Disclaimer: No me pertenecen ni los personajes, ni los lugares, ni ciertas partes de la trama. El saldo de mi cuenta bancaria sigue siendo igual de miserable después de publicar y no creo que mi imagen se revalorice con esto.
TILL DEATH DO US PART
Previously, en Till Death Do Us Part: Los alumnus de Hogwarts disfrutaron de una excursión en Hogsmade, donde Marlene, Lily y los Merodeadores estuvieron patrullando para la Orden y poniéndose al día. Las cosas entre Marlene y Remus siguen tensas, y Sirius empieza a estar un poco desquiciado. Lily se ve sorprendida por Snape y no acaba de entender lo que su examigo quiere decirle. Una pintada horrible apareció en la puerta de entrada a la Torre de Gryffindor.
And that's what you missed on "Till Death Do Us Part".
26. Un lunes no hace Pascua
Soundtrack: Runaways- The Killers / Radiohead- Creep (lo sé, no estoy de muy buen humor ;))
El traqueteo de las ruedas de hierro sobre las vías se volvió más lento y Lily levantó la vista del libro de transfiguración. Las primeras luces amarillentas de los barrios de la periferia de Londres estaban muy cerca. Miró la hora en el reloj de su muñeca, sorprendida por lo rápido que se le había hecho el viaje, y cambió de postura en el asiento.
A su lado James protestó. Dormido contra la pared del compartimento, las gafas colgaban de su nariz cómicamente. Lily suprimió una carcajada para no despertarle y le colocó las gafas con delicadeza.
Pese a que James se había quedado dormido apenas habían salido de Hogsmeade, Lily no se había aburrido durante el viaje. De hecho, las horas de silencio y tranquilidad habían tenido un efecto terapéutico para sus nervios, bastante alterados durante el último mes.
La pintada que había aparecido en la Torre de Gryffindor, junto al último y polémico partido contra los Slytherin, habían encendido la mecha de una de la peores épocas que recordaba en la escuela. Las vendettas pequeñas, y no tan pequeñas, no habían dejado de sucederse en las últimas semanas, y como resultado se habían doblado el número de castigos y de visitas a la enfermería.
Sin ir más lejos, la semana pasada Hestia Jones, la chica de Hufflepuff que había sido atacada por los mortífagos en Hogsmade, había dejado inconsciente a Drill, uno de los cazadores del equipo de Slytherin, después de que él intentase encantarla. Y había dejado de contar las veces que alguno de los chicos se tenía que quedar fregando calderos o escribiendo frases de castigo después de un encuentro verbal desafortunado con alguno de los Slytherin.
Por supuesto todos los profesores habían sido muy claros respecto a la política de tolerancia cero hacia ese comportamiento, pero Lily sabía que estaban preocupados porque todo se acabase saliendo de madre. Ella y James habían intentado hablar con los prefectos, pero tampoco estaba convencida de que hubiese servido de nada. La tensión en las últimas reuniones se podía cortar con un cuchillo, y más a raíz de que Regulus Black y Charles Simmons estuvieran a muy poco de acabar a puñetazos después de un comentario malintencionado del Slytherin hacia Stephie King, que como Lily, era hija de muggles.
Miró de reojo a James e inspiró. Él había sido su mayor apoyo esas semanas, y sabía lo difícil que era para él y lo poco que iba con su carácter el tener que ser la figura madura y responsable que pone orden, reprimiendo las ganas de maldecir hasta quedarse afónico a Mulciber, Travers, Evans y todos los que seguían empañados en instaurar un pequeño régimen del terror en Hogwarts.
Suspiró. Quizás estaba confundida; James sabía cómo hacerse escuchar, cómo convencer a la gente y calmar los ánimos. El seguirle viendo como el pequeño gamberro que intenta llenar unos zapatos grandes era un gran error y debía empezar a darse cuenta del hombre maravilloso en que James se estaba convirtiendo...
Se sentía tan sobrepasada por lo que sentía por él que a veces se le hacía difícil respirar y seguir actuando de manera normal. Cada día la sorprendía más, le hacía quererle más y verse más irremediablemente ligada a él. Una sensación en el estómago parecida a lo que se siente en una montaña rusa, le hizo apartar la mirada y cerrar con ímpetu el libro que seguía abierto sobre sus rodillas.
El ruido despertó al chico, que después de parpadear aturdido y mirar por la ventana, le dedicó una de sus sonrisas encantadoras a la que ella respondió automáticamente.
- Buenos días. O buenas tardes.
- ¿He dormido mucho?- preguntó él, estirando los brazos y emitiendo pequeños gruñidos. Dormir apoyado contra una pared no era demasiado cómodo.
- Estamos casi en Londres. Has dormido prácticamente todo el camino. Una compañía fantástica.
Él se rió.
- Estaba cansado.
- No me mires con ojos de cervatillo, James. Hueles a juerga, a tabaco y a whisky, literalmente- Lily enarcó las cejas- Supongo que es lo que tengo que entender cuando me digas que vas a pasar una tarde tranquila con los chicos.
James la deslumbró con otra de sus sonrisas y se inclinó para darle un beso rápido en los labios.
- La cosa se lió- dijo levantándose y mirando por la ventana- Pero si te sirve de consuelo, no fumé y apenas bebí. Sólo un par de chupitos para hablar con la camarera nueva de las "Tres Escobas"…
Lily le lanzó una mirada de incredulidad.
- Sí, eso me deja mucho más tranquila.
- Sirius quería ligársela, estuvimos contándole algunas aventuras… No pongas esa cara. No viniste porque no te dio la gana.
- A diferencia de ti, creo que la norma de no salir de la escuela es eso, una norma. No una orientación que puedes interpretar como te convenga- contestó la chica con altivez, volviendo a abrir su libro- Creo que voy a tenerme que buscar un novio con un poquito más de respeto por la autoridad.
James levantó una ceja y le apartó el libro. Luego se inclino hasta que sus frentes casi se tocaron. Ella empezó a pestañear rápidamente, con anticipación, y se dio un puñetazo mental por ser tan vulnerable a sus encantos.
- Sí, un repeinado como Volmer o Cresswell, ¿verdad?- murmuró él, sonriendo de forma peligrosa- Vamos Lily, los dos sabemos que por mucho que digas, a ti lo que te va es la marcha…
La chica se puso roja y le apartó de un empujón mientra él se reía. Se sentó a su lado y la tomó de las manos; ella forcejeó sin demasiado entusiasmo, cediendo al final a sus brazos.
