El camarero elige ese momento para golpear, y entrar deliberadamente. El mira brevemente a Quinn, quien le frunce el ceño pero luego asiente, así que recoge nuestros platos. La llegada del camarero ha roto el hechizo. Y aprovecho este precioso momento de claridad. Tengo que irme. Nuestra reunión solo terminara de una manera si me quedo y necesito algunos limites después de tan intensa conversación. Así como mi cuerpo pide su toque, mi mente se está rebelando. Necesito alejarme un poco para pensar acerca de todo lo que ella ha dicho. Todavía no he tomado una decisión, y su atractivo y proezas sexuales no lo hacen nada fácil.

― ¿Te gustaría un poco de postre? ―pregunta Quinn, sus ojos todavía arden.

―No, gracias. Creo que debería irme. ―Bajo la mirada hacia mis manos.

― ¿Irte? ―Ella no puede esconder su sorpresa.

El mesero se va precipitadamente.

―Sí. ―Es la decisión correcta. Si me quedo aquí, en esta habitación follaremos. Me pongo de pie, a propósito―. Ambas tenemos la ceremonia de graduación mañana.

Quinn se pone de pie automáticamente.

―No quiero que te vayas.

―Por favor… tengo que hacerlo.

― ¿Por qué?

―Porque me has dado mucho en que pensar… necesito algo de distancia.

―Podría hacer que te quedaras ―amenaza.

―Si, podrías fácilmente, pero no quiero que lo hagas.

Pasa su mano a través de su cabello, mirándome cuidadosamente.

―Sabes, cuando llegaste a mi oficina para entrevistarme, eras toda si señora, no señora. Creí que eras una sumisa completamente natural. Pero francamente, Rachel, no estoy segura de que tengas un hueso de sumisa en tu delicioso cuerpo. ―Se mueve lentamente hacia mí mientras habla, su voz tensa.

―Puede que tengas razón ―suspiro.

―Quiero la oportunidad de explorar la posibilidad de que lo tengas ―murmura Quinn, mirándome directamente. Se estira y acaricia mi cara, su pulgar recorriendo mi labio inferior―. No conozco otra manera, Rachel. Esto es quién soy.

―Lo sé.

Se inclina para besarme, pero se detiene antes de que sus labios toquen los míos, sus ojos buscando los míos, queriendo, pidiendo permiso. Levanto mis labios hacia los suyos, y finalmente me besa y porque no sé si alguna vez la besare de nuevo, me dejo ir, mis manos moviéndose a su propio ritmo y enredándose en su cabello, empujándola hacia mí, mi boca abierta, mi lengua acariciando la suya. Su mano agarra mi cuello mientras profundiza el beso, respondiendo a mi ardor. Su otra mano se desliza sobre mi espalda y aterriza en la base de mi columna vertebral mientras me empuja contra su cuerpo.

― ¿No puedo persuadirte de que te quedes? ―Suspira entre besos.

―No.

―Pasa la noche conmigo.

― ¿Y no tocarte? No.

Gime.

―Chica imposible. ―Retrocede, mirándome―. ¿Por qué creo que estas diciéndome adiós?

―Porque me voy ahora mismo.

―Eso no es lo que quiero decir, y lo sabes.

―Quinn, tengo que pensar en esto. No sé si pueda tener la clase de relación que quieres.

Ella cierra sus ojos y presiona su frente contra la mía, dándonos la oportunidad de ralentizar nuestras respiraciones. Después de un momento, besa mi frente, inhala profundamente, su nariz en mi cabello, y luego me libera, dando un paso atrás.

―Como desee, Srta. Berry ―dice, su cara impasible―. Te escoltare al vestíbulo. ―Extiende su mano.

Inclinándome, agarro mi bolso y pongo mi mano en la suya. Santa mierda, esto podría ser el fin. La sigo dócilmente por las enormes escaleras y hacia el vestíbulo, mi cuero cabelludo picando, mi sangre bombeando. Este podría ser el último adiós si decido decir no. Mi corazón se contrae dolorosamente en mi pecho. Que cambio. Lo que una diferencia a un momento de claridad puede hacerle a una chica.

― ¿Tienes tu boleto de aparcamiento?

Busco en mi bolso y le entrego el boleto, que ella le da al portero. La miro de soslayo mientras nos quedamos esperando.

―Gracias por la cena ―murmuro.

―Es un placer como siempre, Rachel―dice educadamente, sin embargo parece inmersa en sus pensamientos, completamente distraída.

