Capítulo 25.
"PASIÓN"
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- Me ha agradado verte Camila, debo irme, espero volverte a encontrar otro día – exclamo Terry, despidiéndose de la joven que se quedaba inmersa en sus pensamientos.
- Igual a mí me dio gusto volverte a ver Terry, cuídate y piensa bien en mi consejo – sonrió ella.
- ¡Antes que se me olvide!, ten mi tarjeta ahí viene mi número telefónico, cuando quieras conversar, o necesites algo, con gusto te atenderé – sonrió Terry ahora si alejándose de ella, dejándola ahí sola con la tarjeta entre sus manos, sin embargo luego de encender su auto, pudo percibir que había alguien más con ella, quizás quien le ayudaba, porque justo eso hizo, avanzo a su lado, hacia un auto negro con cristales polarizados, estacionado en una zona con poca iluminación del lugar.
Terrence se fue extrañado de ese reciente encuentro con esa chica a la que no veía desde hace mucho tiempo, con exactitud desde su época de colegio, era evidente que el encontrarla por completo cambiada, estaba resultando ser lo más asombroso, tenía la intención de saber más los motivos, pero respetaba su decisión y ella solo le había indicado que llegaba a esa playa cada año, el mismo día y a la misma hora, pero no existía algún móvil más.
Lo cierto de todo, fue que mientras Terrence conducía, iba recordando aquellas palabras de esa chica, era claro que le había otorgado esa sugerencia porque con seguridad ella se mantenía sufriendo por amor, de modo que al rememorar su mirada y la forma en que se veía tan melancólica, al mencionar que llegaba a esa playa solo a recordar sus vivencias felices que habían quedado en el pasado, el apuesto castaño, detuvo su vehículo de súbito en una cuadra antes de llegar al apartamento de Susana.
Esa parada la hizo para reflexionar, para analizar si en verdad necesitaba continuar con la vida que llevaba, o era tiempo de cambiar, de darse la oportunidad de conocer más a Candice, de armarse de valor y luchar en contra de sus propias reglas de no inmiscuirse tanto con una misma mujer.
Los recuerdos de la rubia regresaron a él, como ráfagas de viento, era inevitable recordar su sonrisa, al mismo tiempo en que rememoraba la noche que pasaron juntos, donde ella le entrego lo mejor de su vida, eso en definitivo era inolvidable, en cierta forma él ya se sentía dueño de ella por haber sido el primer hombre que la hizo sentir mujer, aun así solo sacudió su cabeza y siguió su camino al apartamento de Susana, dispuesto esa noche a olvidar los recuerdos de Candice.
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En otra parte de la ciudad estaba Candice, bajando del vehículo de Archie, comportándose un poco más apacible con él, ya no tan evasiva como solía serlo los primeros días que le conoció.
- Gracias por la cena - añadió Candy.
- No, yo soy quien debo agradecer que hayas aceptado, me siento muy contento de saber que ya podemos ser amigos, ¿ves que te convencí?, siempre lo hago – sonrió Archie.
- Uhm, de ser así, entonces, no quiero volverle a ver, no me agradan los hombres engreídos y vanidosos – señalo Candy, recordando a Terry.
- Bueno, bueno, disculpa, lamento haber utilizado esas palabras, es que en verdad me siento feliz de que hayas conocido más al verdadero Archie, y no al doctor ese por el que me hice pasar, quien no es en lo más mínimo parecido a mí, aunque seamos familia, ese para que veas, ¡si es un engreído!, agradece no haberlo conocido y que te haya salvado de él – respondió Archie.
- A lo mejor no tenga que hacerlo, porque otro doctor está atendiendo a mi madre y lo mejor de todo es que pronto la operaran y se repondrá, volviendo a ser la de antes – exclamo Candy.
- Me alegro en verdad – respondió Archie, sin dejar de mirar los ojos verdes de Candy.
