Capítulo 26: después de la tragedia: la vida sigue
--Eso es todo, Shizune –sama. –digo mientras me levanto de la cama y me dirijo a la ventana.
Han pasado 8 días desde que Konoha fuera atacada y la vida continua para todos sus habitantes. Al mirar por la ventana veo un grupo de niños corriendo por la calle detrás de un balón. Shizune ha abandonado la habitación mientras los miembros del anbu dejan sus puestos pues ya no soy ninguna amenaza para la villa. La puerta se abre de nuevo pero esta vez es un hombre joven acompañado de un muchacho unos años menor que él.
--Akaru... –dice el más joven.
Despacio me doy la vuelta y una expresión de sorpresa se posa en mi cara. Tengo ante mí a Kimu sonriendo como siempre lo hace. Unas lágrimas discurren por mi cara.
--Kimu, lo siento. No tenía otra opción. –digo mientras le abrazo bajo la atenta mirada de la otra persona.
--Akaru, lo hice por ti. Tu me importabas y se que lo hiciste porque en aquella época tenías que hacerlo.
--Te arrebaté a tus padres y esta guerra te ha quitado a tu abuelo.
--Akaru, deja de llorar. Ya está todo olvidado. Demostraste que tienes corazón.
Me alejo del chico unos metros y veo como éste sale de la habitación diciendo adiós con su mano. La otra persona se acerca a mí y me toma de las manos.
--Akaru, yo...
--No. Lo siento pero es mejor así. Ahora tienes muchos asuntos que resolver con Sasuke.
--Akaru te quiero y no voy a perderte otra vez. Esta vez estaremos juntos.
--¡Basta Itachi! Ahora hay cosas más importantes que eso. Deberías pensar en ello. Déjame sola.
--Como quieras. –dice agachando la cabeza. –Tsunade-sama me dijo que te diera esto. Lo dejo sobre la cama.
Dicho esto sale por la puerta despacio y con paso firme. El tiempo pasa lentamente. Me giro hacia la cama y veo lo que hay en ella. Una túnica con el símbolo de los Genzo y mi katana. "Es curioso. Algo de mi vida en Konoha y algo de mi vida fuera de aquí." Con tranquilidad me visto con unos pantalones negros y una camiseta también negra. Coloco la katana en mi cintura como siempre y me pongo la túnica. Me dirijo a la ventana y la abro. "Bueno, sólo son dos pisos." Pienso a la vez que me subo al alfeizar de la misma. Miro a ambos lados y luego al suelo. Respiro profundamente y salto sin miedo. Justo antes de caer doy una voltereta en el aire y acabo de pie en mitad de la calle.
La gente no deja de murmurar según avanzo por las calles en dirección a la academia ninja. Al llegar, miro el edificio con ilusión ya que en mi vida había pisado sus pasillos y aulas. En la puerta hay una serie de niños junto con varios jounins. Lentamente me acerco al grupo notando que soy observada y me dirijo al único de todos los jounin que conozco: Naruto.
--Naruto, ¿has visto a un chico más mayor que el resto? –pregunto tranquila.
--Sí, está dentro. –responde también tranquilo.
--Gracias.
Entro en la academia buscando a Kimu en cada aula por la que paso. Al final del pasillo se oyen voces entre las que reconozco la suya. Despacio me acerco a la puerta y la abro. Dentro me encuentro con un jounin no mucho mayor que yo hablando con Kimu.
--Akaru, siento el retraso. –dice agachando la cabeza.
--No pasa nada. Ya veo que estabas ocupado. Esperaré fuera.
--Tranquila. –dice el jounin con calma. –Ya hemos terminado.
Kimu sale delante de mí de ese despacho mientras yo le doy las gracias al jounin y le sigo de lejos. Una vez fuera, le indicó que me acompañe después de haberme despedido de Naruto. Atravesamos un par de calles andando hasta llegar a una casa cercana al barrio Uchiha. Kimu no entiende qué hacemos parados delante de una casa de aspecto señorial. La verdad, no recordaba que estuviera tan cerca de los Uchiha pero es mi casa, mi nuevo hogar, nuestro nuevo hogar.
--Kimu, a partir de hoy esta será nuestra casa. Perteneció a mi familia hace tiempo y ahora nos pertenece a ti y a mí.
