CAPITULO 26
Sus ojos se abrieron de repente y se incorporó de inmediato, escrutando alrededor de la habitación hasta que su mirada se fijó en la de él. Merlín, pensó Severus, estaba salvajemente hermosa con el pelo cayéndole por los hombros y el pecho jadeante.
-. ¿Severus? -. Extendió la mano.
-. Estoy aquí mismo. -. Le tomó la mano. -. ¿Estabas soñando? -.
-. Sí..., No quería que… -. Hermione, con un movimiento de varita, quedo completamente desnuda con una mirada que Severus había visto antes. Le impresionó, pero también lo ansiaba.
-. ¿Hermione? ¿Qué pasa? -.
-. Creo que lo sabes -. Contestó con una voz sensual mientras se subía encima de él y miraba hacia abajo, con el pelo cayendo hacia delante como una diosa del placer decidida a atacarle.
Las manos de Severus actuaron por voluntad propia y fueron a sus pechos sin pensarlo.
¡Merlín! Sujetó toda esa suavidad y se los llevó hacia la boca.
Ella se arqueó y empezó a moverse contra su miembro, que ahora estaba tan despierto como su mente.
Olvidó lo débil que se sentía y que aún no hablaban de su relación, pero desde que había despertado por los efectos de la poción la deseaba y en esa ocasión no la dejaría para después.
Severus puso la boca en su pezón y lo lambió minuciosamente.
Le encantaba el sabor de su piel y podría jugar con ella durante siglos antes de estar preparado para abandonar sus preciosos pechos.
Tomó el otro pezón y lo mordió un poco; quería llevarla a ese límite donde un poco de dolor hace que el placer sea mucho mejor.
Gritó y empujó más fuerte contra su boca.
Sintió cómo su mano de Hermione se deslizaba bajo el bóxer que se había puesto para dormir y notó cómo la envolvía alrededor de su miembro.
-. Quiero esto, Severus -.
Hermione se bajó de sus caderas de un salto y su pezón se salió de su boca, emitiendo un sonido.
Severus no tuvo tiempo de protestar por tal pérdida, puesto que enseguida Hermione se puso manos a la obra para quitarle ese molesto bóxer y poner los labios alrededor de la punta de su miembro.
-. ¡Ahhh, Merlín! -. Severus echó la cabeza hacia atrás y la dejó actuar.
Era tan bueno que le dolían los testículos.
Se le daba muy bien.
Severus le tomó unos mechones de pelo y le aguantó la cabeza mientras le chupaba y le llevaba al borde del orgasmo.
Severus deseó poder explotar dentro de ella en lugar de en su boca.
Prefería estar muy dentro de ella cuando se corría, y mirarla fijamente a los ojos.
Pues bien, su pequeña tenía más sorpresas preparadas para él porque le dijo:
-. Te quiero dentro de mí cuando te corras -.
-. ¿Puedo? -. Alcanzo a decir Severus con voz entrecortada mientras ella se movía para levantarse.
-. Aaajá -. Gimió ella, y se impulsó con las rodillas para sentarse a horcajadas sobre él y descender a lo largo de todo su miembro hasta sus testículos.
No sabía cuándo Hermione se había vuelto tan efusiva, pero no le importaba, es más, le gustaba que tomara el control, y él no trataría de impedirle ese momento.
-. ¡Ohhh! -. Gritó Severus, al tiempo que le agarraba sus caderas para ayudarla.
Hermione se volvió loca, le montaba con fuerza, restregaba su sexo y buscaba el placer.
El ritmo de las embestidas aumentó, y sabían lo que se acercaba.
Sabían que iba a ser inmenso.
Severus sintió cómo aumentaba la tensión pero necesitaba desesperadamente arrastrarla con él.
De ninguna manera se iba a correr sin que ella al menos lo hiciera con él.
Severus sintió el calor de su sexo, que le apretaba con fuerza mientras ella se movía arriba y abajo. Severus deslizó una mano entre sus piernas hasta donde sus cuerpos se unían y encontró su clítoris, mojado y resbaladizo. Deseo que fuera su lengua, pero se conformó con sus dedos y empezó a acariciar.
-. Voy a terminar... -. Jadeó Hermione.
Ya lo había dicho así antes, con suavidad y delicadeza. Esas cuatro palabras. Escuchárselo decir de nuevo le hacía enloquecer. Porque era él el que la hacía culminar, y ella se lo entregaba todo en el instante en que eso pasaba. Sus suaves palabras también le hicieron caer en picado.
-. Sí, Hermione. Termina. Ahora. ¡Termina encima de mí! -. Vio cómo lo hacía y cómo seguía sus órdenes como una experta. Apretó, gritó, se agarró y se estremeció.
