Hoooooola :) al fin de vuelta!
¿Qué decirles más que por fin tenemos el cap?
Este es especial y tierno, al principio lo que está en cursiva es un sueño ;)
Espero que les guste!

Elena no podía decir con seguridad en dónde se encontraba, lo único seguro a su alrededor era un montón de claridad y un extraño sentimiento de paz. Todo estaba en silencio, pero no se trataba de un silencio perturbador sino de un silencio tranquilo y reconfortante. Podría quedarse allí para siempre y no le habría molestado, porque la sensación de estar en un lugar seguro estaba latente, no tenía muy claro en donde se encontraba pero no le preocupaba, porque estar allí era como estar sumergida en una nube, todo sumido en un silencio casi angelical, hasta que, como si acabaran de desgarrar esa paz, escuchó el sonido más cautivador que había escuchado en toda su vida.

Un bebé. Era un bebé llorando, pero no se trataba de un llanto que la lastimara sino de un llanto por el que se sentía irremediablemente atraída. Elena corrió a toda velocidad, la luz le impedía caminar pero eso no fue excusa para que ella, guiada por un instinto que ni siquiera conocía, atravesara toda esa claridad hasta que finalmente alcanzó una cuna blanca y cuando se asomó allí se encontró con la visión más hermosa que sus ojos hubieran visto nunca. Se trataba de un bebé que descansaba envuelto en un revoltijo de sábanas blancas, sus ojos azules brillaban como el sol de la mañana y su piel era suave y rosada. Elena se inclinó para tomarlo en brazos como si fuera lo más natural del mundo y en cuanto estuvo entre sus brazos el llanto cesó, reemplazado por una suave risita.

-No puedo creer que me hayas hecho abuela… -dijo una voz que la chica conocía a la perfección.

Elena volteó inmediatamente con los ojos llenos de lágrimas y sintió como un nudo se construía en su garganta cuando se encontró con una mujer que la miraba sonriente y llena de orgullo.

-¿Mamá? -preguntó Elena a punto de llorar y se aferró con más fuerza a su bebé para no dejarse llevar por las emociones.

-Hola, Elena. -susurró acariciando cada sílaba, la chica ahogó una exclamación, abrumada por las distintas emociones, no supo como reaccionar.

Miranda se acercó a su hija con paso tranquilo y observó detenidamente a la pequeña criaturita que acababa de quedarse dormida entre los brazos de Elena.

-¿Dónde… dónde estamos? -susurró la chica con incredulidad habiendo recuperado por fin la voz.

-¿Acaso importa? -sonrió Miranda- Tu hija es preciosa.

Elena sonrió, olvidando por un momento sus preguntas, para poder mirar hacia su pequeña que la observaba con sus enormes ojos abiertos y brillantes. Era sinceramente la bebé más hermosa que hubiera visto en su vida, sus mejillas y sus labios estaban coloreados por un intenso color rosado y el resto de su piel era clara como la nieve. Pero lo más impresionante eran sus ojos. Eran azules como el cielo del amanecer y brillaban con la intensidad de toda una galaxia completa.

-Tiene los ojos de su padre… -como si acabara de darse cuenta acarició con un dedo la mejilla sonrosada de su pequeña.

-Lo siento princesa, pero tengo que admitir que ella es aún más hermosa que tú cuando eras una bebé -dijo otra voz interrumpiendo lo que fuera que Elena estaba punto de decirle.

Una figura apareció de la nada, mostrando otra vez un reflejo casi angelical a su lado, fue entonces cuando Elena pudo observar un poco mejor la estancia, todo estaba borroso por una extraña oscuridad, pero con destellos de luz que dejaban ver, un poco, lo que era la habitación de un bebé. A Elena le habría encantado poder observar mejor la zona en donde estaban pero era imposible.

Ni siquiera podía pensar con claridad ante la visión del hombre que ahora estaba parado a su lado mirándola con ojos tranquilos y una sonrisa genuina..

-Papá -murmuró la chica sintiendo las lágrimas rodar por sus mejillas y como un nudo se instalaba en su garganta impidiéndole decir más nada, cuando en su cabeza, cientos de preguntas se formulaban.

-Mírate, tan grande y hermosa -sonrió Grayson- Tu hija es el bebé más lindo que haya visto en el mundo, princesa.

-Estamos tan orgullosos de ti, Elena.

Elena tuvo que hacer un esfuerzo para no dejar salir las lágrimas cargadas de emoción pero cuando sus padres se pusieron uno a cada lado de ella y la abrazaron mientras los tres miraban el pacífico rostro de la bebé que dormía en sus brazos entonces una repentina paz invadió a Elena que sintió una felicidad pocas veces experimentada.

-¿Qué es esto? -rió mirando sorprendida hacia arriba.

Grayson y Miranda rieron encogiéndose de hombros viendo como lo que parecían ser copos de nieve caían a su alrededor, evidentemente no era nieve porque no estaba ni mojada ni fría pero se parecía a un día nevado de esos acompañaban los mejores recuerdos de su infancia.

-Elena…

-Te amamos, Elena -sonrió Miranda apartando algunos de los copos blancos antes de besar la mejilla de su hija.

-Yo también.

-Elena.

-Y estamos profundamente orgullosos de ti, princesa -dijo esta vez su padre inclinándose a besarla en la frente y después besó con cuidado la cabecita de la bebé quitando algunos copos blancos de su frente- Cuida de esta pequeña princesita.

-Elena, despierta. -de un momento a otro la voz que la llamaba tomó más intensidad hasta dispar el lugar en donde se encontraba, rompiendo cada fragmento de esa realidad con la misma simpleza que con la que se había creado. Elena se tapó los ojos por instinto, notando como la luz y la paz desaparecían poco a poco. Había sido solo un sueño.

La joven abrió los ojos lentamente, casi era capaz de sentir la calidez de su bebé junto a su pecho y una sonrisa se extendió por sus labios cuando lo primero que se encontró al despertarse fueron un par de ojos azules que eran la copia exacta de los ojos de la bebé de su sueño. Damon la miraba con los ojos brillando de ilusión, el cabello desordenado y un par de marcas rojizas en sus mejillas que delataban que había estado apoyado en la almohada hacía solo un momento, al parecer él también se acababa de despertar.

-Ven a ver esto -la incitó él tirando de su mano.

-¿Qué? Espera… -murmuró la chica confundida.

Pero Damon no le hizo caso, tiró de ella hasta que estuvo fuera de la cama y ni siquiera se inmutó al ver su cuerpo solo cubierto por una de sus camisas. Parecía tan determinado en mostrarle lo que sea que quisiera mostrarle que la chica no se pudo resistir y lo siguió. Damon la llevó hasta la ventana y se ocupó de envolverlos a los dos con una cálida manta rodeándola desde atrás con sus brazos y apoyó el mentón en el hombro de su chica mientras acariciaba lentamente su vientre.

-Nieve -susurró ella cuando miró el paisaje a través de la ventana: todo estaba cubierto por una capa blanca de nieve y los copos seguían cayendo lentamente- Está nevando…

Elena sintió de repente que algo encajaba en su interior, como si una pieza clave de información al fin hubiera sido descubierta. Sonrió recordando las miradas de orgullo de sus padres como si fueran tan reales como la misma nieve que caía en el exterior, ¿seguiría soñando? sus pensamientos se vieron interrumpidos por la sensación de los brazos de Damon a su alrededor y por su dulce voz en el oído.

-¿Estás llorando, nena? -preguntó Damon cuando notó que la chica temblaba levemente, se movió un poco para poder depositar un beso en su mejilla encontrando que esta estaba ligeramente húmeda- ¿Qué va mal?

-Nada… -sonrió y cerró los ojos por un momento recreándose en la calidez del abrazo de Damon, en la paz que sentía en ese momento y en las palabras de sus padres en ese sueño, acarició su vientre para poder sentir de más de cerca a su bichito- Te amo, Damon. Te amo tanto…

-Yo también te amo, nena -sonrió Damon haciendo que ella volteara para poder mirarla a los ojos- Eres lo mejor que me ha pasado en la vida -confesó antes de besarla.

Durante unos minutos se sumieron en una constante, donde solo existían ellos y la nieve en el exterior, como si fuera una historia cliché, Damon depositó infinidad de besos en la piel de Elena, consiguiendo que una sonrisa se dibujara en su rostro.

- Es hermoso -coincidieron a la vez, soltando una carcajada al segundo; el chico seguía abrazándola desde atrás, apoyando la cabeza en su hombro- No más hermoso que tu.

Elena se giró sobre sus talones, la manta cayó al suelo desvelando su esbelta y abultada figura, rodeó su cuello para poder alcanzar sus labios.

- ¿Sabes lo que es hermoso? -él alzó una ceja interrogante, tenían por costumbre discutir en quien de los dos era más hermoso- Nuestro bebé.

- Mm, creo que vamos llegando a un acuerdo -ronroneó, estaba a punto de besarla cuando ella sintió un escalofrío a causa del frío que estaba empezando a hacerse notar por las mañanas, Damon soltó una carcajada.- Creo que necesitamos irnos a la cama.

