Holaaaaa, sólo unas palabras y ya, para que lean rápido. "Van a amar este capítulo"

P.D. Les gustará el Cap. 28.


— ¿Hammer no va a desayunar con nosotras?

Estaban en la mesa comiendo unos panqueques con zarzamoras y para beber, un delicioso licuado de mango. Su madre lo había preparado todo y como había tiempo de sobra para llegar, comieron con calma, aunque le extrañó no ver ahí al esposo de su madre quien usualmente nunca se perdía el desayuno.

—Tuvo que salir, estará fuera del país unos días.

Removió un poco su comida antes de atreverse a preguntar lo que pasaba por su cabeza.

— ¿Tú no irás con él?

Iduna supo leer entre líneas lo que su hija estaba tratando de decirle, entendía que estuviera temerosa al respecto, después de todo, ya la había dejado una vez en el pasado.

—No te voy a dejar —le aseguró.

Elsa trató de que no se notara el pálido rosa que habían adquirido sus mejillas al darse cuenta de lo obvia que fue y asintió satisfecha con la respuesta.

Suspiró, la verdad es que desde que despertó esa mañana se sentía muy cansada, pero estaba segura de haber dormido lo suficiente, a pesar de todos sus confusos pensamientos con respecto al tema que tanto la estaba molestando.

—Debo trabajar hoy hasta muy tarde, hay mucho trabajo pendiente.

—Está bien, mamá.

Dejó casi la mitad de la comida en el plato y se levantó de la mesa, ya no tenía hambre, en realidad sentía un poco de náuseas y evitó decírselo a su mamá para no preocuparla.

La señora la llevó en el coche hasta la escuela, no hablaron de mucho puesto que Elsa se iba quedando dormida con la cabeza recargada en la ventana. Iduna supuso que simplemente había tenido una mala noche.

Se despidieron y la platinada entró a su escuela con paso tranquilo. Ya los alumnos comenzaban a llegar y el bullicio incrementaba a cada paso que daba, en especial dentro del recinto donde el eco amplificaba los pasos y voces; eso le molestaba y no porque fuera una amargada, sólo que hoy no era un buen día, por alguna razón no terminaba de sentirse del todo bien. Y las nubes negras en el cielo tampoco ayudaban a que se sintiera mejor porque no podía dejar de recordar a Anna.

Llegó a su casillero y soltó un quejido mientras se encargaba de sacar las cosas y dejar dentro lo que no iba a ocupar en esos momentos. Oyó pasos deteniéndose junto a ella, pero no se movió, sabía que no era Anna, por lo tanto, no tenía porque huir ahora.

— ¿Qué pasa, Kristoff? —preguntó volteando a verlo al tiempo que cerraba su casillero.

—Quería hablar contigo porque… He estado hablando con Anna y…

—No intercedas por ella, Kristoff, esto no es asunto tuyo —lo interrumpió.

—Se vuelve mi asunto si involucra a dos de mis amigas —replicó—. Me gustaba más cuando se llevaban bien y podíamos salir todos juntos, ahora estás alejándote de nosotros otra vez y no quiero eso.

—Lo lamento, pero no puedo acercarme a Anna ahora.

— ¿Por qué no? ¿Qué te detiene? —preguntó, se veía enojado.

—Eso no te importa —le repitió.

Esta conversación la estaba cansando así que dio media vuelta y trató de irse, pero Kristoff le tomó el brazo para retenerla.

—No huyas, deja de hacer eso —dijo—. Sólo quiero lo mejor para ustedes.

— ¿Quién te crees? ¿Mi papá?

No podía zafarse del agarre de su amigo y deseó con todas sus fuerzas que el timbre no tardara en sonar para que por fin pudiera dejarla tranquila.

—Soy tu amigo y me preocupa tu actitud. ¿Por qué estás tan a la defensiva?

Elsa lo miró, ¿debería contarle? Kristoff también era su amigo y quizás así dejaría de molestarla, pero antes de que pudiera decir algo sonó el timbre y aprovechó su breve distracción para zafarse y caminar a su salón.

