Hola
No tenia planeado actualizar, no sabia aun que escribir al respecto pero….. POW la inspiración golpeo, y después de pasar ya el año nuevo creo que es justo iniciar con un nuevo capitulo de este fic que ya llevo tan atrasado.
Espero les guste :D
Capitulo 25:
El destino del tigre y la misión del dragón
Shifu sintió su corazón estremecer al escuchar aquel sonido. Un gutural y potente ruido que lograba llamarlo, no lo entendía y, realmente, no quería entenderlo. Todo lo que el maestro pensaba en ese momento era llevar a Shu, tenía que llevarlo al valle, que los furiosos lo transportaran, Shifu creía que ese felino merecía, como mínimo, un entierro digno. Pero sus planes cambiaron al escuchar el rugido que, indudablemente, provenía del palacio de jade.
En la noche, a la luz de la luna, el viejo panda rojo observo como las figuras de sus alumnos se acercaban al valle, subían para encontrarse con su amiga perdida. Claro que aunque Shifu quisiera ir, no podía, no quería dejar el cuerpo de Shu tirado en el bosque. Comenzó a revisar los pliegues de su túnica, dentro de su manga encontró un cuerno, lo sostuvo un momento, para luego soplarlo con todas sus fuerzas.
Espero, se quedo aferrado al cuerpo del tigre mientras esperaba a que alguno de sus alumnos llegara y atendiera a su llamado. En la penumbra del bosque Shifu sentía como el peso del secreto de Shu le invadía. Estaba obligado a decírselo a Tigresa, pero ¿Y si no podía hacerlo? Shifu no quería ser el responsable de que Tigresa sufriera, no solo la muerte del tigre, sino la traición de saber que aquel ser al que había amado, no era su verdadero padre.
El viejo panda rojo se encontraba en una horrible encrucijada interna, había dos opciones, y ninguna le gustaba. La primera era cumplir la voluntad de Shu y confesarle a su hija que todo había sido una farsa. La segunda opción consistía en simplemente callar, guardar el secreto hasta la tumba, pero el maestro sabía que le sería imposible tratar con algo así, terminaría diciéndolo, aunque fuera en el lecho de muerte.
Seguía metido en sus pensamientos, tanto que no noto el ligero cambio en el cielo, la negrura de la noche comenzaba a aclararse, el negro estrellado se transformó en un hermoso azul cobalto, los astros comenzaban a desaparecer y un tenue brillo amarillento teñía el cielo.
Shifu volvió a sonar el cuerno, con la esperanza de que alguien fuera capaz de escuchar su desesperado llamado.
…
Po no cabía en su propia alegría y su gigantesca sonrisa lo dejaba a relucir. Sus ojos esmeraldas tenían un brillo excepcional, algo que nunca antes se había visto. Se encontraba sentado al borde de las escaleras, mientras su brazo izquierdo rodeaba con placer los hombros de la felina anaranjada sentada a su lado.
Tigresa se encontraba recostada en el pecho del oso, estaban hablando, bueno, en realidad eran solo algunos comentarios ocasionales y una que otra explicación sobre sus nuevos poderes y su extraordinario encuentro con los seres celestiales.
-Quiang Long me enseño muchas cosas, me explico la forma correcta de hacer esto…- Entonces el guerrero dragón movió sus manos como si le estuviera dando cosquillas al aire.
Tigresa observo fascinada como frente a ella se materializaba una caja, Po la sostuvo en sus manos y la felina miro como el panda abría la cajita de madera, era pequeña, con ciertos detalles, muy linda en realidad.
-Esto es para ti- el guerrero se la acerco a las manos de la felina de ojos rubíes.
La maestra de kung fu tomo la curiosa cajita entre sus garras con curiosidad. Po, dirigiéndole una mirada, le incito a abrirla.
-¿De dónde sacaste esto?-pregunto la felina.
-Era un regalo, lo olvide cuando estábamos en Xing Long-confeso el panda con la mirada baja- te lo iba a dar, estaba buscándote, pero… bueno, ya sabes lo que ocurrió.
Y Tigresa dejo salir un suspiro, cansino. No es que le hubiera molestado el comentario de Po, solo que no estaba de humor para hablar de eso, no le gustaba y sentía que era un gasto innecesario de saliva hablar sobre aquella noche.
