Notas, Disclaimer y algo que decir:
Este es el capitulo Final de Sonata.
Dedico a este episodio a ustedes, quienes acompañaron a Eren y a Levi hasta el final.
Te lo dedico a ti, amante de las historias de amor complejas y prohibidas
Y a ti, querido lector, quien lloraste, reíste, sufriste y adoraste.
Recuerden que el amor duele, pero el dolor nos hace vivos.
La canción que inspiró a realizar este fic se llama Kreutzer, de Bethoveen. Llegué a ella de la misma forma que Eren lo hace.
Por favor, escúchenla.
Ha sido para mi un placer y espero compartir con ustedes una próxima historia.
Inwe.
Juntos leimos partituras que crearon hermosas y melódicas emociones
Final
Kreutzer.
El tiempo es un factor que permite ordenar los sucesos en secuencias, estableciendo un pasado,un presente y un futuro. Es un elemento que sucede pausado y siempre continuo. El tiempo es aquel que decidió pasar luego de que Levi y Rivaille tocaran música juntos.
El tiempo es lo único que tenemos.
Tiempo. En verdad es ese momento ahora. Cuando dices ahora, ya es pasado al instante de haberlo dicho. El tiempo es complejo, sin destino, y sin limites.
Y ese tiempo fue el mejor que pudieron haber sentido.
-¿Crees que a Levi le guste?-preguntó Hanji, entusiasmada.
-Es un vino francés que compré para él. Le llegará mañana, en navidad. Y Es obvio que le gustará.- dijo la voz sería de Irvin, entregando el paquete en la postal.
-Hablas como si lo conocieras todo, Irvin- dijo Hanji.
Juntos habían ido con un paquete enorme de regalos por el cumpleaños de Levi a la agencia de envios internacional.
-Sabes que no lo sé todo de la gente, Hanji. Sino, habría descubierto que fue la señorita Ackerman quien desbloqueó el teléfono de Levi.
Hanji abrazó animadamente a Irvin, el director se dejó después de todo.
Tanto él, ella como Levi estaban juntos desde siempre.
-¿Los podremos visitar el año entrante?
- Levi dijo que si no ganábamos el Intercolegial, nos fuéramos olvidando de él.
-Eso supone un si.- dijo Hanji iniciando la marcha para dejar la tienda de envíos.
Irvin miró al cielo cuando salió de la tienda. En la noche se reuniría con sus amigos y juntos llamarían a Rivaille. Aquel que se fue dos veces de su lado. La primera huyendo de su amor y la segunda llevándose a ese amor consigo.
"Feliz Navidad, Levi. Y aparte, Feliz Cumpleaños"
Diciembre, es una estación especial para el mundo. Y de ahora en adelante para siempre en Eren. Ese en particular, era frío y estaba nevando.
Para los amigos del chico, aquella sería una navidad aburrida y fastidiosa sin el animado personaje. La reunión anual de este año consistía en ir a visitar a Mikasa, la nueva señora Ackerman.
Matt era el nombre del esposo de la asiática, era amable, entretenido y bastante comprensivo con los amigos de su esposa.
-Vamos Jean- decía Marco, persuadiendo al chico de dejar de ver la ventana.
"Eren amaba ver por la ventana"
-Voy voy.
Jean y Marco salían. Armin estaba de organizador en toda aquella casa y, en general, todos estaban animados.
Solo hacía falta Eren en la reunión.
-¿Y si llamamos?- preguntaba Mikasa a Armin, ansiosa.
- Él llamó temprano en la mañana. Justo para evitar que Levi se molestara con su interrupción.- contestaba el rubio, ordenando las charadas para jugar.
-Pero si ese enano no tiene voz ni voto en al vida de Eren.
-Ese enano te ganó varios contratos a ti y a nosotros, Mikasa.
Era cierto, la chica tocaba en buenos eventos luego de graduarse de la academia. Igual que todos los presentes.
-Primero, Eren no se gradúa por mudarse de esa forma con el enano. Segundo, esa cosa no lo deja en paz ni procura que Eren nos llame.
-Mikasa… Sabes que no es eso..
La asiática mostró signos de fastidio en el rostro y arregló su cola larga de caballo. Aquel negro brillante y satinado atrajo la atención del esposo, quien se hacerlo a besarle la frente.
