Capítulo 26: ¿Qué quiere?
El silencio que se produjo en aquella casa después de esa simple frase fue inaudito. Ni siquiera el vuelo de una mosca se atrevía a interrumpir aquel incomodo momento.
Lexa recibió aquello como una bofetada, como el mayor dolor que había sentido en muchísimo tiempo, justo el tiempo que hacía que no veía a aquella mujer frente a ella. Instintivamente dio un paso atrás, todavía en shock, a la vez que Clarke, de manera protectora se colocaba entre ella y aquella mujer mientras fruncía el ceño.
- ¿Me he confundido de sitio? -preguntó lentamente la mujer, aún más nerviosa que antes.
- ¿Lexa? -dijo de repente Anya acercándose a la puerta y mirando la situación confundida- ¿Todo bien?
La expresión de la señora cambió completamente, en un momento estaba nerviosa y dudosa y de repente su rostro se iluminó y una sonrisa apareció en sus labios.
La mirada de pánico que invadió a Lexa en cuanto se dio cuenta de que Anya acababa de revelar quién era ella, era absolutamente devastadora. Su corazón comenzó a bombear con fuerza y cada vez tenía más problemas para respirar sintiendo una gran presión en su pecho. El ataque de pánico estaba regresando de nuevo y esta vez parecía aún más fuerte que el anterior.
Clarke miró alternativamente entre la señora, Anya y Lexa sin saber qué hacer, pero esa duda no duró mucho. Enseguida cogió a Lexa suavemente del brazo y tiró de ella en dirección a Anya para pusiera un poco de distancia con la situación.
- Llévala a la habitación -ordenó Clarke.
Anya aún seguía confundida, pero al ver el estado en el que se encontraba Lexa, no dudó en obedecer, guiando a la morena, con suavidad al interior de la vivienda dejando a Clarke y la señora solas en la puerta. En ese momento Clarke se giró, enfrentándose a aquella mujer que seguía mirando el punto donde había desaparecido Lexa.
- Escúcheme bien -dijo Clarke con firmeza- No tengo ni idea de lo que hace aquí, lo que quiere o lo que pretende, pero lo que si tengo claro es que no voy a permitir que le haga más daño del que ya le ha hecho a Lexa -espetó.
- Yo… -comenzó a decir la señora, pero fue interrumpida de nuevo por Clarke.
- Me da exactamente igual lo que tenga que decir. Lexa ya ha sufrido bastante a lo largo de su vida y en parte es debido a usted, así que le sugiero que la deje en paz o vamos a tener un serio problema usted y yo.
La señora la miró con expresión abatida y después de un largo suspiro, asintió.
- Entiendo su postura -murmuró la señora- Y no quiero hacerle ningún daño a Lexa, se lo aseguro, pero lo entiendo -suspiró de nuevo y después rebuscó en su bolso sacando una tarjeta de su interior- Me gustaría poder hablar con ella en algún momento -le tendió la tarjeta a Clarke- ¿Podría dársela por si quiere ponerse en contacto conmigo, por favor?
Clarke cogió la tarjeta lentamente. Si fuese por ella le cerraría la puerta en las narices a aquella señora, pero sabía que no era quien tenía que tomar esa decisión, eso le correspondía a Lexa y era ella la que tenía que decidir qué hacer al respecto.
- Ahora váyase de aquí antes de que llame a la policía -gruñó Clarke.
La señora asintió lentamente y se dio la vuelta para irse, pero en el último instante se giró para dirigirse a la rubia de nuevo.
- Dígale a Lexa que lo siento, por todo -susurró derrotada y con lágrimas en los ojos.
Después de aquello, se fue por fin, dejando a Clarke en la puerta sin saber que hacer a continuación. Cerró la puerta con cuidado y después de un momento de vacilación, se dirigió con rapidez hacia su habitación.
Cuando entró en ella se encontró a su madre midiéndole la tensión a Lexa, ya calmada y sentada en la cama, mientras que Anya y Raven las miraban con una clara preocupación en su rostro.
