15 años después…

Clarke subió sus cosas en la parte trasera de su Renault de color azul, y saludó a uno de sus compañeros con la mano, quien también estaba subiéndose a su auto a una distancia prudencial. Había sido una larga jornada de trabajo y Clarke estaba muy feliz con los resultados. Desde que se había recibido como psicólogo, y luego se había especializado en Psicología Deportiva (Lexa estuvo muy feliz al respecto), se había hecho un gran renombre entre los deportistas y varios clubes de futbol y baloncesto. Clarke Griffin era conocida como "la gurú" de los psicólogos entre los deportistas del momento. Aquellos que presentaban de repente un bajón en su rendimiento, o que simplemente habían perdido toda motivación, y cuyos problemas no tenían que ver con la parte física sino mental, siempre acababan buscando su ayuda.

Clarke había viajado mucho, había estudiado un poco más y había acumulado una experiencia que con tan solo treinta y cinco años, era impresionante. Y ahora ella junto a un par de colegas, incluyendo su profesor favorito en la universidad de Harvard, Marcus Kane, dirigían un centro de investigación sobre psicología deportiva y salud, y todo iba viento en popa. Recordaba la ilusión que le había hecho embarcarse en ese proyecto, y que ahora todo estuviese yendo de maravilla no hacía más que ponerla de un humor increíble y hacer que se sintiese sumamente agradecida.

Encendió el auto pensando en que estarían haciendo en ese momento su mujer y su hija. Sonrió recordando cómo habían cambiado sus vidas desde que Charlotte había llegado seis años atrás. No iba a decir que su relación con Lexa había sido color de rosa luego de lo ocurrido en Hungría y de que decidieran que eso era lo que querían, pasar el resto de sus vidas la una al lado de la otra. Pero habían pasado ocho años desde que se habían casado y exactamente quince desde que estaban juntas, y aunque habían discutido infinidades de veces por cosas importantes y otras no tan importantes, seguían juntas, seguían amándose y seguían luchando contra todos y contra todo.

A veces, cuando Raven y ella se quedaban en el jardín tomándose una copa de vino hasta altas horas de la noche, cuando venía de visita a San Diego ya que su mejor amiga vivía junto a Costia en Nueva York, la latina solía preguntarle si no se arrepentía de haber conocido más gente y de haber experimentado más cosas. A fin de cuentas Lexa había sido la primera en su vida tanto romántica como sexualmente hablando, pero en ella no había ni una gota de arrepentimiento. Si tenía que ser sincera, si hubo una etapa en la que se preguntaba si quizás debió experimentar más, pero cuando su esposa la rodeaba con sus brazos y su cuerpo, su olor y su calor la envolvía, Clarke estaba segura de que no había otro lugar en el que deseara estar.

Quince años podían decirse fácil, pero no lo eran. Y ambas habían cambiado a lo largo de ese viaje, pero de lo que estaba segura era que esos quince años se convertirían en treinta y luego en cincuenta. Porque Alexandra Woods era la mujer de su vida.

Estacionó el auto en la entrada y puso una mueca cuando vio la bicicleta de su hija tirada en el jardín. Probablemente ella y Lexa habían estado jugando y su esposa era como una niña en ese aspecto, y se olvidaba de ordenar o de decirle a su hija que debía recoger sus cosas. Cogió la bici rosada colocándola contra la puerta del garaje y se encaminó hacia la puerta de entrada. Nada más entrar el olor a galletitas inundó sus fosas nasales y la hizo sonreír. Desde allí escuchaba las risas de Charlotte y Lexa, quien parecía estarle haciendo cosquillas, porque la niña reía con muchas ganas.

-¡Mami!-Exclamó desde la cocina que se comunicaba por un espacio con el salón, cuando vio a Clarke entrar y dejar sus cosas sobre el sofá. La pequeña rubia corrió con los brazos abiertos y se abrazó al cuello de Clarke. Haberla tenido en su vientre durante nueve meses había sido fantástico, pero tenerla entre sus brazos, había sido de los mejores momentos de toda su vida.

-Hola, mami-Lexa apareció con un delantal y con la cara llena de mezcla para galletas.