Más tarde, la pareja descansaba entre las sábanas, Damon había tenido que bajar corriendo a preparar algo para desayunar, ya que ninguno de los quería separarse ni un segundo más de las mantas, por lo que estaban ahí, sumidos en nudos de sábanas con unas tazas humeantes de chocolate y unos bollos, más tarde se preocuparían de la dieta.

Casi un mes había pasado y al fin habían llegado las vacaciones de navidad. Nadie había recibido las vacaciones con tanta alegría como Elena que, para celebrarlo, se había quedado a pasar la noche del domingo en casa de Damon para poder disfrutar su primera mañana de vacaciones juntos. Pero esa no era la única razón para celebrar. Era lunes, lo que significaba que Elena estaba comenzando la semana número 18 de su embarazo que traía consigo un montón de novedades interesantes.

-No puedo creer que haya crecido tanto -confesó Damon mirándola con los ojos brillando de admiración.

Elena estaba sentada en la cama devorando el desayuno ya que últimamente tenía más hambre que nunca y Damon estaba acostado con su cabeza junto al vientre de la chica mientras la acariciaba tranquilamente.

-Tendrá tus ojos -dejó caer Elena mirándolo con ternura mientras le daba un pequeño mordisquito a su croissant de chocolate.

-¿Cómo lo sabes? -alzó la cabeza el chico, Elena lo miró unos segundos con una sonrisa en los labios.

-Soñé con ella más temprano. Tenía tus ojos, va a ser la bebé más hermosa del mundo. -comentó con orgullo ganándose un beso de Damon. Sus labios sabían a café, lo que tanto anhelaba ella, así que se detuvo un par de minutos pasa saborearlo un poco más. Café en los labios de Damon, era su propia versión del paraíso- Mm… -ronroneó sin poder evitar que un pequeño gemido se colara entre sus labios.

-Realmente no deberíamos llamarla "ella" -Damon rompió el momento un segundo, pensando seriamente en la situación, la chica lo miró perspicaz- ¿Qué pasaría si tu hermano termina teniendo razón y es un niño? Quizás le creemos un trauma -bromeó.

-Es una niña, confía en mí -ella le guiñó un ojo mientras acariciaba su cabello negro con una mano y con la otra se llevaba otro bocado de comida a la boca- Esto está buenísimo…

-Te amo -dijo Damon mirándola hacia arriba y repartió un suave camino de besos por su vientre hasta llegar a sus pechos apenas cubiertos por su camisa blanca- Este es definitivamente un cambio genial -rió él entreteniendose un poco más de lo debido en besar la parte de sus pechos que quedaba al descubierto.

-A tí quizás te gusten, pero no tiene ninguna gracia tener que comprar sujetadores nuevos cada quince días -murmuró Elena frunciendo el ceño.

-No solo me gustan, me encantan -sonrió Damon dejando un último beso sobre la piel de sus pechos antes de terminar de incorporarse para unir sus labios en un tierno y lento beso acallando las risas de Elena.

-Te amo, Damon.

-Yo también te amo, nena.

-¿Sabías que ya puede escucharnos? -sonrió Elena cambiando de tema ilusionada.

-¿Qué? -los ojos de Damon brillaron de sorpresa.

-Si, anoche mientras cocinabas estuve leyendo algunas cosas interesantes ¿Quieres que te cuente?

-¿Y todavía necesitas preguntarme?

Elena sonrió y una pequeña risita se escapó a través de sus labios al ver la ilusión en los ojos de Damon y no pudo evitar inclinarse a darle un beso en los labios. Algunas veces se preguntaba cómo era posible amar tanto a alguien…

-Había un montón de noticias interesantes. Decía que tiene más o menos el tamaño de una banana, lo que es gracioso porque ella es más pequeña que los otros bebés según las ecografías así que debe ser como una mini banana -rió Elena- Voy a contarte las cosas más interesantes al final.

-¡No! Cuéntame lo más interesante -se quejó Damon.

-Nop -rió ella antes de morder otra tostada- No sé qué se desarrolló en sus ojos, pero ya puede detectar los cambios de luces y a partir de ahora establecerá su rutina de sueño ¿Puedes creer que duerma ahí dentro? ¿Qué crees que soñaría?

-No tengo idea…

-Yo tampoco, y no podremos preguntarle porque no lo recordará cuando aprenda a hablar -Elena frunció un poco el ceño- Supongo que nunca lo sabremos. Ahora puede chuparse el dedo y sonreír, eso es muy tierno. En mi cabeza imagino a un pequeño bebé de ojos azules chupándose el dedo a todas horas.

-Si es una niña me gustaría que fuera igual a ti. -susurró con emoción,

-No seas ridículo ¡Tiene que tener tus ojos! -se quejó, golpeándole levemente.

-Será preciosa sin importar el color de sus ojos -admitió Damon llevando de nuevo su mano al vientre desnudo de Elena, amaba acariciar a su bebé a través de la piel de la mujer que amaba.

-¿Estás listo para las mejores noticias? -dijo Elena alegremente.

-Claro, dime.

-Si tenemos suerte, seremos capaces de saber si en serio es una niña en la ecografía mañana.

-¿Tan pronto? -preguntó no queriendo ilusionarse mucho, si el bebé salía de espaldas o la doctora no lo veía claro no tendrían nada nuevo, solo ilusiones rotas.

-Han pasado 18 semanas, Damon. Dile a mis dolores de espalda que es poco tiempo -se quejó la chica.

-¿Qué más?

-La mayoría de las páginas coinciden en que seremos capaces de sentir como se mueve pronto y aquí viene lo mejor: puede escuchar todo lo que pasa a mí alrededor y también el latido de mi corazón. Algunos dicen que los primeros días lo único capaz de calmar al bebé son los latidos del corazón de su mamá porque le recuerda al tiempo que pasó dentro de la panza donde estaba calentita y siempre a salvo.

Los ojos de Elena brillaron al borde de las lágrimas cuando terminó de hablar y Damon no pudo evitar acercarse a besarla y acariciar sus mejillas, completamente cautivado por la emoción de sus palabras.

-¿Crees que seré una buena mamá? -preguntó algo insegura.

-La mejor de todas -sonrió Damon- ¿Estás segura de que puede oírnos?

-Si, los huesos de su oído se terminan de desarrollar durante los primeros días de la semana 18 así que ya es perfectamente capaz de escucharnos.

Elena sonrió cuando vio como el rostro de Damon se teñía de emoción y él rápidamente volvió a acostarse apoyando la cabeza en las piernas de Elena para que su rostro quedara a pocos centímetros de su bebé.

-Hola bichito -susurró Damon sobre su piel y apoyó una mano en el vientre de Elena- Soy tu papá…

Abrumada por las emociones, Elena enredó una mano en el cabello de Damon mientras posaba la otra encima de la de Damon que hacía pequeños círculos en su piel.

-Mami está de vacaciones, así que vas a escucharme alrededor más de lo normal. Me gustaría decirte como te llamas, pero aún no hemos descifrado esa parte.

-Dile que la amamos -susurró Elena con un nudo en la garganta.

-Tu mamá dice que te amamos, aunque creo que ya sabías eso ¿Verdad? -Damon sonrió antes de dejar un suave beso sobre el vientre de Elena y dejó sus labios allí por un largo momento.

Entonces pasó.

Elena soltó una exclamación silenciosa cuando lo sintió y Damon alzó la mirada para leer en sus ojos si lo que había sentido era real o solo era un truco de su imaginación. Las mejillas de Elena estaban húmedas con lágrimas de felicidad y los ojos de Damon estaban congelados por la sorpresa.

-¿Acaba de…

-Eso creo… -susurró Elena.

Incrédulo, Damon volvió a inclinarse para darle un beso y pocos segundos después ambos volvieron a sentirlo.

Una patada.

Su bichito acababa de dar una patada en el lugar exacto en que Damon la había besado.

-Hazlo de nuevo -prácticamente suplicó la chica.

Esta vez, Damon dejó una pequeña lluvia de besos sobre su piel rozándola con la nariz antes de separarse del todo y esta vez sintieron dos pequeñas patadas consecutivas.

-Acaba de patear -rió Elena cubriéndose la boca con una mano- Acaba de patear cuando le dijiste que la amábamos.

-Lo sé, es increíble.

Damon se incorporó por un momento para darle un intenso beso a su chica antes de volver a hablarle a su bichito que parecía haber empezado a moverse mágicamente.

-He estado sintiendo una sensación extraña estos días, como mariposas en el estómago, no tenía idea de qué se trataba, pero no era para nada como esto. Ella está realmente pateando… Acaba de patear porque tú le hablaste -dijo Elena en medio de la emoción del momento.

-Te gusta el sonido de nuestras voces ¿Verdad? -preguntó Damon con los labios sobre la piel de Elena- Te amo, bichito. Los dos te amamos…

-¿Lo sentiste? -preguntó Elena cuando sintió otra patada y Damon asintió.

-Si esto no es magia no sé qué puede ser -susurró él y pegó la mejilla a la piel de Elena esperando sentir otra patada.