Empezaron a besarse entre risas, cada vez con más intensidad, hasta que las risas se acabaron para dar paso a las respiraciones entrecortadas por sus labios. James la abrazó y la acomodó encima de su regazo, ganando acceso directo a su cuello y al punto sensible entre la línea de su mandíbula y el lóbulo de la oreja, que empezó a besar con una dedicación deliciosa. Lily suspiró y se giró con avidez, sentándose a horcajadas sobre las piernas de James, las manos de él en su espalda, en sus muslos, en toda ella. Siguieron besándose, cada vez más cerca, cada vez más sedientos del otro y de su proximidad.
Lily se sentía lejos de su cuerpo, lejos de lo que hubiese pensado de todo aquello tan solo cinco minutos antes, de esa energía descontrolada que dejaban libre cada vez que estaban juntos y cerca, demasiado cerca. Pero en ese momento, con las manos suaves de James acariciando la piel delicada de debajo de su sujetador, todo aquello parecía no tener la más mínima importancia.
El silbato que anunciaba la llegada del tren a la estación les devolvió a ambos a la realidad rápidamente. Lily se levantó casi saltando, tropezando en su empeño con las piernas de James, que la ayudó a ponerse de pie. Sonrojada se giró y empezó a arreglarse la ropa con discreción.
Tenían suerte de que fuesen muy pocos los alumnos que iban a casa a pasar la Semana Santa. No se quería ni imaginar el espectáculo que le hubiesen dado gratuitamente a cualquiera que se le hubiese ocurrido asomarse a su puerta.
- Deberíamos haber bajado los malditos baúles antes- protestó en un susurro mientras se ponía de puntillas para alcanzar el baúl, cada poro de su espalda consciente de la presencia abrumadora de James detrás de ella.
Él, que no se había molestado demasiado en arreglarse, se puso a su lado y bajó el baúl con facilidad.
- Si llego a saber que esto era lo que me tenías preparado para el viaje en tren, no me hubiese dormido- le dijo en un susurro mientras sus ojos se volvían a encontrar. Atrapó su mano para evitar que Lily le diera un golpe en el brazo- ¿Ves como te va la marcha?
Lily frunció el ceño pero aceptó el beso rápido de James antes de seguirle hacia el andén. Se colocó bien el gorro de lana, el frío aún se resistía a dar paso a la primavera.
- Eres un sinvergüenza, Potter- dijo poniéndose a su lado, después de cruzar la barrera mágica que les dejaba en la abarrotada estación de King's Cross.
- Ya. Menos mal- contestó él guiñándole un ojo y haciéndola sonreír. Luego suspiró al hacer chocar el carrito donde habían puesto los baúles contra una columna- ¿Por qué mierdas no nos dejarán aparecernos directamente en mi casa?
- Son normas del Ministerio, James. Prefieren que los estudiantes lleguemos por medios convencionales a casa- explicó Lily con paciencia, aunque a ella tampoco estaba demasiado de acuerdo. El Ministerio tenía razón en querer que los alumnos llegasen y se fuesen de forma homogénea del castillo, pero ése día apenas 20 personas habían tomado el tren, y hubiese sido más fácil y cómodo usar la red Flu o aparecerse de manera supervisada.
- El puto ministerio- murmuró James, chasqueando la lengua- ¿Han escrito más mierda hoy en "el Profeta"? ¿Más desapariciones misteriosas, más asesinatos que no son capaces de resolver? ¿Algún miembro notable descubierto balando como una oveja en su despacho?
- Creo que lo de balar fue un caso aislado. Y es mucho mejor eso que no que los Imperus les salgan bien, la verdad…- ofreció Lily con un suspiro, recordando perfectamente el caso al que se refería James. Un miembro de la comisión de Riesgos Mágicos había aparecido en su despacho masticando pergamino a cuatro patas; aún seguía en San Mungo, intentando comerse las sábanas de la cama.
- Tienes razón- James la tomó del brazo y le dio un beso en la cabeza- Vamos a olvidarnos un poco de eso y a celebrar que tenemos dos días para nosotros ¿vale?- ella asintió esforzándose por sonreír- Voy a comprar los billetes, ¿Quieres llamar a tu hermana mientras tanto?
Minutos después Lily se le unía en la cola delante de las taquillas.
- ¿Has hablado con Petunia?
- Más o menos- se encogió de hombros- Le he propuesto quedar para cenar los cuatro, y no ha parecido muy entusiasmada con la idea. Está muy ocupada y dice que llevar todo el papeleo de la herencia a un restaurante no le parece adecuado. Pero la he convencido.
- Lily…- empezó a decir James.
Ella le hizo un gesto para que no siguiese. Era consciente de que a él no le agradaba Petunia, y eso que sólo sabía de su hermana lo que le había contado ella misma. Sin embargo, era su única familia, y quería presentarle a James. Con suerte, a lo mejor se alegraba por ella… no tenía demasiadas esperanzas puestas en ello, de todos modos.
Sacó de su bolso una coca-cola y una bolsa de muffins de chocolate que acababa de comprar en la tienda de la estación.
- Supuse que te estabas muriendo de hambre- dijo dando por zanjado el tema y tendiéndole las provisiones.
- Eres la mejor- respondió James dándole un bocado a un muffin.
- Y tengo otra cosa para ti. Tu regalo de cumpleaños con un poco de adelanto- dijo dándole un sobre- Son entradas para ir a ver un musical, "Cats".
James se atragantó e hizo una mueca de desconcierto, cogiendo el sobre como si le fuese a morder.
- ¿Es esto una venganza por lo de las entradas de Quidditch para tu cumpleaños?
Lily se rió.
- Puede. Aunque también puede que tenga algo más pensado- añadió en un susurro, dándole una palmada en el trasero, justo cuando James iba a pedir los billetes de tren.
La chica de la taquilla observó desconcertada como el chico de ojos risueños se volvía a atragantar y luego se echaba a reír de forma descontrolada.
Lily hizo una mueca de satisfacción. Se alegraba de comprobar que ella no era la única que tenía las rodillas flojas y el pulso acelerado en esa relación.
Ser un descarado no era marca registrada y única de James Potter.
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Sirus gruñó sonoramente, de nuevo, y Mary exhaló su suspiro número veintisiete de la tarde. Remus los estaba contando. A esa hora, justo después de cenar, la biblioteca estaba llena y sus compañeros no les estaban mirando con expresiones precisamente amistosas; pero tanto Sirius como Mary parecían ajenos al desagrado que sus expresiones de disgusto estaban generando.
Remus le dio un codazo a su amigo, que se revolvió con malestar desproporcionado.
- ¿Qué?- protestó Sirius en un susurro.
