Hola chicas, ¿cómo están?. Yo les anuncio que estoy trabajando en los dos siguientes capítulos que serán los últimos.
Una vez más les agradeceré sus comentarios y mensajes. Como les he dicho en anteriores oportunidades, yo les agradezco su interés y aprecio sus comentarios ya sean a favor o encontrá, así como la oportunidad de quienes deciden renunciar a seguir. He tratado de ser tan clara como he podido, mi historia no tiene la finalidad de que sea dirigida a un protagonista masculino, el personaje central es Candy sin buscar a Albert o Terry de pareja ( aun si así sucedió o suceda al final) yo no tengo preferencia.
Estoy muy sorprendida por las reacciones que ha causado esta historia, jamás creí levantar, molestia, enojo e incluso en ocasiones agresividad, sin pasar por alto las reacciones de empatía, que son la mayoria. Yo respeto todos los puntos de vista y acepto todos los comentarios, tan solo me vi en la necesidad de borrar un review este fin de semana que me pareció bastante burdo y fuera de lugar, creo que mi historia no es vulgar y no tendré comentarios de ese tipo en mi archivo. Fuera de eso todos los comentarios son bienvenidos y una vez más agradezco su compañía.
Reencontrando el Pasado
Capitulo 26
Candy pensó poco en la vista de Albert esa tarde, cerca del final de su turno comenzó a sentirse ansiosa y dejo que su cabeza caminara por los laberintos de la adivinación, así llego el final de su turno y salió ya arreglada al encuentro de su sorpresa.
De pie cerca de la puerta, encontró el rostro sonriente del patriarca de los Andley, vestía muy sencillo y en su rostro se comenzaba a pintar la barba, sin duda la edad no le había quitado la rebeldía.
Camino hasta él sonriéndole de igual forma, era tan placentero verlo de la misma manera de antaño. Al llegar a él se dejó abrazar a modo de saludo.
- ¿Cómo estuvo tu día?
- Cansado, no pare en todo el día, lleve y traje mil platos.
- El doctor Leblanc tiene razón, debes volver al hospital, la enfermería es lo tuyo.
- Lo sé, pero no me animo aun.
- Siempre serás una necia.
- Hasta el final. – rio Candy mirando al rubio. -¿y a todo esto a donde me llevas? – pregunto mientras se dejaba guiar por la calle.
- A tu sorpresa que está en el auto, a una cuadra de aquí.
- Tendrás que decirme de que se trata.
- Confía en mí.
Caminaron por una cuadra y media, hasta un estacionamiento donde estaba el auto de Albert y recargado en él, la figura más inconfundible para Candy, así pasaran mil años.
Con su apariencia insolente y elegante, la miraba intensamente y a detalle. Sus labios no alcanzaban a esbozar una sonrisa, pero mostraba algo muy parecido. La miraba sin parpadear, ansioso de que llegara hasta el, aun cuando deseaba salir corriendo para tomarla en sus brazos y elevarla por los aires.
Candy lo miraba incrédula, jamás pensó en que "la sorpresa" seria tener a Terry de frente y sin aviso.
Dudo sus pasos, bajando la velocidad, rememorando la última vez que se habían visto, aun recordaba su cólera y sus ojos cargados de odio, pero si estaba ahí era porque quizá la había perdonado por su insensibilidad en aquel encuentro en Nueva York.
Unos pasos los separaban cuando Terry se dispuso a avanzar hasta ella, completando su sonrisa, que fue correspondida al instante por Candy. Albert fue disminuyendo sus pasos hasta quedar detrás de ellos.
Frente a frente con sus sonrisas y el brillo de sus ojos iluminando el encuentro, no encontraron palabras que expresaran lo que sentían. Los brazos de Terry se extendieron para que Candy se entregara en ese abrazo en el que se fundieron tras años de separación.
Terry estrecho con firmeza el cuerpo de Candy que casi tembló ante las sensaciones de cariño que explotaban por cada una de sus células. Así con un largo y efusivo abrazo se marcó el reencuentro de ese pasado que había dejado atrás.
- Estas muy cambiada pero muy hermosa. – dijo finalmente Terry cuando se deshizo del abrazo.
- Gracias, tú te vez muy sofisticado.
- ¿Que te pareció mi sorpresa?- se acerco Albert, para mezclarse en el reencuentro
- Increíble, no puedo creer que estemos los tres aquí reunidos. Esto es demasiado, jamás lo pensé.
