Disclaimer: Naruto y sus personajes no me pertenecen, son de un japo loco llamado Masashi Kishimoto xD (si fuera mía la hago hentai y romántica).

Volvemos con la historia de Sakura y ahora seguimos su vida hasta un tiempo después de saber de su embarazo. Bien, todo está ok hasta aquí, tan sólo hace falta Sai pero... eso quizá ya no es posible, al menos por este tiempo.

El amor puede romper barreras, pero estar sola en ello con todos los recuerdos también debe ser dificil. Al menos Sakura trata de manejarlo bien. Saludos a todos y suerte con sus actividades =) y recuerden que todo siempre tendrá su lado bueno.


Nota: NO al PLAGIO por favor, copiar una historia que no es tuya y ponerla en otro sitio bajo tu nombre es plagio. Si ven mis obras en algún lado sin mi permiso ni mi nombre... avisen y/o denuncien al autor, gracias ^^


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De la Teoría a la Práctica

Las aventuras de Sai

Por Clarisce

Capítulo 26: " Grandes amigas, grandes sorpresas "


Episodio anterior: Sakura recibía una noticia impactante pero al mismo tiempo prometedora, le daba fuerzas para continuar, seguramente ésa era una oportunidad para traer al mundo algo de él, algo que ella perdió y que ahora tenía el grato placer de tener de nuevo.


"...Y me conoces más que a nadie
Pero me haces vulnerable
Con tu sonrisa que es un mar azul
¿De donde sales tú?
¿De donde llegas y me atrapas?..."

Por un instante olvidó llevar la bolsa de emergencias que empacó desde hace meses, no debía sería una imprudencia, si sucedía algo no quería estar desprevenida. Sostuvo la bolsa por el agarrador, luego lo apoyó en su hombro y salió de su hogar.

Aquella rozagante cabellera se agitó al viento, las oleadas cálidas le daban leves cosquilleos en sus mejillas. Caminaba algo presurosa pero con ganas de llegar hasta el hogar de su compañera, su amiga, su confidente… Ino Yamanaka.

- ¡Mi dios! ¿Cómo puedes cargar todo eso? –preguntó alguien tras ella.

- ¿Ino chan? –dijo volteando a verla.

- Frentezota te vas a lastimar si te sobre esfuerzas –agregó la rubia y al instante le quitó aquella bolsa estilo mochila que cargaba Sakura- nada de trabajo y mucho reposo, ¿no?

- Jajaja… -sonrió la pelirosada- ¿desde cuándo imitas tan bien a Tsunade sama?

- Debes cuidarte… -estiró su mano hacia ella y bajó hasta el vientre ya grande de la kunoichi.

- Seis meses… si que había pasado mucho tiempo; a partir de la noticia de su embarazo Sakura volvió a la vida, es decir… era feliz con tener lo que tenía hasta ese entonces, ese hijo era una prolongación y un reconocimiento al amor que le tuvo a ese muchacho inexpresivo.

No esperó que su vida "maternal" fuera a ser así, su sueño alguna vez fue casarse con Sasuke Uchiha y cargar con unos pequeños que se parecieran a él, qué vueltas da la vida. La misma Ino Yamanaka rememoraba aquellas ocasiones en las que ambas solían discutir por el muchacho Uchiha, antes… pero en ese momento hasta risa les daba haber pasado por una niñez y adolescencia tan complicada.

- ¿Has tomado tus pastillas? –preguntó la joven rubia a lo que Sakura respondió moviendo la cabeza.

- No creas que me quedaré mucho tiempo viviendo contigo, terminarás convirtiéndote en mi madre –agregó Sakura sonriendo levemente.

- Para nada, suficiente tengo con Kiba-kun. Nunca me hace caso y siempre termina mal… jajaja… -se rió.

- ¿Hablando mal de mí otra vez? –dijo una voz tras ella.

La kunoichi volteó a ver a su novio y prometido, se le soltaron sin querer algunas risillas traviesas y fue hasta él para rodear su cuello y besarlo en la boca. Hacía tiempo que salían juntos, ya faltaba poco tiempo para comprometerse legalmente ante sus padres, se veían tan felices.

- ¡Saluda a Sakura, no seas mal educado! –le dijo regañándolo, mientras lo soltaba.

- Ahora resulta que me mandas como si fuera yo el perro ninja –agregó Kiba con fastidio.

- ¿Tienes que ponerle un "pero" a todo lo que digo? Haz como Akamaru… siempre se porta bien, ¿verdad? –se acercó al enorme cachorro y le acarició la cabeza.

