Seré breve. Me robaron, fue una experiencia muy fea y además de la perdida de algunos valiosos objetos personales, también perdí mucho a nivel anímico. Y sí, eso fue hace un par de semanas, así que ahora estoy mejor y quiero retomar la escritura pero aún estoy ocupada con las clases y la vida en general, pues... solo espero que los que aun leen esto sean comprensivos y por sobre todo lo disfruten a pesar de la tardanza.


Cuando estés en Roma – Parte 4

(Italia)

Canadá había hecho otro intento infructuoso por limpiar su piel y paso los siguientes diez minutos plantándose frente al espejo del baño, lamentando su apariencia azulada y tratando de pensar en lo que haría a continuación.

Y es que el canadiense no estaba seguro de lo que haría si no encontraba una manera de quitar la pintura de su cabello y su piel para antes de que termine la conferencia mundial, no quería que nadie lo viera con un aspecto tan ridículo como lamentable, de solo imaginar las burlas que obtendría ya sea de desconocidos o, peor, sus propios pares lo hacía querer esconderse bajo su cama y llorar. La única razón por la que no se encontraba haciendo eso precisamente es por la seguridad que tenia de que Romano no lo dejaría lidiar con esta situación solo, así como las palabras de aliento y la compañía de Kumajirou y, por supuesto, también las promesas de Prusia sobre encontrar una solución sí o sí.

Saliendo del baño con un suspiro, Canadá se dispuso a regresar a su cama y dirigir su atención al documental de pesca que su oso polar se encontraba viendo.

Entonces alguien llamo a la puerta y el canadiense reaciamente se levantó y se acercó a la puerta.

- ¿Quién es? -Pregunto alzando la voz lo suficiente.

- La jodida sirvienta, ¿quién más crees que puede ser, estúpido? -Respondió la persona del otro lado y, al reconocer la voz de su amigo, el canadiense abrió finalmente la puerta.

- Lovino. -Saludo tímidamente, frunciendo el ceño al instante en que noto al italiano tratar de sofocar una carcajada.

- ¡Pff!

- ¿Tienes que reírte cada vez que me ves? -Cuestionó Canadá algo fastidiado.

- ¿Puedes culparme? -Pregunto entrando a la habitación, haciendo un gesto con su mano para señalarlo.- Te ves.. jodidamente azul, Matt.

- Dime algo que no sepa. -Replico la nación canadiense mientras rodaba los ojos y cerraba la puerta.- ¿Cómo fue la reunión, eh? ¿Me trajiste los apuntes? -Cuestionó mientras regresaba a la cama.

- Un martirio como siempre y si, aquí están. -Dijo Romano sacando con gracia una libreta del interior de su abrigo que Canadá tomo con una sonrisa agradecida.

- Estos no son tus apuntes, la letra es diferente. -Noto el canadiense mientras hojeaba algunas páginas, cuyas anotaciones estaban en inglés y escritas con una caligrafía refinada muy familiar.

- No me digas, Sherlock. -Respondió Romano dejándose caer en la cama, teniendo cuidado de no molestar al oso polar quien lo reconoció con una inclinación de su cabeza y volvió a prestar atención a la pantalla.- Nunca tomo notas y no iba a empezar a hacerlo por ti, maldición, así que se las pedí al bastardo con cabeza de té. -Explico a lo que el canadiense inconscientemente paso a tomar con reverencia la libreta, revisándolo con mucha más atención.

- ¿Se lo pediste, verdad? ¿De un buen modo? -Indago Canadá con sospecha.

- Bueno, él se hizo útil por una vez distrayendo al bastardo de Antonio, así que.. –Dijo Romano viendo como el canadiense lo miraba de forma expectante y con esperanza en sus ojos.- Si, se los pedí "de un buen modo".

- ¡Lo sabía! Lovino, eso fue muy agradable de tu parte. -Felicito el canadiense sinceramente, aunque las palmaditas en el hombro eran algo burlonas.

