El viernes llegó en un suspiro. Sentado tras la mesa del gran comedor, Williams conversaba con Amanda mientras esperaba a que Severus apareciera.

—¿Has visto a Snape esta tarde?—La preguntó el pelirrojo.

—No, Bill. Como estos días me los ha dado libres para que prepare unos cuantos apuntes no solemos coincidir.

Bill se atragantó y tuvo que beber agua para pasar el mal rato. ¿Por qué tenía que acordarse en aquel momento de cómo Amanda había conseguido aquellos días libres? Habían estado muy cerca de ser descubiertos.

—¿Te encuentras bien? ¿Quieres más agua?

—Supongo que he comido muy rápido… Es que tengo un hambre que me muero.

—Ya se nota. Te encanta la pasta ¿verdad?—Le preguntó Amanda mientras daba vueltas a su tenedor.

—¿Por qué lo dices?

—Es la tercera vez que repites.

—No me había dado cuenta. —Respondió mientras apartaba el plato a un lado. — Últimamente parezco un saco sin fondo.

—Tal vez sean los nervios. A mí me suele dar por no comer casi nada, pero otros suelen comer mucho más que de costumbre ¿Estas estresado últimamente?

Amanda volvió a dar vueltas a la pasta y se llevó el tenedor a la boca. Bill sonrió al ver sus labios manchados de tomate. Y sobre el estrés; En los últimos meses había terminado en la enfermería, habían confesado delante de un montón de gente que era virgen, le habían dado una paliza, había discutido con el director y este lo había amenazado con despedirle… Se había acostado con Snape y ahora era suyo... O al menos eso esperaba. Con el mero pensamiento de su amante sintió un doloroso calor en la entrepierna. ¿Dónde estaría Severus?

—Para nada. —respondió Bill—No sé que es el stress. Tienes una mancha ahí.

—Gracias. Tal vez sea porque últimamente no bajas a desayunar. En la última semana no te he visto ni un día.

—Llevó una temporada con el estomago mal. Por las mañanas suelo tenerlo revuelto.

— Tal vez sea por la cena. Tendrías que ir a la enfermería.

La simple mención de aquel lugar le dio escalofríos.

—Sí. —Respondió sin mucho convencimiento. Al alzar la vista vio la mirada severa del director. ¿Por qué no se había dado cuenta antes de cómo era realmente aquel hombre?

—¿Bill? —Le preguntó Amanda.

—Perdona me he distraído un momento ¿Qué?

—Te preguntaba si vas a ir esta noche al lago. Hoy se celebra en Pomrar.

—Tan pronto. —Encalmó el pelirrojo.

—Yo creía que era una vez cada cinco años.

—Sí, tienes razón, pero no me acordaba. Estaría bien poder ir, pero… No. No creo que vaya.—Estaría lleno de adolescentes y Snape no querría ir con él.

Acercándose a su oído Amanda le susurró: —Si no se lo preguntas nunca sabrás si quiere ir o no. Sería realmente hermoso.

—¿De… de que…?

—Lo digo por si tenías alguien especial. —respondió la chica con una sonrisa y Bill no estaba seguro de si ella sabía o no algo sobre ellos.

Ron observó a su hermano con cierta furia contenida.: —¿Por qué tiene que estar tan cerca de ella?

—Ron. — protestó su hermana por sexta vez aquella misma noche. —Ya vale. Si quieres algo con ella ve y díselo, pero deja a Bill en paz. Además, ella te lleva al menos seis años.

—Ellas los prefieren más jóvenes—argumentó el pelirrojo.

—Y más guapos. —Le rebatió Hermione. Antes de que Ron pudiera abrir la boca para protestar continuó. — Esta noche es la noche del Pomrar, ¿por qué no la invitas?

—¿El Porjuan? —Preguntaron Potter y Weasley casi al unísono.

—El Pomrar. —Explicó con paciencia Hermione. —Cada cinco años…

—¿Cómo las olimpiadas? —Preguntó el pelirrojo.

