hola hola.. espero les guste este cap
recuerden de ke nada me pertenece
Capitulo 26
¿Compadecida? Por más que lo intentara Jasper no podía llegar a entender porqué la muchacha había dicho esa palabra. ¿Quién en su sano juicio podía compadecerla? Era hermosa y de cuna real; iba a tener más dinero del que pudiera imaginar, una fortuna que le había dejado su madre, propiedades esparcidas por toda Cardinia que le pertenecían exclusivamente a ella y más en Austria, para no mencionar los palacios y las joyas reales. Iba a ser emulada en la corte, iban a adularla. Y también iba a ejercer un poder increíble. Y la única persona que podía decirle que sí o no era su futuro esposo, a quien podría envolver en su dedo pequeño si así lo quisiera. Pero ella no lo sabía. Y no creía el resto. Y a pesar de ello... ¿compadecida?
La respuesta obvia no era respuesta. Simplemente habría usado esa palabra como una excusa para rechazarle. Debería haber esperado esa actitud. No debería haberle hecho el ofrecimiento. Lazar había intentado decirle que ella había buscado problemas no una sacudida rápida en las sábanas. Pero de la misma manera tonta en la que se había comportado desde que conoció a esa mujer, vió únicamente lo que quería ver.
—¿Por qué no te acuestas con la muchacha y te la sacas de la cabeza?
—Cállate la boca, Emmett —refunfuñó Jasper.
Permanecieron en la barra del salón de apuestas, tres de un lado y Serge del otro. Sólo una mesa en todo el salón seguía ocupada. Otras dos se habían roto en la pelea anterior. Pero la mayoría de los pasajeros se fueron a dormir. Lo mismo que el cantinero después de echar llave a sus bebidas. Habían sido necesarios algunos billetes grandes más, además de los que ya dieron por los daños causados, para que el sobrecargo volviera a abrir el bar.
—Por una vez Emmett tiene razón, Jasper —dijo Lazar—. Es mejor eso a que te emborraches todas las noches para poder dormir en la misma habitación con ella y que al día siguiente conteste mal a todo el mundo... excepto a ella.
—Cállate la boca, Lazar.
—¿Por qué no le dejan solo por un momento? —sugirió Serge—. La bebida es lo único a lo que puede recurrir un hombre cuando una mujer le resulta difícil de conseguir.
—Cállate la...
—El estaba de tu parte, Jasper.
Jasper simplemente miró ceñudamente su vaso vació y le quitó a Serge la botella de whisky de la mano. Habían acabado las dos botellas de vodka hacía dos noches pero mantuvieron la suerte de encontrar alguna en el barco. Parecía que lo único que se bebía en este país era cerveza y whisky. Pero, ¿qué se podía esperar de un país que producía bastardos como Dobbs, que crió un bebé en una taberna? A Jasper le irritaba profundamente pensar que ese hombre iba a vivir el resto de sus días complaciendo cada uno de sus caprichos... gracias a él.
Lazar volvió a intentarlo.
—Si no vas a acostarte con ella, Jasper, ¿por qué no le dices la verdad? Tal vez la haga cambiar de actitud.
Emmett asintió en señal de aprobación.
—Y eso nos permitirá mostrarle nuestras credenciales para que deje de dudar de cada cosa que le decimos —añadió.
Jasper no les estaba escuchando. Seguía recordando la expresión de Alice cuando le dijo que prefería pensar que necesitaba un hombre con tanta desesperación que incluso le aceptaría a él. En un principio, había parecido estar muy asombrada hasta confundida; luego su expresión fue cambiando lentamente, dándole a entender que no le había importado la manera en que lo había dicho en absoluto. Había sido lo único que pudo hacer para no besarla y ella se habría mostrado rígida e indignada con él. Tendría que haberla besado de todas maneras. Eran más veces las que se entregaba a sus besos que las que no lo hacía, lo cual le complacía tanto como enfurecía.
