¡Aleluya, he aparecido! ¡Yeih! Por fin titulada, oficialmente licenciada. Y bueno, regresando a la historia, a penas respondí el fin de semana pasado algunos reviews y aquí respondo otros. Así que sin más les dejo el capítulo.
Capítulo 26: Digámosle a Charlie
BPOV
No me lo podía creer. Acabábamos de follar en el cubículo de la biblioteca ¿Qué hubiera pasado si alguien nos descubría? o peor, ¿qué si alguien nos escuchó? Tratamos de ser silenciosos, pero a veces la pasión no se podía ocultar. No me arrepentía, lo había disfrutado inmensamente. Había sentido a Edward en toda su plenitud y era la sensación más placentera que jamás experimentaría. Sin importar lo que pudiera ocurrir, lo volvería a hacer. Lo había extrañado tanto esos últimos días.
— ¿En qué piensas preciosa?
—En lo que acaba de pasar.
Edward detuvo su coche en su estacionamiento habitual en el conjunto de departamentos.
— ¿Te ha molestado? —preguntó dudoso—. Lamento si me dejé llevar y…
— ¿De qué hablas? Fue lo más excitante que he hecho y me ha fascinado; sigo completamente alucinada por ello.
—Entonces ¿Te ha parecido bien? —se giró a verme directamente a los ojos.
— ¿Bromeas? Lo he disfrutado intensamente. No quiero decir que las veces anteriores no lo haya hecho pero esta parte salvaje de ambos me ha encantado —sentí mis mejillas sonrojarse por la confesión.
—Adoro tus sonrojos —acarició mi mejilla—. Yo también lo he disfrutado mucho.
—Así que tienes carta blanca para volverlo a hacer —le dije pícaramente.
— ¡Santo Dios! He creado a una exhibicionista —empezó a reír.
— ¡No! —me defendí— Me refiero a la parte salvaje —el sonrojo regresó.
—Deberíamos entrar a casa ya.
— ¿Por qué?
—Porque en caso contrario no creo poder controlarme y te tomaré aquí mismo —en cuanto terminó de mencionar esas palabras una calidez recorrió todo el centro de mi cuerpo y se contrajo de placer absoluto ante la idea de hacerlo en el estacionamiento. Quizá si era una exhibicionista.
—Quizá si el volvo tuviera los vidrios tintados.
— ¡Joder!, Bella, ¡quieres matarme!
—Andemos a casa entonces —besé sus labios y esperé a que se acercara a mi puerta para abrirla.
—Sólo dos noches más y regresarás a mí.
—Nunca me he ido de tu lado.
—Sabes a lo que me refiero —besó mi cuello con pequeños besos de mariposa mientras rodeaba mi cintura desde atrás.
En cuanto entramos al departamento de Alice la encontramos en el suelo con papeles regados por todo el suelo. Tenía sus audífonos y era incapaz de darse cuenta que habíamos entrado. Le pedí a Edward que guardara silencio, cosa inútil porque, aunque hubiera decenas de elefantes en medio de la sala ella seguiría en su mundo; corrí hacia Alice y caí encima de ella. Lo siguiente fue un grito histérico de Alice y manotazos por parte de ambas.
— ¡Me has asustado! —gritó Alice mientras se retiraba sus audífonos.
—Es para que pongas seguro a la puerta. No puedes andar de confiada —le dije.
—Mira quién lo dice —respondió Edward mientras se sentaba detrás de mí y me rodeaba con sus brazos.
— ¿A dónde han ido? —Alice hizo a un lado sus cosas y se subió a un sillón mientras Edward y yo nos quedamos en el piso.
—Acompañé a Bella a la biblioteca.
— ¿Has encontrado lo que buscabas? —me preguntó Alice.
¡Mierda! No había buscado nada de nada. Tendría que volver a buscar los libros y ahora sí dedicarme a encontrar el material necesario. Nota mental: no llevar a Edward a la biblioteca o a algún otro lugar que necesite de mi atención completa.
