Capítulo 26: El cementerio.
El Bosque Negro, cerca de la villa de Sun Do. Hace una noche.
– Pronto su carne se pudrirá junto al resto de hermanos y sus huesos formaran parte de nuestra colección – declaro el líder tarkano, abriendo sus enormes fauces y ordenando a sus guerreros a atacar.
Ciran y Kana se encontraban rodeadas por más de dos docenas de guerreros tarkanos usando arcos y otras armas. No había a donde escapar. Kana no estaba segura que su armadura podría reflejarlas, después de todo las puntas de los arcos tarkanos están diseñadas para cazar y matar enormes bestias del Outworld. Estas estaban serradas a los costados, lo que volvía la herida en el cuerpo mortal e imposible de sacar sin hacer más daño.
– Cúbrete los ojos – dijo en voz baja Ciran a Kana.
– ¿Qué planeas hacer? – pregunto la última.
Ciran junto los pomos de sus dos sables, formando la estructura de un arco compuesto, y, en su otra mano, se formó una flecha dorada sin materia. La flecha producía una incandescente luz, tan fuerte como si miraras al sol directamente. Kana entendió a la perfección en ese momento y, agachándose, se cubrió de la intensa luz que se creó una vez Ciran suelta la flecha hacia el suelo. La luz cegó a la mayoría de los tarkanos que no vieron venir el sorpresivo ataque, iluminando el oscuro bosque como si el amanecer hubiera llegado antes. Los arqueros no pudieron apuntar eficazmente y la mayoría de sus flechas no pasaron ni a centímetros de los cuerpos de las dos guerreras edenianas. Ciran y Kana se cubrieron los ojos, pero aún así su visión se vio afectada por la intensa luz que, a parte, se sentía como una potente llamarada, calentando sus armaduras, pero sin provocar quemaduras en su piel.
– ¡Sus vidas no equivalen a la vida de un guerrero edeniano! – grito Ciran, mientras separaba sus dos sables y lanzaba contra los tarkanos – Pero por ahora me satisfacera.
Ciran se lanzó intrépidamente contra los guerreros tarkanos cegados, cortando sus cuellos y decapitándolos con cortes precisos. Kana tomo su lanza con sus dos manos y la clavo en el pecho de un tarkano, tumbándolo al suelo, y luego impulsándose para patear al resto, usando el momento como una palanca y retirar su lanza realizando un circulo, cortando a los salvajes a su alrededor.
– ¡Liberen a los Taigore! – ordeno el líder Tarkano, todavía cegado y retirándose del campo de batalla – ¡No quiero que quede nada de ellas! ¡Devórenlas!
Los tarkanos eran incapaz de defenderse, la luz les había limitado su visión permanentemente, pero eso no los detendría de atacar a sus oponentes. Aquellos que podían ver más allá de la palma de su mano se lanzaron contra sus oponentes sin ninguna clase de estrategia por la ausencia de su líder. Sus números eran grandes, pero poco a poco comenzaban a caer y pronto una docena yacia muerta en el suelo. Los arqueros dejaron sus arcos y atacaron con sus garras, furiosos y rabiosos. Sus ataques eran evadidos y reflejados por las guerreras fácilmente. Pronto sus números fueron reducidos a unos pocos, pero, no muy lejos de ellas, fuertes rugidos se escucharon. Taigores de guerra con tarkanos montándolos, el líder arriba de uno de pelaje naranja y franjas negras.
– Ciran – grito Kana, sujetando su lanza cruzada con una sola mano y formando un rayo en la otra – Tumba al líder.
Kana lanzo su rayo a un feroz taigore que se lanzó hacia Ciran. El rayo atravesó el cuerpo del gran felino y tumbo al jinete al suelo, revolcándose y terminando aplastado por su propia montura. Ciran mientras volvió a formar su arco y, cargando una nueva flecha que ilumino su alrededor. El líder cargaba rápidamente contra Kana, con su enormes fauces y colmillos a un metro de ella. No sobreviviría si fallaba. Ciran disparo su flecha, mientras el cuerpo del líder se parteo en dos, el taigore solo se desvió por el impacto, lo suficiente para que la cabeza de Kana no terminara aplastada por los colmillos del felino. El taigore se derrumbó al suelo, llevándose a Kana consigo.
Un tercer jinete apareció por las espaldas de Ciran, amenazando con rasgarle la espalda con sus enormes garras. La Edeniana esquivo el ataque y, clavando una de las puntas de su "arco" en el hombro del felino, se impulsó, separando el otro sable y decapitando al jinete con un corte certero. Los dos cayeron al suelo, pero el taigore aún no estaba muerto. Con su peso, se tacleo a Ciran, tumbándola varios metros de distancia y desarmándola. El taigore se quitó el sable con su mandíbula y, cojeando un poco, hecho a correr.