- Creo que ya debe irse – lo interrumpió ella - dentro de poco regresara mi mamá y no le informe que saldría, usted lo escucho cuando se lo dije a Beth, así que mejor nos vemos luego.
- Claro, te llamo entonces, espero repetir una salida como la de hoy, cuídate, nos vemos pronto – exclamo Archie, despidiéndose de Candice con un beso en la mejilla, que la tomo desprevenida, y que la hizo poner un gesto de desaprobación en su rostro, que el chico ignoro de lo feliz que estaba.
Cuando se mantenía buscando las llaves de la puerta, evitando tocar, llegó su madre junto con Stear, a la señora White se le hizo un poco raro ver a su hija tan arreglada, que de inmediato supuso que había salido de nuevo con Albert, sin embargo frente a Stear decidió no mencionar nada al respecto, solo bajo la mirada y entró al apartamento, girando la chapa con su llave.
- ¡Candy! – la detuvo Stear de continuar su camino hacia el apartamento - ¿podemos ir a caminar por el barrio un rato? – Jennifer le hizo una seña de que accediera, así que lo hizo.
- Candy quiero que me disculpes por lo de la otra vez, mi intención no era regañarte, solo no quisiera que nadie te hiciera daño, y ese tipo no me parece adecuado para ti, tu misma me dijiste que se dedica a engañar a las mujeres, ambos lo vimos en la cafetería con esa chica que no era su novia – indico Stear.
- No te preocupes Stear, ese hombre y yo no somos nada, él era solo mi jefe, pero ya no lo será así yo…- en ese momento le comenzó a relatar que ya no trabajaría para los Grandchester, sino tendría un mejor empleo, ese hecho hizo sentir mejor a Stear al pensar que ella ya no vería más a Terry.
Fueron a caminar cerca de donde vivían a los alrededores, pasando por el callejón en el cual por la tarde había estado con Terry, ella circulo sin evitar mirar hacia allá, hecho que Stear percibió.
- ¿Sucede algo Candy? – cuestionó Stear, mirando dentro del callejón, para saber qué era lo que ella había observado.
- No, solo veía como esta de sucio ese callejón, deberían de pasar más seguido los del servicio de limpieza ¿no lo crees? – mintió con una sonrisa que Stear correspondió.
- Si tienes razón, lo bueno de todo, es que pronto no viviremos más aquí, así que no habrá problema, porque como demolerán este lugar, seguro esa zona desaparezca – replico Stear y Candy mostro seriedad.
- Es fácil decirlo Stear, pero aquí dejaremos muchos recuerdos de nuestra infancia, te acuerdas cuando corríamos en ese parque y nos sentábamos en ese columpió, tú me mecías y me indicabas que entre más fuerza añadieras, seguro llegaría al cielo y allá visitaría a mi padre, cuando en realidad no estaba muerto, sino mi mamá nos había engañado para no hacernos sentir mal – bajo la mirada Candice.
- ¡cómo olvidarlo!, todos y cada uno de los momentos que he pasado a tu lado Candy, los recordaré por siempre, llevándolos en mi como un tatuaje – le sonrió Stear y por un momento el ambiente se tensó, esa forma de decir las cosas, comenzaba a desconcertar a Candy, no quería pensar que Stear también estuviese enamorado de ella - ¡Pero aún podemos balancearnos! ¿no lo crees? – mencionó él para liberar ese silencio y Candy se sintió más tranquila con ese hecho.
- ¡Desde luego que sí, Stear! – le sonrió ella, corriendo rumbo a ese columpió en donde se colocó y él se puso detrás de ella a mecerla como solían hacerlo cuando eran niños - ¿tú crees que ahora si pueda llegar al cielo? A lo mejor no vea a mi padre, pero si puedo visitar la luna – bromeo Candy y al escucharla Stear carcajeo.