Se arrodilló frente a Lexa buscando su mirada y cuando sus ojos se encontraron y pudo ver la inmensa tristeza reflejada en aquellos verdes ojos, su corazón se rompió junto con el de Lexa, en ese mismo instante.
- ¿Estas bien? -dijo preocupada mientras ponía sus manos sobre las rodillas de Lexa intentando transmitirle con ese simple contacto, seguridad.
- Le ha dado un ataque de ansiedad, pero ya tiene el pulso normal -le informó Abby, pero Clarke siguió con la vista fija en Lexa esperando una respuesta.
Lexa la miró intentando encontrar las palabras para hablar, parecía como si todo su cerebro se hubiese apagado y no fuese capaz de formar una frase sin romperse por completo de nuevo. Cerró los ojos un segundo cogiendo aire con fuerza intentando tranquilizarse y cuando los volvió a abrir y ese azul en la mirada de Clarke hizo que se sintiera segura de nuevo, durante un momento, pero lo suficiente para poder hablar.
- ¿Se ha… se ha ido? -preguntó lentamente con la voz rota.
- Si -le aseguró Clarke cogiendo la mano de Lexa entre las suyas y dándole un pequeño apretón.
Lexa asintió levemente y cerró los ojos de nuevo.
- ¿Qué… qué quería?... -preguntó mirando a Clarke otra vez.
- Hablar contigo. Me ha dado una tarjeta para que te pongas en contacto con ella, si quieres -recalcó esto último para que quedase claro.
Lexa volvió a asentir de manera distraída como si se hubiera aislado de todo y estuviera procesando todo aquello en un lugar apartado de su mente.
- Yo… -comenzó a decir Lexa sintiendo como empezaba a romperse de nuevo- Quiero estar sola -pidió.
Clarke se quedó congelada durante un momento sin esperarse aquello. Había creído que los momentos en los que Lexa se retiraba y se alejaba de ella habían terminado, pero al parecer estaba equivocada porque ahí estaban, en ese momento tan importante y Lexa se estaba empezando a aislar, lo notaba y no sabía si sería capaz de impedirlo.
- ¿No podéis dejar solas? -pidió Clarke dirigiendo la mirada hacia las otras tres que miraban expectantes.
Anya abrió la boca para quejarse, pero la mirada de Clarke hizo que se callase por completo. Frunció el ceño e hizo una mueca de no estar conforme pero aun así salió de la habitación junto con Raven y Abby.
En el momento en el que Clarke había dicho esas palabras, Lexa había ido arrastrándose por la cama hasta hacerse un ovillo abrazada a la almohada y con la mirada perdida. De nuevo el corazón de Clarke se rompió ante esa imagen.
Se quedó allí parada mirándola. Esa Lexa ya no era su Lexa, sus corazas parecían haber vuelto de golpe. Todo lo que llevaban luchando porque desapareciese, de un plumazo se había ido. Pero Clarke no iba a consentirlo, si en algo destacaba ella era en no rendirse jamás y menos por alguien tan importante para ella.
Con cuidado se colocó detrás de ella en la cama e hizo que se girara, con algo de esfuerzo, hasta que Lexa soltó la almohada y en su lugar se abrazó con fuerza a Clarke escondiendo el rostro en su cuello.
- Háblame… -le suplicó Clarke.
Sabía que la mente de Lexa en ese momento era un tormento. Un tormento de recuerdos, de todo lo que había vivido y sufrido durante el tiempo que estuvo con sus padres.
Clarke no sabía nada sobre ello, solo que sus padres bebían, se drogaban y evidentemente no la trataban muy bien, pero aparte de eso, todo era un misterio para ella. Pero eso no quería decir que no se pudiese imaginar la situación y que Lexa en ese momento estaba reviviéndolo todo sin cesar en su mente, machacándose y atormentándose sin cesar y entrando en un bucle que iba a ser difícil salir de él.
Lexa no dijo nada, solo negó con la cabeza aferrándose más a ella.
