Hola hola jeje espero les guste mucho este capi... ESTAMOS A 2 CAPITULOS DEL GRAN FINAL...!
Diclamier: La historia pertenece a Nora Roberts y los personajes a Stephanie Meyer
Capitulo 25
Entre hacer las maletas, los detalles de último momento y los dibujos animados de los sábados, todos los habitantes de la casa estaban ocupados. Rosalie decidió aprovechar aquel momento. Cuando Edward salió con los niños para ayudarlos a dar de comer a los caballos, esperó unos minutos y salió después a reunirse con ellos. Aquel era un marzo muy cálido para lo que se acostumbraba en la Costa Este pero, a pesar de eso, se estremeció y decidió que se alegraba de volver al sur de California. Pero, antes de irse, tenía algo que hacer.
La mayoría de los caballos estaban en los potreros. Rosalie se acercó hasta allí y se apoyó contra la cerca. Edward saldría antes o después. Y ella podía esperar.
Cuando estaba sacando a los dos caballos castrados, Edward la vio. Sabía desde hacía días que tenía algo que decirle. Y, al parecer, aquel era el momento. Soltó a los caballos y cerró cuidadosamente la puerta tras ellos. En silencio, se acercó a Rosalie. Esta aceptó el cigarrillo que le ofreció. Rara vez fumaba, en realidad su afición al tabaco dependía de su humor. Inhaló profundamente y expulsó una bocanada de humo. Mientras hablaba, tenía la mirada fija en los caballos.
-Todavía no he decidido si me gustas o no, pero eso no tiene ninguna importancia. Lo que importa de verdad son los sentimientos de Bella.
Edward decidió que seguramente Rosalie no sabía lo mucho que se parecían sus palabras a las de Alice. Era una muestra más de lo unidas que estaban las trillizas. Observaron juntos al potro de Eve acercándose a mamar. La yegua soportaba pacientemente sus tirones.
-Sí puedo decirte que no me gustaste cuando me entrevistaste para sacarme información sobre Millicent Driscoll en tu último libro. Aquel desagrado tenía en parte que ver con un período de mi vida, pero fue sobre todo por tu actitud. La encontré desagradable y falta de compasión, así que no me mostré todo lo abierta que podría haber llegado a ser. Si lo hubiera sido, seguramente habrías encontrado un lugar para la compasión en tu relato. Pero Bella es mi hermana.
Por primera vez, se volvió hacia él. Incluso bajo la fuerte e implacable luz del sol, su rostro resultaba hermoso. Un rostro clásico, ovalado, de pómulos marcados y piel inmaculada. Un hombre podía mirar aquel rostro y olvidarse de que en el mundo había algo más que esa mujer. Pero eran sus ojos los que llamaban la atención de Edward. Los imaginaba haciendo trizas a una gran cantidad de hombres.
-Creo que quieres a Bella, pero no estoy segura de si eres lo suficientemente fuerte como para permitírtelo. Quiero hablarte de Jacob Black de una forma que no creo que Bella pueda hacer -dio otra calada al cigarrillo, apreciando su fuerte sabor-. Todo esto quedará entre nosotros. Si Bella consiente en que puedas utilizarlo, no tendré ningún inconveniente en que lo hagas. Si no, mala suerte. ¿De acuerdo?
-De acuerdo. Dime.
-Cuando Jacob llegó al club aquella noche, se quedó completamente fascinado con Bella. Quizá, durante algún tiempo, incluso llegó a enamorarse de ella. No sé con qué tipo de mujeres había salido hasta entonces, pero puedo imaginármelo. Bella era, a pesar del maquillaje y la indumentaria que llevábamos, completamente inocente. Ilusa puede ser una palabra dura, a menos que conozcas a la persona, y Bella era y sigue siendo ilusa en muchos sentidos -sonrió; pero no con aquella sonrisa inteligente y fría que tan a menudo asomaba a sus labios, sino con una sonrisa sencilla y natural, tan hermosa como reveladora-. Ella creía en el amor, en la entrega total hasta la muerte. Y corrió hacia el matrimonio con la cabeza llena de ilusiones,
Edward podía imaginarse perfectamente a Bella, abierta, inocente, confiada.