- Que dejes de comportarte como una novia plantada, pesado- le contestó Mary mirándole con dureza por encima de su gafas, en el mismo tono que había empleado el chico- James no está, y nosotros estamos estudiando. Así que deja de joder y cállate o vete con Pettigrew a jugar a Quidditch.
- Me paso todas las putas tardes jugando a Quidditch. Estoy harto- murmuró- Además, la última vez que lo comprobé la biblioteca no era tuya. Puedo hacer lo que me salga de los huevos.
Mary inspiró y apretó los labios en una fina línea, conteniéndose para no contestar. Si empezaba, estaba segura que la acabarían echando.
Los demás estudiantes estaban empezando a toser y a mirarles con ojos acusadores, molestos por el ruido.
- Si no quieres estudiar ¿Qué mierdas haces aquí?
- Mirar lo guapa que estás con esas gafas de culo de vaso bajo la iluminación amarillenta de las velas- contestó Sirius con una sonrisa de autocomplacencia.
- ¡Dejadlo ya!- Remus suspiró y se dejó caer en la silla- Nos van a echar.
- ¡Ojalá!... – murmuró Sirius- ¡Joder, eso ha dolido!
Mary sonrió como si acabase de recibir un cumplido y se apartó un poco de la mesa para no recibir réplica a la patada que le acababa de dar a su compañero. Un chico de Ravenclaw pasó por delante de su mesa y les miró como si le hubiesen ofendido personalmente, de gravedad.
- ¿Ves lo que has conseguido?- le reprochó Sirius a Mary.
Ella siguió escribiendo en su pergamino como si el asunto no fuese de su incumbencia.
Remus se levantó de su silla y les miró a ambos como un padre sobrepasado por las peleas de sus hijos.
- Voy a buscar un libro. Espero que cuando vuelva o estéis callados o Mme Pince os haya dado la patada en el culo que os merecéis.
Hizo caso omiso a las quejas de Mary y a los insultos de Sirius susurrados a sus espaldas. Estaba más que curtido en las peleas de esos dos, pero echaba de menos la presencia taimada de Lily y la serenidad de Marlenne en esas situaciones.
Aunque siendo sincero, echaba de menos a Marlenne en general, no sólo para lidiar con el humor voluble y afilado de Sirius. Efectos secundarios de su desafortunada pero más que necesaria charla del día del partido, suponía.
Entendía por qué Marlenne le evitaba, y casi hasta lo prefería, pero no por eso dejaba de doler, ni dejaba de quitarle el sueño algunas noches, cuando su resignación flaqueaba y se enfadaba con el mundo y consigo mismo por todo lo que era insalvable.
Como una broma de mal gusto del destino, o una invocación de su subconsciente, Marlenne apareció, de pie y sola, en el pasillo de libros que había elegido para huir momentáneamente de Mary y Sirius. Se habían visto y ninguno de los dos tenía posible escapatoria, al menos educada y cordial, para evitar hablar.
- Hola Mar.
Ella sonrió y dejó en la estantería el libro que estaba consultando.
- Buenas- susurró ella como respuesta, apenas aguantando su mirada unos segundos y girándose- Nos vemos.
- No hace falta que te vayas- Remus la detuvo con un toque leve en su brazo, al que ella respondió apartándose, como si la hubiese quemado. Hizo un esfuerzo para que sus emociones no traicionasen su máscara de serenidad- sólo estaba paseándome para descansar un rato de Mary y Sirius. Cambio de pasillo y te dejo tranquila.
Marlenne se mordió el labio y tironeó de las mangas de su jersey, indecisa y avergonzada por su reacción. Remus sintió un pinchazo en el corazón; hiciese lo que hiciese era inevitable hacerla sufrir.
- Perdona- murmuró ella, como si le costase hablar- Siento mi… comportamiento. No es… fácil-acabó con un suspiro.
Remus metió las manos en los bolsillos.
- Tranquila. Tienes todo el derecho a ser todo lo difícil que quieras.
Ella clavó sus ojos azules y llenos de resentimiento contenido en los de Remus. La sangre le hervía en las palmas de las manos, y sentía la cabeza tan ligera que temía desmayarse en cualquier momento. No entendía nada; ¿Cómo demonios podía estar tan tranquilo delante de ella? ¿Tan sumiso, tan educado, tan dispuesto a perdonarla por hacerle un desplante detrás de otro? ¡Claro que tenía derecho a estar dolida, pero por qué él no reaccionaba! ¿Tan igual le daba absolutamente todo?
- Gracias por tu magnanimidad- murmuró entre dientes, conteniendo las ganas de gritar y pegarle con uno de los libros en esa cabezota fría e imperturbable.
Los ojos de Remus brillaron de nuevo, pero la chispa fue tan breve y tan tenue que Marlenne no pudo discernir si había sido algún tipo de emoción o el simple reflejo de las velas.
- Creo que cambiaré de pasillo- contesto el chico tras unos segundos de silencio.
- Sí, y a ver si en ese otro pasillo encuentras un poco de espíritu.
Remus ladeó la cabeza, decidido a no responder, aunque no podía evitar que con cada frase y gesto hiriente su interior se incendiase, como si estuviese impregnado de pólvora seca.
- Sé que si hablas así es sólo porque estás muy enfadada conmigo, y lo entiendo. Pero tú no eres así.
Marlenne se acercó un paso más a él, el mentón en alto y los brazos en jarra. Si lo hubiese visto desde fuera, a Remus casi le habría hecho hasta gracia; incluso él que no era ningún portento físico tenía que agachar la cabeza para encontrarse con sus ojos feroces.
- ¿Ah sí? ¿Y cómo soy?- murmuró ella, su aliento dulce cerca de su barbilla, su presencia dejándole de repente privado de su determinación.
Remus sólo fue capaz de darse cuenta de lo rápida que se había vuelto su respiración y como todo lo que veía, excepto el rostro de Marlenne, se desdibujaba en una espiral de colores sin sentido. Un segundo después ella le había atraído por el cuello de la camisa y sus labios estaban unidos, reaccionando enseguida al contacto del otro, incluso antes de que ellos mismos se diesen cuenta de lo que estaba pasando.
El licántropo cerró los ojos y en su interior sólo había una luz roja cegadora y un pitido constante y atronador que le advertía que aquello estaba mal, que se estaba cargando todo el control que había conseguido establecer a su alrededor, pero sólo respondió estrechando la cintura de la chica y haciendo inexistentes los centímetros que separaban sus cuerpos.