—Este algo así.
— ¿Algo así? —preguntó confundida.
Miré a Edward implorándole ayuda, no sabía qué decirle, lo más seguro es que terminara descubriendo que le mentía, pero Edward sólo sonreía con su maldita sonrisa moja bragas.
— ¿Y entonces? —volvió a preguntar Alice.
—Pues no encontré los libros, al parecer los han prestado por error. Tendré que ir nuevamente entre semana para sacar la información.
—Puedo acompañarte —se ofreció Edward.
—No, gracias —lo miré entre pestañas, él me respondió con una sonrisa burlona.
Pasamos el resto de la tarde con Alice. Desde su ruptura con Jasper, Edward no había querido dejarla sola mucho tiempo. Habíamos decidido que cuando Carlisle se marchara ella volviera con nosotros al departamento. Ninguno de los dos estaba listo para verse nuevamente, así que procurábamos mantener a Alice lo más alejada posible de Jasper.
—Chicos —nos llamó Alice cuando entramos al departamento de Edward.
— ¿Qué sucede? —le pregunté.
— ¿Seguros que Jasper no vendrá o se parará por acá?
—Rosalie nos dijo que le avisaría, así que no creo que venga y si lo hace sabrá que te encontrará muy probablemente aquí —le respondió Edward.
—Preferiría que no verlo.
— ¿Y si él quiere hablar contigo? —los ojos de Alice brillaron de esperanza por una milésima de segundo.
—Lo dudo mucho, estaba muy enojado conmigo. Era casi como si me odiara.
—No digas eso Alice. Jasper te ama con locura, sí, está molesto, pero no por ello te odia.
—Hubieras visto su mirada. No había rastro alguno de amor.
—Pero no entiendo ¿Qué sucedió? Ese día que estuve contigo hasta que te quedaste dormida creí que se arreglarían las cosas. Él se veía muy preocupado y por la forma en que te abrazó creí que…
—Que hablaría conmigo —tomó una gran bocanada de aire—. En esa ocasión estuvo al pendiente de mí, sí, estaba preocupado, pero en cuanto salía el tema fluían los reproches. Lo vi en su mirada, aunque hubiéramos hablado él no lo olvidaría fácilmente. Entendí que no podía continuar con él sabiendo que cada mañana vería en sus ojos la desconfianza y el reproche.
—Hablas como si lo hubieras engañado —sentenció Edward.
— ¿Y no fue así? Hay distintas maneras de engañar, Edward. No es necesario ser infiel para declararlo un engaño.
— ¡Oh, Alice! —la abracé.
—Descuida estoy bien. La venida de papá me hizo mucho bien.
—Me imagino.
—Y ¿Cuándo tienes planeado volver a hablar con Jasper?
—Si se puede, hasta las vacaciones de Navidad —me quedé estupefacta, Alice no huía de las cosas—. Entiéndeme, no puedo hacerlo.
—Será a tu modo —le dije y le sonreí para demostrarle que contaba conmigo.
Llegaron las vacaciones de diciembre y Alice literalmente iba temblando al lado mío en el avión durante nuestro viaje hacia Seattle. Entre Alice y yo habíamos planeado irnos nosotras solas al último con el pretexto de recoger unos papeles para mi participación en el proyecto de Bellini. Los chicos nos estarían esperando en el aeropuerto debido a que ni Carlisle, ni Charlie habían podido tener el día libre para ir por nosotras. Habíamos pedido a Emmett y Edward que evitaran llevar a Jasper. Alice todavía no se sentía preparada para enfrentarlo. Triunfalmente habíamos logrado que no chocaran o coincidieran en ningún lugar en todo ese tiempo; eso último había hecho enfadar a Rosalie por unos cuantos días, pero al final pareció comprenderlo.
—Tranquila, Alice.
—Es que todavía no estoy preparada —chilló.
—Lo sé, Alice.
