"Historias que con el lento paso del tiempo se convierten en leyendas."
26. La plaga de los insectos
Nueve cristales. Nueve llaves que abrirán la tumba de Dios. Grandes secretos que se revelarán al nuevo Dios, el Heredero que subirá al trono y gobernará por una nueva eternidad al universo. Y Rei soñaba con el fin del mundo en lugar de escuchar al profesor en turno. Grandes tormentas eléctricas anunciaban la ascensión. Ella contemplaba como en una película la destrucción. El suelo se abría y de él emanaba lava hirviendo. La furia de la naturaleza no tenía fin, el mundo entero se sacudía buscando restauran el orden perdido. De lo alto de Tokio caía Eterna Sailor Moon con sus alas despedazadas. Los nueve cristales resplandeciendo, mientras el Cristal de Plata se elevaba para llegar a manos del nuevo Dios. Los feroces guardianes de la tumba acaban de despertar al llamado de su señor. Y Rei pudo contemplar de cerca el rostro del Heredero: Haruka Tenoh. Sus ojos azules la veían fijamente, como si supiera había entrado a la visión. Empuñó su espada y con furia colosal se dejó ir sobre ella. Despertó asustada
-¿Pasa algo señorita Hino? – la interrogó su profesor
- No es nada – sudaba aún mientras las palpitaciones de su corazón delataban su estado de ánimo – No es nada
- Bien entonces continuemos…
En cuanto la clase terminó se fue a casa. Se encerró en una de las habitaciones para meditar. Necesitaba descifrar el sueño y entender cómo es que Haruka ascendería al trono.
-¿Qué tienes? – entró Mina
-¿Qué haces aquí? – se sorprendió de verla
- Nada en especial – sus mejillas se colorearon de carmín – Vine a visitar a Nicolás
- Sí, claro – su mirada fiera la penetró
- Como sea, te ves mal ¿Qué te pasó?
- No es nada. Cierra la puerta y siéntate por favor – así lo hizo la rubia – Sé que ya no eres una Scout pero esto es un consejo de una ex líder a nueva líder… ¿No crees que Serena no está lista para ser princesa? ¿O Scout?
-¿Y lo estamos alguna? – rió animadamente – creo que no somos exactamente las heroínas perfectas… No somos como Haruka y Michiru o Setsuna… pero hemos mantenido la paz y salvado al mundo muchas ocasiones así que tal vez nos salimos un poco del estándar pero cumplimos nuestra misión
- Este enemigo es diferente… Ni siquiera hemos visto su rostro o sabemos a ciencia cierta qué quiere… Si es el Ángel Negro Serena habla de cuidarlo porque ve algo especial en él… si es la nave es un objeto controlado por algo más… si es un Dios, si un Heredero… Y al final ¿Qué se supone hacemos?
- Pues no sé
No era la primera vez que tenía un sueño tan horrible. Varias veces el fuego le señaló a las Outers como el peligro pero ella seguía sin entender a qué se referían sus visiones. A veces pensaba que tal vez el enemigo venía del exterior pero lo cierto es que se engañaba.