Tenía que admitir que había manejado todo el asunto bastante mal, pero era algo que no le sorprendía. Cuando se trataba de mujeres hermosas, no tenía nada de tacto. El dinero generalmente hablaba por él; era lo único necesario. Pero no con Alice. Ella podría haber aceptado mucho, mucho menos de parte de otros hombres en toda su vida, pero estaba demasiado ofuscada con él como para que el dinero incidiera, de alguna forma, en la manera en que se sentía. ¿Por qué había tenido que resultar tan adorable? Habría sido mucho más fácil tratar con ella antes de que se revelara su verdadera belleza. En ese momento, él no había sido tan cohibido... tan vulnerable. Y como si eso no fuera suficiente, también existía su amargura por el hecho de que no hubiera sido criada como debería haber sido.
A veces, su falta de inocencia no había sido el problema, como había ocurrido esa noche. La había deseado con tanta desesperación que había sentido miedo de abrumarla con lo que sentía interiormente. Otras veces, la manera en que se había comportado era lo único que él podía pensar. Y otras veces, estas dos emociones lo embargaban al mismo tiempo: el disgusto por su amplia experiencia y el deseo a pesar de ella. Iba a tener que reconciliarse con una o con la otra, aceptarla como era o rechazarla. Lo sabía. Pero, de todas maneras, ése seguía siendo el problema menos importante. Lo que más le preocupaba ahora era lo que ella sentía y tratar de averiguarlo era casi imposible.
—Jasper, no nos estás escuchando.
Miró a Serge, luego a Lazar quien había hablado. Los dos se estaban volviendo borrosos. Bien, tal vez esa noche podría dormir algo. Era evidente que no podía manejar la situación en estado sobrio con Alice en la misma cabina. Pero cada vez que había pensado en dormir en otra parte, había rechazado la idea casi de inmediato y ni siquiera podía decir porqué. Ella, seguramente, no tenía problemas para dormir cerca de él pero hasta esa noche lo había tratado como si no estuviera allí.
—¿Dijeron algo que valiera la pena escuchar? —preguntó Jasper.
—Todavía no está lo suficientemente ebrio —señaló Serge y volvió a llenar cuatro vasos.
—Sólo porque no se le traben las palabras...
—Eso no importa —interrumpió Lazar—. Jasper, Emmett piensa que lo que necesitas es una mujer, cualquier mujer.
Decididamente, Lazar se estaba volviendo borroso.
—Emmett piensa demasiado.
—Pero en este caso todos estamos de acuerdo. Y esa mujer rubia con la que estuvo pasando las noches desde que subimos a bordo lo está esperando en su cabina. Es tuya si la quieres.
Jasper giró la cabeza y experimentó un instante de mareo.
—¿Otra vez estás regalando a tus mujeres, primo?
Emmett se encogió de hombros.
—Por una buena causa.
—Siempre el mismo generoso, ¿no es asi? Y lo aprecio, Emmett. Pero si no me falla la memoria, y no estoy seguro de que así sea ahora, esa pequeña rubia es demasiado bella para mí.
—Dios, detesto cuando...
—Maldición, Jasper...
—Oh, ya basta —murmuró Jasper—. Se están volviendo molestos todos ustedes. ¿Desde cuándo no manejé mis propias dificultades por mi cuenta? Así que váyanse a la cama. No hay razón para que todos se queden levantados con dolor de cabeza.
—Me temo que ya es demasiado tarde —dijo Serge entre dientes haciendo girar el líquido ámbar de su vaso—. ¿O no llevaste la cuenta de cuántas botellas terminamos esta noche?
—Y, además, nos quedaremos a hacerte compañía —agregó Lazar.
Stefan bebió lo que le quedaba en su vaso y lo arrojó a un lado.
—Entonces, seré yo quien me vaya a la cama. Pero si oyen gritar a nuestra pequeña Alice, ignórenla. Simplemente estaría siguiendo vuestros consejos.
Los tres quedaron boquiabiertos.
