Inuyasha no me pertenece, todo personaje mencionado es obra de Rumiko Takashi. El texto ha sido elaborado sin fines de lucro y mera diversión. Es una historia completa de la cual subiré un capítulo cada semana o día, dependiendo de mis deberes.


Resumen: Detrás de una puerta muchas historias nacen y terminan, detrás de ésta que es de madera se vivieron momentos agridulces que definieron la vida de dos personas. "—Un verdadero castigo —inquirió él, mientras se colocaba encima de ella después de cerrar la puerta de la habitación." 29 momentos en la vida de Kagome y Sesshômaru. AU. Serie de Microrrelatos. [Escritos con un mínimo de 10 palabras y con un máximo de 150/160]

En algunos casos drabble y viñetas especiales.


Momento 26: Culpa

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Sesshômaru bufó molesto cuando el último de los "Jefes" se largó del sitio acordado para la junta, salió del gran salón en dirección a sus aposentos, necesitaba terminar de organizar los papeles si es que deseaba regresar esa misma noche; si bien había demorado menos a comparación de otras ocasiones eso no evitaba que estuviese malhumorado, más si algunas acompañantes de los "jefes" insistían en mirarlo de manera tediosa y obscena. En algún momento quizá hubiese aceptado los gestos, más para liberar tensión que nada, pero ahora no; menos aún si toda la situación apenas comenzaba a re-acomodarse.

Caminó a su escritorio, tomando los contratos previamente firmados se dirigió de nueva cuenta a la salida de sus aposentos para ir a su estudio y terminar (o a dar las indicaciones pertinentes de que se terminasen) de leer para asegurar el orden que los documentos debían tener.

Después de todo no era el Lord de las Tierras del Oeste por nada.

Antes de poder sentarse un apresurado Jaken ingresó, con respiración agitada y ropajes desaliñados. Sesshômaru curvó una ceja sin mención alguna.

—Mi señor —chilló el enano verde—. Lady Kagome ha llamado. Su madre, mi señor, su madre ha fallecido.

El mayor de los Taisho tensó su mandíbula.

—Termina —dictó antes de salir por los pasillos del castillo, el duendecillo asintió fervientemente (aunque no fuera visto) y vio a su Lord convertirse en una esfera de luz antes de desaparecer entre las nueves al ascender y salir por una de las grandes ventanas.

Jaken había odiado a los humanos pues así se le había dictado desde que inició como un sirviente de la familia real, pero cuando la pequeña Rin se había unido al grupo algo en el youkai había cambiado; quizá no sintiese a la humanidad como una aberración de la naturaleza, pero el respeto y cariño desmedido que poseía ante el Taiyoukai hijo de Inu-No-Taisho habían cegado más allá de lo que alguna vez se permitió ver haciéndole creer lo contrario. La niña humana sólo había creado una grieta en aquella cáscara de ideologías contradictorias y la llegada de la miko había sólo terminado de romperla para crear lo que Jaken era ahora. Un youkai que servía a la familia real felizmente.

Porque tenía a Sesshômaru como gobernante principal y a Kagome como una protectora ante la (a veces) desmedida ira de su señor. Siendo el cuadro a completado por Rin, la niña que lo sacaba de quicio pero jamás lo abandonaba. Y si alguien en aquella familia sufría por algo él, como buen sirviente, haría lo que fuera para evitarlo.

Por eso se acercó a los papeles para terminar el trabajo mientras su mente vagaba en todo lo ocurrido en esos años siguientes a la derrota de Nâraku. Todos habían sufrido y era tiempo de que todos vivieran de forma alegre nuevamente.

Y él, Jaken, lucharía por ello. Aún cuando fuera contra la mismísima muerte. Si bien él no tenía la capacidad para lograr eso sabía que su Lord sí, y el Lord amaba a su Lady, Jaken lo sabía. Así que se permitió sonreír levemente mientras esperaba nuevas noticias y organizaba los contratos.

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Kagome había parado de llorar, sus ojos hinchados le ardían. Se permitió ver a su hermano siendo abrazado por la dulce Luka y suspiró, estaban en la habitación donde su madre yacía recostada con la mitad de su cuerpo cubierto, a indicaciones de ellos; no había dado aviso a nadie más que Sesshômaru, la miko sabía que el avisarles a sus amigos sólo provocaría más tensión en el ambiente.

La chica no era idiota pues sabía que quizá su novio tardaría en llegar y, aunque no pudiera verlos, los recolectores de alma comenzaban a sentir el cuerpo muerto en el lugar, quizá en unos minutos más vendrían y se llevarían las almas de su madre; los años con Sesshômaru le habían enseñado a diferenciar sus auras, tan pequeñas y casi invisibles, como un fino hilo de araña de color azul rey. Higurashi apretó sus manos de tal forma en que los nudillos quedaron blanco y soltó un suspiró.