—No, Ron las olimpiadas son cada cuatro. Calla. —Le ordenó al ver que pensaba volver a interrumpirla. —Cada año se da un fenómeno natural que llena el lago de luces y fuegos fatuos se dice que los años que cae en luna llena, cosa que ocurre cada cinco años, si besas a tu pareja estaréis juntos para siempre.

—Sería hermoso ¿Verdad, Hermione? —Preguntó Ginni mientras miraba soñadora a uno de los chicos que había en la otra mesa.

—Ya lo creo. —Respondió la muchacha.

—También se dice que si se ha cumplido tendrás un sueño premonitorio sobre algo transcendente en vuestra vida.

—Eso yo creo que es más mito que otra cosa. —Habló Granger.

—Buaa, Que cursilada. —Protestó Ron. —Pero… No sé si serviría de algo, pero yo creo que si eso fuera así Snape estaría desesperado por ir…. ¡Eso es, Harry! Si está saliendo con alguien querrá asegurarse de que no le deje nunca y aprovechara la ocasión para besarla —Ron arrugó el gesto.

—Eres imposible. Deja a Snape en paz ¿Me oyes?

—Ginni. —Susurró Granger antes de cogerla de la túnica. —Siéntate nos están mirando.

Williams entró tan sigilosamente que Snape no lo escuchó acercarse. Apoyado contra el marco de la puerta lo miró durante varios minutos. Estaba vigilando la cocción de un par de calderos mientras observaba un viejo libro. La delicadeza con la que trataba a aquellas páginas y la pasión que dedicaba a sus pociones le hizo sentir celos.

Era hermoso en más de una forma. Bill se sabía afortunado por tan solo poder estar tan cerca de él. Quiso acercarse por la espalda y tapar aquellos ojos negros con sus manos, pero sabía que para alguien que había pasado por tanto como él, un gesto tan simple haría que se revolviera.

—Te he estado esperando en el gran comedor. —Dijo al fin el pelirrojo.

—No tenía hambre.

— ¿Estás listo para que nos vayamos, Severus?

— ¿Irnos?

—Sí, habíamos quedado para dar una vuelta. —Bill trató de disimular su decepción.

Al volverse Snape se fijó en que Bill llevaba ropa de calle; unos pantalones vaqueros muuuy ajustados y una camiseta negra de manga corta que marcaba sus musculosos brazos y pecho. ¿Tan tarde era?

—No me he dado cuenta de la hora. Termino de hacer esto y nos vamos.

—No me importa esperar por ti, Severus.

—Veo que no llevas la túnica. ¿Dónde tienes pensado ir?

—Es una sorpresa. —Le respondió el pelirrojo con una sonrisa.

—Tú eres de los que no saben cuánto odio las sorpresas, ¿verdad?

—Bueno, que yo viniera fue una sorpresa y no nos ha ido tan mal, ¿no? —Habló mientras abrazaba al oscuro profesor por la espalda.

La mirada burlona que le dedicó Snape por encima del hombro le hizo aflojar el agarre.

Severus abrió la puerta de su habitación, pero antes de cerrarla para dejarle esperando en el pasillo Bill pudo ver una ropa pulcramente doblada sobre la cama.

Cuando al cabo de un rato salió Williams se sintió incapaz de apartar los ojos de él. Le había visto con la túnica e incluso desnudo, pero nunca hasta el día de hoy lo había vestido como cualquier otra persona de la calle. El jersey de lana azul le quedaba perfecto con aquellos pantalones negros. Tenía la elegancia de una pantera.

Aunque trató de disimular, Snape se dio cuenta de que lo observaba. Había planeado aquella cita para los dos, pero empezaba a pensar que si no salían de su cuarto tampoco le importaría mucho. ¿Qué poseía Severus que lo enganchaba tanto?

—Bueno, tenía planeado algo para esta noche, pero en el último momento he pensado que tal vez… te apetecería ir al lago esta noche.