-Espera, no te muevas -dijo ella mientras se estiraba para tomar su teléfono.

-No iba a hacerlo… Mami está loca si cree que me voy a alejar de ti ahora ¿Verdad?

-Hola papi -rió Elena enfocando a Damon con la cámara de su móvil.

-¿Estás filmando?

-Sip. Di hola a nuestra pequeña princesita.

-No sabes si será una niña -la regañó Damon.

-Tu papá no confía en mis presentimientos, bichito. Mañana veremos quién tenía razón.

-¿Eres la princesa de papá? -preguntó Damon tiernamente, acariciando el vientre de Elena con su nariz antes de darle algunos besos y rió al sentir la pequeña patada- ¿Lo sentiste?

-Claro que lo sentí, ella está de mi lado, por supuesto sabe que su mamá tiene razón ¿Verdad bebé?

-No puedo creer que nuestro bichito esté ahí dentro.

-Cuando veamos este video juntos, dentro de veinte años ¿Qué querrías escuchar?

Damon alzó la vista hasta la cámara aún con la mejilla haciendo contacto con el vientre de Elena y sonrió mientras entrelazaba sus dedos con los de la chica y ambos acariciaban a su bebé.

-Soy el hombre más feliz del mundo, y ustedes dos son las personas que más he amado en mi vida -dijo con un tono que la hizo temblar y se incorporó para besar a Elena que estiró el brazo para que la cámara los enfocara a los dos.

-Aww… nosotras también te amamos, papi. Ow -rió Elena cuando sintió una nueva patada, esta vez más fuerte que las anteriores- Tranquila, bichito. Papi no se va a ninguna parte.

-Creo que sí es una niña, después de todo las mujeres nunca pueden tener suficiente de mí -bromeó regresado a su posición para repartir un par de suaves besos por la piel de Elena que le pegó suavemente en la cabeza entre risas.

-Y ahí está tu papá, bichito. Escondido en algún lado detrás de esa enorme pared de ego superdesarrollado.

-¡Hey!

-¿Todavía está nevando? -preguntó Elena aún sin apagar la cámara mientras se llevaba un bocado del desayuno que había dejado olvidado a la boca.

-No lo sé ¿Me das un poco?

-Abre la boca -sonrió la chica- Esta es la mejor mañana de mi vida hasta ahora -confesó Elena a la cámara y le dio a Damon un bocado de su dulce para después dejar la mano sobre su vientre para acariciar a su bebé ella misma- Pateó de nuevo -rió Elena frotando suavemente su vientre.

-Apaga la cámara, quiero besarte -dijo Damon incorporándose hasta estar a la altura de sus labios.

-Bésame, quiero recordar este momento justo como es -sonrió ella dejando el teléfono en la mesita de luz para que los enfocara a los dos.

-Iluminas mi vida, Elena. Eres lo mejor que jamás me ha pasado -susurró Damon pegando su frente a la de la chica.

-Vas a hacerme llorar.

-Últimamente lloras todo el tiempo -rió él- Te amo -dijo antes de unir sus labios en un apasionado beso.

Elena enredó sus dedos en el cabello de Damon mientras él acariciaba su mejilla con una mano y dejaba su otra mano vagar libremente por su cálido cuerpo. Fue un beso largo y lleno de amor y pasión, pero sobre todo, lleno de alegría.

-Damon, para -rió Elena cuando él comenzó a repartir pequeños besos por su cuello haciéndole cosquillas.

-Apaga eso, quiero un poco de privacidad aquí… -se quejó inflando los mofletes como un niño chico.

-Ok, es la semana 18 y papá y yo acabamos de sentir tu primer patada, Bichito. Te amamos -dijo Elena a la cámara- Damon ¡Basta! -rió al sentir como él le hacía cosquillas.

-Apaga eso, nena. -le advirtió, dejando claro con esas pocas palabras todas las intenciones silenciosas que tenía para esa mañana de invierno.

-Está bien, lo haré -rió Elena y estiró el brazo hasta tomar su teléfono y lo enfocó antes de apagar la cámara- ¿Feliz?

-Estoy mucho más allá de la felicidad, nena. Tengo todo lo que podría pedir. Te tengo a ti, y a este pequeño milagro -susurró acariciando su vientre.

-Y ese es un hermoso final -sonrió Elena satisfecha capturando unos segundos más de Damon acercándose a darle un suave beso en los labios y después apagó la cámara asegurándose de guardar el video.

-¿Qué hora es? -preguntó receloso repartiendo pequeños besos húmedos por su cuello, la chica murmuró algo inaudible.

-No tengo idea. -comentó al fin, cogiendo de nuevo su teléfono para mirar la hora- Jenna nos espera para comer en… -miró la hora con mayor atención sintiéndose mal por Damon- Una hora. Y todavía tenemos que bañarnos -comentó haciendo un puchero.

-Te sorprenderías de lo que puedo hacer en el baño en una hora -dijo guiñándole un ojo y Elena rió.

-¿No tuviste suficiente anoche? -rió Elena sin dejar de picotear su desayuno, amaba a Damon con cada célula de su cuerpo, pero amaba al chocolate casi tanto como a él.

-Nunca tengo suficiente de ti -susurró cerca de su oído mientras se dedicaba a repartir besos cada vez más insistentes sobre su cuello, bajando peligrosamente hasta su hombro y aún más allá.

-No podemos llegar tarde, ya es un milagro que Jenna me haya dejado venir a dormir aquí… -advirtió Elena sabiendo que no faltaba mucho para que Damon terminara doblegando su voluntad con sus encantos.

-Vamos a llegar a tiempo -prometió Damon succionando suavemente la piel del inicio de sus pechos- ¿Qué dices de un baño juntos?

-Está bien, Salvatore. Me convenciste -rió la chica tirando de su rostro para unir sus labios.

-Tú termina el desayuno, no me gusta compartirte con un pedazo de chocolate -bromeó haciendo que ella riera- Yo voy a preparar la bañera.

Elena se despidió de él guiñando un ojo y se acurrucó mejor entre las mantas mientras terminaba su desayuno. Con una sonrisa, comenzó a acariciar su vientre con la mano libre dando pequeños golpecitos con los dedos aquí y allá.

-Toc, toc bichito de mami… -susurró Elena continuando con las suaves caricias- Vamos… solo una vez -suplicó haciendo un puchero como si su bebé pudiera verla.

Y allí estaba otra vez: una patada. No pudo controlar la sonrisa que se abrió paso entre sus labios. Era una sensación maravillosa y difícil de explicar, no podía compararla con nada que recordara pero al mismo tiempo se sentía tan familiarizada con las pequeñas pataditas que sentía que había estado sintiéndolas toda la vida. Mientras sentía las pequeñas pataditas de su bebé, Elena no pudo evitar que su mente divagara hacia sus recuerdos. Su barriga no era lo único que había cambiado y crecido impresionantemente en las últimas tres semanas. Su relación con Damon se estaba volviendo más fuerte a cada día que pasaban juntos. No podía ignorar que su partida del colegio era casi una tortura, más teniendo en cuenta el horrible par de semanas que había estado pasando antes de las vacaciones. Los rumores, susurros y risas a sus espaldas eran algo a lo que aún no se acostumbraba, pero en momentos como esos, cuando la vida la recompensaba con situaciones tan sublimes como sentir los primeros movimientos de su hija junto a Damon sentía que aún las cosas más terribles que había tenido que pasar en el instituto valían la pena.

Su vida en general había cambiado, ahora que Damon había dejado el colegio y ambos estaban liberados de esa presión su relación se había vuelto mucho más tranquila y varios de los conflictos habían quedado olvidados. La sombra de aquellos secretos que Damon guardaba sobre su pasado seguía rondando cerca de ellos, pero Elena había aprendido a respetar los tiempos de Damon que le había prometido ser sincero con ella y contarle todo cuando se sintiera listo. Y la verdad es que estaba siendo tan bueno y paciente con ella que la chica no tenía nada más que hacer que devolverle un poco de esa comprensión dándole su tiempo para contarle su historia.

Jeremy estaba cada vez mejor y Davina, su mejor amiga, se había convertido en una presencia habitual en la casa de los Gilbert. La chica incluso le había contado a Elena a espaldas de Jeremy que creía que él estaba viéndose con una chica del instituto y con los días habían desarrollado una hermosa relación de complicidad.

Sus amigos eran otra historia…

Después del terrible día en que la verdad de su estado se supo en el colegio no le había quedado otra opción que reconocerle toda la verdad. La reacción del mayor de los Mikaelson al enterarse de quién era realmente el padre de su bichito fue de muchísima sorpresa e incredulidad. A Caroline y a ella les había tomado una tarde entera convencerlo de que les guardara el secreto y cada día le pedía a Elena que le dijera la verdad al menos a Kol ya que Klaus conocía la naturaleza de los sentimientos de su hermano hacia la chica y sabía que mientras más tardara en contarle la verdad más profunda sería la herida que abriría en su corazón. Pero la chica no escuchaba razones, y a pesar de que la amenazaba sutilmente a veces, Klaus jamás contaría su secreto, por lo que terminaban en un punto muerto.