— ¿En serio?
—Sí, te la has pasado repitiendo eso mismo en las últimas dos semanas.
—Lo siento —respondió avergonzada.
—Descuida.
Como lo planeamos, Jasper no había asistido al aeropuerto. Ahí estaban Emmett, Seth y Edward esperándonos. El pequeño, ya ni tan pequeño, Seth corrió a abrazarnos a Alice y a mí.
— ¡Sargento Bella! —sus pequeños brazos rodearon mi cintura.
— ¿Ahora soy sargento? —pregunté confundida.
—Sí, el capitán Emmett dijo que ya eras una niña grande por algo que pasó con el pequeño Eddie.
— ¡Emmett!
¿Cómo había podido hablarle de esa manera a Seth? No se daba cuenta que estaba hablando con un niño. Mi cara estaba roja debido a la vergüenza, pero principalmente al coraje. En verdad alguien quería explicarme qué carajos había salido de la enorme boca de mi hermano.
—Juro que, así como lo ha dicho el pequeño Capitán Seth suena totalmente fuera de contexto en como lo dije —explicó rápidamente— Obviamente no me refería a tus noches de aventura con…
— ¡Emmett! —gritamos Edward y yo al mismo tiempo mientras la risita de Alice se escuchó a mi lado. La miré fulminándola.
— ¿Qué? No puedes decirme que no es gracioso.
—Bueno, es un poco gracioso, hay que reconocerlo Bella —se acercó Edward a mí.
—Oh, quiero ver qué tan gracioso lo considera Charlie cuando escuche a Seth decir lo que acaba de decir —Edward fue incapaz de tragar saliva en cuanto mencioné a Charlie. Habíamos decidido hablar el mismo día en que llegara.
—Seth podrías hacerme un favor —pidió Edward colocándose a la altura de Seth.
—Aja —sonrió mi pequeño, ni tan pequeño, demonio.
—Podrías evitar que Charlie escuchara el por qué Bella ahora es un sargento.
— ¿Por qué? —preguntó curioso.
—Porque es una sorpresa —le dijo.
— ¿Me comprarás no uno si no dos helados si lo hago? —levantó dos de sus dedos delgados y blancos.
—Trato hecho —le dijo Edward.
—Y a todo esto Seth —comencé a platicar con él mientras caminábamos por el aeropuerto— ¿Cómo es que tú ya eres capitán? Soy más grande que tú, tú deberías ser el sargento.
—Ah Bells, eso es muy sencillo —me miró como si fuera boba—. Tú eres la hermana.
—Aja.
—Y nosotros —se señaló a sí mismo y a Emmett— debemos protegerte, como tu hermano menor asciendo automáticamente a esa posición para poder protegerte.
— Ah, claro, ¡cómo no lo pensé yo misma!
— Ay Bells, tonta.
Me fui en la camioneta de papá que llevaba Emmett, pero Edward y Alice insistieron en acompañarnos. En cuanto llegamos vimos que ni rastros del pequeño carro de Sue, así que habría que esperar.
—Qué pena, me hubiera gustado saludar a Charlie y Sue —dijo Alice.
Me acerqué a Edward, esperaba un momento con él a solas. Después de la visita de Carlisle no nos habíamos separado, así que los últimos días habían sido un martirio. Todas las noches hablábamos diciéndonos cuánto extrañábamos el calor del otro, los brazos y caricias, los besos. Sí, éramos unos jodidos adictos.
—Creo que estos dos necesitan su tiempo —dijo Alice a Emmett.
—Seth ¿Quieres helado?
Emmett todavía no terminaba de mencionar la palabra helado, cuando el mocoso de Seth ya se encontraba corriendo a la nevera.
— ¿Helado con este clima?
—No hace tanto frío, Bells —le restó importancia y después ingresó a la casa gritándole a Seth que le dejara un poco del helado de vainilla. Alice se adentró detrás de él, preguntando si tenían de cereza.