- Acompáñame, quiero visitar a un colega que nos lea nuestro destino
-¿Crees en el destino? – y con su silencio la morena le contestó – pamplinas – rió alegremente la rubia – podemos cambiar nuestro destino eso te lo aseguro – le guiñó el ojo para tomarla de la mano – Te prometo estaremos bien
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La Universidad se convirtió en un martirio para Serena. Ya no podía seguir así y ahora que acaban de iniciar el segundo semestre estaba segura también reprobaría todas las materias. Dentro de dos semanas más presentaría los extraordinarios y de no aprobar por tercera y última vez tendría que ir directo a recurso. Pensaba en ello cuando se dirigía a la última clase del día. Todas intentaron ayudarle, hasta Mina puso un empeño especial para que aprendiera inglés pero ella era torpe… Siempre sería la buena para nada de Serena
- Soy torpe hasta para ser torpe – musitaba
- No te desanimes – la alcanzó Sophie – a todos nos pasa y verás que con un poco más de empeño
¿Más empeño? Estudiaba como nunca en su vida, casi no dormía por hacer tareas, traducciones, memorizar conceptos complejos, repasar todo lo que nunca estudió en la escuela elemental… Ya no podía. Hablaría esa misma tarde con Orión y le explicaría que ella no nació para ser princesa…
- Creo me iré a casa
- Como quieras – bajó la mirada su amiga sabiendo que nada la animaría – Te pasaré los apuntes… Y si quieres puedo ayudarte
- Gracias
Caminó a casa cabizbaja. Ahora sus pensamientos estaban en Mina y su salida de las Scouts. Se imaginaba su vida sin ser Sailor Moon o pensar que un día se convertiría en reina de Tokio de Cristal ¿Podía ella también renunciar? Quería una vida apacible y normal, poder salir con Kared y no sentirse aprisionada hasta con sus seres amados… Anhelaba escapar… pero si ella dejaba de ser Sailor Moon quién cuidaría del Ángel Negro… ¿Quién protegería a Kared? O a Rei… O…
-¡Serena! – la cargó el chiquillo riendo como loco
- Por poco – jadeaba Michiru riendo traviesamente
-¿De qué escapan?
- De Lindsay – reía animadamente – Mira qué carita ¿Qué tienes? ¡A que adivino!
- No quiero hablar de eso Kared
-¿Es la Universidad? – musitó Michiru
- No importa – sus ojos azules se clavaron en lo alto de la bóveda celeste
- Sino importa no deberías tener esa miradita – la tomó el niño del mentón para besar sus labios – Te invito a comer eso nos reanimará a ambos
-¿Reanimar? ¿Ha pasado algo malo?
- Pasará – rió de nuevo Michiru – Te veo en casa Kared
-¿Qué pasa?
- Nada, nos aburríamos y hemos estado siguiendo a Lindsay y se dio cuenta así que salimos huyendo – soltó una gran carcajada – ahora estará furiosa así que será un mal día… ¡Qué haces cuando la curiosidad te mata!
-¡Kared!
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Mina se sintió mejor lejos del templo y el adivino. Ahora estaban a salvo y es que a pesar que nunca creyó en ello siempre esas personas le inspiraron mucho respeto y temor. Para ella no era ese tipo de lugares en cambio un centro comercial como en el que estaban era perfecto.
- Repíteme exactamente qué busca – pidió la niña rubia
- No sé – dijo Lita viendo la ropa
- Es demasiado costosa – comentó Rei
- No importa, gastaré todos mis ahorros
- Debes estar bien loca – reía Mina alegremente – a ver déjame ver ¡Qué tal esto! – mostraba la blusa azul claro perfecta para ella
- Quiero algo elegante y conservador
-¿Quieres verte como tu maestra de piano?
-¡Es violín! – gritó algo exasperada – Mina no te burles
- Lo siento – bajó la mirada – algo elegante y conservador… Si nos dijeras exactamente cómo quieres verte sería más sencillo – refunfuñó buscando entre la ropa
-¿Y de donde venían ustedes dos? – cuchicheó al ver lejos a Rei
- Pues fuimos a ver a un adivino para que nos leyera las estrellas o algo así… Nuestro destino
- Pues parece que es estar juntas – se rió alegremente
- Ahora eres tú la que se burla – frunció el ceño fingiendo molestia – Está muy preocupada por el enemigo… ¿Y si la atacaron sola y por eso está así?
- Esta así porque te saliste de las Scouts es todo – masculló – ¡Mira que bonita blusa!
- Haberlo dicho antes – musitó frunciendo la boca – quieres un estilo parecido al de Michiru – tronó los dedos sabiendo qué buscar – eso es fácil… Aunque Michiru tiene estilo por sí sola… creo que se ponga lo que se ponga siempre se ve genial ¿No crees? – y al voltear para verla se dio cuenta que estaba un tanto enojada – ¿Dije algo malo?