- ¡Pero que ocurrente Candy!, aunque seamos adultos, aun no has perdido tu sentido del humor, eso es justo, lo que más apreció en ti, aquella parte que nunca separarás de ti – le dijo él, Candy de nuevo sentía esas miradas distintas e inusuales en Stear, no la veía de la misma forma, mostraba cierta devoción, romanticismo, hechos que la intimidaban, sin embargo continuaba allí dejándose mecer, ocurriéndosele sugerirle a él algo más.
- ¿Por qué no te sientas en este otro columpio?, así disfrutamos juntos ¿Cómo ves?
- ¡Claro!, yo también quiero sentir el viento sobre mis mejillas – sonrió Stear, sentándose aledaño a ella – a ver, mezámonos lo más fuerte posible a ver quién de los dos logra hacerlo mejor – a Candy esa le pareció buena idea.
- ¡De acuerdo! – señalo con una sonrisa, ya que lo más quería evitar era tener que charlar acerca de asuntos relacionados con Terry o su trabajo en la mansión que ya no tenía más, aparte de que sobraba decir que el comportamiento de Stear hacia ella, comenzaba a ser cuestionable.
Comenzaron a mecerse con tal fuerza, que al final de cuentas cayeron del impulso hacia el césped, allí ocurrió lo que menos deseaba Candice, cayó encima de Stear y él la sujeto por la cintura, giró junto con ella, tumbados y rodando sobre el césped, encerrándola entre sus brazos para después acercársele con sutileza, hasta sentir su aliento y hacer algo que nunca antes, ni siquiera él hubiese imaginado tomar la iniciativa de realizar, la besó, se acercó lo suficiente para robarle un beso a Candy, el cual ella no rechazo, pero que en cierto modo no correspondió tampoco.
En ese preciso instante, Candice descubrió que nadie la besaría igual que Terry, el beso de Stear le pareció tan frío, totalmente alejado de la calidez que le brindaba Terry, pero quizás no porque Stear no supiera hacerlo bien, más que nada era porque ella no le quería, solo lo veía como un amigo, por lo cual mientras Stear permanecía con los ojos cerrados sintiendo los labios de ella rozar los suyos, la rubia se mantuvo con los ojos bien abiertos de la impresión.
- Candy – dijo Stear, al separarse de sus labios, aun sujetándola por la cintura tumbados sobre el césped, encerrada entre sus brazos – te quiero, te amo Candy, perdóname por haberte besado, pero no pude contenerme, siempre te he amado, no quiero que nadie te haga daño, quiero protegerte siempre, para toda la vida – Candy por su parte solo lo escuchaba por completo anonada, mirándolo solamente, sin siquiera moverse de donde estaba, no sabiendo ni cómo reaccionar, en cierta forma no quería herir sus sentimientos al decirle que ella no sentía lo mismo, reconocía que quizás le había sido muy difícil a él tomar la iniciativa de declarársele, porque nunca antes lo había hecho y ya llevaban muchos años de amistad.
- Stear, yo… Lo lamento – esquivo su mirada, parándose con espontaneidad, alejándolo de su lado, para comenzar a caminar aprisa rumbo a su casa, por completo perpleja con todo lo que estaba ocurriendo en su vida, en tan poco tiempo.
Él decidió quedarse y no seguirla, conocía bien a Candy y sabía que aunque le rogara, sería en vano, si no sentía lo mismo que él, nunca accedería, así que Stear solo pudo sentirse como un tonto, ahora presentía que ella ya no lo hablaría más, que ese atrevimiento suyo podría costarle su amistad.
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En el apartamento de Susana Marlowe, tenía todo listo para recibir a Terry, quien ya estaba ahí, en la sala esperando que saliera de su habitación, porque al llegar le dijo que tenía algo especial preparado para él, así que mientras aguardaba solo pensaba en Candice, aun así no se decidía a arriesgarse al amor.