—¿Estás hablando en serio? —preguntó Lazar.
—¿Por qué no? Después de todo, cuento con vuestro consentimiento unánime. ¿Realmente necesito el de ella?
—Jasper, quizá deberías esperar hasta que...
—Jasper, no creo...
—¿Qué sucede ahora? ¿Dudas? ¿Quizá recuerdan de repente que es una princesa real? Pero no se preocupen. Para cuando llegue a mi cabina, seguramente cambie de opinión... o no.
Jasper se rió para sí tan pronto como salió del salón de apuestas. Pero su ánimo de mofarse de sus amigos no duró más que unos pocos segundos. Estaba cansado, realmente exhausto y sin embargo bien despierto. Se sentía placenteramente embriagado pero su mente se negaba a admitirlo. Y tenía que agradecerles a sus amigos que le hubieran metido ideas tentadoras en la cabeza.
¿Cuánto podría protestar una prostituta si la poseyera? No mucho, llegó a la conclusión porque, probablemente, estuviera acostumbrada a que los hombres desearan más de ella de lo que estaba dispuesta a entregar. En su profesión, se debía encontrar con todos los tipos de hombres y estaba obligada a aceptar lo bueno y lo malo. Pero no podía hacerlo. Podía desearla mucho pero más deseaba su aceptación.
¿Y dónde lo dejaba todo esto? En medio de un infierno. Y no alcanzaba a ver dónde terminaba. Si este viaje por el Mississippi era malo, todavía tenía un viaje a través del océano por delante y sin ninguna sala de apuestas que pudiera distraerle. Sin embargo ya había apostado lo suficiente ya que casi todas las manos le habían encontrado pensando en Alice y no es sus cartas.
Cuando estuvo parado frente a su cabina con la llave en la mano sintió miedo de entrar. Ella estaría dormida pero ¿qué diferencia podía haber en ello? ¿Por qué tenía que someterse a todo esto? No tenía que dormir allí adentro. Pero sí sabía por qué. Existía la mínima esperanza de que lo que aborrecía de ella la llevara a él en la oscuridad, donde pudiera olvidar las cicatrices de su rostro. Por supuesto se estaba engañando a sí mismo. Tenía demasiada fuerza de voluntad como para que algo tan insignificante como la necesidad sexual la dominara. Hasta la admiraba por esto. A pesar de lo que pensaban los otros, iba a ser una buena reina. Aunque no sabía si sobreviviría para verlo.
Jesús, tenía que estar más intoxicado de lo que había pensado. Se estaba poniendo abominablemente melancólico y no se caracterizaba justamente por eso. Ella era sólo una mujer y todas las mujeres resultaban fáciles de conseguir, inclusive para él, con la debida cantidad de dinero. No había esperado nada de ella antes de haberla encontrado. De hecho, había esperado precisamente lo que estaba recibiendo.
Abrió la puerta cuidadosamente para no despertarla. Pero ese gesto de repente le sorprendió. Era demasiado generoso de su parte de manera que cerró la puerta con violencia. Alice se incorporó de inmediato y le miró. No estaba sorprendida. Ya había percibido antes con qué rapidez se despertaba y sin el menor indicio de atontamiento o desorientación.
La muchacha había dejado una lámpara encendida pero era lo que hacía todas las noches, probablemente porque no le gustaba la oscuridad total de la cabina y no por algún tipo de consideración por él. Todas las noches, Jasper la apagaba pero ella nunca se quejaba de despertarse a oscuras por la mañana. Por supuesto tampoco le había dirigido la palabra hasta esa noche.
Todavía tenía puesto el vestido amarillo, pero eso también era algo que hacía siempre: dormía completamente vestida. Sin embargo se había aflojado algunos botones seguramente porque el corsé del vestido le resultaba muy apretado. Tenía uno de los hombros caído sobre el brazo y el corsé un tanto bajo de ese lado pero seguía estando en su sitio debido a la abundancia de sus senos.
