Capitulo 26

El centro de universo ¡Una cegadora luz!

.

.

.

Cuatro semanas habían pasado desde el momento en el Sakura se había ido de la aldea y la Yamanaka ya no lo soportaba más. La extrañaba demasiado, además de que necesitaba a su mejor amiga en esos momentos. Por algún extraño motivo el pelirrojo y su amiguita habían decidido aparecer en la aldea de nueva cuenta solo una semana atrás a pesar de que ella no lo consideraba recomendable siendo el Kazekage.

Como todas las tardes se encontraba recargada en el mostrador de la florería, tratando de mostrar un rostro no tan deprimente hacia los clientes que se aparecían, realmente no consideraba que el trabajo en el local le atrajera siquiera un poco. El pasar todos los días un par de horas en ese lugar ayudando a su madre la estaba empezando a aburrir. Ya tenía diecinueve años y creía necesitar más de lo que le podía ofrecer la vida que llevaba.

─Esto se esta volviendo desesperante… ─musitó dejando caer su cabeza sobre sus brazos en el mostrador.

─Problemática ─escuchó decir a una voz y antes de siquiera mirar ya sabía de quien se trataba.

─ ¿Qué demonios quieres Shikamaru? ─inquirió en la misma posición. No se sentía de humor para ver la cara aburrida de su viejo compañero de equipo.

─Me obligaron a venir ─admitió él y la rubia sonrió satisfecha al notar el fastidio en su voz, era obvio que quien quiera que lo hubiera hecho no le había dejado opción alguna e incluso hubiera interrumpido sus momentos de ver las nubes, lo cual le causaba una gran…─. Gaara-sama quiere verte ─depresión.

─No… ─gimió lastimosamente y esta vez fue en el rostro del Nara que la sonrisa llena de satisfacción se posó─ No, no estoy en condiciones de ver a alguien ─respondió tratando de mostrarse coherente. No deseaba que el chico se enterara o siquiera sospechara algo acerca de lo que no pasaba, aunque claro que lo obvio es que él ya lo sospechara dado a que el chico de la arena lo había obligado e incluso tal vez amenazado.

─No es mi problema… Te quiere ver dentro de media hora el parque ─le informó y sin más caminó fuera del lugar. Ya había cumplido y no iba a ser su asunto sí ella no asistía.

(…)

Ino se sentía como una estúpida. Realmente no tenía la menor idea de porque había ido a ese lugar. No quería arriesgarse a otro encuentro parecido al viaje a Suna. Ella no era de ese tipo de chicas ¡Realmente que no lo era! Pero simplemente no había podido resistirse al hecho de tenerlo tan cerca.

─Gaara-sama ¿Desea que lo acompañe? ─preguntó una suave voz y al acercarse notó que él no se encontraba solo, lo cual sencillamente la enfureció ¿para eso la había citado? ¿Para mostrarle a la chica? Ella ya la había visto demasiadas veces. De hecho todos los días cuando ambos pasaban frente a la tienda de ida y de regreso al lugar donde se hospedaba. Se giró no queriendo estar presente cuando al chico se le ocurriera empezar a dejar ir sus instintos, pero se detuvo sin poder evitarlo en el momento en que Gaara le pidió ─mejor dicho ordenó─ a la chica que se marchara.

Suspiró y se giró de nueva cuenta resignada después de unos segundos al sentir una intensa mirada taladrándole la espalda.

Caminó decidida hacia él. Sí tenía algo que decirle solo lo escucharía, al terminar daría media vuelta y se iría directo a la florería, o ya en un dado caso a buscar un psicólogo o un quiropráctico, cualquiera terminara siendo mejor para dejar ir toda la tensión.

Gaara la observó atentamente caminar hacia él. La notaba un tanto distante, pero siempre con esos aires de superioridad que siempre la habían identificado ante sus ojos.

Cuando se detuvo a escasos pasos de él se miraron fijamente por unos instantes.