Marlenne le tomó por el cuello, ganando un mejor acceso a sus labios y profundizando el beso. Un golpe seco en la espalda le hizo darse cuenta vagamente, de que estaba apoyada contra una de las estanterías y a punto de perder el equilibrio, así que con una de sus manos buscó apoyo a ciegas, tirando sin querer un libro al suelo.
El ruido hizo que Remus abriera los ojos, como despertando de repente. Se separó de ella con un paso rápido, casi jadeando. Marlenne se incorporó con dificultad, temblando, como si no confiase en sus piernas.
Pasaron unos segundos de silencio que parecieron horas, sin dejar de mirarse mientras el mundo se construía de nuevo a su alrededor; las luces de las velas, los murmullos de los estudiantes, el ruido de las plumas sobre el pergamino.
La tristeza que Marlenne guardaba celosamente en su pecho, bien custodiada por la rabia y el resentimiento, se escapó e inundó sus ojos de lágrimas. No hacía falta que Remus dijese nada, la determinación había vuelto a su rostro y a sus labios tan rápidamente que, si aún no pudiese notar el calor de sus besos y el sabor de su boca, dudaría que todo aquello realmente hubiese sucedido.
- Marlenne…
- Lo siento - le cortó ella con determinación- eso ha estado fuera de lugar.
Apretó los puños, cerró los ojos para no derramar ninguna lágrima delante de él y se dio media vuelta, caminando hacia las mesas de estudio y hacia la salida de la biblioteca, contando los pasos en su cabeza para no tener que prestar atención al dolor que amenazaba con dejarla sin respiración.
Sirius y Mary se habían comportado como dos personas perfectamente civilizadas desde que Remus se había ido. No era divertido pelearse y gastar comentarios ingeniosos cuando no había nadie alrededor para apreciarlos. Ambos estaban ocupados con sus respectivos trabajos, Mary con su ensayo de Encantamientos y Sirius dibujando una caricatura muy lograda de la chica devorando un libro, cuando Marlenne pasó como una exhalación por su lado, seguida a los cuatro segundos por un Remus pálido y de gesto contrito.
Mary frunció las cejas en una línea de preocupación y miró discretamente a su acompañante. Sirius tenía la vista fija en la puerta de la biblioteca. No hacía falta ser muy inteligente para averiguar a grandes rasgos lo que había sucedido entre su amigo y Marlenne
- No me mires con esa cara de elfo descompuesto. No me voy a poner a llorar- murmuró el chico con una sonrisa torcida y volviendo a su dibujo.
Mary siguió mirando su coronilla con insistencia.
- No es que me importe demasiado- empezó a susurrar con evidente disgusto- Pero ¿estás bien? O mejor corrijo ¿estás todo lo bien que, dadas tus evidentes carencias, puedes estar?
Sirius alzó la cabeza, sonriendo divertido.
- Esto es conmovedor.
La chica hizo una mueca y le enseñó su dedo corazón, aparentemente desistiendo en su preocupación y volviendo a sus deberes.
Un par de minutos más tarde, Sirius se levantó con un gruñido de impaciencia y recogió sus cosas, estrujándolas sin ningún cuidado en la mochila.
- Gracias por preguntar, Mary- dijo inclinándose un poco hacia ella y captando su atención. Luego sonrió, casi genuinamente- Y por todo lo demás, claro- añadió antes de marcharse él también, para alivio de unos cuantos alumnos al borde de un ataque de nervios.
Mary hizo una mueca entre el desconcierto y la sonrisa y relajó los hombros. Sirius la había llamado por su nombre y le había dado las gracias; y eso la hacía sentir extrañamente feliz para su propio disgusto.
Esa noche se iba a castigar sin postre por tener un cerebro hecho de gelatina. Al final resultaba ser que ni ella misma era capaz de resistirse a un Merodeador.
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- Lily… dime algo, por favor.
- No tengo ganas de hablar ahora mismo.
El chico suspiró y apretó el paso para mantenerse a su lado. Acababan de aparecerse en el pueblo de cerca de donde vivían los Potter, después de lo que había sido probablemente la peor cena de la historia moderna.
Todo había estado mal desde el principio. Para empezar, Petunia le había dado mal la dirección del restaurante a Lily, así que habían llegado media hora tarde. Tuvieron que aguantar los comentarios pasivo-agresivos del matrimonio, todo y sabiendo, porque James lo tuvo clarísimo al ver la mueca de disgusto de la hermana de su novia, que lo había hecho a propósito.
Después habían empezado los intentos por empezar una conversación, pero era difícil entrar en el guión de Vernon escupiéndoles su opinión a la cara de un modo autoritario y paternalista, como si fueran dos pobres ignorantes, y Petunia reafirmando cada una de las mierdas que salían por la boca del hombre con enérgicos asentimientos de su cabeza de equino.
Él había decidido cerrar la boca y concentrarse en la comida, que había sido lo mejor de la velada, y en su vaso de coca-cola; elección que le había ganado una nueva mirada de desconfianza por parte de la pareja y un comentario afilado muy mal escondido sobre los hombres de verdad y lo que deben beber.
Callarse no era su estilo, pero era la hermana de Lily y se había mentalizado para comportarse. Pero cerca de los postres, no había podido más. Vernon, en su incesante verborrea sobre sus múltiples logros, había empezado a atacarle descaradamente. Primero con el dinero, luego con su escoba y como los hombres deben de conducir coches y por último había dejado caer que era un muerto de hambre. No había podido contenerse.
En el fondo era casi hasta gracioso ver a ese san bernardo rosa intentar ningunearle.
Pero a Vernon, y a Petunia por extensión, no le habían gustado sus explicaciones sobre Gringotts y su fantástica Cleansweeper 5 y se habían marchado del restaurante enfadados como mandriles a los que les han quitado sus cacahuetes. Tenía que admitir que había adaptado un poco sus explicaciones al tono condescendiente que Vernon había usado con él, pero no había sido para tanto.
Los Dursley se habían ido sin pagar. Aunque la cabeza roja a punto de explotar de Vernon había merecido cada libra de la cuenta.
A Lily, por el contrario, no le había hecho tanta gracia, y aunque intentaba esconderlo, estaba llorando.
La cena había sido tan breve que el sol se acababa de poner y el cielo aún era de color azul plomizo.
- Lily, lo siento, de verdad. Pero ese tío…
La chica suspiró y se restregó los ojos enérgicamente mientras tomaban el sendero que llevaba a la casa de James.
- No estoy enfadada contigo, sé que Vernon es un imbécil integral… sólo es que… ¡quería que saliese bien!, de verdad. Por mis padres- suspiró- Pero Petunia no parece tan interesada como yo en ser algo parecido a una familia.