-. ¡Ohhhhhh, Severus! ¡Sí. Sí. Sí! -. Se corrió al recibir la orden. Esa era su chica, que lo hacía cuando él se lo decía. Era un hombre con suerte, y no sabía cómo su orgullo antes la había hecho alejarse de su lado. Le encantaba mirarla. Sentir su placer. Y cuando notó que él a culminar, la embistió una última vez mientras empujaba dentro de ella tan lejos como podía y se dejó llevar.
La avalancha de esperma salió disparada en sus profundidades. Sintió cada ráfaga brotar con violencia y cabalgó la ola de placer aturdido, apenas consciente de dónde tenía las manos agarradas o de lo que hacía su cuerpo. Pero pudo mirar sus preciosos ojos. En algún momento más tarde, no tuvieron ni idea de cuánto tiempo había pasado, ella se agitó sobre su pecho y levantó la cabeza.
Sus ojos brillaban en la oscuridad y le sonrió.
-. ¿Qué ha sido eso? -. Pregunto Severus aun agitado por el capítulo que acababa de pasar.
-. ¿Reconciliación? -. Bromeó Hermione.
Severus soltó una risa ahogada.
-. Una excelente reconciliación, pero, ¿Porque? -. Pregunto un confundido Severus.
Hermione puso un dedo sobre sus labios.
-. No digas nada, solo olvida lo anterior, olvida toda esa tontería de la lastima, y entiende que todo lo que hice al principio lo hizo por respeto y lealtad y después fue por algo más, y recuerda que TE AMO -. Hermione le tomó la cara con ambas manos y no dejó de mirarlo a los ojos y sonreírle.
Hermione besó sus labios y le agarró la cabeza hasta que estuvo preparado para dejarla ir. El la tomó del cuello como la primera vez que ella lo besó y demostró su posesividad. Ahora sabía que sería la última vez que desconfiaría de ella, la última que la dejaría ir de su lado, por el poco momento que le quedara de vida.
Severus empujó hondo otra vez y la hizo gemir con lujuria contra sus labios.
-. ¿Quieres más? -. Preguntó ella con una voz que mezclaba satisfacción y sorpresa.
-. Solo si tú quieres -. Dijo Severus. -. No volveré a rechazarte y me gustó cuando me asaltaste y espero se repita -.
-. De ahora en adelante procurare hacerlo más seguido -. Empezó a besarle por el pecho y le dio un mordisquito en el pezón.
Merlín, cómo le gustaba. Sus atenciones hicieron que volviese a ponerse a tono y que le entrara un imperioso deseo de una segunda ronda.
-. Creo que me vas a matar, mujer..., de la mejor manera -. Pudo decir, pero fue lo último que pronunció en un rato. Su castaña se había convertido en Afrodita y rendía culto en el altar de Eros. Por lo visto su suerte no tenía límites.
El desayuno al día siguiente ya fue más tranquilo, ambos comieron en la cama, pero sabían que debían tocar el tema.
-. ¿Qué pasara ahora Severus? -. Preguntó preocupada Hermione.
-. Es obvio, no logró recordar los pasos de la Poción, el tiempo no fue suficiente para examinarla a fondo, y me parece extraño que no aparezca como si alguien se la hubiera llevado, es obvio que solo queda esperar -.
Hermione sin importarle que pudieron tirar el desayuno sobre la cama, lo abrazó fuerte y comenzó a sollozar.
-. No es justo -. Hermione lloraba y Severus le acariciaba su cabello.
-. La vida no siempre es justa, pequeña, pero siempre este fue mi destino -. Surgió un silencio profundo en el cual solo se escuchaba los sollozos de Hermione y los susurros de Severus para intentar calmarla.
Sin embargo, no era la única desgracia, en los próximos días, Severus comenzó nuevamente a sentirse mal, pero Hermione ahora no se quería alejar de él, lo cual sólo hizo cuando Severus se volvió a desvanecer y no quiso despertar en horas.
Hermione desesperada, salió de la habitación y fue en busca de Pomfrey.
Hermione antes de llegar a la enfermería un brazo la tomo del hombro obligándola a voltear.
-. Hola Hermione, ¿Dónde has estado?, tú y Quejicus, han estado muy desaparecidos -. Sirius la rodeaba como un lobo encerrando a su presa pero ella no se movía de su lugar.
-. Ahora no Sirius -. Contestó Hermione tratando de controlar sus sollozos.
-. ¿Lloras? ¿Snape lo hizo? -. Sirius la miró un poco preocupado.
-. Ahora no Sirius, no es eso, déjame pasar -. Sirius se puso en frente.
-. No lloras por cualquier cosa -. Sirius la miró y vio ansiedad y tristeza en su mirar, después sonrió. -. Ahhh, al parecer la Poción ya actuó en tu amado Quejicus -. Hermione se molestó y paso a su lado sin importar sus cometarios, pero lamentablemente Sirius la siguió. -. Es una lástima, que no puedas usar esa maravillosa Poción -. Hermione se detuvo en seco y giró.