Porque ella en verdad deseaba que llegara Sesshômaru, y aunque no pudiesen revivir a su madre, ella deseaba al menos que su pareja estuviese ahí para reconfortarla. Sintió los hilos tensarse, las criaturas comenzaban a acercarse, sabiendo que en aquella cama sólo el alimento se encontraba.

Le dolía, mucho en verdad, pero también se sentía una hipócrita, porque su madre no había muerto cuando ellos estuvieron cerca, ella había muerto sola. ¡Qué clase de hijos eran ellos! Levantó la mirada y se inclinó levemente a donde Souta lloraba, le acarició la espalda de manera burda pero cariñosa, casi como su madre solía hacerlo cuando eran unos niños. Los hilos se tensaban cada vez más.

—Creo que le debemos una disculpa.

Su hermano la miró mientras Luka pestañeaba confundida.

—Lo sabes, Souta, se la debemos —murmuró Kagome, el chico asintió sin ganas aún con las lágrimas cayendo.

—¿Souta?

—Disculparnos, Luka, es lo único que podemos hacer; ella siempre estuvo con nosotros sin importar la situación y cuando ella nos necesitaba nosotros le fallamos.

—¡Eso no es verdad!, ¡vinieron aquí sin dudar!

—¡Por qué estaba muerta! —lloró su novio. Kagome se inclinó un poco más y retomó las caricias.

—No grites —le riñó—. Lo que él quiere decir, es más que nada que sí, puede que hayamos venido sin dudar pero, ¿dónde estábamos antes de eso? Souta en inglaterra y yo aquí pero lejos de ella.

—Tenían sus asuntos...

—Sí —le interrumpió la miko—. Pero ella sacrificó tantas cosas para hacernos felices; muchos dirían que mi madre era demasiado blanda con las personas, pero lo cierto es que no era así. Ella había a prendido muchas cosas en todos estos años, ella sabía más que nadie distinguir a alguien bueno de alguien malo y aún así les daba una oportunidad, porque todos la merecemos.

—Yo estuve lejos —secundó el chico—. Pero pude haber venido, aunque fuese una sola vez, darme un momento para verla —sumió los hombros mientras la caricia de su hermana se detenía—. A Kagome le afecta más que a nadie porque ella estaba cerca y pese a todo nunca vino.

Luka bufó con los ojos hinchados.

—¿Son malas personas? ¡Por que si piensas decirme eso juro que te lavaré la boca con jabón! —gruñó.

—¡Olvidamos a nuestra madre!, ¡le dimos la espalda cuando más nos necesitaba! —siseó Souta.

—¡Son humanos, Higurashi, cometemos errores a diferentes grados! —Luka se paró—. Sé que duele, cariño, sé que te sientes lo peor del mundo. ¡Pero cometiste un error y lo estás pagando!, ¿qué más ganas lamentándote aquí?

Kagome resopló entre lágrimas.

—Tiene razón, hermano.

—Pero duele...

—Lo sé, cariño, lo sé —Souta recargó su rostro en las rodillas de su novia, quien aún de pie sólo lo miraba entristecida, ella le acarició la cabeza—. Créeme que lo sé.

Cuando la puerta de la habitación se abrió y entró la distinguida figura de Sesshômaru, Kagome se permitió arrojarse a sus brazos y llorar.

—Tengo miedo, Sesshô.

Él, como siempre, sólo le tomó de la cintura para reconfortarla.

Porque ambos sabían que los recolectores de alma ya habían cumplido con su trabajo. El hizo el ademán de tomar su espada y ella negó.

—Volvería pero el dolor sería igual, ya la perdí una vez... no sé... no sé si en algún momento lejano soporte volver a perderla. Ella está descansando, lo sé. No quiero que sufra más, Sesshô; ella ya soportó demasiado —negó entre lágrimas mientras hundía su rostro en el pecho de su novio—. Sólo... no quiero que regrese si no es necesario, no quiero solamente calmar mi culpa y hacer que ella vuelva a sufrir si puede reunirse con mi padre y mi abuelo otra vez.

El Taiyoukai sólo la miró, sin asentir o negar, sólo alejando su mano de la funda de la espada. Miró a la miko llorosa una vez más y exhaló aire, se inclinó y besó la sien derecha de su chica.

—Me tienes —se limitó a decir.

Porque viniendo de Sesshômaru, Kagome podía entenderlo como la muestra de afecto en "público" más dulce.

—Lo sé —sonrió sin ganas—, lo sé... —hundió más su rostro— y gracias por ello.

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He descubierto que tengo 69 historias publicadas, estaría reee feliz si no fuera porque algunas amigas me hicieron la observación obscena, hahahaha. Veré si llego a los 70 mínimo, lol. Y espero les haya gustado el capítulo, actualicé un segundo Os en A Thousand Years pa' quien guste.

Y gracias por los comentarios, intentaré seguir respondiéndolos(:

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14- de Enero del 2014