A Clarke le pareció que entre su hija y su esposa no había nada más adorable en el mundo. Bueno, a Lexa podía sumarle "sexy" a los adjetivos. La morena se acercó dándole un beso en los labios con cariño y Clarke le limpió un poco la cara.

-¿Estáis haciendo galletas o haciendo una guerra en la cocina?-Intentó refunfuñar Clarke pero adoraba ver a sus dos chicas con el pelo desordenado y los delantales manchados.

-Mamá ha empezado-Se defendió la niña y Lexa abrió la boca indignada.

-Oye pequeñaja-Le dijo alzándola en brazos y mordiéndole la barriga, haciendo que la niña lanzara alaridos y carcajadas. Lexa la puso de nuevo en el suelo.

-Mami-Charlotte llamo la atención de Clarke, quien era "mami" mientras que Lexa era "mamá"-Mamá y yo estamos haciendo galletitas para los niños a los que les da clases.

-¿Ah sí?-Clarke miró a su esposa quien le regaló una de esas encantadoras sonrisas que hacían volar bragas en su época de libertina, pero que ahora solo le dedicaba a ella.

-Mañana tenemos una actividad especial y este piojito ha querido hacerles algo ¿verdad, cariño?-La pequeña niña asintió solemne y Clarke sonrió.

Lexa había dejado de ser una nadadora a nivel competitivo y profesional desde hacía cuatro años. Y lo había hecho en un momento en su carrera en donde ella misma le había confesado, que no podía sentirse mejor y feliz. Pero había dedicado toda su vida a ello y quería hacer otras cosas, quería vivir otros momentos, guardar otros recuerdos. Y así era como había comenzado a trabajar por un lado ejerciendo su profesión de bioquímica, en una pequeña empresa propia, en la que había invertido sus ahorros y que hacía que Clarke se sintiera muy orgullosa, y luego algunos días, hacia algo que adoraba muchísimo, y era seguir colaborando con las clases de natación para niños con discapacidad.

-¡Sí!-Alzó los brazos y luego abrió mucho la boca-¡Mamá las galletas!-Lexa corrió hacia la cocina abriendo el horno, por suerte aún estaban a tiempo y no había ninguna galleta quemada.

-Estas eran las ultimas, piojito. Ve a lavarte para que cenemos con mami y luego podemos comer algunas.

-¿Puedo comer una ya, mami?-Preguntó haciéndole ojitos a la rubia quien miró a Lexa divertida.

-No, cariño. Ya escuchaste a mamá. Primero la cena- La niña puso pucheros pero no protestó, yendo hacia el baño para lavarse las manos y quitarse el resto de mezcla para galletas-¿Cómo es que podéis ensuciar tanto?-Clarke se acercó cogiendo a su esposa por la cintura para darle un beso más profundo. Lexa gimió sobre sus labios… hacía tiempo que no tenían la intimidad que necesitaban… pero tenía un plan para que eso cambiara pronto.

-Sabes que lo limpiaré…-Clarke le quitó restos de suciedad de la nariz.

-Te sienta bien el delantal-Le susurró cerca de los labios y ambas sonrieron volviendo a besarse.

-Tenemos que hablar de algo-Le dijo luego Lexa mirándola fijamente.

-¿Qué pasa?-Clarke frunció el ceño.

-Mientras hacíamos las galletas, Charlotte y yo hemos tenido una conversación de lo más interesante-Comenzó a contarle-Al parecer le han mandado a hacer un dibujo de su familia para la clase, y obviamente nos ha dibujado a nosotras y a sus tías Raven y Costia- Cogió aire-Y la maestra le ha preguntado que donde estaba el papá y por lo que me ha contado, básicamente la ha hecho sentir mal por no tener uno-Dijo un poco apesadumbrada y molesta.

-¿Qué hizo que?

-Obviamente nuestra hija es lo suficientemente inteligente para saber que existen muchos tipos de familia, pero me ha dicho que algunos niños le han hecho comentarios sobre que lo normal era tener una mamá y un papá y no dos mamás, y la maestra no ha hecho ni ha dicho nada al respecto-Siguió contando y cogió el rostro de Clarke que se estaba comenzando a poner rojo de pura indignación entre sus manos-Creo que deberíamos ir a hablar con la directora.

