Hola jeje como vamos?
Diclamier: La historia pertenece a Nora Roberts y los personajes a Stephanie Meyer
Capitulo 26
Tal como había sido su intención, fue como una bofetada. Ella retrocedió, dio media vuelta y se dirigió hacia la otra habitación. Al asir el pomo de la puerta, oyó el sonido de líquido sobre cristal.
Con una súbita oleada de furia, pensó que toda su vida había soportado esa clase de crítica indiferente sin emitir siquiera un murmullo. Había crecido con ella, había llegado a esperarla. Pero era una mujer adulta. Irguió los hombros. Era hora de dejar de inhibirse o alejarse y de asumir el siguiente riesgo.
Garrett bebió un trago de whisky y se preparó para lo que creía que iba a ser una discusión acalorada. Habría preferido que Kate se hubiera ido a su habitación, pero tenía derecho a desahogarse. Si lo necesitaba, iba a dejar que apuntara e hiciera algunos disparos. Alzó la copa una segunda vez y se atragantó.
-¿Qué diablos estás haciendo?
Con calma ella terminó de desabrocharse la blusa.
-Demostrar que te equivocas.
-Para -Kate dejó que la blusa cayera al suelo antes de bajar la mano al botón de los pantalones-. Maldita sea, Kate. Ponte la camisa y lárgate de aquí.
-¿Nervioso? -se quitó los pantalones.
Las braguitas eran de un blanco virginal, sin encajes- Las piernas eran más blancas, con unos muslos largos. A pesar del whisky, se le resecó la boca.
-No estoy de humor para uno de tus experimentos -con manos húmedas buscó un cigarrillo.
-Es evidente que estás nervioso -se echó el pelo para atrás. Una tira del sujetador le cayó por los hombros al avanzar hacia él.
-Cometes un error.
-Es más que una posibilidad -se plantó delante de él de forma que la última luz del día cayó sobre su pelo y su cara-. Pero será mío, ¿verdad?
Garrett no recordaba haber visto jamás algo más hermoso. Tampoco haber deseado algo con más intensidad. Pero de lo que no tenía dudas era que nunca había temido algo más que a esa mujer pequeña, preciosa y medio desnuda, con ojos como jade y cabello como fuego.
-No voy a tocarte -alzó la copa y se bebió hasta la última gota. La mano le tembló.
Fue todo lo que necesitó Kate para estar completamente segura.
-De acuerdo. Te tocaré yo.
No poseía nada que la guiara. Su experiencia con los hombres no era inexistente, pero se había visto limitada por una educación estricta y una carrera exigente. De algún modo entendió que aunque hubiera conocido a cientos de hombres, en esa ocasión habría sido diferente. Confió en el instinto y en la necesidad y se acercó más.
Tenía las manos más firmes que las de Garrett al pasarlas por su pecho. Sin quitarle los ojos de encima, disfrutó de la sensación firme y dura de los músculos mientras le acariciaba los hombros. Tuvo que ponerse de puntillas para llegar hasta su boca. Con labios suaves e insistentes jugó con sus labios. Con el cuerpo pegado al de él, sintió el martilleo de su corazón.
Él mantuvo el cuerpo tenso, como si esperara un golpe. En un momento se sorprendió queriendo acariciarla, pero volvió a dejar caer las manos y las apoyó sobre la cómoda, a su espalda. Creía conocerla lo bastante bien como para estar seguro de que la falta de respuesta la humillaría hasta el punto de que se marcharía. Para mantenerla a salvo de él. Con lo que no había contado era con que también ella lo conociera.
Mientras jugaba con los labios de él, le desabrochó la camisa para poder moverse con libertad por su torso. A ella también le martilleaba el corazón y tenía la visión algo borrosa. Si hubiera sido una seductora consumada, no habría podido hacerlo mejor.
-Te deseo, Garrett -bajó por la mandíbula hasta el cuello-. Te he deseado desde el principio. A pesar de que he intentado que no fiera así -con aliento trémulo le rodeó la cintura con los brazos y luego subió las manos por su espalda-. Hazme el amor.
Le puso las manos en los hombros antes de que pudiera volver a besarlo. Sabía que si le tomaba la boca una segunda vez estaría perdido.
-No es un juego que puedas ganar -indicó con voz ronca. Las palabras parecieron quemarle la garganta-. Retírate, Kate, antes de que sea demasiado tarde -la habitación estaba a oscuras. La luna aún no había salido. Solo pudo ver el brillo en los ojos de ella cuando lo miró.