- C-Cállate, maldita sea, solo fue algo de una vez y nada más. -Dijo Romano apartándose del toque, señalándolo amenazadoramente con el control remoto cuando Canadá hizo un intento de volver a palmearlo esta vez en la cabeza.

El canadiense soltó una risita alegre y procedió a abordar juguetonamente al italiano en la cama buscando recuperar el control remoto. Aun así no paso mucho tiempo para que Canadá se rindiera, después de todo, había un límite en la cantidad de veces que su rostro y orgullo podía soportar ser golpeado por un almohadazo bien dirigido. Sin embargo, mientras estaba distraído jactándose de su victoria, Romano perdió el control a manos de Kumajirou quien insistió con una linda pero mandona voz que todos verían lo que él quisiera y así lo hicieron.

Las dos naciones terminaron pasando la siguiente media hora viendo la televisión, recostados en la cama perezosamente mientras charlaban sobre diversos platillos de pescado y mariscos que el otro debía probar. Y entonces, una vez más alguien llamo a la puerta.

- ¿Puedes ir a ver quién es? -Pidió el canadiense hundiendo su rostro en una de las almohadas más grandes, avergonzado al recordar su estado.- Si es Gilbert, dile que no estoy de humor para verlo, ni hablar con él. -Acoto con su voz ahogada, claramente malhumorado.

- Lo hare con gusto. -Respondió el italiano ansioso por tener pase libre para echar a Prusia lejos.- Escucha, bastardo albino,.. -Comenzó a decir en cuanto abrió la puerta, pero se detuvo cuando se dio cuenta que no se trataba de Prusia.- ¿Qué carajo quieres tú aquí?

- ¿Disculpa? -Dijo Inglaterra frunciendo el ceño, rápidamente ofendido por tal recibimiento.- Vengo a ver a Matthew, ¿qué más podría querer, idiota?

- Él no quiere ver a nadie, bastardo. –Dijo entonces hizo una pausa y se corrigió.- Bueno, en realidad no quiere que nadie lo vea, pero es la maldita misma cosa. -Explico Romano sacudiendo su mano al aire como quien espanta a una mosca molesta.- Así que piérdete.

- Si el no quería que nadie lo viera, entonces, fue bastante desconsiderado de tu parte haberme mostrado la foto, ¿no lo crees? -Discutió el inglés, cruzándose de brazos visiblemente impaciente haciendo que el italiano se crispara.- Solo dile que soy yo y que pienso que puedo hacer algo para ayudarlo.

- No soy tu puto mensajero. -Replico el italiano con irritación.

- ¡Entonces déjame pasar, idiota!

Romano chasqueo la lengua y miro por encima de su hombro para dirigirse al canadiense, quien parecía estar debatiendo si esconderse bajo la sabana o no.

- ¡Mateo, es el bastardo de las notas pulcras! ¡¿Lo dejo pasar o puedo patear su trasero lejos?! –Cuestiono mentalmente deseando que el canadiense no admitiera al inglés en su habitación.

- ¡Esta bien, Lovino! ¡Déjalo pasar! –Accedió Canadá, sintiéndose una mezcla de emociones por la noticia, que iban desde la sorpresa, el alivio, la alegría y cierta vergüenza.

Romano se giró a ver a la nación inglesa con una expresión amarga, después de todo, era evidente que el canadiense consideraba que la visita de Inglaterra aún era algo tan novedoso en su vida que no se atrevía a rechazarlo por temor a desalentar futuras visitas.

- Tienes una puta suerte, bastardo.

Inglaterra le devolvió la mirada con altanería disfrutando de haber salido victorioso contra el italiano, pero sin tener idea de los pensamientos de este, y entro en la habitación sin más.

- Matthew, yo vine-.. –Y se detuvo.

Canadá hundió su rostro en la almohada y soltó un gemido, mientras sentía sus mejillas arder al notar la expresión desconcertada del inglés.

- Por favor, no te rías, Arthur. –Pidió manteniendo su rostro oculto.