Al sentarse soltó un suspiro y le sonrió a su amigo quien la saludó desde la otra esquina. No tenían la suerte de estar cerca, pero al menos Rapunzel tampoco lo estaba y eso ya era ganancia para ella. En toda la clase no tuvo que hacer mucho esfuerzo para ignorar su presencia, el problema fue que tampoco podía concentrarse en todo lo demás por estar conteniendo las ganas de vomitar. Cuando llegaron a mitad de día y todos salieron a comer, Elsa se quedó ahí recostada en el banco.

Hans se sentó en el asiento frente a ella con los brazos apoyados en el respaldo y la movió, aunque al hacerlo se dio cuenta enseguida de que no estaba bien.

—Els —dijo con gesto de preocupación—. ¿Te sientes mal? Estás caliente.

Escuchó abrirse la puerta y vio entrar al rubio que sabía era amigo de Elsa, aunque él nunca le había hablado, esta vez merecía la pena decir algo por el bien de su amiga. Era evidente que ella no debería estar ahí sino en su casa, descansando.

—Hey —saludó Kristoff.

—Hola.

La platinada levantó la cabeza y miró a ambos chicos ahí.

— ¿Tienes algo más que decirme, Kristoff? —preguntó.

—No —respondió devolviendo la atención a la joven—. Es que no te veías muy bien cuando hablé contigo, quería ver cómo estás.

—Estoy bien.

—No, no lo está —replicó Hans—. Ayúdame a llevarla a la enfermería.

Tocó la frente de Elsa con la mano y comprobó lo que ya se imaginaba. Tenía fiebre.

—Vamos chicos, no hagan cosas innecesarias.

Pero Kristoff y Hans ya la habían tomado de los brazos y prácticamente la llevaron a rastras por los pasillos hasta la enfermería. Una señora de cabello castaño y lentes redondos se encontraba ahí sentada en el escritorio y haciendo anotaciones en unos papeles. Tocaron la puerta con los nudillos haciendo que levantara la vista.

— ¿Podría ayudarnos con nuestra amiga? Creo que tiene fiebre —dijo el pelirrojo.

—Claro —dijo levantándose—. Siéntate ahí, por favor.

Elsa obedeció y se quedó en la camilla que le había indicado dejando que tocara su frente y le pusiera un termómetro en la boca, normalmente no permitiría tanto toqueteo, pero estaba cansada y no tenía fuerzas para rebatir.

Kristoff y Hans seguían ahí esperando para asegurarse de que estuviera bien, ni siquiera les importó que el timbre sonara dando por terminada la hora de comida.

—Deberían volver a sus clases —les dijo.

—Prefiero no hacerlo hasta saber qué tiene —respondió Kristoff.

—Yo igual.

—Nada de eso, ella estará bien. Vamos.

Hans suspiró y se acercó a Elsa dándole un beso en la frente, no era típico de él aquel gesto, pero estaba preocupado en esos momentos.

—Cualquier cosa me llamas.

—A mí igual, Elsa.

Ella asintió.

Cuando se fueron, la enfermera retiró el termómetro y negó con la cabeza.

—Esto no me gusta, tienes cuarenta grados. Puedo darte algo mientras tanto, pero tendrás que ir al doctor en cuanto salgas.

Elsa asintió, aunque en realidad no pensaba hacerlo. Sólo quería descansar, seguro que después de eso estaría bien, no se sentía especialmente mal, a excepción del cansancio y las náuseas.

La enfermera le dio una pastilla y un vaso de agua que ella tomó sin dudar.

— ¿Puedo quedarme un rato aquí?

—Por supuesto, no pensaba permitir que te fueras. —Suspiró—. Será mejor que llames a alguien para que venga por ti.

—De acuerdo.

Sacó su celular y lo pensó un segundo, su madre no estaba en casa y había dejado claro que llegaría tarde, su padre estaría trabajando y a su nana no quería preocuparla, Hans y Kristoff seguían en clase. Terminó marcando el número de Kai, seguramente no le molestaría llevarla a casa de su madre. Unos minutos después el chófer había quedado en ir a recogerla.

Elsa se recostó en la camilla y cerró los ojos un rato. Tampoco había dicho nada a la enfermera sobre sus ganas de vomitar, pero no tenía caso, si iba a su casa podría dormir y olvidarse de sus síntomas por un rato.