Jasper deseaba no haberlo percibido. De repente, los ojos habían comenzado a brillarle intensamente. La tarima hacia donde había dirigido la mirada debería haberse incendiado ante la intensidad de su mirada.
—¿Qué sucede? —su voz no había sonado disgustada pero sí apagada.
—¿Cómo diablos debería saberlo? —le respondió decididamente molesto.
—Era sólo una maldita pregunta. No tiene por qué ser grosero conmigo.
El se dió media vuelta... demasiado rápido. Se mareó por completo y la habitación se balanceó por un instante hasta que logró controlar la situación presionando ambas manos contra las sienes. Luego fijó la vista en Alice y vio que se había arreglado el vestido y que le miraba con los ojos bien abiertos.
—Por Dios, está ebrio, ¿no es así? —preguntó con genuina sorpresa—. No, no se moleste en negarlo. Porque mi experiencia en esta materia es de toda una vida.
—Bastante amplia, entonces —dijo con un bufido.
—Búrlese todo lo que quiera, Jasper, pero yo ya estaba aprendiendo a manejar borrachos antes de que usted... bueno, antes de que pudiera haber probado la primera gota de whisky.
—¿Whisky? —dijo despectivamente—. Quiero que sepa que me despertaron con vodka gracias a nuestros vecinos los rusos de modo que creo poder alegar superioridad en todas las áreas de la bebida.
—Acepto la corrección.
Jasper entrecerró los ojos.
—No sería tan tonta de querer burlarse de mi, pequeña Alice, ¿o sí?
—Por supuesto que no.
—Algo inteligente de su parte porque eso sí que no me gustaría nada.
—Ya lo sabía.
Entrecerró los ojos aún más pero la impresión de la muchacha que pasaba a ser completamente borrosa y límpidamente cristalina le resultaba inescrutable. De modo que se guardó las sospechas para sí. Además no deseaba comenzar una pelea con ella justamente ahora, cuando el agotamiento se estaba apoderando de él. Prueba de ello era la dificultad que tenía para quitarse la chaqueta. Terminó dando una vuelta completa mientras intentaba sacarse esa maldita cosa.
—¿Necesita ayuda, Jasper?
Le llevó un instante volver a encontrarla en la cama. ¿Ayuda? ¿De ella? Debió haber comprendido mal.
—Es ese maldito whisky —le explicó en caso de que sí la hubiera oído correctamente—. Creo que les debe llegar de contrabando.
—Es un hecho —concordó.
—Usted... eh... ¿realmente me estaba ofreciendo alguna ayuda para desvestirme, Alice?
—No, pero pensé que podría necesitar alguna ayuda para encontrar la cama.
La desilusión que sintió ante esta respuesta fue aguda y suficiente como para incitar su temperamento.
—Quiero que sepa que no tengo nada malo en los ojos.
—Esa es una cuestión de opinión.
—¿Cómo dijo?
—Dije que esa era mi opinión.
Jasper no se había apaciguado y en forma arrogante continuó diciendo:
—Además ni un ciego no podría encontrar esa cama —se dirigió hacia la cama y se sentó para dar pruebas de su argumento—. ¿Ve?
—Pero, Jasper...
—Está decidida a fastidiarme, ¿no es así?
—En absoluto —le aseguró—. Pero ¿es conciente de que no duerme aquí?
—No intente confundirme —dijo mientras se inclinaba para quitarse los zapatos con lo cual casi se cayó de la cama. Pero con una mano apoyada en el piso mientras tironeaba de los zapatos que no querían salir añadió—. Sé muy bien que estuve compartiendo esta cabina con usted. Eso me está volviendo loco así que tengo que saberlo.
—¿Por qué lo está volviendo loco?
Miró ceñudamente a su pie.
—No cambie de tema, Alice. Estábamos discutiendo la cuestión de la cabina.