Kana luchaba en el suelo contra el taigore que estaba casi ileso. Su lanza era lo único que la protegía de las fauces de la enorme criatura, empujándola lo más que podía para que no la decapitara con una sola mordida. El taigore usaba sus patas delanteras para imponer su fuerza y peso contra la de Kana y sus brazos comenzaron a ceder, sintiendo el aliento caliente de la criatura más cerca de ella. No podía ganarle en fuerza a un depredador de su estilo, por lo que recurrió a un milagro, la magia de los dioses. Con los poderes benditos de su lanza y armadura, electrifico su cuerpo hasta que la criatura se separó de ella dando un salto hacia atrás. Kana dio una marometa y, abalanzándose con un salto, clavo su lanza en el costado del taigore. La criatura de pelaje naranja cayó al suelo, débil y todavía sacudiéndose de la descarga electrica. Kana tomo su lanza con sus dos manos y, clavándola con todas sus fuerzas, mato al taigore con un ataque a su yugular. La criatura murió con un fuerte rugido que se apagó al momento que su garganta se llenó de sangre.
– ¿Son todos? – pregunto Kana, mirando a su alrededor y buscando por Ciran.
– Fueron todos – respondió Ciran, recogiendo su sable rojo brillante que había clavado al taigore.
– Había al menos cincuenta cuerpos apilados de guerreros edenianos – remarco Ciran, contando a los guerreros tarkanos que habían derrotado – ¿Cómo lograron matarlos a todos con menos números?
– Tal vez no son todos – respondió Kana – Tal vez aún hay tarkanos en el bosque.
– Entonces iremos a buscarlos – ordeno Ciran, enfundando sus sables – Todos ellos deben morir.
– No tenemos tiempo para ello – hablo Kana, colocándose enfrente de Ciran – Tuvimos suerte de sobrevivir este encuentro, debemos continuar hacia Lei Chen.
– No me detendrás, no otra vez.
– Tú no eres Ciran, su cuerpo no te pertenece.
– ¡Pero la armadura y las armas si! – grito Ciran, desenfundando sus sables y atacando a Kana con ellos.
La guerra clériga dio un salto hacia atrás esquivando el ataque y, sujetando su lanza de la cruz y cerca de la punta, contrataco con el casquillo. Ciran esquivo el golpe agachándose justo a tiempo, sin embargo, no volvió a atacar y solo retrocedió, manteniendo su distancia de la guerrera con armadura dorada.
– No lastimarías a Ciran ¿o sí? – pregunto a Kana, todavía en posición de defensa.
– Si necesito noquearla para que regrese a la normalidad lo hare – respondió Kana.
– Ilusa, no es así como funciona.
– ¿Quién eres? – pregunto Kana – ¿Qué eres?
– No soy un demonio si eso es lo que piensas – respondió Ciran, comenzando a caminar en un círculo, rodeando a Kana quien permanecía inmóvil.
– ¿Entonces? – continuo Kana, siguiéndola con la mirada – No eres una segunda personalidad de su subconsciente tampoco.
– Yo soy el arco de Thanos, no Ciran – respondió, volviendo a formar su "arco" con sus dos sables – Ciran solo es una bailarina que se volvió una guerrera.
– ¿El arco de Thanos? – Kana comenzaba a formular su hipótesis, observando la armadura y armas de Ciran – Tú armadura, tú armadura y armas son parte de tu alma. Separada para continuar viviendo incluso si tu cuerpo deja de existir.
– No eres tonta – declaro el arco de Thanos, formando una flecha de incandescente luz – ¿ya lo suponías no?
– Magia negra – respondió Kana, enfurecida – ¿Es esto obra de Tanya?
El arco de Thanos hecho a reír, apunto su flecha y disparo hacia Kana quien dio una marometa y esquivo el ataque. Ciaran dio un salto hacia atrás y formo cuatro flechas entre sus dedos, disparándolas en conjunto a Kana. La guerrera clériga, a su vez, toco el suelo con la palma de su mano y formo varias puntas de lanzas debajo de Ciran. Las dos esquivaron sus ataques y colocaron de pie.
– Tú armadura esta bendecida con el poder de los dioses – hablo Ciran, apuntándola con una flecha – Su esencia se encuentra en ella. Un antiguo ritual edeniano.
– ¿Quieres decir que tú eres igual? – pregunto Kana, clavando su lanza en el suelo y sujetándola con sus dos manos.