-Casi puedo escuchar los engranajes moviéndose dentro de tu cabeza -la voz de Damon la distrajo de sus pensamientos y ella alzó los ojos con una sonrisa para encontrarse con los de él- Tengo un baño de burbujas, unos masajes y algo más esperándote allí… -insinuó acercándose a ella y extendió la mano para que la tomara.

-Suena tentador… -sonrió Elena y la electricidad siempre presente entre ellos acudió a su cuerpo en el mismo instante en que sus manos hicieron contacto.

Damon tiró con suavidad, despojando a la castaña de la suavidad de las mantas y la calidez de de la cama para tenerla entre sus brazos, protegida por su amor, y, también por la calidez de su cuerpo, Elena se mordió el labio inferior al sentir como esa mágica conexión hacía su aparición rompiendo todos sus esquemas, ya no importaba lo mal que estuviera en su momento o en lo que su cabeza había planteado minutos atrás, ahora solo bastaban ellos dos, y esa promesa de una ducha encantadora.

- Mm, lo que suena tentador es tenerte a ti, completamente a mi merced -acarició cada palabra con esa sensualidad que solo Damon podía irradiar- Te amo, princesa.

Con suavidad tiró de Elena hasta el interior del baño, esta vez se había decantado por un baño de burbujas y sales. Había preparado, en un tiempo récord, el baño para ella, con una suave música de fondo, con la bañera repleta de burbujas y agua caliente, y todos los aceites que encontró a mano a disposición de sus ideas más perversas, se giró hacia Elena justo cuando estaban en el centro del baño.

- ¿Te gusta? -preguntó con ternura, la chica admiró su pequeño trabajo, era dulce muy dulce, y suficiente para hacerle perder su tiempo juntos demasiado rápido- ¿No vas a decir nada…? -comenzó a desabrocharle la camisa, acariciando cada trozo de piel expuesta, la castaña seguía sin abrir la boca pero eso no fue excusa para Damon que continuó su camino de besos, deshaciéndose por fin de la molesta prenda, dejando a Elena casi desnuda a su merced, no pudo evitar morderse el labio inferior ante la gloriosa visión de su cuerpo desnudo y Elena contuvo un suspiro cuando él la atrajo hacia sí para emborracharse de su calidez Damon también se quitó su ropa, y con cuidado tiró de Elena hasta el interior de la bañera.

- Es perfecto -comentó por fin, las hormonas en estas semanas habían dejado a Elena completamente a la merced de sus emociones, lloraba o se emocionaba por cualquier cosa en cualquier momento del día, y eso era un problema, por eso esta vez se había repetido a sí misma que no iba a derramar más lágrimas.

Ajeno al debate de la chica, Damon sonrió acercándose a darle algunos tiernos besos en las mejillas y finalmente se detuvo a besar la punta de su nariz.

- Me han faltado un montón de cosas, no digas perfecto, di suficiente, por ahora.

Con cuidado Elena se introdujo en el agua, sintiendo como el agua caliente relajaba cada uno de sus músculos, se permite hundirse en la bañera, dejando que las burbujas la cubrieran haciéndola desaparecer unos segundos para después salir con una sonrisa tan resplandeciente como la de su novio.

Si, Damon era el novio ideal, y en esas semanas ya se lo había confirmado un sinfín de veces. El chico tomó un bote de shampoo y se echó un poco de crema entre los dedos para poder lavarle la cabeza a su chica, la castaña soltó una carcajada cuando notó las manos de Damon por todo su cabello, tirando de él y amasándolo en un puñado. Soltó una carcajada, ni ella ni Damon cabían en la misma bañera en la posición en la que se encontraban, ella tumbada y él encima intentando amoldar el cabello de la chica al mismo tiempo que evitaba caerse en su vientre, no es como si esa fuera una experiencia que su bichito quisiera sentir.

- Damon para… -rió al notar como el shampoo caía por su rostro impidiéndole ver con claridad, el chico bufó indignado- ¡Para, por favor! No nos tortures de esa forma…

- Solo intentaba ayudar -se enfadó, hundiéndose en el agua con Elena ganándose así las protestas de la chica al quedar casi encima del cuerpo de Damon- ¡Eh! Me haces daño.

- Tu te has echado encima -se quejó ella, clavando sin querer el codo en sus costillas- ¡Lo siento!

- Decidido, no pienso bañarme contigo nunca más.

- Te vas a arrepentir de haber dicho eso, ¿eh? -le advirtió con sorna recogiendo la esponja para lavarle la cara con fuerza, el chico comenzó a quejarse mientras tragaba grandes cantidades de agua- ¡Ah! ¡Suelta mi mano! -rió.

- Nunca -escupió el agua y el shampoo que le había entrado en la boca, con los ojos borrosos y toda la cara cubierta de burbujas se lanzó a los labios de Elena la cual gritó al ver sus intenciones cubriéndose como pudo- ¡Eres mía! Ven con el monstruo de la bañera… lo estás deseando…

- ¡No! ¡Nunca! -gritó protegiéndose con la manguera, conectó el agua fría como pudo y la utilizó para defenderse de Damon, el chico ahogó una exclamación- ¡Esto por ir a por mi! ¡Enfréntate a la reina del hielo, Salvatore!

- ¡Eso no vale!

Elena soltó una carcajada aún mojándolo con agua fría hasta que tuvo que rendirse ya que evidentemente Damon era más fuerte que ella no era exactamente como si ella realmente quisiera resistirse a sus labios así que, entre carcajadas, permitió que la besara profundamente en los labios.

Jugaron durante un buen rato, entretenidos como estaban olvidaron por un momento esa infinidad de promesas sexuales, para sumergirse en una rutina repleta de espuma y agua. El baño quedó hecho un desastre cuando la pareja se rindió, había jabón, espuma y burbujas por todos lados; por el suelo, la mampara, los espejos, por todos lados incluso en la ropa limpia que ambos iban a ponerse después, Elena rió como una condenada cuando cogió la ropa del chico y la introdujo en el agua, aposta para fastidiarle, Damon no daba crédito.

- Eres…

- Adorable, y como digas lo contrario alguien va a salir desnudo hasta su cuarto -le advirtió con una sonrisa divertida en los labios- ¿Entendido? Ahora dame un beso.

- Sus deseos son órdenes para mi...eh, ¿cómo has dicho que te llamabas? -preguntó dudoso acercándose peligrosamente a sus labios- No lo recuerdo..¿reina de…?

- De nada -rompió las distancias para besarle con desesperación, ninguno de los dos sabía cuánto tiempo había pasado pero no les importó, en cuanto sus cuerpos se reconocieron nada tenía importancia, el chico entreabrió los labios dejando que fuera Elena la que tomara el control del beso, introduciendo su lengua con decisión y profundizando aún más el beso.

Estaban relajados luego de su juego, disfrutando del silencio solo roto por el susurro que producía el agua cuando ellos se movían. Ambos se encontraban enredados en los brazos besándose lenta pero apasionadamente. Cuando se volvieron a mirar a los ojos, la chispa entre ellos saltó casi instantáneamente y Elena dejó escapar una sonrisa traviesa antes de enredar una mano en el cabello de Damon para atraerlo hacia ella en un beso mucho más cargado de deseo.

Pero contra todo pronóstico el sonido de un teléfono rompió la mágica conexión unos segundos, ambos se miraron jadeantes sin comprender de dónde venía esa música insoportable.

- Es mi teléfono -adivinó la chica haciendo un puchero- Tiene que ser Jenna…

-No, no, no, no -murmuró Damon tirando de ella cuando Elena comenzó a incorporarse- Quédate conmigo… -pidió acercándola aún más contra su pecho.

-No podemos… -se lamentó- Jenna va a matarme...

- Increíble -se quedó pálido- Es increíble, en serio, no doy crédito -negó con la cabeza y ella rió, deteniéndose a dejar un rápido beso en sus labios antes de incorporarse del todo para salir de la bañera.

Elena salió del baño recogiendo el albornoz de Damon, lo único en condiciones en ese momento, mientras que el chico seguía sin asimilar que era la segunda vez que le habían interrumpido en el baño.

Varios minutos después, ella volvió al baño ya vestida y con una sonrisa de disculpa, Damon se estaba terminando de bañar, la bañera estaba desocupada ya que el chico había optado por una ducha relajante y rápida. La morena, tras recoger por encima se sentó en la taza del vater a esperarle.

-¿Quién llamó?

- Era… -decir que era Kol no era muy buena idea- Klaus, quiere que quedemos todos esta tarde para ver unas pelis y celebrar que….-cerró los ojos- Vale, Kol me ha llamado, ¿por qué voy a mentirte? Es tonto, quiere celebrar con todos que ha aprobado y con nota, creo que empieza a adorarte por ese notable alto.

- Se lo merecía, hizo un buen trabajo -comentó apagando los grifos para salir- A ver quien os toca, ¿quién os ha dado clase estas últimas semanas?