-Ya lo sé, ya lo sé.- dijo sonrojada- Ven. Vamos a esperar la navidad para el cambio de regalos.
El rubio dejó las charadas para navidad y comenzó el juego del "Regalo Secreto".
El doceavo mes del año despedía un periodo en al vida de los músicos que hubieran preferido olvidar. Todo, menos la última parte del año, la cual había sido genial.
Eren había despertado unos segundos antes de las doce. Al ver el teléfono agradeció haberse despertado de aquella forma y bostezó.
En verdad estaba cansado, Levi no había dejado tregua unas horas anteriores con su cuerpo.
El chico sonrió. Aquella felicidad de las pijamas y las no pijamas había vuelto.
-¿Señor?... Feliz cumpleaños…- susurró Eren aun en la cama. Besó a Rivaille para despertarlo en medio de la noche.
Poco a poco, el pelinegro iba cambiando su expresión de somnolienta a sonrojada. Así, cuando Eren sintió los brazos del mayo rodeando su cuello supo que estaba totalmente despierto.
-Odio que me despierte mientras duermo, idiota- dijo Levi mirando los ojos verdes de Eren. Estaban como el primer día, animados, determinados y llenos de esperanza.
Había pasado medio año desde que los Ackerman los dejaran en paz. Eso equivaldría a medio año siendo feliz con Eren.
-Lo siento… Es Navidad…
El silencio del rostro impasible de Levi hizo insistir a Eren en su oración.
-Dije que es Navidad.
-Ah, mi cumpleaños.- dijo Levi, girando un poco sus ojos con el esfuerzo de recordar el porqué de aquella despertada tan especial.
-¿Cómo es posible que olvide su cumpleaños?
-Nunca le di mucha importancia en mi vida.
-De ahora en adelante, será diferente.
-Claro. Te pondrás disfraces sexys todas las navidades-preguntó Rivaille observando como Eren se sonrojaba
-Eh.. ¿Eh..? ¡No! ¡Definitivamente no!
Rivaille rió de muy buena gana y a carcajadas con al expresión alterada de Eren. Cuando pasaba esto, el ojos verdes sentía suavemente el abdomen de Levi cerca del suyo en medio del abrazo.
-Esta bien, Eren- dijo Levi retomando el aliento. Sus ojos se volvieron suaves y acercó su frente a la del chico.
Compartieron un par de besos más antes que el instructor cayera en cuenta que pronto "abusaría" de la buena voluntad chico, otra vez, si continuaban de esa forma.
-¿Y bien? Estoy despierto a media noche con mi novio besándome sin ningún motivo más que por mi cumpleaños y navidad. ¿Algo más?
-¿Qué quieres de regalo?- interrumpió Eren, a la expectativa.
-Ya lo tengo todo. Y nos acabamos de mudar a este lugar, así que no tengo dinero para algo que normalmente me compraría hasta año nuevo.
-Normalmente, son cosas muy caras…
-Si… Por ahora no me importa. Este apartamento en Francia me costó más de lo que pensé.
Y así era, el lugar era espacioso, extremadamente grande para los tres (Artemis se había ido con ellos). Los elegantes acabados eran contrastados con cortinas champagne que otorgaban estilo y derroche. Aquel lugar parecía un museo que nada tenía que envidiar al Louvre de París.
-Sigo pensando que es exagerado…-
El castaño analizó como Levi había vendido absolutamente todo en Alemania. Además de que el chico se había ido con él porque lo acosaba de una forma incesante e intensa.
Claro esta, ceder fue una decisión feliz y acertada.
-Eren. Quiero vivir bien a tu lado... Además, para algo gano dinero, ¡joder!- dijo Rivaille acariciando el cabello del joven.
El ojos verdes cerró los ojos en modo de queja. Frunció un poco el ceño y luego sonrió.
-Debe haber algo que quieras.
-Toca conmigo una vez más. Ahora.- dijo Levi señalando el piano del recibo.
Eren no esperaba esa propuesta de cumpleaños. Era media noche y hacía frío.
-Vamos mocoso, me despertaste por mi regalo- insistió Levi soltando a Eren para levantarse de la cama. En cuanto lo hizo, su cuerpo marfilado resaltaba en la oscuridad.
Era atractivo y sexy.