– El ritual que realice es similar, si – respondió Ciran – Pero nosotros no poseemos la inmortalidad de un dios.
– Moriste después de realizarlo.
– Ya estaba destinada a morir, el ritual me permitió continuar luchando por Edeniana – explico Ciran – Solo requiero de un medio para poder resurgir y Thanos me dio el cuerpo de Ciaran, una de sus bailarinas personales.
– ¿Thanos sabía de esto entonces?
– Hablas demasiado Kana.
Ciran disparo su flecha apuntando al rostro de Kana y viajando a gran velocidad. Kana absorbió la energía mágica del ataque con su lanza cruzada, durante toda la conversación la guerrera santa había realizado un milagro, preparándose para el ataque. Kana apunto el fin de su lanza hacia Ciran y, sujetándola con ambas manos, disparo un destello de luz en la forma de un relámpago que noqueo al Arco de Thanos boca arriba, retorciendo su cuerpo por la electricidad que recorría sus músculos.
– ¡No te levantes! – grito Kana, colocando la cruz en el cuello de Ciran y capturándola – ¡Ríndete ahora!
– T… te he… sub… estimado – tartamudeo Ciran, su cuerpo todavía moviéndose involuntariamente ante los choques eléctricos.
– El poder de los dioses sobrepasa el de la magia negra – explico Kana empujando aún más su lanza contra el suelo para que no pudiera zafarse – ¡Dime tu nombre!
– No… soy u… un demonio – repitió Ciran – Ya te lo he dicho.
– Eres un parasito – le respondió Kana – Abandona el cuerpo de Ciran, déjala sola.
– ¿Y que supones que ella hará sola? – pregunto, con una sonrisa en su rostro detrás del casco – Rain la derroto a pesar de que usaba mis conocimientos, sin mí ella estaría muerta.
– Sin ti ella no estaría aquí, en la guerra, donde no pertenece.
– Todo edeniano debe pelear por su libertad, no existe otro modo aquí en Outworld – explico Ciran, mirando a Kana directo a los ojos – ¡Este reino fue abandonado por los dioses siglos atrás y también lo fue edenia!
Ciran sujeto la cruz de la lanza con sus manos e, impulsándose, pateo a Kana con sus dos piernas juntas. Separadas, Ciran sujeto la lanza cruzada de Kana con fuerza e intento clavarla en el pecho de la guerrera santa con varios ataques. Kana esquivaba los ataques, manteniéndose a la defensiva, pero sin su arma, no había mucho que podía hacer para contratacar. Ciran aprovecho ello para arrojar la lanza y distraer a Kana. La guerrera santa esquivo el lanzamiento, pero no pudo contra una patada giratoria que la tumbo al suelo.
– ¡Los dioses nos han abandonado Kana, entiéndelo! – grito Ciran mientras daba un salto para clavar sus dos sables en la guerra santa caída.
Kana se levantó y sujeto firmemente los brazos de Ciran evitando que sus sables penetraran totalmente su armadura. Ambas estaban débiles, pero ninguna de las dos se daba por vencida. Kana no quería lastimar el cuerpo de Ciran, pero sentía que no tenía alternativa si quería vivir. Rogaba a los dioses que sus ataques no la mataran, pero ya no podía permanecer tan distraída del combate o terminaría muriendo.
– ¡No luchas por nada! – grito Ciran, asestando un fuerte golpe en el estómago de Ciran con su rodilla – ¡Y vas a morir sin haber logrado nada!
Kana perdió las fuerzas en sus brazos y Ciran se liberó, logrando separarse antes de resumir su ataque, buscando decapitar a la guerrera santa. Kana alzo uno de sus brazos y, suplicando el perdón de Ciran, realizo otro milagro. Lanzas divinas atravesaron el cuerpo de Kana desde su espalda hasta el pecho y brazos de Ciran, quien se encontraba delante de ella. Las lanzas no le hicieron daño alguno a Kana, pero Ciran comenzó a sangrar. Kana se puso de pie lentamente mientras su oponente tiraba sus armas y caía al suelo, derrotada.
– Lo siento – repetía Kana mientras le quitaba la armadura del arco de Thanos a Ciran y contenía las lágrimas – Lo siento mucho.
El cuerpo de la joven Ciran estaba cubierta de múltiples heridas y sangre, las lanzas divinas que había invocado la penetraron en varias partes de su cuerpo, algunas cerca de órganos vitales. Si Kana no hacía algo rápido Ciran iba a morir desangrada e iba ser su culpa.
