Capitulo 26

Sumary: REAL SUMARY de la historia: la imprimación no es la única opción, pero es la única de la que no se puede escapar… ¿Qué harían por amor? Ellos descubrieron que todo tenía un límite, menos eso. Jakob x Leah. Post amanecer

Advertencias: asumo que se sabe que los personajes no son míos, toda la trama en la que sufren y lloran torturados… esa si es mía ^^. ¡Ha! Y aclaro, Taylor Lautner es mío, solamente mío y de nadie más que mío ¿estamos?... para evitar malos entendidos ^^

Escritora: FEY BLACK

Título del capítulo: encuentros

Soundtrack de hoy: Sad – Marron 5

Notas de la autora al final ^^

y a la mierda cualquier pensamiento racional, quería hacerlo y no se dio cuenta hasta este momento. Se acercó a Leah y estando frente a ella se arrodilló.

- ¿pero qué mierda? – dijo ella arrugando el ceño con una mezcla de incertidumbre y sorpresa

- Leah Clearwater… cásate conmigo

- ¿Qué?

- eso, te quiero a mi lado el resto de mi vida y asegurarme de que tu sabes que soy tuyo por el resto de tuya… así que cásate conmigo.

- tu humor es un asco – respondió Leah dando un paso hacia atrás. Jakob se levantó para acercarse. Podía ver en sus ojos como no le creía ni un poco, claro, además de la sorpresa y ese brillo de quiero-patearte-el-culo que siempre tiene.

- no es una broma, hablo totalmente en serio, cásate conmigo.

- deja de repetir esa mierda – una punzada de dolor le atravesó, ella no te cree, se dijo a sí mismo, debes intentarlo con más fuerza.

- no es una mierda Leah, solo deja de intentar encontrarle sentido a todo y créeme

- no seas imbécil, ¿Cómo demonios te quieres casar? – Su voz comenzó a sonar histérica – estamos en medio de un bosque, en un sitio perdido de Brasil… y no hay iglesia ni testigos… y no tengo la ropa… Seth te molerá a palos si sabe que me casé sin estar presente y…

- shh – tomó su cara intentando calmarla, Leah de pronto se veía demasiado indefensa – todo se puede arreglar, si quieres a Seth y una iglesia y testigos te daré todo eso – pasó su mano por su cabello con ternura – te daré lo que quieras Leah… lo que quieras… - se quedaron mirando por unos segundos mientras ella calmaba su respiración. Quería besarla, abrazarla y volver bajo esas ramas para hacerla suya durante lo que quedara de noche, Dios, se moría por un beso.

- no – dijo Leah sacudiendo su cabeza y alejándose de Jakob, cerró sus ojos y cuando volvió a abrirlos la cordura había vuelto – no, seamos realistas Black, no puedo casarme contigo, eso no arreglará ninguno de los problemas que tenemos ahora, solo agregará mas a nuestras eterna lista.

- podemos…

- ¡deja de decir que podemos! Mierda, despierta por un demonio, estás jodidamente imprimado y yo estoy jodidamente jodida aquí, porque, adivina que, yo podría imprimarme también – se quedó parado allí mismo, eso nunca lo había pensado, siempre el del problema había sido él… pero que le dijera que ella podría olvidarlo por alguien… le iba a comenzar un dolor de cabeza – no lo habías pensado ¿verdad? – No esperó respuesta – eres un niño impulsivo Jakob, impulsivo y terco y…

- te querré tanto tiempo como pueda tenerte – Leah lo quedó mirando, sin poder creer lo que había escuchado – si te vas a imprimar… bueno… a la mierda, no puedo luchar contra eso, pero si lucharé para que te acuerdes que me amas y te amaré tanto como pueda hasta que ese momento llegue.

- estás demente.

- es bastante probable.

- no podemos casarnos.

- dame un sí y lo haré pasible – silencio nuevamente. Jakob aguantaba la respiración viendo como la duda se mostraba en los ojos de Leah, lo estaba pensando, realmente lo estaba pensando.

- no – dijo ella – lo siento – sintió como su pecho se oprimía mientras se alejaba. Leah se perdía entre los arboles dejándolo allí con una negativa retumbando en sus oídos. Lo habían rechazado, dejó su corazón latiendo frente a ella, palpitando… y solo lo dejó allí mientras se iba.

De un momento a otro Jakob se sintió la persona más insignificante del mundo.

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Leah primero caminó. Después trotó. Finalmente comenzó a correr a lo que más le daban sus piernas. No llegó muy lejos al darse cuenta que nadie la seguía, entonces frenó de golpe. Sus rodillas se debilitaron de la nada haciendo que cayera al suelo, le temblaban las manos y sus ojos picaban por lagrimas contenidas. Todo lo que dijo Jakob tenía que ser una broma, una jodida broma.