Mientras levanto la mirada hacia ella, guardo su hermoso perfil en mi memoria. La idea de no poder verla de nuevo me persigue, molesta y es demasiado dolorosa para ser contemplada. Se gira repentinamente, bajando su mirada hacia mí, su expresión intensa.

―Vas a mudarte este fin de semana a Seattle. Si tomas la decisión correcta, ¿puedo verte el domingo? ―Suena dudosa.

―Ya veremos. Quizás. ―Suspiro. Momentáneamente, parece aliviada, luego frunce el ceño.

―Hace frio ahora, ¿no tienes una chaqueta?

―No.

Sacude la cabeza con irritación y se quita su chaqueta.

―Toma. No quiero que te enfermes.

Parpadeo hacia ella mientras la sostiene abierta, y mientras extiendo mis brazos detrás de mí, recuerdo ese momento en su oficina cuando deslizo mi abrigo de mis hombros ―la primera vez que la conocí― y el efecto que tuvo en mi entonces. Ahora ha cambiado, de hecho, es más intenso. Su chaqueta es cálida, un poco grande para mí, pero no tanto, y huele a ella. Oh Dios mío… delicioso.

Mi auto aparece. La boca de Quinn se abre.

― ¿Eso es lo que conduces? ―Esta horrorizada. Tomando mi mano, me lleva afuera. El valet salta fuera y me entrega mis llaves, y Quinn fríamente le entrega un poco de dinero.

― ¿Es apto para circular? ―Esta mirándome ahora.

―Sí.

― ¿Te llevara hasta Seattle?

―Sí. Lo hará.

― ¿Sin peligro?

―Si ―chasqueo, exasperada―. De acuerdo, es vieja. Pero es mía, y es apta para circular. Mi papa Leroy la compro para mí.

―Oh, Rachel, creo que podemos hacerlo mejor que esto.

― ¿Que quieres decir? ―La compresión aparece―. No vas a comprarme un auto.

Me mira con el ceño fruncido, su mandíbula tensa.

―Ya veremos ―dice herméticamente.

Hace una mueca mientras abre la puerta del conductor y me ayuda a entrar. Me quito mis zapatos y bajo la ventana. Esta mirándome, su expresión insondable, sus ojos verdes están más oscuros.

―Conduce con cuidado ―dice tranquilamente.

―Adiós Quinn. ―Mi voz es ronca por las lágrimas no derramadas…Caray, no voy a llorar. Le doy una pequeña sonrisa.

Mientras me alejo conduciendo, mi pecho se contrae, mis lágrimas empiezan a caer, ahogo un sollozo. Algunas lágrimas están cayendo por mi cara, y realmente no entiendo porque estoy llorando. Estaba defendiéndome. Ella explico todo. Fue clara. Me quiere, pero la verdad es que necesito más. Necesito que me quiera como yo quiero y la necesito, y en el fondo sé que eso no es posible. Simplemente estoy abrumada.

Ni siquiera sé como catalogarlo. Si hago esto… ¿será mi novia? ¿Seré capaz de presentarla a mis amigos? Salir a bares, al cine, a jugar bolos incluso, ¿con ella? La verdad es, no creo que lo hare. No me dejara tocarla y no me dejara dormir con ella. Sé que no he tenido estas cosas en mi pasado, pero las quiero en mi futuro. Y ese no es el futuro que ella concibe.

Que si digo si y en tres meses ella dice no, que ha tenido suficiente de intentar moldearme en algo que no soy. ¿Cómo me sentiré? Habré invertido emocionalmente tres meses, haciendo cosas que no estoy segura que quiera hacer. Y si el entonces dice no, acuerdo terminado, ¿como podría hacer frente con ese nivel de rechazo? Quizás es mejor retroceder ahora con la autoestima que tengo razonablemente intacta.

Pero el pensamiento de no verla de nuevo es agonizante. ¿Cómo se ha metido bajo mi piel tan rápidamente? No puede ser simplemente el sexo… ¿verdad? Enjuago las lágrimas de mis ojos. No quiero examinar mis sentimientos por ella.

Aparco afuera de casa. No hay luces encendidas. San debe estar fuera. Estoy aliviada. No quiero que me atrape llorando de nuevo. Mientras me desvisto, enciendo la malvada maquina y en mi bandeja de entrada hay un mensaje de ella, de Quinn.


