Falsa Amortentia

Capítulo 25

—Hermione, ¿estás segura de lo que has decidido? —preguntó Harry a su amiga.

—Completamente. No puedo permitir que haya tanta gente en peligro mientras Delphini campe por ahí.

—¿Es que no confías en mí?

—¡Por supuesto, Harry! Eres la persona en la que más confío, eres como el hermano que nunca tuve. Sin embargo, van a venir muchas personas a ver el Mundial de distintos países, y no hay suficientes aurores para todo.

—Nuestro equipo de aurores es el mejor que ha habido desde la última guerra mágica.

—¡Y no lo dudo! No es eso.

—Ya, lo entiendo. Muchas familias, muchos extranjeros, los propios jugadores…

Los interrumpió sin llamar la asistente de Hermione.

—Perdonad, es que Viktor Krum está en el Ministerio y, por lo visto, muy ofuscado.

Hermione suspiró fuerte y se llevó las manos a las sienes.

Llevaba tres días horribles desde que dejó a Draco en el hotel.

—¿Hablo yo con él? —Se ofreció Harry.

—No, ya asumo yo las consecuencias de mi decisión. Aunque, si te puedes quedar… —Le puso cara de perrito abandonado. Harry asintió en silencio.

—Allis, avisa de que lo recibiré de inmediato.

—Claro, jefa.

Mientras esperaban al búlgaro, Harry miró a su amiga.

—Tienes muy mala cara. ¿Duermes?

—Apenas. Mi vida es un desastre, Harry. Y me lo he buscado yo solita.

—Ron y tú ya no teníais que estar juntos… No quiero hacerte sentir mal con lo que voy a decirte: el pobre está hundido y no me quiere contar nada. Sois mis mejores amigos, me gustaría saber qué ha sucedido para que todo se haya precipitado tan rápido.

Hermione fue abrir la boca, sin embargo tocaron a la puerta.

—Adelante —dio paso.

Entró Krum, con cara de pocos amigos.

—Hola, Potter —lo saludó—. Hermione…

—Siéntate, por favor.

El seleccionador lo hizo, al lado de Harry y enfrente de la ministra.

—Vengo porque me parece injusta la decisión de cancelar el Mundial de Quidditch. —Viktor intentó contenerse.

—Estamos en nivel 5, y eso implicar tomar decisiones duras que afecten a muchos colectivos, no solo al tuyo —le explicó ella.

—¡No tiene porqué pasar lo de la última vez! Voldemort está muerto.

—Pero no su hija, Víktor. Delphini es muy peligrosa, ya mató a un chico y no sabemos de lo qué es capaz. Desde luego, no se escapó solita de Azkaban, por lo que cuenta con aliados.

Krum se quedó anonadado.

—¿Es la hija de Voldemort?

—Así es, Krum —intervino Harry—. Y nos consta que ha heredado los poderes mágicos de sus progenitores. Bellatrix era su madre.

El hombre palideció al escuchar aquello.

—¿Entiendes ya la razón?

—Aun así, no estoy de acuerdo. El Mundial es un acto importantísimo en la comunidad mágica. Nuestra selección se ha preparado intensamente, lo vamos a dar todo, somos de los mejores.

—No lo pongo en duda —dijo Hermione.

—¡No es justo! —Krum se puso más nervioso—. ¿Es que no hay suficiente protección?

El búlgaro miró a Harry, que observó después a su amiga.

—Soy de la opinión que sí, que estamos blindados contra cualquier ataque. No obstante, seguimos órdenes de la ministra.

Las miradas se centraron en la mujer.

—Hermione, te ruego que lo pienses mejor —rogó Krum.

—Harry, déjanos a solas, si eres tan amable.

Este se puso en pie y se fue.

Viktor no perdió el tiempo, y asió las manos de la mujer. La miró con cara de perrito.

—No me pongas esa expresión…

—Entiendo que hay vidas en peligro, pero… ¿No confías en Potter?

—¡Por supuesto que sí!

—¿Y si todos los países mágicos participantes aportan seguridad mágica?

—Es cierto que Macusa se ha ofrecido… —admitió Hermione.

—Si todos, o gran parte, de los países participantes enviaran a sus profesionales de seguridad… ¿Lo repensarías? Pese a que sé que el Quidditch no te entusiasme, es algo muy importante en nuestra sociedad.