- Ese Akamaruuu… -dijo Kiba y lo miró desconfiado- ¿quieres robarme a mi novia? –le gritó y el cachorro tiernamente le respondió con un gruñido que se suponía era un "si"- ¡aghhhhh! Cría cuervos y te sacarán los ojos.

- Jajaja… cálmate Kiba-kun –dijo Sakura con una sonrisa en el rostro- ¿por qué siempre tienen que discutir como un par de locos en medio de la calle?

Que situación más singular, la gente se paraba a verlos con algo de atención, eran una pareja muy extraña, con lo extravagantes y expresivos que eran, lograban ser el centro de atención. Ino gritando y kiba también, pero él agitaba las manos como un pájaro.

- Suficiente, tienen que comportarse ya están grandecitos, ¿o tengo que ser su madre también? –agregó Sakura, tanto Kiba como Ino volvieron a reírse.

- Jajajaja… Sakura… jajajaja… esta bien, dejaré de discutir con esta mocosa –le dijo a Ino mientras la empujaba levemente con la mano.

- Vuelves a decirme mocosa y te doy un mordisco –dijo divertida la kunoichi de pelo rubio.

- Jajaja… Sakura, ¿lo ves? Ino ya se esta transformando en la novia de Akamaru… jajajaja

- ¿¡Ha si! Entonces, desde ahora, solo le daré besos a Akamaru, creo que a él le gustan más que a ti –dijo cruzando los brazos y caminando retomando su camino- ¡Akamaru… vámonos! –el cachorro fue tras ella.

- ¡Traicionero! –dijo Kiba aún riéndose.

- Se ven tan bien juntos –dijo la pelirosada con nostalgia.

El muchacho del clan Inuzuka abrazó a la pelirosada apoyando su mano en su hombro para mirarla con atención y consolarla un poco, la muchacha había cambiado bastante con respecto a su vida, pero tenía algunos lapsos en los que se entristecía.

- Hay un largo camino hasta encontrar la verdadera felicidad, quizá tú apenas lo recorres –dijo Kiba mientras continuaban su camino siguiendo a Ino.

- Lo sé –contestó la pelirosada apoyando sus manos en su vientre- siempre es difícil reconocer lo que tienes hasta que lo pierdes, creo que ahí se aplica lo que dijiste.

- Deja de hablar de cosas tristes –le regañó en tono de juego- deberías estar feliz con todo lo que ahora tienes, es cierto que uno no aprecia lo que tiene hasta que lo pierde pero tampoco hay necesidad de achacarse esa verdad general a toda nuestra existencia.

- ¿Debo darte las gracias ahora? –preguntó la pelirosada en tono de broma.

- No, pero me pagarás una suma mensual por las sesiones de psicología jajaja… -agregó Kiba.

La pelirosada le sonrió, la tienda Yamanaka se encontraba muy cerca ya; sin duda el embarazo hizo dependiente, de alguna forma, a Sakura por eso mismo decidió mudarse hasta tener a su bebé con su amiga, no quería incomodar a sus padres, a pesar de que para ellos era un gusto, lo que menos deseaba era ser una carga. Además hacía tiempo que se propuso tener una vida sola, comprar un departamento o…

- Se que no debería preguntártelo pero… la hokage me pidió que te decidieras ya con respecto a los bienes de… -decía Ino pero calló.

- No seas tonta, su nombre no me entristece. No vuelvan a callárselo –dijo Sakura.

- Uhm… los bienes de Sai, lo que ha tenido con él durante toda su vida te lo ha dejado. Aquella carta que te escribió así lo mandaba.

- Lo estoy pensando –dijo Sakura- ¡dejen de mirarme así! Acompáñenme a mi habitación quiero ver lo que me preparaste –posó su mano sobre la manija de la puerta de entrada y la giró para entrar.

- "¿Hasta cuando callarás tu dolor, Sakura?" –pensó Ino.

Kiba al igual que Ino se vieron a los ojos, trataron de pasar el mal momento sonriéndose mutuamente y siguieron a Sakura para mostrarle la habitación que ocuparía.

La misma subió unas escaleras, recordaba que de pequeña solía caminar por esos mismos lugares acompañando a Ino de camino a su habitación para jugar a las muñecas o a las escondidas; llegó hasta la misma puerta que daba al cuarto de su compañera, al frente estaba la que seguro le designarían como suya, siempre fue la que usaron los Yamanaka para las visitas.

Entró a la misma, tenía dos ventanas que daban a la calle, unas cortinas gruesas que cubrían la habitación de cualquier rayo solar que pudiera entrar y una cama enorme, parecía que le dieron una buena limpieza, hasta se respiraba un aroma frutal.

