Miraculous Ladybug pertenece a Thomas Astruc, Zag Animation, Disney y TF1, Mientras la canción "Mine" pertenece a Taylor Swift y su casa disquera, hago esto sin fin de lucro.
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Pas à Pas
Por Mimi chan
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Premio 2
Mine
Nota: Este capítulo no forma parte de la historia principal, léase como un oneshot. Dejo solo mi traducción al español de la canción "Mine" de Taylor Swift para no incumplir las normas de fanfiction.
No había esperado tener que volver a París nunca. Era curioso, había conocido a muchas personas a lo largo de su vida que siempre, indefectiblemente cuando decía que venía de la cuidad del amor le preguntaban ¿Por qué has dejado París? ¡Es perfecta!
París no era perfecta, las personas que creían eso de ella, a menudo eran personas que justo no conocían la cuidad. Ahora en invierno la ciudad estaba helada, aun en su grueso abrigo y botas sentía el aire golpearle la cara y dejando su nariz como un cubo de hielo, la nieve no tenía mucho que ver con la idílica idea de la nieve blanca y perfecta, la nieve en la cuidad siempre era gris y olía salada. París tenía los mismos problemas de cualquier ciudad cosmopolita y sobrepoblada, había tráfico, ruido y siempre estaban lidiando con alcantarillas tapadas y basura en las calles, París no era la estampa perfecta en las postales.
París no era perfecta, pero aun así la amaba. Amaba sus callejones pequeños; Sus vendedores ambulantes y mal encarados; Los restaurantes con vino francés y pan con queso; las iglesias milenarias, con sus amenazantes gárgolas; amaba sus calles llenas de tiendas con los diseños más hermosos que había visto en todo el mundo.
Amaba caminar por aquel pequeño parque donde había pasado sábados subiendo al carrusel, mientras su padre le extendía pedazos de algodón de azúcar en cada giro. Amaba sobre todo esa estatua de bronce que hacía homenaje a dos chicos, que con solo trece años, se habían embarcado juntos en una aventura peligrosa. Y aun cuando todo estaba en su contra habían salido triunfantes.
Habían pasado doce años, desde el momento que esa estatua estaba en ese parque, las inclemencias del tiempo habían cobrado su factura sobre ella, la leyenda de Ladybug y Chat Noir se había desdibujado con el tiempo, eran contadas las personas que aun recordaban que habían sido reales, ella misma habría también olvidado hacia mucho todo aquello… si no fuera por "él".
Estabas en la Universidad con un trabajo de medio tiempo limpiando mesas, dejaste el pueblo sin nunca mirar atrás. Yo estaba intentando escapar, con temor de caer, preguntándome porque nos molestábamos con el amor si nunca dura.
Habían entregado cinco años de su vida en esa pelea, cinco años de guardarse las espaldas el uno al otro sin saber quién estaba detrás de ese antifaz, años felices donde se habían terminado enamorando uno del otro contra todo pronóstico.
Pero esos cinco años no habían pertenecido solo a Ladybug y Chat Noir. Esos cinco años habían significado para ella seguir persiguiendo su sueño, había conseguido un trabajo de medio tiempo para ahorrar para la universidad con un jefe muy comprensivo que nunca la despidió a pesar de que cada ataque de akuma su empleada desaparecía. Participar en concursos, ahorrar hasta el último euro, estudiar muy duro para tener las calificaciones lo bastante altas para ganar una beca. Su vida no podía vivirla dentro de un traje rojo, ella quería más.
Durante esos años lo único que la había hecho dudar más de una vez habían sido los ojos neón que veía cada noche, aquellos ojos que le habían robado el alma y que la habían hecho olvidar incluso ese loco amor que ella habría podido jurar que sería eterno. Cada vez que se había mirado dentro de sus ojos había querido abandonar todos sus planes para el futuro y quedarse allí. Podía ser feliz allí, podía alcanzar sus metas en ese lugar, podía ganar el mundo siempre que él sostuviera su mano y cubriera su espalda como siempre hacía.
Digo "¿Puedes creerlo?" Recostados en el sillón, el momento puedo verlo, sí, sí, puedo verlo ahora.
No conocía su nombre, pero sabía que tenía un alma valiente y que la amaba, aun si él no conocía su nombre tampoco. Durante tres años se dio la oportunidad de estar a su lado, no hubo un solo día en que él no la hiciera sentir como si fuera el centro del universo. Solía reírse de él, solía jugar este incesante juego del gato y el ratón donde él juraba que la amaba y ella no lo tomaba en serio, no porque no lo amara también, sino porque era más fácil lidiar con los sentimientos que tenía por él y si no se entregaba por completo. Todo era más fácil si solo eran dos adolescentes que solían esconderse juntos entre las vigas de la alta torre Eiffel y se robaban besos apasionados cargados de toda la beligerancia y la imprudencia ser joven. Era fácil pensar que solo eran un chico y una chica con las locas hormonas de dieciséis años pululando en sus venas. Era infinitamente más fácil que pensar que eran almas gemelas predestinadas a amarse el uno al otro en esta vida, en otras que ya habían vivido y nuevas que les faltaba por vivir.