- Un caballero no se ríe de las desgracias de los demás. –Dijo rápidamente el inglés, componiéndose después de notar la manera en que su reacción afecto al canadiense.- Yo solo estoy.. sorprendido. –Acoto, tras aclararse la garganta.- No había visto tanto azul en el cuerpo de alguien, bueno,.. desde ese día que Alfred decidió pintar su cuerpo con sus colores para..

- Los juegos olímpicos 2012, lo recuerdo. –Dijo el canadiense descubriendo su cara y esbozando una sonrisa algo forzada.- Pero al menos era pintura normal y se quitaba fácil. –Agrego desanimado, mientras frotaba su mejilla teñida de azul contra la almohada.

- Ensucio la mano de Su Majestad al saludarla. –Comento sonando irritado por el recuerdo, pero rápidamente descarto el tema y se acercó al canadiense que se veía incomodo.- No te preocupes, muchacho. –Dijo Inglaterra en un tono suave, buscando apaciguarlo.- Hare que desaparezca en un santiamén. –Le aseguro abriendo su maletín en busca de algo.

- ¿Y cómo harás eso, bastardo? –Pregunto Romano incrédulo.

- Si, Arthur, ya intente con todo. –Comento el canadiense sin querer alzar sus esperanzas pero al mismo tiempo sintiendo curiosidad.

El inglés soltó una risita engreída.

- No todo. –Dijo Inglaterra rebelando a las dos naciones lo que había buscado en su maletín.- Usare magia, por supuesto. –Agrego, agitando su varita al aire con un movimiento fluido.

Canadá parpadeo con sorpresa sin saber que decir a continuación, lo que no fue lo mismo para Romano.

- Joder, ahora sí que estas salvado, Matt. El bastardo va usar magia en ti. –Exclamo Romano de forma sarcástica y teatral, lo que provoco que el inglés lo mirara con molestia.- ¿Cuánto has bebido, idiota? –Pregunto el italiano entrecerrando los ojos con cierto menosprecio.- ¡Tú no puedes hacer magia, maldita sea, la magia no existe!

- ¡No digas eso, idiota! ¡Por supuesto que la magia existe y yo soy un mago certificado! –Replico Inglaterra indignado.

- ¡Lo único jodidamente certificado es que has perdido el maldito juicio, bastardo! ¡Te informo que estamos en la vida real, aquí los "abracadabra" no resuelven nada, maldita sea! ¡Así que hazte un condenado favor, guarda ese estúpido palito y diles a tus estúpidos amigos imaginarios que te muestren el jodido camino amarillo a la cordura o alguien muy pronto te encerrara en un maldito loquero!

Inglaterra apretó los puños con enojo y apunto al italiano amenazadoramente con su varita, sin embargo, Romano no se vio intimidado en lo más mínimo y solo se enojó aún más por la insistencia del inglés en su llamada "magia".

- ¡Te lo demostrare y, una vez que lo haga, tendrás que admitir que te equivocaste, maldito idiota!

- ¡Ha, si claro! ¡Estoy tan seguro que no podrás demostrar nada, bastardo, que podría hacer de esto una apuesta! –Respondió Romano mientras se cruzaba de brazos con confianza.

- ¡A-Ah, espera, Lovino.. ! –Intento meterse el canadiense viendo como la situación empeoraba.

El inglés sonrió con presunción y guardo la varita en el bolsillo interno de su saco.

- Muy bien, aquí mis condiciones. Cuando gane quiero que admitas en público que estabas en un error, te disculpes y que lo hagas.. –Dijo haciendo una breve pausa dramática.- de rodillas.

- Bien, maldita sea. –Acepto el italiano sin verse impresionado.- Pero cuando pierdas tendrás que venir a la próxima cumbre vestido como una mujer, dejar que te saquen fotos y..

- ¡¿Q-Que?! –Interrumpió perturbado, mirando con incredulidad al italiano que sonreía con malicia.- ¡Entonces tú también tendrás que hacerlo,.. por el resto de las reuniones del año! –Agrego haciendo que Romano frunciera el ceño.

