I

Mundo deseado

Capítulo 26: Emotividad tóxica

-Mira que eres torpe.

-Cállate...

Al quedarse solos y al ver que a Alice le sangraba la mano, el uchiha la llevó a vendársela pacientemente.

La pelinegra estaba ida, más de lo acostumbrado. No estaba en aquel lugar, no paraba de pensar.

Si no hacía algo rápido, Sasori iba a morir...

-¿Tanto te molesta qué se hayan ido?

Ella no respondió, lo único que hacía era mirar hacia abajo con la mirada en alguna parte, pensando en qué hacer y trazando un plan y la manera en como contárselo a su amiga.

-Ya veo que me odias más de lo que pensaba.-dijo-.

-Yo...no te odio.

Obviamente, ella no lo odia ni nunca podría llegar a hacerlo. El azabache se sorprendió un poco, pero al instante volvió a su misma cara de siempre.

-Entonces,¿Qué te pasa?

-Nada importante.

Madara se estaba empezando a molestar. Que le dijera que no le pasaba nada con esa cara mirando hacia la nada, realmente le pateaba el estómago. ¿Pensaba qué era tonto o qué?

-Si tú lo dices.-Apretó la venda-.

-¿Estás celoso?-sonrió la otra-.

-¿Yo, celoso?-Volvió a apretar la venda, ésta vez, más fuerte-.

-¿Quieres hacerme sangrar más la mano?-preguntó molesta-.

-La estoy apretando para que no sangre más. Por si no lo sabes, te has clavado las uñas bastante fuerte. Tú sola.-Comentó-.

-Bueno...-susurró-Y no, no es eso. No es que me molesten que se hayan ido, no en parte, al menos.-Confesó-.

Parecía ser que el arrogante líder de los Uchiha no se contentaba con eso y todavía seguía molesto. La había traído al verla sangrar a vendarla. ¿Significaba eso qué se preocupaba por ella?

La azabache subió su mirada hasta encontrarse con la suya. Parecía tranquilo, concentrado en lo que tenía delante de él y en acabar. Pero... ¿Cómo podía él importarse por alguien como ella?

¿Por qué cojones le ayudaba?

Madara había pasado toda la vida lleno de odio y tristeza, con resentimiento en todo su ser. Odiaba como arrebataron la vida de su hermano y no sentía nada por nadie. Es más, muchas veces había manipulado, aunque él también lo esté siendo.

Y desde hace mucho tiempo, Alice sintió algo más que vacío dentro de ella...

Sintió tristeza. Un fuerte golpe que le amenazaba en el pecho.

-Ya está bien.-Soltó abruptamente la mano-.

-Se te podría infectar.-inquirió-.

-Te he dicho que está bien.-Dijo fría-.

Él frunció el ceño al ver como se levantaba de tal manera, rápida y sin mirarle a la cara. La ojiazul se levantó de allí para dirigirse hacia afuera, a respirar un poco de aire. No quería estar más ahí, no ver su cara para nada.

Pero aquella idea se desvaneció al notar como una mano agarraba su muñeca fuerte, impidiéndole moverse o dar un paso más.

-¿Se puede saber qué es lo qué te pasa?-Preguntó hostil-.

-Nada que te importe.-Le miró cortante-.

-Estás lanzando tu ira contra mí, por lo tanto, si que me importa.

-No estoy lanzando nada contra ti.

-Sí lo haces.

-Lo que tú digas, me da igual.-Se soltó-.

Alice se fue rápido de su lado, no quería estar cerca de él, quería alejarse. Desearía poder teletransportarse en ese momento. ¿Por qué hace todo esto, si nada le importa?

De un momento a otro, chocó contra la pared de la mitad del pasillo al toser, de nuevo, sangre.

-No puede pasar nada bueno...-sonrió para ella misma-.

Unos brazos la cogieron de la cintura y la posaron en su espalda, cargando todo su cuerpo en él. Al mismo instante, la chica reaccionó.

-¿Qué haces?-dijo-¡Bájame!