Anna estaba en clase prestando atención a lo que decía el maestro, aunque de vez en cuando se distraía viendo por la ventana, el cielo estaba gris y tenía miedo de que fuera a soltarse a llover antes de que pudiera llegar a su casa. Por alguna razón, si Elsa no estaba con ella los pensamientos tristes de aquel día hace tantos años, regresaban a su memoria con más fuerza. Este clima la ponía nostálgica.

Estaba pensando en eso cuando fijó su vista en el portón, la distinguió incluso a la distancia, su cabello era muy llamativo como para ser pasado por alto. ¿Qué hacía saliendo de la escuela ahora? Kai estaba ahí y lo vio abrirle la puerta antes de que ambos se marcharan en el auto que tantas veces habían usado para ir juntas a casa.

Se puso inquieta hasta que recordó que Elsa todavía no quería saber nada de ella, así que buscarla no tenía caso. Rapunzel se acercó a ella en la salida y Anna le tomó la mano dedicándole una sonrisa que ella devolvió.

— ¿Quieres ir a mi casa? Podemos ver Netflix y comer golosinas.

—Me encanta el plan —respondió Anna.

Estaban por salir de la reja cuando escuchó que alguien gritó su nombre y ambas se detuvieron girando a tiempo para ver al pelirrojo acercarse al trote hasta ellas.

— ¿Puedo hablar contigo, Anna? —Vio a Rapunzel de reojo—. A solas.

Anna notó que eso no le agradaba a su novia, se acercó a ella un poco más y le habló despacio, casi al oído.

— ¿Puedes dejarnos un segundo? Puedes ir al carro mientras tanto, sólo lo escucharé y reanudaremos nuestros planes para hoy, ¿sí?

Ella bufó, pero no se negó y terminó marchándose dejándolos solos. Hans parecía incómodo y ella también lo estaba, pocas veces había hablado con él y sabía de antemano cuál era su único tema de conversación por eso aceptó escucharlo.

— ¿Y bien?

—Bueno, te dije que yo te avisaría cuando fuera un buen momento para hablar con Elsa.

Anna se sorprendió y la emoción comenzó a abrirse paso.

— ¿Ahora?

Él asintió.

—Elsa se fue temprano a casa porque no se siente bien. —Un trueno distrajo por un segundo la atención de Anna hasta que volvió a escuchar su voz—. Está en su casa y no podrá evitar que hables con ella porque no tiene la energía para hacerlo.

Se encogió de hombros dejando la decisión en sus manos. La pecosa parecía más preocupada por el cielo que por Elsa, pero sus pensamientos no se alejaba de la chica, en especial después de escuchar que estaba enferma.

— ¿Ella está bien?

—Eso creo, pero estoy seguro que no querrá ir al doctor y va a necesitar alguien que la cuide.

— ¿Qué hay de su mamá?

—Elsa dijo que debía trabajar hasta tarde.

Anna sonrió un poco, pero no de felicidad.

—Elsa te cuenta todo, ¿no es verdad?

Hans amplió su sonrisa encontrando un hilo de donde tirar para molestarla y quizá conseguir que fuera a casa de su amiga cuanto antes pues no le gustaba que estuviera sola en esos momentos. Iría él mismo a cuidarla, pero quería que Anna estuviera con ella y hacer que por fin Elsa se enfrentara a sus sentimientos de frente, aunque fuera haciendo trampa ahora que no estaba en posición de oponer demasiada resistencia.

— ¿Celos?

—Por supuesto que no —se quejó—. ¿Por qué habría de molestarme que Elsa te diga todo a ti?

—Pues porque soy importante para ella y tú quieres serlo también, pero si no logras acercarte a ella no lo vas a conseguir.

Anna lucía molesta y supo que había dado en el clavo. Sonrió divertido. Tal vez Elsa no debería sentirse tan mal por tener sentimientos por su hermanita si ésta deseaba lo mismo. No estaba seguro, claro, pero intuía que no se estaba equivocando al pensarlo, la importancia que esta niña le daba a Elsa, era más que una simple relación fraternal, tal vez por eso la novia se llevaba tan mal con su amiga, es posible que tuviera sus sospechas.