Kana dejo la armadura del arco de Thanos en el suelo, lanzándola lo más lejos del cuerpo de Ciran que podía y sin la menor consideración por el alma que esta contenía. "Todo va a estar bien" se decía a si misma y a Ciran, quien permanecía inconsciente. "Tratare de recuperar tus heridas, yo te voy a cuidar". Con las pocas energías que le quedaban Kana intento curar a Ciran, pero el milagro era imposible de completarse en las condiciones en la que su invocadora se encontraba. Apenas y pudo detener el sangrado, por lo que le daba algo de tiempo con las heridas tapadas, sin embargo, todavía debía preocuparse por el desangrado interno y que se recuperara del trauma que había pasado. Kana sabía que no debía permanecer ahí, pues los tarkanos podrán seguirles el rastro y matarlos sin mucha dificultad si caían en otra trampa. Cargando el cuerpo de Ciran en sus hombros por segunda ocasión, comenzó a caminar al corazón del bosque, tratando de perderse para que no los encontraran. Lei Chen tendría que esperar.
Presente, de noche.
Li Mei caminaba por el bosque con la poca luz que la luna reflejaba, pero esta pronto acabaría cuando la luna nueva se alzara por los cielos. Mientras caminaba pensaba en las palabras de Jiran y toda la conversación que tuvo con el delirante del viejo. No lograba comprender su significado, pero el tono de su voz, lo rasposa de su boca y su deshidratación le daba a entender que había algo ahí, metido en el bosque, que le provocaba un gran dolor psicológico y fisiológico a Jiran. Algo estaba escondido en el bosque negro según Jiran y Li Mei iba a encontrar que secretos ocultaba su pueblo.
"Espero no le tengas miedo a los fantasmas" Recordó sus últimas palabras antes de que el viejo le pidiera que lo dejara solo. Li Mei no quería abandonarlo pues el viejo Jiran siempre ha estado solo desde que Li Mei tiene memoria. "Jiran sobrevivió varias guerras, solo para sufrir constantemente por ellas" fueron las palabras de los viejos de Sun Do cuando trataron de advertirle que se alejara de él. "Volver fue una maldición, Outworld es un mundo que no muestra misericordia como podrás ver" Un destino peor que la muerte, pues esta le entregaría la paz eterna que tanto necesita y no puede conseguir. "El viejo Jiran es incapaz de quitarse su propia vida" explicaron los ancianos "Todavía cree que debe sobrevivir, que algo lo espera si logra salir adelante" "¿Podrá salir adelante?" Pregunto Li Mei y la respuesta que recibió la puso muy triste: "el alma nunca olvida Li Mei. Por lo que Jiran siempre revivirá los peores momentos que vivió el resto de su vida."
El viento soplaba con fuerza moviendo los arboles mientras estos crujían y los animales permanecían dormidos o escondidos de los depredadores. En momentos así a Li Mei no le gustaba estar sola, durante años creció sin nadie de su edad a su lado y se había acostumbrado a vivir de esa forma. Pero incluso en una villa tan pequeña como Sun Do, estar realmente sola en el bosque era completamente distinto al sentimiento de no tener nadie como tú a tu lado. Ella no debería estar aquí, los ancianos se lo advirtieron.
El corazón del bosque es a donde quería llegar, pero el camino era confuso y muchas partes del bosque jamás han sido exploradas. La gente de la villa permanecía unida y solo se apartaba si era absolutamente necesario, era peligroso ir a territorio desconocido y Li Mei podía sentir porque: algo la estaba observando. No podía decir que era, si era alguien o algo, pero si podía sentir que alguien la seguía siguiendo el mismo patrón que ella al caminar. Las hojas secas de los árboles que tapizaban el suelo y la tierra crujían fuertemente con cada pisada, pero ella podía notar un pequeño crujido cada vez que ella daba un paso. Voltear a su alrededor era inútil, la oscuridad que la rodeaba no le permitía ver a unos cuantos metros más allá. Si tuviera una antorcha podría ver mejor, pero también todos sabrían que alguien estaba en el bosque. Su mano derecha sujetaba fuertemente el mango y pomo de su espada, la espada que Jiran había usado en la guerra y lo había acompañado por más tiempo que cualquier otra persona en su vida. Jiran la había enseñado como usarla, pero esta sería la primera vez que la usa de verdad. No es necesario decir que Li Mei estaba más que un poco nerviosa.