Eso le pareció sumamente molesto a la rubia.

─Si no tienes nada que decir me voy ─dijo totalmente fastidiada, pero al tratar de alejarse del Kazekage, esté la detuvo por el brazo.

No entendía que sucedía. Realmente la actitud que mostraba Gaara la estaba exasperando, tenía la impresión de que ni siquiera él estaba seguro de que demonios quería. Lo cual a ella le daba cierta satisfacción, pues en esos momentos ella sí sabía que deseaba y eso era darle un buen golpe al estilo Sakura.

─Se donde esta Haruno-san ─confesó y los ojos azules de la Yamanaka brillaron de anhelo. Totalmente dispuesta a preguntarle donde se encontraba él la soltó y camino hacía la salida del lugar.

Frustrada caminó detrás de él.

Bien, por volver a ver a Sakura haría hasta lo imposible, aún cuando eso implique relacionarse con el ardiente pelirrojo que la sacaba de sus casillas.


Tres meses.

Sasuke miró con una ceja alzada como Naruto tenía algo parecido a una lucha con el bebe de Hinata y luego dirigió la mirada a su hija que se encontraba frente a él, para arrugar el entrecejo. Eso no era algo que le pareciera agradable.

¿Desde cuando la Hyuuga se creía con el derecho de obligarlo ha hacer ciertas cosas?

─Ni soñarlo ─dijo caminando en dirección a la puerta de a habitación, pero se sorprendió al notar que Hinata no parecía dispuesta a dejarlo salir al recargarse en ella.

─Lo harás ─respondió la poseedora del Byakuhan con tono de voz avergonzado pero firme.

El Uchiha entrecerró los ojos. Ella no podía hacerle eso.

─No, puedo contratar a suficientes personas para que lo hagan una vez por día ─su voz se estaba volviendo afilada, de lo cual se dieron cuenta Naruto y Hinata.

Ambos suspiraron. Era seguro de que no conseguirían nada si lo forzaban, además de que la sonrojada chica era consciente de que los intentos de Naruto por ponerle el pañal a Kenji eran totalmente inútiles. Ahora lo entendía. Los hombres eran incapaces de hacer ese tipo de cosas.

Hinata caminó hacia donde se encontraba Naruto y tomó su lugar. Hubiera ido primero con la niña, pero el castaño ya se encontraba sin el pañal.

─Toma a la niña ─le pidió al rubio quien sonrió encantado y aliviado de haberse librado. La tomó del cambiador donde la había dejado su padre y nada más hacerlo distinguió los brillantes ojos verdes, logrando que su corazón se estrujara sin remedio.

El azabache no se había marchado de la habitación por lo cual en cuanto vio a Hinata entrar en acción activo el Sharingan. Se maldijo mentalmente más veces de las que pudiera llegar a contar por el hecho de que no se le había ocurrido con anterioridad, seguro pensando en mil tonterías innecesarias…

Se tensó sabiendo que de hecho lo eran, desde el día en que la chica de cabellera rosada partió no había sido capaz de hacer otra cosa que no fuera pensar en ella. Cumplía sus obligaciones de manera satisfactoria, tal como lo haría cualquier Hokage y vigilaba a su hija como lo haría cualquier padre, pero realmente no era capaz de realizar mucho más, por eso Hinata lo había estado obligando a aprender como se cambiaba un pañal.

A todos los que lo habían visto alguna vez con la pequeña Akari en brazos podían jurar que la amaba realmente, así como que al mirarla por unos instantes en sus ojos siempre aparecía el dolor. Ese era el problema. No podía mirar a su hija sin recordar a la madre, a pesar de que en lo único que se parecían era en el color de los ojos y nada más, pero le era inevitable. Todo le recordaba a Sakura de alguna manera. La agonía de no verla cada vez lo debilitaba más, sus ganas de avanzar eran cada vez menos, pero a pesar de todo, sabía que viviría. Su propósito en la vida era Akari y por ella seguiría.