¿Casarse? ¿En verdad?

Están al medio de la nada por un demonio, ¿Qué planeaba? ¿Qué los casaran los monos? ¿Tener a Carlise de sacerdote? Claro, tendría a muchas lindas vampiras como damas de honor y un jodido chupasangre como padrino, ¿y para que preocuparme por el vestido? Después de todo casarse en pollera y pantalones cortos sucios es igual de primoroso… bastardo arrogante… ¿Qué pensó? ¿Qué diría que si inmediatamente? ¿Qué se arrastraría después de la declaración más increíble que alguien podría haber recibido alguna vez?

Leah tomó su cabeza y negó sin poder ordenar sus pensamientos. Condenado muchacho… ponía su mundo de cabeza con solo una puta sonrisa… después de todo lo que dijo allá… su mundo había dejado de girar, porque la emoción era tan grande y contradictoria que solo colapsó y se detuvo. Era eso o volverse loca.

Tenía la sospecha que ya lo estaba.

Dios… dijo que la amaba… que encontraría la forma de olvidar la imprimación… que la enamoraría cada día… le prometió el cielo y las estrellas que siempre quiso, por primera vez Jakob se comportaba y decía exactamente lo que ella quería escuchar… y resulta que lo hizo en el peor momento posible… estúpido hombre… estúpida ella por dejar que todo la afecte tanto… debería mantenerse firme por la mierda, dijo que se iría, dijo que, sin importar lo que Jakob dijera, tomaría sus cosas y se largaría… ¿Por qué si quiera se está imaginando en una iglesia tomada de su brazo? Dios, no sabía qué hacer… quería tanto decirle que si, quería tanto decirle que no… quedarse e irse… matarlo y abrazarlo… ¿Qué hacer?... ¿Qué?... espera… ¿ese olor es…?

- vaya, vaya… que tenemos aquí – Leah se giró justo en el momento en que un vampiro tomaba su cuello y mordía.

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Jakob caminó hacia todos con la cabeza gacha. Se sentía pesado, como si la gravedad de la nada se hubiese vuelto mayor. Le dolía el pecho, podría decir que era debido a la negativa de Leah, pero era algo mas, un dolor agudo y punzante se había instalado hacia unos minutos y no lo dejaba tranquilo. ¿Los metamorfos podían tener problemas cardiacos?

- lo dudo – ignoró a Edward.

- ¿Leah ya está aquí? – pregunto ignorando el hecho de que se habían metido en su cabeza, el vampiro lo miró con duda

- pensé que estaba contigo

- no

- asumo que todas estas horas han estado juntos, ¿Por qué no lo estarían ahora? – una imagen de Leah alejándose de él pasó por su mente – ho…

- no estoy de ánimos para que me tengas lastima

- no pensaría en tenerla

- tampoco quiero un psicólogo

- me alegro porque no tengo como conseguirte uno – respondió Edward con una pequeña sonrisa. Jakob suspiró cansado. Su mente estaba llena de Leah y su pecho lleno de un dolor sordo que antes no estaba. Pasó su mano sobre su esternón sobando en un lamentable intento de calmar la presión – lo lamento – susurró el vampiro

- no más que yo

- la asustaste

- no me jodas Sherlock ¿eres siempre así de brillante? – respondió con ironía. Edward asintió intentando hacer una broma, fue un pésimo intento, pero Jakob lo apreció – no quería asustarla… quería demostrarle que la amo, al punto de cometer una locura, no sé porqué se enojó tanto…

- piensa como mujer Jakob, Leah después de todo lo es, aunque a la mayoría se le olvide – el lobo sonrió cansinamente - proponerle matrimonio cuando están en medio del bosque lejos de su hogar... no sé cómo se te ocurrió algo como eso, sinceramente, aun no sabes cómo piensa una mujer – Jakob se mantuvo en silencio. Bien, si lo pensaba fríamente… puede que el vampiro tuviese razón… - se que la tengo.

- como sea, debo verla y tratar de arreglar las cosas.

- mejor deja que ella se acerque a hablar contigo

- no lo hará - respondió de modo inmediato – la conozco, si no me acercó ella no comenzara con la…

Un ruido en el bosque interrumpió su frase. Todos los presentes se giraron hacia el sitio del cual provenía el sonido. Se distinguía la sombra de un hombre entre la oscuridad misma del bosque una noche sin luna.

- ¿Qué demonios? – dijo Emmet en voz alta caminando para ponerse a la cabeza del grupo. Todos comenzaron a agruparse en la espera del visitante. Un vampiro.

Específicamente un Volturi.

Jakob arrugó el ceño, ¿Qué haría aquí alguien de la guardia italiana? ¿Solo? ¿Y que tenía en los brazos? todos comenzaron a juntarse a la espera del visitante, el cual caminaba tranquilo como si estuviese dando solo un jodido paseo por el parque.