- No – se dio la vuelta – nada… ¿Y qué dijo el adivino?
- No sé… yo no entiendo de eso… supongo que nos moriremos… Todos debemos morir un día
- Ay Mina a veces tus chistes son demasiado pesimistas
-¡Es cierto! Todos nos moriremos un día
Lita volteó a ver a Rei. La joven se veía un poco ausente. Seguramente lo que el dijo el adivino no fue bueno o algo claro. Orión se lo dijo en varias ocasiones, a veces no se trata de encontrar las respuestas sino saber el tiempo para ellas pues no siempre pueden entenderse. Y de verdad ella quería entenderlas ¿Cómo sería posible que un día Michiru Kaioh se convirtiera en su enemiga? Peleaban por lo mismo, lucharon tantas veces juntas que resultaba tan risorio pensar en ello.
- Es el Heredero – gritó el gato e Ismael una tarde cualquiera
- No importa – la defendía – ella nunca le hará nada a Serena
-¡No lo entiendes niña ingenua! El poder corrompe a la gente
El poder… Y ella ya no se preocupó por entender su respuesta sino por prepararse para el fin. Temía tanto por lo que pasaría con Haruka, el gato estaba seguro que cuando la joven violinista ascendiera al trono la aniquilaría. Pero para eso estaba Lita Kino, cuidaría de ella, la amaría y sanaría sus pesares…
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Amy estaba tan aterrada que pasaba casi todo el tiempo transformada y encerrada en su habitación. Sus ideas fluctuaban tan rápidamente dejándola fuera de control. Como todos los días se encerró en su habitación. Su madre llegó temprano, estaba preocupada por sus reacciones hostiles y lo mucho que descuidaba al pequeño Henok.
- Abre la puerta
-¡Lárgate! – gritó furiosa
- Me llevo al niño ¡Ya basta Amy! Tienes que detenerte
¿Detenerse? Pero si apenas había comenzado. Traicionó a sus amigas buscando salvar la vida de dos personas que la olvidaron, vivió toda su vida para estudiar y hoy no tenía nada más que un insípido talento que la tenía atada a una terrible condena.
- Niña – oyó la voz de Mitche – ábreme soy yo
-¡Lárgate!
- Oye, si no te presentas a trabajar te despedirán y eso no es gracioso
-¡No me interesa!
- Ya no puedo cubrirte sabes… Y estás empezando a asustarme ¡Abre la puerta odio platicar así!
Y la puerta se abrió. Amy estaba sentada en un rincón de su habitación. Estaba tan paranoica que ya no quería ni salir a la calle, temía que algún ser humano se convirtiera en un horrible ser y la tacara. Estaba segura había un complot contra ella para robarle toda su energía y su hermoso cristal. Ya muchas veces Mitche la escuchó hablar de ello pero nunca le dio mucha importancia, generalmente los genios como ella eran muy excéntricos y quisquillosos, algunos de su temores y complejos los llevaban a la irrealidad interpretándolos con fantasías bastantes irreales, pero Amy estaba llegando a un punto en que esas ideas nublaban completamente su razón y su vida
- Ya basta sabes – comenzó Mitche – estás asustando a todos… Y me estoy cansando de mentir por ti
- No te lo pedí – mantenía su mirada fija en el piso
- Bien entonces – tomó su mentón – ¿Me harías un favor?
- No
- Por favor
- No
-¿Y si suplico?
- Menos
-¿Y si lloro, ruego y pataleo?
- No – sonrió o por lo menos eso le pareció
- Ni siquiera sabes cuál es el favor, qué mala eres… ¿Y tus amigas?
- No sé
-¿Y si vamos con ellas?