—Tiene razón, por supuesto. La cuestión de la cabina y de que la compartíamos. Yo duermo en la cama y usted duerme en el piso. ¿Lo entendí bien?
¿Por qué tenía que ser tan reiterativa? ¿No bastaba con que le hubiera cedido la cama y ni siquiera una vez hubiera intentado compartirla con ella?
—No tiene ese derecho en absoluto, princesa —pudo finalmente quitarse un zapato y lo arrojó contra la pared que tenía más lejos—. Yo puedo dormir en el piso, pero no recuerdo bien si, alguna vez, logré pegar un ojo.
—¿Por eso esta noche se apodera de la cama?
Jasper se incorporó tan rápidamente que estuvo a punto de perder el conocimiento. Se dejó caer sobre la cama. La cabeza le estallaba de dolor. Y no se dió cuenta de que tenía el otro zapato en la mano cuando se llevó las palmas a las sienes una vez más para calmar el dolor. Sin embargo, alguien le quitó suavemente el zapato de los dedos.
—Dios, ¿qué vendrá a continuación? —exclamó la muchacha—. No debería haberse movido con tanta rapidez, Jasper.
El se habría reído si no le hubiese dolido. Y se abstuvo de decirle "¿en serio?", porque finalmente pensó que todo eso era una tontería. Esa maldita mujer sí se había burlado de él. Ella debería haberle dicho que se fuera de la cama cuando creyó que era la suya. Pero no, ésa no era la manera de manejar un borracho. ¿Qué había pensado que le haría si lo contrariaba? Pero Jasper también conocía la respuesta a esa pregunta. Lo mismo que le había hecho antes cuando su furia le hizo perder el control por completo. Por un instante, pensó hasta dónde llegaría la muchacha para que siguiera siendo un borracho feliz. Tenía suerte de que estuviera demasiado cansado y demasiado ebrio como para explorar esa idea minuciosamente ¿o no? Pero aún no estaba dormido.
Abrió los ojos para ver cómo ella lo miraba. Entonces se puso rígida, lo cual le hizo tomar conciencia de que de que su muslo era el almohadón suave que le sostenía la cabeza. Y de que la había sorprendido al no haberse quedado dormido como seguramente habría supuesto después de un silencio tan prolongado.
—Visto y considerando que ya está aquí, Jasper, no hay ninguna razón para que se levante. Yo puedo dormir en el piso por una noche.
—Eso es muy generoso de tu parte pero ya que decimos que no existen razones, no se me ocurre ninguna que nos impida compartir la cama... sólo por una noche.
—A mi se me ocurren varias...
—No lo haga.
—Sólo...
—¡Quédese quieta, Alice! Se me acaba de ir el dolor de cabeza así que no haga ningún movimiento súbito que lo provoque otra vez.
No estaba seguro pero la muchacha parecía estar apretando los dientes. Luego sugirió:
—¿No cree que estaría más cómodo si pusiera los pies sobre la cama y se estirara bien?
Si pensaba que podría liberar su muslo cuando él se moviera, se vería en la obligación de desilusionarla.
—Gracias por mencionarlo —dijo y se dio vuelta hacia un costado doblando las piernas para entrar en la cama y colocando un brazo sobre las piernas de Alice. No quitó la cabeza del muslo de la muchacha y, si bien ésta no era la posición más cómoda, se aguantaría por el solo hecho de contrariarla.
—Jasper —dijo Alice y se atragantó.
—Shh… —refunfuñó Jasper—. No empiece a regañar ahora después de haber sido agradable... y ahora que estoy casi dormido.
Su suspiro fue fuerte y claro mientras se reclinó sobre su almohada. Sería un gran toque de justicia poética que ella no pudiera dormir más en toda la noche, casi tan injusto como que él, finalmente, la tuviera en esta posición, pero sin ninguna posibilidad de disfrutarla. En ese momento, a él ni siquiera le importaba.
larguisiiiimo el cap no? jeje no se puede negar.. jeje spero les haya gustado
espero reviews
cuience