—Hola, preciosa —Edward me jaló pegándome a su cuerpo inmediatamente después de que nuestros hermanos desaparecieron en la casa.
—Hey, hola —nos acercamos tanto, hasta que nuestros labios estuvieron completamente unidos. Gemí por la sensación ya extrañada de la suavidad y calidez de sus labios contra los míos. Pidiéndome abriera la boca para recibirlo. Sus manos se fueron directo a mi coleta y me quitó la gomilla con la que mantenía agarrado mi cabello.
—Mucho mejor —dijo entre mis labios—. Te he extrañado.
—No tanto como yo a ti.
—Mentiras —iba a protestar cuando volvió a unir nuestros labios. Acariciaba tan tiernamente mis labios con su lengua. Llevé mis manos a su cuello y enredé mis dedos en su sedoso cabello cobrizo— ¿Crees que cuando le contemos a Charlie lo nuestro me dejé quedarme? —preguntó separándose de mis labios.
—Buena suerte con ello —le palmeé su hombro.
—Bella —protestó como niño pequeño—. Serán otras semanas sin ti.
—Lo sé, a mí tampoco me agrada.
— ¿Sabes lo horrible que se sienten mis sábanas sin tu hermoso cuerpecito acurrucado a mi lado?
—No necesitas decírmelo, sé perfectamente cómo es.
Lo abracé y escondí mi rostro en su cuello. Escuchaba latir su corazón, ese sonido me relajaba más que cualquier cosa. Edward no esperó para rodearme con sus brazos y esconder su propio rostro en mi cabello.
— Hueles demasiado bien —le dije.
— ¿Tu olor favorito? —preguntó.
—Aja, el mejor de todos. Olor a Edward, mi Edward.
—Todo tuyo preciosa —recorrí su cuello de arriba abajo con mi nariz para olerlo mejor—. Yo que tú no haría eso —dijo con voz ronca.
— ¿Por qué?
—Tendremos serios problemas allá abajo.
—Podríamos ir al baño del segundo piso.
—Ni hablar, no pienso arriesgarme a que Emmett me corte las pelotas —solté una carcajada. Vaya que entre mi padre y Emmett terminarían espantándome al novio.
Volví a abrazarlo, pero en esta ocasión él pasaba su mano a lo largo de mi cabello y dejaba, entre ratitos, besos en mi cabeza. No supimos cuánto tiempo pasó, pero fuimos sacados de nuestra burbuja con un carraspeo a mis espaldas. Edward me soltó inmediatamente y se puso más pálido que un fantasma.
— ¿Se puede saber qué está pasando aquí? —la cara de Charlie brincaba entre el rojo y el morado. Sue estaba detrás de él sonriendo con complicidad.
— ¿Papá?
— ¿Charlie?
— ¡Sí, yo!
— ¡Hola, papá! —corrí hacia él para abrazarlo y saludarlo.
—Ah, ah, no me cambiarás el tema jovencita ¿Qué está sucediendo aquí? No me vengan con que es un abrazo de amigos porque a ustedes dos los he visto montones de veces abrazados y esta vez es diferente —me apartó de él y lo miré confundida.
—Está bien, luego no reclames que no vengo a casa.
—Isabella, no empieces ¿Qué estaba pasando hace unos momentos entre ustedes?
Y cómo no, las cosas podían empeorar. Seth apareció detrás de las piernas de Charlie y se pusó enfrente de él.
—Yo puedo explicarlo porque lo vi tooooooodo, general —dijo alargando la primera "o".
—Seth —traté de advertirle.
—Lo que sucedió es que Bells y Edward se estaban dando besitos así —puso sus manos como si fueran piquitos y los chocó unas y otra vez.
— ¿¡Qué!? —la cara de Charlie era completamente roja, mis sonrojos a comparación de su cara en esos momentos eran una palidez absoluta.
—Charlie, Bella y yo tenemos que hablar contigo.