- esto no pinta nada bien – susurró Emmet, varios asintieron a eso. Jakob comenzó a preocuparse, Leah estaba en algún lado del bosque, sola y con la guardia Volturi dando vueltas, porque si había uno aquí, seguro como el infierno que más hay más… Jakob se paralizó cuando la poca claridad de la noche mostró que era lo que el guardia tenía en sus brazos. Una persona. Leah.

Edward se giró con rapidez para detener a Jakob, abrazó su cintura en un intento de mantenerlo dentro del círculo. Pudo escuchar la ira en su cabeza cuando el cuerpo de Leah se vislumbro entre los brazos del guardia, él explotó junto con un gruñido de ira que retumbó entre los árboles

- ¡Emmet! – gritó por ayuda cuando Jake comenzó a temblar entre sus brazos, se iba a transformar allí mismo si no lo calmaban – Jakob cálmate – un gruñido de rabia fue la única respuesta que recibió – no seas impulsivo, él la tiene por lo que debemos actuar con precaución – le susurró, Emmet estaba tomando los hombros del licántropo mientras él continuaba con sus brazos alrededor de su cintura. Jakob se tranquilizó de golpe, Edward miró a Jasper quien estaba concentrado en ellos. Pudo notar el brillo de ira en los ojos dorados de su hermano, la cual no era propia – déjame hablar y recuperar a Leah, después puedes matarlo si quieres – eso pareció calmarlo un poco, ya que Jasper soltó un suspiro de alivio.

El vampiro estaba solo a un par de metros de todos ellos. El rostro de Leah estaba oculto en su cuello y sus manos apoyadas en su vientre, se podían ver las marcas en su cuello, la habían mordido.

- Los Cullen asumiré – dijo él, su voz clara y sin amenazas. Carlise, el más diplomático de la familia, dio un paso al frente.

- asumes correctamente, ¿tú eres?

- mi nombre es irrelevante – dijo él con un acento mezcla italiana y portuguesa. Mara achicó sus ojos para poder reconocerlo bien, a pesar de su buena vista, la oscuridad era la suficiente como para tapar los rasgos del hombre frente a ellos – estoy aquí para devolver algo que, asumo, les pertenece – agregó dando un paso al frente y saliendo de entre las sombras, su rostro quedó levemente iluminado, su rostro masculino marcado con una barba reciente, cabello rubio oscuro en risos que caían un poco sobre sus ojos… Mara lo miró detenidamente, algo en él se le hizo familiar.

- a este lo he visto antes – susurró Priscila a su lado, ella asintió. ¿De dónde?... tenía el recuerdo punzando en su cerebro, pidiendo salir a la luz… ¿Dónde lo había visto antes?... ¿Dónde?...

- ¿Qué le hiciste cabrón? – gruñó Jakob dando un paso al frente, Emmet, aun a su lado, tomo su brazo e impidió que siguiera avanzando. El vampiro Volturi suspiró, como si lo que tuviese que decir no le gustase ni en lo más mínimo.

- es una advertencia, Cayo quiere que se reúnan con é al anoche de mañana, en un claro a 20 kilómetros de aquí en dirección suroriente. Tienen que ir todos, o… o comenzaran a cazarlos uno a uno, ella – dijo poniendo a Leah en el piso, la forma en que trató su cuerpo, con tanta delicadeza y reverencia llamó la atención de varios – esta mujer es solo un ejemplo - se alejó un par de pasos. Mara continuaba mirándolo, lo conocía, y la sensación de desesperación en su pecho le instaba a encontrar la respuesta pronto.

- ¿Qué le hicieron? – Carlise se acercó al cuerpo y lo tomó en brazos mientras preguntaba.

- fue mordida por un vampiro de nuestra guardia… está paralizada, no es grave – dijo, lo último en tono confidente, Carlise lo miró con agradecimiento, el vampiro frente a él no era algo parecido al común de la guardia Volturi, había una calidez y humanidad implícitas en la forma en que miraba a los demás.

- te agradezco – el vampiro se agachó haciendo una reverencia y se volteó para marcharse. Mara de la nada sintió pánico.

- ¡espera! – exclamó saliendo del circulo en el cual estaban todos, y al cual Carlise volvía. El guardia detuvo su paso y se volteó para mirarla. Un brillo extraño brillando en sus ojos borgoña – tu nombre

- dije que mi…

- lo sé… solo… dame tu nombre – pidió Mara, no lograba entender de donde venia toda la sensación de desesperación por saber cómo se llamaba, pero tenía el presentimiento que, saberlo, la llevaría inmediatamente al recuerdo que intentaba encontrar en su cabeza. El guardia dudó mientras la observaba – por favor – pasaron algunos segundo antes de que él se volteara por completo.