- ¡Solo si tú.. ! –Comenzó a decir, deteniéndose un momento para pensar en algo.- ¡Solo si tú te rapas la cabeza y tus malditas cejas, bastardo! Y mantienes cortándotelo hasta año nuevo, maldición.

- ¡Bien, pero entonces.. ! –Dijo pero al igual que el italiano, se tomó un instante para pensar en algo peor.- Debes asistir a la fiesta de Halloween disfrazado como Tinkerbell.

- ¡A-Arthur.. ! –Volvió Canadá a intentar interrumpirlos, pero ninguna de las dos naciones estaba prestándole atención. Kumajirou entonces le alcanzo discretamente su celular que estaba vibrando a intervalos.

- ¡¿Eso es lo mejor que puedes pensar, idiota?! ¡Lo hare, maldita sea, pero solo si tú vas completamente desnudo!

Y ese fue el momento en que la nación canadiense sintió que se había cruzado una línea y que debía actuar.

- ¡Muy bien, es suficiente! –Exclamo Canadá poniéndose entre ambas naciones.- ¡Nadie va a desnudarse, disfrazarse, raparse, travestirse, ni sacar fotos, ponerse de rodillas, disculparse, ni admitir nada! –Declaro con seriedad mientras se cruzaba de brazos aun con su celular en mano.- ¡La apuesta es ridícula e innecesaria!

- ¿Innecesaria? –Cuestiono Inglaterra confundido.

- Gilbert acaba de mandarme un mensaje, dijo que encontró algo que remueve esta cosa y está en camino. –Informo visiblemente aliviado por las noticias.

- Pero mi magia.. –Comenzó a protestar el inglés.

- Gracias, pero no me siento cómodo con que uses magia en mí, puede ser bastante... impredecible. –Dijo el canadiense intentando ser razonable pero buscando no herir los sentimientos del inglés.

- ¡¿No me digas que enserio crees que el bastardo.. ?! –Cuestiono Romano con incredulidad al oír a su amigo.

- Por favor, Lovino, no sigas. –Pidió Canadá de forma suplicante haciendo que el italiano resoplara con resignación.- ¿Pueden los dos salir de aquí de forma tranquila y prometiéndome que no continuaran su discusión afuera, ni tampoco lo harán con esa apuesta absurda?

- Tsk, bien, lo que sea. No es como si en verdad tenía deseos de ver al bastardo como mujer, eso hubiera sido traumático, por no hablar de verlo jodidamente desnudo en Halloween. Hay cosas que es mejor no ver nunca, maldita sea.

- Idiota. –Dijo el inglés aun molesto.

- Arthur. –Le llamo el canadiense con ojos tristes que hicieron que Inglaterra soltara un sutil suspiro y se decidiera a recuperar su compostura perdida.

- Esta bien, muchacho. –Accedió acercándose al canadiense para darle a su mano un par de palmaditas reconfortantes.- Infórmame de los resultados más tarde, tal vez podría hacer una poción o algo que pueda ayudarte si lo que ese idiota intenta no funciona.

- Si, está bien. –Respondió Canadá con una sonrisa, viendo como las dos naciones se marchaban en paz.

-.-.-.-.-


Después de despedirse del canadiense y retirarse de la habitación, Romano rápidamente se dirigió hacia el ascensor con el inglés siguiéndolo silenciosamente.

El italiano podía decir que Inglaterra bajo el semblante sereno y digno aún estaba enfadado por la discusión, lo cual no sorprendía a Romano ya que sabía, gracias a España, que la "magia" era un tema delicado, uno que siempre conseguiría una fiera respuesta por parte del inglés ante una clara provocación.

Romano no se sentía culpable, el realmente es escéptico a la magia y cuando se le discutía por algo tendía a discutir más fuerte, pero sabía a regañadientes que una "disculpa" debía hacerse si quería volver a estar en términos neutrales con el inglés, claro, por amor a Canadá. Después de todo, no quería que Canadá tuviera que elegir entre los dos, tomar esa clase de elecciones eran duras para alguien con un corazón tan blando como el canadiense. Y así como hizo con Prusia en su momento, el italiano estaba dispuesto a extender una rama de olivo de la que ambos podían aferrarse lo suficiente para que esa situación no se diera.