—Te prometo que voy a ponerme en contacto con todos los representantes de los países… Y si llegamos a un acuerdo, daré luz verde al Mundial.

—Queda solo una semana… —Krum apretó más las manos de la bruja.

—Me pondré de inmediato. Por lo pronto, Macusa es seguro que…

El hombre se puso en pie y dio la vuelta a la mesa, se inclinó hacia Hermione y le plantó un buen beso en la boca, dejando a la mujer sin palabras, ni reacción.

—P… perdona, yo… Me he puesto demasiado contento y… Y sabes que me gustas muchísimo.

—¿Qué? —preguntó ella en un hilillo de voz, aún impactada.

—Vamos, Herm, es obvio…

A pesar de su físico imponente, y su edad, Krum enrojeció como un colegial.

—He oído que te vas a divorciar de Ron definitivamente. Y pensé que… Pensé que, tal vez, querrías venir a cenar conmigo esta noche…

Hermione tragó saliva. ¿Qué estaba pasando a su alrededor con todos los hombres?

Pensó en Draco y se sintió mal. También lo hizo en Ron, y la sensación no mejoró. Con el primero no quería nada mientras este siguiera enamorado de Astoria y la comparará con ella en todo. Con el segundo ya ni se hablaba y tenían hijos en común que estaban sufriendo por ello.

—Sí —contestó casi inconscientemente.

—¿Sí?

—Sí.

Krum fue a besarla de nuevo, empero Hermione le paró los pies.

—No tan rápido, Viktor. Solo cenar juntos. Y, como me vuelvas a besar sin mi consentimiento, no habrá mundial que valga.

—Pensaré un lugar discreto. Esa mujer de Corazón de bruja me acosa siempre.

—Bienvenido al club.

Draco volvió a la Mansión Malfoy y anduvo haciendo experimentos con la Falsa Amortentia. Definitivamente dejó atrás la alquimia y se centró en la poción de "desamor".

Sinny miró a su jefe desde el marco de la puerta, pues tenía prohibido el paso desde que robó la Amortentia y se la dio a Hermione.

Observó las ojeras de Draco con suma preocupación.

—¿Qué quieres? —indagó él, sin mirarla.

—Ya está la comida, señor.

—Déjala en el pasillo.

La elfina hizo lo que se le mandó, y luego se fue.

Draco cogió la bandeja y comió un poco, sin demasiadas ganas, observando detenidamente el burbujear de la poción.

Su idea era tomar cada día un poco, hasta que ya no le hiciera falta cuando se olvidara de Hermione.

El dolor lo estaba matando por dentro. Sus rechazos continuos no los soportaba. Mientras daban rienda suelta a sus instintos sexuales todo fluía, literalmente, entre ellos. El sexo; el mejor que había tenido. Aunque luego, cuando le dedicaba palabras y caricias de amor, ella acababa enfadada y yéndose sin más.

Draco golpeó la bandeja de comida y la tiró al suelo, ofuscado.

—¡Maldita sangre sucia! —bramó de pronto. Se sintió mal al instante—. Lo siento, mi amor…

Se le llenaron los ojos de lágrimas, que limpió de inmediato.

Miró la foto de Astoria que estaba sobre su mesa de trabajo, cerca de él. La cogió y miró de cerca.

—Perdóname tú también por empezar a olvidarte tan rápido.

La imagen de su esposa sonrió, como siempre.

Draco recordó una de sus últimas conversaciones, en San Mungo, cuando ya le quedaban pocos días de vida.

—Mi amor, ¿me prometes que serás feliz de nuevo?

—No podré ser feliz sin ti, Astoria. Eres el amor de mi vida —le dijo, acariciando su cabello negro y su rostro macilento.

Ella le sonrió entonces.

—Lo serás. Amarás de nuevo, cuando menos te lo esperes, a quien menos te lo esperes…

—Será imposible.

La mano marchita y delgada de ella le acarició el rostro mojado por las lágrimas. De nuevo esa sonrisa dulce.

—No la dejes escapar, no seas otra vez ese estúpido Malfoy creído que aparenta lo que no es. Solo sé tú mismo, el hombre que yo conozco y amo.