-Él la amaba, creo, al menos en la medida en la que era capaz. Hay gente que piensa que la debilidad no convierte en mala a una persona -algo brilló en sus ojos, pero fue rápidamente ocultado-. Yo no estoy de acuerdo. Jacob era muy débil emocionalmente. Podría excusarlo, sabiendo que creció con una madre insoportablemente dominante y un padre alcohólico. Pero, personalmente, no me valen de mucho esas excusas lo miró, esperando algún comentario.
-Continúa -Edward ya conocía los antecedentes de Black.
-Tuvieron problemas desde el principio. Ella intentaba disimularlos, pero es difícil esconderse algo entre trillizas. Viajó con él a París, a Londres, vestía ropas hermosas y Jacob le ofrecía la clase de vida con la que muchas otras mujeres han soñado. Pero Bella no -Rosalie sacudió la cabeza mientras tamborileaba suavemente la cerca-. No estoy diciendo que al principio no disfrutara con todas esas cosas, pero Bella siempre ha querido echar raíces. Algo que siempre les ha costado mucho a los Cullen.
-Esa es la razón por la que quiere tanto este lugar.
Rosalie tiró el cigarrillo al suelo y lo dejó consumirse.
-Jacob compró esta casa después de que saliera en la prensa una sucia aventura con una jovencita demasiado pequeña para saber realmente lo que estaba haciendo. Pero, al poco tiempo de comprarla, se aburrió de ella. Así que le dejó bien claro a Bella que si quería quedarse con este lugar y mantenerlo, tendría que hacerlo ella sola.
-¿Eso te lo contó Bella?
-No, Jacob -le dirigió una extraña y burlona mirada-. Tenía que pasar por Los Ángeles y decidió que podía ser interesante pasar un rato con la hermana de su esposa. Encantador. Dame otro cigarrillo.
Mientras se lo daba, Rosalie intentó tranquilizarse.
-Sucedió que no era mi tipo y que, aunque muchas veces hayan sido puestos en duda mis principios morales, hay cosas que jamás haría. El se emborrachó y me contó todos los problemas que tenía con la mujercita que lo esperaba a casa. Mi hermana le parecía aburrida -Rosalie dejó escapar una bocanada de humo-. Era demasiado vulgar, demasiado convencional para él. Ella se había enterrado en aquella granja y él tenía mejores cosas que hacer con su dinero. De manera que si Bella quería un techo fijo, tendría que arreglárselas sola. Si quería que las cañerías funcionaran como correspondía a una vivienda de este siglo, tendría que averiguar ella sola cómo hacerlo. El no tenía el menor interés. Después continuó hablándome de la ridícula idea de mi hermana de criar caballos. Se reía de ella -Rosalie apretó los labios. Se dio cuenta entonces de que estaba hablando muy rápidamente e intentó frenarse-. No lo eché de mi casa porque quería oírlo todo. Mientras mi hermana estaba pasando por aquel calvario, yo había estado ocupada labrándome mi carrera. Demasiado ocupada, ya ves, para prestarle atención, aunque instintivamente, sabía que las cosas no le iban bien.
¿Y cuánta atención le había prestado él durante las semanas anteriores? Aquel pensamiento le dolió. El esperaba de Bella confianza y honestidad, se la había exigido incluso, pero lo único que él le había ofrecido habían sido preguntas.
La había visto, la había escuchado y había sabido en su interior que todas sus ideas preconcebidas sobre ella eran falsas. Pero entonces, ¿por qué se había quedado con Black? ¿Y por qué se odiaba a sí mismo por necesitar saberlo?