¿Recuerdas, cuando estábamos sentados cerca del agua? pusiste tu brazo a mí alrededor por primera vez. Hiciste una rebelde a la hija más cuidadosa de un hombre descuidado. Eres la mejor cosa que nunca ha sido mía.
Lo había sabido desde un principio, cuando estando de pie en la mitad de la noche sobre el puente nuevo debajo de una farola, él la había mirado sin dudas en su voz, sin miedo y sin la diversión usual que siempre bailaba sobre sus irises, la había mirado con una seriedad mortal y solo había dicho "jet'aime" la había rodeado con sus brazos y sintió que nada podía podría volver a ser igual que antes de ese momento, porque ella lo rodeó con sus propios brazos y había respondido "Je vous aime à" y una historia completamente diferente empezó desde ese momento entre los dos.
Todos se dieron cuenta, nada era más divertido que sentarse por las mañanas en su descanso del trabajo a leer los periódicos y leer el último reportaje de la pareja de súper héroes de París. Todo mundo hablaba divertido de como ahora no solo Chat Noir se detenía a hacer bromas con la prensa, sino que Ladybug solía seguirle el juego, como en las batallas parecían un espejo, en perfecta sincronía, protegiéndose con fiereza el uno al otro. Chat Noir le regaló su audacia cuando se trataba de pelear, ella le correspondió tratando de imprimir en él algo de su estrategia.
Por tres maravillosos años, fue como si fuera uno mismo, frente a la batalla eran los mejores compañeros y fuera de ella… eran los mejores amigos, la más dulce pareja y los más fieros amantes.
Pero todo en la vida cumple un ciclo, y el suyo terminó demasiado rápido.
Avanzamos rápido y fuimos a por el mundo juntos, había un cajón con mis cosas en tu casa, aprendiste mis secretos y descubriste porque los ocultaba, dijiste que no cometeríamos los mismos errores de mis padres.
Después de cinco años de perseguir a este villano que no había parado nunca de ir también tras ellos, la pelea se había terminado. Un rostro demasiado conocido se escondía tras el portador del miraculous de la transformación. La pequeña criatura mágica regresó felizmente a su joya mágica… y el guardián de todas esas joyas dictaminó después de un tiempo que el mundo no estaba listo para coexistir con los miraculous de la destrucción y de la creación.
Con profundo dolor ambos adolescentes entregaron sus joyas milagrosas y finalmente pudieron ver quien estaba tras el antifaz.
Debería seguir una historia feliz ¿verdad? Se amaban, por años habían soñado dormidos y despiertos en el momento que pudieran ver quien era la persona tras la magia, pero no había sido así. La sorpresa había sido demasiada. Confesaron entre ellos que se habían obligado a dejar de amar a la persona real, para poder entregarse a la que estaba detrás del traje y no supieron reconciliar la idea de aceptar de nuevo a esa persona en sus vidas.
Adrien Agreste había construido su propia vida esos cinco años también, poco a poco había ido desafiando la autoridad de su padre para tener su propio futuro, había seguido modelando porque era una forma fácil de hacer mucho dinero pero no era lo que quería para su futuro. Quizá en el mismo afán de desafiar a su padre había causado que se aferrara la memoria de su madre, ella había amado verlo tocar piano y a eso se había entregado, había alcanzado tanta competencia en ello que había conseguido una beca para un conservatorio en Estados Unidos. Pero en sus planes a diferencia de ella siempre había contado con Ladybug. Junto a la petición de su beca en una caja fuerte en su habitación, había un anillo de diamantes y una promesa de amor eterno.
Pero después de que Gabriel Agreste misteriosamente había desaparecido, la responsabilidad de todas las industrias Agreste había caído sobre sus hombros. Su rebeldía contra lo que había construido su padre, no incluía a las miles de personas que trabajaban para él y que el sustento de sus familias y seres amados dependía de que las industrias de su padre siguieran trabajando. Abandonó sus sueños de piano dentro de aquella caja fuerte y también aparentemente sus promesas de amor.
Y teníamos cuentas por pagar sin saber cómo hacerlo, cuando era difícil de enfrentarlo, sí, sí eso era en lo que pensaba.
Nunca lo culpó, no era su culpa de ningún modo, de hecho admiró su sacrificio, pero todos esos cambios pusieron una barrera insalvable entre los dos. La mano que la había sostenido durante esos cinco años de pronto ya no estaba allí y aunque la echaba en falta tanto como podía extrañar el aire, sabía que debía seguir adelante, tenía la fuerza para sostenerse a sí misma y lo lograría. Un par de meses después sin decirle a nadie, salvo a sus padres, hizo sus maletas y partió a Milán para luchar por sus propios sueños.
¿Recuerdas, cuando estábamos sentados cerca del agua? pusiste tu brazo a mí alrededor por primera vez. Hiciste una rebelde a la hija más cuidadosa de un hombre descuidado. Eres la mejor cosa que nunca ha sido mía.