De: Quinn Fabray

Asunto: Esta noche

Fecha: 25 de mayo de 2012 22:01

Para: Rachel Berry

No entiendo porque huiste esta noche. Sinceramente espero haber contestado todas tus preguntas a tu satisfacción. Sé que te he dado un acuerdo enorme por contemplar, y espero fervientemente que le des a mi propuesta tu consideración seria. Realmente quiero hacer este trabajo. Lo tomaremos lentamente. Confía en mí.

Quinn Fabray.

Gerente General, Fabray Enterprises Holdings Inc.


Su correo electrónico me hace llorar más. No soy una fusión. No soy una adquisición. Leyendo esto, bien podría ser. No respondo. Simplemente no se qué decirle.

Me meto en mi pijama, envolviendo su chaqueta a mí alrededor. Me subo a la cama. Mientras me acuesto mirando a la oscuridad, pienso en todas las veces que me advirtió que me mantuviera alejada.

Rachel, deberías mantenerte alejada de mí. No soy la persona indicada para ti.

No quiero tener una novia.

No soy la clase de chica de corazones y flores.

No hago el amor.

Esto es todo lo que conozco.

Poco a poco mi cuerpo va rindiéndose al sueño, no sé en qué momento mis lágrimas paran de caer.

San está saltando alrededor de la cocina cuando entro tambaleándome, todavía un poco dormida y agotada mentalmente por la cita de anoche con Quinn.

—Rachel, ¿estás bien? Te ves rara. ¿La chaqueta que llevas puesta es de Quinn?

—Estoy bien. —Maldita sea, debería haber comprobado en el espejo como estaba. Evito sus penetrantes ojos oscuros.- Si, esta es la chaqueta de Quinn.- Ella frunce el ceño.

— ¿Has dormido?

—No muy bien.

Me dirijo a la caldera. Tengo que tomar el té.

— ¿Como estuvo la cena?

Así que comienza.

—Tuvimos ostras. Seguido por el bacalao, así que yo diría que bien.

—Ufff... me gustan las ostras, y no quiero saber acerca de la comida. ¿Cómo fue

Quinn? ¿Que hablaron?

—Fue atenta —Hago una pausa. ¿Qué puedo decir? Su estatus de VIH es clara, quiere que yo obedezca todas sus órdenes, ella lastimo a alguien a quien ato al techo de su habitación, y quería follar en el comedor privado. ¿Sería eso un buen resumen?

Trato desesperadamente de recordar algo de mi encuentro con Quinn que pueda hablar con San.

—Ella no aprueba a Wanda.

— ¿Quién la aprueba, Rachel? Eso es noticia vieja. ¿Por que eres tan tímida enana?

—Santana hablamos de muchas cosas. Ya sabes, le gustaba el vestido, hablamos de todo y de nada —El hervidor de agua ha hervido, así que me hago un poco de té. — ¿quieres tomar el té?

—Si, por favor… - San agarra su taza de té y sale de la cocina, de repente vuelve- Y Berry, en algún momento me dirás que es lo que es conde esa condenada de Fabray. – Y así vuelve a salir como si nada de mi vista, con una sonrisa

Yo también sonrió, Ufff si Santana supiera todo lo que esconde Quinn Fabray.

Salgo a los pocos minutos de la cocina con mi te y una rebanada de pan con mermelada, veo a San con su portátil repasando su discurso de graduación.

¡MIERDA! Hoy es la graduación, ¡Dios santo! Tengo que hacer tantas cosas, llamar a Leroy para saber si ya salió de casa, arreglar el vestido, ¡Oh por la Santa Teresa! Veré otra vez a Quinn. Necesito relajarme, respirar y pensar. ¡CALMA BERRY! Me dice la diosa que llevo dentro.

Estoy vestida y lista para cuando llega Leroy. Abro la puerta principal, y está de pie en el porche en su desproporcionado traje. Una oleada de calor de la gratitud y el amor por este hombre sencillo raya a través de mi, y echo mis brazos alrededor de el en una exhibición inusual de la FA-infección. Se ha quedado desconcertado, aturdido.

—Oye, Hija, me alegro de verte a ti también —dice entre dientes mientras me abraza. Ajustando mi espalda, sus manos sobre mis hombros, me mira de arriba abajo, con el ceño fruncido. — ¿Estás bien, mi niña?

—Por supuesto, papa, ¿no puede una niña estar complacida de ver a su padre?

El sonríe, sus ojos se arrugan en las esquinas, y me sigue a la sala de estar. —Te ves bien —dice.

—Gracias papa.

— ¿Donde está Santana?

—Se ha ido a la escuela. Se está preparando para el discurso, por lo que tiene que estar pronto.