-Oh, lo haremos mañana mismo-Dijo apretando la mandíbula.

-¿Les aplicarás un poco de tu psicología, mi amor?-Sonrió.

-No sé cómo tú no estás molesta…

-Lo estaba, pero he tenido tiempo para calmarme-Suspiró.

-¿Has hablado con Charlotte y le has explicado…?

-Sí, cariño-Besó su frente-Pero no estaría de más que tú también lo hicieras.

-Vale, esta noche lo haré antes de dormir-Asintió.

-Lista, mamá-La niña llegó corriendo-Hemos preparado lasaña, mami.

-Ah, con razón huele delicioso.

-Cuando dice hemos, quieres decir "mamá ha preparado" ¿no, piojito?-La niña soltó una risita-Voy a lavarme yo y regreso, vosotras poned la mesa-Le dio un beso en los labios a su esposa y Clarke la miró con cariño.

Luego de una cena entre risas y un divertido juego de mesa en donde Lexa como siempre sacó su lado más competitivo, estaba preparándose para ir a leer algunos documentos importantes en la comodidad de su cama, cuando escuchó la conversación que mantenían su hija y su esposa y no pudo evitar quedarse apoyada sobre el marco de la puerta, atenta.

-…y yo le he dicho que yo tengo dos mamás y que sí que se puede, pero no me ha creído-Estaba diciendo Charlotte con su voz cantarina.

-Claro que se puede, mi amor. Mami te explicó que hay muchos tipos de familia ¿recuerdas?

-Sí, mami.

-¿Y qué era lo más importante en una familia?

-Que haya amor y respeto.

-Por eso así sean dos mamis, o dos papis o una mamá y un papá, o incluso una sola mamá o un solo papá, lo importante es que esas dos cosas estén-Escuchó como le daba un beso, probablemente en la frente.

-Quiero que mamá también me de las buenas noches.

-Enseguida se lo digo, calabacita-Clarke se acercó y vio a Lexa de pie, aun apoyada en el marco de la puerta con media sonrisa.

-Lo has hecho bien, mami-Le dio un beso rápido y luego entró a arropar y a darle las buenas noches a su hija.

-Buenas noches, piojito-Le dijo tapándola mejor.

-Oye mamá…

-Dime, mi cielo.

-En las familias también hay hermanos… ¿Cuándo tendré yo uno?-Lexa se preguntó por qué siempre le tocaban las preguntas difíciles a ella y no a su mujer quien se suponía que era la experta en estos temas y en saber cómo abordarlos.

-Eso es una conversación para otra hora del día. Mañana tienes cole y tienes que dormir.

-Pero mamá…

-Venga, piojito-Le dio otro beso y apagó las luces dejando solo la lamparita encendida-Buenas noches, mi amor.

Lexa se fue casi corriendo hacia su habitación y vio a su mujer ya en la cama, leyendo cómodamente. Clarke levantó la vista y la miró con el ceño fruncido.

-¿Por qué parece que has visto un fantasma?


Las vistas de Manhattan siempre serían sus favoritas, no solo por la belleza urbana que lo rodeaba, sino por la energía que lograba transmitirle y porque, le traía muchos recuerdos de la primera vez que Raven y ella se habían aventurado a la gran manzana, y se habían prometido que algún día vivirían en uno de esos lujosos pisos. Y allí estaban, seis años después. El camino no había sido fácil, Costia tuvo una recaída ocho años atrás de la que logró recuperarse y lo mejor fue que Raven siempre estuvo a su lado y no se dio por vencida en ningún momento. Era interesante como cuando la persona correcta entra en tu vida, la forma en la que miras y percibes las cosas puede dar un giro.