-Quiang me enseñó a invocar cosas-comento el úrsido para cambiar el tema.-En cuanto recordé que lo había olvidado decidí que tendría que dártelo, lamento que no fuera en el momento en que debió ser.
-No importa, Po- le tranquilizo la felina acariciándole la mejilla con sus manos.
El guerrero dragón se sintió reconfortado con aquel gesto tan… tranquilizador.
-Pensaba dártelo el día de la fiesta, por el momento, y considerando el hecho de que ya regresamos al palacio, puedes verlo como un obsequio de bienvenida- dijo Po con una sonrisa sincera y radiante.
Tigresa esbozo una sonrisilla ladina, triste y pequeña, pero una sonrisa al fin y al cabo. Se enderezo, con la espalda recta sujeto la caja entre sus manos, la toqueteo un momento, como ausente. Po noto eso, pero no dijo nada, decidió que lo mejor era dejar que Tigresa reaccionara por su propia cuenta.
En un momento dado, la felina sujeto la tapa de la caja y la levanto con cierta expectación. Alcanzo a distinguir un leve brillo, algo pequeño, delicado. Quito la tapadera y entonces lo vio, un bello collar con cadena de oro. En el centro, sujeto por la cadena dorada, se encontraba un diamante, una gema blanquecina, como de cristal que brillaba con la luz de la luna.
-Po… es hermoso-dijo Tigresa con los ojos vidriosos por la emoción, por el simple gesto del panda, regalarle algo así de bello aun cuando ella casi lo mata, en más de una ocasión.
-Y también mágico-susurro el panda mirando a la emocionada felina. Ella se volvió hacia le panda. Confundida, alzo la ceja y ladeo un poco la cabeza.
-Mira- Po tomo el cristal entre sus manos y con suma delicadeza coloco la cadena de oro alrededor del cuello de Tigresa, quien observaba encantada el cristal en su pecho. Po sujeto la cadena y dejo que el collar cayera solo en Tigresa, ella se volteo para que ambos pudieran ver la extraña transformación de la gema.
Los ojos rubís de Tigresa brillaban con emoción, como la de un niño despertando la mañana de Navidad. Mientras que su compañero, el panda, cruzaba los dedos y suplicaba eternamente que el diamante se transformara en un rubí, al menos en un zafiro brillante.
La roca comenzó a mutar, el brillo se extendió sobre ella, la luz amarillenta la cubría, era un espectáculo hermoso. Mientras la roca se metamorfoseaba, los dos guerreros contenían el aliento. AL principio presento una coloración esmeralda, brillante, pero corta pues de inmediato se tornó en un hermoso zafiro azul, que igual duro poco. Tigresa estaba maravillada ante el espectáculo, y Po… bueno el panda solo sonreía al pensar que la roca podría transformarse en el rubí.
Los colores siguieron bailando en el collar durante unos segundos, pronto se volvió un rubí y Po gritaba de alegría por dentro… Su alegría le duro poco, en un segundo la gema rojiza se convirtió en un bello cuarzo rosa.
EL panda arqueo la ceja, confundido. Aun así la rareza no terminaba ahí, el cuarzo brillante volvió a cambiar de color, se oscureció y parecía como si una capa sepia se hubiera colocado sobre él. Tigresa ahogo una exclamación al ver la estupenda joya que portaba en su cuello, sonreía con gran entusiasmo.
Al final, la gema se volvió en un color anaranjado, como el atardecer. Era como tornasol, si le daba la luz, cambiaban sus tonos anaranjados, amarillos y rojos, era como tener un fragmento del crepúsculo en la palma de tu mano.
Y mientras le felina se maravillaba, el panda quería arrancarse el cabello de la cabeza ¿Qué rayos significaba aquella roca? Po sabía el significado de la esmeralda, el zafiro y el rubí, incluso conocía un poco el cuarzo, pero…. ¡¿Qué diablos significaba un Ópalo de fuego?!
-Gracias, Po-Tigresa se lanzó contra el oso y le rodeo el cuello, abrazándolo con fuerza.-es hermoso.
-No es nada- respondió el úrsido, aunque confundido, correspondió el abrazo con igual cariño.
-¡Oigan!-ambos mamíferos se sobresaltaron al escuchar la conocida y molesta voz del primate… Se volvieron y, efectivamente, ahí estaba Mono, parado con los brazos cruzados y junto a él se encontraban los demás miembros de los cinco furiosos con miradas picaras en el rostro.