-Cállate.-Contestó serio-.

-¿¡A dónde me llevas!?

-A tú habitación.-Comentó-Sigues enferma, como continúes paseándote en tu estado, pasará algo grave.

-Como si te importara...

El uchiha hizo caso omiso de ese comentario por su parte, que obviamente si que había escuchado pero no iba a entrar en eso, no quería.

-Bájame.

-¿Desde cuándo me das órdenes?

La lanzó a su cama como si de un saco de patatas se tratase y ésta se quejó. Su dolor de huesos seguía aumentando y chocar contra el colchón no era muy reconfortante para ella.

-¿Por qué la próxima vez no me dejas en el suelo, ya qué estamos?-Dijo molesta-.

-No me des ideas...

-Tsk...

-Escúchame bien.-Se acercó a ella-Como vea que te levantas, lo escarmentarás.-Le dijo, mostrando su mengekyo sharingan con una sonrisa siniestra en la cara-.

-No me voy a quedar aquí todo el día.

-Ya verás como si.

En otro momento, Ali no habría dudado y en parte, le hubiese encantado quedarse en su cama, tranquila y sin levantarse. Pero esta vez no podía, tenía demasiadas cosas que hacer en vez de dormir, demasiadas.

Evitar que su pelirrojo marionetista muriera, por ejemplo.

Madara se fue de la habitación, dejando a una muy irritada azabache que en cuanto vio su cuerpo salir por el marco del cuarto, se levantó y se apresuró a abrir la puerta para escaparse de allí.

-¿Te crees qué soy tonto?-Dijo mirándola, apoyado su cuerpo en el borde de la puerta con la medicina en la mano-.

-Desgraciadamente no...-susurró-.

Para su disgusto, la volvió a coger por la cintura y la volvió a tirar a la cama. Dejó la medicina en la mesita y se sentó en el borde, aún sosteniéndola.

-¿Te he dicho que lo escarmentarías, no...?-comentó en un tono provocador, haciendo notorio todas sus malas intenciones en cada palabra que salía de su boca-.

La ojiazul se quedó sin habla. Al oír aquellas palabras, su rostro hervía plenamente, tanto que probablemente se podría freír un huevo.

-Me quedaré callada, seré buena chica.-Dijo, intentando remediar sus actos-.

-Demasiado tarde...

Alice se tapó corriendo con la sábana, pensando que así se iría y la dejaría en paz, como se hace cualquier noche cuando tienes miedo y piensas que tu sábana te protegerá del mal.

No pudo haberse equivocado más.

-¡NOO!

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-¡Esto es acoso!-gritaba intentando zafarse-¡Suéltame!

-Tú te lo has buscado. Ahora-Se acercó y la cogió del mentón-Tómate la medicina.

-Sólo si me sueltas.

-No hay garantía de que no vuelvas a escaparte. Así que, no.

-No me volveré a escapar, me quedaré aquí contigo, si tanto lo deseas.-Aseguró, girando su rostro y posando sus ojos en los de su pequeño y dulce zorrito blanco-.

-Oh...-sonrió- Está bien. Sin embargo...-se acercó a su oído-Si te vuelves a escapar, te daré yo mismo la medicina.-susurró-.

-L-Lo tendré en cuenta...

Madara había atado de pies y manos a la azabache para no tener más problemas. Para que no intentara escapar y, a decir verdad, porque le encantaba verla así.

El uchiha la desataba lentamente, hasta demasiado para su gusto, incluso. Desenlazando los nudos con gran parsimonia. Eso a ella le crispaba bastante los nervios, porque no es que le haya atado en una postura muy cómoda.

-Gracias...-dijo sobándose las manos-.

-La medicina.

-Sí,señor.-Hizo la burla, para después tomársela-.

-No estaría mal que me llamases así más a menudo...

-En tus sueños.-Habló al acabársela, mirándolo a los ojos de mala manera-.

-¿Estás segura de eso?

-Podría llamarte masoquista...-pensó en voz alta-Al final tú también vas a tener el hábito de azotar...-susurró sin que éste le escuchase-.