La recaída había sido dura y dolorosa, Costia se había autoconvencido que ya era parte de ella, que estaba destinada a fracasar, pero Raven la había convencido de lo contrario, la había motivado y le había hecho entender que la vida consistía en ese tipo de pruebas y tropiezos, pero que lo importante era levantarse. Y allí había sido cuando se habían ido a Nueva York, Costia ya estaba comenzando a hacerse un nombre dentro del mundo del arte y querían aprovecharlo. Raven por su parte había conseguido un excelente contrato en una empresa y tenía que viajar más de lo que a Costia le gustaría, pero había semanas enteras en las que la tenía solo para ella, como unas minivacaciones a mitad de año.

Sintió los brazos de su chica rodeándola, su cuerpo estaba cálido y podía notar que debajo de la enorme camiseta que usaba como pijama no llevaba ropa.

-¿Por qué me has abandonado?-Preguntó dejando un beso en su cuello, refiriéndose al hecho de que la había dejado sola en la cama, en un día lluvioso.

-Tenía inspiración para pintar-Respondió Costia dándole un sorbo a su café.

-Oh si… es verdad que el sexo te inspira-Sonrió en su oreja mordiéndola ligeramente, haciendo sonreír también a Costia-¿Sabes qué estaba pensando?

-¿En tener más sexo ahora mismo?

-Además de eso-Rio girándola para mirarla a los ojos-Quiero hacer otro viaje a México, y esta vez podemos decirle a Clarke, Lexa y Charlotte que vengan.

-La exposición está a la vuelta de la esquina…

-¿Y qué? en México también puedes pintar-Costia puso una mueca-Mis padres te adoran, Cos, ya lo sabes.

-Y yo a ellos-Asintió.

-¿Entonces no te parece una gran idea?

-Sabes que si-Acabó sonriendo y Raven acercó su boca a la de su chica, mordiendo su labio inferior.

-Bien. Ahora ven a darme la segunda ronda porque te he echado de menos como una puta loca-Costia sonrió cogiéndola por la cintura para besarla profundamente mientras ambas caminaban entre besos y gemidos a la habitación.


-¡Mamá mírame!-Charlote alzó los brazos y Lexa sonrió orgullosa.

-¡Está muy lejos!-Se escandalizó Clarke al ver a su hija en las profundidades de aquel lago.

-No está tan lejos, además te recuerdo que es la mejor de su clase de natación-Dijo con mucho orgullo y una sonrisa.

-Me da igual que sea la reencarnación de Michael Phelps o Alexandra Woods, está muy lejos. Dile que venga aquí ahora mismo-Le advirtió con una mirada asesina y Lexa suspiró nadando hacia su hija, para indicarle que se acercara.

-Nunca pensé que Lexa sería una mamá tan increíble-Clarke giró la vista mirando como su hermana se acercaba. El sol de Cancún la hacía ver más esplendorosa. Sabía que las cosas para Costia nunca habían sido fáciles pero adoraba verla tan bien junto a su mejor amiga, quien en ese momento estaba riendo a carcajadas con los miembros de su familia, un grupo de gente de lo más divertido y colorido. Clarke estaba encantada de conocerlos por fin.

-Yo siempre supe que lo sería-Sonrió Clarke-Charlotte quiere un hermanito…-Comentó luego y Costia rio divertida.

-¿Eso quiere decir que tendré otro sobrino o sobrina pronto?

-Lexa casi sufre un colapso con ese pensamiento, así que lo veremos-Rio dándole un sorbo a su coctel mientras miraba a su hija y a su esposa jugaban en el agua y Lexa la cogía sobre sus hombros haciendo que Charlotte riera emocionada-Pero creo que hay una posibilidad… aunque no aún-Dijo y luego miró a Costia de reojo-Aun estoy esperando que me deis sobrinos a mi…

-Díselo a la chica ejecutiva que no para casi en casa.

-Podrías tenerlo tu…

-¡¿Yo?!-Negó efusivamente-No, gracias-Rio y Clarke también lo hizo.

-No es tan malo. Es… muy bonito a decir verdad.

-Quiero que sea un chocolatito latino. Y para eso lo tiene que tener Raven-Declaró y Clarke la miró con media sonrisa.