"Si sobrevives tendrás las respuestas a los pecados de Sun Do" Li Mei recordó la macabra sonrisa de Jiran, sus dientes amarillos y sus ojos rojos mientras las palabras salían de su boca. Jiran sufría mentalmente, de eso no cabía duda, pero Li Mei se preguntaba si dicho sufrimiento era justificado o no. Si tenía fundamentos en la realidad o solo en la mente un viejo que ha visto demasiado. "A varios kilómetros de aquí, al norte, te encontraras un cementerio olvidado" Li Mei ya se había topado con dicho cementerio una vez cuando era niña y se perdió en el bosque por tres días y tres noches sobreviviendo de frutillas y cazando animales con rocas. El lugar evocaba un aura tenebrosa, aunque que cementerio no produce tales pensamientos negativos. La gente de Outworld puede llegar a vivir por varios siglos, pero la mayoría no muere antes por los peligros que un reino consumido por el caos y la maldad. Era como una maldición, una tortura que se les diera el regalo de una larga longevidad en un mundo tan putrefacto como lo es Outworld. "Su aroma a putrefacción y sangre se asemeja al del bosque viviente, pero ahí, nada está vivo" El cementerio era bastante grande para pertenecer a Sun Do, pues el cementerio era considerablemente grande y viejo. Algunos árboles habían crecido en las tumbas, destruyendo las lapidas o consumiéndolas con sus ramas y enredaderas. Li Mei no recuerda mucho de lo que paso cuando lo encontró de niña, pero si recuerda que tenía sueños bastante extraños y despertaba con moretones y rasguños. Ella pensaba que los había conseguido mientras cazaba, se arrastraba y dormía en el bosque, al menos eso pensaba para no asustarse. Ahora no esta tan segura de que eso.
– Concéntrate, trata de recordar – dijo para si misma en voz alta – Debo encontrar el cementerio rápido, la luz de la luna se acabará pronto.
El bosque era abundante y más temprano que tarde Li Mei comenzó a sentirse como una pequeña niña perdida de nuevo. Su piel se erizaba cada vez que el viento soplaba, estaba haciendo mucho frio. Cuando se perdió se refugió dentro de una pequeña tumba que se encontraba abierta y llevaba a un pasillo subterráneo que había sido tapado por escombros de algún derrumbe tiempo atrás. El bosque podía llegar a ser muy frio por las noches, llegando a bajo cero a determinadas horas. Li Mei sabía muy bien lo peligroso que era estar donde estaba y, aun así, le creyó al viejo Jiran y se adentró al bosque a pesar de todas las advertencias de los otros ancianos. Jiran siempre había estado con ella, haciéndole compañía, educándola, entrenándola y cuidándola. Era obvio que ella confiaba más en él que el resto de la villa y que él la quería y apreciaba más que el resto de la villa.
– Es aquí – dijo a si misma al ver la primera de las tumbas cuya lapida se encontraba partida a la mitad y la escritura se había vuelto ilegible.
El cementerio se había mesclado con el bosque desde la última vez que ella estuvo aquí, ya no parecía un cementerio debido a la gran cantidad de plantas que habían reclamado la tierra de los muertos. Las lapidas se encontraban llenas de musgo, destrozadas y con ramas y enredaderas cubriéndolas por completo.
– ¿Qué quieres que vea Jiran? – se preguntó mientras los últimos rayos de luz de la luna desaparecían y la envolvían en una completa oscuridad.
Lobos comenzaron a aullar y también se podía escuchar a otros animales que ella no podía identificar, criaturas salvajes extremadamente peligrosas que solo salían de noche. Sea lo que sea que buscaba, se encontraba en algunas de estas tumbas y debía encontrarlo rápido antes de que se volviera alimento para los animales o el frio la matara. Li Mei busco el mausoleo más grande, donde aquella vez había pasado la noche. Se encontraba entre varios obeliscos, tumbas de personas con mayor importancia que las lapidas simples y de aquella que ni con una lápida contaban. Li Mei la encontró, justo en el centro donde las raíces y ramas de un enorme árbol consumían el mausoleo. De niña el lujar le llamo la atención y la atrajo a pesar de sus energías negativas, hoy también podía sentir esa extraña atracción de nuevo.
Li Mei se acercó al mausoleo y pudo notar desde lejos como la puerta de piedra había sido destruida. Mientras caminaba hacia ella miraba a sus alrededores y pudo notar restos de concreto y piedra de lo que alguna vez formo parte como la puerta. "No se abrió por desgaste, ni las raíces hicieron esto" se dijo a si misma Li Mei, sujetando fuertemente su espada. "La tumba fue desecrada" La pregunta era ¿Cuándo? La joven mujer camino tratando de no hacer ruido mientras lo hacía y cubriéndose bajo el lecho de la oscuridad de la noche. Li Mei entonces noto que la piedra se encontraba quemada, como si un intenso fuego la hubiera carbonizado. No fue destruida con meras herramientas, un poder mágico había sido responsable.