Pero la vida se esfuerza por ser cíclica, por apegarse a ciertos rituales siempre repetitivos, se siente cómoda en los mismos lugares en los que hace raíces que te obligan a volver sobre tus pasos.
Sus padres se habían quedado en París, ese era su hogar, el pequeño departamento que olía constantemente a levadura y azúcar era su sitio en el mundo. Su madre había llamado para decirle que debían intervenir a su padre por una afección en su espalda, años y años de cargar bultos de harina y sacar y meter bandejas a hornos calientes cobraban su factura. Ella había vuelto a casa, había sostenido la mano de su madre cuando su padre había estado en el quirófano y había llorado de felicidad cuando el medico había salido y dicho que todo había salido bien, que después de aquella noche podían llevarlo de regreso a casa. Había dejado a su madre con su cabeza recostada sobre la amplia palma de la mano de su padre, era hermoso verlos felices y tan enamorados como habían estado desde que ella tenía recuerdos de aquello.
Salió del hospital para caminar por París, para llenarse el pecho de ese aire pesado y melancólico que olía a vino, queso, música y pintura, además de la viciosa esencia de la contaminación de toda cuidad. Partiría de nuevo dentro de algunas horas, los permisos que había conseguido en su trabajo para poder estar allí durante la operación no duraban demasiado, pero sin proponérselo sus pasos la habían llevado a ese parque y delante de esa estatua.
¿Recuerdas todas las luces de la cuidad en el agua? me viste empezar a creer por primera vez, hiciste una rebelde a la hija más cuidadosa de un hombre descuidado. Eres la mejor cosa que nunca ha sido mía.
Puso su mano sobre la placa helada del sencillo monumento de cobre, sintió nostalgia de la aventura, del poder, de la seguridad… y sintió autentica añoranza por el amor.
— Chat… — susurró como un conjuro que deseó que viajara a través del aire helado y lo alcanzara como un beso.
— ¿Marinette?
Giró dándole la espalda a la estatua para ver a un hombre de pie detrás de ella. Podían pasar cincuenta años y aún lo seguiría reconociendo, sus ojos verdes habían dejado una huella imborrable en su memoria. Su corazón latió exactamente igual que la última vez que lo había visto, ¿Cómo era posible que después de tanto tiempo se sintiera exactamente igual solo al verlo?
— Hola, Adrien – respondió finalmente sintiendo un escalofrió bajar por su espalda al hablar con él de nuevo.
— Hola - respondió él también con voz insegura.
Y de nuevo se quedaron en medio de un tenso silencio. Después de casi una década de no haber cruzado palabra ¿Qué se supone que se pueden decir dos personas que compartieron tanto?
Un agua nieve helada empezó a caer sobre ellos de un momento a otro. Esta era la excusa perfecta para despedirse y… antes de poder actuar él había tomado su mano y la jalaba con él.
— ¿Adrien?
— La lluvia esta helada, ven – dijo caminando con ella – estaremos secos en mi auto.
— Pero yo… — la casa de sus padres estaba solo a un par de metros, sería más fácil resguardarse allí, que él se fuera a casa.
— Vamos.
No soltó su mano hasta que la situó del lado del pasajero de un elegante auto del año, el aire acondicionado caliente la hizo sentir reconfortada apenas se sentó en el asiento tibio de piel. Adrien dio la vuelta y se sentó en el asiento del piloto.
— ¿Quieres ir por un poco de café? – Ofreció mientras hacía ronronear el motor del auto – tengo una mesa siempre disponible en Shakespeare & Company.
— ¿Cómo conseguiste eso? – preguntó mientras el auto se ponía en marcha.
— La chef principal está enamorada de mí – dijo con una media sonrisa. Mon Dieu! ella había echado tanto de menos esa sonrisa cuando las cosas no había ido bien en su camino — supongo que no le hará gracia saber que llego con una chica, pero una mesa así no debe ser desaprovechada.
— ¿Siguen haciendo esos scones con mantequilla y jalea? – preguntó con glotonería mientras el auto avanzaba junto al Sena y las luces de la cuidad semi dormida brillaban sobre el agua.
— Y siguen utilizando la receta de Bob – la miró un momento con recuerdos de ella invadiéndolo, disfrutando de ese dulce en particular.
— Vamos entonces.
El camino se llenó solo del sonido de la lluvia golpeando el capo del automóvil, llegaron en un santiamén a la cafetería que estaba casi vacía. Algo que muy pocos saben, es que si la cafetería solía cerrar entre las ocho y las nueve de la noche, había un menú especial para los parisinos que estaba disponible hasta las tres de la madrugada probablemente.
Entraron al café casi vacío y los dejaron sentarse en un reservado, pronto tazas de café caliente con leche llegaron con panecillos.
Ella tomó la taza y bebió un largo sorbo, amargo, sin azúcar pero ligero gracias a la leche, se sintió tan reconfortada que suspiró. Miró a Adrien delante de ella que la miraba con atención sin tocar su taza. ¿Cuántas tazas de café habían compartido juntos en el pasado? Cuantas veces lo obligó a bajar a las cafeterías cerca de la torre para conseguir para ella algo caliente y algún bocadillo dulce, siempre había sido cómica la idea del chico en traje de cuero negro pidiendo cafés para llevar.