- Sebastian – respondió. Mara sintió como si un balde de agua helada se hubiese dado vuelta sobre su espalda. No podía ser…

- ¿tienes apellido? – Sebastian la miró con curiosidad, ¿Por qué querría saber su apellido? No lo utilizaba hace décadas, desde el momento en que lo transformaron hace 80 años atrás. No debería responderle, pero por alguna razón, se sintió imposibilitado de negarle algo.

- tengo uno ciertamente, sin embargo es de mi época humana – miraba directo a los ojos dorados de la vampira que lo interrogaba, algo se le hacía familiar – Sebastian Baptista – Mara ahogó una exclamación mientras llevaba una mano a su cuello. No podía ser verdad, tenía que ser una maldita coincidencia… no… - me retiro – dijo él repitiendo la inclinación. Un segundo después no estaba. Mara demoró un segundo antes de dar un paso en la dirección en la cual seguramente se había marchado, sin embargo una mano en su brazo la detuvo, Priscila la sostenía

- ¿Qué mierda vas a hacer? – no tuvo respuesta, porque sinceramente no la tenía, solo sabía que tenía que encontrarlo, tenía que saber si era él en verdad o solo una mala jugada de nombres. Tenía que ir con él. Intentó soltarse del agarre de su hermana, sin embargo fue inútil, sintió como la presión aumentaba - ¿Qué demonios pasa contigo Mara?

- tengo que ir con él

- no, no tienes

- suéltame Priscila – su tono de voz tornándose bajo y amenazante, la gemela la miró sorprendida, ¿su hermana, su siempre tranquila centrada, tierna y coherente hermana la estaba amenazando? No quiso preguntar y soltó su brazo lentamente

- eres mi hermana… eres todo lo que tengo y no te quiero perder, piensa lo que vas a hacer - Mara no respondió, solo desapareció de su vista.

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Mara estuvo dos minutos después en medio del bosque mirando hacia todos los sitios posibles, sus ojos buscando desesperadamente al vampiro miembro de la guardia de los Volturi. La mitad de su mente atenta a lo que estaba a su alrededor, la otra mitad vagando en sus recuerdos pasados. Era él, estaba 90% segura, no había forma en que su memoria fallara, independiente de que hubiese pasado hace ochenta años, a pesar de que la gran parte de sus recuerdos como humana estuviesen bajo una eterna nebulosa, a él lo recordaba perfectamente. Su cabello, su mirada, su sonrisa, su toque, todo de él estaba grabado en su memoria como si las cosas hubiesen pasado hace…

- ¿Por qué me sigues? – no alcanzó a voltearse cuando un brazo abrazó su cuello y una de sus manos fue inmovilizada en su espalda. Obviamente no le faltaba el aire, pero su agarre perfectamente podía separar su cabeza del cuello si aplicaba la fuerza necesaria ¿de donde había salido? Ni si quiera lo sintió llegar – aun espero una respuesta mujer – exigió apretando un poco más el agarre.

- necesito hablar contigo – susurró entre jadeos.

- ¿te mandaron los Cullen?

- no – jadeó. Bien, no necesitaba respirar. Pero debía tener aire en sus pulmones para poder sacar el habla. Sebastian aflojó un poco su agarre pero sin soltarla del todo. Mara tomó una respiración profunda, podía sentir el calor de su cuerpo a su espalda y solo pudo rememorar el único momento en que estuvieron juntos hace ya tantos años. Era otra época, y lo que ellos habían hecho se consideraba escandaloso y atrevido. Un beso antes del matrimonio era algo impensable en 1928. A pesar de que ellos fueran novios.

- ¿Qué es lo que quieres? – preguntó el vampiro, susurrando directo hacia su oído, un estremecimiento recorrió el cuerpo de mara

- ¿eres de Brasil? ¿Fuiste médico en tu vida humana? ¿Estuviste…? – detuvo su pregunta cuando el cuerpo tras ella desapareció de pronto. Mara se giró encontrándolo varios metros lejos de ella.

- ¿Quién eres mujer?

- respóndeme

- no tengo porque – contradijo él, su mirada profunda pegada en ella. Sebastian la observaba con una mezcla de curiosidad y preocupación. ¿Quién es esta mujer que sabe tanto de mi? se preguntó. Algo la atraía de ella, pero no sabía bien que era.

- te lo estoy pidiendo por favor – dijo ella. Su voz, la recordaba de alguna parte, pero no lograba saber de qué sitio… aunque, ahora que lo pensaba con más claridad, ella en general se le hacía particularmente conocida. Pero era una sensación lejana, como un eco, casi como si hubiese ocurrido en otra vida – por favor - ¿Por qué quería saber cosas de su vida humana? Y más importante aun ¿Por qué iba a responderle?