- Lexa, por favor… -le pidió Clarke desesperada- No te lo guardes todo, estoy aquí para ti, déjame ayudarte.
- ¿Qué hace aquí?... -dijo Lexa en un susurro hablando más consigo misma que con la otra- ¿Qué quiere de mi después de tantos años?...
- No lo sé… -dijo Clarke con sinceridad- Solo me ha dicho que lo siente, por todo.
Lexa se tensó automáticamente ante esas palabras.
- ¿Qué lo siente? -gruñó la morena alzándose para mirar a Clarke con una rabia que nunca había visto en esa mirada antes- ¿Qué es lo que siente? ¿Tenerme durante días en un armario sin luz, sin comer ni beber? ¿Dejar que mi padre me pegase palizas cuando le diese la gana? ¿Tratarme como una mierda siempre que podían? ¿Intentar venderme a un pederasta para poder pagarse sus vicios? ¿Eso es lo que siente? ¡Y una mierda! -espetó.
Clarke la miró sin ni encontrar unas palabras de aliento o de calma para decírselas a la otra. Se había imaginado muchas cosas por las que había pasado Lexa, pero aquello era mucho peor que sus más terribles pensamientos.
Lexa al ver el rostro blanco de Clarke pareció darse cuenta de su alterado estado y de su mirada desapareció la ira, sustituida por preocupación y miedo.
- Lo siento… -susurró devastada- Tú no tienes la culpa de nada… Todo esto es culpa mía… -se sentó en la cama dándole la espalda a Clarke y tapándose el rostro con las manos- Nunca fui lo suficiente para ellos… Sino ¿por qué iban a tratarme así? Solo fui un objeto, un estorbo, una molestia, alguien que no merecía ser querido… -dijo esto con voz rota- Y eso es lo único que he sido siempre… -concluyó con un sollozo.
Clarke rápidamente se levantó y la abrazó por la espalda con fuerza no permitiendo que esos pensamientos la inundasen por completo.
- No vuelvas a decir eso -le susurró en el oído con determinación- Eres la persona más maravillosa que he visto en mi vida. Eres valiente, leal, sincera, amable, divertida, protectora, inteligente, luchadora… Eres todo eso y mucho más. Y sobre todo eres la mujer que amo con todo mi corazón…
- Estoy rota Clarke… -dijo Lexa entre sollozos- Soy una persona rota y creo que siempre lo seré…
- No, no lo eres -soltó Clarke interrumpiéndola- Y si lo fueras lo que haría sería juntar todas las maravillosas piezas que te componen y ponerlas juntas, para siempre, conmigo, siempre.
- No te merezco… Nunca lo he hecho… -dijo Lexa girándose para mirarla con las lágrimas invadiendo su rostro.
Clarke no respondió, lo único que hizo fue coger su rostro entre sus manos y besarla con suavidad. La besó lentamente sintiendo el sabor salado de sus lágrimas en sus labios y cuando se separó, la miró a los ojos con firmeza.
- Te quiero… -susurró sin apartar la mirada de sus ojos- Te quiero, te quiero, te quiero… -repitió una y otra vez- Y eso no va a cambiar Lexa. Dios… -suspiró- si cada día que pasa me tienes más enamorada…
Una pequeña sonrisa involuntaria apareció en el rostro de Lexa y eso le dio a Clarke un poco de esperanza, por lo menos había conseguido derribar el primer y más importante muro.
Pero tan rápido como apareció, esa sonrisa se volvió a ir.
- Lo sé… -murmuró Lexa.
- ¿Sabes quién no te merece? Ella, tu madre -dijo Clarke sin soltar su rostro para que no apartara la mirada.
Lexa la miró durante unos minutos sin decir absolutamente nada y después de un largo suspiro, habló.
- ¿Entonces no crees que deba hablar con ella?... -dijo con duda y temor en su voz.
- Esa es una decisión que tienes que tomar tú… -dijo Clarke con dulzura- Yo estaré ahí para ti, decidas lo que decidas -le aseguró.