– No des un paso más si es que quieres vivir – hablo una voz femenina desde lo profundo del mausoleo, Li Mei se paró en seco, atemorizada. Quien estuviera adentro tenía un gran poder – ¿No escuchaste? Aléjate.
Li Mei concluyo que si ella no podía ver quien estaba adentro del mausoleo con la oscuridad de la noche, esa persona tampoco podía verla a ella. Era probable que la escuchara o presintiera que ella estaba ahí, pero realmente desconocía su posición. Si Li Mei hablaba se arriesgaba a delatar su posición exacta, pero si no lo hacía podía pensar que sus intenciones eran malas.
– No busco pelear – contesto Li Mei, tratando de calmar a quien sea que estuviera refugiándose en el mausoleo.
– ¡Ja! – rio la mujer desconocida – Desde que tengo recuerdos de estar en Outworld no he hecho más que pelear ¿no piensas que te voy a creer o sí?
– No soy más que una campesina – admitió Li Mei, suponiendo que la persona que estaba adentro no era realmente de Outworld, si no de un reino conquistador – Mi pueblo queda a unos kilómetros de aquí, podemos ayudarte.
– ¿Ayudarme? – pregunto la persona desconocida, su voz se había tranquilizado un poco.
– Tenemos agua y alimento, camas cálidas – continúo hablando Li Mei, acercándose lentamente al mausoleo y su entrada.
– Dime – hablo la mujer, haciendo una pequeña pausa – Si eres una campesina ¿por que cargas con una espada?
Li Mei pudo ver una extraña luz formándose dentro del mausoleo que comenzaba a iluminarlo todo y cegarla. Inmediatamente supo lo que significaba y se lanzó al suelo, esquivando un potente rayo que destruyó por completo uno de los obeliscos que se encontraba a su espalda. Los fragmentos llovieron a su alrededor obligando a Li Mei a girar y esquivarlos para no resultar lastimada. Cuando ella se puso de pie pudo ver a una mujer salir del mausoleo en una armadura dorada y el casco de un león con una lanza cruzada que emanaba electricidad.
– Debiste irte cuando te di la oportunidad – declaro, apuntando su lanza y cargando un segundo disparo.
– ¡Espera! – suplico Li Mei, alzando sus brazos para demostrarle que se rendía.
La guerrera dorada volvió a disparar y esta vez Li Mei apenas pudo esquivarlo, el ataque le rozo su brazo y pudo sentir como la electricidad recorría todo su brazo izquierdo hasta su pierna. El dolor le empezó a causar espasmos y la tumbo a la tierra, retorciéndose en el suelo.
– Tienes suerte de que tu brazo no haya explotado – dijo la guerrera, acercándose lentamente hacia ella con su lanza en sus dos manos – Te daré una muerte rápida, así que mejor no te muevas esta vez.
La guerrera puso su pie encima del pecho de Li Mei, aplastándola y cortándole la respiración. La punta de su lanza la coloco en el cuello, cortándolo lentamente y lo suficiente para que empezara a sangrar.
– ¿Quién te envió? – pregunto la guerrera – ¡Contéstame!
– N… na… nadie – respondió con dificultad, todavía retorciéndose por la electricidad.
– ¿Así va a hacer? – pregunto sarcásticamente mientras quitaba su pie del pecho de Li Mei para luego proceder a patearla fuertemente en el estómago – Tenemos toda la noche para que admitas la verdad, cada hora que me hagas perder mi tiempo significa una hora más de sufrimiento para ti.
– Yo… – intento hablar a pesar del gran dolor en su estómago y que sus pulmones no tenían aire – No soy nadie.
– ¿Acaso fue Hotaru? – pregunto la guerrera, pisándole la cabeza ahora – ¿Te envió para terminar lo que no pudo terminar sus hombres?
– ¡No sé de que hablas! – grito Li Mei de la desesperación.
– ¡No juegues conmigo basura de Outworld! – la guerrera piso fuerte mente el cráneo de la joven Li Mei, enterrando su rostro en la fría tierra – Tal vez no fue Hotaru, tal vez haya sido Rain ¿acaso te envió él? Necesito saberlo para poder enviar tu cabeza a tu dueño.
– ¡Por favor! – suplico Li Mei entre lágrimas, no sabiendo que hacer y empezando a sangrar del cráneo – ¡No sé nada!
– ¡Patético! – grito la guerrera dorada, pisándole con fuerza la espalda – Si no sabes nada, nadie lamentara tu muerte.