─Dobe ─llamó en cuanto vio que la chica terminaba con el pañal de su hijo. Esté lo miró confundido y cuando el se acercó para tomar a su hija sonrió. Ya quería verlo en acción, seguramente el pobre terminaría dejando a la pequeña con Hinata al ser totalmente incapaz de cambiarle el pañal.

Cual fue su sorpresa al ver que el azabache lo había conseguido con la misma facilidad que la Hyuuga.

Frunció el ceño. Eso no le parecía posible ni justo, pero al ver que se giraba con los ojos rojos lo comprendió.

─ ¡Eres un maldito tramposo Sasuke!


─ ¡Papá! ─gritó una suave y tierna voz en el pasillo que daba a su oficina y después una risita.

─ ¡Espérame! ─exclamó otra suave y joven voz un tanto jadeante.

Él ni siquiera se lo pensó dos veces antes de dejar los documentos de los que se estaba ocupando en un cajón del escritorio y justo cuando lo estaba cerrando, la puerta de su oficina se abrió de golpe, dejando ver a una niña y a un niño de cinco años dirigirse a él lo más rápido que podían, para después pisar sin remordimiento el escritorio y abalanzarse sobre él Uchiha que solo cerró los ojos esperando el impacto, pero este nunca llegó.

─No se vale…

─Esto no es justo…

Sintiéndose ridículo ante lo que pasaba abrió los ojos y se encontró con su rubio amigo sosteniendo a los niños de la parte trasera de sus cuellos.

Levantó una ceja.

Los juegos de Naruto con ellos por lo regular terminaban con un par de niños dormidos antes de la cena y una reprimenda de parte de Hinata al Uzumaki. Al menos eso lo libraba a él de tener que pasar todo el día con ellos.

No era que no los quisiera, de hecho eran algo parecido a lo que más amaba en él mundo, pero no podía con un par de niños y su trabajo.

Miró como se removían y daban todo tipo de golpes a Naruto buscando liberarse, por lo cual no pudo evitar que una ligera sonrisa apareciera en la comisura de sus labios. Al parecer los golpes que la pequeña le propinaba al chico zorro eran los que realmente sentía, tenía por seguro que en un futuro tendría la fuerza de su madre.

Ese pensamiento lo entristeció y los brillantes ojos verdes de Akari lo notaron de inmediato. Trató de zafarse de nueva cuenta. Esta vez sin armar gran revuelo ni sobre actuar. Solo quería acercarse a su padre y abrazarlo con fuerza, pero al parecer el rubio se encontraba demasiado entretenido alegando con Kenji acerca de las reglas del juego, lo que consiguió desesperarla.

─ ¡Suéltame Naruto dobe! ─gritó y de pronto tres pares ojos se posaron en ella al mismo tiempo que la mano que la retenía la soltaba, que al darse cuenta de lo que había dicho bajó la mirada.

─Akari-chan ¡¿Por qué me dijiste dobe?! ─exclamó el chico al tiempo que soltaba al pequeño castaño quien en esos momentos se carcajeaba con un ligero sonrojo cubriendo sus mejillas, pero la reacción del azabache no fue tan positiva.

Se había levantado de un saltó y encaraba a su mejor amigo.

─No te atrevas a gritarle a mi hija ─lo amenazo sin poder contenerse en el momento, a pesar de ser consiente de que el grito había sido más un berrinche que un reproche. Naruto no podía enojarse con esos chicos jamás.

─ ¡Pues dile que no me grite a mí, teme! ─respondió el chico alegrándose de que podía reclamarle a él.

─ ¡Pues tú no la molestes, Usuratonkashi! ─vociferó el sexto enfureciéndose un poco. El recuerdo de Sakura no hacía si no volverlo más hipersensible de lo que ya era y su viejo mejor amigo ya empezaba a desquiciarlo. Estaba seguro de que Naruto cada día se volvía más imbécil por tres razones: Él era el Hokage, nadie le grita al Hokage. Él era un Uchiha, nadie le grita un Uchiha. Él era el padre de Akari y para desgracia del Uzumaki, nadie le grita al padre de Akari─ "Uno… dos… tres…".