-Dijiste que creías en el destino. ¿No me reconoces, Garrett? Soy tuya.
Quizá eso era lo que él más temía. Kate era tan ineludible como el destino, tan elusiva como los sueños. Y en ese momento, justo en ese momento, la tenía pegada como una promesa.
-Entonces yo soy tuyo. Y que Dios te ayude.
Pegó la boca a la de ella con todo el fuego, toda la fuerza, toda la furia que había contenido. Había querido salvarla, y en el proceso salvarse él mismo. En ese momento ya dependía del destino, y de la suerte. Sabía que iba a romper todas las promesas hechas. La tocaría, se saciaría de ella. Y la noche se ocuparía de sí misma.
Dejó que sus manos la recorrieran. El tenue material se deslizó bajo ellas. La piel de Kate era como leche, fresca, blanca, cremosa. Fascinado, introdujo los dedos bajo la prenda y encontró el calor. En el acto ella le clavó las uñas en la espalda. Apoyándola contra él, continuó hasta que a ella se le aflojaron las rodillas. Cuando quedó laxa, la alzó en brazos.
-Esto es solo el principio -le dijo al depositarla sobre la cama-. Esta noche te voy a hacer todas las cosas que imaginé la primera vez que te vi -el cabello se extendía como un abanico de llamas sobre la colcha blanca-. Puedo transportarte a sitios en los que nunca has estado. Lugares que mañana quizá desees no haber conocido.
Ella le creyó. Excitada, temerosa, levantó las manos hacia él.
-Muéstramelos.
No había imaginado que alguien pudiera besar de esa manera. Con anterioridad Garrett le había mostrado pasión, temperamento, contención. En ese momento la contención había sido desterrada, sustituida por una habilidad devastadora. Su lengua la provocó y atormentó, sus dientes la excitaron e incitaron. Kate descubrió que respondía con una totalidad que jamás había experimentado.
Luego él comenzó a tocarla.
Tenía las manos de un músico y sabía cómo acariciar a una mujer. Con las yemas rozaba, presionaba, se demoraba, hasta que la tuvo sin aliento debajo de él. Los murmullos de Kate eran suaves, luego urgentes, luego como en un delirio. Lo abrazó, exigió con una fuerza que parecía nacida del momento. Buscó el botón de los pantalones de él, lista para introducirlo en ella, para devolverle ese placer que creía que ya no podía alcanzar cotas más altas. Entonces los dedos de Garrett encontraron un nuevo secreto. El cuerpo de Kate se tensó, tembló y se quedó flojo.
No, ella jamás había estado en ese sitio. Se hallaba a oscuras y el aire era espeso y dulce. Sentía los brazos pesados y la cabeza ligera. Notó los labios de él por el cuello, hasta el sujetador. Sumergió la lengua por debajo del material tenue y la pasó por la cumbre; Ella solo fue capaz de gemir.
El sujetó la tira entre los dientes y la bajó despacio mientras con las manos seguía obrando su magia. Mí era como la había querido, debilitada por el placer, drogada por el deseo. Podía probarla allí donde quería. En tan dulce. Incluso cuando la piel se le encendió y humedeció, había mucha dulzura. Podría haberse alimentado de esa manera durante días.
La luz de la luna se tomó más clara y las pasiones más oscuras.
Comenzó a seguir un camino descendente con la boca. La hizo temblar y gemir. La hizo suspirar y murmurar de placer, para devolverla al rato a la desesperación.
Catapultada a lo más alto, Kate alargó los brazos hacia él. Rodaron juntos, atrapados en una necesidad que estaba a punto de verse satisfecha. Una vez más ella se debatió por desvestido. Se movió con celeridad. Cuando quedaron desnudos, él se movió con mayor velocidad.
Cuando la penetró, Kate soltó un grito ahogado. Medio enloquecida, lo agarró del pelo y le bajó la boca a la suya. Garrett la tomó con fuerza y velocidad, aunque a ella no le costó seguirle el paso. De hecho, a Kate le dio la impresión de que sus corazones latían al mismo ritmo. Mientras lo besaba percibió el súbito escalofrío de la emoción mezclada con la, pasión. Al abrir los ojos vio en los de él una oscura intensidad.
Luego Garrett enterró la cara en el pelo de ella y se poseyeron mutuamente.
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