Gracias a Ivette por su ayuda con el capítulo y, de nuevo, me disculpo por errores y omisiones. SI algo se me olvidó, fue por falte de tiempo.

Disfruten.


+++~~~* HETALIA! Las Crónicas de México! *~~~+++

López Rayón, ahora líder de los insurgentes, comenzó su marcha hacia el sur junto Juan, María, y ahora, Mercedes. El grupo estaba moviéndose en dirección al sur para encontrarse con Morelos, un sacerdote y militar mexicano que estaba dispuesto a luchar junto a ellos en la guerra de Independencia.

Al llegar a su encuentro con el general Morelos, se sentaron a platicar sobre las estrategias y planes. Se dieron cuenta de que su ejército contenía fallas, y entre ellos re-crearon el plan de ataque contra los realistas.

Sus estrategias fueron vastas mejoras a lo que antes habían sido los hermanos.

Con la ayuda de Morelos, se hicieron muchísimas mejoras a los insurgentes, se esparcieron por toda la república, y en 1813 Morelos promulgó el documento "Sentimientos de la Nación" lo cual llegaría a ser el primer borrador de la Constitución de los Estados Unidos Mexicanos, incluso los hermanos mexicanos ayudaron a escribirlo.

Sin embargo, los hermanos sabían que nada dura por siempre, y así como los años les trajeron buenos líderes y les ayudaron a ganar batallas, también les quitó líderes, y los hizo perdedores de otras cuantas batallas.

Tras la muerte de Morelos, todo se vino abajo. La guerra de Independencia era ahora nada más que una guerra de guerrillas. Para cuando llego el año 1820 ya quedaban muy pocos núcleos rebeldes, sobre todo en Veracruz y la Sierra Madre del Sur. Muchos creían que Xochitl cargaba con más del sentimiento que los demás.

Juan ya no sabía qué hacer, estaban definitivamente perdiendo la batalla. Pero Juan no quería perder; Juan quería ser libre; él quería liberarse de Antonio y su país molesto. Juan quería ser su propio país. México.

Pero para como iba la cosa, Juan creía que eso no era más que solo un sueño imposible y lejano. Juan ya creía que para el día de mañana él estaría de vuelta bajo el mando de Antonio y que su gente nunca sería libre.

Sentado bajo la sombra de un árbol, en tierras norteñas y lejos de sus soldados y sus hermanas, se llevó las manos a la cara, suspirando rendido. Todo le parecía imposible. Todo parecía escaparse como agua entre sus dedos. Todo parecía llevarlo a las mismas palabras.

No eres nada

Esas malditas palabras no dejaban de atormentarlo. Le oprimían el pecho. No lo dejaban respirar. Le dolía escucharla en su cabeza. Sin embargo, ya no era la voz de Antonio quien las repetía.

No eres nada

Era él mismo. Su voz.

No eres nada

Golpeó su cabeza contra el tronco que tenía atrás.

No eres nada

"Cállate…"

No eres nada

"Pero tú eres yo," dijo cansadamente "así que tu tampoco eres nada"

No eres nada

"¡Dije que te calles!"

¡Y yo dije que no eres nada!

"¡Con un demonio!"

Esta vez su cabeza lo recibió con silencio.

Suspiró. "…No soy nada" sin embargo, esta vez había sido él en voz alta, y no su subconsciente, quien lo dijo.

Y ahora, las palabras terminaron de hundirse en su corazón. Y por primera vez, las creyó.


Las cosas siguieron su rumbo. Las batallas perdidas y ganadas dejaron de ser importantes. Cierto general, un tal Iturbide, se estaba volviendo un problema. Todo estaba mal.

Sentado en un simple camastro en una tienda de campaña, sosteniendo una carta con malas noticias en sus manos, Juan simplemente miraba a la nada. Solo suspiraba de rato en rato.

Silenciosa, María entró lentamente a la tienda de campaña. Miró a su hermano, como si no quisiera decir lo que estaba a punto de decir.

"Están muertos" dijo al fin, sin rodeos.

