Bueno, veamos los reviews.
Yetsave: El pobre está tan nervioso que probablemente explote en medio de la cena :). Besitos y cariños.
SnapeEileen: Porque lamentablemente no es real :(. Y ojalá te guste mucho, añadiendo las ideas que me diste. Besos y mucho cariño.
Vodka: Ojalá que todo salga bien, hoy les tengo sorpresa :). Espero que les guste y gracias por siempre apoyarme. Es cierto, olvidé decirlo, se ve lindo cuando se queda sin saber qué decir.
Lady: Los suegros siempre son una figura de cuidado, pero yo creo que todo sale bien si se es paciente y con buena disposición. Espero que les guste y muchos besos.
Papillon: Porque Sev enamorado es tan sentimental *imita a la gordita Laura, de la serie Carrusel.* Espero que éste también te guste y te dejo besitos y mucho cariño.
~ Capítulo 26: Yo confieso...
Mientras estábamos sentados a la mesa y tomábamos un poco de té, jamás había visto a Severus tan aprehensivo y realmente me hacía sentir culpable, de someterlo a tanta presión. Mi padre esperaba por una explicación razonable acerca de cómo habíamos terminado siendo civilizados y llevándonos bien, así que tuve que ser totalmente sincera al respecto.
- Rosé está muy apegada a Lavander Brown y también Ron. Ella sabe que soy su madre, pero qué sentido tiene que intente destruir un matrimonio, si no podemos divorciarnos. El profesor Snape está intentando ayudarme, por todos los medios posibles y se ha portado como todo un caballero conmigo. Al principio estábamos un poco en shock, tras la violenta imposición de la ley, pero ahora todo está bien. - sonreí lo mejor posible y rogué interiormente, que mi maquillaje sobre las heridas, no me delatara.
- Siempre le dije a tu madre, que permitir que te casaras, era una mala idea. Quiero decir y sin ofenderlo, pero usted tiene más años de los que me gustarían para ella. Nunca tuvimos inconveniente en que vivieras con nosotros, si te expulsaban de la comunidad mágica.
- ¿Y vivir separada de su hija, mientras otra mujer le arrebata su cariño? - se adelantó mi madre y en tanto que nos sorprendió a Severus y a mí. - No es el hombre que yo hubiese escogido para ella, pero al menos están juntas y se mantiene en una pieza.
Los elfos no tardaron en acercarse a nosotros y colocar las servilletas de tela sobre nuestros regazos, con lo que el profesor Snape agradeció poder distraerse y comenzar a servir un poco de vino blanco en nuestras copas.
- Nuestro matrimonio transcurrió con normalidad, te lo puedo asegurar. - dije en dirección de mi padre, mientras no le quitaba la vista de encima a su copa, ni a Severus quien intentaba servir el vino sin derramar ni una gota. - Y mamá tiene razón, Rose es mi hija y ni modo que la abandonara después de haber luchado tanto por tenerla.
- Simplemente no lo entiendo. Primero no sabemos que tenemos una hija, entonces aparece súbitamente un tal Harry Potter y nos explica que nuestras mentes fueron borradas para protegernos. Luego nos damos cuenta de que nuestra hija de siempre, estuvo en un breve romance con un muchacho, terminó embarazada y también en coma. Y así de repente, tienes que casarte a la fuerza, debido a que el ministro de magia se ha vuelto loco, para que no te expulsen y no pierdas contacto con tu hija, cuyo padre se casó con otra mujer y no fue capaz de esperarte. Perdona que no pueda creer, que todo esté "bien".
Papá dio una gran inspiración y se bebió su copa de vino, en dos tragos. Sí, bueno, visto de ese modo y hasta sonaba realmente descabellado. Agradecí que los elfos colocaran la cena a tiempo y tuviésemos con qué distraernos. Aunque Severus parecía ya haber empezado y bebido su primera copa de vino, al igual que mi padre. Estaba realmente nervioso, mirando a todas partes, menos a ellos.
- Yo no odio a su hija. - se aventuró a decir tras lo que me pareció fue, una gran concentración de valor. - simplemente que sentía lo mismo que usted. Que era muy joven para mí, que había sido mi estudiante además. No sabía cómo la sociedad lo tomaría y ya hemos tenido bastante de esa sociedad.
Mamá pareció componer una expresión de compasión, que hizo sentir incómodo al profesor Snape y aún más, cuando colocó una de sus manos sobre la suya en la mesa.
- Sé que es difícil, pero creo que en verdad tengo que agradecerle por cuidar de nuestra hija. Sólo quisiera que pudiera volver a caminar, que ganara un poco de peso y fuese la misma Hermione que conocimos, antes de esa horrible guerra.