- ¡Aquí está tu enfermera, mi amor! – exclamo Susana, vestida de blanco con un sexi uniforme de enfermera, acompañada de un látigo y unas botas blancas que combinaban con su translucido atuendo, que dejaba muy poco a la imaginación.
- ¿Tu sorpresa era un traje de enfermera? – exclamo él mirándola de pie a cabeza, mientras ella iba y se montaba entre sus piernas, rodeándolo con las suyas, poniéndose de frente para mirarlo, al tiempo en que le pasaba el látigo por el cuello - ¿estás bien? – cuestionó.
- Si, mejor que nunca mi vida, es que hice todo esto, lo de la champaña, la iluminación tenue y la mediterránea cena, porque quiero demostrarte que nunca encontrarás a una mujer mejor que yo, que soy tu novia ¿Qué me opinas? – le decía Susana, mientras comenzaba a besar su cuello.
- Pero para eso no tenías que armar tanto show – sonrió Terry.
- ¿acaso no te gusto mi amor? – cuestiono ella, dejando de besarlo y mirándolo con seriedad.
- Sí, claro – dijo él titubeante – mejor ignórame no sé ni lo que digo – respondió y Susana comenzó a besarle los labios con pasión.
De esa forma comenzaron a besarse y sumergirse en la pasión, despojándose de sus atuendos, pero cuando estaban inmersos entre caricias y besos que los llevarían donde culminarían ese acto sexual como era debido, Terrence de nuevo no pudo hacerlo, el recuerdo de Candy, a quien parecía verla por doquier, incluso mientras miraba a Susana, de nuevo apareció como un fantasma en su mente, impidiéndole continuar.
- ¿Qué ocurre Terry?, aún no hemos terminado – exclamo Susana, al notar que Terry no continuo y tomo rumbo hacia el baño.
- Dejémoslo para otro día Susi, creo que el estrés me está impidiendo hacerlo de forma normal – respondió Terrence un tanto avergonzado con lo que le sucedía, sin poderle decir a Susana la verdad, de que en realidad no podía concluir por los recuerdos que mantenía en su mente.
- Pero amor, si tú eres el hombre más vigoroso que conozco – ella creyó que con decirle eso, incrementaría su ego y libido, pero no funcionaron ni siquiera esas palabras.
Sin decir más, Terrence salió del tocador ya arreglado y se dispuso a marcharse del apartamento de Susana.
- Nos vemos luego Susana, debo ir a mi apartamento – dijo él sin más, en lo que ella permanecía tumbada sobre la cama, solo envuelta entre las sabanas, mientras él se encaminaba a la salida.
- ¡Terry!, pero ¿Por qué te vas?, puedes quedarte a dormir aquí, ¿Qué ocurre contigo? – exclamo Susana un tanto colmada de paciencia, envolviéndose con la sabana su cuerpo, para ir tras él y evitar que se marchara.
La cuestión por la cual Susana había determinado no reclamarle acerca de su posible relación con Candice, era porque no quería darle importancia, estaba guardándose su enfado para vengarse de ella, pero sin que Terry supiera que ella estaba inmiscuida en ese asunto, pero ahora que se percataba de lo que le pasaba a Terry, comenzaba a dudar de su propia cordura.
- Lo lamento Susana, pero no me siento bien, algo me ocurre, tengo jaqueca, te veré luego, ahora solo debo irme – añadió él dándole un beso y cerrando la puerta tras de sí.
"¡Estúpido! – Gritó Susana ya en su soledad - ¡no!, esto no puede deberse a esa infeliz, no, ¡me niego a creerlo!, ella no puede ser la mujer que le esté ocasionando eso, ¡no!, ¡maldita bruja!, la odio, pero no se quedará así, lo juro, encontraré la forma de alejarla de su vida, impediré que se salga con la suya. ¡Demonios!, aun no puedo creer que él en verdad se esté enamorando de esa sucia, ¡noooo!"