- nací en Sao Paulo y si, fui medico en mi vida humana… ¿Por qué es tan importante para ti saberlo?

- Dios santo – exclamó la mujer con un mezcla de sorpresa y espanto en su rostro – no puedo creer que estés aquí… no puedo creer que – Sebastian detuvo la mano de la extraño que intento tocarlo, cruzó los metros que los separaban e intentó llevar su mano a su rostro, ahora él la tenia agarrada con fuerza de la muñeca

- ¿Quién eres? – preguntó acercándola a su cuerpo

- Mara, Mara DoSantos – respondió acercándose voluntariamente. El nombre hizo eco en su mente, no era conocido para él.

- no te conozco, así que aléjate de mi – dijo empujándola con exigencia y suavidad, soltó su muñeca y dio unos paso hacia atrás.

- si me conoces, de cuando éramos humanos, nosotros – la mano de Sebastian sobre su boca la calló. Sintió su brazo rodear su cintura antes de que la arrastrara hacia la oscuridad, lo próximo que supo fue que estaba con su cuerpo atrapado entre él y un árbol. Sebastian miraba a los alrededores sin soltar su agarre. Mara siempre había visto como su gemela perdía el juicio cuando un hombre le llamaba la atención, nunca fue capaz de entenderlo, hasta ese momento, encontrarse allí, tan cerca de él, después de ocho décadas, por primera vez en su existencia como vampiro se sentía en llamas.

Los ojos borgoña de Sebastian finalmente se fijaron en ella, su mente le decía que ella era alguien importante, pero su nombre no llamaba su atención, si bien podía decir que la mujer contra su cuerpo era hermosa, no lograba identificarla de otro sitio, sin embargo, de laguna manera sabia que la conocía. Instintivamente sabía que la conocía. Lentamente sacó la mano de su boca, siendo reemplazada por sus ojos. De la nada pensó que quería besarlos. Lo cual no tenía sentido.

- será mejor que te vayas, hay mas Volturi dando vuelta y no serán caballeros contigo – debía alejarse para que la mujer se fuera, pero no lograba reunir la voluntad para hacerlo

- tú me conoces – susurró ella a centímetros de su boca – yo se que si… recuérdame Sebastian – se sintió hipnotizado por el sonido de su voz, ¿Quién era esta mujer capaz de llevarlo a un trance con solo susurrar su nombre? No se dio cuenta como su rostro poco a poco iba bajando.

Mara estiró el cuello, deseando encontrarse con los labios de Sebastian una vez más, ochenta años habían pasado desde la última vez que lo besó, fue el día de la fiesta de su compromiso, mismo día en que una banda de vampiros irrumpió en su celebración buscando alimento para recuperar fuerzas, mismo momento en que una jauría de licántropos decidía emboscarlos, sin importarles si un grupo de humanos se encontraba al medio, fue la última vez que vio a su prometido, un vampiro los separó, tomando el cuerpo del hombre del que se había enamorado y arrastrándolo lejos. Fue en el momento en que intentó seguirlo cuando otro de su especie la había tomado y clavado los dientes en su cuello. Lo próximo que supo era que se estaba quemando por dentro.

Sebastian quería besarla, sin razón alguna, solo besarla. Tocarla. O más que eso. mucho más que solo eso, su cuerpo le rogaba de forma apabullante que se clavara ene ella una y otra vez, profundamente… y no tenía ningún sentido, en todos sus años como inmortal nunca deseo a una mujer, ni a un hombre. Ninguna sensación de excitación hacia nadie, llegando a pensar, con el paso de los años, en que era un eunuco natural. Ahora estaba claro que ese no era el caso. Sus labios rozaron los del vampiro frente a él, y sintió la electricidad recorriéndolo. Quería devorarla. Tomarla, justo allí, justo en ese momento, justo contra ese árbol.

- hazlo – susurró ella – sé lo que quieres, hazlo – Sebastian soltó un gruñido bajo, su cadera moviéndose con ganas de encajarse en ella. Escuchó como la mujer soltaba un gemido ante el contacto. ¿Qué estaba haciendo? ¿En verdad pensaba follarse a la mujer en pleno bosque? Sus compañeros lo hacían constantemente, en público incluso, pero no estaba bien para él, no con ella, sentía que con ella debía ser diferente.

- no – dijo, mas para sí mismo – no – Mara lo vio retroceder en una lucha interna, ella quiso gritar por el repentino frio que la inundó. Iba a seguirlo cuando él giró su cabeza con brusquedad – debes irte, ahora

- ¿Qué…?

- vete – repitió empujándola - ¡vete!