James la rodeó con un brazo y la atrajo hacia sí, habían llegado a la puerta del muro.
Las palabras de consuelo que iba a decirle se quedaron atrapadas en su garganta al ver un movimiento extraño detrás de ellos.
Reaccionó demasiado tarde. Cuando se giraron, dos figuras con el rostro cubierto por una capucha negra les apuntaban al pecho con sus varitas. Uno era excepcionalmente alto y robusto, haciendo parecer a su compañero minúsculo en comparación.
- Inténtalo, Potter, y no podrás levantarte en unos días- amenazó una voz poderosa y masculina perteneciente al mortífago más grande, al interpretar claramente el gesto de la mano derecha de James que buscaba la varita en el bolsillo del pantalón- De hecho, estaré encantado de que me des una excusa.
- ¿No es encantador?- el otro mortífago, que resultó ser una mujer, se rió de forma escandalosa- Hemos interrumpido una pelea de enamorados entre Potter y su juguetito; creo que voy a vomitar.
James notó como la mano de Lily se cerraba fuertemente sobre su antebrazo, haciéndole daño. La miró de reojo; no estaba muy seguro porque estaban de espaldas a la luz, pero parecía más pálida.
- ¿Qué queréis?- preguntó, sin dejar de mirar las varitas que apuntaban hacia ellos. Intento dar un paso hacia atrás, pero el hombre lanzó un hechizo a sus pies que dejó una marca negra a apenas dos centímetros de sus zapatos.
- No te muevas, Potter.
James tragó saliva. Lily seguía aferrada a él, mirando fijamente a la mujer encapuchada.
- Que dos cachorritos asustados más adorables- dijo en un tono casi aburrido- Me gustaría jugar un poco con ellos…
- No. Haremos lo que hemos venido a hacer- la mujer protestó, pero el hombre hizo un gesto para que se callase-James Potter, Lily Evans venimos a haceros una oferta que aceptaréis si apreciáis en lo más mínimo vuestra vida…
- ¿Qué oferta?- le cortó James, intentando ponerles nerviosos para que cometiesen un fallo. Si se tiraban al suelo y el se lanzaba contra uno de los dos…
- ¡No interrumpas maldito bastardo!- chillo la mujer, lanzándole un maleficio cortante- ¡No te atrevas!
James notó como su mejilla se abría y empezaba a sangrar. Lily se estremeció y le rodeó con el brazo.
- El Señor Oscuro os quiere a su lado- continuó el hombre, frenando de nuevo a su compañera con un gesto- con él, lucharéis por la libertad de los magos de este país, reprimidos por la mediocridad de los muggles, alzándoos sobre todos aquellos que quieran impedirlo.
James se dio cuenta de que Lily había alcanzado disimuladamente su varita. Un pequeño toque en la espalda le indicó lo que tenía que hacer.
- ¡Protego!- exclamó Lily mientras él se abalanzaba hacia la puerta del muro, que se abrió fácilmente, haciéndole dar de bruces con el césped del jardín. Detrás de él vio un destello de luz azul y oyó las maldiciones de los mortífagos.
La respiración le faltó los dos segundos que tardó en girarse y ver como Lily entraba de espaldas en el jardín, cerrando la puerta detrás de ella y protegiéndoles del exterior con la mejor magia que se podía conjurar. Rápidamente él conjuró un Patronus que iluminó por un segundo el cuidado jardín de la casa de los Potter antes de desaparecer para ir a alertar a los miembros de la Orden.
- ¡Lily!… ¿Estás bien?- James se acercó para examinarla.
- ¡Cometéis un gran error, estúpidos!- chilló la mortífaga desde fuera
- ¡No estamos interesados en la oferta, por si no lo habíais entendido!- chilló Lily. Se giró, tenía los ojos llenos de lágrimas, pero parecía ilesa.
El silencio de la noche fue la única respuesta a la declaración de Lily, sólo roto por sus propios sollozos amortiguados con el jersey de James. Él la abrazaba consciente de que podía no haber sido capaz de hacerlo nunca más.
- Era ella, James. La mujer que me hirió en Hogsmeade- murmuró entre gemidos- ¡Por Merlín! ¡Nunca podré olvidar su voz!- casi no podía articular las palabras.
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Sirius se acordaba del gilipollas que había dicho que los primeros instintos suelen ser los acertados. El cabrón no podía estar más equivocado. Su primer instinto al ver a Marlenne corriendo y a Remus con gesto avinagrado había sido salir detrás de ella, y no hacía falta ser el más listo de la clase para saber que eso era una mala, malísima idea.
Y sin embargo, allí estaba él, Sirius Black, la valiente excusa de amigo, fingiendo pasear por los terrenos solo. A una temperatura incompatible con la vida, como si fuese su pasatiempo preferido. Con la intención inconfesable de encontrar una pequeña cabeza rubia despeinada escondida en algún sitio y acercarse a ella como si todo fuese una feliz casualidad.
Lamentable.
Incapaz de volverse a la Torre para fumar un par de cigarrillos mientras desafiaba al mundo, todo porque necesitaba saber que Marlenne estaba bien… ¿Y por qué mierdas iba a estar mal? ¿Qué esperaba, salvarla de las fauces del Sauce Boxeador? ¿De dónde coño salía ese patético instinto protector?
- ¡Sirius! ¡Espera!
La voz de su hermano era lo último que quería y necesitaba oír en ese momento de crisis de personalidad, así que decidió no prestar atención y seguir con paso decidido hacia los invernaderos.
Pero Regulus, a parte de un cabrón pomposo, era perseverante como una mala resaca.
- Sirius- le alcanzó y le tomó por el hombro a lo que él respondió levantando el puño de manera amenazante- Vaya, así que no estás sordo. Lo celebro.
- Para ti lo estoy. Sordo, mudo y ciego, Regulus. Vete a chupársela un rato a alguno de tus amiguitos enfermos.
Hizo el ademán de volver a caminar, pero Regulus le detuvo de nuevo. Sus mejillas rojas y sus labios apretados fueron todo lo que necesitó Sirius para saber que su insulto había hecho diana.
- Tengo que hablar contigo. Así que ¿qué te parece si dejas tus "finezas" para alguien que las aprecie?
- Me parece que eres imbécil profundo y que no quiero hablar contigo.
- Padre se está muriendo- dijo Regulus sin darle tiempo a que volviese a girarse.
- Morirse es una cosa que pasa cada vez más a menudo- comentó Sirius con ligereza- Y más cuando tienes quinientos años.
Su hermano inspiró.