- Estoy trabajando en eso, no tiene de qué preocuparse. - fue la respuesta de Severus y sólo así, mamá pudo retirar su mano.
- ¿Y cómo están las cosas en casa? - pregunté de inmediato, probando el vino en mi copa por primera vez e intentando aparentar normalidad.
- Oh, todo sigue igual... - dijo mi madre, mientras se limpiaba la boca disimuladamente con la servilleta y me sonreía. - tu gato te extraña realmente mucho y creo que deberías traerlo y mostrárselo a Rose. Estoy segura que lo amará.
Pude sentir cómo el profesor Snape se movía y de seguro intentaba hacerse a la idea de que pronto tendría que vivir con un gato. Sonreí, imitando a mi madre y pensando que quizá a Rose, le hacía falta una mascota y quien había sido mi amigo durante tanto tiempo.
- Te aseguro que ese animal no es normal. No creo que vivan tanto, pero ahora se ha vuelto lento y perezoso. Quizá y hasta un poco pasado de peso. - agregó mi padre con las cejas arqueadas en sorpresa, mientras yo me llevaba una mano al pecho. - de seguro morirá pronto, se ve un poco enfermo y aunque tú madre insista en que está bien.
- Quizá deba traerlo al despacho... Hermione. - dijo Severus de pronto y me pregunté por qué.
No era precisamente una tortura, si probaba una maldición sobre un gato a punto de morir, perezoso y lento. ¿O sí?
HGSS
Si llevábamos la cuenta de cuantas copas habíamos bebido cada uno, el profesor Snape nos llevaba la delantera y por mucho. Prácticamente ya había ingerido la mitad de la botella y eso no parecía calmar sus nervios, en ningún sentido.
- ¿Y cómo es Rose, Hermione? Suena a que es una niña realmente encantadora. - preguntó mi madre y no tardé en darme cuenta de que no existían palabras adecuadas, para describir su belleza.
- ¡Oh, mamá, ella es simplemente preciosa! Tiene su cara redondita y unos enormes ojos café. Pecas por todos lados y un largo y brillante cabello pelirrojo. Es súper inteligente y muy curiosa, creativa, ¡todo un angelito! Además, es la mejor amiga de Severus.
El profesor Snape se sonrojó y no supe si debido al alcohol o si se debía a lo que había dicho. Asintió suavemente y se aclaró la garganta para opinar. Prácticamente no había tocado la cena y jugaba con su tenedor, enrollando la pasta.
- Así es, parece que le caigo bien. Dice que le encanta el nuevo novio de Hermione.
- ¿Novio? - preguntó papá con curiosidad y Severus no encontró forma de explicarse.
Habíamos llegado al punto de no retorno y lo mejor era ser honestos y no obviar detalles. Mientras más supieran, menos preguntarían.
- Pues sí, verás... - comencé y me di cuenta de que el profesor Snape comenzaba a servirse otra copa, disimuladamente, a la espera de un quizá inminente desastre. - La hermana de Ron, Ginny, seguro que la recuerdan y que llegaron a conocerla alguna vez en el callejón Diagon, nos invitó a Severus y a mí, a una cena y fiesta de fin de año. Está próxima a dar a luz a su tercer hijo, así que quería vernos. Tuvimos una agradable reunión, intercambiamos un par de regalos y... - miré instintivamente al profesor Snape y sus ojos se habían tornado prácticamente más oscuros de lo que jamás había visto, con las aletas nasales vibrando rápidamente y a la par de su acelerada respiración. - quizá estábamos un poco ebrios con tanta felicidad, pero el asunto es que terminamos besándonos en la reunión y creo que no pasó desapercibido.
El silencio que impregnó la habitación, fue suficiente para que Severus dejara de intentar llevarse comida a la boca. Juntó ambas manos sobre la mesa y esperó, mientras yo sentía la necesidad de agregar algo más.
- Fue un beso inocente, pequeño. Después de eso, simplemente nos fuimos a dormir. Habíamos tenido ciertos problemas con Ron, nos sentíamos un poco vulnerables y reconozco que quizá el alcohol nos precipitó a tomar una decisión...
- ¿Problemas? - preguntó mi padre, rompiendo el silencio finalmente y comenzando a beber nuevamente. Podía notar la tensión en su tono de voz, mientras miraba al profesor Snape y con una expresión de pocos amigos.
- Ron parece no poder soportar que el profesor Snape y yo, estemos casados. Digamos que Severus y él, tuvieron un par de problemas y pues no se llevan bien. Supongo que aún siente algo por mí, pero no puede dejar a su actual esposa y yo no puedo esperarlo eternamente.