Juan no la volteó a ver, solo levantó la carta. "Lo sé..."

"Debemos nombrar a un nuevo general antes de que sea muy tarde o estaremos vulnerables"

"Lo sé"

"Y si nos atacan sin un general, podríamos terminar-"

"¡Lo sé!" Juan se levantó de golpe "¿Por qué debes decirme lo obvio?"

María lo vio con sorpresa. Juan nunca le gritaba."... Lo lamento, solo-"

"Solo- Solo…" Se sentó de nuevo, encorvado "Solo déjame pensar…"

María miró a su hermano, primero con confusión, pero luego… Luego suspira, y lo ve con una especie de pena. "... ¿Estás seguro de que quieres continuar con esto?"

Juan la miró, con enojo y sorpresa e incluso incredulidad. Se levantó de golpe de nuevo. "¿Qué insinúas? ¿Que nos rindamos así nada más?"

"No, solo digo que-"

"¡No nos vamos a rendir cuando hemos pasado los últimos diez años luchando!"

"¡Exacto!" Respondió María, llegando a su límite. "¡Diez años de nada más que matar realistas y ver insurgentes morir! ¿La 'libertad' vale tantas vidas?"

"¡No! ¡No las vale! Pero nuestra gente se merece un futuro, ¡una nación! ¡No una-!" Alejó su mirada de su hermana, todo su enojo convirtiéndose en vergüenza. "... No una miserable colonia..."

Ahora lo entendía. Esto no era un berrinche o un impulso que tuvo su hermano y que se había extendido muchos años. Esto iba en serio. "... Temo..."

"¡Hace casi cien años que el inútil del gringo es libre!" Exclamó el mexicano "¿Y sabes cómo me miró la última vez que lo vi, cuando me llamé a mi mismo 'Nueva España' por última vez? ¡Como si fuera un pobre diablo! ¡Como si me tuviera lastima, Me-Me!"

María no dijo nada. Lo miró, parecía entender lo que quería decir.

Juan se sentó de nuevo, sosteniendo su cabeza en sus manos, dejando salir un sonido de frustración claro como el agua. "...Yo sé que suena como si hablara mi ego, pero... No quiero que nadie, nunca, sienta lastima por mi gente, Me-Me… Nadie"

Su hermana de nuevo guardó silencio, y simplemente asintió, aunque él no la pudiera ver. "Le diré a Guerrero que enseguida sales" fue lo único que dijo antes de salir de la tienda de campaña.

Juan se quedó ahí.

Muy bien hecho, genio'

"Déjame en paz"


Cierto día, recibieron una carta. No era una carta cualquiera. Era de Iturbide.

Guerrero estuvo inquieto todo el día, siempre con un papel en la mano como si buscara como llenarlo. Caminó por todo el asentamiento varias veces. Obviamente, los hermanos se dieron cuenta de esto y fueron los más extrañados de todos.

Después de unas horas, sin embargo, cuando Guerrero llamó a Juan para hablar con él, las cosas tuvieron un poco más de sentido. Le informó, en privado y con cuidado de explicarse bien, que Iturbide había propuesto una alianza diciendo que los intereses de España ya no guiaban sus acciones. Aunque todos sabían quienes guiaban sus acciones.

Aun así, lo consideraron. Juntos, naturalmente. Pensaron en una respuesta, hicieron un par de borradores y, al final, escribieron algo final.

"… 'Si alguna feliz mudanza de usted me diere el gusto que deseo, nadie competirá la preferencia en ser su más fiel amigo y servidor.'" Guerrero bajó la carta que había terminado de leer en voz alta, para revisar, y miró a Juan. "¿Qué dice?"

Juan se vio inseguro por un momento. "¿Seguro que quiere incluir 'servidor' al final?"

"Pues… Esa es la verdad, señor"

"Supongo, sí… ¿La enviará ahora?"

"Mañana… Vaya a informarle a las señoritas, entonces"

Las señoritas. Claro…

Mandó a llamar a sus hermanas para hablar con ellas, en su tienda, y poder explicarles la situación. No le tomó mucho tiempo, pues en el fondo era un asunto muy simple, pero siempre había cosas que tenía que aclarar.