— Supe que tu padre tuvo una cirugía — dijo Adrien rompiendo el silencio instalado con ellos en la mesa — ¿Está bien?
— ¿Cómo lo supiste?
— Un amigo mío trabaja en el hospital donde llevaron a tu padre – le explicó — Se supone que iríamos a tomarnos un trago esta noche, me llamó contándome que su turno esta vez no había sido tan amargo gracias a la buena impresión que había tenido de una pareja entre un francés y una mujer china.
— Supongo que es una combinación que se repita con dificultad – los franceses solían ser tan celosos de sus orígenes que no era exactamente normal ver a un extranjero con un nativo.
— Sin contar lo impresionado que quedo mí amigo con la belleza de la joven de cabello azulado, hija del matrimonio. – se escondió un momento tras su taza de café un poco sonrojada — Me colgó antes de poderle preguntar si seguían en el hospital o si ya había obtenido el alta, pensé en pasarme por la panadería para averiguarlo, cuando vi las luces apagadas supuse que seguían en el hospital.
— Oh, ya veo.
— Esa estatua es como un imán ¿verdad? – dijo dando un pequeño trago a su café – muy de vez en cuando suelo pararme allí justo como tú sintiendo algo de nostalgia, una vez al año pago al artista original para darle cualquier mantenimiento que necesite, pero han sido ¿Doce años? No pasan en balde.
— ¿Que explicación le das para eso? – ¿No resultaría extraño que el dueño de una casa de diseños se hiciera cargo personalmente de una estatua en un pequeño parque?
— Ninguna – dijo con una semi sonrisa — cuando las personas escuchan el apellido Agreste y tienes un cheque con varios ceros no es propensa a hacer preguntas.
— Ese es un poder que sí que me gustaría tener. – mordió uno de los panecillos y la jalea de frambuesa le llenó la boca. En toda Milán no había un solo lugar donde vendieran un scone tan delicioso.
— Según he escuchado – dijo añadiendo algo más de azúcar en su café como si no fuera importante — cuando Marinette Dupain-Cheng alza la voz en medio del cuadrilátero de la moda en Milán, las personas siempre giran a mirar.
Lo miró impresionada. No había esperado que Adrien supiera exactamente donde estaba ella. ¿Por cuánto tiempo lo había sabido?
— Pasaron al menos tres meses antes de poder ir a buscarte – añadió el joven de cabello rubio buscando sus ojos - Por suerte mi padre había prevenido lo que pasaría si… bien ya lo sabes. Dejó todo a mi nombre pero hacerlo todo legal fue un infierno. Eso sin contar con todos los chimes en los tabloides.
La prensa había sido cruel con Adrien. Un joven cuyos dos padres habían desaparecido sin explicación, con solo dieciocho años y dueño total de una de las empresas de moda más importantes de todo París, rumores horribles de que era probable que incluso el mismo los hubiera asesinado para hacerse del negocio familiar empezaron a correr por toda Europa.
— Yo…
— Sé que intentaste buscarme y te lo agradezco – Adrien dejó de jugar con su café y lo hizo a un lado — Me aparté de todos porque pensé que era lo mejor en ese momento, mi nombre solo… no te convenía estar relacionada con el apellido Agreste.
Quería decirle mil cosas, deseaba decirle que había querido estar allí para él, como el equipo que siempre habían sido, que no tenía por qué pasar por todo aquello sólo, que aunque ya no la amara aun eran amigos, pero ¿Tenía sentido decirlo? Habían pasado siete años desde aquel momento, todo estaba hecho.
— Cuando fui a buscarte – continuó el joven de ojos verdes – te habías ido. Sabía por Alya que habías estado peleando por años por conseguir un internado en una casa de modas en Milán y que lo habías conseguido. Me sentí tonto al no conectar los puntos, LB me había dicho muchas veces que soñaba con ser famosa, porque todo mundo vistiera sus diseños, aunque nunca me enseñó uno solo de ellos.
— Tenía miedo que pudieras reconocerlos de los míos – su cuidado con su identidad había rayado a veces con la obsesión, los trazos de un diseñador son tal y como los de un artista, si los conoces es imposible confundirlos con otros - no los viste muchas veces pero…
— Probablemente lo habría hecho – reconoció mirándola aun sonriente - Me gustaba mucho lo que hacías, aún me gusta. La prensa siempre me pregunta por qué estoy usando los accesorios de la firma "MDC" en lugar de la Agreste.
— ¿Sabías que esa era mi firma? – preguntó asombrada, por supuesto que había sabido que Adrien usaba de vez en cuando sus accesorios, pero eso era algo normal. Las personas creen que los diseñadores deben estar casados con sus propios diseños, pero rara vez era así. Sería tanto como un chef que solo comiera sus propios platos. O un desarrollador que solo jugara sus propios juegos.