─ ¡No le grites a mi papá! ─gritó la pequeña azabache antes de lazar una no tan certera patada en el estomago de Naruto, sacándole el aire y haciendo que se doblara ligeramente.

Una amplia sonrisa se extendió en los labios de Kenji a pesar de sentir lastima por su tío postizo favorito. Siempre le había fascinado la fuerza de Akari y la habilidad nata que esta parecía poseer para las artes ninja.

Pasaron unos segundos antes de que el chico se enderezara y mirará a Sasuke de manera resentida. No terminaba de entender como siempre se olvidaba que su amigo ahora tenía a alguien peor que Sakura para defenderlo.

─Vámonos Kenji-chan… ─musitó Naruto echándose al hombro al pequeño, tal como a un costal de patatas─ Tu madre me dijo que hoy tenías que entrenar doble en la tarde por haberte quedado dormido en el entrenamiento de esta mañana.

─Pero yo me quiero quedar con papá y Akari-chan ─se quejó este tratando de soltarse, pero le era imposible y cuando Naruto dio la vuelta hacia la puerta y logró ver el rostro de su padre se le ocurrió que posiblemente entrenar con su madre sería pan comido en comparación que si lo hacia con él, aunque eso le quitara tiempo con su hermosa hermana.

Se sonrojó llamando la atención de Sasuke, pero este lo dejo pasar al pensar que tal vez solamente eran los genes de su madre.

─Nos vemos luego Kenji ─se despidió levantando una mano.

─ ¡Adiós Tenshi! ─gritó la niña, logrando que antes de que se cerrara la puerta tras ellos Sasuke lograra distinguir una sonrisa "tonta" en los labios de ese muy sonrojado rostro.

Frunció el ceño.

No le agradaba en lo más mínimo el hecho de que ese mo… niño. Le hubiera robado el apodo que él había tenido hasta hace poco más de unos seis meses, a pesar de que el apodo no le agradaba nada, además… ¡Se suponía que era hermanos ante el mundo! ¿No?

Aspiró profundamente y se sentó en su silla. Llamando la atención de la niña que aun se encontraba parada sobre el escritorio vacio. Cerró los ojos y abrió los brazos en una muda invitación que sin ser meditada siquiera fue respondida. En solo un par de segundos la niña de ojos jade ya se encontraba sentada en su regazo y abrazándose a él con fuerza.

Una mano se dirigió al largo cabello negro de la pequeña que mientras este se lo iba acariciando ella iba cerrando los ojos lentamente. Sonrió ligeramente cuando ella se acurrucó más contra él, sintiéndose satisfecho. Su hija lo amaba más que nada y él a ella de igual manera, aunque no lograba entender como esa pequeña luz era capaz de iluminarlo cuando realmente deseaba salir y buscar a su madre. Su verdadera madre, no aquella que se encontraba en esos momentos con Naruto y Kenji.

─Akari… ─susurró sin poder resistirse cuando ella ya se encontraba totalmente al borde de la inconsciencia. Ella solo apretó los parpados con fuerza mientras lanzaba un gemido que él identifico como de frustración, sonrió un poco más, sin duda ella tenía su carácter. Ese gesto era propio de él cuando algo le impedía dormir─ Te amo… ─dijo con voz dulce y aterciopelada, para verla sonreír y luego asentir antes de abrazarse más a su torso.

Ya había perdido la cuenta de las veces que se lo había dicho, pero desde la perdida que había sufrido con Sakura había aprendido que muchas cosas no se podían dar por hecho y una persona mucho menos, por lo cual, cada que le era posible se lo decía a la pequeña pálida de brillante cabello, aunque claro, poco después se veía él mismo presionado para dedicarle unas cuantas palabras de cariño a Kenji, logrando de ese modo también aplazar su deber con su hija.