—Vaya, vaya, quien lo diría- sonríe divertido- Santana López, dando el discurso de graduación.

Leroy siempre ha sido parte de la vida de San, siempre ha estado para nosotras, es como un segundo padre para ella.

Por fin vamos camino a la graduación, papa estaciona el auto en el aparcamiento de la escuela y baja para abrir mi puerta.

—Buena suerte, hija.- Me abraza fuertemente en medio del aparcamiento, luego me suelta y empieza a observarme- Pareces muy nerviosa, ¿no tienes que hacer algo?

Mierda... ¿por qué ha elegido hoy Leroy para ser tan observador?

—No, papa. Es solo un poco de nervios, hoy es un gran día. —Y voy a verla.

—Sí, mi niña ha conseguido un grado. Estoy orgulloso de ti, Rach.

—Oh... gracias papa. -Oh, yo amo a este hombre.

El auditorio está lleno de gente. Leroy ha ido a sentarse con los otros padres de familia y simpatizantes en el asiento inclinado, mientras yo hago mi camino a mi asiento. Estoy usando mi vestido negro y mi gorra y me siento protegida por ellos, anónima. No hay nadie en el escenario todavía, pero me parece que no puedo calmar mis nervios. Mi corazón late con fuerza, y mi respiración es baja. Ella esta aquí, en algún lugar. Me pregunto si San está hablando con ella, quizá interrogándola.

Me dirijo a mi asiento entre los compañeros estudiantes cuyos apellidos comienzan con B. Miro detrás de mí y Leroy se sentó en lo alto de las gradas. Le doy una ola. El tímidamente me da una media onda, Me siento y espero.

El auditorio se llena rápidamente, y el zumbido de las voces excitadas se hace más fuerte y más fuerte. La fila de asientos en la parte delantera llena. A cada lado de mi, estoy acompañada por dos chicas que no me conocen de una facultad diferente.

A las once, precisamente, el Rector aparece detrás del escenario, seguido por los tres vicerrectores, y luego los profesores de alto nivel, todos ataviados con sus vestiduras negras y rojas. Estamos de pie y aplaudimos a nuestro personal docente. Algunos guiños a profesores y de las olas, otros lucen aburridos. La profesora Holy, mi tutora y mi profesora favorita, parece que acaba de caer de la cama, como de costumbre.

Un poco más adelante puedo distinguir a San y Quinn. Quinn se destaca en un traje gris con una chaqueta de empresaria Y debajo una camisa blanca de lino, su cabello total y absolutamente sexi, alborotado pero con su toque de lujo. Es tan perfecta y se ve tan seria e independiente.

No puedo quitar mis ojos de ella, su belleza como una distracción como siempre, se desabotona un poco la chaqueta y ¡JODER! ¡JODER! está usando la corbata, a propósito, sin duda.

Puedo sentir mi boca en una prensa de línea dura. El público se sienta y deja los aplausos.

— ¡Mírala!— Una de las chicas a mi lado suspira con entusiasmo en dirección a su amiga.

—Es tan ardiente.

Me pongo rígida. Seguro que no hablan de la profesora Holy.

—Quinn Fabray. –Suspira una.

— ¿Estará soltera?

Me irrito.

—Creo que no— Murmuro.

—Oh— Ambas chicas me miran con sorpresa.

—Creo que esta con una modelo, de esas muy famosas— Cuchicheo.

—Que lastima— Una de las chicas profiere un gimoteo.

A medida que el rector se pone de pie da inicio el evento con su discurso, veo a Quinn dándole un sutil escaneo a la sala. Me hundo en el asiento, encorvándome, intentando pasar desapercibida. Fallo miserablemente cuando un segundo más tarde sus ojos verdes se encuentran con los míos. Se me queda mirando, su rostro es impasible, completamente inescrutable. Me retuerzo incomoda, hipnotizada por su mirada siento el rubor propagarse por mi rostro. Al instante, recuerdo la parte de la cena en donde casi me doy por vencida, y los músculos de mi vientre se contraen deliciosamente. Tomo una fuerte inhalación. Puedo ver la sombra de una sonrisa cruzar sus labios, pero es efímera. Brevemente cierra los ojos, los vuelve abrir y es entonces cuando recobra su expresión indiferente. Tras una rápida mirada al rector, se queda mirando hacia el frente, centrándose en el emblema de la WSUV que cuelga sobre entrada. No vuelve a mirarme. El rector continua al micrófono en su monótono discurso, y Quinn sigue sin mirarme, simplemente se queda mirando hacia el frente.