"Si esto pasa, entonces" dijo María "Iturbide sería el líder… ¿Aun después de todos los problemas?"

Juan asintió.

"Suena sospechoso" exclamó Xochitl "¿Simplemente quiso unirse a nuestra causa? ¡Es un militar del virrey!"

"Allende era un militar del virrey"

Todos miraron a Mercedes. Tenía un punto valido. Aún así, la preocupación seguía ahí.

"Los burgueses no quieren nada que ver con España" Explicó Juan "Y si ellos son nuestro pase para terminar esto al fin, entonces lo serán"

Las hermanas se miraron entre ellas, encontrando que no tenían con que objetar a eso.

Y el día siguiente, la carta estaba enviada y muy pronto recibieron una respuesta. Un encuentro era necesario entre ambos líderes para organizarse, para decirse las verdades que debían decirse, y para al fin terminar todo.

Y se reunieron, cara a cara, en Acatempan. Los hermanos se mantuvieron a una distancia mientras ambos hombres hablaban, pero mantenían un ojo cercano a ambos. Casi pudieron señalar el momento cuando Guerrero le explicó lo que verdaderamente eran. Y al final, en medio de expectación y el peso de años de lucha, cerraron las negociaciones con un abrazo.

Y ese abrazo llevó a la unificación bajo un mismo ejército. Ideales conjuntos y una misma misión. Fueron entonces el Ejército Trigarante.

Juntos bajo una misma bandera, el Ejército Trigarante avanzó de forma mucho más segura, mucho más triunfal que ningún otro ejército insurgente. Iturbide y Guerrero colaboraron, escribieron juntos documentos inspirados en los que anteriores líderes habían escrito. Y entre todos los planes que escribieron y enviaron al virrey y a España, el que más resonó fue el Plan de Iguala.

Juntos bajo una misma bandera entraron en batallas, las cuales ganaron, y juntos avanzaron por el país. Y más pronto de lo que alguno de los hermanos o alguno de los soldados o nadie se lo esperara, ya estaban planeando su entrada triunfal a la Ciudad de México.

Y el 27 de Septiembre de 1821, a caballo y con la frente en alto, el Ejercito Trigarante entró a la Ciudad de México.

Poco tiempo después, la declaración de independencia fue escrita, distribuida a todos los representantes virreinales que aún no supieran las noticias. Solo faltaba entregar dos copias. Y de eso… De eso se encargo Juan. Solo.


Estaba demasiado ocupado, demasiado estresado, demasiado concentrado en lo que pasaba a su alrededor como para importarle lo que pasaba del otro lado del mar. No que a Antonio no le importara, por supuesto que sí… Pero cuando su Imperio se rompía y se deshilachaba, era difícil que algo más le importara.

Estaba de pie en su estudio en Madrid, mirando hacia afuera a través de la ventana. Había dejado su trabajo incompleto porque necesitaba un descanso, una distracción…

Justo entonces oyó como se abría la puerta y alguien entraba. No volteó a ver porque no le importaba.

No en el momento.

"Tu Imperio se derrumba a tus pies…"

Esa voz. Le provocó una extraña mezcla de gusto y enojo. "Juan…" Siguió sin voltear a verlo. "¿Vienes a burlarte de mis desgracias?"

El mexicano se acercó, pero no dijo nada. En toda honestidad, puede que esa fuera una razón también. "…Vine a dejar esto" Con cuidado, dejó el papel sobre la mesa.

Antonio dio un vistazo, pero regresó a ver por la ventana. "¿Qué es?"

"Nuestra declaración de independencia" contestó el mexicano, serio. "Esto ya se acabó"

El español no dijo nada. El vago reflejo en la ventana daba una clara evidencia de todos, absolutamente todos los sentimientos que pasaban por Antonio. Pasó de tristeza a decepción a enojo, y luego simplemente se mantuvo serio.