- No me lo pongas aún más difícil Sirius. Me han dicho lo que dijiste de madre en la enfermería, y tengo tantas ganas como tú de que hablemos. Pero padre… aunque no sé por qué, quiere verte, Sirius.
- Yo tampoco sé por qué y por lo que a mí respecta puede seguir esperándome. No pienso poner un pie en esa puta casa nunca más en mi vida. Y respecto a lo de Wallburga, es verdad ¿por qué no jugaste el otro día?
- Porque no estaba aquí. Fui a ver a padre al hospital, tuvo uno de sus ataques- contestó Regulus clavando sus ojos acusadores- Está muy enfermo. Madre no quería que te dijese nada, pero…
- Deberías haber hecho caso a la vieja urraca y no decirme nada, Reg- Sirius le miró con dureza- Por lo que a mí respecta, Orion y Wallburga tienen únicamente un hijo y es el que va a recibir como regalito de graduación el año que viene un tatuaje en el antebrazo. Y ahora, si me disculpas, tengo cosas más importantes que hacer.
- ¡Sirius! Es tú padre también. Puede que no os hayáis entendido pero…
Sirius se giró y echó a andar, retomando la dirección que llevaba.
- "No entendernos" no cubre ni siquiera un uno por ciento de la mierda que he tenido que aguantar de ese hombre- se giró e hizo un gesto de despedida con la mano- No te vuelvas a acercar a mí con una de estas mierdas o tendremos que partirnos la cara otra vez… y sé lo mucho que te gusta estar guapa, Reg.
Caminó unos metros sin molestarse en girarse, su objetivo ya menos claro que hacía unos minutos. Ahora sólo huía, de su hermano, de los recuerdos y del perfil aristocrático de su padre, del que no recordaba apenas más que dos o tres muestras de cariño en toda su vida. Pensó en el hombre de porte regio, la figura imponente del patriarca de una de las familias más antiguas de su mundo; y pensó que casi era mejor que muriese antes de darse cuenta de que todo en lo que había creído estaba a punto de destruir el mundo.
Oyó unos pasos rápidos detrás de él y se giró, preparado para encarar de nuevo a su hermano. Pero no era Regulus quien le seguía, sino Marlenne.
No estaba llorando pero sus ojos enrojecidos la delataban.
Sirius no dijo nada al verla, simplemente se quedó quieto, esperando que ese gesto fuese suficiente para auyentarla.
Esa era la gran dualidad que experimentaba con la Ravenclaw, normalmente estaban demasiado cerca o demasiado lejos para su gusto. Encontrar el punto justo donde se sentía a la vez cómodo e invulnerable era cada vez más complicado.
Marlenne se detuvo a un metro de él.
- No sé por qué te sigo- dijo con sinceridad.
- ¿Me espías?- bromeó Sirius con una sonrisa peligrosa, sabiendo que seguramente había oído la pelea con su hermano.
Marlenne frunció el ceño y le miró durante unos segundos.
- Estaba dando un paseo y… no sé… me apetece ir a ver los cerezos, Sprout dijo que estaban en flor, ¿vienes?
Él la miró fingiendo desconcierto y ella suspiró con impaciencia y echó a andar hacia los invernaderos.
Sirius la siguió un par de metros por detrás, maldiciendo en su interior cada uno de los pasos que daba y que le sacaban de su zona de seguridad.
Se sentaron en una de las mesas sobre las que la profesora Sprout les había enseñado a cuidar y sacar partido de las flores y árboles y más comunes sus primeros años en Hogwarts. Los últimos rayos de sol del día jugaban con las plantas, arrancándoles brillos y sombras imposibles, mientras ellos, el uno al lado del otro, miraban casi el mismo punto del cielo, donde el sol se fundía con las nubes en un mar de oro líquido.
- Somos amigos- dijo Marlenne unos minutos después, sin dejar de mirar la puesta de sol.
Sirius se giró para mirarla, las comisuras de sus labios torcidas en una sonrisa burlona.
- ¿Lo somos?
- No seas petardo. Claro que lo somos- Marlenne le dio un codazo y se giró para sonreírle- Aunque no te guste, somos muy buenos amigos.
El chico alzó las cejas con incredulidad y se tumbó en la mesa de madera, con las manos en la nuca.
- Está bien. Y eso es ahora mismo relevante porque…
Marlenne le miró con paciencia infinita.
- Es importante porque ahora mismo necesito un amigo. Y extrañamente, creo te necesito específicamente a ti.
- ¿Extrañamente? ¿Debería ofenderme?- Sirius, aún tumbado, se apoyó sobre su costado. El micromundo dentro del invernadero empezaba a ser demasiado agradable.
La chica se encogió de hombros y luego inspiró, su gesto relajado se tiñó de melancolía.
- He besado a Remus. Y me ha rechazado, Sirius.
No estaba preparado para la oleada de rabia y abandono que le recorrió de la cabeza a los pies. Se esperaba una nueva discusión, una nueva demostración de la tozudez de Remus.
Pero no aquello.
La imagen de Marlenne y Remus besándose removía partes de él fácilmente descontrolables. ¿Y no era eso lo que había querido siempre? ¿Con qué derecho se atrevía a sentirse casi traicionado? ¿No se merecía Remus su pedacito de felicidad al lado de la chica que le gustaba? Se esforzó por eliminar esas emociones prohibidas rápidamente.
- Ya sé que no te gusta hablar de este tipo de cosas, pero no sé a quién contárselo… prometo que será rápido- dijo ella poniéndose roja y malinterpretando el gesto hosco de Sirius- No sé por qué lo he hecho. Estábamos hablando, bueno, mejor dicho, yo estaba comportándome como una perfecta gilipollas y de repente… le he besado- escondió la cara en las manos- He quedado como una idiota.
Sirius se incorporó de nuevo y se sentó a su lado. Tentativamente, tomó con delicadeza una de las manos de Marlenne y se la apartó de la cara.
- Le he besado y él me ha seguido mirando con sus ojos llenos de pena, como si fuese una ilusa…No me vuelvas a decir que no me de por vencida, Sirius- murmuró ella apenas controlando las lágrimas, con un deje de reproche- Creo que ya he esperado todo lo que tenía que esperar y he hecho todo lo que tenía que hacer.
El chico asintió y la rodeó con un brazo por los hombros. Marlenne se acomodó contra su costado. Unos minutos de silencio la ayudaron a calmarse.
- Si sirve de algo, Mar, creo que Remus está cagándola con matrícula de honor.
- No más hablar de Remus- dijo ella negando con la cabeza- Ya es hora de que empiece a superarlo. De verdad, de hoy en adelante, es agua pasada ¿vale?