- No
- Una cosa es cierta Amy eso de la soledad está complicando tu problema… estas llegando a un punto donde ya no habrá retorno… Este es el favor que quiero me hagas, ve al trabajo, no hagas nada, sólo no estés aquí encerrada todo el día, ve a trabajar o a la universidad, escoge una cosa, solo una
- No voy a salir
- Te prometo no volverte a molestar… Ve al trabajo, nos divertiremos mucho y trabajaremos juntos, te prometo no harás mucho… Es más mañana me acompañas… solo irás a ver qué hago a parte de perder el tiempo ¿Te decides?
- No quiero ir
- Vendré por ti a las ocho y más vale me abras, hace frío afuera y no me iré sin ti
- Te odio – musitó escondiendo la cabeza entre sus brazos
- Yo también te quiero linda – besó su cabecita – trata de dormir, nadie te va hacer nada… Te lo prometo
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Serena finalizaba su clase. Kared se destapó los oídos dando gracias a los dioses. Sonrió y tomó de la mano a su novia para llevarla a comprar un helado. Ya iban de salida cuando vieron a Lita llegar. La joven se quedó boquiabierta observando el cambio de su amiga. Se había maquillado, pintó sus labios de un rosa intenso precioso y su cabello lo dejó suelto, se rizaba de forma tan hermosa que se veía como una princesa. Lucía su nueva ropa y esas zapatillas de tacón alto tan finas que la hacían verse como toda una dama.
- Te ves muy bien – dijo Kared – eres el vivo retrato de la elegancia
- Qué linda te ves – es lo único que pudo expresar la rubia aún presa del asombro
- Gracias – sonrió con coquetería – ahora me veo más femenina, creo que éste es mi estilo
- Supongo
- Bien ¿Y como estuvo su clase?
- Bien – musitó Serena – pero qué linda eres Lita… ¡Te ves preciosa!
- Gracias – se sonrojó
Su clase terminaba a las seis y media. Hora en que la recogería Haruka para ir a cenar. Irían hasta otra ciudad, un pequeño restaurante que mucho le gustaba a la corredora. En cuanto finalizó la clase corrió al baño para darse un retoque, necesitaba verse más que hermosa para ella. Se miró al espejo dándose cuenta cuánto había cambiado. Se sonrió y acomodó su cabello para que cayera sobre sus hombros.
-¿Lita? – se quedó Haruka pasmada
- Hola, qué puntual – sonrió con coquetería
- Te ves hermosa… Bien ¿Nos vamos?
- Por supuesto – tomó el brazo que le ofrecía – ¿Y qué dijo Michiru de nuestra salida?
- Nada – sonrió con picardía
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Lo había intentado todo pero tal parecía que Lindsay no cedería. Aún no comprendía por qué estaba tan molesta, solamente descubrieron que ya no iba ni al instituto sino que se dedicaba a trabajar en la cocina de un restaurante. Tal vez era orgullo, o esa mala manía de mantener a las personas alejadas de su vida. Se sentó frente a ella y esperó porque se decidiera a mirarla
-¿Hasta cuando seguirás molesta conmigo?
- No sé – levantó su libro bloqueando el contacto visual
- Lo lamento – bajó el objeto – ¿Qué hago para que me perdones?
- Nada – se incorporó de la mesa
- No te vayas – la sujetó con fuerza de la mano mientras su rostro expresaba esa mueca suplicante y angustiante – por favor
- Bien – emitió un fuerte suspiro – qué quieres
- Ya te dije que me perdones
- Lo haré si me haces un dibujo
- Sabes ya no pinto – frunció el ceño molesta
- Bien pues ni modo no te perdono – se incorporó de nuevo
-¿Qué ganas con esto? – de nuevo la sujetó impidiendo se marchara
- Nada en especial… Me gusta fastidiar
Esta vez la soltó, mejor que se fuera. En cuanto se perdió de su vista fue a uno de los estantes de la biblioteca para sacar unos libros. Ella también debía irse a casa ya, era tarde.