Edward retrocedió.
-¿Por qué crees que te contó Jacob todas esas cosas? -le preguntó en un tono carente por completo de sentimientos.
Rosalie le dirigió una dura mirada. Era sorprendente cómo podía cambiar su expresión desde la indiferencia a un gesto glacial sin que moviera un solo músculo.
-Evidentemente, pensó que a mí me haría tanta gracia como a él -sonrió otra vez y fumó lentamente-. En cualquier caso, lo eché de casa, llamé a Alice y vinimos hasta aquí. Bella estaba viviendo en una casa que estaba a punto de derrumbarse. Jacob no estaba dispuesto a darle un solo centavo, de modo que mi hermana trabajaba a tiempo parcial en lugares a los que podía llevar a Ben. Se alegró mucho de vernos, pero todavía no estaba preparada para escuchar ningún consejo que pudiera conducirla al divorcio.
-¿Por qué?
Edward la tocó por primera vez. Se limitó a posar la mano en su brazo, pero Rosalie pudo percibir la intensidad de sus sentimientos.
-¿Por qué continuó con él?
Así que aquel era el quid de la cuestión, comprendió Rosalie. Pero Edward quería a Bella y eso impedía que Rosalie pudiera guardarle ningún rencor.
-Creo que necesitarás que te dé ella misma las respuestas, pero yo puedo adelantarte algo. Bella tiene una enorme capacidad para la esperanza, y ella continuaba creyendo que Jacob entraría en razón. Mientras tanto, el problema más inmediato era hacer la casa habitable. Así que nos fuimos a Richmond y vendimos sus joyas. Jacob había sido muy generoso durante los primeros meses de su relación, así que al venderlas consiguió dinero suficiente para ir tirando. Yo le compré el visón -lo que no mencionó, fue que aquel era un lujo que en aquella época no podía permitirse-. Tiempo después, Bella bromeaba diciendo que había visto una fotografía mía en la que yo llevaba su tejado.
-Así que vendió el visón para arreglar el tejado -murmuró Edward.
-Había un montón de reparaciones que hacer. Entonces me sorprendía el empeño que tenía en este lugar. Pero cuando la veo ahora aquí, creo que es evidente que es el lugar adecuado para ella y para sus hijos. Después de aquello, las cosas se serenaron un poco. Entonces se quedó embarazada de Chris. Yo tengo mi propia teoría al respecto, pero prefiero dejar ese asunto en paz.
Edward la miró y advirtió que Rosalie comprendía mucho más de lo que Bella podía llegar a imaginar.
-Yo también lo he dejado en paz.
-Es posible que llegues a gustarme -se relajó un poco y tiró el cigarrillo-. Después de que Chris naciera, las cosas fueron de mal en peor. Jacob ya no se molestaba en ocultar sus aventuras. No considero que eso le conceda ningún mérito, pero creo que quería forzar a Bella a divorciarse por su propio bien. Cuando se divorció, cuando por fin lo hizo, creo que Jacob se dio cuenta de lo mucho que estaba perdiendo.
-¿Me estás diciendo que Bella pidió el divorcio?
-Exacto. Estoy segura de que podría haberlo castigado duramente, desde luego yo lo habría hecho, pero ella no quiso alegar adulterio y tampoco pidió una pensión. Lo único que ella quería era quedarse con la casa y una cantidad razonable para poder mantener a los niños. En aquel momento, Jacob estaba saliendo con Leah Brewer y parecían pasárselo en grande. Pero, de alguna manera, lo del divorcio llegó a afectar a Jacob. Había intentado compensar la pérdida de la emoción que antes le proporcionaban las carreras con otras cosas. Había cambiado a una esposa que lo adoraba y a dos hijos maravillosos por un estilo de vida que solo le proporcionaba más tristeza. Sé cómo se sentía porque me llamó pocos días antes de su última carrera. El cielo sabrá por qué. Yo no le mostré la menor compasión. Me dijo que había llamado a Bella para pedirle que reconsiderara lo del divorcio y ella se había negado. Quería que yo intercediera por él. Le dije que madurara. Un par de días después, se estrelló.