- Claro. Como quieras.
Se separó un poco de él y le miró a los ojos con falsa admiración.
- Si llego a saber que era esto lo que hacía falta para que fueras un perfecto caballero…
Sirius retiró el brazo de sus hombros chasqueando la lengua, en realidad estaba agradecido por la excusa que le daba la broma de ella para soltarla y dejar de sentir el calor de su piel penetrar en la suya; la tortura de desear algo prohibido que está tan cerca.
- ¿Tú estás bien?- preguntó Marlenne sin mirarle a los ojos, abrazándose las piernas. Una mirada a su rostro que pretendía ser calmado le bastó para confirmar lo que ya había sospechado; había escuchado la discusión con Regulus.
La miró con una ceja alzada.
- ¿Éste acuerdo de amistad que tenemos incluye no tener que hablar de algo que no quiero hablar?- preguntó con una sonrisa triste.
La chica asintió con la cabeza y puso los ojos en blanco.
- Claro, si es lo que quieres, el acuerdo de amistad lo respeta- bromeó- ¿Quieres que volvamos al castillo?
Sirius se rió.
- No. Creo que me apetece quedarme un rato aquí, "amiga".
Marlenne se apoyó sobre las palmas de las manos y miró el cielo gris.
- Eres insoportable- murmuró disimulando una sonrisa.
- ¿Crees que deberíamos celebrarlo?
- ¿El qué?
- Tú segundo beso- explicó Sirius encogiéndose de hombros- Y eso que pensabas que iba a ser mejor que el primero.
La chica hizo una mueca de disgusto y le miró de reojo, no dejándose afectar por la burla.
- ¿Qué te hace pensar que no lo ha sido?- dijo empequeñeciendo los ojos- Por lo menos esta vez mi boca se ha movido y no ha sido como si me abofeteasen con un filete crudo en los labios.
Sirius se echó a reír sonoramente y volvió a mirar el cielo, ya oscuro casi por completo.
- ¿Alguna vez te he dicho lo especial que puedes hacer sentir a un chico?
No sé giró para contestarle, sólo se encogió de hombros, con la mirada y la sonrisa perdida en las estrellas.
Sirius se permitió unos segundos de autoindulgencia y dejó que sus ojos y sus pensamientos recorrieran, libres de remordimientos, el perfil de la chica.
-o0o—o0o—o0o—o0o—o0o-
El reloj de la cocina de la casa de los Potter dio las doce y Lily, ensimismada, se asustó y casi dejó caer la taza de porcelana que estaba secando.
Aún le temblaban las rodillas después del encuentro con los mortífagos. Caradoc, Benjy y Edgar habían llegado enseguida, alertados por el Patronus. Juntos habían peinado los alrededores de la casa; James se les unió tras comprobar que Dorea estaba bien, después de tranquilizarla por el estruendo que la pobre anciana había oído.
Como era de esperar, no habían encontrado nada.
Lily había preparado té para entrar en calor, mientras les contaban a los otros miembros de la Orden lo que había pasado exactamente. Sus compañeros disimularon muy bien su sobresalto al oír el ofrecimiento que Voldemort les había hecho llegar a los dos jóvenes.
- No os preocupéis, chicos- les había dicho Edgar- No es algo normal, pero tampoco inusual. Por encima de todo, Voldemort aprecia el talento.
- No creo que ahora mismo nos aprecie mucho- había bromeado James- Después de cortar al gigantón pomposo en mitad de su discurso besa-culos sobre él.
Los cuatro se habían reído, pero ella no había podido. Las capas negras, las varitas apuntando a James, la voz cruel de la mujer; le atenazaban el estómago y apenas la dejaba hablar. Y una idea desagradable había empezado a cobrar sentido en su cabeza.
Los tres hombres no se entretuvieron demasiado, era tarde y tenían que informar a Dumbledore y al resto de miembros. Antes de irse, sin embargo, les hicieron prometer que serían extremadamente cuidadosos en el viaje de vuelta.
James había subido a hablar con su madre de nuevo, después de cambiarse el apósito con pomada cicatrizante de díctamo que Tinx había preparado en un abrir y cerrar de ojos.
Lily había insistido en que la elfina volviese a la cama y la dejase recoger a ella la cocina. No había sido un gesto de pura generosidad, simplemente sabía que si hablaba con Dorea en ese momento no iba a ser capaz de contenerse e iba a empezar a llorar como una histérica. Aún estaba demasiado nerviosa.
James entró en la cocina con una sonrisa cansada dibujada en el rostro, y se sentó en la mesa, mirándola mientras recogía.
Ella le devolvió la sonrisa.
- Ha sido una gran noche ¿verdad?- bromeó sin ánimo, mientras guardaba las tazas- ¿Cómo está tu madre?
James se masajeó la frente.
- Preocupada. Y enfadada porque no le digo exactamente en qué estamos metidos y cree imaginárselo demasiado bien.
La chica se sentó a su lado y suspiró.
- ¿Y se lo imagina bien?
-Casi a la perfección- James chasqueó la lengua con fastidio- Me jode tenerla que tener tan preocupada cuando… bueno… ¡ya tiene suficiente con sus dolores y con… con todo!
Apoyó la cabeza sobre su hombro; ella entrelazó su mano con una de las del chico y le dio un apretón. Era lo que menos le apetecía en ese momento, pero supo que tenía que compartir sus sospechas con él.
- Creo que Snape me quería avisar de que esto iba a pasar. El otro día en Hogsmeade me dijo que "se habían fijado en mí". Pensé que se refería a que Rosier y al resto estaban planeando una venganza por lo del puñetazo, pero ahora creo que quería decir… esto.
James levantó la vista unos segundos y la miró largamente antes de asentir. Luego, su rostro solemne mudó rápidamente en su familiar y querida sonrisa descansada y le acarició la mejilla.
- ¿Ves como eres demasiado guapa? Los hombres no dejan de hacerte ofrecimientos.
Lily protestó y le lanzó una mirada de fastidio, a lo que James respondió con un abrazo y un beso al que ella ofreció una débil resistencia.
- ¿Me contarás estas cosas a partir de ahora? Soy un chico mayor, puedo aguantar e incluso entender que el cabrón de Snape quiera seguir en tu vida, ya te lo dije el otro día - dijo él mientras rodeaba sus hombros y la acurrucaba contra su costado.
Ella le miró de reojo.
- Te lo conté.