- quiero verte otra vez

- no – respondió Sebastian sin mirarla – ¡largo mujer! – Mara lo miró una vez más, se sintió herida y dejó que el sentimiento se reflejara en sus ojos. Entonces se fue. Sebastian la miró marcharse, el dolor en su pecho aumentando a medida que la distancia se hacía mayor. Ridículo, pensó. No la conocía, ¿Cómo podía sentirse como un bastardo por el dolor que vio en sus ojos? Movió su cabeza hacia el sonido que se avecinaba, guardó sus pensamientos para él y comenzó a correr hacia la guardia. Por algún motivo quería alejarlos de esa mujer.

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Leah se movió con agilidad, un paso, dos, tres, salto y…. encesta. Cuando sus pies tocaron el suelo se giró con una sonrisa victoriosa en el rostro

- estoy pateando tu patético culo Jakob – dijo, su respiración sin un deje de agotamiento, como si no estuviesen jugando desde hace una hora. Él caminó con una sonrisa, si, ella iba ganando, pero no estaba muy preocupado por eso realmente.

- no sabía que era una competencia

- mentiroso – bufó ella – lo único que nos falta es proponer premios – Jakob la miró enarcando una ceja. Leah se regocijó ante su respuesta, era exactamente la que buscaba.

- bien… ¿Qué ganaré?

- pídeme lo que quiera – le respondió ella, la pelota de baloncesto dando vueltas sobre su dedo índice. Jakob se acercó con ese movimiento depredador que a ella tanto le gustaba.

- quiero – dijo él rodeándola, mirando su cuerpo mientras su boca se acercaba a su oído desde su espalda - a ti – Leah se estremeció – toda una noche

- ¿solo una noche? estás perdiendo el toque Black

- toda una noche… al aire libre – Leah se giró para mirarlo – tu, desnuda, bajo mi cuerpo, sobre la arena, dentro del mar – los brazos de Jakob rodearon su cintura apegándola a su pecho, Leah sintió el calor inundando su espalda, él rozó sus labios contra el lateral de su cuello y ella no pudo hacer más que ladear su cabeza para darle espacio. Reprimió el gemido que quería escapar por su boca - ¿aceptas? – Leah se tomó un momento para poder hablar

- bien – susurró – y si yo gano… no me tocarás en toda una noche – sintió como Jakob se tensaba

- ¿es una broma? – sonrió antes de girarse y enfrentar a su oponente

- no, si yo gano, dormiré desnuda a tu lado, podré tocarte si quiero, pero no habrá sexo durante toda esa noche – casi pudo ver como Jakob perdía el color.

- te encanta provocarme – Leah le sonrió

- como no tienes idea – dijo –¿y? ¿Aceptas o tienes demasiado miedo?

- comienza preciosa – le respondió Jakob con una sonrisa de suficiencia, Leah respondió el gesto mientras comenzaba a rebotar el balón.

- que comience el juego…

Leah recuperó la consciencia poco a poco, sentía un leve calor en su cuerpo, el cual reconoció como los rayos del sol. ¿Estaba amaneciendo? Quizás… si, los débiles rayos del sol que se colaban entre los arboles demostraban que el amanecer estaba llegando. Antes de despertar sintió todo a su alrededor, el pasto bajo su cuerpo, el sonido de pájaros a su alrededor… y el latir de varios corazones cerca suyo. Abrió los ojos lentamente.

- finalmente despertaste – la voz de Jakob le llegó desde muy cerca, giró su cabeza para encontrarlo a un par de metros a su lado.

- pensamos que no lo harías nunca – Gabriel, a un lado de Jakob, la miraba con una sonrisa en sus ojos. Alexandre también estaba allí, un poco más alejado. No dijo nada, solo la miró con alivio.

Despertar rodeada de tres hombres, tres espectaculares machos, debió hacer que su ego llegará a la estratosfera, extrañamente se sentía demasiado rara por ser el centro de atención y sentirse remotamente cómoda, así que no lo estaba disfrutando demasiado, cansada de estar sobre su espalda hizo el intento de levantarse…

- ¡no! – exclamaron los 3 intentando llevar sus manso a ella. Leah se alejo de todos

- ¿Qué mierda les pasa? – dijo terminando de sentarse, los tres hombres se miraron entre si y luego a ella, Leah se pasó las manos por el rostro… no encontró nada deforme, luego su cabello…. Aun estaba allí, se miró las puntas… sip, negro oscuro como siempre lo ha sido, quizás mas largo llegando casi a su cadera… tenia las puntas partidas, ahora que lo piensa deberá encontrar algún lugar en el cual cortarse el cabello… - ¿Por qué me miran así?

- ¿Cómo te sientes? – preguntó Alexandre, uniéndose al grupo de sobreprotectores XY.

- tengo la impresión de que esperan a que diga mal – asintieron - ¿alguno va a explicar o tendré que ir a otro…?