Con paso seguro, el mayor caminó hacia la sala observando por última vez a su amado con gesto amenazador. El ojos verdes siguió ciegamente al mayor, también sin ropa.
El piano era blanco, porque Rivaille peleó para que así fuera.
En verdad se había gastado mucho dinero en ese apartamento, pero desde que Rivaille dejó oficialmente las filarmónicas, los contratos para particulares abundaron.
Cada mes tomaba dos o tres trabajos de arreglista y tres o cuatro lecciones de música. Era extremadamente agotador, pero el pelinegro sabía cómo repartirse entre su trabajo y el amor por Eren.
Aunque crean o no, el amo es tiempo dedicado también.
Cada fin de semana Levi entrenaba a Eren sólo para no perder la maña de hacerlo. Pero como no había competencia ni limite de tiempo, el pelinegro amaba escuchar la música de su novio con uno que otra perfección.
-Brillarás en el mundo de la música.- decía cuando aquel "entrenamiento" terminaba.
Esos momentos hacían extremadamente feliz a Eren. Su corazón bailaba bajo la mirada severa de Levi que durante su interpretación se volvía compasiva.
En la realidad, que parecía más un sueño, Eren observaba como el perfil de dios de Rivaille ocupaba su lugar al lado del piano. Notó como las finas manos del músico acariciaban de forma peligrosa las hermosas teclas.
El chico volvió de sus pensamientos a la realidad cuando un sonido comenzó a llegarle.
La Sonata del Tiempo de Levi comenzó a sonar y sucedió lo mismo que la primera vez que Eren la escuchó en el salón de clases. Ese día se había quedado dormido en medio del castigo del menor y había descubierto que sentía cosas por el mayor.
De la academia no supo más, no se graduó ni volvió a estudiar en ella. Eren pisó Alemania nuevamente por dos razones: la primera, ir al matrimonio de Mikasa con un tipo amable y la segunda, vender el departamento que antes había sido de Levi y luego pasó a ser de Eren.
Curioso, fue lo único que se salvó del despojo Ackerman.
El chico, una vez mudado, no dejó que Levi lo mantuviera. Tocaba en conciertos privados y participaba con pequeñas orquestas y eventos.
Sin competencias ni nada estricto, era un vida que valía la pena vivir.
-En verdad hace frío- susurró Eren tapando su cuerpo un poco.
-No. Muéstrate- ordenó Levi mirando con sus ojos grises penetrantes al dulce cuerpo de Eren. Cuando el chico obedeció, la Sonata seguía sonando.
Rivaille no dijo nada con su voz pero si con sus manos, se mostró como era y sin nada que cubriera su cuerpo; tal cual era aquella alma que fuera atormentada desde siempre por una familia cansona, unos hermanos menores sin comer, unos amigos que se volvieron fieles y un amor totalmente correspondido por un un mocoso llorón.
-Estoy enamorado hasta perder la cordura. Creo que me volveré loco de felicidad- dijo Rivaille mientras seguía observando las reacciones de Eren ante su canción.
La Sonata era especial, como bien el ojos verdes la recordaba. Pintaba el aire con luz, un color sin descripción exacta. Era dulce y asfixiante, era lenta pero agitada, era maravillosa y profunda.
Ahí, de pie ante tal espectáculo, Eren sintió la inconmensurable belleza de existir al lado de aquel hombre, malhumorado, frío y amargado a la vez que dulce, amable y protector.
Rivaille era agridulce. El sabor perfecto.
Y aunque la canción era increíble, el violinista sintió una nostalgia que era combinada con su propia felicidad. Las noches de angustia, de sufrimiento o de amor se dibujaban en su mente ante la potente sonata.
Las lágrimas comenzaron a salir de sus esmeraldas ojos, debido a la auténtica felicidad que el chico desbordaba desde su corazón. No sabría decirse si ambos sufrieron por igual o sólo uno más que otro. Pero el punto era que ambos estaban juntos ahora.
-Oye, Eren. - interrumpió Rivaille sus pensamientos.
El chico se secó las lágrimas para poder acercarse a Levi.
-Dime.
-Me molesta que me tutees. Pero en el fondo, me alegra que lo hagas.
Eren sonrió ante la nueva confesión. Aquella sonrisa brillante que había cautivado, molestado e internalizado en Levi desde el primer momento. Rivaille sonrió un poco, no para el chico, sino para sí mismo.
