Marinette acariciaba descuidadamente la cabellera de su novio, que le contaba algunas cosas sobre su niñez sin ser demasiado específico.

Esa madrugada en la que Chat Noir había ido para llevarla a pasear, pero ella le pidió que se quedaran en casa.

Demasiado abrumada por lo que había pasado.

-Era lindo verlo correr por todos lados dentro de su esfera de ejercicio, pero no era la mascota que yo quería.

Estaba acostada con la mitad de su cuerpo sobre el del rubio, que acariciaba su cintura descuidadamente con las yemas de sus dedos.

Haciéndola sentir segura e igualmente dolida.

-¿Preferías un gato, Chat? -Preguntó al aire, sin ponerle demasiada atención. Su mente estaba en la conversación que había tenido con Gabriel Agreste unas horas antes.

En el miedo que había sentido en un principio al despertar en ese lugar, el choque mental que resultó conocer la identidad del villano y la tensión que ahora la rodeaba, al pensar que el hombre que tanto admiraba no quitaría la vista de ella o su familia, hasta que cumpliera su parte del trato.

Un trato que había aceptado por todo lo que implicaba para Adrien. Alguien que ahora sólo veía como un gran amigo, pero que sabía lo solitaria que podía ser su vida.

¿Era tan malo ayudar a Hawk Moth? Se preguntó nuevamente, en especial ahora que sabía que Gabriel sólo buscaba un bien para su familia.

No el dominio del mundo, no la destrucción de la raza humana, nada, más que traer de vuelta a alguien que amaba.

¿Acaso era tan malo?

-En realidad, soy una persona de perros. Los gatos somos demasiado territoriales, eso implicaría muchos problemas.

Marinette sonrió, estrechando más al chico que tanto amaba y que podía salir libre de un enfrentamiento con Hawk Moth, alguien que estaba segura que haría lo que sea por los prodigios.

-¿Pasa algo?

-¿Qué? No, ¿qué podría pasar?

-No te reiste de mi chiste.

-¿Era un chiste? Fue uno muy malo entonces, gatito.

-Puede ser, pero siempre te ríes de mis chistes. ¿Qué pasa?

Marinete alzó la mirada, encontrándose con la mirada verdosa y preocupada de su novio.

Sintiéndose fatal.

Después de todo, estaba por defraudar la confianza del chico que amaba a favor de un villano. Aunque ahora que sabía la razón, le era imposible pensar que Gabriel realmente era un villano.

Cuando lo escuchó hablar pudo sentir su dolor como propio, pasando la tarde preguntándose si ella no haría lo mismo, de tener la oportunidad.

Y no sólo era él, se trataba de Adrien; de su madre.

¿Era tan malo querer ayudarlos?

-Hay algo que me ha estado rondando la cabeza -Se limitó a decir.

Sintiéndose tonta al momento, sabía perfectamente que esa respuesta no sería suficiente para el chico que estaba a su lado.

-¿Qué es?

-Tengo un amigo -Empezó a explicar -la está... pasando muy mal. Tiene una situación familiar particular.

-¿Particular?

-Creo que puedo ayudarlo, pero me temo que la forma que tengo para hacerlo es... poco ortodoxa.

Chat Noir la observó detenidamente, pensabdo.

-¿Crees que vale la pena ayudarlo a pesar de eso? -Preguntó por cortesía, plenamente consciente de lo que la chica entre sus brazos le diría.

-Sí.

-¿Puedo ayudarte en algo? -Pidió, sabía que no la haría cambiar de opinión.

-Solo quédate conmigo está noche. ¿Sí? No quiero que te vayas.

Chat Noir besó la frente de la chica, preocupado.

-Te amo -Confesó como tantas veces había hecho ya.

-Yo también te amo, gatito. Siempre.

Marinette se escondió de nueva cuenta sobre el pecho de su novio, dando por zanjado el tema.

Esperando pacientemente a que él chico se durmiera, para poder actuar.

Día veintinueve: En contra de lo que se puede pensar, soy una persona se perros.

Gracias por leer, votar y comentar.