- Mikael. -rió- A Kol no le hizo gracia tener a su papá dando vueltas un par de horas a la semana, pero bueno solo repasamos. Ahora, nadie va a ser tan buen profesor como usted, señor Salvatore.

- ¿Y puede saberse por qué no está conmigo en esta ducha? -alzó una ceja interrogante saliendo de la ducha completamente desnudo, Elena se lo comió durante un breve instante con la mirada. Y sonrió perversamente antes de levantarse para alcanzar la toalla antes que él.

-¿Qué...?

-Shh…. -interrumpió Elena secando el rostro del chico con la punta de la toalla- Tenemos que irnos en diez minutos…

-Entonces te aconsejo que dejes de tocarme así -murmuró él sin hacer ni el más mínimo esfuerzo por detenerla.

Elena soltó una risita inocente antes de alzarse sobre las puntas de sus pies para besarlo mientras se ocupaba de secarle la espalda con la toalla, cuando terminó, llevó sus manos cubiertas por la tela hacia el pecho de Damon sin separar sus labios y solo cuando creyó que ya no había gotitas que secar se apartó un poco.

-Se va a hacer tarde -susurró más para sí misma que para él mientras se mordía el labio intentando contenerse un poco.

-Entonces ve a preparar tus cosas, estoy listo en cinco -aceptó él lamentando no poder disfrutar de Elena por más tiempo.

-Está bien -asintió ella y antes de salir del baño se ocupó de darle un largo y profundo beso- Te quiero.

Ni bien la chica se alejó de él, Damon lamentó su ausencia pero intentó despejarse un poco y se lavó la cara con agua fría antes de voltear a ver la pila de ropa que Elena le había traído. Sonrió ante el tierno gesto de su novia y se apresuró a vestirse para llegar a tiempo para almorzar con la familia de su chica.

Elena revisó la hora en su teléfono por quinta vez consecutiva, no se acostumbraba a ese nuevo modelo pero el suyo ya estaba muy viejo para manejarlo, lo bueno es que era la misma tarjeta SIM, revisó sus últimos mensajes, sus amigos estaban conectados al grupo, hablando y comentando las películas que iban a ver esa noche.

Entre ellas se encontraba Insidious 2, La Matanza de Texas y otra serie de películas de terror, no quería dar su opinión ya que iba con el tiempo justo pero no necesitaba comenzar sus vacaciones con miedo a la oscuridad o las sombras, a nada similar.

Tan ensimismada estaba en la conversación donde Caroline discutía con Rose y Kol sobre la temática de las pelis de esa noche que no notó los brazos de Damon tapándole los ojos, no es que eso le diera miedo pero estar imaginándose las pelis de terror y que alguien aparezca de nada provocó en ella el efecto deseado: gritar.

- Hey, no quería asustarte -se disculpó levantando las manos en señal de rendición, la chica respiró hondo para calmarse- ¿Qué estabas viendo ahí?

- Títulos de películas, nada importante, ¿vamos? -se guardó el teléfono en el bolsillo de su pantalón, para sacar después unos guantes- ¿Lo tienes todo?

- Todo -sonrió- Solo me falta una cosa.

- ¿El qué? -miró por todos lados un momento comprobando que Damon llevaba su bolsa y las llaves, justo cuando alzaba la cabeza para comprobar de qué estaba hablando, Damon sin previo aviso le robó un beso- ¡Hey!

- Te he dicho que me faltaba una cosa… -rió con sorna y le quitó a Elena el gorro de lana que tenía en la mano para ponérselo a ella él mismo- Preciosa.

-Te amo -sonrió ella con los ojos brillantes.

-Y yo a ti -respondió al instante, dándole un último beso en los labios antes de dirigirse juntos hacia el camaro azul, cuando estuvieron frente a él, le abrióla puerta del copiloto- Las damas primero…

El camino de vuelta a la casa de los Gilbert fue mucho más tranquilo, dejaron las bromas para concentrarse en la carretera, no estaba nevando mucho pero como en ese pueblo no era típico que nevara, las calles no estaban del todo preparadas, por lo que Damon mantuvo todos sus sentidos puestos en conducir.

Elena, mientras tanto revisó su teléfono, descubriendo que estaba metida en un nuevo grupo, intranquila, comprobó que el grupo había sido creado por Jeremy, suspiró aliviada, en la foto de portada salían Davina y ella en los jardines cercanos a su casa, se acordaba de ese día, los tres habían salido a tomar algo y se quedaron por la zona riéndose de Jer porque estaba muy concentrado en su teléfono sin prestarle atención alguna a las dos chicas que estaban a su lado, fue divertido.

Sumida en los recuerdos no notó como Damon se giraba hacia ella.

- Ya hemos llegado -la voz de Damon rompió el hilo de sus pensamientos, se guardó el teléfono de nuevo y al salir el exterior comprobó, con sus propios ojos que de nuevo había comenzando a nevar- ¿Te gusta, peque? -se acercó hasta rodearla con sus brazos, pasando su mano de forma de constante por su vientre.

- Nos encanta -una inmensa sonrisa se extendió por los rostros de ambos cuando sintieron que su pequeña daba una suave patada justo en el punto donde la mano de Damon tocaba su vientre- ¿Lo sentiste?

-Si, todavía no puedo creerlo.

-Sí que va a ser una pequeña de papá -rió Elena antes de entrelazar sus dedos con los de Damon para dirigirse juntos caminando hacia la casa.

Jenna los estaba esperando en el interior junto a Jeremy, había estado intentando cocinar algo decente mientras esperaban a la pareja pero lo único que habían conseguido era salir discutiendo medio en broma por el tema de las notas, Jeremy había aprobado la mayoría de las asignaturas con muy buena nota excepto educación artística debido a que el sentido del arte para el chico era muy diferente al de la profesora.

- Solo ha sido una asignatura, la voy a aprobar -se quejó soltando los vasos en la mesa justo cuando la puerta se abría desvelando a la feliz pareja.

- ¡Buen día, familia! -sonrió Elena llena de felicidad.

- Para ti que has estado afuera durante estas doce horas infernales -le aclaró bajito ayudando a su hermana con el abrigo mientras Damon y ella se sacudían los copos de nieve de afuera.

- Qué melodramático eres -se cruzó de brazos observando el comportamiento de su hermano pequeño con un deje de preocupación, pero en cuanto sus fosas nasales captaron el delicioso aroma de café recién hecho olvidó cualquier cosa que fuera a decir para salir corriendo en dirección a la cocina.

Jeremy y Damon rodaron los ojos ante la extraña adicción de la chica por el café, estaban muy seguros que en cuanto el bebé naciera lo primero que pedería Elena, después de ver a su bichito, sería una taza extra grande café, no habría nadie que pudiera impedirlo.

-¡Sí! -gritó Elena alegre como una niña cuando entró en la cocina y se encontró a su tía preparando los alimentos- ¡Desayuno para el almuerzo! Eres genial, Jenna

-Hola a tí también, Elena -sonrió Jenna abrazando a su sobrina- ¿Cómo te fue?

-Bien -dijo simplemente ella acercándose a curiosear sobre los hombros de su tía.

Cuando Elena era pequeña, Miranda solía preparar desayuno para el almuerzo algunos domingos, de más está decir que esos solían ser los días favoritos de los hermanos Gilbert. y aún cuando ambos había crecido seguían disfrutando de esa costumbre por lo que cuando Elena le dijo que volvería a comer con Damon no se le ocurrió mejor manera que almorzar con el desayuno preferido de su sobrina. Después de todo, Damon se estaba ocupando de que comiera sano todo el tiempo y le parecía justo que la chica tuviera un respiro.

En la cocina, el menor de los Gilbert tomó el mando de la televisión para ver que había en la parrilla, no es que tuviera mucho interés en ver algún programa de noticias ni ningún dibujo animado es que no tenía nada mejor que hacer era eso o hablar directamente con Damon y eso tampoco lo tenía muy claro, aún le costaba afrontar que su hermana estuviera con su antiguo profesor mucho más mayor por más bueno o perfecto que pareciera ser.

- Salvatore -le llamó aún con los ojos puestos en un programa de cocina, el aludido que estaba prestando más atención a su móvil que a su entorno alzó la cabeza con curiosidad- ¿Qué vas a hacer cuando Elena empiece las clases?

No entendía la pregunta. Claro que la entendía lo que no veía era el significado de esta, durante esas últimas semanas Damon se había pasado desde su casa organizándose, porque ahora que tenía más tiempo libre debería administrarlo mejor y como Mikael le había pedido expresamente que le ayudara con el boletín de notas de su asignatura había estado bastante pendiente de ser lo más parcial posible con todos los alumnos, pero en cuanto terminaran las vacaciones tampoco tenía muy claro que iba a hacer.

- No me malinterpretes, es tu vida y todo eso -quiso quitarle hierro al asunto al ver que Damon no contestaba- Solo es que me preocupa mi sobrino, no quiero que Elena abandone sus estudios para sacar adelante su familia, ¡ella es el futuro de los Gilbert! -bromeó.