-No soy ningún masoquista.-frunció el ceño-.

-Ya, ya...-sonrió forzada-.

Seguía sintiendo lo mismo, una opresión en el pecho que no se le iba en ningún momento. Y cada vez que él le daba la medicina o le decía algo, aumentaba ese sentimiento tan irritante e indeseable. Porque, él estaba ahí, dándole su medicamento con un ojo puesto en ella.

Ali se tumbó en la cama y abrazó a su zorro con fuerzas.

No se iba a involucrar personalmente con nadie de allí, como siempre había dicho, sólo salvarlos. Los sentimientos que tenían ambas al verlos en la serie...sentimientos de compasión, cariño, tristeza ...habían que dejarlos a un lado.

Con todos ellos, por muy difícil que sea, lo lograría, seguro.

-¿Por qué estas tan fría conmigo?-Habló-.

Ella abrió los ojos y le miró.

-Siempre estoy así.

-Hoy más que de costumbre.

-¿A caso te importa?

Hubo un silencio al hacer esa pregunta, por parte de los dos.

-¿Y a ti?

Vale, esa pregunta no se la esperaba para nada. Tampoco es como si tuviese la intención de responderle. Sabía como era él, sabía su actitud perfectamente, sus reacciones y pensamientos...Le conocía ella mejor que él mismo, al igual que todos los que estaban aquí.

-Nunca se sabrá...-sonrió-.

Madara se levantó con las intenciones de irse, parándose en la puerta y mirándola después.

-¿Estás segura de eso?-Dijo con una mueca en la cara, para luego irse sin decir una sola palabra más-.

Después de eso, se quedó tirada en la cama con Tomoe, trazando un buen plan para llevar a cabo. La prioridad ahora era Sasori y, si se podía, evitar que Deidara perdiera los brazos. Sin embargo, en un futuro los recuperaba, así que se tenía que fijar más en el pelirrojo, para evitar que se dejase matar. Pero a ver como lograba ella explicárselo a su amiga, bueno, en el peor de los casos, lo tendría que hacer sola.

Tampoco es que le de miedo, para nada. Pero Maica también llegó aquí y tiene todo el derecho de cooperar en salvar sus vidas todo lo que quiera. Para eso cayeron las dos.

-Concéntrate...-Se dijo tocándose la frente y suspirando-.

Hay algo que falla. Si va a pasar todo lo de Sasori, como si no hubiese pasado nada...

¿Y Obito?

No es por que quisiera verlo, bueno, sí, tenía un cierto cariño especial hacia él, pero ese no era el caso.

¿Qué había pasado con él? Tenía ciertas sospechas, pero...Su llegada, Madara, sus poderes...

¿Cómo era posible todo aquello?

Eran personas normales, sin chacra ni nada-bueno, si tenían chacra, pero no como el de ellos. Por no hablar de que tenían jutsus y los Kekkei Genkkai...Bueno, es lógico que siendo unas simples humanas sin poder hacer nada hubiese sido algo peligroso para el lugar donde están, aunque ella supiera pelear.

Pero seguían sin saber como habían llegado allí, como había sido todo posible. Y era obvio, que Madara sabía algo, por lo menos en lo de Obito.

¿Sería posible qué con el poder de ir a otras dimensiones, ellas acabaran allí por eso...? En ese mundo había tal poder, se podría haber hecho así. Crean mundos y poderosos jutsus.

Pero...¿Quién las trajo aquí?

-Obito...¿Dónde estarás...?-Preguntó en un leve susurro, con una cálida voz que pocas veces salía de ella, antes de caer rendida profundamente en un sueño efímero-.

/

Me iba desvelando pausadamente. Intenté cerrar los ojos y volver a dormirme, fallando en el intento. Volví a intentarlo girándome hacia el otro lado de la cama, acomodándome y estirando más mis piernas, hasta que noté la piel caliente de alguien.

Abrí los ojos y...bueno, me encontré con una cara de cierto Uchiha a pocos centímetros de la mía, sintiendo incluso su moderada y suave respiración chocando con la mía.

