CAPÍTULO 25

En la pista de fútbol sala, bajo la oscuridad de la noche cerrada, y apenas iluminados por la tímida luz de unas farolas, se reúnen la mayoría de residentes de la Benjamin Franklin. En un lado del campo están de pie los novatos; y en el otro, los veteranos. Es Sasuke el que toma la palabra y, alzando la voz, se dirige al resto de los presentes.

¡Queridos amigos! Hace una noche perfecta para disfrutarla al máximo y pasarla entera en vela. ¿No creéis? ¡Hoy toca no dormir! Es una noche para divertirnos. Una noche para darlo todo. ¡Hagamos que sea la mejor noche de los novatos de la historia de esta residencia!

Gran parte de los residentes jalean y aplauden el discurso de su compañero. Sin embargo, Sakura, Sai, Hinata, Tenten y Kiba, que se encuentran juntos entre los novatos, permanecen en silencio. No saben lo que les tienen preparado. Como ninguno de los chicos de primer año que allí se encuentran. Alguno particularmente nervioso y con miedo a lo que pueda pasar.

Como todos ya sabéis, desde que se inauguró esta residencia, la noche de los novatos es una tradición —continúa explicando el joven segoviano del tatuaje en el antebrazo—. En la primera semana de curso, la madrugada del jueves al viernes, los nuevos deben obedecer a lo largo de siete horas las órdenes de los que llevan aquí uno o más años. Sin quejas, sin anunciarlo en las redes sociales, sin contárselo a nadie. Esto es algo solo entre nosotros: los que vivimos en la residencia. Ni una sola palabra de lo que esta noche suceda debe salir de aquí. Es nuestra ley, ¡la ley de la Benjamin Franklin!

El grito de Sasuke es secundado de nuevo por muchos de sus compañeros veteranos. En cambio, los estudiantes de primer año no pueden disimular que su inquietud va en aumento.

Si hubiera sabido esto, me habría ido a otra residencia —le comenta Hinata a Tenten en voz baja. Ahora comprende por qué no ha encontrado nada en Internet sobre las novatadas en la Benjamin Franklin. Por lo visto, no se puede revelar nada de lo que suceda esa noche.

No te preocupes. Seguro que no es para tanto.

¿Que no? Si parece que están todos locos. A saber lo que nos mandan hacer.

Tranquila. No te va a pasar nada malo.

Sin embargo, la canaria no lo tiene tan claro. Le asusta lo que Sasuke está proclamando y cómo los demás lo acompañan con sus vítores, rebosantes de euforia.

¿Qué te pasa? —le pregunta Sai a Sakura mientras los veteranos continúan vociferando.

Nada. Estoy algo nerviosa con esto.

Yo me refería a otra cosa. Te noto algo rara conmigo.

Eso son imaginaciones tuyas.

Sabes muy bien que no. Te pasa algo conmigo. Estoy seguro.

La chica chasquea la lengua y prefiere no mirarle cuando le habla.

¿Has estado hablando por teléfono con Konan?

¿Con tu hermana? Sí, he hablado con ella un par de veces.

Pues no sé qué le has dicho para...

¿Para qué?

La tienes confundida —suelta Sakura con un matiz severo en la voz—. Se ha encaprichado de ti.

¿Sí? ¿De verdad?

Sí. Me parece que hasta le gustas —le confiesa la toledana.

¿Y eso te molesta?

¿Que si me molesta? Es una cría.

Tiene dieciséis años. Solo dos menos que tú. Ya no es tan pequeña —le advierte Sai, que conserva la calma.

Las palabras del chico enfurecen más a Sakura, que ha dejado de prestar atención a lo que Sasuke está anunciando en ese instante.

Por favor, no juegues con Konan. Es una niña que lo vive todo con mucha intensidad.

No juego con ella. Ni se me pasaría por la cabeza.

Una cosa es lo que se te pase a ti por la cabeza y otra lo que le transmitas a ella. Si la llamas y le das esperanzas, creerá que puede tener algo contigo.

No creo que por hablar con ella por teléfono le vaya a dar esperanzas de nada —la corrige el sevillano—. De todas maneras, si algo pasa o no pasa con tu hermana, es cosa nuestra, ¿no crees?

La chica va a responderle, pero, en ese momento, un estruendo de voces irrumpe en la pista de fútbol sala. Sai y Sakura observan a Sasuke, que enfila hacia donde se encuentran. Parece que la noche de los novatos acaba de empezar y que ellos dos van a ser los primeros protagonistas.