-¿Es todo?
- Sí
Se encaminó al auto. Miró su mano enyesada y luego el cuaderno arrugado y pisoteado donde solía dibujar. No volvería pintar o a tocar quería olvidar. Una lágrima se deslizó por su mejilla. Cerró los ojos sintiendo al viento para implorarle viniera a ella.
- Qué lástima no llegará para verte con vida – sonó la grotesca voz de la bestia detrás de ella
-¡Qué quieres! – retrocedió asustada
- Terminar lo que empecé ¡El Heredero debe morir!
- No te comprendo
- Tú eres el Heredero, no intentes fingir conmigo… Siempre lo has sabido y pretendes robar mi gloria… ¡Yo soy el todopoderoso!
-¡Por el poder de Neptuno!
La bestia lanzó un poderoso rayo sobre ella que esquivó con gran maestría. Invocó a las mareas, dispuesta a terminarlo mientras el suelo retumbaba presa de la ira de los dioses. La temible creación divina sonrió observando esos ojos llenos de odio.
- No eres el único Heredero… y en cuanto termine contigo iré por el otro
- Eso lo veremos
Pero todos sus intentos por destruirlo eran en vano. Después de varios ataques ya no tenía energías para seguir la lucha. Sentía que se desmayaría. Su vista se volvió borrosa, la bestia se burlaba y reía de ella.
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Haruka le sirvió otra copa a Joan. Se sentía demasiado feliz esa noche como para dejarla meterse en su vida. Le preguntó por su padre y ella rió dejándole en claro no importaba, no había nada de loable en sus visitas de cada semana cuando ese pequeño detalle llevaba consigo un beneficio. La jovencita frunció el ceño sin entender a qué se refería
- Un día te lo explicaré – la besó con pasión
- Espera – rió a carcajadas sintiendo sus labios en su cuello – me haces cosquillas ¿Y quién ese esa niña con quien pasaste la tarde
-¿Lita? ¿Estás celosa?
- No – se ruborizó dándose cuenta que eso parecía – yo te amo y no me importa me seas fiel o no… Te amaré siempre
- Ella no me interesa, es una buena amiga. Eres una tonta – la besó de nuevo – sólo amo a una persona
- Michiru Kaioh ¿Verdad?
- Eh no – volvió a besarla para callar la tonta plática
Despertó cerca de las once de la noche. Escuchaba desde hacía horas el llamado del mar pero algo más pedía su presencia. Abrió la ventana sintiendo el aire fresco en su rostro. Cerró los ojos dejándose llevar por al brizna. Poco a poco se desvaneció para aparecer en ese sitio oscuro y tenebroso donde él la esperaba
- La bestia ¿Quién es? ¿Acaso tú lo has creado por error?
- No – sonrió al rubia – creí lo había destruido Michiru
- La bestia infernal… ¿Quién es? Dice que es Dios – musitó Isaac observando al poderoso ser sobrevolando la ciudad – busca a Michiru ¿por qué no has ido a ayudarla?
- No necesita mi ayuda… ¿Qué es lo que quieres? Eres muy molesto como Dios sabes
- Lo sé… ¿No detendrás a Michiru? Está a punto de destrozar la tierra
-¿Y crees me interesa lo que haga?
-¿Qué pretendes?
- Me voy… y no me invoques, empiezas a cansarme – se desvaneció entre pétalos de rosa.
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Michiru cerró los ojos. Sollozaba como un pequeño niño abandonado y temeroso. Siguió en su leve llanto hasta que estuvo de nuevo en ese momento en que su vida se destrozó, cuando esa bestia mató la ilusión y esperanzas. Ahora entendía, porque su vida siempre fue así, pagaba por culpas ajenas… Ella nació entre los condenados. ¿Fue justo? ¡Lo fue! La bestia de ojos infernales se lo dijo, la vida no era justa, no existía justicia ni piedad, no había espacio en ese infinito universo para alguien como ella. No cuando eran ellos quienes gobernaban.