Sí, me dio un mini paro cardíaco al verle.

-¡¿Madara?!-Dije levantándome de golpe, incrédula por verle-.

-Cállate, estoy intentando dormir.

¿Me está vacilando? ¡Que lo empujo para que se caiga!

-¿En mi cama?-inquirí molesta-.

-Es más cómoda.

-Todas las camas de la base están hechas de la misma materia...

-¿Te quieres callar?

Lo voy a dejar calvo...No, mejor no, vamos a aprovechar esta bonita situación. Como él dice...

Vamos a bailar un poco.

-Con una condición...-amenacé con una sonrisa sádica, poniendo mi pie en su espalda, haciendo impulso para que se cayera. Ya que yo estaba en la parte de la pared y él en la de fuera, caería sin dudarlo-.

-¿Condición?-sonrió divertido-.

-Tienes que responderme a unas cuantas preguntas.

-Si que te levantas habladora.

-Si me replicas, te tiro.-le hice un amague de tirarlo-.

-Está bien.-rió arrogante-.

-Pues...-no me dio tiempo a terminar, él se había incorporado y se había quedado sentado en la cama, esperando a que hablase-.

-¿Qué?-Preguntó al ver que lo miré mal-.

-¡No te tenías que levantar!-gruñí-.

-¿Por qué?

-Bah, ya no me sirves.-Expuse-Vete a tu cama.-Iba a volver a pegarle un empujoncito con el pie, en señal de que ya no lo quería ahí y que se fuera. Sin embargo, él me lo agarró, estirándolo y atrayéndome hacia él, dejándome debajo de su cuerpo a completa merced-.

-¿Seguro?-Sonrió-.

-Sí...-dije mirando hacia otro lado-.

-No lo parece...

-¿Cómo puedes ser tan arrogante?-Interrogué indócil, ésta vez, mirándole-.

Él meramente volvió a sonreír, pero ésta era una sonrisa perversa. Me acarició el mechón de pelo suelto y se acercó a mí, posando sus ojos en mis labios para después dirigirse hacia el cuello.

-Madara, oye.-intenté separarle-Para.

No obstante, me cogió de las manos y me las puso encima de la cabeza, oprimiéndolas y sin dejarme que me defendiera. Estaba empezando a sentirme nerviosa, hacía esta clase de cosas constantemente, pero siempre paraba después de ver mi reacción. Esta vez, era distinto...

Rozó el cuello con su nariz y después, me mordió. Sentí un escalofrío recorrerme toda la columna vertebral. Claramente jugaba en él, mordisqueándolo e hiriéndome un poco.

-No hagas eso...-logré decir-.

Se separó y me miró, esbozando una larga sonrisa. Seguía sin decir nada, seguía mudo y eso hacía aún más crisparme los nervios.

-Madara, suéltame.-Dije seria-.

-Ahora también sé otra cosa...sonrió triunfante- Tu debilidad es el cuello.

-Imbécil...

El nombrado al final me soltó las manos, no sin antes reír un poco, casi en un susurro. Al ver como se desprendía de mí e iba a volverse a tumbar, aproveché su descuido para empujarlo y posarme ésta vez yo encima de él, agarrándole el cuello firmemente con una sonrisa tiránica y maligna en mi rostro.

-¿Ahora es tu turno?

-Me has dicho que me responderías a unas preguntas.-Le miré fríamente, sin bajarme de él.-.

-...Está bien, hazlas.

Madara suspiraba y expiraba tranquilo, con un rostro serio esperando a que hablase. Parecía que no le dolía en absoluto cuando le apretaba y si le dolía, no lo hacía notar. No sabía realmente si me respondería como yo deseaba, pero de aquí no se iba ni me levantaba hasta que no me dijese algunas cosas.

Ahora me tocaba a mí jugar.

-¿Por qué estás vivo?

Él me miró fijamente a los ojos.

-¿Por qué quieres saberlo?

-Se suponía que estabas muerto desde hacía tiempo, Madara.