Snape lo observó un instante antes de contestar: —¿En un día como este?

—¿Nunca has tenido curiosidad por saber si era cierto? —Le preguntó mientras respiraba embriagado por su presencia.

—Ya me imagino entre todos mis alumnos. —Habló Snape con sarcasmo.

—Está bien. —El tono de voz de Bill no delató lo que sentía. —¿No vas a ponerte la capa? Hace un poco de frío donde vamos.—Antes de que dijera nada cogió la prenda que tenía entre las manos y le ayudó a instalarla alrededor de los hombros.

—¿Y la tuya?

Con un movimiento de su varita Williams trajo la suya, una capa negra con capucha, que cuando colocó sobre sus anchas espaldas le quedó perfecta.

Se ocultaron de unos cuantos alumnos que se dirigían al lago y siguieron hacia delante. Cuando se adentraron en el jardín donde por fin se encontraron completamente a solas. Mientras caminaban Snape notó como la mano de Bill le rozaba la suya como si fuera a agarrarla, pero en el último momento la apartó.

—¿Realmente querías ir, Bill?

Williams se detuvo: — ¿Tan absurdo sería? —Le preguntó de espaldas a él.

—Está allí casi todo el colegio, Bill se razonable.

— Lo entiendo, pero ¿si no fuera por toda esta gente hubieras venido conmigo?

—No lo sé.

—¿Habías pensado en ir antes?

—Bill, eres demasiado joven para entenderlo…

—No, no lo soy Severus. —Le respondió el pelirrojo con la mandíbula apretada. —Si te refieres a que aun necesito que me lean antes de ir a la cama o que creo que la vida es fácil y está llena de magia no lo creo desde hace años. Pero si creo en ti y en mí. Entiendo que no quieras estar aquí delante de todos con un imberbe como yo pero…

Muy a su pesar Bill tuvo que detenerse un momento para aclarar su voz antes de continuar:—Yo si deseó estar contigo aunque no me creas. Y soy tan estúpido que me agarraría a cualquier cosa porque siguiéramos así. Sé que ha sido una estupidez tan siquiera pensarlo, pero por un momento…—Williams pasó sus manos entre sus cabellos. —Se me olvidó que no somos como ellos. Me gustaría estar en otro sitio, otro en el que no te sintieras incomodo junto a mí.

Hubiera estado tan bien poder besarlo allí mientras disfrutaban del espectáculo pero sabía tan bien como Severus por qué no podía ser…

—Sí, Bill. Lo pensé una vez y se lo dije a la persona con la que estaba, pero…

—No hace falta que sigas me lo imagino. —Respondió encogiéndose de hombros. —No debí preguntarte.

—¿No eres demasiado joven para entenderlo, pero si para pararte a escuchar? Se lo propuse y me dio plantón.

—Me alegro. —Respondió medio enfurruñado. No porque le dieran plantón sino porque no había ido allí con ningún otro.

La risa de Severus le desencajó.:—Que maduro, Williams. —Le dijo sonriendo.

—¿Sabes, Sev? Me hubiera gustado haber estado en el colegio cuando tú estudiabas aquí.

—No te hubiera gustado.

—Sí, sí que me habría gustado.

Snape siguió a Weasley al menos durante media hora. La luna llena iluminaba un camino tortuoso. Cada cierto tiempo podía escuchar aullidos salvajes. Cuando Bill se paró de repente no pudo evitar chocar contra su espalda.

—¿Dónde estamos? —Preguntó Snape.

—Al otro lado del bosque.

Bill parecía buscar algo entre los arbustos. Ambos escucharon un chasquido y Williams sonrió.

—¿Un pasadizo? —Murmuró Snape.

—Sí. Recuerda que soy el mayor de los Weasley. Todos los pasadizos que conocen mis hermanos, son gracias a mí. Aunque todavía hay lugares que me guardo exclusivamente. —Cierra los ojos. —Le pidió Weasley.

