Disclaimer: Los personajes son de S. Meyer, la historia es mía.

¡Mis hermosas!

Primero que nada, quiero desearles feliz navidad (estoy escribiendo esto a las doce y media de la madrugada y ya es noche buena, así que tengo derecho a desearles la mejor de las navidades) Las amo como no tienen idea, su apoyo, palabras de aliento, su paciencia y fe en esta historia la ha llevado hasta donde está ahora, por todo esto y más: gracias.

Segundo, he terminado la historia, no sé cómo lo he hecho y en tan poco tiempo, en solo dos días terminé los último cuatro capítulos de esta historia -lo cual la deja en treinta muy buenos capítulos- y espero realmente que les guste, que les agrade tanto como hasta ahora y que no me maten por algunas cosas, ya sabrán de qué hablo cuando lleguemos allá.

El próximo capítulo lo subiré el miércoles o jueves, y los últimos tres el fin de semana, como ya estábamos acostumbradas.

¡Las amo!


Capítulo veintiséis.

—Bien, díganme todo lo que sepan— los alentó Edward.

Los tres hermanos se encontraban en el apartamento de Edward en Seattle, se habían escabullido de todos y ahora se encontraban ahí.

—Primero recuérdame por qué no podemos decirle nada de esto ni a Alice, ni a Rosie, ni a mamá y papá— preguntó Emmett, mientras atacaba un tazón repleto de frituras.

—Porque esto lo haré solo, no necesito a todos interfiriendo a mi alrededor, ustedes tampoco pueden hacerlo, solo necesito que me expliquen cómo demonios terminó Bella con ese idiota— Jasper asintió, Emmett se alzó de hombros y continuó comiendo.

—Se conocieron dos meses después de que te fuiste, ya sabes que a Renee y a Charlie les gusta dar fiestas para la comunidad, Bella comenzó a ir con más regularidad a casa de sus padres porque ellos y las chicas le estaban ayudando a sobreponerse con todo lo ocurrido entre ustedes dos— comenzó Jasper, mientras Emmett asentía.

—La cagaste, hermano, y sus padres estuvieron ahí para sostenerla— terminó su hermano mayor.

—En una de esas fiestas invitaron a los Biers, Riley estuvo ahí y tuvo la suerte de encontrarse con Bella— intervino Jasper.

— ¿No se supone que Rose y Alice la cuidan mejor que dos guaruras de dos metros? — cuestionó Edward.

—Rosie estaba en Londres cuadrando presentaciones de Dior— defendió Emmett.

—Y Alice estaba presentando su sesión independiente— aclaró Jasper.

—Entonces el renacuajo tuvo la vía libre— concluyó Edward, imaginándose que los siempre amables señores Swan presentaron a su ninfa con ese tipejo y ella, en su sencillez de siempre y la dulzura que guardaba en su interior, no se vio con el corazón para rechazarlo o ignorarlo como a él le hubiera gustado.

—Se encontraron varias veces en las mismas situaciones y finalmente la invitó a salir, ella aceptó en un plan de amigos, eso me lo contó Rosie— Emmett no dejaba de comer.

—Emmett, no seas un cerdo— para molestar más a su hermano menor el musculoso joven le enseñó el bocado de su boca.

—Continúen— los apremió su hermano, terminando con su pelea infantil.

—Tienen menos de medio año saliendo y casi dos meses de estar comprometidos, fue de lo más bizarro— bufó Jasper.

—Y de lo más patético— se mofó su hermano mayor.

— ¿Qué hizo? — cuestionó el cobrizo.

—Cuando Ally y yo anunciamos nuestro viaje, Rosalie le recordó que ella se había ofrecido a organizar su boda y en ese momento Riley le suplicó a Ally que organizara la suya con Bella— bufó Jasper.

—La cara de Bella no tuvo precio— su burló Emmett— Pero más la de Riley cuando Bella le dijo que no se casarían— terminó riendo su hermano.

—Es cierto— concordó Jasper— Pero después de horas de lloriqueos y de jurarle que la amaba, Bella aceptó. — Edward miró extrañado de que sus hermanos supieran tantos detalles.

— ¿Y ustedes cómo saben tanto? — Los dos hermanos Cullen compartieron una mirada de complicidad.

—Digamos que…— Empezó Emmett, buscando las palabras adecuadas— Alice y mi Rosie son algo… comunicativas— los tres hermanos rompieron a reír.

—Ellas tampoco están de acuerdo con su boda— afirmó Edward.

—Saben que Bella te ama y que Riley es un papanatas— aceptó Emmett.

— ¿Entonces por qué no se lo dijeron a Bella? — los hermanos volvieron a mirarse entre sí.

—Después de ese día cuando te fuiste…— comenzó inseguro Jasper— Bella les prohibió interferir en sus decisiones.

—En ese caso es mejor que ellas no se enteren de mis planes— sentenció Edward.

Estaba más que dispuesto a darlo todo de nuevo por Bella, solo si ella estaba dispuesta a dar el salto de nuevo.

En ese momento el timbre del departamento sonó, los hermanos se vieron entre sí, intentando adivinar quién podría ser, Jasper se adelantó para abrir la puerta, encontrándose con su padre que los veía a todos nervioso y hasta cierto punto molesto, y detrás de él… Charlie Swan, con el rostro más gélido que jamás pudo haber tenido.

—Hijos— Carlisle entró en al apartamento seguido muy de cerca por Charlie.