Se levantó con un suspiró frustrado después de un par de minutos, sosteniendo a su hija en un solo brazo. Ella como acto de reflejo le rodeó el cuello con sus pequeños brazos y recargando su cabeza en el hombro de Sasuke. Era obvio que no iba a poder terminar su trabajo del día y tampoco podía despertar a Akari si deseaba que estuviera despierta para la cena de esa noche.

Caminó hacía la puerta pensando en la cena.

Como todos los meses desde hacia un par de años el Kazekage visitaría la aldea y cenaría y hospedaría en la mansión Uchiha tres noches. Eso sorprendía a muchos excepto a él. Al parecer nadie era capaz de sospechar sus motivos, los cuales eran sin lugar a dudas una rubia con su hijo de tres años que poseía cabello color oro y ojos sospechosamente aguamarina.

Las cenas siempre eran iguales. Él aparecía solo o acompañado por alguno de sus hermanos, regularmente la rubia que al parecer jamás podría avanzar en una relación que el problemático chico.

Al llegar al final del pasillo no pudo evitar soltar un bostezo llevaba un par de días sin descansar un segundo, llevaba varios meses durmiendo en la misma cama que Hinata, lo cual se estaba volviendo incomodo para ambos, pero los niños realmente estaban empezando a sospechas cosas. Algunas veces tenía que tomar la mano de Hinata o abrazarla, lo cual le parecía innecesario, pues la joven seguía con la costumbre de acariciarle el cabello en ocasiones. Según ella lo tenía demasiado suave para no dedicarle una atención especial.

Dormir con alguien era extraño para él, muchas veces se iba después del sexo. Incluso con Sakura.

El pensarlo le encogió el corazón. Tal vez el hecho de que era demasiado distante y frio la había orillado a engañarlo con Kakashi.

Se detuvo a mitad de las escaleras de pronto.

Se sentía un imbécil, después de tanto tiempo aún trataba de justificarla y de convencerse a si mismo de que ella no habría sido capaz de tal cosa, creyéndose él mismo equivocado. Simplemente no comprendía como después de tanto tiempo aún podía recordar con total nitidez el calor de sus brazos y el sabor a cerezo de sus labios. Seguía enamorado. Eso lo tenía claro y por eso mismo deseaba ser capaz de olvidarla.

Cinco años habían sido demasiados. Él no podía sacarla de su corazón ─parte podría ser culpa de que él tenía a su hija─, pero eso no le daba razón para pensar de que ella no lo había olvidado, porque de haber sido así estaba seguro de que ella habría aparecido un día en la puerta de su casa, cosa que claro no había sucedido.

Sacudió la cabeza tratando de borrar los pensamientos de su cabeza, causando que Akari se despertara antes de que pudiera dar siquiera un paso.

Ello lo miró parpadeando confundida y tratando de enfocar de manera correcta su rostro y al hacerlo sonrió para abrazarlo con fuerzas.

─Hola hija ─saludó el azabache tomando aire, necesitaba mantenerse natural… Solo un poco, lo tenía que hacer por ella.

.

.

.

Continuara…


Holaa!!!

Bueno, este lo subí en la compu de la school! Todo parece indicar que mi madre ha dado por olvidado el tema, pero aún así no me quiero arriesgar bastante con ello, así que trataré de ser un poco más cuidadosa con las cosas.

Mañana les dejó otro y el domingo el siguiente! Mañana llegaremos al mismo nivel en que lo llevo en la otra pagina, así que tendran que conformarse con un capitulo cada dos semanas! xD!

Bien, pues ahora si me excedí un poco como recompensa por el corto, pero realmente no se si me gusto el capitulo. Lo sentí un poco flojo… no se… espero al menos que a ustedes les guste.

.

.

.

Kisses!!!

"Si no esperas lo ineperado no lo reconocerás cuando llegue"