- Leah – Edward se acercó a velocidad vampiro hasta ponerse a su lado, justo frente a Jakob, quien lo miró con molestia - ¿Cómo te sientes?

- ¿porque todo el mundo me pregunta lo mismo?

- te mordió un vampiro – dijo Edward como si ya hubiese tenido que conocer esa información.

- ¿Qué? – Leah llevó las manos a su cuello buscando algo, algún indicio de marcas algún… y una mierda… allí estaban las condenadas cicatrices… su índice rozó la media luna sobresaliente en el lado izquierdo de su cuello – lo último que recuerdo es que un lobo debería morir por esto… lo que explica porque ustedes tres me miran esperando a que me salga otra cabeza – agregó mirando a los lobos, asintieron – siento decepcionarlos pero me siento bastante bien.

Alguna parte recóndita en su pecho se estremeció de júbilo cuando todos quienes la rodeaban soltaron un suspiro de alivio. Quizás si hay gente que la quiere…

- ¿alguien me va a explicar o tengo que adivinar que mierda me pasó? – Leah miró a Jakob por un segundo antes de que él desviase la mirada. Había algo que definitivamente recordaba, y eran sus momentos con él. Incluida la feliz imagen de él sobre una de sus rodillas pidiéndole matrimonio. Pero nada de cómo la atacaron. Estúpida memoria que recuerda cosas que debería borrar.

- un guardia de los Volturi vino a dejarte…

- déjame adivinar – interrumpió ella – ¿era una advertencia? ¿Quieren algo a cambio?

- casi – respondió el vampiro – se quieren reunir con nosotros, tú fuiste el ejemplo de que nos pasará uno a uno si no asistimos

- genial, me encanta hacer de modelo – ironizó. Un gruñido escapó de su garganta al darse cuenta de lo fácil que habían dado con ella. Aunque claro, su mente estaba mas allá de su capacidad de concentración debido a todas las cosas que daban vuelta, "varias cosas" refiriéndose únicamente a Jakob. Pero eso no es excusa – asumiré que les dijeron que podía meterse su petición por el culo ¿verdad? – silencio entre los machos que, todo lo que pudieron hacer, fue mirarse. Leah gruñó, hombres idiotas.

- les dije que esa iba a ser su reacción – murmuró Gabriel

- pensé que vendría con golpes incluidos

- solo deja que me levante – respondió ella a Jakob

- independiente del hecho de que quizás no sea una buena idea…. Está bien – rectificó Edward ante la ceja alzada de Leah – no es una buena idea, pero Nahuel aun está cautivo…

- ¿a quién le importa? – Interrumpió ella – queríamos a Renesme, tenemos a Renesme, ahora vamos a un maldito aeropuerto y larguémonos de este sitio

- él aun es la pareja de mi hija

- podría tener de pareja al príncipe William y me seguiría importando una mierda

- Ho, él me encanta – la voz femenina salió de entre los árboles haciendo que todos voltearan a mirarla, Priscila se acercaba a ellos con una extraña Mara detrás de ella. Leah bufó

- había olvidado tu existencia – dijo lo suficientemente alto como para que todos escucharan. La licántropa solo sonrió, Mara… ¿estaba siquiera presente entre ellos? Era como si su mente estuviera a miles de kilómetros de distancia. Leah sintió una leve opresión en su pecho que reconoció como preocupación por la vampira. Lo ignoró. Sus ojos fueron a Alexandre, quien, intentaba con excesivas fuerzas no mirar a la mujer que había llegado. Obviamente fallaba. Leah se dio cuenta entonces que las cosas entre ellos no habían mejorado nada de nada. La opresión volvió. ¿Qué demonios? ¿Por la tipa esa? Se estaba enfermando de la cabeza.

- se llama aprecio por quienes te rodean

- cierra la boca – gruñó hacia Edward.

- sigues tan perra como siempre, asumo que entonces estás bien – Priscila se puso cerca de ellos y se sentó, su gemela hizo lo mismo aun estando en estado zombi - ¿de que estábamos hablando entonces?

- de ir a la junta con los Volturi

- ¿eso no estaba ya decidido? – preguntó a Gabriel, este se encogió de hombros

- tienen que estar bromeando – todos se voltearon a mirar a Leah, quien tenía el ceño fruncido y los brazos cruzados bajo su pecho – es una trampa, con todas sus letras y ustedes van derechito como idiotas a esta.

- puede ser… pero es mi hijo el que está cautivo aun – "Ho vamos, ¿mas compañía?" pensó Leah cuando Johan se unió a la reunión. Claramente no venía solo, todo el clan Cullen, con hibrido incluida, venían unos pasos más atrás. Edward se levantó de su sitio y acudió donde su esposa e hija, abrazando a ambas antes de voltearse a mirarla. Igual que todos los demás. ¿Qué mierda? ¿En qué momento se volvió el centro de atención?