Susana se negaba a reconocer lo inevitable, ya que antes de que eso sucediera con Terry, aun dudaba de que esa mujer que había descrito el portero en verdad fuese Candice, pero ahora más que nunca deseaba averiguar. Con su decisión de no armarle ningún reclamo a Terry, estaba logrando que él ni imaginara que ella estaba enterada de la noche que paso con la pecosa, cuando en realidad era todo lo contrario, pero precisamente ese secreto pensaba guardarlo hasta encontrar la forma de librarse de Candy, debido a que aún mantenía la esperanza de que ella fuera un pasatiempo más para su novio, como muchos que le había quitado durante su relación de noviazgo.
Pero existía algo distinto en Candice, que ninguna de las otras relaciones pasajeras que había tenido Terry lograron, y era precisamente eso, que él no pudiera tener relaciones sexuales con ninguna otra mujer, luego de haber estado con ella.
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El día posterior bien temprano, Candy decidió salir a su primer día de trabajo, el cual esperaba fuese distinto al que había tenido con los Grandchester, se había despertado con la mejor actitud, dispuesta aprender todas las cosas nuevas que se le presentaran, incluso compró una pequeña libreta y un bolígrafo, en donde llevaría sus apuntes.
Mientras caminaba a tomar un taxi que la llevara a su destino, sintió unos brazos rodearla por la cintura, al tiempo en que le tapaban la boca con un trapo, metiéndola en los asientos traseros de un auto, que no pudo distinguir porque también le vendaron los ojos, ahí recostada en posición fetal, intentó liberarse de todo y salir, pero durante su intento cayó en un desmayo, habían usado incluso cloroformo para adormecerla, ella no sabía que destino le esperaba, pero antes de cerrar sus ojos temió lo peor.
Llegaron a una fábrica abandonada, ahí el hombre bajo con ella, cargada en su hombro, llevándola hasta un pequeño acceso que en algún tiempo pareció ser una oficina, ya que al estar en el segundo piso, tenía vista a unas máquinas antiguas que podían percibirse detrás del gran cristal que los dividía.
- ¿Dónde estoy? – exclamo Candice, abriendo los ojos con lentitud, mientras se agarraba la cabeza, intentando distinguir las sombras que cada vez se hacían más claras, logrando que ahora sí contemplara con claridad a su agresor.
- Hola Candy – respondió el tipo que llevaba puesto un pasamontañas y parecía conocerla - ¿Cómo estás?
- ¿Qué quiere de mí? – exclamo la rubia asustada, parándose del escritorio donde estaba tumbada, mientras caminaba de espaldas hacia una pared aledaña.
- Quiero…, Que estemos juntos – replico el tipo, ahora sí quitándose el pasamontañas, su identidad dejo sorprendida y a la vez enfadada a Candice.
- ¡¿Qué te pasa?! ¡eres un estúpido Terry! ¡casi me matas!, ¿Qué pretendes con secuestrarme? ¿acaso has enloquecido?, te exijo que me saques de este lugar, sino le diré a la policía, ¡Debía ir a trabajar!, así que si no me haces caso gritaré con mucha fuerza – añadió ella un tanto temerosa también, al percibir ese comportamiento tan acosador en Terry.
- Aunque grites, nadie te escuchara, estamos en una fábrica vacía, este lugar es propiedad de mi padre, aquí era antes la empresa, mucho antes que yo naciera – indico Terry mirando detrás del cristal, las máquinas que habían bajo sus pies.
- Terry por favor, dime que no has enloquecido – exclamo Candy aun desconcertada y con un hilo de voz.
- No lo sé, a lo mejor ya – sonrió él, volteándose para mirarla y acercársele, al punto de encerrarla entre sus brazos, aun de espaldas a la pared – tú me estas volviendo así Candice, disculpa que te haya traído hasta aquí de la forma en que lo hice, pero no encontré otra manera, tu, seguro te negarías a hablar conmigo y ayer no pude dormir pensando en ti, en que hoy seguro irías a trabajar con Andrew y él sí podría tenerte cerca, mientras yo sufría mi propio desconcierto con este sentir que no me deja tranquilo, desde que estuvimos juntos no he podido dejar de pensar en ti.