Luego de un día genial en aquel paradisiaco lugar, prepararon una gran cena a la mexicana en donde Costia se preguntó si su estómago aguantaría tanto picante, pero joder, todo estaba demasiado delicioso. Estaba comiéndose su cuarto taco, cuando escuchó que Raven golpeaba su copa y se ponía de pie. Todos se quedaron en silencio mirando a la morena.

-Me gustaría… agradecer a todos los que estáis aquí, conmigo, con nosotras…-Señaló a sus invitadas-Mamá, papá…-Miró a sus progenitores-Sabéis lo mal que lo pasé cuando me quedé sola en un país del que solo me sentía parte a medias… pero estas personas-Señaló a sus amigas-Fueron mi familia, mi apoyo y mi todo…-Miró luego a su chica-Y esa mujer que esta allí, ha sido lo mejor que me ha pasado… por eso, cuchi, quiero pedirte que te cases conmigo. Que ya son quince años, joder-Costia casi se atraganta con el taco que aún estaba masticando y miró a todo el mundo realmente sorprendida cuando Raven se acercó a ella arrodillándose a su lado para mostrarle un anillo-¿Qué dices?

Costia no pudo evitar sonreír y besarla con cariño.

-Que estás jodidamente loca-Le dijo aún sin poderse creer que eso estuviera pasando y de esa forma.

-Ah pero eso ya lo sabías, y lo has aguantado bien.

-¿Es en serio?

-Nunca he hablado más seriamente en mi vida.

-Te mataré luego cuando estemos a solas por hacer que casi muriera ahogada-Sonrió más ampliamente-Pero si, por supuesto que me casaré contigo-Respondió emocionada.

Se abrazaron y todos comenzaron a aplaudir llenos de emoción.


Lexa se aseguró que todo estuviera en su lugar y asintió satisfecha. Esta debía ser su noche junto a Clarke. Tenían un par de semanas sin pasar tiempo a solas y ambas lo necesitaban. Y gracias a los abuelos de Charlotte, iban a poder compartir esa noche. A veces pensaba en su madre y en cómo habría adorado a su pequeña hija, pero sabía que donde quiera que estuviera siempre sería parte de su vida. Había sido bastante bonito además, ver como Jake, el padre de Clarke, cambiaba completamente a medida que conocía a su nieta, hasta que acabo aceptando entre lágrimas, que se había equivocado al juzgar a sus dos hijas y que solo quería la felicidad de ambas. Habían pasado muchos años para eso, pero ver el alivio de su esposa al saber que su padre finalmente la aceptaba no había tenido precio.

Escuchó el auto de Clarke estacionarse en la entrada y sonrió emocionada caminando hacia la puerta, abriéndola justo cuando la rubia iba a meter las llaves.

-Bienvenida, pequeña-Le dijo haciéndose a un lado para que pasara. Clarke la miro extrañada.

-Hola, cariño-La saludó con un beso rápido-No sabes lo que pasó en…-Se detuvo cuando vio que Lexa había desplegado la cena sobre la mesa con velas y vino-¿Y esto?-Lexa cerró la puerta contenta.

-Me alegro que preguntes-La cogió de la mano, quitándole el bolso y el abrigo y luego sentándola en la mesa. Le dio un beso cariñoso en el pelo y se sentó junto a ella-La cosa es, que extrañaba demasiado a mi esposa, y sobre todo extrañaba hacerle el amor como a mí me gusta-Clarke acabó sonriendo.

-¿Dónde está Charlotte?.

-Con sus abuelos. Así que te tengo para mí sola y oh, créeme que voy a aprovecharlo-Clarke se mordió el labio y cogió la mano de su esposa.

-Siento si te he abandonado un poco…

-No es eso, pequeña. Pero realmente creo que necesitábamos una noche solo para nosotras-Alzó ambas cejas y le mostró lo que había preparado-¿Recuerdas la primera vez que cocine para ti?-Clarke asintió mientras Lexa le servía un poco de vino.

-En aquella época en la que no podía creer que te hubieses fijado en mi…

-¿Qué? Yo era la que no podía creer que tú te hubieses fijado en mi-Clarke carcajeó.

-Venga ya. Si sabes perfectamente lo buenas que estabas y que aún estás-La morena acabó sonriendo.