– ¡No por favor! – los gritos de Li Mei eran ahogados por la tierra, lodo y sus lágrimas, la joven campesina podía sentir su propia muerte.
La guerrera alzo su lanza con sus dos brazos para clavarla por la espalda de Li Mei y atravesar su corazón. La joven campesina no sabía que hacer, pues estaba inmovilizada por el peso de la guerrera y su armadura. Por instinto, pudo sentir como la parte izquierda de su cuerpo recobrara fuerzas y podía moverse. Movida por el miedo y desesperación, Li Mei barrio la pierna de la guerrera dorada con su pierna izquierda, tumbándola al suelo y salvándose del ataque mortal. La guerrera no cayo fácilmente y recobro el equilibrio, lista para volver a atacar. Li Mei, actuando por puros reflejos, se puso de pie y desenfundo su espada, tomándola fuertemente con sus dos manos como el viejo Jiran le había enseñado.
La guerrera se acercó lentamente mientras Li Mei trataba de leer a su oponente, ella sabía muy bien que se encontraba en desventaja. Su oponente sabía pelear mucho mejor que ella, poseía poderes mágicos y su arma, una lanza, le daba mayor alcance y podía mantener su distancia. Ella, en cambio, solo podía contar con una espada vieja pero bien conservada por un antiguo soldado de la milicia de Outworld. Podía sentirlo, iba a morir esta noche.
– ¡Detente! – grito Li Mei, manteniendo su posición de guardia – Me ire de aquí, te dejare sola.
– Ya no hay vuelta atrás, debiste pensarlo bien antes de atacarme.
– ¡Me ibas a matar! – grito entre una combinación de ira, frustración y desesperación.
– Una muerte limpia y rápida, pero ahora no estoy seguro de ello.
La guerrera dio varias estocadas con su lanza y Li Mei se defendió de ellas usando su espada. Los ataques eran lentos y algo predecibles, Li Mei sentía que estaban jugando con ella. Rápidamente la guerrera cambio su estilo de ataque y se volvió imposible para Li Mei defenderse, por lo que opto moverse y esquivar los ataques de la guerrera saltando a los lados y agachándose. Sin embargo, Li Mei no pudo leer todos los movimientos de su oponente y la guerrera logro golpearla en la mejilla con el pomo de su lanza con un giro y luego, cuando Li Mei se encontraba desorientada, la guerrera asesto un segundo golpe con el pomo, tumbándola al suelo.
– ¿Qué sucede? – pregunto la guerrera dorada, burlándose de su oponente – Levántate y pelea de verdad.
Li Mei podía sentir como simplemente estaba alargando el proceso de su muerte, por un momento pensó en huir, desaparecer en la oscuridad de la noche, pero ella no la dejaría ir y la atraparía. No había donde escapar ni donde esconderse, no tenía de otra más que pelear.
Li Mei se puso de pie, inclino su pierna izquierda hacia el frente y estiro la pierna derecha hacia atrás. "Juego de piernas" recordó, uno de los aspectos más importantes para poder combatir eficientemente. "Cada posición tiene sus puntos fuertes y débiles, algunas son ofensivas y otras defensivas". Li Mei no podía atacar tan fácilmente, por lo que opto por defenderse y esperar a tener una oportunidad para atacar. Sujeto fuertemente su espada con sus dos manos, colocándola paralela a su cuerpo, justo en la mitad. Ahora solo tenía que parar los ataques de su oponente para crear una abertura para atacar.
– Vamos, "campesina".
La guerrera sujeto su lanza y dio varias estocadas junto con cortes horizontales y diagonales. Todos fuero esquivados o parados por Li Mei, pero cuando ella intentaba atacar su espada quedaba atascada entre la hoja de la lanza y la guardia cruzada que esta poseía. La distancia entre las guerreras era siempre la misma, por lo que Li Mei no podía dar un ataque certero en ningún momento. "A veces, la mejor defensa es atacar. Si no se te presenta la oportunidad, deber crearla tú". Li Mei comenzó dando varios pasos al frente y retrocediendo la misma cantidad, todo mientras se defendía y contratacaba. Ella intentaba ignorar el hecho de que la guerrera estaba jugando con ella, tentándola para romperle el espíritu y torturarla.
Li Mei avanzo con una estocada y cuando su oponente respondió con otro ataque, rápidamente se movió a un lado, rozando su espada en el mango de la lanza, más allá de la guardia cruzada. Su ataque iba directo a los brazos de su oponente, no importaba, iba a desarmarla y ella tendría la ventaja. Su armadura la protegería de cualquier corte, pero el impacto la obligaría a ceder y ahí sería cuando atacara la de cerca. El golpe fue certero, pero la guerrera no soltó su arma y, en cambio, Li Mei dejo abierta su defensa.