Severus nunca había confiado en nadie por eso se sorprendió a sí mismo cuando le obedeció. La gran mano del pelirrojo casi hizo desaparecer la suya cuando se la cogió.

No supo cuanto tiempo estuvieron andando, pero si sintió como cuidaba de que no tropezara ni se diera contra ninguna rama alta.

—Ya puedes abrirlos.

Al principio le costó habituarse a la luz. Se encontraban en una gruta en la que se podía escuchar el ruido del agua. Cuando por fin se acostumbró a los destellos contemplo un maravilloso espectáculo. Las piedras de las paredes eran las que daban una claridad tan intensa. Casi parecía de día a pesar de encontrarse en un espacio cerrado. Había un arrollo a unos pocos pasos y a unos metros hacia arriba una cascada natural. Solo faltaban los cantos de los pájaros pensó y como si eso fuera un hechizo empezaron a escucharse.

Williams le sonrió.

—¿Te gusta?

Un pequeño pájaro rojo atravesó la cueva hasta posarse en un abeto.

—Es impresionante. —Snape no pudo ocultar su fascinación.

Olía a hierba fresca y rocío.

Bill hizo aparecer una alfombra en el suelo y le indicó que se sentara junto a él.

—Es muy tranquilo, ¿verdad? —Tras ver como Snape asentía continuó. —Cuando estudiaba en el colegio siempre que me encontraba agobiado o muy, muy enfadado venía hasta aquí a descansar o nadar en el lago. En cierto modo me recordaba a mi casa.

Snape alzó una ceja y estuvo a punto de decir algo, pero Williams lo interrumpió: —No me mires así. Aunque fuéramos nueve en mi familia también teníamos momentos de paz…—Bill esbozó una sonrisa como si recordara algo, algo muy dulce. —Y tú ¿Qué haces cuando necesitas relajarte?

«¿Qué hacia?»—Nada.

Hacía años, que se había resignado a existir y algunos menos que se había convencido de que no merecía más. Snape supo en el acto que no debería estar allí compartiendo aquel lugar con Williams. Cuando estaba solo pensaba en que lo arrastraría y tenía que dejarlo, pero cuando estaban juntos… Creía que todo era posible.

Bill pareció entristecerse.

—Y ¿Qué hay de lo que me dijiste sobre ver la puesta de sol en Hogsmeade?

—Bueno, eso era solo una chiquillada. Era algo que hacia cuando tenía quince años.

—Vaya… Entonces he vuelto a meter la pata.

En los últimos meses había aprendido que cada vez que Bill se sentía mal por algo se mordía el labio como hacía en aquel momento. Snape tuvo que hacer un esfuerzo para no detenerle con un beso.

—Toma. —Le dijo el pelirrojo mientras ponía entre sus manos el obsequio.

—¿Qué es…?

—Un paquete. —Replicó burlón el pelirrojo.

—Muy gracioso, Bill.

—Ábrelo. —Le repitió esta vez con una voz suave que parecía que le acariciaba el alma. —Siento no haber escogido mejor.

—No tienes por qué darme nada.

—Snape, por favor. Tómalo como un regalo de cumpleaños. Ya sé que no es hoy, pero como te has negado a decirme cuando es…

—Bill. —Le advirtió.

—Snape. Por favor.

Al abrir el presente lo sacó para mirarlo a la luz. Era una bola de cristal en la que se podía ver Hogsmeade.

—Mira. —Le dijo el pelirrojo mientras la movía con suavidad. Así podrás ver el amanecer como si estuvieras allí. Se puede ver lo que ha pasado hace tres o cuatro horas. Ya sé que lo normal es que sea en tiempo real, pero ninguna de las que quedaban eran…

—Muchas gracias Bill, pero no tenías que…

—Por eso lo he hecho. —Weasley se sentó junto a él. —Si la agitas con suavidad mientras giras la muñeca puedes acercar la imagen. Es como tener unos prismáticos gigantescos. —En un gesto cariñoso Williams apoyó una mano sobre el regazo de Snape.