-Eso da igual porque me he casado con una mujer aún más guapa.

-¿Nunca te has preguntado qué habría pasado si no te hubieses casado conmigo?-Lexa levantó la copa.

-No, y dudo que lo haga en algún momento-Clarke juntó la copa con la de su esposa-Por ochenta años más-Sonrió y Clarke hizo lo mismo besándola.

Cenaron entre carcajadas y comentarios de lo que había sido el día de ambas. Era algo que solían hacer, pero Clarke pensó que la morena tenia razón, este tipo de intimidad no la tenían desde hacía mucho y lo estaba disfrutando bastante. Luego del postre se sentaron en el sofá y siguieron charlando entre risas y recuerdos hasta que Lexa atacó los labios de Clarke y ambas suspiraron llenas de deseo.

-Tu plan era seducirme ¿verdad?-Rio Clarke colocándose sobre ella y Lexa dejó besos de fuego en su mentón y su cuello mientras reía.

-Espero que te hayas traído un tupper, porque voy a darte hasta para llevar-Clarke estalló en una carcajada y volvió a unir su boca con la de su esposa, comenzando a desnudarla.

-¿Tienes muchas ganas de follarme?

-Oh si-La cogió por la cintura rozando su cuerpo con el de la rubia.

-¿Fuerte?

-Si-Comenzó a morder y a chupar su cuello mientras la cogía con fuerza y se levantaba del sofá. Clarke se aferró a su cuello y la rodeó con sus piernas. Lexa podía haber dejado de ser deportista profesional, pero aún se ejercitaba y su cuerpo seguía volviendo loca a Clarke. Pasó sus manos por sus fuertes brazos y jadeó cuando la morena la puso contra la pared sin dejar de devorar su boca, mordiendo su labio inferior en el proceso-Dios, Clarke… nunca me cansaré de ti…-Sus manos apretaron con fuerza sus pechos-Ni de ellas-Abrió la camisa con fuerza haciendo que los botones volaran.

-Oye, era mi favorita-Murmuró entre suspiros pues Lexa había comenzando a besar la parte superior de sus pechos.

-Te compraré cinco iguales-Respondió con un gruñido, haciendo que uno de sus pechos sobresaliera para poder meter en su boca, gimiendo de gusto. Clarke cerró los ojos arqueando la espalda y metiendo los dedos en el sedoso cabello de su esposa, mientras sentía que su lengua la hacía vibrar y sentir que la excitación hacia que su piel comenzara a arder y a perlarse de sudor.

Sus manos no se quedaron quietas y acariciaron el abdomen desnudo de Lexa, su espalda, sus hombros y sus brazos. Necesitaba más, necesitaba sentirla. Cogió su rostro con ambas manos y unió sus labios con los carnosos y sexys labios de la morena, quien volvió a sujetarla con fuerza hasta que ambas acabaron en la habitación sin dejar de devorarse. Lexa dejó a su esposa sobre la cama y comenzó a desnudarse de forma desesperada, mirando como la rubia hacia lo mismo con una sonrisa y una mirada de deseo.

Lexa se abalanzó de nuevo sobre sus pechos y Clarke la recibió abrazándose a su espalda, colocándose luego sobre ella, para ser esta vez quien pudiera besar su cuerpo. La morena dejó que los labios de su esposa recorrieran su piel mientras suspiraba y sentía que su deseo y su excitación solo aumentaban. Y cuando la mano de Clarke acabó en su mojada entrepierna no pudo evitar gruñir y cambiar nuevamente de posición, besando el vientre de Clarke y bajando hacia su centro de placer.

-Necesito tenerte en mi boca, pequeña-Murmuró lamiendo su ingle, abriendo más sus piernas, mirando con ojos velados como su esposa temblaba por la anticipación. Su lengua acabó justamente donde Clarke la necesitaba y la escuchó gemir con fuerza-Si, joder, había extrañado ese sonido-Dijo con vehemencia volviendo a lamer y chupar, haciendo que la cadera de Clarke se elevara y que sus manos se aferraran a las suaves sabanas.