- Hora de cambiar la historia – y levantó su mano derecha invocando a la naturaleza
Se irguió imponente en ese sitio donde acudía Dios a observar a sus creaciones, su mirada se transformó en una férrea y fuerte. Ella sería quien subiría al trono, ahora escribiría la historia y así tal vez, podría por fin poner un final feliz a su vida
- Reescribiré mi historia y así contaré un final feliz en donde estemos tú y yo – repetía poseída por esa energía de la que la dotó la propia naturaleza
- En el final – comentó Dios apareciendo frente a ella – No importa quién es el ganador sino qué hemos obtenido y a quienes hemos pasado buscando nuestros sueños… Importa los que se quedaron por amor, los que en las buenas y las malas permanecieron allí…
- Importa ganar – gritó molesta y de un golpe de energía desapareció su reflejo
- Me importas tú – susurró la imagen que se desvanecía
Y la furia del Heredero se desató sobre la faz de la tierra. Grandes tormentas y rayos cayeron sobre ella. La tierra se cuarteó y de ella surgieron poderosas ráfagas de fuego que se convirtieron en insectos
-¡Cucarachas! – gritaba Serena saltando de un lado a otro
Millones de insectos invadían el planeta. Pronto la atmósfera terrestre se cubrió de color negro. Los habitantes corrían refugiándose de la plaga. Las Scouts se quedaron pronto sin armas para continuar el ataque. También se guarecieron observando cómo la ciudad se bañaba en asquerosos insectos sin entender que se trataba de la furia del Heredero.
-¡Marea alta! – invocó la dama de las profundidades
-¡Detente!
Haruka se irguió omnipotente como un Dios en ese mismo edificio donde Michiru la llamó. La joven corredora apareció entre susurros deteniendo el poder que la joven desencadenaba.
- No te metas
- Ven – extendió la mano – escúchame
-¡Cuál es la diferencia!
- Nosotros mismos
Y Michiru guardó silencio. Sigilo y después el grito de los condenados, clamaban por venganza ya no pedían la gloria que les fue arrebatada ya no suplicaban por piedad, gritaban muerte, imploraban por el sufrimiento ajeno. Ellos, los dioses, robaron el sueño, destruyeron la ilusión y ampararon las tinieblas con ese espectral brillo lleno de temor, soledad, vacío y odio. No quedaba nada más que venganza. Michiru cerró los ojos contemplando con el alma la tierra corrompida donde habitaba. De nuevo estaba en ese momento en que desató la pasión y el pecado. Quería amar, quería saciar el fuego de su corazón, esa noche besó a Haruka con toda la furia y fulgor que aquel encuentro originó encontrando la verdad, respuestas que no quieren ser conocidas. Entonces lo vivió como si fuera la primera vez, con la conciencia que ese momento de locura desvaneció. Sus besos sabían a hiel, sus labios tenían la chispa de muerte, las energías generadas eran un cóctel de emociones encontradas, el latido de un corazón desesperado y perdido. Y en ese segundo de descuido Lindsay le lanzó una descarga de energía que la dejó fuera de sí
- No puedo ir contra mi destino – musitó cayendo lentamente del edificio
-¿Destino? – sonrió con malicia la niña – es hora de afrontar algo más que el destino – se preparó para terminar el ataque
- Espera – la detuvo Haruka – no es necesario
Tenía su vida vacía, no había dicha en esa desolación pero entonces llegó ella. Y fue Haruka quien la llenó de ilusión, le dio alas para volar de nuevo, para soñar sin miedos, sin sentimientos que a la menor ventisca cambian de rumbo. Abrió lentamente los ojos deteniendo su caída y Haruka observó con alegría como esas esmeraldas se habían impregnado del exotismo de los ángeles de las tinieblas. Bajó de inmediato para rescatarla.