Los cuatro guerreros observaban a los dos "Amigos" con cierta picardía y burla al ver los rostros de sus compañeros al haber sido atrapados con las manos en la masa. Po se notaba algo nervioso, pero, al contrario de lo que mucho creerían, Tigresa parecía no importarle que sus amigos estuvieran observándola de esa manera.
-¿Qué tienen?-pregunto dirigiéndoles a sus amigos una mirada afilada, sin que su tono de voz se notara amenazante- ¿Nunca habían visto a un par de amigos abrazarse?
Los cuatro maestros se miraron los pies, como arrepentidos por su intromisión. Tigresa asintió como satisfecha de que su reprimenda silenciosa hubiera dado resultado. Po la miro con la ceja arqueada a seña de admiración.
-¿Feng yuang te lo enseñó?-susurro el curioso panda en el oído de la felina.
Ella negó con la cabeza y luego compuso una sonrisa de autosuficiencia.
- Ella no me ha enseñado nada-respondió la maestra.
-¿Entonces cómo has logrado….?-comenzó a cuestionar Po, pero tigresa le respondió antes de que pudiera replicarle.
-Es un secreto, panda-dijo ella con burla- un secreto de Tigres.
Con aquellas palabras el guerrero dragón cerró la boca. Pasados un segundos un tanto incomodos, el panda incito a Tigresa a ponerse en pie, al principio parecía un tanto intimidante, tanto que sus amigos dieron un paso atrás al verla levantarse, pero todo cambio cuando ella soltó un carcajada, sonrió y corrió hacia sus viejos compañeros.
Los cuatro guerreros se paralizaron al sentirse elevados en el aire. Cerraron los ojos al momento en que sus patas dejaron de tocar el suelo, cuando los abrieron se encontraron a una sonriente felina que los envolvía en un enorme abrazo de oso. Dejaron de lado el leve tic de temor que los había embargado, y se dejaron llevar, Mono y Grulla devolvieron el abrazo, mientras que Víbora y Mantis solo murmuraban unas cuantas palabras sobre dejarlos salir de ahí.
Po observaba con silenciosa cautela la escena que se desarrollaba entre la felina y sus compañeros. Sonrió, feliz y emocionado de que todo volviera a la normalidad, parecía que todo se acomodaba de repente, Tigresa había obtenido el título que tanto había deseado, Shifu la aceptaba, todos estaban juntos, parecía un sueño, Po incluso llego a pellizcarse el brazo para comprobar que se encontraba despierto.
-Auch-gimió el úrsido de manera instintiva, sus amigos lo voltearon a ver con un signo de interrogación, ¿Qué le había lastimado?
Pero Po calmo sus preocupaciones diciendo que solo estaba comprobando algo, los demás no le dieron mucha importancia y siguieron hablando. Tigresa lucia algo cansada, harta, frustrada, no quería seguir hablando, pero sus compañeros insistían. Grulla y Mantis le atrofiaban el cerebro con preguntas sobre sus poderes nuevos, el lugar en donde había estado y cómo había llegado ahí. Mientras que Mono hablaba con Po, sobre el mismo tema. Además de que Víbora no dejaba en paz a la felina con cientos de regaños maternales sobre su imprudencia al irse sola y obligar a Shifu y a su padre a buscarla, aun en su estado.
-Shifu salió a buscarme….-repitió ella con cierto remordimiento, se mordía el labio un poco.
-Sí, Shu fue con él, llevan días fuera, igual que nosotros-le respondió Grulla.
Tigresa asintió- ¿Y dónde están?-preguntó ella.
-Donde sea que estén, debieron escuchar tu llamado, no creo que tarden en volver-la reconforto su amiga de ojos azules.
-Sería mejor que nosotros fuéramos a buscarlos-razono la líder de los furiosos-ambos estaban muy mal cuando yo me fui.
-Es posible, pero las probabilidades de que algo les hubiera sucedido son casi nulas-agrego el ave.
-Quizás, tengan razón…-Tigresa intentaba calmarse, darle a sus amigos algo de confianza y esperar a que Shifu y Shu regresaran. Aun así no podía quitarse la sensación de culpa, no quería que sus dos seres queridos fueran lastimados por su culpa, cosa que ya había sucedido antes.