Lexa se empapó de su humedad y cuando sintió que estaba a punto de explotar y llegar al éxtasis se detuvo, recorriendo con su lengua un camino hasta su boca, besándola con sensualidad.

-Gírate-Le dijo y Clarke la obedeció, mirando por el rabillo del ojo como buscaba algo en el cajón de la mesilla de noche-Cuando dije que quería hacértelo fuerte, hablaba en serio-Le dijo colocándose detrás de ella-Porque sé que es como te gusta.

Clarke sonrió mordiéndose el labio.

-Me conoces bien, cariño…-Lexa tragó hondo cuando vio la humedad de Clarke expuesta para ella, y como el flujo recorría prácticamente su pierna, por lo mojada que estaba. Pasó su lengua para limpiarlo y llevó sus dedos hasta el botón de placer de la rubia, haciéndola gemir.

-¿Estás lista para mí?-Preguntó rozando su intimidad con el dildo.

-Joder, si…-Clarke gimió audiblemente cuando sintió como Lexa entraba en su interior con el strapon. No, no era el mismo que habían comprado años atrás. De hecho tenían una colección y por lo que había visto era una de las nuevas adquisidores. Por supuesto que los tenían bajo llave porque tener niños en casa era lo que tenía.

-¿Está bien?-Preguntó la morena pegando sus pechos a la espalda de su esposa, sin dejar de estimular su botón de placer.

-Está perfecto, dios… hazlo más rápido-Le pidió y Lexa no perdió el tiempo, comenzando a moverse más y más rápido, haciéndola gritar. Dejó besos en su cuello y en su espalda y Clarke cerró los ojos cuando el orgasmo la asaltó, haciendo que todo su ser vibrara y que su entrepierna se estremeciera y enviara deliciosas sensaciones al resto de su cuerpo-¡Ah!-Gimió y se quedó sin aliento cuando notó que Lexa no tenía planeado detenerse, sin embargo, sí que comenzó a moverse de forma lenta y profunda, para que la rubia contuviera el aliento.

-No sabes cuánto había extrañado sentirte y escucharte así-Susurró en su oído mordiéndolo y lamiéndolo en el proceso. Comenzó a moverse rápido una vez más, haciendo que Clarke volviera a jadear y a gemir casi sin aliento, estirando la mano hacia atrás para sentir a su esposa cerca. Su liberación también estaba cerca, y llegó justo con el segundo orgasmo de la rubia, quien giró el rostro para que Lexa la besara, gimiendo sin parar sobre su boca. La morena devoró sus labios y gruñó tensándose, cayendo luego sobre el cuerpo de su mujer, ambas completamente sudadas y extasiadas.

-Guau-Dijo Clarke con su rostro sobre las sabanas y con una sonrisa-Lexa besó su hombro y se colocó a su lado lanzando el juguete a un lado.

-No creas que hemos acabado…

-Mmm sé que no-Giró el rostro para encontrarse con los ojos encendidos de su esposa-Te extrañé-Susurro y Lexa sonrió besando sus labios.

-Estoy aquí y siempre estaré-Acarició su rostro-Te amo, pequeña, te amo como a nadie y… creo que es hora de que Charlotte tenga un hermanito-Clarke la miró sorprendida.

-Lexa, ahora no creo que sea buen momento, sabes que estoy con esta nueva investigación y…

-Nadie ha dicho que seas tú la que vayas a embarazarte-Sonrió algo nerviosa.

-¿En serio?

-Quiero tener una familia enorme contigo, mi amor. Además, quiero que cuando estemos viejas tengamos suficientes hijos para que puedan mantenernos-Clarke le dio un manotazo y ambas rieron-De verdad, quiero esto. Y te quiero a ti… para siempre-Abrazó a Clarke y esta se recostó en su pecho adorando esa sensación, esa seguridad de saber que luego de haber vivido todo lo que habían vivido, esa mujer era el amor de su vida y no quería a nadie más, solo a ella.

A la nadadora engreída que se había apoderado de su corazón.

-Y yo a ti, Lexa Woods.

-¿Para siempre?

-Para siempre.