No necesitaba entrar en detalles y papá tampoco parecía que podría soportarlo. Mamá parecía más comprensiva que mi padre, pero lo podía comprender. Yo era su única hija y lo lógico era que intentara protegerme.
- ¿Y eso qué significa, Hermione? ¿Que te casaste por nada? - preguntó mi madre con voz ligeramente trémula.
- No, bueno, al menos podré permanecer junto a Rose. Tengo fe en que podamos llevarnos mejor y no lo sé, mantener un régimen de visitas. Todavía no se acostumbra a la idea de que soy su madre, pero poco a poco me ha tomado cariño.
La cena pronto terminó y a la hora del postre, sólo mamá parecía disfrutar su pie de limón. No creía que Severus pudiera continuar bebiendo siquiera y papá intentaba digerir toda la información y en escasos minutos.
- ¿Y qué hay acerca de la cláusula sobre los bebés? Tu madre me contó que ambos tenían que intentar procrear, dos veces por semana y hasta que resultaras embarazada. Cómo es posible si estás...
- No hemos tenido suerte con eso. - mentí rápidamente, al ver que el profesor Snape se sentía realmente abochornado con el tema. - no es peligroso y tampoco me causa dolor. Mis piernas aún no funcionan bien tras el coma, pero no significa que...
Me quedé sin palabras y el silencio fue suficiente para terminar la conversación. Me pregunté si debía decir la verdad tras el ataque, pero no quise añadir más leña al fuego. Si no se daban cuenta por sí mismos, no era tan tonta como para señalar más problemas. Después del postre, nos trasladamos hasta la sala de estar y decidimos beber un poco de café.
Sabía que mis padres no contaban con mucho tiempo y que tampoco parecían muy convencidos o siquiera, entender la mitad de lo que había estado haciendo.
- Déjame ver si he comprendido. - dijo mi padre, mientras revolvía su café con suavidad. - Te casaste con éste hombre, el profesor Snape, prácticamente a la fuerza y para recuperar tu vida. No pueden divorciarse, pero esperabas encontrar una forma de recuperar a tu hija y al hombre que amabas, hasta que notaste que quizá todo es perfecto y así como está, decidiendo hacerte a un lado. - asentí suavemente. - ¿Y dónde queda el profesor Snape en todo esto? ¿Ahora significa que ambos intentarán enamorarse el uno del otro y vivir felices juntos?
Miré a Severus tentativamente y me percaté de que me había mirado por ínfimos segundos, desviando la vista luego y ruborizándose ligeramente. Mamá no tardó en sonreírle a mi padre, palmeando uno de sus brazos con cariño, negando con la cabeza y con un gesto que parecía decir:
"Ya basta, ella ya no es una niña y sabrá lo que estará haciendo".
No demoraron en ponerse de pie y tras un par de besos y manos estrechadas, Severus arrojó un par de polvos a la chimenea y se ofreció para acompañarlos, tratando de no decir la verdad sobre la inseguridad por los mortífagos e inventándose una excusa cualquiera.
Una vez que cruzaran las llamas y prometieran mantenerse en contacto, pude respirar hondamente y dejarme caer en el sofá, arrojando mis pesados tacones sobre la silla de ruedas y desordenando mis cabellos finalmente, sin temor a que pudieran darse cuenta de mis heridas. Me resultaba tan molesto, tener que pretender y cuidar mi imagen.
Severus no tardó en volver y pareció tan o más aliviado que yo, sentándose a la mesa del comedor, sirviéndose otra copa y descansando su cabeza sobre una de sus manos y tomándose el resto del vino, con la otra.
- Al menos todo salió bien. - me aventuré a decir, acomodándome en el sofá. El profesor Snape ni siquiera me miró y dio un gran suspiro, mirando la botella vacía.
- Sí, muy bien. - se levantó, colocando las copas en el fregadero y desvaneciendo la botella con una de sus manos. - creí que moriría de un coma etílico, si no se marchaban pronto.
- En verdad que lo siento. - dije, intentando sonar compasiva.
- No hay problema, para eso están las pociones.
HGSS
Al amanecer tenía razón y en medio del desayuno, Severus se frotaba la sien con incomodidad y sumergido entre libros, etiquetando muestras de pociones. Mientras leía el profeta y probaba una tostada, el profesor Snape no tardó en sobresaltarme y al oír su voz por primera vez aquella mañana.