— ¿Y eso a ti porque te importa?

—Ya te lo dije, lo hago por ella. Me cuenta todo, ¿recuerdas? Así que conozco mejor que nadie lo que significas para ella, por eso prefiero que vuelvas a su vida. —Se encogió de hombros—. Pero es tu decisión si vas o no, yo no voy a intervenir una segunda vez.

Se alejó sin quitar la sonrisa, por la expresión en el rostro de Anna sabía que mordería el anzuelo.

La pecosa llegó al auto de Rapunzel todavía con las palabras de Hans en la cabeza, él había insinuado que a Elsa le importaba, o al menos eso fue lo que ella entendió y le gustaría saber si era verdad, pero quedó de salir con su novia y no podía simplemente irse ahora después de la conversación con el chico porque atar cabos no sería difícil y enseguida descubriría sus intenciones. De modo que, se dejó guiar al interior de la casa e hicieron justamente lo que tenían planeado, encendieron el televisor y buscaron una buena película en Netflix a la que trató de prestar toda su atención, pero sin poder evitarlo miraba la hora cada cinco minutos.

Rapunzel era muy paciente con ella, lo sabía, es decir, siempre trataba de portarse bien con Elsa, a pesar de que no le caía bien, y todo para que ellas dos no terminaran peleando. Le daba más importancia a su relación que a cualquier otra cosa y Anna trataba de hacer lo mismo, de darle prioridad a su novia, normalmente esto no le suponía ninguna dificultad porque la quería, pero cuando algo involucraba a Elsa, no podía dejar de pensar en eso y terminaba ignorando con quién estaba, como ahora. A veces su novia la notaba distante, se lo hizo saber en varias ocasiones y en todas esas veces, casualmente, siempre era la platinada quién se encontraba en su mente.

— ¿Quieres ver otra? —le preguntó Rapunzel sacándola de sus cavilaciones.

Ni siquiera había notado que la película terminó.

—Sabes, me encantaría, pero tengo que estar temprano en casa.

— ¿Por qué? Me gustaría que te quedaras un poco más —dijo sosteniéndola de la cintura.

Anna sonrió y le dio un beso en la comisura de los labios.

—Lo haría, pero desde que le conté a mi padre lo nuestro se pone un poco más estricto con los horarios.

Eso no era del todo falso, aunque no era a su casa a donde tenía planeado ir una vez que saliera de ahí. Quería hacer caso al consejo de Hans y hablar con Elsa ahora que no podría rechazarla, aunque también necesitaba ver que estuviera bien, comprobarlo por sí misma.

—Bien, si no hay más opción… Te llevaré a tu casa.

Anna la volvió a besar mientras pensaba alguna excusa con la que pudiera negarse.

—No es necesario, tengo ganas de estirar un poco las piernas. —Sonrió—. Además, había olvidado que vería a Kristoff en Starbucks, él me llevará a casa.

— ¿Estás segura que estarás bien yendo por tu cuenta? Creí que tu padre…

—Rapunzel —le cortó ella—. Mi padre me pide volver pronto cuando se trata de ti porque sabe lo que podríamos hacer.

La chica se puso roja y asintió.

—De acuerdo, te acompaño a la puerta.

Cuando salió las copas de los árboles se mecían con el fuerte viento y las nubes negras casi estaban sobre ellas, en otras circunstancias habría aceptado el ofrecimiento de Rapunzel, pero por ahora tendría que tragarase el miedo y tratar de llegar lo más pronto posible a casa de Iduna. Por suerte, o por desgracia para Rapunzel y Elsa, sus hogares no quedaban tan retirados el uno del otro.

Caminó a paso acelerado y cuando sintió la primera gota de agua comenzó a correr, aunque ni así pudo evitar que la lluvia la alcanzara. Su plan no era llegar a casa de Elsa totalmente empapada, sin embargo, eso fue justo lo que ocurrió, para cuando llegó y tocó la puerta no había nada en ella que no estuviera mojado, las gotas resbalaban por su rostro y, aunque el rellano de la casa ahora la cubría, había dejado un pequeño charco de agua a sus pies.