- ¿Te gusta? –preguntó Ino desde el pasillo.

Sakura tenía dos pasos delante del marco de la puerta, volteó a verla sin decirle nada. Volvió su mirada dentro y vio que en una pequeña mesa cercana a su cama había una espada, similar a la que usaba Sai.

- Si –dijo con suavidad.

Se acercó hasta la cama y se sentó en la misma, era bastante suave, sus manos se posaron sobre la misma, mientras que su mirada se fijaba en aquella espada que aún se guardaba en su cobertor. La pelirosada tomó la misma por el mango y sacó la reluciente pieza de metal.

- Se parece tanto a la que tenía… -agregó viendo su parpadeante reflejo plateado y sus ojos color esmeralda se perdían en el filo de la misma.

- Es la espada de Sai –agregó Ino, en ese momento Kiba se puso al lado suyo y abrazó a su novia.

Entre las pertenencias que tenía la hokage de Sai, nos pidió que escogiéramos algunas para dártelas; supusimos que hubiera sido su deseo que la tuvieras –le dijo Kiba.

- Gracias –dijo la pelirosada y volvió a guardar la pequeña espada kunai en su cobertor.

Ya por la noche Sakura terminaba de cenar, pasó una buena velada con los Yamanaka, eran una familia muy amable y más con ella, le tenían un aprecio especial, claro que la consentían lo suficiente por estar embarazada; en lo único que pensaba la pelirosada con tantos cuidados es que se sentiría muy abandonada cuando dejaran de mimarla tanto… era un pensamiento divertido.

- Que pases muy buena noche –dijo Ino antes de entrar a su habitación.

- Igual tú –contestó Sakura y finalmente cerró la puerta de su habitación.

Se quedó un buen rato apoyada en la pared, escuchando el suave tic tac del reloj que tenía en una pared cercana, no prendió las luces, tenía las ventanas abiertas y tanto las luces de la ciudad como la luna iluminaban lo suficiente su cuarto.

Luego de un rato fue hasta el buro cercano a su cama, abrió el cajón de arriba y sacó de allí una carta, con la misma se dirigió a la ventana, apoyó su hombro levemente contra el marco de la misma y elevó su mirada hacia el cielo, otra noche más en la que leería esa carta, no dejaría de hacerlo hasta que se convenciera de lo que decía.

A Sakura Haruno:

Recuerdo bien que la escritura correcta de una carta consta de un inicio en el que se da el debido saludo, luego debo proceder a decirte mis intenciones para que al final pueda despedirme con cordialidad.

No pienso seguir un estándar de cartas, no me es posible en este estado. Me he permitido dirigirme a ti con unas cuantas palabras que rondan por mi mente, dudando en principio si puedas entenderme, dudando… de que puedas comprender lo que mi corazón te confesó.

Tomé un papel y un lápiz para decirte que lo que eres no tiene nombre, que lo que dijiste tampoco lo tendrá. Alguna vez leí en un programa de jugadores de poker que uno debía retirarse mientras ganaba, lo aposté todo y gane nada, solo tristeza en mi corazón… no sé si es atrevimiento mío decir que esto es "tristeza" porque el latido de mi corazón no ha parado de dolerme cada segundo desde que supe lo de Sasuke.

Eres libre kunoichi Haruno, libre de mis tontos pensamientos, del amor imperceptible de mis pacientes manos que desearon cada noche hacerte sentir mujer. Ahora puedo confesar que no se como hiciste para invertir los papeles así, en un principio era yo el que jugaba y al final… terminaste ganando.

Es hora de que me despida, no creo que pueda volver a ver tu rostro de nuevo ni si quiera para poder arreglar este asunto, pero que algo quede claro a fin de cuentas todo lo mío es tuyo.

Hasta entonces,
Sai
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Sakura apretó la carta entre sus manos mientras trataba de no llorar, cerraba sus ojos y respiraba hondo esperando que esas palabras fueran mentira al igual que esperaba que ese dolor con el que le escribió se desvaneciera al morir, cuanto deseaba que Sai hubiera tenido un minuto de paz.

Su vista fija en la luna noto algo extraño, una sombra que se movía a gran velocidad por los tejados, le llamó aún más la atención porque no era solo una sino tres. Apoyó sus manos en los cristales de la ventana.

Su prodigiosa vista logró divisar algo notable, una cabellera negra se ondeaba delante de aquellas dos que la seguían, él parecía ser un conocido.

- Él es… -pronunció Sakura sin salir de su sorpresa.

...

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Fin de Episodio 26