- Pero no todo, por lo que se ve, Lily- James la estrechó- No estoy enfadado, pero no me gusta que te preocupes y no lo compartas conmigo… A fin de cuentas, cuando salgamos de Hogwarts nos vamos a ir a vivir juntos. Convivir es compartir, o algo así.
- ¿Y eso lo has decidido tú tú? Quiero decir, lo de vivir juntos- Lily alzó las cejas.
- Claro- James le guiñó un ojo- Necesito que me protejas. Lo de hoy ha sido terriblemente sexy.
Ambos se rieron y Lily le dio un beso en los labios. Le hubiese gustado que la perspectiva de vivir con James al salir de la escuela, mientras aún era sólo una cría, le produjese un poco más de miedo, o de aprensión. Pero lo único que sentía era tranquilidad, como si todo aquello fuese perfectamente normal; tal y como debía de suceder.
- ¿Qué me dices?- preguntó él con despreocupación, como si su respuesta fuera un mero trámite. Pero Lily le conocía demasiado bien y había notado una pizquita de ansiedad en la pregunta.
Y eso fue lo que la acabó de convencer. Se levantó de la mesa de un salto y cruzó los brazos delante de él.
- Que si vamos a vivir aquí, con tu madre, cada uno va a seguir durmiendo en su habitación.
James frunció el ceño, contrariado.
- ¿Y si nos mudamos a la barraca de la piscina?
Ella alzó las cejas, intentando no reírse.
- Buen intento, pero no.
- ¿Y si te prometo que sólo vamos a dormir y que no te voy a tocar ni un poquitito?
Lily puso los ojos en blanco y se inclinó hacia él.
- Pero yo no puedo prometerte que no te vaya a tocar a ti- les susurró suavemente al oído y luego le dio un beso en la mejilla- Me voy a dormir, estoy muy cansada.
James tardó tres segundos en reaccionar.
- ¡¿Y yo después de esto que hago con toda esta energía?!- protestó detrás de ella- ¡No se le puede hacer esto a un hombre!
- ¡Date unas carreras!- bromeó ella.
Al final, entre risas disimuladas y suspiros entrecortados, James consiguió casi cruzar la puerta de la habitación de Lily, que se preguntaba cuánto iban a durar sus firmes intenciones si James le seguía poniendo esos ojos de animalillo triste que le parecían tan seductores.
¿A quién quería engañar? Estaba perdida.
- Gracias por salvarme el culo hoy, por cierto- se despidió él antes de meterse en su cuarto- Y perdón por todo el asunto de la cena.
Ella se había olvidado por completo de la cena desastrosa con su hermana; sacudió la cabeza. No podía preocuparse por algo así después de lo que había sido probablemente, una ofensa personal a Voldemort. Una oferta del mismísimo Señor Oscuro, al que habían rechazado con encantamientos y portazo en las narices de por medio.
No creía que ninguno de los dos estuviese en la lista de personas favoritas de los mortífagos en ese momento. Y pese a lo aterrador de la situación, ver la sonrisa de James y su confianza, conseguían que se sintiese llena de optimismo.
- Que le den a Vernon. Y a Petunia también, la quiero y es mi hermana, pero si no está dispuesta a aceptarme; que la den.
James volvió a acercarse a ella sonriendo y la besó, tomando su barbilla y entreteniéndose en acariciar cada centímetro de los labios de la chica con los suyos.
- Que sepas que vamos a tener que revisar ese punto sobre los cuartos separados- le dijo en voz baja antes de darse la vuelta y meterse en su habitación.
Lily entendió entonces perfectamente a qué se refería James con lo de la energía y como de inadecuado había sido su consejo de salir a darse unas carreras.
Hola mis niñas y niños guapas y guapos. Primero de todo, disculpad por la ausencia de contestaciones. Sé que parecerá increíble, pero es cierto; mi ordenado está dando problemas. Otra vez. Y esta vez lo está haciendo "big time" así que estoy un poco desquiciada. Mi ordenador es mi posesión más preciada .
De nuevo, puedo conectarme desde el móvil o en el trabajo, pero no son sistemas aceptables para contestar reviews. El móvil es lento y en el trabajo… pues obviamente no puedo hacerlo. Así que lo siento mucho! Podría esperar a que se arreglase, pero no sé cuando será eso, y prometí actualización antes de mi cumpleaños (que es el martes 29…). Por supuesto, hasta que no esté arreglado difícilmente podré ponerme a escribir… Suerte de las copias de seguridad, si no, no estaría escribiendo esto siquiera.
Está bien, dos párrafos de selfpity son más que suficientes, creo. Voy a intentar ponerme de buen humor de nuevo, para daros las gracias por vuestros comentarios y vuestro apoyo y por ser las personas más simpáticas de ff (de esto no puedo estar absolutamente segura, pero estoy bastante convencida). Espero que el capítulo os guste, porque es para vosotros, para que celebréis mi cumpleaños y mi aniversario en ff, llevo 9 años en esta página! Lo sé, increíble. Espero que sean muchos más; pocas experiencias han sido mejores que estar aquí con vosotros.
Espero que os gustase el capítulo, con la acción mortífaga, unos cuantos besos apasionados y unas cuantas conversaciones íntimas… hehehe. Las ciprés de S/M seguro que estáis odiándome y queriéndome un poco a la vez, yo también experimento esa dualidad conmigo misma. Y J/L? Si no fuese una obviedad, me atrevería a decir que suenan campanas de boda! Espero vuestros comentarios y gritos al respecto!
En fin, esta vez voy a hacer una lista de por qué debéis dejarme review, podéis elegir el motivo o los motivos que queráis.
- Porque no he contestado los reviews, pero mi mac está en coma y necesito muchos mimos cibernéticos. Quizás nos llegan a través del ADSL a los dos y nos arreglamos.
- Porque es mi cumple y soy vieja, muy vieja. Y estoy deprimida también por esto.
- Porque os quiero! ;) Y he cumplido una promesa por primera vez en mucho tiempo.
-Porque la historia va a alcanzar las 200 mil palabras, o se va a quedar muy cerca. Uau, ahora que lo pienso, sois bastante geniales por aguantarme después de 200 mil palabras!
- Porque mi novio tiene un examen muy, muy, muy importante en una semana exactamente, y vuestros ánimos me sientan tan bien a mí, que esta vez estoy dispuesta a compartir un poco con él. Soy una gran creyente en la energía positiva. Dicho esto, muchas energías para los que también estáis de exámenes!
Recordad que: El cumple de Lily es el lmiércoles (30 de enero)! Si dejáis review, puede que los Merodeadores os inviten a la fiesta que están preparando en la Torre de Astronomía! Y todos sabemos lo que pasa allí ^^!