- Tengo dinero para mantenerme un par de años sabáticos si es eso lo que te preocupa, no pienso abandonar mi profesión solo estoy tomándome unas vacaciones.

Pero lo cierto es que Damon no estaba exactamente muy seguro de qué era lo que iba a hacer con su vida ahora que las cosas habían cambiado tanto. Lo único que tenía en claro era que Elena y su bebé estarían en ella para siempre. Después de todo, casi le agradecía aquella herencia de la que tanto había renegado a su padre.

- Cuídala -fue todo lo que Jeremy dijo para cerrar el tema y Damon asintió con seguridad.

No continuaron hablando más del tema porque Jenna seguida de Elena aparecieron en la sala con el desayuno, que consistía en cuatro platos de pancakes con sirope de caramelo, un plato con varias tostadas, un bol con mantequilla y varios botes de mermelada, Elena en cambio traía en sus manos una jarra de lo que sería café y otra de leche, sonriendo alegremente como si fuera una niña pequeña.

-¿Desayuno? -preguntó Damon algo confundido cuando Elena se sentó a su lado.

-Es desayuno para el almuerzo -sonrió ella terminando de acomodar todo en la mesa- Mi mamá solía hacerlo cuando éramos pequeños… A Jeremy y a mí nos encantaba ¿Verdad, Jer?

-Era lo mejor del invierno -sonrió Jer completamente de acuerdo con su hermana.

Damon decidió no hacer más preguntas sobre aquello y ninguno pudo evitar una carcajada al ver a Elena acercándose a oler la jarra de café.

- Nena, ya tendrás tiempo de meterte en vena el café -le señaló un sitio a su lado- Ahora será mejor que tomes algo más saludable que tortitas con caramelo.

- ¡Ja! Ni lo sueñes, Salvatore. Esta pequeña de aquí y yo necesitamos azúcar en las venas -declaró sin prestar atención a las protestas de su novio.

- Voy mejor a por cereales con yogurt, es mucho más saludable, ya has comido chocolate antes -le advirtió yendo directamente a la cocina como si estuviera en su propia casa.

-No voy a comerlo -advirtió ella sacándole la lengua en un gesto infantil y mientras Damon se dirigía a la cocina tomó un plato de tortitas con chocolate.

- ¡Damon trae la jarra de zumo! -le gritó Jenna tomando un buen trozo de pancakes- Mm, exquisito.

- Porque lo he hecho yo -le susurró Jeremy a su hermana ganándose una mirada asesina de su tía- ¡Es la verdad si te dejo prepararlo salimos incendiados!

Elena soltó una carcajada, le encantaba vivir estos momentos de paz con su familia, era más que agradable, se tocó el vientre, pensando si su pequeña también estaría sintiendo esa inmensa alegría que corría por todo su cuerpo, mientras Jenna y Jer discutían en broma, ella no podía dejar de pensar cómo sería todo cuando su bebé estuviese ahí, junto a ellos, Damon se asomó con dos jarras de zumo.

- ¿Cual traigo? ¿Piña o melón?

- Piña.

- Melón.

- Ambas -gritó Elena por encima de Jer y Jenna, Damon asintió y en una bandeja, unos minutos después, trajo ambas jarras con un tazón de cereales.

- No quiero -susurró ella bajito para que solo Damon pudiera escucharle pero este simplemente la ignoró mientras soltaba todo en la mesa, cruzada de brazos le miró expectante, no iba a desayunar eso cuando todo su cuerpo le pedía un poco de caramelo.- Damon…

- ¿Mm? -preguntó dándole un tazón- ¿Qué?

- Por fa' -le hizo pucheros intentando imitar su postura.

- No, nena, tienes que tomar esto sino fruta, lo que prefieras.

-Comeré el estúpido cereal, pero al terminar me como una tortita -advirtió molesta fulminando a Damon con la mirada.

A regañadientes alcanzó el tazón, mientras su tía hablaba sobre sus califaciones, Jeremy agarró el teléfono y empezó a escribir a toda velocidad, Elena simplemente comía grandes cucharadas ignorando todo lo que estaba sucediendo a su alrededor sólo empezó a prestar atención cuando vio que la conversación iba dirigida a ella.

- ¿Quieres o no? -le preguntó Jer señalando su teléfono, Elena se sonrojó completamente al darse cuenta que se había quedado embobada pensando en las musarañas, asintió débilmente- Perfecto, pues entonces le digo que venga ya.

- Espera, ¿quién? -se interesó.

- Davina, te lo estaba diciendo, ¿veis como no escucha? -le preguntó a Jenna y a Damon.

- Me recuerda a ti -Jenna se encogió de hombros- Yo ya estoy acostumbrada a que en esta casa no se me escuche -agarró la jarra de zumo de piña, Damon soltó una carcajada.

- Escucho pasa que hoy… -se miró el vientre recordando lo que había sucedido horas antes, con una nueva ilusión instalada en su cansado cuerpo alzó la cabeza- ¡Tengo que contaros algo! Tía abuela y tito.

- ¡No me llames así! -la amenazó con el vaso.

- ¡Bah! No la escuches, ¿qué pasa? -se interesó Jer. Elena los miró a todos, aunque pareciera mentira todos tenían ese brillo esperanzador que había visto en Damon esa misma mañana, su bichito estaba creando ilusiones por todas partes en esa extraña familia, se secó una lágrima que caía silenciosa recordando las palabras de sus padres en el sueño, tomó de la mano a Damon, para después lanzarle un "te quiero" silencioso- Nuestra niña ya ha dado sus primeras patadas -anunció sonriente.

El silencio se hizo en la sala durante unos segundos, Elena y Damon sonrieron orgullosos mientras que Jenna y Jeremy asimilaban las palabras de la castaña, sin pensarlo se levantaron de golpe, llevándose algunos cubiertos de la mesa.

- ¿Mi sobrina? -se acercó Jer a su hermana- ¿Puedo… probar?

- ¡Por supuesto! -dijo divertida mientras arrastraban su silla con ella para poder tener acceso a su vientre, fue Jenna la primera en colocar la mano mientras que Jer optó por poner la oreja, pero no hubo ningún movimiento- Tengo que deciros que solo hace caso a su padre.

- Te gusta que tu papá ande babeando a tu alrededor ¿Verdad campeón? -rió Jer contra la barriga de Elena- Pero aquí también te vamos a consentir igual… porque hayas visto a la "abuelita" ladrar no significa que muerda.

- ¡Jer! -le gritó Jenna golpeándole levemente- Esto es porque no sabe que nosotros vamos a hacer de ella una princesita adorable… ¿eh, amor?

-Ya te he dicho que es una niña, Jeremy -murmuró Elena poniendo los ojos en blanco.

Damon sonrió contra la taza de café, ver esa pequeña escena familiar le hacía sentirse como en casa, cuando todos sus conocidos se arremolinaban alrededor de su madre cuando estaba embarazada de Stefan. Aunque era cierto que él era muy pequeño, lo recordaba muy bien: la sonrisa entusiasmada de su madre, las lágrimas de felicidad en los ojos de su padre, si, eran un buen recuerdo que le hacía sentir como en casa. Soltó la taza de café y cogió su teléfono móvil esta vez le tocaba a él grabar esa magnífica escena familiar.

Se acercó sigilosamente, como Elena le daba la espalda no vio sus intenciones, conectó la cámara captando unas palabras muy cursis de Jeremy sobre no se que cosa de jugar con su sobrinita a las casitas o a los coches si se trataba de un sobrino como el pensaba, mientras se debatían sobre quien iba a mimar más al bichito, Elena acariciaba con ternura su vientre murmurando unas palabras de aliento hacia su bebé.

Damon soltó el teléfono en la mesa y abrazó a su chica por el cuello posando delicados besos en su cabello.

- ¿Todo bien, nena? -podía sentir que temblaba ligeramente seguramente estaría llorando por las hormonas tan revolucionadas.

- Sí -susurró bajito, Damon acercó su rostro a su cuello mientras sus manos descendían hasta su vientre.

- Bichito no alteres más a mami que todos aquí necesitamos un respiro de sus lágrimas -bromeó, Elena bufó apunto estuvo de contestarle cuando lo notó, todos en el comedor le prestaron atención cuando ella comenzó a gritar de alegría.

- ¡Tocad! ¡Tocad! -Damon fue el primero en notarlo, otra patadita, Elena antes había dicho en broma lo de que el bebé solo escuchaba o reaccionaba con la voz de su papá pero ahora mismo parecía exactamente eso, Damon por petición unánime mantuvo su mano en el vientre de Elena dibujando pequeños surcos con los dedos mientras que Jenna y Jer mantenían una oreja puesta en cada lado, Elena se moría de la emoción, todos ahí, pendientes de su bebé, acarició el cabello azabache de Damon, que al estar apoyado en su hombro y concentrado en los movimientos, tenía todo el acceso disponible para ella.

- Se ha movido -susurró emocionado Jer pasando una mano por el contorno del vientre- Hey peque vas a tener que acostumbrarte a nosotros, ¿eh?