- No me vuelvas a utilizar para tus tonterías – musitó la niña observando a Michiru inconsciente en manos de la rubia
- Cállate – se enfadó elevándose
-¡Detente! – y una ráfaga de energía sacudió la tierra haciendo cesar la plaga – No más Dioses – y cada ser divino regresó a su mundo atemorizado por el poder del usurpador. Los insectos cesaron.
-¡Qué haces! – gritó Haruka observando a Lindsay desatando las fuerzas celestiales
- Yo dije que haría lo que me pedías… Nunca hablé de no meterme en estas tonterías… Ah y yo que tú tendría cuidado, Michiru no es el único heredero
- Kared nunca ascenderá al trono
-¿Crees no puede? – rió con burla – lamentablemente ésa es la perdición del actual Dios: subestimar al enemigo – se desvaneció entre pétalos de rosa
- Estúpida – y su mirada se clavó en el rostro angelical de su sirena – mi bella Michiru… Muy pronto ascenderemos juntas al trono y entonces nadie podrá detenernos – y sus ojos destellaron un intenso azul
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Rei soñaba de nuevo con el fin del mundo. El adivino le interpretó las estrellas que indicaban sus destinos. Serena Tsukino moría pronto la última gota de su sangre desataría el silencio, la tierra se cubriría de hielo y el universo entero perecería. La estrella de Michiru la marcaba como el Heredero, pronto sufriría un gran cambio y su alma se corrompería, esos ojos verdes destellarían el exotismo y la magia de los ángeles caídos, entonces dejaría de soñar pues se habría convertido en un ser lleno de maldad, aquel que ascendería al trono para imponer el nuevo orden.
- El universo busca un equilibrio… necesita restaurarse
-¡Cómo lo evito! – le gritaba a la voz
- Nada puedes hacer… sólo mirar, esta batalla es imposible para los seres mortales… Los dioses han desencadenado su furia… Y el destino del Heredero es: Morir o vivir para gobernar…
-¡Puedo detener a Michiru!
- No puedes… ella debe elegir entre morir y sacrificarse para restaurar el orden o ascender al trono e imponer un nuevo equilibrio… Gobernar un universo lleno de corrupción, caos, sombras… La era del silencio… la era de su final
-¡Debe haber una manera!
Pero las estrellas ya habían dictado sentencia: la niña de coletas con traje de marinero moriría, y cuando la última gota de sangre cayera a la tierra el silencio cubriría al mundo. El caos hacía mucho se apoderó del planeta, de sus seres amados y en ese mismo sueño veía a Amy atacándolas y defendiendo al nuevo Dios con su vida.
- No podemos terminar así – lloraba
Pero su única ilusión era saber que Mina estaba fuera de las scouts y jamás viviría el dolor de ver a sus seres amados sufrir, destruirse y cambiar pues los mortales ni siquiera sobrevivirían a la guerra de sucesión
-¡Tiene caso entonces pelear!
-¿Tiene caso sentarse y esperar el final? ¿Tiene sentido la esperanza? La tiene para aquellos que conservan esa chipa de luz en sus almas
- Serena Tsukino… ¡Eso es!
Despertó sudando pero esta vez su rostro no tenía esa mueca de horror que siempre prevalecía a un sueño premonitorio. Corrió al baño para lavarse la cara mientras sus pensamientos tomaban claridad. Marcó entonces a quien la escucharía
- Siento despertare Mina
- Son las tres de la mañana Rei – estaba muy adormilada – espero sea importante… ¡Ya sé! Me confesarás me amas… ¿Tomaste mucho? Porque puedo ir por una grabadora y así tener pruebas de que me confesaste tu amor
-¡Mina sigue con eso y te cuelgo!
- Yo también te amo… Siempre te voy a amar… Esta bien a ver dime qué te tiene levantada a las tres de la mañana
- Creo saber cómo podemos ganar