— He sabido cada cosa que has hecho a lo largo de estos siete años My Lady — confesó.
Y recuerdo esa discusión a las dos y treinta de la mañana, todo se nos estaba yendo de las manos. Escape, llorando y tú me seguiste por la calle, me prepare para la despedida porque era todo lo que conocía.
Otro escalofrió la recorrió que no tenía nada que ver ahora con el clima helado de la ciudad.
Mentiría si dijera que ella misma no se detenía muy de vez en cuando a leer con más atención los tabloides cuando leía el apellido "Agreste" en ellos o que en su computador el nombre de "Adrien Agreste" no estaba en primer lugar de sus búsquedas siempre. Él había sido demasiado importante en su vida, y a pesar de la distancia simplemente no podía solo ignorar su existencia, sería como negar una parte de ella misma después de todo, ella y él había sido uno por años. Pero por algún motivo, quizá el darle algo de paz a su conciencia, había querido creer que él la había olvidado, que había seguido adelante con su vida y que pronto, en algún temido momento en alguna de las revistas de sociedad vería al joven Agreste comprometido en matrimonio con una hermosa modelo.
Antes de saber que responder una mujer hermosa de cabello negro se acercó a la mesa, solo por la expresión de su rostro pudo adivinar quién era.
— Adrien que gusto verte por aquí – dijo poniendo dos besos en sus mejillas – siempre dices que vendrás por un café y siempre me dejas esperando.
— Lo siento Laura – se disculpó – no he tenido tiempo.
— Y cuando lo tienes traes a una chica, eres cruel Agreste.
— Laura ella es Marinette Dupain-Cheng – las presentó por formalidad – una muy buena amiga de… toda la vida. Mari, ella es Laura Deveraux, te conté de ella antes de venir.
— Encantada – respondió por educación.
— Estamos por cerrar, pero la noche es aun joven – continuó la chef — ¿Quieren ir a pillar una copa de vino a algún bar de la zona?
— Me encantaría pero tengo que rechazar la invitación – dijo limpiándose las comisuras de la boca con una servilleta — regreso esta misma noche a Milán y no puedo perder mi vuelo.
— Una pena. ¿Qué dices tú, Cherie? – se dirigió a Adrien poniendo una mano sobre su hombro, mientras ella sentía un acceso de violencia poco apropiado – a solo diez minutos conozco un gran lugar.
— Lo siento Laura, no he visto a Marinette en años y…
— No te preocupes Adrien – se levantó de la mesa – tengo solo… – miró su reloj de muñeca, que pronto había pasado el tiempo, eran ya las dos y treinta de la mañana – solo dos horas para mi vuelo, quizá sería incluso buena idea que fuera ya al aeropuerto.
— Te llevo, a esta hora será imposible conseguir un taxi.
— No te preocupes, se cuidarme sola, lo sabes Chaton. Gracias por el café.
Aprovechando que la chef del lugar tenía sostenido a Adrien del hombro aun como si necesitara marcar su territorio, salió del café.
Por esto es que no debería volver a París, había demasiada historia de ella en esa ciudad, una historia que había decidido dejar atrás porque realmente creía que era lo mejor, había cosas en París que extrañaba demasiado y que estaban fuera de su alcance para siempre. Extrañaba tanto los consejos de Tikki y el amor incondicional de Chat Noir. Pero Tikki descansaba tranquila con todas las demás joyas mágicas y Chat Noir… viviría encerrado siempre en Adrien que vivía encerrado en su propio mundo.
Caminó varias cuadras subiendo su abrigo alrededor de su cuello sintiendo más frio que en toda la noche, le tomaría meses poder alejar esa sensación de frialdad no de su cuerpo si no de su alma. Ver a Adrien era algo que había deseado muchísimo, había deseado justo sentarse juntos a beber café, recordar aquellos años y reír por las cosas divertidas y poder ser amigos de nuevo. Pero ahora que lo había visto y su corazón traidor había latido lleno de amor por él… debería haberlo sabido, una amistad con alguien que te conoce de una forma tan íntima a quien tú conoces igual, es imposible.
Había llegado casi a el boulevard de Saint Germain frente a la estación del metro siempre había un par de taxis, al menos no había traído nada que le fuera indispensable, no quería perder tiempo para regresar hasta la casa de sus padres por su maleta, incluso podía pedirles que la enviaran por correo. Subiría al taxi y enfilaría al aeropuerto, en 20 minutos estaría allí con tiempo de sobra para esperar su vuelo. El vuelo solo tomaba una hora con treinta minutos, podía estar en casa para el desayuno como lo había planeado.
Entonces me tomaste por sorpresa diciendo "nunca te dejare sola".
Estaba a punto de cruzar la calle para llegar a las puertas de la estación viendo allí un taxi estacionado cuando sintió el tirón en su mano, giró un poco alarmada pensando en un atraco, pero era él quien estaba allí.
— Es un poco irritante tu hábito de salir corriendo de mí – dijo Adrien sin haber perdido su buen humor aparentemente.