- estoy bien así que dejen de mirarme – gruñó. Su frase, en lugar de molestarles, hizo que soltaran un suspiro de alivio, Leah no entendía nada, pero se alegro del hecho de que comenzaran a hablar de la posible reunión, ya que dejó de ser la atracción principal del show.

- ustedes tienen a su hija bajo su protección ahora, pero yo aun sigo sin tener a mi descendencia a mi lado…

- no hagas el papel de papi preocupado ahora – le interrumpió Leah – no te has preocupado por él durante décadas, así que deja de fingir

- nunca es tarde para empezar mi querida metamorfa – respondió Johan mirándola fijamente. Siempre lo hacía, y era sencillamente incómodo. Nunca entendería porque la observaba con fascinación… como un científico mira a un posible experimento…

- como sea, los Volturi quieren pelea, vamos a petar culos italianos, simple – dijo Emmet con una sonrisa de suficiencia en su rostro. Rosalie no demoró demasiado en golpearlo

- aunque suene irrisorio, yo estoy a favor de esa propuesta – murmuró Jasper. Alice no lo golpeó, siendo demasiado fina para eso. Solo salió del abrazo protector de su pareja y se paró a unos metros de distancia. Por la cara de Jasper, eso fue mejor que un golpe.

- lo que menos quisiera es poner a mi familia en peligro, sin embargo no deseo dejar en el desamparo a uno que se ha convertido en parte de la familia, no sería correcto – Esme, a un lado de su esposo lo miró – estoy a favor de realizar la reunión – terminó Carlise, siendo felicitado con una sonrisa por sus hijos. Esme no estaba contenta por eso. Entonces la familia se giró a ver a Edward, en clara espera de su votación.

- apoyo – fue todo lo que dijo. Lo suficiente para hacer feliz a los hombres Cullen y lograr que su esposa tomara partida por el resto de las féminas de la familia. Renesme en cambio se abrazó a su padre en claro gesto de apoyo.

- esto es ridículo – se quejó Leah – era más rápido si hacíamos una maldita votación a mano alzada, a ver, ¿Quién de los que faltan tienen ganas de ser idiotas e ir a una reunión suicida? – preguntó mirando a los demás. Johan fue el primero en levantar la mano, seguida con asombrosa rapidez por Mara, quien, al parecer había vuelto a la vida. Priscila, mirando a su gemela con odio también votó a favor. Alexandre lo hizo seguidamente, la razón siendo demasiado obvia. Entonces quedaron Gabriel, Jakob y ella. Ambos hombres mirándola, como si estuvieran esperando su respuesta para decidir. Iba a decirles que se pusieran los malditos pantalones y tomaran una puta decisión por ello mismos… pero Jakob giró su rostro para mirar a Renesme. Lea fue capaz de ver el ruego en los ojos de ella, fue capaz de notar como la hibrido, de alguna manera, le pedía, le rogaba que la acompañara.

Jakob levantó la mano.

Leah frunció el ceño. Vaya, no pensó que el dolor en su pecho volvería con tal claridad después de todo lo que habían pasado. Creyó que su corazón estaría lo suficientemente roto como para no doler de esa forma otra vez… estaba equivocada. Miró a Gabriel, quien ya tenía sus ojos puestos en ella. Él le sonrió mientras asentía con su cabeza.

Demonios… tenía un maldito mal presentimiento de esto.

- bien… con solo 3 votos en contra… asumo que no hay nada mejor que morir en comunidad – dijo dándose por vencida. Cerró los ojos y se tiró en el pasto, aislándose de todo ruido a su alrededor. Necesitaba unos minutos para calmar el dolor en su pecho.

Hooooli… primero que nada quiero saber si me odian… si es así… bueno, tienen todo el condenado derecho. Segundo quiero disculparme, sin escusas porque, al demonio, no tengo una suficientemente buena, asi que mejor me callo. Tercero, espero que hayan disfrutado el capi, haré mi mayor esfuerzo por ser un poco mejor escritora y actualizar mas seguido (juro que intentaré no volver a ausentarme seis meses otra vez)

Cuarto: AGRADECER a todas las nuevas lectoras que me han dejado reviws, y aquellas que me escribieron un inbox para preguntar si aun continuaba viva y respiraba. Juro que cada una de sus palabras me daban mas fuerza para sentarme a escribir y sacar la historia de mi jodida mente.

Queda menos, creo que dos capis mas… y entonces me odiarán o me amarán. No habrá tonos medios xDD

Un abrazo grande a todas y, aunque se que no me lo merezco, igual no mas quiero unos revis, porfis?

Besos! Fey Black.

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