—Creo que deberías esperar a que deje la pistola en la mesa y recupere su color —murmuré. Edward seguía sin recuperar su color, y cada vez le resultaba más complicado el poder respirar.
—Charlie, calma, escucha a los chicos —Sue nos guiñó un ojo a Edward y a mí.
Varios segundos después, que parecieron horas, Charlie reaccionó y nos pidió que entráramos a la casa. Sue y Seth nos acompañaban detrás de nosotros. Emmett se asomó para saludar a papá, al igual que Alice.
—Los escucho —nos dijo sentándose en su sillón de los domingos de béisbol.
Edward y yo decidimos sentarnos juntos en el sofá que se encontraba enfrente de Charlie. Nos tomamos la mano antes de empezar a platicar con papá.
—Papá…
—No —me cortó Edward—. Déjame empezar a mí primero.
—De acuerdo.
—Charlie, la única explicación existente para lo que acabas de ver en la entrada de tu casa es que Bella y yo estamos juntos.
— ¿Juntos?
—Sí, somos novios. Desde hace años he amado a tu hija, pero estaba ciego, no era capaz de ver lo que estaba enfrente de mí. Claro que sabía que Bella era una chica excepcional desde antes, pero me estaba engañando; sé que sonará jodidamente confuso, pero no la veía como la estaba mirando realmente. Era Bella, pero a quien realmente yo miraba era la chica con quien quería y quiero pasar cada día, quien se ha vuelto mi razón de vivir —explicó Edward.
— ¿Bella?
—Papá, prácticamente he vivido los últimos años amando a Edward. Sé que soy tu nena y quieres protegerme, pero sobre todo que sea feliz y juro por la memoria de mamá que Edward me hace completamente feliz.
Charlie dio un gran suspiro.
—Supongo que era de esperarse. Todos sabíamos que había algo especial en su relación y que era cuestión de tiempo para que fluyera en una nueva dirección.
—Entonces eso quiere decir que…
—Que estoy de acuerdo con su relación, Bella. Sólo te advierto una cosa Edward, por mucho que te aprecie y quiera a tu familia, por el mínimo daño que le hagas a mi hija te cortaré las pelotas.
—Si eso llegara a suceder yo mismo vendría a su casa para que lo hiciera —le dijo Edward totalmente serio.
—Sólo tengo una condición —agregó rápidamente Charlie.
—Dinos papá.
—Les pido que por mi paz mental procuren no ser tan demostrativos en sus afectos como los son tu hermano y Rosalie.
¡Dios! Mi cara había adquirido una nueva intensidad de sonrojo. Sentía mis mejillas quemarse de la vergüenza. Para nada me agradaba la idea de mostrarme ante mi papá o los papás de Edward de la manera en cómo se mostraban Emmett y Rosalie. De pronto la saliva se atoró en mi garganta y comencé a toser descontroladamente. Edward palmeó suavemente mi espalda pidiéndome que respirara, pero cada vez que lo trataba mi garganta se volvía a cerrar. Sue me trajo un vaso de agua y traté de beber.
—Tranquila, Bella —me dijo Sue.
—Estás como un tomatito, Bella —empezó a reír Seth.
—Ya estoy bien.
— ¿Segura, preciosa? —asentí.
Después del incidente pasamos a comer todos. Alice juró haber extrañado tanto la comida de Sue, que no lograba encontrar en New Haven a nadie con su buen sazón; Emmett sólo reiteró lo dicho por Alice al comerse cuatro, sí, cuatro platos de pasta.
—Entonces ¿Cuándo se lo dirán a tus padres, Edward? Porque se lo dirán ¿Cierto?
—Por supuesto, bueno, aunque Carlisle ya lo sabe, lo descubrió prácticamente él en su viaje a New Haven, y le pedimos no dijera nada porque queríamos ser nosotros quienes les informaran— Edward tomó mi mano firmemente, y le devolví una sonrisa. Me sentía tan feliz de estar así con él frente a papá y Sue.