— No es mi culpa que tú siempre debas quedarte atrás – respondió simplemente.
— Quizá pueda perseguirte esta vez – ofreció sosteniendo su mano con seguridad - Vamos hace frio aquí fuera, por favor.
— Adrien - ¿Por qué no solo la dejaba ir? Alargar todo eso solo lo volvería mas difícil - solo cruzando la calle puedo tomar un taxi, ve a casa.
— Estábamos teniendo una conversación – dijo con cierta dureza - y quiero que la terminemos.
De nuevo Adrien tomó su mano y la llevó con él con dirección a su auto estacionado junto a la vereda, el ambiente tibio dentro del automóvil olía justo como él, a cuero tibio y alguna colonia que la llevó directo a la memoria de sus brazos a su alrededor. Adrien subió pronto al auto de nuevo, una corriente de aire frio entró con él por un momento.
— Adrien es en serio – insistió, el tiempo estaba corriendo en su contra - debo abordar un avión en un par de horas.
— Había estado pensando en cuál iba a ser la mejor manera de llegar a visitarte a Milán – dijo como si ella no le hubiera dicho nada – Nino me dijo que podía buscar organizar un desfile allá y que el encuentro fuera casual. Alya por otro lado me dijo que lo único que tenía que hacer era llegar a tu puerta con un ramo de rosas.
— Probablemente no te habría abierto la puerta – se habría sentido demasiado sorprendida ente ese escenario.
— Eso fue lo que yo le dije – Adrien giró medio cuerpo hacia ella buscando su cercanía - pero ella insiste que si te has mantenido soltera todo este tiempo, ha sido por algún motivo.
— Ha sido exactamente el mismo motivo que has tenido tú – dijo abrazándose a si misma a pesar de que ya no sentía frio, creando un abarrera entre los dos – he estado demasiado ocupada para tener citas o una relación duradera
— Plagg ha dicho siempre y encuentro difícil que Tikki no te lo haya dicho a ti también – sonrió para ella y para él mismo recordando las conversaciones con su kwami - que los miraculous de la creación y la destrucción son manejados por almas gemelas.
— ¿Te ha dicho?
— Suelo ir a la casa del maestro Fu por lo menos una vez al mes a dejarle un montón de queso – respondió con normalidad - aunque entregamos los miraculous, dice que estos serán nuestros hasta que sean entregados a otra persona, así que los kwamis se han mantenido despiertos, Tikki te extraña mucho.
Marinette se quedó sin habla, ella había pensado realmente que al entregar sus pendientes Tikki regresaría a estar dentro de ellos dormida como la primera vez, la había extrañado tanto esos siete años y hasta ahora averiguaba que podría haber vuelto a verla cuando lo quisiera.
— Tikki y Plagg están convencidos de que si yo no he podido crear una relación sentimental con nadie más – agregó el joven hombre mientras ella trataba de recuperarse de la sorpresa - ha sido porque sigo conectado contigo.
— No imagine que Plagg llegara a ser un romántico igual que Tikki – quiso restarle importancia a la declaración. Conectados. Ellos realmente podían seguir conectados después de tanto tiempo, la idea era tan… imposible.
— Yo creo lo mismo.
La lluvia se había detenido por fin así que ni siquiera a ella la tuvo como eco para no escuchar su corazón latiendo como loco.
— Adrien…
— Por años pensé que lo mejor que podía hacer por ti era dejarte ir, dejarte cumplir tus sueños por ti misma como siempre habías deseado hacer – Adrien quizá supo que si no lo decía todo ahora no tendría otra oportunidad, ella estaba deseando abrir la puerta del auto y salir huyendo de allí - Además ni vida era un desastre, sino fuera por los consejos del maestro Fu y el apoyo de Plagg, muy a su manera, seguro no habría logrado mantenerme en pie todo este tiempo. Nadie quería confiar en un crio para manejar una empresa tan grande, tuve que demostrar que podía y no quería que cargaras esa carga conmigo.
— Yo…
— Sé que lo habrías hecho si te lo hubiera pedido – y lo habría hecho, con todo su corazón lo habría ayudado en cada paso del camino - pero no quería cargar sobre tus hombros una responsabilidad que solo era mía. Solo hasta que lleve a "Agreste" al extranjero y el valor de la compañía se duplicó la gente empezó a confiar en mí. No era lo que quería, pero es lo que tengo. Pero desde hace por lo menos un año he pensado cada día mas en que es momento de empezar a hacer lo que yo quiero y no solo lo que debo hacer.
Dijiste "recuerdo como nos sentimos sentados cerca del agua, y cada vez que te veo es como la primera vez. Me enamore de la cuidadosa hija de un hombre descuidado, ella es la mejor cosa que nunca fue mía."
— Esos tres años de mi vida fueron los más felices que puedo recordar en toda mi vida – su sonrisa era la cosa más cálida del mundo en ese momento - todos los días me dabas el valor para levántame de la cama y enfrentar el mundo que otros estaban intentando que viviera, estar contigo me hacía sentir libre y fuerte. He intentado de muchas maneras volver a sentirme igual que aquellos días pero no lo he conseguido, siempre me ha faltado la principal persona que me hacía feliz.