- Joder,.. Las cosas que hago por ti estúpido. –Mascullo mientras presionaba el botón para llamar al ascensor.

- ¿Has dicho algo? –Cuestiono Inglaterra de forma seca.

- Nada. –Fue la respuesta automática del italiano, pero rápidamente se corrigió.- Ah, en realidad,.. Yo.. hm.. Estoy hambriento. –Dijo con cierta incomodidad, cruzándose de brazos intentando actuar normal.- ¿Quieres-.. ? –Comenzó a preguntar pero la mirada dura del inglés con la que opaco su sorpresa hizo que el resto de su propuesta saliera demasiado bajo para oírse.- Pagare por lo mío esta vez. –Acoto con torpeza luego de un silencio poco alentador.

- Así que, ¿así de simple es? ¿Me insultas y luego finges que no pasó nada? ¿No me darás una mínima disculpa? –Pregunto Inglaterra en un tono crítico.

Romano no pudo evitar fruncir el ceño ante el rechazo indirecto y la demanda.

- ¿Una maldita disculpa? –Cuestiono el italiano sin entender porque el inglés no podía reconocer sus intenciones en su invitación.

- Si, ¿o es demasiado difícil para ti? –Replico el inglés en un tono provocador que hizo que el italiano se tensara.

- Ah, ya veo, ¿ofendí tanto tus estúpidos sentimientos? –Respondió Romano en un tono de burla maliciosa.- ¿Necesitas una disculpa para seguir adelante por discutir de algo tan ridículo?

- Tch, ¿quieres disculparte de una vez para poder terminar con esto? –Exigió Inglaterra perdiendo rápidamente la paciencia.

- ¿Por qué no puedes simplemente aceptar mi invitación por lo que es y ya?

- Las disculpas son agradables de oír. –Replico el inglés viendo como la expresión irritada del italiano se transformaba a una amarga.

- Pero no son de fiar. -Dijo Romano con tal seguridad que parecía que estuviera exponiendo un hecho obvio.- Ahora mismo podría disculparme, decir que estoy arrepentido o que no lo volveré a hacer y todo podría ser un engaño, ¿no lo sabes? Es solo una manera más con la que fácilmente te pueden manipular. –Continuo explicando solo para darse cuenta de la mirada extraña del inglés.- Olvídalo, bastardo, no me voy a disculpar y punto.

- Eso.. es algo muy hipócrita de tu parte. –Dijo finalmente Inglaterra mientras se cruzaba de brazos, aun molesto pero manteniéndose más controlado para evitar un arrebato.- ¿No fuiste tú el que insistió tanto sobre como mi orgullo no debía ser un impedimento para admitir mis errores o disculparme con alguien, con Matthew?

- Fui insistente porque una jodida disculpa, una disculpa sincera de ti, es algo que alguien como Matt le gustaría y se merece oír. Pero pensé que te deje claro que lo que a mí me importaba es que tus malditas acciones demostraran que realmente fue una disculpa real. –Respondió Romano cuyo tono se estaba volviendo más y más frio.- Las personas suelen disculparse, si, pero normalmente mienten al hacerlo. Se disculpan, piensan que ya lo han resuelto todo, entonces vuelven a equivocarse una y otra vez, y piden perdón por ello. –Y entonces soltó una risa sardónica, apretando los puños hasta que sintió sus uñas clavándose dolorosamente en su piel.- Porque es tan jodidamente fácil hacerlo y las personas son tan idiotas como para creer en algo tan absurdo, están tan desesperados por creer que esta vez están siendo sinceros y aceptan un estúpido "lo siento" ¡¿Y para que, maldita sea?! ¡Solo para terminar nuevamente decepcionado o herido así que, te diré, las jodidas disculpas no significan nada si tú no haces nada para remediar o evitar cometer el mismo maldito error!