- No sé a qué te refieres Terry – exclamo ella mostrando interés en su argumento.
- Que no puedo seguir negando lo que siento Candy, me gustas, te quiero, quiero que estemos juntos, que tengamos una relación, normal, como una pareja – exclamo él y Candice no podía creer lo que escuchaba, sin embargo titubeaba en hacerlo, porque parecía tan convincente, mucho más al haber hecho semejante teatro, inclusive de secuestrarla, todo por evitar que se encontrara con Albert, eso sí eran celos.
- ¿una relación?, no Terry, tu tienes a Susana, seguro quieres que yo sea tu amante, eso no puedo hacerlo, lo siento pero en mí no encontrarás eso que buscas – replico ella mientras le miraba con firmeza.
- No, dejaré a Susana, lo haré Candy, por ti, porque ayer comprendí que no puedo estar con nadie más que no seas tú, este sentimiento es algo que nunca antes había sentido, pero tú estás logrando sacarlo en mí, y no me gusta percibirlo, porque no me agrada sentir tu ausencia, ni tu rechazo, en cierta forma me duele, por eso me negaba a reconocerlo, pero ya no puedo más seguir reprimiéndolo – dijo él pareciendo sincero, la rubia no podía creer lo que escuchaba.
- ¿en serio lo dices? ¿tambien dejarás a tu novia por mí? – exclamo ella un poco incrédula, pero asomando una sonrisa, al escucharlo decir eso, en cierto sentido, ella eso era lo que quería y necesitaba escuchar, ya que le pasaba lo mismo que a él.
- Si nunca he hablado más en serio en mi vida, con respecto a Susana lo haré, la dejaré – señalo él igual sonriendo al suponer que había convencido a Candy – entonces ¿ahora si creerás en mí?, ¿me aceptarás?
Candy se quedó inmutada, esas palabras de él le daban felicidad, pero también titubeaba si todo lo decía en serio, si realmente dejaría a Susana, aunque también pasaba por su mente el odio que seguro le tendría Margaret, al afirmar ahora sí que era una arribista, eso es lo que menos deseaba, pero ese sentimiento que percibía por Terry y esas ganas de que la abrazara y perderse entre sus besos, la incitaban a creerle, a atreverse a correr el riesgo a pesar de todo, incluso de lo que su madre con anterioridad le había aconsejado.
- Tengo miedo, no quiero equivocarme – fue su respuesta.
- No será así – le respondió él, estrechando la distancia que los separaba con lentitud, como si con cada acercamiento sintiera la adrenalina acelerarse corriendo por sus venas, finalmente cuando llegó cerca de esos labios sonrosados que se mostraban entreabiertos deseosos de ser explorados, él quito con los suyos esas ansias.
En ese instante, Candy se dejó llevar de nuevo por los besos de Terry, perdiéndose en ellos, incluso olvidando que estaba quedando mal en su primer día laboral y que dentro de poco la estarían buscando, preocupados de su paradero.
Pero aquello no parecía ser relevante para ella, estaba ahí, besándose con Terry, en un sitio desconocido y nada romántico, des usual, pero poco le importaba a ambos ese hecho, porque pareciera que ese tipo de lugares incrementara más su pasión, en cuanto a temas de pasión, la vehemencia con la cual se besaban aumentaba cada vez más.
- Me gustas mucho Candy, te quiero – le decía él, dejando brotar sus palabras sin darse cuenta, mientras continuaba besándola con ímpetu, acariciando con sus manos los tirabuzones rubios que caían en ella, como cascadas sobre sus hombros.
- Terry – era su respuesta, con la respiración un tanto agitada y sus deseos reprimidos de seguir experimentando aquello que era nuevo en su vida.