— Pero…
— Sé que ha pasado mucho tiempo desde aquellos días – en sus ojos vedes había una súplica tan profunda que la hacía sentir como si se ahogara - pero creo realmente que podemos volver atrás y volver a ser los mismos, podríamos volver a ser igual de felices.
Saint ciel! Quería abrazarlo, quería comerlo a besos y decirle mil veces que sí, que podían volver en el tiempo donde todo era más simple y se amaban, que no había nada en el mundo que pudiera detenerlos en ese sueño, pero… no era la verdad.
— Todo cambia Adrien – dijo con tristeza, apretando sus brazos más fuerte a su alrededor, prometiéndose no llorar – tú eres una persona completamente diferente que la que solías ser en ese entonces y yo también.
— Pero aun te amo.
— ¿Cómo podrías Adrien? No me conoces realmente – la verdadera barrera era esa - esos tres años juntos. Sí, fueron algunos de los más felices de mi vida, yo estaba perdidamente enamorada… de Chat Noir.
— Yo era Chat Noir.
— Quizá – cerró sus ojos y allí estaba él, su sonrisa sugerente, sus ojos mirándola siempre emocionado, pero al girarlo a ver, no estaba allí más, ahora mismo sus ojos estaban casi asustados - Yo puedo ver a Chat en ti Adrien, allí están los ojos que ame profundamente, pero, nunca pude ver a Adrien en los ojos de Chat, lo siento.
Adrien se dejó caer pesadamente contra el respaldo de su asiento, casi tuvo miedo que él pudiera llorar en ese momento, no sabía cómo podía lidiar con eso. Pero se puso derecho en su lugar con un suspiro pesado y entonces puso en marcha el auto.
— Te llevare al aeropuerto.
— Gracias.
El camino estuvo lleno de silencio, fueron los quince minutos más largos de su vida, solo viendo a través de la ventana como las luces de la cuidad iban quedando atrás para entrar a la carretera que llevaba a las afueras de la cuidad y al aeropuerto. Llegaron a las puertas del lugar en silencio aun.
Quería despedirse de él, desearle lo mejor, desearle solo felicidad y éxito, pero en ese momento quizá sonaría todo como solo las palabras de consolación de alguien que te ha roto el corazón. Así que sin decir nada mas solo abrió la puerta del auto y salió de allí para entrar por las puertas del aeropuerto, antes de entrar escuchó como su auto se alejaba… como de nuevo sus caminos iban en diferente dirección y sintió las lágrimas tibias caminar por sus mejillas. Aun así lo que le había dicho era la verdad, ella no conocía a Adrien, y no sabía si lo amaba a él.
¿Puedes creerlo? Vamos a lograrlo, y ahora puedo verlo.
Un mes después….
Salió del ascensor revisando el periódico de esa mañana y tomando un trago al café que había comprado de paso a su taller, demasiado distraída. Era un placer culposo pero siempre solía pasar un día mejor si revisaba la sección de sociales y se enteraba de lo que pasaba en ese mundillo.
— Buenos días Mari – saludó su asistente que le extendió varios sobres.
— Buenos días Taylor – le un vaso de papel de café a su asistente - ¿Ha pasado algo interesante esta mañana?
— Eh… no.
Bajé mi café para mirar de frente los ojos azules de mi asistente, pero ella se negó a soltar lo que fuera que estuviera pensando.
— ¿Alguna llamada?
— Su amiga Alya llamó muy temprano pero no dejo ningún mensaje, solo pidió que le devolviera la llamada cuando tuviera tiempo libre.
— Está bien, gracias Tay.
Entre en mi oficina revisando los sobres: contratos, propuestas, publicidad. Estaba tirando los folletos de publicidad en la papelera, cuando vi por el rabillo de mi ojo un movimiento a mi izquierda, giré para enfrentar unos ojos verdes bien conocidos, los sobres resbalaron de mis manos.
— Hola – saludó como si nada.
— ¿Adrien? – parpadeo varias veces para disipar su imagen si es que lo estaba imaginando, pero él seguía allí - ¿Qué haces aquí?
— ¿No puedo venir a visitar a una vieja amiga? – respondió con demasiada naturalidad.
— ¿Qué haces en mi oficina?
— Le dije a tu asistente que éramos viejos amigos de la infancia y que quería darte una sorpresa, una chica adorable.
— Un poco de encanto gatuno seguro te ayudó ¿verdad? – era por eso que Taylor había parecido tan nerviosa, Chat tenía la habilidad de hacer eso con todas las chicas.
— Exactamente princesa.
¡Oh! los escalofríos. Se agachó a recoger los sobres, Adrien se agachó con ella, vio dentro de sus ojos verdes y sintió que no podía volver a respirar de nuevo.
— Adrien…
— Me tomó algún tiempo entenderlo – dijo mientras la ayudaba a juntar los papeles del piso - pero finalmente un pequeño amigo me dijo algo importante.