- Romano.. –Dijo el inglés visiblemente aturdido y quizás hasta preocupado, con sus ojos viendo más de lo que debería. Algo que el italiano rápidamente intento remediar, apartándose tanto física como emocionalmente de la nación inglesa.

- Y-Yo.. solo olvida todo lo que dije,.. bastardo. –Ordeno Romano frunciendo el ceño con su mente gritándole que saliera de allí, por lo que en vez de esperar el ascensor simplemente se encamino hacia las escaleras de emergencias sin pronunciar nada más.

-.-.-.-.-


Noruega soltó un sutil suspiro, ligeramente exasperado pero también enternecido por la insistencia de Islandia a querer resolver la situación por sí mismo, lo que era muy usual en el islandés y normalmente el noruego lo apoyaría de no ser que veía muchas fallas al plan de "solo les pediré que me lo digan, es fácil".

- Considera lo que la recepción pensara de verte exigir ese tipo de información. –Explico noruega con calma esperando que Islandia entrara en razón.- Lo mejor será que te quedes aquí y dejes que me encargue, de esa manera, no nos demoraremos más de lo que ya hacemos.

- No fui yo quien tardo demasiado arreglándose e hizo que nos retrasáramos para empezar, ¿sabes? –Replico el islandés malhumoradamente haciendo que el noruego sonriera internamente.

- Pero eres quien está discutiendo conmigo ahora haciéndonos perder más valiosos minutos, ¿o me equivoco? –Respondió Noruega con un aire sensato a pesar de que sabía que eso solo provocaría más al islandés.

- Pero tú empezaste a-.. –Intento discutir el islandés pero entonces el pájaro sobre su cabeza, ya sea a propósito o no, le dio un tirón a su cabello haciendo que desistiera.- ¿Sabes, que? Bien, me rindo, haz lo que sea, solo apúrate.

Islandia entonces tomo asiento en uno de los futones de la recepción, cruzándose de brazos como indicativo de su malhumor e ignorando deliberadamente a las personas que entraban y salían del hotel dándole miradas de extrañeza o sorpresa para nada discretas. Sintiéndose rápidamente incomodo, saco de su bolsillo su celular para distraerse y justo en ese momento noto la llamada de entrante que atendió después de darle un vistazo a la recepción y considerar que Noruega se demoraría lo suficiente.

- ¿Si? –Preguntó en voz baja para no llamar más atención a sí mismo.

- "Como que, no estoy juzgando ni nada, pero ¿sabes que tienes un pájaro en tu cabeza y que no es el Sr. Puffin, verdad?" –Cuestiono Hong Kong riéndose suavemente desde el otro lado de la línea y el islandés rápidamente miro a su alrededor para encontrarlo.

- Por supuesto. –Responde Islandia con calma, mientras seguía tratando de discernirlo en la recepción.- Pertenece al Sr. Prusia, y su nombre es Gilbird o eso me han dicho.

Islandia entonces noto finalmente donde se encontraba Hong Kong, de pie justo al lado de la puerta giratoria que da entrada al hotel, sosteniendo su celular en una mano y en la otra lo que parecía ser un batido de fresa o algo similar. El sonido del hongkonés sorbiendo su bebida ruidosamente pudo oírse en el altavoz del celular haciendo que Islandia hiciera una mueca.

- ¿Hay algún problema con eso? –Cuestiono cuando el islandés se dio cuenta que Hong Kong estaba demasiado ocupado terminando su batido como para hablar.

- "Nah." –Contesto de forma relajada, dando otro sorbo.- "Sé que es Gilbird. Matthew me lo presento en una oportunidad, pero como que, ¿por qué lo tienes? ¿Sabe el Sr. Puffin sobre esto o es parte de un plan para molestarlo? Porque si lo es, quiero estar dentro, Ice, lo necesito. Moriré si no, o algo así. Probablemente."