- Pues nos tomó varios años encontrarnos a Albert y a mí, para aclarar el mar de confusiones y darnos cuenta que te nos habías escapado - la sonrisa sarcástica de Terry no había cambiado, por el contrario seguía siendo tan real como en los días del colegio.
- Que les parece si vamos a tomar algo y continuamos esta platica en un bar o en otro lugar y no aquí en el estacionamiento.
- La cafetería que está al lado de la pastelería de ayer, puede ser discreta y no tan concurrida en estos días calurosos.
- Vamos entonces. – sugirió Terry ofreciendo su brazo a la rubia, que no dudo en colgarse.
- ¿Cuándo llegaste a Chicago?
- Esta mañana, Albert me conto de tu reaparición semanas atrás y quise venir corriendo, pero tenía que esperar a terminar algunos compromisos.
- La vida ocupada de los actores – se mofo Albert, ante la mirada cómplice de Terry.
-¿Y como van las cosas con tu papa? – soltó sin preámbulos la rubia.
- No lo puedo creer, nos dejamos de ver por veinte largos años y aun así apareces en mi vida en complicidad con los demás, eres única e irremediable – le respondió en un tono de reclamo, sin ser molesto.
-Esperen no estoy entendiendo – los detuvo Albert, que no sabía esa parte de la historia
Habían llegado a la cafetería, por lo que ordenaron sus bebidas y un pastel para acompañarlo. La incomodidad y los nervios habían desaparecido por completo, dejando la natural relación que compartían los tres.
- ¿Cómo es que tú sabes del Duque Granchester? – pregunto Albert curioso e interesado.
- Por qué se unió a él Duque para conspirar en mi contra.
- No, yo jamás me acerque a él por ese motivo, - trato de defenderse la rubia - él nos ayudó a salir de Inglaterra, cuando ya no había mas buques
- ¿se habían quedado atrapados en Europa?
La rubia les conto a detalle lo que había pasado para salir de Inglaterra y el papel que el Duque había jugado en toda esa historia. La escuchaban atentos y angustiados por lo que esa mujer había pasado.
- Y entiendo que después que se establecieron en Nueva York, escapaste por la ventana de la mansión del duque de Loreto – se mofo Terry, casi riendo.
- Tu papa no me dejo otra alternativa- respondió ofendida.- estaba empeñado en que hablara contigo e intercediera por él.
- Lo sé, incluso mando un detective a rastrear tu paradero.
- Sabía que había sido él, nos obligó a salir de Boston.
- Huyeron justo el día que él y yo llegamos a buscarlos. Cuando el duque me contacto y aventó tu nombre por delante para que no le cerrara la puerta, Salí corriendo a buscarte, pero ya no te alcanzamos.
- Te busque por un tiempo, el ultimo rastro que tuve es que habías tomado un tren a Cleveland y creeme que recorrí personalmente hospitales y lugares de encuentro, pero por supuesto no tuve éxito. Finalmente me di por vencido y deje la búsqueda, culpando al duque de embustero y de haber inventado esa historia para embaucarme, hasta hace unas semanas que recibí la llamada de Albert, le di credibilidad nuevamente al duque.
-Y ya te disculpaste.
-Por su puesto que no y no lo hare.
- Sigues siendo el mismo rencoroso de siempre – lo reto Candy.
-Y arrebatado, lo que no entiendo es por qué no me habías contado nada de esto – reclamo Albert. - yo te avise el mismo día que supe que estaba aquí.
- No te iba a contar chismes, te habría avisado cuando la tuviera encadenada en mi departamento.
- Vaya con ustedes dos. – exclamo Candy divertida, era tan fácil convivir con ellos.-
-Mira que te buscamos por mucho tiempo, incluso yo fui a Inglaterra a buscarte, suponiendo que te fueras a un lugar ya conocido.
-¿Cuándo te encontraste con tu papa?
-¿te lo conto? no puedo creer nada de lo que ese hombre hace.
-Deja de hablar mal de tu padre y mejor dime ¿Qué es de ti?
-Nada que sea difícil de imaginar, soy exitoso en lo que hago y ahora también soy director de escena y socio de la compañía Strafford que ha crecido de forma importante a pesar de la economía que vivimos.
-Y un soltero empecinado.
-No soy precisamente soltero, tengo dos hijos y una mujer en casa.
-Vaya sorpresa, me da gusto saber que sentaste cabeza.