—Papá, señor Swan— saludó Edward educadamente mientras sus hermanos se replegaban a un lado. —Un gusto volver a verlo, señor Swan, ¿puedo ofrecerle algo de tomar? — el joven cobrizo se felicitó mentalmente, su madre estría orgullosa de sus modales.

—Deja los juegos, Cullen, he venido, a pesar de las objeciones de Carlisle, para advertirte una cosa— Charlie amenazaba a Edward con la mirada, como solo un buen policía y padre preocupado podía hacerlo— Mi hija ya ha tenido suficiente de todos estos juegos, estás aquí y me alegro por tu familia, que te echaba mucho de menos, pero ella está haciendo su vida de nuevo, se casará con un buen muchacho y será feliz, espero que sepas respetar eso y mantenerte al margen.

—Charlie, todo esto es innecesario, nuestros hijos son adultos y saben lo que hacen— intercedió Carlisle, él también podía defender a su hijo.

—No lo creo, Carlisle, te valoro como amigo y creo que eres una excelente persona, al igual que tus muchachos, pero no permitiré que este— señaló a Edward mordazmente— le rompa el corazón por tercera ocasión a mi hija.

—Edward también ha sufrido en todo este tiempo, Charlie— terció Jasper.

—Bella también ha metido la pata, jefe— continuó Emmett.

—Suficiente— cortó Edward a todos— Entiendo sus razones para estar aquí, Charlie, y le aseguro que me mantendré al margen, pero usted debe saber que amo a su hija, y que ella me ama a mí, lo que ella sienta o no por Riley Biers no es de mi incumbencia, no puedo prometerle que mis sentimientos cambiarán por el hecho de que se casará, y tampoco puedo asegurar lo que Bella hará.

—No quiero que la lastimes de nuevo— sentenció el señor Swan, antes de retirarse y salir airoso del apartamento.

No podía hacer nada más, había dicho lo que tenía que decir y, por mucho que le molestara, todo lo que Edward había dicho tenía sentido y razón; ni siquiera podía culparlo por dudar de los sentimientos de Bella por Riley, ni siquiera él estaba seguro de poder llevarla al altar para que uniera su vida a un hombre que no podría amar como sabía que podía hacerlo, como era su naturaleza.

Con estas conjeturas Charlie se retiró a su auto y emprendió su camino a Forks, esperando que todo terminara bien, rogaba por ello.

Dentro del apartamento, Carlisle reñía airadamente a sus tres hijos, cómo había resultado todo ello aun no lo sabía.

—Están aquí, confabulando como si pudieran manejar a su antojo la vida de una buena joven y su futuro, como si fueran un tipo de Dios, a espaldas de sus prometidas— dijo señalando a dos de sus hijos— y poniendo en peligro la relación de una de ellas.

—Papá, yo…— Carlisle cortó la respuesta de Edward.

—Aun no he terminado— el patriarca de los Cullen nunca se había visto tan molesto en su vida— Han sobrepasado los límites de la irresponsabilidad, del egoísmo y la inmadurez. — Sintiéndose derrotado y triste se derrumbó sobre el sofá. —Sé que todo esto es mi culpa.

Los tres hermanos, aceptando hasta ese momento abnegadamente la reprimenda de su padre, se vieron sorprendidos entre sí.

—Papá, nada de esto es tu culpa— le aseguró el cobrizo, hablando por los tres.

—Por supuesto que lo es, no he estado con ustedes lo suficiente, los he descuidado y no los guié como debería haberlo hecho— Carlisle negó, pareciendo mucho más viejo de lo que en realidad era— Lo siento, hijos.

—Carlisle— el padre miró atónito a su hijo, el de en medio, su niño estrella, quien nunca le dio problemas, quien siempre ayudó en la casa. No había sido rebelde como Emmett, ni problemático como Jasper, había pasado su adolescencia al lado de una buena niña que le había hecho feliz y de quien estaba enamorado, ¿dónde había cometido el error? ¿Por qué era el único de sus tres hijos que no había podido alcanzar la felicidad?

—No ha sido tu culpa— le aseguró su hijo, viéndolo con esos ojos verdes que poseían los tres, y su esposa. — Has sido el mejor padre que alguien pudiera pedir, no podría culparte por mis errores, porque eso no sería justo, mis errores son solo míos, si me torcí fue por estupidez, por vanidad… Te amo, papá, y te prometo que lucharé.

Carlisle no sabía qué decir, su hijo estaba ahí, hablando con la mayor madurez que podría haber imaginado, suponía que ese año sí había servido para algo, no había perdido a su hijo, estaba ahí, y mejor que nunca.

— ¿Qué vas a hacer? — Interrumpió Jasper.

—De momento… Iremos a una fiesta—sonrió misteriosamente Edward, desconcertando a su padre y a sus hermanos.

El joven Cullen tenía un plan, le había llegado a la mente en el momento en que la vio saliendo de la cocina de sus padres, sería su última oportunidad, de ahí en adelante… Solo Bella podría decidir, Edward la amaba, pero no era estúpido, sabía que si ella no ponía de su parte nada de lo que hiciera valdría la pena, solo podía hacer una cosa.

Confiar.


¿Qué les pareció? Tenía que subir este capítulo porque Edward necesitaba un poco de justicia y dejar de parecer tan zopenco por permitirle todo a Bella, ahora es todo o nada y de ahí partiremos.

¿Reviews?

Love always, An