salida, llevándose con él a Naoki, jalándolo por el brazo para que no se quedara.

Sebastian corrió por Ciel y lo cargo en brazos para también salir de ahí. A tan solo unos escasos metros de la salida, quedaron atrapados entre los escombros.

Naoki y Keller bajaban la montaña y se apresuraban con velocidad a subir al auto. Ahí ya los esperaba Max con la pequeña Aileen inconsciente por la droga. El ángel le sonrió con satisfacción a Max.

—Nada mal, Max.

Ahora admiraba a sus dos grandes recompensas: Aileen y el maldito libro.

En la cueva aún no se veían señales de vida de los demonios, pero solo fue un instante en que la fuerza de Sebastian logró sacarlos de ahí, débiles y ya muy lastimados. Ciel se arrastró entre la tierra y las yerbas tratando de reincorporarse para "ver" hacia donde se fueron.

—Bocchan, se han ido…

Ciel golpeó a puño cerrado el suelo, incrustándose pequeñas ramas y piedrecillas.

El peligro había comenzado.