- Señorita Granger, ¿le importaría si en vez de invitarla a cenar, la invito a almorzar? Mismo lugar y misma comida, sólo que prefiero entregar éstas pociones primero y antes de que Promfey comience a quejarse y mi dolor de cabeza aumente.
- Está bien, no creo que haga mucha diferencia.
El profesor Snape asintió y no tardó en ponerse de pie, tomando una de las tostadas de mi plato, haciéndome sonrojar y verlo marcharse, cargando sus libros y encerrándose en su laboratorio.
Severus Snape sabía que aún siendo realmente inútil para amar y seguramente incapaz de hacerlo tras la muerte de Lily Evans y sus últimas oportunidades de ser feliz, que las esperanzas era lo último por perder y mucho más sencillo, si le agregaba el atenuante de que otra vez, la mujer que amaba, estuviera en peligro de muerte.
Pero cómo expresarlo. Cómo podría expresar con palabras, sus sentimientos, decir todo lo que siempre quiso y nunca tuvo la oportunidad de hacerlo.
No tenía idea, de seguro también encontraba la respuesta en un libro. El conocimiento de los textos era realmente amplio y de seguro que todas las respuestas a sus predicamentos, aparecían referidos en sus páginas.
Qué tipo de libro podía parecerse a la mujer que amaba. Qué capítulo, verso, poemario, obra trágica.
- Señorita Granger, estaré en la biblioteca.
Fue lo último que escuché y me encogí de hombros, intentando no concentrarme en su extraña actitud. Ya tenía mucho en lo que pensar, tras la confesión de que Severus tuviera algo importante qué decirme.
¿Acaso me moría, que necesitaba llevarme a almorzar y decírmelo fuera del despacho? ¿Estaba embarazada tal vez y se había dado cuenta antes que yo? ¿Por qué había consentido el almuerzo, y en vez de exigirle respuestas? Y ahora se marchaba a la biblioteca.
Quizá el profesor Snape, comenzaba a volverse loco al fin.
A media mañana, continuaba viéndome en el espejo y preguntándome qué clase de lugar sería. ¿Qué tipo de ropa tenía que usar? ¿Estaba al aire libre o tal vez era un lugar cerrado? Cómo esperaba que me vistiera apropiadamente, si no me daba más detalles.
- Hombres... típico. - sonreí, mirando un vestido azul pastel y que Madam Malkin había diseñado nuevamente, con la espalda descubierta. Comenzaba a pensar que la mujer consideraba mi espalda, como una especie de afrodisíaco. - pues éste tendrá que ser y si no es una mala noticia, servirá para celebrar.
¿Acaso me diría que me amaba? ¿Y cómo, desde cuándo? ¿Por cada vez que me veía llorar o por cada vez que estábamos con Rose? ¿Tras la convivencia?
¿Y qué respuesta se suponía que tenía que darle? Lo besé tras sentir pena por lo que habían dicho sobre él. No lo abracé, no le sonreí y dije cuánto lo sentía. Lo besé...
Su pasado trágico me resultaba tan doloroso, que sentía miedo de rechazarlo y si me confesaba que en verdad me amaba.
- Señorita Granger... - su voz volvía a sonar ligeramente nerviosa y el suave toque de sus nudillos en mi puerta, de pronto aceleró mi pulso. Ya era el momento y sentía que aún no estaba preparada para desprenderme de mi antigua vida y comenzar nuevamente. - ¿Le tomará mucho tiempo arreglarse?
- Sólo unos minutos, ya casi termino.
No podía seguir ocultándome, ya se lo había dicho a Ron y no podía echarme para atrás. Terminé de calzarme el mismo par de tacones que la noche anterior y encantándolos para que combinaran con mi nuevo vestido.
Modestas joyas, no tenía cabeza para ponerme exquisita y mis manos temblaban ya demasiado. Apenas y había podido maquillarme ligeramente, sin sentir que se correría mi sombra de ojos. Empujé mi silla de ruedas hasta la puerta y le abrí con una sonrisa.
Volviendo a hacerme gracia, la manera en que se quedaba sin habla y retenía el aliento al verme.
- Lo siento, apenas y pude peinarme o maquillarme. Estaba realmente nerviosa por la noticia y no pude concentrarme siquiera.
- No hace falta. - me dijo en voz baja, suave murmullo y un débil rubor en sus mejillas.
- Me sentiré mucho mejor, una vez que nos hayamos marchado. - le sonreí y el rubor en sus mejillas no tardó en aumentar.
Y ni hablar del momento en el que tuvo que levantarme de la silla y sus dedos acariciaron mi desnuda espalda, mientras entrábamos en las llamas. Me pareció que sonreía, pero seguramente por mi afán de usar vestidos que requirieran de su saco para calentarme.