Conforme sus besos se prolongaban también lo hacían sus caricias, con ella Terry si estaba pudiendo externar su virilidad al máximo, en lo que recorría su cintura, subiendo hasta sus pechos, la rubia presintió que estaban yendo demasiado rápido.
- Terry, creo que mejor debemos detenernos – indico ella con voz sutil y pausada, intentando liberarse de ese abrazo que la mantenía prisionera a voluntad propia.
- No creo que tu cuerpo lo piense igual, tienes los mismos deseos que yo, lo siento en tu piel, esa forma de erizarte ante mi cercanía, ese temblar de tu cuerpo al hacer esto – añadió él pasando su cálida lengua sobre el cuello de ella, llegando hasta el lóbulo de su oreja, acto que la hizo lanzar un gemido involuntario - ¿ves? ¿eso es a lo que me refiero?, ¡vamos Candy!, no te resistas a terminar esto que hemos dejado inconcluso, hagámoslo mi amor.
De nuevo la parte de poeta y enamorado, surgía en las palabras de Terrence, estaba preparando el terreno para lo que venía, por su lado Candice, sabía que ese argumento era cierto, ella quería continuar, deseaba que él la tomara de nuevo como la última vez, así que solo se dejó llevar, sintiendo incluso en él cómo su turgencia aumentaba, al rozarle en ocasiones con la pierna.
Entre besos y caricias intensas, recargados a la pared, la rubia comenzó a observar alrededor de reojo y notó que no había nada acogedor junto a ellos, solo dos sillas y una mesa de madera, que en algún tiempo con probabilidad fungió como escritorio porque ahora ya no lo hacía más, misma que estaba tapada con una manta blanca, en apariencia limpia.
Llegó a pensar que harían el amor en el suelo, la idea era un tanto perturbadora, pero al paso que él iba nada de eso era significativo, el escenario estaba siendo lo de menos. Sus indagaciones fueron interrumpidas por los choques eléctricos que ocasionaba Terry al recorrerle los muslos con sus suaves manos, comenzando aun por encima de la ropa, ese vestido, que era el único obstáculo entre su piel y la de él.
Esas emociones invadían su cuerpo, por segunda ocasión sentía escalofríos cuando él pasaba sus manos sobre ella, pero ya no era como la última vez, en donde permanecía temerosa, ahora era distinto, anhelaba más besos y que él dejara de ser tan sutil y actuara más pasionalmente, porque estaba segura, que ese sería el Terry real, por lo cual pareció que él interpreto sus deseos, porque la levantó sujetándola por las nalgas, mientras ella se montaba a él rodeándole la cintura con sus piernas, ambos sin dejar de besarse, encontrando sus lenguas y mordiendo con suavidad y excitación sus labios.
- Te deseo tanto Candy…
Hola, ¿que tal?, espero estén muy bien, hoy si pude actualizar más temprano, espero les agrade el capitulo, ¿querían acción?, jejeje. Espero no piensen que soy mala, pero este fin, quien sabe si actualice, a lo mejor si, no, quien sabe, es que debo actualizar tambien mis otras historias, no puedo dejarlas al abandono, no me agrada hacerlo, ojala me comprendan, pero haré lo posible por intentar actualizar esta historia tambien. Gracias por todo a los que comentan y quienes leen en silencio, también.
Agradeciendo Reviews:
SraGrandchester-Merlia-PaulayJoaqui-Esme05(Hola, pues si te suena ese nombre, seguro sea ella, jejeje, ya veremos su misteriosa realidad. Saludos)-Guest-XFTO-AmyCL-Vanessa-Flaishh-CarolL-Dajimar-Jenny-Olgaliz-GabyGrandchester. Gracias chicas por sus comentarios, espero seguirlos recibiendo. Que estén bien.
Nos leemos pronto. Besos y abrazos en la distancia.
¡Chau!