-Lo siento, señor.
-Antes que vuelva a la cama por el frío y por el sueño. ¿Quieres tocar una canción dónde pueda acompañarte?
Había una. La favorita de Eren desde que leyó, por obra de Levi, un libro de Tolstoi referente a la pieza. Cuando la escuchó su mente se nubló y sin mediar, sintió que la relación de ellos era igual.
Las cuatro piezas eran magníficas, desde furiosas notas hasta delicados acordes.
-El primer movimiento de la Sonata nueve de Beethoven. Kreutzer.
El silbido de Levi fue algo auténtico. Esa composición es reconocida en el mundo musical por el violín. Es totalmente exigente para ese instrumento de cuerdas, con una duración extremadamente larga.
Kreutzer es una pieza maravillosa, pero el movimiento que quería tocar Eren era el más violento de todos.
-Toma el violín. Veamos como sale esto. - dijo Levi estirando sus manos.
Eren estaba consciente que aquella canción era difícil. Respiró hondo y ajustó la postura de su instrumento.
La Sonata comenzó con una introducción lenta, ejecutada por el violín negro y magnífico de Eren. Luego fue seguido por las notas del piano que comenzaban a imprimir firmeza a la interpretación.
El primer movimiento tiene fuertes contrastes. Levi observaba como con empeño, Eren trataba de seguir el paso al violento acompañamiento del violín. Sonrió. El pelinegro sabía que el chico lo haría dentro de un par de segundos.
Eso, darle vida a las canciones y materializarlas.
La interpretación, en general, dura doce minutos aproximados. Eren comenzó bien los primeros cuatro ya medida se acercaba a las notas altas comenzaba el ambiente a adquirir color.
Ahí estaba, esa aura negra que el piano proyectaba y la luz brillante que el violín irradiaba.
Rivaille detalló en la calma con al que el chico retomaba los movimientos fuertes. Eso era.. Eso era..
¡Eso era!
El milagro de los dioses sucedía nuevamente, ambos en una unión de acordes, bailando entre melodías y armonías. El piano delicado y fuerte de Levi junto al violín intrépido y determinado de Eren.
¿Cómo iban a vivir separados luego de eso?
La noche, señora de las sombras y de los amores. Digna de proyectar la soberanía del universo sobre los mortales, quienes se creen inmortales a la hora de transmitir sus sentimientos.
La canción terminó como empezó. Violenta y amorosa.
Eren sudaba por el agotamiento, lo mismo que Levi. Ambos se veían sin pudor. No el cuerpo, sino el alma.
Esa esencia pura que todos los sujetos llevamos dentro.
Esa noche se acoplaba por todas partes, hasta en sus ojos, que atentos esperaban cualquier movimiento. Atentos al viento y espectadores de estrellas, atentos a el amor entre las hojas, entre sus pasos, entre la inquietud y la calma. Entre la luz y las sombras.
Rivaille se levantó y caminó hacia Eren. Lo besó con mucho deseo y con ganas de obtenerlo para sí. Cayeron en la alfombra del recibidor y se amaron, nuevamente. Sin importar el sitio o la incomodidad.
Las manos se forjaban entre caricias, con los ojos cerrados que veían los colores del reflejo de sus almas, no había tiempo para pensar, no porque el pasado había acabado. Ni porque habría un mañana lejano y ellos lo tenían todo para continuar.
Eren y Levi dejaron caer sus emociones por un sendero de deseos, un sendero de amor, una selva a la luz de una única luna. No teniendo certeza de donde se encontraban, tan lejos, pero a la vez tan cerca del alma.
Entre una noche de estrellas y el suelo de madera, al medio de cada caricia, acortaron su encuentro en el tiempo, ilusionados de un momento perfecto.
Y al ritmo de sensaciones invisibles, las telas blancas de una cama a la que llegarían eventualmente, los dos músicos experimentaron en un concierto tan confuso de emociones la vida. Se sorprendieron en una sonrisa, alegre de un futuro, alegre de alguien, alguien que seguía el mismo destino.
Y la sonata del tiempo vuelve a empezar para ellos, esperando en un amanecer en donde, tal vez, los ojos grises fugaces de algún músico se encuentren con los joviales esmeraldas de otro.
Una sonata en el tiempo donde los recuerdos llegaran nuevamente de una compleja historia.