-Si tan solo se casara, sería mejor.
-En algún momento, pero por a hora ni a Nina ni a mi nos hace falta.
-Eres un escándalo - se mofo Albert.
-¿Qué te impide casarte? – quiso saber la rubia
-Nada me lo impide, pero tampoco nada me empuja a hacerlo, además creo que tu y el doctorcito tampoco están casados.
-¿y tú como sabes eso? – pregunto algo sorprendida la rubia mirando a Albert
-El duque me lo conto, ¿creías que solo contaría mis secretos? No, fue de ambos lados.
-Tienes razón ese duque es un bocón. – respondió la rubia riendo en compañía de quien alguna vez fueran sus dos amores, en diferentes tiempos.
La tarde se convirtió en noche y los tres disfrutaron como hacía mucho tiempo atrás no lo hacían, rieron y revivieron buenos momentos del pasado, soltando el resentimiento y dolor que alguna vez habían experimentado los tres.
Por largo tiempo habían dejado que sus corazones estuvieran atados a un pasado que había herido su amistad y sus sentimientos, sin embargo habían logrado rescatar el verdadero cariño que pesaba más que cualquier resentimiento.
Cerca de las diez de la noche, Candy dio por terminada la reunión y les pidió que no intentaran llevarla hasta su casa, les pidió que tan solo la acercaran a la estación del tren y de ahí ella caminaría.
Terry le pidió que se encontraran nuevamente y también pidió conocer a Dominic Leblanc, había escuchado hablar de él y estaba curioso.
-Por supuesto veré que tiempo libre tiene. – Candy se veía animada a integrar a Dominic en su amistad con los dos.
-O también puedes venir al hospital con Deborah y conmigo, tenemos cita mañana.
-Quizá Candy y yo podríamos encontralos en el hospital – propuso Terry evidenciando su deseo de encontrarse con Candy en privado.
-Suena bien, creo que somos la última cita del doctor Leblanc, así que funcionaria perfecto.
-Estaré por ti en el restaurante a la misma hora de hoy, ¿te parece?
-Por supuesto, te estaré esperando.
Una vez que se despidió de ellos, casi corrió las ultimas calles que llevaban a su departamento, estaba ansiosa por la hora, seguramente Dominic estaría haciéndose mil ideas y no sabía cómo tomaría la noticia que se había encontrado con Terry, pero al menos ya no tendría en la cabeza que había pasado la velada con Albert.
Al llegar a su departamento se encontró con la luz apagada y el silencio. Por el resquicio de la habitación, podía ver que las dos recamaras tenían luz, seguramente Dominc la esperaba despierto.
Al abrir la puerta del dormitorio, vio a Dominic recostado en la cama. En cuanto la puerta se abrió aparto los ojos del libro que leía y poso sus ojos en la rubia que finalmente hacia su aparición.
- Me alegra verte en casa.
-Veo que estabas preocupado por mi – respondió irónica.
-Por qué habría de estarlo, ya me habías avisado que llegarías tarde. Así que no veo por qué no te esperaría descansando en la cama.
-Supongo que tienes razón y ¿Qué lees?
-Me estoy empapando de un caso que tengo que resolver.
-¿Un paciente nuevo?
-Así es.
-¿de qué se trata? - pregunto interesada, mientras se ponía su pijama.
-Daños en los músculos y ligamentos femorales.
-¿Qué tipo de daños?
-Por lo pronto estoy leyendo acerca de ligamentos y musculo – respondió mirándola casi inexpresivo, tratando de descubrir que había tras la tranquilidad de Candy, se veía entusiasmada, pero no veía ansiedad.
-Pues terminó la lectura, ya es tarde y debes estar agotado.
-Si estoy cansado, tan solo te esperaba - en la cama recibió a Candy entre sus brazos. - ¿a ti como te fue?
-La sorpresa de Albert sí que fue una sorpresa, me esperaba cualquier cosa menos que me pusiera enfrente a Terry Granchester.
-Viste a Terry?!
-Así es, suena irónico verdad, Albert me llevo al encuentro de Terry - repitió escuchando su propia voz
-¿Y como fue el encuentro?
-Extrañamente relajante y amigable – respondió natural – creo que esto viene a cerrar todo el pasado y su amargura, finalmente puedo decir que estoy en paz.
-Me alegra mucho saber que finalmente pudiste sellar ese capítulo.