—Te importaría contestarme a una pregunta, Sev.

—Prueba.

Bill entornó los ojos antes de continuar. —¿Has pensado dejar Howards alguna vez? ¿Ir a enseñar a otro sitio o hacer otra cosa?

—No. —Weasley pensó que no le sacaría ni una palabra más, pero se equivocó. —Howards es el único sitio donde estoy seguro en estos momentos.

Williams quiso decirle que si se venía con él se encargaría de protegerlo, pero… y si realmente no fuera capaz de protegerlo. Voldemort no se atrevería a buscarle en las narices de Dumbledore y aunque él también tuviera un poder nada despreciable no estaba convencido de que fuera suficiente. No quería arriesgarse cuando lo que estaba en juego era la vida de Snape.

No supo cuánto tiempo pasaron así, pero cuando se dio cuenta Williams apoyaba la cabeza sobre las rodillas de Severus y sus dedos hacía rato que acariciaban sus rojos cabellos.

—¿Te parecería muy descabellado venir a nadar conmigo, Severus?

—Preferiría no hacerlo, pero puedes ir tú si quieres. No dejes que un viejo…

Williams acalló sus palabras con un beso.

—Ven—Le pidió Bill mientras se ponía en pie.

Snape negó con la cabeza: —No he traído bañador.

—Yo tampoco—Respondió de forma traviesa junto a su oído.

Lentamente se retiró la camisa del cuerpo. Al hacerlo cada músculo de aquel poderoso brazo se contrajo. Ante aquella visión Snape deseó poder acercarse para acariciar su pecho.

De manera insinuante Bill desabrochó su propio pantalón y se lo quitó. Severus alargó la mano tocando una marca roja que había en la parte baja de su abdomen. Los dedos finos del profesor empezaron a acariciarla, pero Bill los retiró avergonzado. Era la marca de la cinturilla del pantalón.

—Tiene que dolerte, Williams.

Snape volvió a posar sus dedos sobre ella y ascendió hacia su acerado vientre, continuó por los músculos de su pecho y se dirigió a la nuca desde la que le hizo acercarse más a él para besar sus labios hasta consumirlos.

Sus cuerpos acabaron enredados sobre la alfombra. Dos amantes que juegan para conocer sus cuerpos. Sin prisas, sin presiones…

Snape mordisqueó sus voluptuosos muslos viendo cómo se revolvía bajo sus caricias. En el momento en el que Severus se detuvo Williams alzó la vista intranquila.

—¿No querías ir al lago? —Le preguntó a su exalumno.

Ambos se adentraron en las aguas templadas. Williams le hizo dar la vuelta presionado su pecho contra su espalda. Bill le retiró los cabellos húmedos del cuello y besó su nuca.

Severus se inclinó echándose hacia atrás para sentir a Bill contra su entrada. Lo escuchó gemir al rozar su erección contra su piel desnuda, pero aun así, Bill continuó llenándole de besos desde el cuello hacia los hombros sin dejar de hablar, de susurrar dulces palabras.

Severus cerró los ojos dejándole hacer. Era increíble la sensación que le daba el agua tibia a su alrededor, los sonidos de la pequeña cascada y los pájaros, pero especialmente el amor con el que Bill lo trataba.

Las dos grandes manos de Williams se sujetaron a su cintura y descendieron acariciando sus muslos arriba y abajo mientras daba pequeños mordiscos en sus hombros. Severus se apoyó con ambas manos contra las rocas que tenía frente a él. Williams volvió a sujetarlo por las caderas y acercó su rostro al de Snape hasta que pudo sentir su incipiente barba contra su rostro.

—¿Te quiero?—confesó el pelirrojo una vez más y Severus se vio a si mismo conteniéndose por no decirle que él también.