Negó con la cabeza a su esposa.

—Tú eres el amor de mi vida —insistió.

—Y no tengo por qué dejar de serlo. Pero puede existir un amor de tu vida incluso más intenso que este. Hazme caso y no lo dejes escapar.

Unas jornadas después, rodeada de su familia, de él y de su hijo, Astoria los dejó, con esa sonrisa dulce que la caracterizaba.

Draco intensificó sus sollozos al recordar aquello.

—¿Y si tenías razón? ¿Y si la he cagado del todo? ¿Y si he perdido mi única oportunidad de ser verdaderamente feliz? Soy estúpido.

Draco cogió la poción, de color verdoso, y la metió en un envase de cristal pequeño. Le puso un tapón de corcho y lo selló para que no se saliera. Luego lo amarró de una cuerda y se lo puso a modo de colgante.

Estaba hecho especialmente para olvidar a Hermione, hasta el punto de la indiferencia. Una sola toma y estaría hecho.

Guardó el resto bajo un encantamiento a prueba de elfinas entrometidas.

Iba a intentarlo por última vez; conseguir a Hermione de forma definitiva. Si no, se tomaría la Falsa Amortentia hasta que dejara de sentir amor y deseo por ella.

En cuanto a Astoria, fue el momento de enterrarla de verdad, y quedarse con el recuerdo de lo bueno: de su enamoramiento, del día de su boda, y ese hermoso instante en que Scorpius vino al mundo.

Recorrió la mansión y retiró casi todas las fotos, dejando solamente una en la que salían los tres, felices y contentos.

—Fuiste el amor de mi vida… —Fue más un pensamiento en voz alta que otra cosa—, pero ahora otro lo supera.

Rose esperó, nerviosa, a Scorpius. Habían quedado en el linde del Bosque prohibido y tuvo un poco de miedo.

—¡Buh! —bufó el rubio en su oreja. A cambio recibió un buen capón.

—¡Idiota! ¡No vuelvas a asustarme así!

—Perdón. —El chico se echó a reír de todos modos. Antes de poder si quiera reaccionar, Rose ya lo estaba besando, atrapado entre su cuerpo blando y caliente, y el tronco de un árbol. Scorpius le devolvió los besos, estrujándola contra él con deseo y cariño.

Cada día se las ingeniaban para quedar en alguna parte y comerse a besos como los adolescentes que eran.

—Scorpius…

—Qué… —El joven tenía los ojos cerrados y estaba en una nube.

Rose tironeó de él y ambos acabaron sobre la hojarasca.

—Quiero hacer el amor contigo… —susurró ella en el oído del rubio.

Este la miró, obnubilado.

—Yo también lo deseo. Sin embargo, aquí no podemos, ni tenemos métodos anticonceptivos.

—¿Y si encontráramos la Sala de los Menesteres? ¿Y si yo te dijera que tengo preservativos muggles?

Scorpius se quedó con la boca abierta.

—¿De dónde los has sacado?

—Los compré en Navidad…

—¡Para qué! —Scorpius entró en modo celoso.

—Para lo que se usan, idiota.

—¿Con quién?

—Con el bobo de Malfoy.

—Por Melín, que se nos aparezca ya la Sala de los Menesteres.

Rose se echó a reír, hasta que el platinado le atrapó los labios con ansia.

—Nuestros padres nos matarían si se enteraran —dijo él.

—Nuestros padres se pueden ir a la mierda los dos.

Rose frunció el ceño, y Scorpius se lo besó para suavizarlo. Bajó por su nariz, hasta los labios anhelantes.

—Besas muy bien, Malfoy…

—Me nace besarte así, Granger, no te mereces que te bese mal… Tus labios solo pueden besarse a mi modo, y nadie más tiene derecho. Me pertenecen.

Rose se estremeció. No sabía por qué, pero estaba enamorada hasta las trancas de aquel chico tan tonto y dulce a la vez.

Lo abrazó con intensidad y se sintió feliz. Sin embargo, tuvo miedo. Deseó con todas sus fuerzas que su madre, y el padre de Scorpius, no siguieran juntos, que se separaran para siempre. No soportaba la idea de que, algún día, su chico se convirtiera en su hermano y todo tuviese que acabar entre ellos.