— ¿Y cuándo planean hacerlo?
—Esta misma noche. Vendré por Bella para ir a cenar a casa. Le pedí a mamá organizáramos una cena donde se enterarían todos, pero ahora lo sabes, aun así, están invitados a la cena.
—Muchas gracias, claro que iremos. Nosotros llevaremos a Bella.
—De acuerdo —por la expresión de Edward supe que esa idea no era del todo de su agrado, pero no se enfrentaría a su suegro después de unas horas de haberse enterado de nuestra relación. Así que para consolarlo le di un delicado beso en su mejilla.
— ¿A qué hora tenemos que estar en tu casa, Edward? — preguntó Sue.
—A las siete estaría perfecto.
— ¡No! —le dije— Eso a penas me da tiempo para arreglarme —me quejé.
—Tú ya eres preciosa —me dijo Edward— Podría llevarte, así como estás a donde sea y sería el chico más envidiado por llevarte conmigo —sus palabras me hicieron sonrojar furiosamente. Estando solos habría saltado a su regazo, pero estábamos frente a mi familia, así que me limité a esconder mi rostro en su pecho.
—Eres totalmente parcial.
—No puedes culparme, preciosa.
De no haber sido por el carraspeo de Charlie hubiera continuado con nuestra escena.
—Entonces a las siete —me dijo en la puerta de mi casa.
—Ahí estaré —asomó su cabeza hacia la casa.
— ¿Qué buscas? —pregunté juguetona.
—Estoy viendo si tu padre no se encuentra cerca.
— ¿Por qué?
—Por esto —rodeó mi cintura y me acercó a él para besarme. Sus labios fueron delicados y dulces, su lengua ya pedía permiso para entrar en mi boca, pero escuchamos que alguien bajaba por las escaleras. Se separó de mí y llevó sus dedos a su boca.
—A las siete entonces —dije en un murmullo, tratando de recuperarme del beso y cerré la puerta lentamente.
Bien ¿Ahora qué me pondría para la cena? La ropa que traía preparada para cenas importantes era para Navidad y Año Nuevo. Quizás podía usar uno y después pedirle a Alice que me acompañara a comprar otro vestido. Subí a mi habitación a tratar de arreglarme lo mejor posible. Y al entrar me encontré con un conjunto de ropa encima de mi cama. Era una falda negra con puntitos blancos ampona, que aproximadamente me llegaría a mitad de los muslos, y una blusa blanca de magas largas de encaje. Al lado un par de balerinas. Esto era obra de Alice. Lo que confirme al acercarme y encontrar una nota con su delicada letra diciéndome que ella sabía de la cena y también sospechaba que no llevaría algo útil. Agregué una nueva nota mental de abrazar a mi amiga y agradecerle por siempre salvarme de estas situaciones.
Me metí a la ducha y salí en tiempo record, deslizándome por los pasillos. No tenía más que una media hora para que nos fuéramos a casa de los Cullen, así que deje sueltas mis ondas y a penas y maquillé mis pestañas y un poco de brillo en mis labios. Alice estaría orgullosa de mí. Tomé las balerinas y bajé corriendo las escaleras.
—Estoy lista —declaré al pie de las escaleras.
—Vaya que estás impaciente —me dijo Charlie burlón.
—Conocerá a sus suegros —añadió Emmett en el mismo tono—. Así estaba yo cuando conocí a los padres de mi Rose.
—Muy graciosos.
—Déjalos, Bella —indicó Sue—. Luces preciosa.
—Gracias, Sue.
—Entonces andando —dijo Charlie.
Iba en la parte de atrás junto con Emmett y Seth. Mis manos sudaban, Charlie y Carlisle ya sabían que Edward y yo estábamos juntos, y a ellos parecía agradarles la idea, pero Esme; su opinión era sumamente importante para mí y esperaba que por lo menos lo aceptara. Todo el camino fui torciendo mis dedos, mis manos sudaban y juro que casi comencé a temblar cuando nos encontrábamos frente a la puerta de la gran casa de los Cullen. Todavía no tocábamos cuando Edward ya aparecía.