- Te queremos -susurró Jenna contra el vientre de Elena depositando un tierno beso en el único hueco disponible ya que todos tenían sus manos puestas ahí, se incorporó para evitar que alguno se diera cuenta de sus lágrimas.

En cuanto Jenna desapareció en el interior de la cocina, Elena apoyó su cabeza contra la de Damon, observando con detenimiento la concentración de su hermano en su sobrina, estaba segura de ello, Jeremy la amaría con la misma fuerza que ella, independientemente de lo que pasara después.

- Te amo -susurró Damon, no supo si se lo decía al bichito o a ella personalmente pero sus palabras la llenaron de gozo nada más escucharlas, se separó un poco para poder tomar su mano y depositar un beso.- Hey, a ti también te amo -le dio un tierno beso en los labios con los gruñidos de Jeremy de fondo que le había dado por alzar la cabeza en ese momento.

- Voy a llamar a Davina -se levantó.- Tengo que pedirle que me devuelva la peli que le presté el otro día.

Ninguno de los dos escuchó del todo las excusas del menor de los Gilbert para poder salir de allí, ahora estaban solos, sumidos en esa inmensa conexión donde solo ellos dos eran cómplices, Damon se dejó caer en el suelo para apoyar la cabeza en el vientre de Elena.

- Está quietecita ahora -susurró como si estuvieran evitando despertar a su bebé- No puedo esperar a tenerla entre mis brazos.

- Yo tampoco -acarició su cabello azabache con parsimonia- ¿Cómo será?

- ¿Mmm…?

- ¿Cómo será levantarse cada mañana y tenerla ahí, al alcance de nuestras manos? -susurró cohibida, no es que tuviera miedo de eso ni mucho menos es que temía no saber actuar como correspondía. Damon, que había captado el temblor en su voz, alzó la cabeza, tenía los ojos vidriosos por la emoción pero la calma reinaba en ellos, si Salvatore supiera el control que tenía sobre Elena ni se lo creería.

- Amor, serás la mejor mamá del mundo -acarició con las yemas de sus dedos el vientre abultado de ella mientras se incorporaba en sus rodillas para alcanzar su rostro.

- ¿Me lo prometes?

- ¿Vamos a tener esta conversación todos los días? -bromeó posando sus labios delicadamente sobre los de la chica, no fue un beso ni siquiera llegó a parecerlo pero fue una oleada de tranquilidad para la castaña que sintió que se quitaba un peso de encima.- Te lo prometo.

- Damon…

La conversación se vio interrumpida por el sonido del teléfono de Damon, la canción duró unos segundos más hasta que Damon pudo reunir suficiente fuerza de voluntad para apartarse de Elena y agarró el aparato para responder.

- ¿Si, Ric? -rodó los ojos dejándose caer con pesadez en el sofá a un lado de Elena que se acurrucó y aprovechó la distracción de Damon para comer sus deliciosas tortitas con chocolate- Sí, estoy en lo de Elena… No -continuó su conversación dándole una mirada de reproche a la chica.

-Prueba -gesticuló ella, al darse cuenta de que Damon la había pillado, como toda respuesta mientras Damon y Ric seguían hablando por teléfono.

Ella le dio un bocado en la boca mientras escuchaba lo que Ric le decía y Damon tuvo que rendirse y dejarla comer. Las tortitas de Jeremy estaban riquísimas, no podía negárselas.

Pasaron un par de minutos en los que Elena se concentró en sus tortitas y en las suaves caricias de Damon sobre su vientre hasta que él cortó su comunicación con Ric y volvió a prestarle atención a la chica.

-¿Qué pasa? -preguntó Elena adivinando por su rostro que no estaba muy feliz.

-Mer quiere que la ayude con la casa del lago. Creo que ya no voy a poder zafarme. -comentó abatido buscando algún trozo de tortita.

-Tampoco es tan malo -rió la chica dándole otro bocado para iluminar su humor y Damon recibió alegremente la comida antes de contestarle.

-No quiero separarme de tí… -confesó acariciando su cabello.

-No seas tonto… Ric y Mer son tus amigos. Y yo voy a seguir estando aquí mañana, tenemos que ir juntos a la ecografía.

-Sí… -aceptó él a regañadientes- Pero voy a quedarme un rato más.

-Todo lo que quieras… -sonrió la chica acomodándose en el sofá para que su espalda descansara en el pecho de Damon mientras él acariciaba su vientre.

-Parece que alguien está tomando una siesta -susurró él en el oído de Elena ya que ninguno sentía patadas de su bichito.-Algunas veces no puedo creer que vayamos a ser padres… Suena como algo tan… inmenso -concluyó al fin encontrando la palabra perfecta para su sensación- Ya no hay vuelta atrás, quiero decir, ella va a ser nuestra hija para siempre a partir de ahora.

-¿Asustada? -bromeó Damon mientras esparcía pequeños besos por su piel.

-¿Tú no? -preguntó volteando la cabeza para poder verlo a los ojos.

-Si te digo la verdad, sí. Me asusta muchísimo. Pero te tengo a ti, y sé que mi bebé va a tener una madre maravillosa, eso me ayuda a no tener tanto miedo…

-Confías demasiado en mí -sonrió Elena, llena de alegría y confianza por aquellas palabras.

-Te lo mereces, nena. Deberías darte más crédito a veces. -enredó sus brazos alrededor de su cintura para poder darle un pequeño beso en la mejilla.

- ¿Cómo crees que será… ? -susurró minutos después, ambos habían estado sumidos en un silencio sepulcral hasta que Elena se vio obligada a romperlo con una de sus dudas, no es que las palabras de Damon no hubieran sido suficientes, ella agradecía eso, agradecía que Damon siempre estuviera ahí para decir y hacer lo correcto para apaciguar sus nervios pero necesitaba con todas sus fuerzas pronunciar las siguientes palabras.

- ¿Cómo será… ? -sonrió Damon al ver que Elena no decía nada, la chica giró la cabeza para poder mirarle directamente a los ojos- ¿Cómo será el que, nena?

- Ser padres.

- Acabamos de hablar de eso -rió- No me gusta que tus hormonas te hagan estar tan insegura todo el tiempo, relájate… -le dio un suave beso en el cabello- Hazme caso, respira profundo.

Elena soltó una risita y puso los ojos en blanco antes de tomar una respiración larga y profunda, intentando hacerle caso a su consejo.

- Me gustas más así. Tranquila y calladita -bromeó acariciando su espalda.

- Qué gracioso -rodó los ojos pegándole suavemente en el hombro y luego suspiró antes de retomar el tema anterior- Quería decir... Yo vivo aquí -señaló todo- Y tu vives en tu casa.

- Que perspicaz señorita Gilbert, no me había dado cuenta -asintió dubitativo aguantándose las ganas de soltar una carcajada, la chica bufó exasperada al ver que Damon no la tomaba en serio- Lena, cariño, si no eres clara….

- Damon vivimos en casas diferentes, sigo siendo una cría, tu no trabajas ahora, ¿cómo vamos a ser padres? -soltó todo de forma atropellada, comiéndose las palabras en la carrera como si decirlo más lento fuera un riesgo que no quisiera vivir.

Olvidándose de sus bromas ante el evidente tono lleno de preocupación de su chica, Damon se tomó un momento para mirarla fijamente, sus ojos azules buscaban en los café de Elena algo mucho más profundo temiendo encontrar en ellos la pregunta que más temía pero no fue así. La chica solamente estaba agobiada, sonrió con ternura. Últimamente, Elena tenía esas pequeñas crisis de inseguridad todo el tiempo y, aunque él fingiera tener todo bajo control lo cierto es que en ocasiones sentía que las dificultades eran demasiado amenazantes para ellos.

No tuvieron claro en qué momento se quedaron solos o cuando dejaron de escuchar a Jenna o a Jer, pero de repente se encontraron los dos solos en la habitación, sumidos en su propia burbuja, perdidos en los ojos del otro esperando una forma de calmar las aguas turbulentas, como si en el azul o en el café del otro estuvieran la respuesta a sus preguntas.

- Nena, lo haremos bien. -tomó su rostro entre sus manos y permitió que su frente se apoyara en la de ella- Ya te lo he dicho, seremos los mejores padres del mundo mundial. -sonrió pícaramente obteniendo una pequeña sonrisa por parte de Elena.

- Que chistoso -susurró pero aunque lo hubiera dicho en broma había conseguido sacarle un peso de encima.

-Tenemos que afrontar un día a la vez -Damon la abrazó contra su pecho, hablando contra el suave cabello de la chica que siempre parecía respirar más tranquila entre sus brazos- Es la única forma de que lo logremos. Un día a la vez…

Elena asintió contra su pecho, dejándose envolver por aquellas palabras. Sabía que tenía razón porque si se ponía a pensar más allá del futuro inmediato las adversidades parecían ser invencibles.