De repente la sala estalla en aplausos cuando la señorita Santana López se apodera del escenario. El rector se sienta, y San lanza su hermosa y larga cabellera hacia atrás mientras coloca sus pliegos sobre el podio. Se toma su tiempo, sin dejarse intimidar por el millar de personas boquiabiertos frente a ella. Sonríe cuando esta lista, mira hacia la cautivada multitud y pone en marcha su elocuente discurso. Se le ve tan serena y graciosa. Oh San, tu sí que puedes ofrecer un buen discurso. Me siento tan orgullosa de ella en ese momento que mis errantes pensamientos de Quinn quedan de lado. A pesar de haber escuchado su discurso con anterioridad, escucho con atención. Ella dirige la sala y envuelve al público en la palma de su mano.

Quinn observa a San, sus cejas arqueadas en sorpresa, creo yo. Si, podría haber sido San quien la entrevistara. Y también podría haber sido San a quien ahora le estuviera haciendo sus propuestas indecentes. La hermosa San y la hermosa Quinn juntas. Sé que San no le habría dado ni la hora.

La idea de una confrontación entre San y Quinn me hace sentir incomoda. Tengo que decir que no sabría a cuál de ellas apostarle.

San termina su discurso con una floritura, y de forma espontanea todos se ponen de pie, aplaudiendo y vitoreando, su primera gran ovación. La vitoreo y le sonrió radiantemente, y en respuesta ella me sonríe de oreja a oreja. Buen trabajo, San. Se sienta, y el público hace lo mismo, entonces el rector se levanta y presenta a Quinn… Santísima mierda, Quinn va a dar un discurso. El rector aborda brevemente los logros de Quinn: Gerente General de su propia compañía de extraordinario éxito.

—Y también una importante benefactora para nuestra Universidad, por favor démosle la bienvenida a Quinn Fabray.

Y entonces comienza una oleada de aplausos de cortesía. Tengo el corazón en la garganta. Se acerca al podio y estudia la sala. Se le ve tan confiada allí de pie frente a todos nosotros, tal como lo hiciera San antes de ella. Las dos chicas a mi lado se inclinan embelesadas hacia adelante. De hecho, creo que la mayoría de la audiencia asistente también se acerca un centímetro más hacia adelante. Es entonces cuando comienza, su voz es suave, medida e hipnotizante.

—Estoy profundamente agradecida, y también conmovida por el gran halago que me han concedido hoy las autoridades de la WSU. Se me ofrece una rara oportunidad para hablar de la impresionante labor del departamento de ciencias del medio ambiente aquí en la universidad. Nuestro objetivo es desarrollar métodos agrícolas viables y ecológicamente sustentables para los países tercermundistas, nuestro objetivo final es ayudar a erradicar el hambre y la pobreza en todo el mundo. Más de un billón de personas, principalmente en la África Subsahariana, Asia Meridional y América Latina, viven en pobreza extrema. La agricultura disfuncional es la moneda corriente en estas partes del mundo, lo cual termina por resultar en destrucción ecológica y social. He experimentado de primera mano el hambre. Este es un viaje muy personal para mí…

Mi mandíbula cae al suelo. ¿Qué? Quinn pasó hambre alguna vez. Mierda, eso explica muchísimas cosas. Recuerdo entonces la entrevista, ella realmente quiere alimentar al mundo.

Intento recordar lo que San había escrito en el artículo. Adoptada a la edad de cuatro, creo. No puedo imaginar a Judy haciéndola pasar hambre, así que debe haber sido antes de esa época. Trago pesado, mi corazón se encoge ante la idea de una hambrienta niña pequeña de ojos verdes. Oh, no. ¿Qué clase de vida tuvo antes de que la acogieran y rescataran los Fabray?

Me siento presa de un crudo sentimiento de indignación por la pobre, filantrópica, ligeramente jodida de la cabeza, y algo pervertidilla Quinn—aunque estoy segura de que no se vería a sí misma de esta manera y repele además cualquier pensamiento de compasión o simpatía.

Abruptamente todo el mundo se pone de pie y estalla en aplausos. Hace todas estas buenas obras, dirige su enorme empresa y me persigue, todo al mismo tiempo.

Sonríe brevemente ante el caluroso aplauso—incluso San esta aplaudiendo, para luego volver a su asiento. No mira hacia donde estoy. Mientras tanto yo sigo trastornada intentando asimilar esta nueva información acerca de ella.

UN BESOTE Y GRACIAS COMO SIEMPRE.

SALUDOS DE MI DIOSA A LAS SUYAS )