-Si, veo que veinte años de ausencia puso todo en su lugar y valio la pena…
-¿sabes quien vendrá mañana al hospital a consulta?
-Los Andley.
-Si a ellos también, al final del día, pero ¿Quién crees que va a ser mi primer consulta?
-…. No lo sé…. No puede ser… Stear- respondió incorporándose en la cama, para sentarse.
-Finalmente lo convencí
-Gracias Dominic - Candy se lanzó sobre el doctor que recibió el cuerpo de la rubia encima de el en lo que después fue un abrazo y una lluvia de besos.
-No tienes nada que agradecer, le tengo aprecio a Serge y quiero que encuentre su camino, yo no estaré aquí por siempre y debe tomar ventaja que ahora estoy aquí.
-¿Qué quieres decir con que no estarás aquí por siempre?
-Eso mismo, mi estancia en América es transitoria, la guerra no será para siempre y de hecho creo que estanos viviendo su última etapa, después de todas las barbaridades cometidas los aliados están ganando terreno y una vez que esto acabe volveré a Francia.
-Pero no me habías dicho nada… yo pensé que …
-Cuando la guerra comenzó yo te arrastre fuera de Paris por que no quería que corrieras peligro y tampoco que vivieras un infierno, pero no te arrastrare de regreso, aquí hay gente que te ama y lejos de correr peligro, estas custodiada de mucho cariño.
-Pensé que tú y yo estaríamos siempre juntos.
-No hay nada que desee más, pero no voy a influir en tu decisión.
-Yo iré a donde tu vayas
-Entonces partiremos cuando la guerra acabe.
-Estaré a tu lado, por lo pronto quiero ir a la consulta con Stear, quiero apoyarlo.
-Si quieres apoyarlo de cerca e infundirle valor, hay solamente una forma de hacerlo
-¿si? ¿y cual, es según tú?
-Que te unas al hospital y seas mi asistente nuevamente, te necesito y ya no hay nada que te lo impida.
-¿Volver al Santa Juana...?
-Si lo quieres ver así, en realidad estarías volviendo a mí.
-Dame unos días para pensarlo.
-Por su puesto, piénsalo, velo desde el punto de vista que será la única manera que te de diagnósticos y tratamientos del paciente.
-Eres un tramposo.
La noche paso rápida, la mañana los encontró adormilados y con el cansancio encima, sin embargo Dominic se puso de pie y fue hasta la ducha para despertar y comenzar su día, en la cocina se encontró a Serge, que preparaba café para los tres, se le notaba nervioso y pensativo, el doctor lo animo prometiéndole que seria rápido en su examinación y le daría un diagnostico realista.
Salieron con rumbo al hospital, donde en su consultorio lo examino minuciosamente. Con seriedad reviso las cicatrices de su rostro, su mano y finalmente, tomo un largo tiempo en su pierna, le hizo varias pruebas y le pidió unas radiografías.
Emily había aparecido a la mitad de la consulta, desapareciendo igual de rápido, después que el médico le pidió que los dejara solos.
Casi tres horas después, Serge salía del hospital en una mezcla de sentimientos, no quería sujetarse a la esperanza, sin embargo ya se había subido al barco del quizá.
Por la tarde Dominic Leblanc llego a su ultima cita, estaba cansado y con mil pensamientos en su mente, lo ultimo que deseaba era encontrarse con los Andley y menos aún conocer al antiguo enamorado de su esposa, sin embargo camino hasta la sala de terapia y trato de poner su mejor cara para encontrar a Deborah y William Andley.
Hablaron de cosas sin mayor importancia y les dio sus adelantos, aun cuando en las radiografías pudo ver que algo andaba mal en los pulmones de la paciente, veía unos puntos negros que lo alertaron y lo pusieron nervioso.
Prefirió no decir nada, los guardo para consultarlo con sus colegas y discernir el paso a seguir. Guardo su preocupación y encaro a la pareja con normalidad, mientras esperaban a Candy y su invitado.
Lo que no sabía es que Candy y Terry caminaban lentamente en camino al hospital.
- No puedo creer que tengas una familia y te niegues a casarte – razonaba Candy con el hombre que la miraba como solía hacer en los días del San Pablo.
-Te voy a ser sincero, Nina me ha pedido, suplicado que nos casemos y yo le doy largas y no me mal entiendas yo la quiero y adoro a mis hijos, pero nunca volví a pensar en casarme.
-¿Por qué?