¡Aquí tenemos a Sai y Sakura! —vocifera Sasuke, presentándoselos al resto de los veteranos—. ¡Y serán los primeros en pasar por el camino de los condenados!

La pareja intercambia miradas sin llegar a entender a qué se refiere. Lo del camino de los condenados no suena bien. Nunca habían escuchado hablar de aquello.

Sasuke llama a uno de sus compañeros, que aparece con una cuerda. A continuación, le pide que los ate uno junto al otro, a la altura de la cintura. Ni Sakura ni Sai oponen resistencia ante la atenta mirada del resto de los residentes. Una vez que comprueba que están bien amarrados, Sasuke les indica a los veteranos que se coloquen en fila, haciendo un pasillo. Treinta de ellos forman dos hileras de quince personas y los demás se acomodan en el suelo, como simples espectadores, a la espera de que les llegue su turno.

Imagino que tendremos que cruzar por el medio —le susurra Sai a su amiga.

¿Y qué nos van a hacer mientras cruzamos?

La pregunta de Sakura enseguida tiene respuesta. Otro de los veteranos pasa por el centro de las dos hileras arrastrando un gran saco repleto de globos, y sus compañeros se van sirviendo: dos para cada uno.

Parece que los globos van rellenos de algo —señala Sai.

¿De qué?

No lo sé. Ahora nos enteraremos.

Sasuke guía a la pareja hasta el comienzo de aquel pasillo humano. Vuelve a comprobar que la cuerda no se ha aflojado y sonríe.

Bien. Lo que tenéis que hacer es muy sencillo. Debéis llegar juntos al final del camino de los condenados. Simplemente eso. Aunque en el trayecto os encontraréis con alguna que otra sorpresa. Así que, cuando cuente tres, podéis empezar a correr. ¿Estáis preparados? ¿Sí? Uno, dos y... ¡tres!

Cuando Sasuke da la salida, rápidamente y sin que Sakura pueda reaccionar, el primer globo impacta en su camiseta y explota. Estaba relleno de un líquido verde, pegajoso, que repugna a la chica. La toledana grita, pero, sin tiempo para pensar en lo que le acaban de derramar encima, un segundo globo estalla sobre su cabeza. En esta ocasión, sí puede identificar perfectamente de lo que se trata: chocolate líquido.

¡Vamos! ¡No nos podemos quedar aquí parados! —le grita Sai, que ha esquivado el primer globo que le han lanzado e intenta tirar de ella.

Sakura está petrificada. Sin embargo, comprende que, si no se mueve, seguirán alcanzándola con facilidad. Así que hace caso al sevillano y juntos intentan caminar lo más rápido posible coordinando sus pasos, algo que no le resulta fácil.

Los globos, rellenos de todo tipo de sustancias, van impactando en el cuerpo de ambos conforme avanzan. Uno atiborrado de una especie de puré de patatas explota en la frente de Sakura a mitad de camino y le dificulta la visión. La chica se detiene para limpiarse y es Sai el que se encarga de protegerla de la lluvia de globos que en ese instante cae en tromba sobre ellos. Unos los para con las manos, otros colocando su propio cuerpo, que actúa de escudo.

¡Tengo una idea! —grita esquivando un nuevo proyectil.

Sin avisar a la chica, Sai la coge en brazos, tratando de cobijarla, y corre todo lo que puede. Ya no se detienen más. Cuando llegan al final, caen al suelo. El joven tiene la ropa completamente manchada. También su cara y su pelo han sufrido el estallido de los globos de los que no se ha podido defender.

Deidara se acerca hasta ellos y los desata. Los demás veteranos aplauden, silban y vitorean a los primeros en pasar. Ya esperan a los siguientes. Serán Kiba y Tenten, a los que están a punto de amarrar.

Muchas gracias por lo que has hecho —le comenta Sakura, que saca un pañuelo de papel del pantalón.

No pesas mucho, así que lo he tenido fácil. Aunque sigo pensando que debes comer más.

La chica se sonroja y sonríe. Con el pañuelo, le limpia a Sai los ojos, que están cubiertos de un líquido rojo; prefiere no pensar en lo que es. Le encantan aquellos enormes ojos marrones. Son increíbles. Durante unos segundos, uno no aparta la mirada del otro, mientras los veteranos lanzan globos a Kiba y Tenten, que se enfrentan juntos al camino de los condenados. Unos segundos mágicos que Sakura jamás hubiera creído que viviría tan pronto, y mucho menos de aquella manera.