Se sentó al borde de las escaleras junto a sus amigos, coloco los codos sobre las rodillas, dispuesta a esperar al amanecer. Po la rodeo con un brazo, ganándose así uno que otro comentarios de ciertos miembros del grupo.
Todo iba bien, parecía que los dos viejos iban a tardar un poco de tiempo en arribar al palacio. El sol comenzaba a salir, parecía que estaba a punto de amanecer, cuando, de pronto, Tigresa sintió su ser estremecerse, no le agrado aquel escalofrío en la espalda, ni ese retumbar dentro de su pecho, similar al que se siente al tocar un timbal.
Algo dentro de ella se movió, como llamado por un grito, una llamada de auxilio desesperada. Paro las orejas y las movió un poco, parecía nerviosa y sus amigos se alejaron, temiendo por su bien. La felina seguir como en trance, movía las orejar y dilataba las fosas nasales. De pronto, sin aviso previo, la maestra de ojos rubíes se lanzó escaleras abajo, corría a cuatro patas a una velocidad tan increíble que ella había llegado a la mitad del tramo antes de que sus amigos hubieran procesado que ella había salido corriendo.
No perdieron más tiempo, una vez que despertaron del momentáneo asombro, los cinco salieron corriendo escaleras abajo. Po, para sorpresa de todos, corría al mismo ritmo que sus amigos, sin mostrar señales de cansancio o agotamiento.
-Esto debe ser señal del apocalipsis-se burló el primate.- Po está corriendo a nuestro paso, sin agotarse o pedir algo de comer.
-Oye-se indignó el panda, entonces, y solo para hacer que mono se tragara sus palabras, se detuvo un segundo, el primate celebraba su victoria, pero al cabo de una milésima de segundo, el regordete oso había salido disparado casi a la misma velocidad que Tigresa.
-allá nos vemos-grito despidiéndose con una mano.
Los demás aceleraron el paso, pero, por primera vez, les costó trabajo seguir el ritmo de Po.
…
Su cuerpo tembloroso se encontraba aferrado al cadáver. La noche era fría, el amanecer comenzaba, pero el sol aun no llegaba a penetrar la espesura del bosque. Se congelaba, y el único abrigo que llevaba era su delgada capa de viaje, la que ni siquiera era suya, sino de Shu. Sus ojos estaban vidriosos por el cansancio, aun le dolía un poco el cuerpo, estaba cansado y, por esperar ayuda, no había dormido en toda la noche.
El viejo maestro, agotado mental y físicamente, esperaba con una paciencia infinita. Soporto mucho, y cuando perdía las esperanzas, su actitud se vio recompensada, a lo lejos, iluminada por la luz del amanecer, se notaba una figura corriendo en su dirección. El maestro alzo las orejas, esperanzado.
La figura era esbelta y se dirigía hacia el a toda velocidad, quizás era un deidad que se apiado de él, pues aquella velocidad era impresionante. Su cara, con un brillo de expectativa, se apagó al momento de ver a su salvadora.
Sus ojos rojos refulgían con el sol de la mañana. Sus patas se movían con ferocidad, tan rápido que era imposible. Al verla aproximarse sintió, primero, la alegría de su vida, pero al mismo tiempo se decepciono, un miedo un tanto profundo le calo hasta el alma, no quería estar cerca de ella, no quería enfrentarse a ella, no quería hablarle, no después de lo que Shu le había encargado. Por muchas batallas que hubiera sobrevivido, por muchos enemigos que hubiera vencido, el viejo panda rojo no sentía el coraje de hablar con su hija de esa forma, de destruir sus ilusiones, de arruinar su vida aún más diciéndole la cruda verdad sobre su padre biológico.
Escondió su mirada entre sus rodillas al verla aproximarse.
Ella se paró a unos metros de distancia y corrió en dos pies, se acercó a los dos con una sonrisa como nunca antes. Mientras corría hacia el tigre y el panda rojo sentía la alegría que afloraba en su ser. Quería estar con ellos, ansiaba el momento de abrazarlos, decirles lo mucho que los sentía, que lamentaba haber sido tan egoísta y que jamás se apartaría de su lado, quería ir con Shifu y hablarle, quería llegar con Shu y decirle lo mucho que lo amaba, que quería estar con él durante más tiempo.