"Puedes tomar lo que te queda y parar" continuó Juan "Seguir tu camino, pero sin nosotros-"

"Esto no cambia nada" Con seriedad severa, Antonio volteó un poco. Lo suficiente para ver a Juan sin tener que encararlo por completo. "Sigues y seguirás siendo mi colonia no importa lo que hagas"

"No, Antonio. Ante los ojos de mi gente no lo soy, y pronto verás la verdad tu también"

El español no dijo nada. Se mantuvo serio y volvió a darle la espalda.

Sin más que decir, Juan simplemente suspiró. "Ten una buena vida, Antonio" Y dispuso a irse.

"Juancito"

El mexicano se detuvo, casi en la puerta. Hacía mucho que no oía ese nombre…

"¿Alguna vez me quisiste, Juancito?"

Juan estuvo quieto, callado, por lo que pareció un minuto. "¿Por qué? ¿Tu sí?"

"…Sí"

"Pues yo también" Con el tono pesando de verdad, volteó en intentó sonreírle, aunque el español no pudiera verlo. "Pero eso no cambia absolutamente nada, ¿o sí?"

Antonio soltó una risa entre dientes. "Supongo que no…"

De nuevo, Juan se dispuso a irse, pero lo detuvo otro sonido. Una risa… O al menos algo similar. Volteó a ver a Antonio y lo vio temblar, riendo.

"Haz crecido tanto, Juancito…" Dijo el español, entre risas. "Haz crecido tanto…"

Juan no sabía si tenía que estar asustarlo o tenerle pena. Decidió tenerle pena.


"¿Azúcar?"

"Da, spasibo"

Una de las primeras cosas que hizo Juan cuando se convirtió en el Imperio Mexicano fue invitar a Ivan a tomar el té. Quería que sus hermanas estuvieran ahí, pero Iturbide quería conocerlas mejor y hablar con ellas antes de que cada una se fuera por su lado.

Así que el té fue solo entre Ivan y Juan. Aunque so era bueno. Estaban sentados juntos en un sillón, en el Palacio.

"Entonces" habló el ruso, taza en mano. "¿Vash drug Antonio lo tomó bien?"

"No es mi amigo, Vanya" Aún así, Juan no estaba enojado. "Lo tomó mejor de lo que pensé…" Y bebió de su té.

"Ya veo" Ivan hizo lo mismo. "¿Y te encuentras v poryadke?"

Juan asintió. "Es como quitarme un enorme peso de encima, al fin" Le agregó más azúcar a su té. "Ya era hora"

"Que bien por ti" Ivan, siempre tan expresivo… Parecía más concentrado en su té.

"Así es" Se le informó una gran sonrisa en la cara. "Y es un honor, para ti, claro" rió "el ser el primer país en reconocer el Imperio Mexicano" Y tomó de su té.

Ivan simplemente tomó su té con calma, sonrió y dejó la taza en la mesita frente a ellos. "Pero yo no voy a reconocer tu independencia, moi drug"

El mexicano casi escupió su té de sorpresa. Dejó la taza en la mesa y miró al ruso con escepticismo. "¿Cómo que no reconocerás mi independencia?"

"Eso mismo" Su sonrisa seguía tan dulce como siempre, aunque lo que estuviera a punto de decir no fuera necesariamente tan dulce. "Eres indomable y tienes muchas agallas, drug, eso lo puede ver cualquiera, pero me temo que eres demasiado débil por tu cuenta y tu gente muy desordenada como para que te veamos como algo más que una colonia sin líder" Y así de fácil, tomó su taza de nuevo.

Juan no dijo nada, mayormente porque no tenía nada que decir. Eso era cierto, en parte. Pero precisamente por eso se había vuelto un imperio, para probarle a todos que podía vivir por su cuenta, que podía ser algo, que podía tomar a todas las voces que le decían 'No eres nada' y callarlas a todas.

Aunque todo eso tomaría tiempo.

"… ¿Más té, Vanya?"

"Da, spasibo"

CONTINUARÁ


La Autora dice: GRACIAS A DIOA YA ACABÉ ESTA SAGA.

Regresamos a sus capítulos regulares a partir de ahora.