-Y me lo preguntas, la única mujer con la planee casarme eres tú y mira todo salió mal, Susana se interpuso y nos separo, cuando nos volvimos a encontrar en Nueva York volví a ilusionarme con el matrimonio y volví a planear casarme contigo y mira todo salió aun peor, después de eso me prometí no volver a pensar en matrimonio.
-… lo siento mucho Terry – respondió Candy mirándolo seria- lamento que no hayamos podido cultivar lo que hubo entre nosotros, me da tristeza ver que al final hayamos terminado tan dañados y con heridas que no debieron suceder.
-Yo también lo siento Candy, tu eres la única persona que me ha conocido tal como soy y supo sacarme de mi propio ensimismamiento, tengo tantas cosas que agradecerte.
-No tienes nada que agradecer, yo te quiero mucho y lo único que siempre he querido es que seas feliz.
-Lo soy, aprendí gracias a ti a abrirme al amor, aprendí a recibir y a dar. Nina no sabe nada de mi vida pasada, no imagina todo lo que tuvo que suceder para que tenga al hombre que tiene a su lado.
-Me alegra que seas un buen hombre con ella – le dijo sinceramente, sonriéndole con el corazón – y que le des el lugar que merece, casate Terry, entregate a la felicidad.
Terry no le respondió, tan solo le sonrió y pasó su brazo por sus hombros para abrazarla cariñosamente. Se sentía tan feliz de caminar con ella por la calle, sin prisa, sin ansiedad ni preocupaciones.
-Terry… siento mucho haberte lastimado y decepcionado…
-No digas más – la detuvo – nada de esa época de nuestras vidas, necesita revivirse, nuestra historia solo cuenta días de verano en Escocia, escapadas en el colegio San Pablo, cientos de cartas de Chicago a Nueva York, nuestra historia cuenta días soleados, de una chica pecosa que iluminaba mi vida, que aun ilumina mi vida.
-Gracias por tu cariño, es más de lo que merezco.
-No mi pecosa, es lo que los dos merecemos.
Al llegar al hospital, Terry soltó de su abrazo a Candy que le sonrió más intensamente, aun cuando comenzaba a sentirse tensa por regresar a ese lugar.
Caminaron por varios pasillos, hasta que encontraron el consultorio del doctor Dominic Leblanc. Se anunciaron y pasaron para encontrarse con la pareja Andley y el doctor que miro curioso a Terry Granchester.
Un hombre de elegancia natural y que al igual que William Andley, podía ver la mirada que le dedicaba a su mujer y las sonrisas que siempre le brindaba. La felicidad de Candy era desbordante, resplandecía y le dejaba ver una faceta que era nueva para él.
- Ha sido un placer conocerte Dominic, mi padre el duque de Granchester tuvo a bien contarme todo lo desagradable que se portó con ustedes y prepotente que fue contigo en especial, espero que puedas disculparlo.
- No hay nada que disculpar, por el contrario. De no ser por el no hubiéramos salido de Inglaterra nunca, no terminare de agradecerle.
- En eso tienes razón, tendré que tomar en cuenta su gesto.
-Te pido que te acerques a él, está muy solo y el hizo el viaje únicamente para encontrarse contigo.
-En realidad vino huyendo de la guerra y yo era su única ancla aquí.
-Terry por dios se más amable. – lo reto natural Candy.
-¿y cuando vuelves a Nueva York? – pregunto Dominic más cómodo con la compañía.
-El domingo por la noche, tengo un par de días más.
-Entonces será un placer invitarte a cenar nuevamente – repuso Dominic para sorpresa de Candy.
-Hagamos una reunión en casa – propuso Deborah - así tal vez Paty se anime a venir si sabe que no iremos a Lakewood este fin de semana.
-Me parece buena idea - secundo Candy.
Una vez que acordaron su plan se despidieron, Terry partió junto a los Andley al ser ellos sus anfitriones, mientras Dominic y Candy regresaron a su departamento en su auto, en una armonía que comenzaban a construir poco a poco.
Al día siguiente, Dominic tuvo un día ajetreado, pues además de sus consultas regulares, pasó un largo tiempo estudiando el caso de Stear y Deborah. En su rostro se reflejaba la pasión que significaba el trabajo que ejercía, serio estudio minuciosamente los dos casos.
Como era costumbre en los últimos tiempos, veía un rayo de esperanza y nubes borrascosas en el otro lado.