-Sucesos que ocurren.

-Has dicho que me responderías, hazlo.

El uchiha sonrió arrogante, sin apartar ni un solo momento su mirada de mis ojos.

-No morí la vez que luché con Hashirama.

¿¡No me digas?! ¡Pero aún así se suponía que ni siquiera te podías mover! Y que Obito estaba junto a él...

-Eso no explica el hecho de que sigas andando...

-Realmente sí. Cogí parte de su poder en la batalla.

-Pero...eso no significa que continúes joven y estés aquí, en Akatsuki.

-Seguramente ya sabes todo esto, no sé ni para que me preguntas.

-¿Qué?-le miré adusta-.

Salió de su agarre y se inclinó con un rostro serio, provocando más acercamiento y dejándonos en una posición bastante comprometedora. Si pensaba que haciendo eso me iba a mover para apartarme y dejar de hablar, mal iba, conmigo no lo conseguiría.

Aún tenía que jugar más.

-¿A qué te refieres?-Interrogué apática-.

-Lo sabes perfectamente...-comentó-¿Cómo sabías qué Tobi era yo, Madara?

En realidad, pensaba que era Obito...

-Simplemente lo sabía.

-Pues simplemente estoy vivo.

-¿...Y Akatsuki?

-El plan Tsuki no Me, ya os lo comenté.-dijo con voz ronca-.

-¿Por qué no me matas?-Pregunté-Sé tu secreto, ¿No te preocupa qué se lo cuente a alguien?

Él pareció pensárselo unas cuantas veces antes de responderme mirando al vacío, dejando silenciosa la habitación hasta que finalmente habló.

-Sé que no lo harás.

-Pues cuéntamelo.-Respondí imperturbable-.

-A su debido tiempo, lo haré.

-Madara...-Me acerqué a él, subiendo un poco mi cabeza hasta quedar más alta y posar mis manos en su mejilla con una mirada seria -¿Qué es lo qué realmente quieres?

El nombrado pareció impresionarse un poco debido a aquel acto de acercamiento iniciado por mí, pero no se movió ni un centímetro. Parecía de nuevo pensárselo varias veces con un rostro serio, suspirando en el trayecto y subiendo su mirada.

-Quiero muchas cosas...

Acerqué mi mano detrás de su cuello y lo atraje hacia mí, sonriéndole con reticencia.

-Pues...me alegro por ti.-le susurré de forma perversa, para después separarme y tumbarme de nuevo en la cama-.

Sentí su risa arrogante saliendo de su boca, como también podía sentir su mirada en mi, inspeccionándome entera de alguna forma ilegible. Sin embargo, aquella risa no era arrogante, era seca y agria.

Había logrado conseguir algo de información y aclarar un poco las mil y una dudas que tenía(aunque mucha ya la sabía) y algo podría hacer, sin embargo, esto seguía sin quedarse aquí, volvería a tener más respuestas por mis narices.

Pero lo siguiente me descolocó y me dejó en blanco. Madara, quien antes estaba sentado sin decir nada, me agarró del brazo haciendo fácilmente que me incorporara, para luego posar sus labios en los míos.


Aquí el cap 25. Lo siento, he tardado muchísimo, exámenes, he estado enferma...

Ah, y una cosa importante... Estoy subiendo este fic en wattpad. Mi perfil es el mismo y el nombre de la historia también. Los primeros capítulos también los estoy subiendo editados y mejor escritos, por si os queríais pasar por ahí y leerlos mejor.

Moon-aishiteru- Ya sabía que me seguías desde el inicio! Hay muchos lectores fantasmas... Y si hay reviews, no pararé.(no por nada, es que los comentarios son críticas importantes a seguir) Sí, parece ser que Kisame picó en un mal momento cuando pasó eso. Y un tiempo a solas con Madara...aquí está, y habrá uno o dos más-no sé realmente si hacer más de uno- A ver que pasa. ¡Muuchas gracias por comentar y espero que lo vuelvas a hacer!

Hasta la próxima.