-Y Bella se sintió culpable porque había pensado divorciarse de él.
-Exacto -tamborileó la cerca con sus manos perfectamente manicuradas-. Nunca ha servido de nada decirle que no tiene por qué sentirse culpable, o que deje de castigarse por lo ocurrido.
Edward ya tenía bastantes problemas con su propio sentimiento de culpa, pero se concentró en las últimas palabras de Rosalie.
-¿A qué te refieres con eso de castigarse a sí misma?
-¿Has pensado alguna vez en lo difícil que es mantener un lugar como este y criar a dos niños? Y no me estoy refiriendo al aspecto emocional o físico, sino al económico.
-Black tenía mucho dinero.
-Black sí, y también Janice Black, de hecho, todavía lo tiene, pero Bella no se llevó ni un penique -sacudió la cabeza antes de que Edward pudiera interrumpirla. Cada vez que pensaba en ello, destilaba veneno-. Ella se encargó de que Bella no consiguiera un solo penique del fondo fiduciario de Jacob. Ni para ella, ni para la granja ni para los niños.
Mientras Rosalie saboreaba aquel veneno, un sabor amargo inundó la boca de Edward. Recordaba todo lo que le había dicho a Bella, desde el día que había entrado empapado en su cocina hasta la mañana que la había visto meter los guantes de goma en el bolso. Y se daba cuenta, con el estómago en un puño, de que tendría que vivir con aquel remordimiento.
-¿Y cómo ha conseguido conservar este lugar?
-Pidió un préstamo.
El amargor que Edward sentía en la boca no tenía nada que ver con el tabaco. No había creído en Bella y tampoco había confiado lo suficiente en sus propios sentimientos. Y ella era demasiado orgullosa para contarle las cosas que le estaba explicando Rosalie en aquel momento.
Al infierno con su orgullo, pensó Edward con repentino rencor. ¿Acaso no tenía él derecho a saberlo? ¿No tenía derecho a...? Mientras analizaba sus propios pensamientos, fijó la mirada en el potrero y en las colinas que había más allá de donde pastaban los potros. No, se corrigió, era su propio orgullo el que había salido lastimado. Su orgullo de hombre y de reportero. Bella sabía lo que pensaba de ella y aun así, lo había aceptado.
-¿Por qué me estás contando todo esto?
-Porque alguien tiene que convencer a Bella de que no fue culpa suya, de que no pudo haber evitado lo que ocurrió. Y creo que tú eres el único que puede hacerlo. Y también que tú eres el hombre, si tienes valor para ello, que puede hacerla feliz.
Alzaba la barbilla y lo miraba con expresión desafiante y sombría. Edward se descubrió a sí mismo sonriendo.
-Eres un demonio de mujer. No me di cuenta la primera vez que estuve contigo.
Rosalie le devolvió la sonrisa.
-Sí. Yo también me perdí algunas cosas sobre ti.
Alice asomó la cabeza por la puerta trasera de la casa.
-Rose, ya ha llegado la limusina.
-Ahora voy -comenzó a caminar, pero se detuvo y le dirigió a Edward una última mirada-. Una cosa más, Edward. Si haces sufrir a Bella, tendrás que vértelas conmigo.
-Entendido.
Edward le tendió la mano. Como si de pronto le hiciera gracia aquella situación, Rosalie la aceptó.
-Supongo que te deseo suerte.
-Te lo agradezco.
NO SE USTEDES PERO YO AMOOO A ESTA ROSALIEE JEJEJE YA LE CANTO UN PAR DE VERDADES A EDWARD QUE BIEN MERECIDAS SE LAS TENIA JEJE
REVIEWS?