Tocó por segunda vez un poco más fuerte y por fin escuchó ruido dentro. La puerta se abrió dejando ver a una Elsa despeinada, con las mejillas sonrojadas y como única vestimenta una amplia camiseta. Parecía confundida.

Las mejillas de Anna se tiñeron de rojo por la vergüenza, la chica daba muestras de que no importaba su semidesnudes, le gustaría que para ella también fuera tan sencillo ignorarlo, en lugar de eso se quedó callada, observando.

— ¿Qué haces aquí?

—Escuche que estabas enferma y vine a verte —explicó.

—Estoy bien —recalcó. Anna abrió la boca dispuesta a rebatir, pero Elsa no había terminado y la interrumpió—. Entra, estás empapada y no quiero que vayas a enfermarte.

Esa pequeña muestra de preocupación la hizo sonreír como idiota y asintió mientras la seguía al interior de la casa. No se detuvieron, siguieron de largo por la sala subiendo las escaleras y llegaron hasta una habitación que supuso, debía ser la de Elsa. No le sorprendió que careciera de fotos, pósters o cualquiera de esas cosas que encuentras en una habitación adolescente, aunque sí que abrió los ojos cuando notó que Elsa guardaba el regalo que le hizo hace dos años.

La platinada la dejó curosear mientras sacaba algo de ropa de su armario —ahora que ya toda estaba pulcramente doblada dentro—, buscando lo que pudiera quedarle a la pecosa. No fue muy difícil ya que ambas tenían complexiones y estaturas parecidas, si bien Elsa le sacaba unos centímetros, eso serviría de ayuda para que su ropa no le viniera pequeña.

Al final optó por una camisa azul que tenía estampado un muñeco de nieve y un short color crema que a ella solía llegarle sólo un poco más abajo del muslo.

Anna la observaba de pie desde el centro de la habitación para no empezar a mojar todo el lugar. Vio que Elsa se acercó y le dio algunas prendas indicándole dónde estaba el baño para que pudiera cambiarse.

Ella entró y cerró la puerta todavía sin poder creer que estuviera haciendo todo eso por ella, quizá realmente estuviera muy enferma, por más que decía estar bien, sabía lo obstinada que podía llegar a ser.

Notó que Elsa le había dado incluso un cambio de ropa interior, aunque tendría que optar por no usar el sostén, en eso no se parecían, al parecer ella estaba dos tallas por encima y si lo usaba de todos modos, se vería ridículo el no poder llenarlo. No podía usar el suyo tampoco porque estaba empapado, pero poco le importó salir sin él. Llevaba la ropa húmeda sobre el brazo.

—La llevaré a la lavandería y en cuanto se seque podrás irte. Espera aquí.

Eso la entristeció, ella no quería irse todavía, tenían que hablar sobre muchas cosas, empezando por aquella escena que tanto había arruinado su relación. La esperó sentada sobre la cama, su cabello todavía estaba mojado, pero al menos ya no escurría.

Cuando Elsa volvió lucía muy cansada, como si su sola presencia la estuviera agotando. Se acercó a ella tocando su frente y supo que Hans tenía razón, estaba enferma e iba a necesitar quién la cuidara. Ahora con mayor razón no planeaba irse. Para empezar, ya era bastante extraño que la hubiera dejado tocarla así sin más.

—No estás bien, tienes fiebre.

—Es menor que antes. No me pasa nada, sólo necesito dormir.

—Elsa, por favor, tu salud me importa.

La tomó del brazo y la arrastró hasta la cama donde Elsa se metió sin objeción acurrucándose, con la almohada. Se sentó a su lado y pasó la mano por su cabello, apenas rozándolo con la punta de los dedos.

—Elsa. —Ella no dijo nada y Anna la tomó como una invitación para continuar—. Lamento ser… Así. No me avergüenzo de ello, pero tampoco quería perderte sólo por eso.

—Está bien.

¿Qué? ¿Acaso había escuchado mal? Llevaba enojada con ella todo ese tiempo, ¿y ahora simplemente le decía que estaba bien?

—Pero… Tú me odias por eso.

—No lo hago, sólo odio que estés con Rapunzel —admitió, pareció darse cuenta de lo que decía y agregó—: ella no me gusta para ti.

— ¿Estás enojada sólo porque odias a la persona con la que decidí salir?