— ¿Ve por ella?
— Eso también – se levantó al mismo tiempo que ella lo hizo - pero me dijo que si yo había sido tan feliz esos años contigo era porque, sí, tú estabas conmigo, pero que era injusto que te hiciera responsable de toda mi felicidad. Así que pensé además de ti, ¿Por qué era tan feliz en ese momento?
— ¿Por qué? – no pudo evitar preguntarle, quizá allí también estaba una respuesta para ella.
— Porque por primera vez en mi vida estaba haciendo exactamente lo que yo quería hacer – la tomó de la mano para poner los sobres en ella pero no la dejo ir, sosteniendo su mano con voz baja e íntima le dijo - era yo mismo, aunque nadie pudiera saber que ese chico bajo el antifaz era yo. Así que pensé, ¿Qué es lo que quiero hacer?
— Y ¿Qué es?
— Tomé una maleta, compré un boleto de avión y decidí que quería tomar unas largas vacaciones en Milán, reencontrarme con una chica que me gusta y quizá lograr que se enamore de mí.
Ella no pudo evitar reír divertida, ahora mismo él sonaba exactamente igual que el chico que había conocido hacia tantos años, aquel al que no había podido nunca olvidar. Y escucharlo a él la hacía sentir como aquella chica también. Suponía que no era como si esa chica hubiera muerto, solo había crecido.
— No lo sé, ¿Crees que eso se puede?
— ¿Por qué no? Como yo lo veo, siempre se puede volver a empezar. Tú eres una chica soltera y yo igual – dijo acorralándola como solía hacer siempre, como ella había aprendido a disfrutar - y por favor no hagas caso a esos tabloides que aseguran que soy gay solo porque nunca me han visto tener una cita.
— ¿Eso es lo que dicen? – siguió a su instinto inclinándose cerca de él, buscando su calor.
— No te parece increíble – dijo acariciando su cabello.
— Increíble – respondió dejándose hacer, sintiendo que sus manos la hacían sentir viva.
— En todo caso en tus manos esta limpiar mi reputación, que dices ¿Aceptas salir a almorzar conmigo?
— Tengo mucho trabajo aquí, no sé si tenga tiempo de salir a almorzar hoy – Dieu! ¿De verdad iban a volver a jugar al mismo juego del gato y el ratón?
— ¿Comer? – volvió a intentar.
— Comer suena bien – esta vez lo dejaría ganar.
— En tal caso my lady, me retiro – se apartó un paso atrás y llevó su mano a sus labios poniendo un beso allí - este gato va a ir a acicalarse un poco para estar listo para nuestra cita.
— Mon Dieu! Chat! – ella no podía evitar querer reír cuando él no paraba de hacer toda su bromas de gatos.
— Adrien, Marinette. – reafirmó para ella, lleno de seguridad - Soy Adrien.
Y con una última sonrisa sugerente salió de su oficina. Ella se sentó en su escritorio calmando el ritmo de su corazón. ¿Podía ser verdad? ¿Podían solo volver a empezar? ¿Podría enamorarse ella de Adrien Agreste?
— Al menos… — y apretó los sobres contra su pecho, dejando que el ultimo mal de la caja de Pandora anidara en su pecho – al menos podemos intentarlo.
Abrió uno de esos sobres y se dispuso a trabajar. Solo el tiempo tenía la respuesta de esa pregunta, pero tenía la real esperanza de que fuera verdad.
Fin
2 de noviembre de 2017
10:36 p.m.
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Nota de autora: Oh boy, me empezaba a preguntar ¿Cuando le tocaría su ocasión a esta historia?
Verán tengo algunos vicios con mis fics y ADORO este tópico, una pareja que se ama pero que por circunstancias terminan separándose, lo he hecho con todos los fandoms en los que he estado y en cada historia los resultados son diferentes, solo adoro poder hacerla, asi que TheBlueJoker mil gracias por la oportunidad de hacer esta historia, ademas por tu culpa esa canción no va a salir de mi sistema por semanas y el vídeo es adorable.
Oigan a este paso vamos a llegar a 500 antes de terminar esta historia, me han hecho trabajar y bien, aunque no me estoy quejando lo juro al contrario me siento feliz por todo su apoyo. Mil gracias a: vane18porras, sonrais777, truenorifico, Junengrey, Gorrion, Arkeiel, IanShindou087, TheBlueJoker, darkdan-sama, Sakuralizbeth, Tallgeese Flugel, TsukihimePrincess, SakuraLi-Taisho, Adrit126, karen agreste, azuki taisho, Sra Grandchester(es que de verdad solo LB tiene la resistencia suficiente para decirle que no, yo hace rato habría caído xD), Ying Fa Malfoy de Potter, denebtenoh, Tania Saintia, melchari, danita-inu. Mil millones de gracias por sus reviews, de verdad son de lo mejor.
Y bien, la proxima regreso con otro capitulo regular de Pas à Pas, por el momento espero que disfruten el premio, si es asi les agradeceria un monton un review DE VERDAD me hacen feliz
Tata
Mimi chan