- No, no morirás, no lo necesitas y tampoco hay algún plan malintencionado, ¿sabes? El Sr. Puffin estaba aquí hace unos minutos pero se fue a perseguir al Sr. Francia, algo sobre querer presumir sobre su "dama" a Pierre, quien sea que fuera él. Realmente no estaba prestándole atención,… -Explico el islandés inclinando aun lado su cabeza, tratando de recordar sin aparente éxito.- De todas formas, encontré a Gilbird en el ascensor, no sabemos si está perdido o no, pero el "plan" es devolverlo a su dueño. –Comento escuchando al hongkonés soltar un gemido de decepción por el otro lado de la línea.- Lukas está tratando de convencer a la recepcionista de que nos den el número de la habitación del Sr. Prusia. –Acoto señalando hacia la recepción, haciendo que Hong Kong pasara su atención hacia allí.

- "Oh, sí, lo veo." –Anuncio en un tono monótono e Islandia parpadeo con sorpresa al notar que el hongkonés se tensaba visiblemente a pesar de la distancia.- "Uhm, y ahora él también me ve. ¿Cómo hace eso? Es cool pero a la vez totalmente espeluznante. Es como si pudiera sentir como maldecía mi batido o algo así. ¿Crees que me pasara algo si sigo bebiendo?" –Cuestiono alzando su batido a su rostro como si estuviera inspeccionándolo, mas asombrado que asustado por la posibilidad.

Islandia en ese momento volteo su cabeza para ver hacia la recepción, notando así que Noruega seguía hablando con la recepcionista como si nada hubiera pasado. El islandés por supuesto que entrecerró los ojos con sospecha, pero aparto la vista de regreso al hongkonés quien ahora estaba observando el interior del envase de su batido con detenimiento.

- Probablemente. –Respondió Islandia con un encogimiento de hombros, restándole importancia a la situación.

- "Ah, casi estaba terminado de todas formas." –Dijo Hong Kong sonando despreocupado, desechando su bebida en uno de los cestos del hotel.- "Hey, Ice, ¿tienes planes para esta noche?" –Pregunto entonces.

- Berwald nos invitó a cenar a afuera, de hecho, ya estamos llegando tarde, ¿por qué? –Contesto Islandia y espero con interés la respuesta del hongkonés.

- "Curiosidad." –Respondió sencillamente y procedió a hacer una rápida seña con su mano libre que el islandés no pudo descifrar, al menos hasta que sintió que alguien puso sorpresivamente su mano sobre su hombro para llamar su atención.

- Termina de hablar y vámonos, obtuve lo que necesito. –Ordeno Noruega en un tono monótono pero también imperioso.

Con un suspiro algo irritado, Islandia acomodo su celular en la oreja y se despidió del hongkonés:
- Me tengo que ir, nos vemos mañana. –Dijo levantándose del futon, apenas dirigiendo una fugaz mirada hacia donde se hallaba Hong Kong, procediendo a seguir a Noruega hacia el ascensor para subir al piso correcto y devolver a Gilbird a su dueño.

Ninguna de las dos naciones nórdicas hablo en el trayecto, cada una distraída en sus pensamientos, y cuando llegaron a la aparente habitación del prusiano fue Noruega quien llamo. Ambas naciones contuvieron con mayor y menor éxito todo rastro de sorpresa cuando quien apareció del otro lado de la puerta fue solo un pequeño oso polar.

- ¿Quiénes son? –Cuestiono el oso, inclinando su cabeza un poco.

Islandia tomo con cuidado a Gilbird de su cabeza y lo extendió en dirección al oso instándolo a volar. El pequeño pajarito amarillo no dudo en volar la corta distancia y aterrizar sobre la cabeza del oso.
- Se conocen, ¿no es así? –Comento el islandés sabiendo gracias a Hong Kong que ese era el caso.- Cuida de él hasta que el Sr. Prusia se desocupe, nosotros tenemos que irnos.

El oso polar asintió antes de cerrar la puerta con Gilbird trinando en despedida.

-.-.-.-.-


¡Gracias por leer!

*.- Kira-Mirai .-*