Lexa cogió las manos de Clarke que aún estaban en su rostro y las separó de ahí, pero sin soltarlas, necesitando respirar un poco para poder pensar.
- ¿Qué querrá? ¿Cómo me habrá encontrado?... -se preguntó a si misma de nuevo.
- Eso es algo que solo te puede responder ella -le recordó Clarke.
Lexa suspiró y se pasó una de sus manos por el pelo intentando pensar.
- Nunca sabré lo que quiere si no hablo con ella, ¿no? -preguntó dubitativa.
- Pues no… -respondió Clarke lentamente- Pero no es una obligación verla -le aseguró- Puedes seguir con tu vida como hasta ahora si eso es lo que quieres.
Lexa la miró durante un momento antes de hablar, sabiendo que había algo que Clarke no había dicho.
- ¿Pero…? -preguntó.
Clarke suspiró y después respondió.
- Pero… -comenzó a decir con cuidado- quizás esta sea una oportunidad para superarlo. Enfrentarte a ella, preguntarle todo lo que quieras… Puede ser una buena manera de pasar página.
Lexa frunció el ceño mientras meditaba las palabras de Clarke. Sabía que tenía razón. Siempre había tenido esa espinita clavada dentro de ella por todo lo que había pasado y que no terminaba de entender y desgraciadamente una de las únicas personas que podía responder a todo eso era su madre.
- Tienes razón… -murmuró derrotada- Necesito hablar con ella, decirle todo lo que siento, todo lo que viví e intentar comprender el por qué hizo todo aquello…
Clarke atrajo a Lexa entre sus brazos de nuevo, tumbándose en la cama y dedicándose exclusivamente a acariciar su espalda con suavidad, intentando que se relajara.
- Pero hoy no -le aseguró Clarke- Hoy vamos a quedarnos aquí en la cama las dos juntas, sin movernos, solo abrazadas… Mañana ya será otro día -besó su frente con suavidad.
Lexa asintió y cerró los ojos, dejándose arropar por aquellos brazos en los que se sentía siempre protegida y cuidada.
Después de unos minutos de centrarse en el sonido del corazón de Clarke y en las caricias que le daba, comenzó a sentir como la rubia se movía de manera inquieta.
- ¿Estas bien? -preguntó Lexa alzando la cabeza para mirarla preocupada.
Clarke se sonrojó profundamente antes de responder.
- Si… -dijo con timidez y vergüenza- Es que… -se mordió el labio- aún tengo el juguete dentro de mi… -confesó.
Lexa abrió la boca totalmente sorprendida. Se había olvidado completamente del juguete y del mando que descansaba en el bolsillo de su pantalón.
- ¿Has estado todo este tiempo con él encendido y no has dicho nada?
- No era el momento -respondió Clarke encogiéndose de hombros como si no le diese importancia.
Clarke se había, no solo pasado horas con el puesto durante la cena, sino que también lo había tenido encendido durante todo el tiempo que la había estado consolando sin decir absolutamente nada al respecto, solo por el hecho de que consideraba que Lexa era más importante que su propio bienestar.
Lexa la miró con una dulzura que había desaparecido con el encuentro con su madre pero que acababa de regresar en ese mismo instante, al darse cuenta de cuanto la quería Clarke de verdad.
- Eres maravillosa -susurró besándola con suavidad.
Clarke la miró sorprendida pero no dijo nada, solo le correspondió al beso de la misma manera y cuando Lexa se separó por fin, siguió hablando.
- Puedes quitártelo, ya seguiremos jugando en otro momento.
Clarke alzó una ceja, divertida por la afirmación.
- ¿Ah sí? -preguntó riéndose ligeramente.
- Oh si -le aseguró Lexa con una traviesa sonrisa- Estoy segura de que ha sido el mejor regalo que me han dado en mi vida y pienso aprovecharlo al máximo.
Clarke se volvió a sonrojar de manera automática.
- ¿Te he dicho alguna vez que me encantas? -preguntó Clarke.
- Me lo dices cada día -dijo Lexa riéndose ligeramente.
- Es para que no te olvides nunca de ello.
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