Dando rienda a sus más íntimas fantasías. Los cabellos largos de Williams caían a los lados de un rostro perfecto. Las gotas de agua resbalaban sobre la piel de un cuerpo escultural y un culo perfecto. Severus se separó para poder tener una mejor postura para tocarle. Asió con ambas manos el trasero de Williams disfrutando de sus formas. Bill se quedó inmóvil mientras Snape satisfacía su curiosidad. El oscuro profesor sonrió y le robó un beso antes de volver a inclinarse contra la pared dejando a Williams una clara idea de lo que quería que pasara. Tras preparar su entrada Williams se introdujo en el con todo el amor que sentía; duro y cariñoso, todo a la vez.

Cuando salieron del agua y se recostaron el uno contra el otro, sobre la alfombra. Williams se estiró para agarrar la bola de cristal y la puso frente a ellos después de agitarla.

—¿Qué haces? —Le preguntó Severus.

—Tiene que estar a punto de amanecer otra vez. —Le dijo mientras agitaba el objeto.—Vaya, me he pasado. Casi se puede ver el interior de esa casa. Ahora.

Ambos contemplaron como el cielo se teñía con los colores del sol dando paso a otro día más… o no. Porque en realidad, aquella mañana que ambos compartían juntos no era simplemente un día más. Nunca si estaban juntos.

De vuelta al colegio ambos se detuvieron en el jardín de las rosas. Snape que durante todo el trayecto había ido cogido de la mano le soltó para adelantarse un par de pasos.

—Ven Bill...

Atravesaron los jardines donde las plantas parecían inclinarse a su paso. Rodearon la fuente y se detuvieron un instante.

Severus miró a uno y otro lado antes de sacar la barita y dibujar un amplio cuadrado en el aire. Mientras lo hacía murmuró unas palabras. Una imagen nítida del lago comenzó a pintarse en su interior. Asomándose ambos contemplaron como salían desde dentro de lago las últimas luces brillantes que danzaban sobre las aguas. Mientras lo contemplaban Williams se acercó hacia él.

Los ojos negros del profesor de pociones brillaban al reflejar la escena de luces intermitentes. El más joven lo llamó en un susurró y cuando sus miradas se juntaron Williams puso ambas manos sobre su rostro.

—¿Crees que funcionara aunque no estemos allí? —Preguntó Williams.

Sus labios se acercaron despacio. Bill ya notaba su aliento en la cara. No fue su primer beso pero sí el más dulce.

—Te quiero, Bill.

—¿Ron, por qué no miras por dónde vas? —Escucharon una voz desde la oscuridad.

—¿Y tú por qué no hablas más alto Harry?

Antes de que Snape pudiera decir algo Bill lo sujetó de la mano y tiró de él hacia el bosque prohibido.

—Casi los descubrimos. —Le dijo el pelirrojo a Potter.

—Cómo puedes decir eso Ron. Si no hubieran salido a toda prisa nos hubiéramos metido en un buen lío.

—¿Te has fijado en ella? Era muy alta y... —Exclamó Potter.

Algo en el suelo llamó la atención de Ron. Agachándose lo recogió. Era un pendiente con forma de colmillo. Uno igual al que llevaba su hermano.

Williams se acostó en la cama de Snape. Eran las diez de la mañana, pero le había convencido para que durmieran aunque fuera un rato. Tenerlo entre sus brazos era algo maravilloso. Ojala pudiera ser siempre así. Ojala.

Él más joven se durmió poco después, pero no tuvo sueño nada tranquilo.

Al principio no vio nada. Era como si alguien le hubiera vendado los ojos con tanta fuerza que solo viera puntitos rojos pero sentía una presencia tan maligna sobre su cabeza que tenía ganas de gritar. No podía moverse, pero no quería que a su hijo le sucediera nada. Cada vez se sentía más y más débil era como su vida se escapara de él. Se sentía morir, pero no quería que Snape y su hijo lo acompañaran. Tenía que salvarlos como fuera. La instancia se llenó de luz durante un instante y supo que todo había llegado a su fin