—Buenas noches —saludó a Charlie y Sue.
—Eddie, Eddie, a mí también me tienes que ganar. Soy el cuñado, trátame con respeto —dijo Emmett desde atrás, yo sólo rodé los ojos.
—Y a mí —escuché a Seth. Genial, lo único que Emmett era capaz de enseñarle a Seth era cómo pasarme a joder.
—Seth —le llamé la atención.
—Pero sargento Bella, Edward se lleva a mi hermanita.
—No me está llevando a ningún lado —le aclaré.
—Por ahora, enano, que no te engañe.
— ¡Emmett!
—Disculpa a este par —le dijo Charlie a Edward.
—De Emmett ya nada me sorprende —dijo Edward.
—Vas por mal camino, así no conquistarás mi corazón de cuñado —Emmett pasó al lado de Edward y palmeó su hombro.
Después del chiste de Emmett comencé a sentirme nerviosa nuevamente. El juego con mis dedos regresó. Miré por el espacio abierto de la puerta tratando de ver con lo que me encontraría.
— ¿Estás nerviosa? –preguntó Edward, incrédulo.
— ¡Sí! –chillé.
—Bella, es mi madre. Ella no tiene una pistola a su alcance con la cual amenazarte.
—Pero ¿Qué y si no le agrada la idea de que tú y yo estemos juntos?
—Esa idea es completamente absurda. Ella te ama y estoy segura que estará más de tu parte que de la mía. Seré yo el condenado.
— ¿Estás seguro?
—Claro que sí boba —me dio un beso en la punta de mi nariz—. Entonces qué dices ¿Entramos?
—Entremos —tomé su mano y nos adentramos en su casa. Cruzaba los dedos para que a Esme le agradara esto.
Y bien ¿qué tal estuvo?. A mí me encanta la fase por la cual están pasando, nada les perturba, por ahora la historia se centrará un poco en Alice y Jasper, pero desde los puntos de vista de nuestros protagonistas, espero les guste. Por cierto, les dejaré un pequeño avance del siguiente capítulo al final ;)
Reviews a responder: algún lector anónimo bueno con Edward y Bella continuarán las cosas bien, pero con Alice y Jasper, bueno, empeorarán un poco u.u Cary ya sé este par andan recuperando sus años de adolescentes hormonales, y continuarán aunque por el momento deberán controlarse ya que están con toda la familia, con Alice y Jasper, les caerá mal un poco Jasper, :/
Estoy pensando en cambiar los días de actualización porque a veces los viernes se me complica y termino subiendo un poco tarde el capítulo ¿A ustedes les gustaría que cambiara los días de actualización por algún otro día entre semana? Si es así, ¿qué día les parece mejor? Por lo mientras, el siguiente capítulo se publicará el siguiente viernes y les aviso qué día publicaré. Hasta el siguiente viernes, divinuras!
-ADELANTO-
—Pues luces realmente maravillosa. Entonces estos días dormiré lejos de ti
—Ahora entiendes a Emmett.
—No es gracioso. En verdad que no sabes lo fatal que lo paso durmiendo lejos de ti.
—Vamos, Edward, no exageres. Hasta hace un par de meses dormías completamente solo, bueno algunas veces y lo hacías de maravilla.
—Primero, nunca dormí con nadie, sólo tenía sexo con ellas y se marchaban.
—Pues recuerdo varias veces en las que me despertaba y ellas salían de tu habitación.
—La explicación es realmente sencilla, una de dos o me salía a la sala a dormir mientras ellas se quedaban en mi cama, o bien, las llamaba a media noche después de tener un puto sueño erótico contigo, preciosa.
— ¿Sueñas co…conmigo?
—Más de lo que te imaginas. Y de maneras poco decorosas.