Pero sus pensamientos fueron disipados como polvo por el viento al ver a su padre. Observo, con los ojos cristalinos, al viejo Tigre tumbado sobre la yerba, inmóvil al punto que ni su respiración se distinguía. Alentó el paso, al momento de llegar a donde estaba su padre Tigresa se arrodillo, con las lágrimas resbalándole las mejillas abrazo su cuerpo y arrullo su cabeza en su regazo.
Shifu no dijo nada, estaba agotado, no quería interrumpir.
-Padre…-dijo la felina con un maullido lastimero. Sus ojos estaban fijos en los parpados cerrados del tigre del sur. Y por un segundo extraño su risa, sus bromas, sus anécdotas, lo poco que había vivido a su lado llegaba y aplastaba su corazón como una tonelada de rocas. Vio su rostro y noto las arrugas que se habían formado alrededor de sus ojos, la característica de su risa, y las marcas en su boca y mejillas, arrugas que mostraban dolor, del olor del llanto y la perdida, Tigresa sentía que podía ver su dolor, que en solo ver su rostro, podía ver su vida.
Lloro y lo abrazo con fuerza a su pecho.
-Padre…-murmuro ella.- Los chicos me dijeron que tenías pesadillas…-expreso ella entre moqueos.- me alegra que al menos ahora puedas descansar.
Shifu observaba, con ojos rojos por el esfuerzo, a su alumna, a su hija querida sollozando, abrazando el cuerpo inerte de su recién hallado familiar. Le dolía, le quemaba el alma ver a Tigresa experimentar aquel dolor, aquella decepción. Shifu sabía lo mucho que Tigresa había sufrido en su vida, desde que nació y sus padres la habían abandonado, las desgracias que sucedieron cuando Shu y la tal Zuki también la dejaron, el orfanato, los apodos, el miedo, la soledad en la que había vivido por tanto tiempo. Su decepción al llegar al palacio y ver que ni siquiera ahí tendría familia. El dolor del entrenamiento, el cansancio de mente y alma. No, Shifu no quería que la historia se volviera a repetir, y por eso aparto a Tigresa al punto de la soledad absoluta por segunda vez en su vida.
Y el sufrir seguía. La felina veía el rostro sereno de su padre. Noto sus heridas y la sangre seca que le manchaba las ropas. Sentía culpa como nunca en su vida, había sido culpa suya, de no haber escapado eso no habría sucedido. Era obvio que alguien había atacado a su padre, por sus heridas Tigresa podía decir que era un felino, se notaban las marcas de garras y dientes, pero lo que más dolor le causo fueron los signos de constante tortuga, parecía que el asesino había, como todo buen gato, jugado con su presa antes de terminar con su sufrimiento.
-Liang Zhe- y sin poderlo evitar, esas palabras salieron de su boca con un suave, rudo y venenoso murmullo.
¿De quién era culpa sino del felino de sus pesadillas? ¿Quién más podía ser tan malvado y sínico? Solo el amo del mal, el felino de la oscuridad. Liang.
Siguió sujetando la cabeza de su padre, aun cuando noto la presencia del agobiado panda rojo.
-Lo siento…-dijo ella con voz tímida, como una niña, impotente, inconsciente de lo que había sucedido, y aun así sentía el dolor y la pena peor que si lo hubiera presenciado.
-No, Tigresa, no fue tu culpa-dijo Shifu arrastrándose hacia ella y tocando su mano.
-¿Cómo puede no serlo?-dijo ella amargamente.-siempre que alguien sale herido o las timado es culpa mía. Desde siempre he sido como una piedra en su zapato-dijo mirando brevemente a Shifu antes de volver a agachar la mirada.- Siempre he sido un inconveniente, yo lo sé, lo he aceptado, pero aún me cuesta creerlo. Desde que me encontró mi clan solo he traído problemas… Es más, desde antes.
-Desde que nací fui una maldición para mi familia, mi madre murió por protegernos. En el orfanato siempre hería a alguien, aunque lo quisiera evitar. Siempre le decepcione, y cuando quise reparar mis errores, intentando estúpidamente detener a Tai Lung, solo logre lastimar a mis amigos. Lastime a Po, casi mato al maestro de mi padre. He cometido errores, y lo peor es que siempre hiero a otros….