—Sí.

Anna había dejado de acariciarle el cabello y la miraba sin poder creer sus palabras, pero intuía que eran verdad porque ahora estaba más roja que antes y sabía que nada tenía que ver con la fiebre. Agradeció mentalmente a Hans por haberle avisado que estaba bien hablar con ella en esos momentos.

— ¿Entonces no me piensas perdonar eso? —preguntó recargando su peso en el cuerpo de Elsa.

La platinada la miró a los ojos un segundo antes de volver a desviar la vista y suspiró tratando de tranquilizarse. Pensaba echarla, pero afuera el cielo seguía cayéndose y no era tan cruel, en especial tratándose de ella.

—Sí. Sólo olvídalo.

Anna se recostó a su lado viéndola a los ojos, separadas por apenas unos centímetros. El corazón de Elsa no soportaría tanto, quiso levantarse enseguida, pero cuando estaba por hacerlo, la chica pareció darse cuenta de sus intenciones o tal vez no, pero terminó pasando el brazo por su cintura. Esto no ayudaría a bajar su fiebre.

— ¿Volverás a casa?

—No puedo, Anna. Yo le dije a mi mamá que viviría con ella y pienso quedarme aquí.

Eso pareció entristecerla, casi por reflejo le acarició la mejilla con su mano.

—Puedes… Venir siempre que quieras.

— ¿De verdad?

—Mientras vengas sin compañías desagradables, sí.

Anna soltó una risilla.

— ¿Me puedo quedar contigo hoy?

Elsa asintió y esa fue la señal que la pecosa necesitaba para salir de la cama e ir por agua fresca y un paño porque antes que cualquier cosa, tenía que bajarle esa fiebre a como diera lugar.

Pasó ahí toda la tarde, al fin cerca de las ocho la fiebre había disminuido considerablemente y ya no tenía náuseas, aunque Anna no dejó que se levantara de la cama todavía y volvió a acostarse a su lado para persuadirla.

Pasaron así un rato hasta que la pecosa se quedó dormida y Elsa aprovechó esto para observarla sin reparamientos y constató, muy a su pesar, que las palabras de Hans eran verdad. Le gustaba.

Sólo tuvieron una interrupción en toda la noche que fue el momento en que Iduna llegó y decidió pasar a ver a su hija, Elsa abrió la puerta a medias y le sonrió.

— ¿Estabas dormida?

Anna sí lo estaba. Había caído ante el sueño como una hora antes.

—No, pero… Anna vino de visita, mamá, se quedará a dormir, ¿te molesta?

—Claro que no. Las voy a dejar dormir entonces, te amo, cariño —se despidió dándole un beso en la frente.

Elsa volvió a la cama y se quedó lo más cerca posible de Anna, no tardó mucho rato en caer ante Morfeo ella también. Era más fácil dormir cuando ella estaba cerca.


Respuestas a los reviews.

miguel-puentedejesus: Seguro este capítulo te gustó más que el anterior, o al menos eso espero uwu

Chat'de'Lune: Tienes un buen punto sobre eso, pero bueno, Elsa sí se está metiendo en problemas con sus propios sentimientos.

Te fallé con la edad del hielo, espero que te haya gustado de todos modos porque ya de ahora en adelante se viene el Elsanna con todo.

¡Un abrazo!

runcatrun: Rayos jaja debí pensar mejor esa parte, pero total, que lo verdaderamente importante aquí es que Elsa descubrió sus sentimientos ya. jaja esos amigos son los buenos. Gracias por tu sobor... ¡EJEM! Comentario :3 Creo que no me tardé tanto y planeo seguir así de ser posible. Saludos.

Deylis leon: jajaj sí, en este fanfic es muy buen amigo y pues ya la realidad le pegó duro a Elsa xD

elsii: Tranqui, créeme que las cosas están a un suspiro de ponerse más interesantes, por fin pasaremos al verdadero Elsanna. Saludos para ti :3

Jenn: jaja no, sólo es su amigo, el que la ayuda con todo y la seguirá ayudando.

Déjame decirte que tal vez Anna escuchó la mitad de tu comentario anterior xD Fue con Elsa, pero no ha dejado a su novia, no por ahora jaja