La guerrera le rompió la nariz con su codo, haciéndola sangrar. Apenas pudo recuperarse del impacto, un gancho izquierdo casi la tumba al suelo, desorientada. Un rodillazo al estómago le saco el aire, confundiendo aún más sus sentidos y, cuando creía que ya no sentía nada. La guerrera clavo su lanza en el estómago, atravesándolo con la hoja por completo. Li Mei recupero inmediatamente los sentidos y pudo ver con perfecta claridad su sangre manchando el suelo y recorriendo la lanza cruzada de su oponente. Rápidamente sintió un intenso dolor y las lágrimas comenzaron a brotar de sus ojos. Li Mei quedo en estado de shock, incapaz de gritar. Li Mei intento quitar la lanza de su cuerpo, pero era inútil, no podía mover su cuerpo y en un momento perdió el conocimiento, su cuerpo todavía rígido por el shock.
La guerrera dorada separo el cuerpo de Li Mei de su arma, dejándola desangrarse en el suelo para luego limpiar su arma. Durante un minuto vio el cuerpo de la campesina tirado en el suelo, esperando que se volviera a levantar en algún momento, pero no fue así. Li Mei estaba muerta. Kana se removió el casco para poder respirar, sus ojos demostraban una furia y odio que nunca antes habían expresado. Su cuerpo se postraba sin arrepentimiento, no veía diferencia alguna entre la joven mujer que yacía en el suelo y un tarkata. Outworld estaba podrido y también su gente. Nada podía escapar a su corrupción.
Kana se retiró, colocándose su casco de nuevo. Si Li Mei la había encontrado, los demás que la perseguían no tardarían tampoco. El mausoleo ya no era una opción, tenía que irse y encontrar un nuevo escondite donde pasar la noche. Kana clavo su lanza en el suelo recapacitando sus opciones. La mujer le había dicho que su villa se encontraba a unos kilómetros de distancia, pero ella sabía muy bien que no había nada en el bosque negro, los archivos del Kahn así lo demostraban. El cuarto de guerra de Reiko tampoco contenía algún mapa que demostrara que existía alguna villa o pueblo cerca del bosque. Seguramente quería llevarla al campamento del ejército del Kahn o de la guardia seidiana o incluso de un grupo de bandidos y mercenarios. Era claro, todos en Outworld eran sus enemigos. No se podía confiar en nadie y nadie le mostraría misericordia a ella si dejaba su guardia abajo.
– Debo continuar hacia el sur, lo más lejos de Lei Chen y la capital que pueda, ir a las islas de hielo si es necesario – concluyo Kana, sujetando su lanza de nuevo y colocándola en su espalda para cargar con ella.
Kana comenzó a caminar hacia el sur, alejándose del cuerpo de Li Mei y dejando el cementerio atrás, sin embargo, un sonido espectral la detuvo, como si el grito de un millón de almas en unísono gritara a su espalda. Kana, obviamente perturbada, se dio media vuelta y pudo ver que el sonido emanaba del mausoleo. Una luz brillante de color verde comenzaba a formarse de lo que parecía una oscuridad palpable, iluminando todo a su paso. Los gritos comenzaban a volverse más y más fuertes, hasta que pudo sentir como el mismo infierno la llamaba. Como las almas de niños, viejos y adultos de diferentes generaciones suplicaban por paz y libertad, escapando de años de tortura.
Una gran explosión ocurrió, destruyendo el mausoleo y empujando a Kana varios metros de distancia. Un enorme tornado de almas se había formado de lo profundo de la tierra que alcanzaba los cielos. En el circulaban atormentadas y atrapadas millones de almas del Outworld, algunas tan antiguas como los dioses mismos. Todas ellas gritaban de desesperación, intentando escapar de su prisión y alzarse hasta los cielos. Kana intento ponerse de pie, pero su armadura le pesaba y esta comenzó a palpitar como si algo se encontrara atrapado en ella. Kana sentía como su propia alma era arrebatada de su cuerpo y succionada al tornado. Lucho con todas sus fuerzas para mantenerse con vida, pero pronto se dio cuenta que no era su alma la que estaba siendo arrebatada, era la de alguien más. La de muchos más. Enfrente de ella podía ver como una figura se formaba de las almas, una silueta humana comenzaba a tomar forma.
– Almas, necesitamos más almas – grito Ermac.