La felina hablaba con voz neutra, no sollozaba, ni se enfurecía. Parecía como si en realidad no le importara, y eso fue lo que más alarmo a Shifu. Se detuvo un momento, para procesar sus propias palabras y luego agrego, con una carcajada suave y triste:
-Creo que en esto consiste la maldición del tigre, por eso viven aislados, por eso todo el mundo nos teme, razones tienen de sobra. Al parecer todos tenían razón, Shifu- ella se volvió hacia su maestro y le sostuvo una mirada gris y sin vida.- Parece que tanta gente no puede estar equivocada…-y con un gesto como aburrido volvió a mirar a su padre.-lamento que mi madre estuviera equivocada, fue un error creer que podríamos ser felices y aceptados siendo lo que somos. Solo por nacer rayados, anaranjados, blancos o azules, somos tigres…. Somos monstruos.
Y Shifu no lo pudo evitar más, sintiendo aquella tristeza tan profunda que emanaba de su hija, no quería causarle más dolor.
-No digas eso, Tigresa.-le hablo el panda rojo.- han pasado muchas cosas en solo unos meses, pero no es cierto. Tú no eres un monstruo, no es culpa tuya lo que le sucede al mundo. Has dado lo mejor de ti, has salvado vidas, más de las que crees haber arruinado.
-No sienta compasión por ti-le advirtió ella con los ojos ardiendo en llamas, literalmente.- Se lo he dicho ya, lo acepte, soy diferente, soy destructiva, y ya no me importa lo que me suceda…. Pero es justo por esto que me fui en primer lugar, no quería lastimar a nadie.
-Nos haces mas falta de lo que crees…- Y esta vez no hablo Shifu, Tigresa se volvió y encontró a un panda mirándola desde unos metros atrás.
-No me iré, solo acabare con esto.-dijo ella.
-¿Qué quieres decir?-le cuestionaron los dos al unísono.
-Tengo que volver al Xing Long, al menos merecen saber lo que le ha ocurrido a su líder, debo volver y hallar a alguien que pueda dirigir el pueblo.-revelo ella.- Y después buscare a Liang Zhe.
-Tigresa, Liang Zhe tardara años en aparecer-dijo Po con la intención de tranquilizar a su amiga.- Broun dijo que Liang tardaría mucho en reunir todo su poder para desafiarnos.
-No sabes de lo que hablas, Po-dijo ella con una oculta burla.
-claro que si, después de todo yo soy el guerrero dragón. Además Quiang me lo dijo.-contesto Po con orgullo.
-A mí no me lo ha dicho nadie, lo sé. Lo he visto, es simplemente el ser más maligno que había visto jamás.-replico Tigresa manteniendo aquella dolorosa indiferencia en su voz.-
-¿Un visión, un sueño? ¿Cómo lo viste, Tigresa?-cuestiono Shifu.
-Lo vi en persona, me ha hablado, me ha tocado, lo he golpeado, me ha susurrado verdades al oído y yo no había sido capaz de rechazarlo, ni de hacer nada al respecto.- y la felina bajo la mirada, apretó los puños, furiosa internamente por su cobardía.
-Pudiste decírnoslo.-el panda se acercó por detrás y coloco una mano reconfortante sobre el hombro caído de su amiga.- ¿No confías en nosotros?
-Sí, confió en ustedes, pero tenía miedo.-acepto ella con la voz baja.-Temía que si lo comentaba, ustedes dejarían de confiar en mí.
-Po.- ella se volteo y lo miro a los ojos.- En el laberinto, la vez que apareció la creatura, yo no la vencí, no era yo. Ese día, Liang Zhe apareció y me molesto, me hizo enojar y me dijo que solo un monstruo podía derrotar a otro monstruo…
-Tigresa, no creas que tú eres un….-la felina no dejo que el úrsido terminara aquella frase.
-Po, no lo entiendes…. Aquí el único demonio el Liang Zhe, él es el monstruo-comento ella.- hasta ahora no lo había entendido, pero tenía razón.
Po arqueo la ceja, confundido.
-Solo un monstruo puede vencer a otro monstruo.- y entonces Tigresa compuso una sonrisa repentina que desconcertó a ambos pandas.- Y ahora mismo, ese monstruo soy yo.
El Guerrero dragón esbozo una sonrisa ladina, pequeña y apenas perceptible.
-En ese caso, debo decir que eres la monstruita más bella que he visto.- y la estrechó en un abrazo.