Todos llegan al final del camino de los condenados embadurnados de a saber qué mejunjes de infinidad de colores diferentes. Quedan pocos novatos por cruzar, entre ellos Hinata, a la que no se le ha pasado el tembleque con el que llegó a la pista de fútbol sala. Sus compañeros de pasillo se encuentran al otro lado. Ellos ya han sufrido el bombardeo de globos. Así que no sabe qué pareja le asignará Sasuke, porque no tiene a nadie al lado. Teme que le ponga con un chico al que perjudique haciéndole tropezar o tirándolo al suelo. Muy hábil no es, precisamente. Nunca lo ha sido, ni siquiera cuando estaba más delgada.

Perdona, tú eres del pasillo 1B, ¿verdad? Creo que te he visto entrar allí alguna vez.

El que le habla es un joven, con el pelo rubio, que se ha acercado por detrás a ella. No lo había visto hasta ese instante.

Sí, vivo en el 1B. Mi habitación es la 1153.

Yo estoy en la 1159 —indica él. También se le nota bastante nervioso.

La canaria se sorprende al escucharle decir el número de su cuarto. ¡Es el bohemio de la guitarra del que habló Tenten!

Es un tío interesante. No demasiado guapo pero, como dijo su amiga, tiene algo.

Me llamo Hinata. Encantada.

Yo, Naruto —responde el chico, que ve pasar a otra pareja por el camino de los condenados—. No me gustan nada este tipo de bromas. No he conseguido escaparme, y eso que me han cogido de los últimos. No estaba ni en mi habitación.

A mí tampoco me gustan. Pero creo que ya no nos libramos.

Parece que no. Me van a destrozar el pelo con esos potingues. Estoy acojonado.

La chica ríe cuando escucha aquel comentario. No imaginaba que un tipo como aquel pudiera darle tanta importancia a eso.

Tendremos que pasar con las manos puestas en la cabeza.

No creo que eso sirva de mucho —comenta Naruto resignado—. Además, por lo que veo, esa gente apunta a dar cuanto más arriba, mejor.

Mejor que te den arriba a que te den abajo, ¿no?

Ahora es el chico el que ríe. La conversación entre ambos los está liberando un poco de la tensión propia del momento. Aunque esa tensión regresa cuando Sasuke los llama. Llegó su turno. La pareja acude hasta él y, tras pedirles que se presenten, propone algo diferente a lo que han hecho los demás hasta ese instante.

A vosotros no os vamos a atar con la cuerda —indica Sasuke con una sonrisa traviesa—. Como veo que tenéis zapatos de cordones...

Es Deidara el encargado de unir a Hinata y a Naruto a través de sus zapatos. El veterano se agacha y ata los cordones de las zapatillas de la chica con los de las botas de él. Sasuke les advierte que no pueden desatarse o tendrán condena doble.

Nos vamos a matar —dice la canaria, preocupada por lo que puede suceder. Seguro que si se cae o hace el ridículo, todos se ríen de «la gordita».

Si morimos, que sea una muerte digna.

No quiero morir. Y menos ahogada por esos líquidos asquerosos.

Tengo una idea. Agárrate a mí y no te muevas hasta que yo te avise.

La chica asiente con la cabeza, obedece a Naruto y se aferra con fuerza a su brazo. Los treinta veteranos que componen en esta ocasión el pasillo ya se han dispuesto en dos hileras de quince. Sasuke les pregunta si están listos, cuenta hasta tres y les da la salida. Sin embargo, el joven no echa a correr. Se inclina y, tras esquivar los dos primeros globos que le lanzan, se quita los zapatos.

Nos han advertido de que no podíamos desatarnos los cordones, pero de quitarnos los zapatos no han dicho nada —le comenta a su compañera, sonriente, mientras le quita las zapatillas a toda velocidad.

En esos segundos solo un par de globos impactan en su espalda y otro en el pantalón de ella.

¡Ahora, corre todo lo que puedas! —exclama Naruto una vez que se han deshecho de su calzado.

Los dos pasan descalzos lo más rápido posible por el pasillo. Apenas son alcanzados por dos o tres globos cada uno. Incluso algún veterano estrella su munición en el compañero que tiene enfrente, provocando las carcajadas del resto de los residentes.

Ya tumbados en el suelo, exhaustos tras el sprint, Hinata estira su brazo buscando la mano de Naruto. Este se la da y la aprieta. Han salido victoriosos de aquel primer mal trago.

Ha sido una idea brillante —reconoce la canaria alegre—. ¡Somos los novatos más limpios de todos!

Gracias. Aunque lo más importante es que ni un solo globo me ha manchado el pelo.

Sin embargo, es pronto para cantar victoria, porque la noche de los novatos continúa.