- Y sobre tus estudios -continuó Damon en un tono tranquilizador- No pasa nada, lo sacaras todo, te prometo que en septiembre estarás comenzando tu último curso de instituto aunque tenga que contratar a los mejores profesores particulares, ¿me oyes? -ella volvió a asentir ligeramente contra su pecho y Damon depositó un beso en su cabeza satisfecho de darle aunque sea un poco de confianza- Irás a la mejor universidad, te sacarás tu carrera y ambos sacaremos nuestra familia adelante, no me hagas escribírtelo a fuego aquí -le tocó el pecho, donde estaba su corazón, Elena miró su mano un momento sintiendo como cientas de emociones la invadieron de repente. Si, podría con ello. Por lo menos en ese instante, junto a Damon, podría ser capaz de hacer cualquier cosa.

- Te amo, Damon, te amamos. -se corrigió, incorporándose un segundo para rozarlo con sus labios y después se acomodó mejor entre sus brazos, acurrucándose cálidamente sobre su pecho , el chico se removió y soltó un gruñido- ¿Qué? ¿Ya te vas?

Negó con la cabeza de forma frenética para después dibujar una sonrisa pícara, Elena alzó una ceja incrédula viendo de lejos sus intenciones, estaba a punto de lanzar un vistazo a su espalda, a la cocina pero el chico no le dio tregua, la tomó del brazo y tiró hacia su cuerpo.

- ¡Damon! -se quejó con una sonrisita en los labios- ¡Suéltame! -rió intentando escapar inútilmente de su abrazo.

- Nop -se mordió el labio devorando a Elena con la mirada para después poner su mejor cara de niño bueno- ¿Me amas?

- ¿Qué pregunta es esa? -rió bajito- Por supuesto que te amo, ¿tú no tenías prisa? -insinuó recordánddole la hora.

- Señorita Gilbert que descortés, ¿ya me va a echar sin darme ni siquiera un besito? -se quejó en broma, la castaña negó con la cabeza pero al final cedió se acercó hasta sus labios pero Damon soltó una exclamación.

- ¿Qué? -se sobresaltó sin entender muy bien a qué venía quejarse ahora no era como si ella le hubiera hecho daño, ¿no?

- Elena -sonó indignado- ¿Ibas a besarme en los labios? Por favor…

- Vale ya de bromas, me estás cansando -le advirtió a medio camino entre molestarse y contener las carcajadas- ¿No querías un beso?

- Si, aquí -le señaló la mejilla, la chica asintió y posó delicadamente sus labios donde él señalaba, ese roce fue suficiente para mandar una descarga eléctrica por todo su cuerpo.- Y aquí -señaló la otra mejilla -la chica bufó y se acercó para darle otro beso cuando sonó el timbre de la casa, dos veces seguidas.- Ah no, no, no.

Se quejó al comprobar como Elena se levantaba para ir a recibir la visita o simplemente para comprobar quien llamaba con tanta efusividad pero como no estaba en sus planes dejarla ir tan rápido, la tomó del brazo y se levantó al mismo instante para estampar sus labios sobre los de ella Suaves, tiernos, así es como se sintió probar esos labios de nuevo, enredó sus manos por detrás de su cintura atrayéndola de forma posesiva mientras ella jugaba con el cabello de él, los dos se sumergieron en ese beso como si no hubiera un mañana. Besar a Elena era como regresar a casa después de el día más largo de la historia. Había algo en el aire a su alrededor cuando se besaban, como si de algún modo cada partícula del universo encontrara el balance perfecto. No quería dejarla ir nunca más, pero las pocas neuronas que aún eran conscientes de en dónde se encontraban obligaron a Damon a bajar lentamente la intensidad del beso que ya les estaba robando el aliento hasta que terminó siendo él el primero en separarse.

- Wow -susurró Elena abatida por la increíble intensidad del momento- No iba a desaparecer, ¿eh? -bromeó poniéndose de puntillas para darle otro beso pequeño y breve como un suspiro.

- Por si acaso -se encogió de hombros atrayendola una vez más por la cintura para volver a rozar sus labios pero esta vez fueron interrumpidos.

- ¡Eh, pareja! -ajeno a todo surgió Jeremy de la otra habitación- ¿Es que no oís la puerta o qué?

Damon y Elena se miraron unos segundos cómplices para después soltar una carcajada, Jeremy los miró de hito en hito y estaba a punto de replicarles que ellos eran los adultos y no él cuando salió Jenna para golpearle en la cabeza.

- Pero bueno… -se quejó.

- ¿Se puede saber porqué aún oigo el timbre, Jer? -se quejó como toda una madre, Damon y Elena aguantaron la risa mientras que se dirigían a la puerta.

-Yo voy -aceptó finalmente la castaña y Damon se abrazó a ella desde atrás siguiendo los pasos de ella hasta la puerta con el rostro medio escondido entre su hombro y su cuello.

-Nos vamos a caer -rió la chica, agarrándose del picaporte entre risas.

-¿En serio piensas que te voy a dejar caer? -susurró en su oído apretándola ligeramente más fuerte contra su cuerpo y la chica rió negando con la cabeza.

-Te quiero -confesó repentinamente enredando sus manos con las de Damon que la mantenía abrazada por la cintura.

- Yo me voy ya, Ric y Mer deben estar esperándome -anunció sin mucho entusiasmo, dándole un suave beso en la mejilla antes de soltarla para poder mirarla de frente- No vemos mañana.

- No, quiero verte esta noche -se quejó haciendo un pequeño puchero.

-No podrías ser más adorable si lo intentaras ¿Verdad? -rió Damon acariciando su labio inferior con la punta del pulgar y Elena le regaló una radiante sonrisa- Esta noche no podrá ser, esto me va a llevar todo el día y si no recuerdo mal tu has quedado con tus amigos. -le recordó acariciando tiernamente su mejilla- Adiós princesa. -le dio un tierno beso en la comisura de los labios- Adiós bichito -acarició con la yema de los dos la barriga de Elena, la chica le sonrió ante el gesto abriéndole la puerta para acompañarle a la salida y fue en ese momento cuando recordaron que la puerta había estado sonando. Habían estado tan absortos el uno en el otro que ni siquiera recordaban que había alguien esperando tras la puerta..

La sonrisa de Davina se apagó lentamente debido a la cara de horror de Elena y Damon, la amiga de Jeremy sabía perfectamente de su estado pero al igual que sus amigos no tenía ni idea de la identidad del padre. Tampoco había querido preguntar mucho, pero ahora de repente todo parecía muy claro. Damon rodeaba el vientre de la chica con una confianza que ni siquiera su hermano tenía y por el modo en que sus cuerpos actuaban ante la cercanía era más que evidente que compartían una intensa conexión. Ahí delante todo había salido a la luz, Davina los miró a ambos asombrada, o eso es lo que pareció a Elena cuando la chica puso su mirada en ambos.

-Hola Elena -sonrió la joven con su enorme energía positiva de siempre y después miró a Damon alegremente- Soy Davina ¿Te conozco..?

Los ojos suspicaces de la chica lo analizaron por un largo momento, por alguna razón su rostro le resultaba familiar, pero no podía recordar de dónde.

-Soy… -titubeó sin saber exáctamente que decir- ...Damon -finalizó algo confundido.

-Yo me encargo -lo tranquilizó Elena al ver la cara de confusión de Davina y la evidente incomodidad en la mirada de su novio- Vete, llegas tarde.

-¿Segura? -preguntó no muy seguro de dejarla sola a la hora de las explicaciones.

-Completamente -asintió mientras se hacían a un lado para dejar pasar a una confundida Davina al interior- Te quiero -dijo a modo de saludo, alzándose sobre las puntas de sus pies para besar suavemente sus labios y le alcanzó su chaqueta que colgaba del perchero junto a la puerta- Hablamos más tarde. Dile a Ric y Mer que cuiden de tí por mí -sonrió despidiéndose con un gesto.

-Te quiero más -susurró él besándola de nuevo en los labios.

-Si van a pasar toda la tarde despidiéndose ahí cierren la puerta ¡Tengo frío! -se quejó Jeremy entrando en la sala.

-Yo también te quiero Jeremy -bromeó Damon y le dio un último beso en la frente a su chica antes de despedirse con la promesa de hablar más tarde.

Davina estaba sacudiéndose la humedad del cabello provocada por el extraño clima de afuera cuando Elena cerró la puerta, apoyándose en la madera con una tonta sonrisa de enamorada en sus labios.

-Más te vale explicarme de qué va todo eso -la voz de Davina interrumpió sus dulces pensamientos, trayéndola de vuelta al mundo real en un segundo.

-Ah… sobre eso… -suspiró rindiéndose a que tendría que contarle la verdad a otra persona- Siéntate. Es una larga historia ¡Jer, tráenos comida! ¡Muero de hambre! -gritó antes de comenzar y se dejó caer en el sofá junto a la mejor amiga de su hermano que la miraba con sus enormes ojos llenos de confusión.

Y... eso es todo.

De a poco todo el mundo se va enterando no?

¿Qué opinan de que ahora Davina también sepa quién es el verdadero papá del bebé de Elena?
¿Alguna apuesta sobre el resultado de la ecografía?
Recuerden que sus hermosas reviews nos inspiran para actualizar pronto ;)
Muchas gracias por el apoyo!
Esperamos volver pronto!