HGSS
Gemí maravillada ante la locación, no me lo esperaba y mientras Severus caminaba, pude sentir su satisfacción ante mi expresión. Una hermosa montaña y con un radiante sol, rodeada de verde naturaleza y un viñedo. El restaurante era pequeño y acogedor, con una terraza y un par de mesas. Esperaba que hubiese escogido almorzar afuera y me hizo realmente feliz, que camináramos a la pequeña terraza.
Sentía algo sólido en uno de sus bolsillos, mientras nos acercábamos a la mesa, pero preferí no decir nada y dejarme llevar por el momento. La terraza tenía un techo de madera abierto y los suaves rayos de sol, caían sobre nuestra mesa en el centro y reservada sólo para nosotros. No pude evitarlo y tuve que preguntar por la localización de tan bello lugar.
- ¿Dónde estamos? - dije mientras me acomodaba en la silla y Severus se sentaba frente a mí. Un camarero no tardó en acercarse a nosotros y ofrecernos una carta de vinos.
- Holanda para ser exactos. - me sonrió nuevamente, con su usual estilo arrogante y ante mis ojos abiertos como platos. - No creo que vayamos a tomar más vino, ¿cierto? ¿No quisiera ordenar otra cosa?
- ¿Acaso estamos solos?
- Pues sí. - volvió a sonreírme con soberbia. - es increíble lo que la magia puede hacer con los muggles.
- Profesor...
- Solamente he encantado el letrero en la entrada para que diga "cerrado", hasta que nos vayamos. No creo que los dueños se molesten, por un día de inexplicables ventas bajas.
Me eché a reír, mirando el camino de tierra por el que habíamos entrado al restaurante en el viñedo y preguntándome qué pensarían los pobres incautos que cayeran en su treta.
- ¿Y si aún así, deciden entrar?
- He encantado el lugar, para que parezca que no hay nadie. Una pequeña ilusión óptica. - me informó mientras miraba la carta de bebidas y tomaba una decisión. - creo que dos mojitos cubanos, poco cargados, nos vendrán muy bien. Gracias a sus padres, voy a comenzar a odiar el vino que tanto amo.
Volví a reír mientras Severus llamaba al camarero y le susurraba las instrucciones, además de algo extra. Al marcharse el joven, mi curiosidad no tuvo límites y necesité preguntar. Continuó sonriendo y parecía muy seguro de sí mismo.
- Simplemente le pedí que no nos molestara nuevamente, hasta que le dé una nueva orden.
- ¿Ah sí? ¿Y por qué? Aún no me ha dicho la razón por la cual, me trajo aquí. Estoy comenzando a creer que me quedan pocos minutos de vida e intenta decírmelo con dulzura, para que ésta sea mi última visión y antes de morir.
Negó con la cabeza y poniéndose en pie, colocando su silla junto a la mía e introduciendo una de sus manos, en el bolsillo de su túnica donde supuse, se encontraba aquel misterioso objeto. Un libro viejo, amarillento y con una fina capa de polvo.
- ¿Un viejo libro? Tengo que decirle que si pensaba regalarme un almuerzo y un libro, como noche de bodas... - sonreí suavemente. - un viejo libro no es lo mejor para regalar.
- Ábralo, por favor. - me miró fugazmente e intentando ser firme en su orden. - en la página marcada.
"Duda que sean fuego las estrellas, duda que el sol se mueva, duda que la verdad sea mentira, pero no dudes jamás de que te amo".
Alcé mi rostro suavemente de las páginas de Shakespeare, con mi corazón dando un vuelco tan fuerte como jamás esperé alguna vez. Tenía que admitir que Severus y Ron, tenían marcadas diferencias para declarar su amor y hacerme sentir especial. Obviamente eran diferentes niveles y no podía admitir, cuál de las dos me gustaba más. Si la directa, casi burda de Ron de expresar sus sentimientos o la pausada, romántica y poética, forma de expresarse el profesor Snape.
- Sé que son palabras robadas, pero nunca hice esto por primera vez. Leí un sin fin de libros, pero ninguno se acerca a lo que siento. Quizá y con el tiempo... - susurró, apartando un mechón de cabello de mi rostro y colocándolo tras una de mis orejas. Aún y tras mi sorpresa, no retrocedí ni me atreví a moverme. - podamos poner palabras a los sentimientos.
Y sentí sus labios sobre los míos, aún intentando mantenerse firmes y no vacilar. Un par de segundos me tomó el entender lo que había sucedido y otro par de segundos, cerrar mis ojos y dejarme llevar.