-Po, solo…-miro a Shifu y al cuerpo de Shu pausadamente.- Ayuda a Mi padre, está cansado, seria grandioso si lo pudieras llevar hasta el palacio.
El panda obedeció sin dudarlo ni un segundo. Tomo a Shifu en brazos y lo llevo, mientras Tigresa cargaba con el cadáver de Shu, debía enterrarlo con todos los honores, como se lo merecía.
Los demás furiosos llegaron casi jadeando por el esfuerzo, pero su pequeño martirio físico fue borrado de sus mentes al momento de ver a la felina cargando en brazos al anciano felino de ojos azules. Grulla se quitó el sombrero, por respeto. Los cuatro guerreros se lamentaron, se dirigieron al palacio en silencio casi sepulcral. No hablaron en todo el camino, Shifu había dormido, sin querer, pero su cuerpo estaba acabado y se lo exigía.
Muchos habitantes en el valle de la paz despejaron el camino al ver entrar a los guerreros con la mirada gacha. Muchos aldeanos se apartaron y bajaron la mirada con una respetuosa reverencia mientras la silenciosa comitiva atravesaba las calles en dirección a las escaleras del palacio de jade.
Y subieron, con las nubes grises cubriendo sus rostros al medio día. Algunas lágrimas traviesas escapaban por los ojos de los guerreros, Shifu, Tigresa, Po, Los furiosos, todos lamentaban la pérdida del gran felino.
-¿Cómo fue que paso?-se atrevió a decir Po una vez que hubieron llegado a la cima del palacio y depositado el cuerpo sereno en el salón de los guerreros.
Shifu se vio víctima de seis interrogantes miradas, confundidas, ansiosas de la verdad.
-Lo asesino un felino de ojos rojos.-fue lo único que revelo Shifu por miedo a dar más detalles, detalles que incluso lo perseguirían en sus sueños. Tigresa arqueo ambas cejas, ¿Ojos rojos? No podía ser, ella estaba segura de que el culpable había sido Liang…. Pero… ¿Y si no?
-¿Te dijo algo antes… de….?-Tigresa se cortó a sí misma, no quería hablar más.
Shifu movió los ojos de un lado a otro de manera imperceptible. ¿Qué debía hacer? Y entonces recordó su promesa, no lastimar a Tigresa, nunca más pasara lo que pasará. Con la voz seca y la garganta rasposa respondió en una sola oración, sencilla, cálida, lo que el creyó que Tigresa necesitaba oír.
-Amo a mi hija…-respondió el viejo maestro con la mirada fija n los vidriosos ojos de su hija y alumna.- y lamento no haber pasado más tiempo con ella.
Todos callaron. No se escuchaba ni el respirar del viento. Parecían sumidos en sus mentes, reflexionando el significado de aquellas palabras. Nadie rompió el silencio…. Hasta que un rayo impacto justo frente al palacio.
El suelo tembló y los guerreros cayeron al suelo. Se levantaron como pudieron y luego salieron corriendo, abrieron las enormes puertas de madera del salón y sus ojos se abrieron a más no poder. Frente a ellos el cielo comenzaba a oscurecerse, el sol que recién había salido comenzaba a tornarse oscuro y luego blanco lechoso.
Las nubes cubrieron con celo aquella aparición, los maestros observaban atónitos aquel horrible espectáculo. Cientos de sombras comenzaron a cubrir el palacio y todo el valle, el bosque y a toda China.
-¿Qué está sucediendo?-grito Mono entre el caos que comenzaba a formarse.
-Liang Zhe.-murmuro Tigresa con un gruñido potente. Se sujetaba fuerte de una de las columnas y con su aguda vista felina observo cientos de deformes y oscuras figuras arrastrarse hacia una montaña, y del otro lado docenas de temerosos felinos rayados se arremolinaban en sus hogares, restaurantes, en todos lados intentando huir de la oscuridad que se cernía sobre ellos.
Continuara…
No hay mucho que decir, solo que, como creo ya notaron, se avecina ya el final. No muy pronto, aún faltaban varias cosas, pero ya estamos en la recta final de este mi primer fic.
Espero les haya gustado.
Ya saben que aquí se aceptan reviews de cualquier tipo, comentarios, felicitaciones, quejas, lo que sea que me quieran decir es bienvenido.
Hasta la próxima :D
