No dejare que este fic acumule polvo, no, no, no. ¡Hola lectores! Aca su fiel escritora con una repentina continuación del fic y tal como lo demanda la tradición ancestral… en ¡Domingo! Lo se soy terrible, digo "continuare pronto" y me pierdo en el camino… si les soy honesta este capítulo lo empecé desde la última vez que publique. Lo malo es que pude completarlo hasta hoy… ya saben. Cosas de la vida, tragedias, universidad, tareas, servicio social, dramas, días festivos… etc. En un parpadear de ojos pasaron un montón de meses. Mis fieles lectores y aquellos que siguen o han seguido mi fic recientemente. Acá les va la continuación.

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Capítulo 26: "Cuenta regresiva"

Despierto desde las cinco de la mañana. Las horas pasaban y no hacía más que seguir sentado en su cama. Al levantarse una carga colosal se apoyó sobre sus hombros. Era extraño. Con cualquier otro inconveniente, lograba encontrar con facilidad una estrategia para estar de vuelta a su camino al éxito, pero absolutamente nada lo había preparado para esa nueva inquietud. ¿Qué sucedía con él? Los cantos de las aves lo sacaron de su transe. Al mirar sus cortinas se percató que los rayos del sol ya se infiltraban alrededor de ellas. ¿Qué hora era? Seguramente tarde. Seguía contemplando vacíamente el suelo. Una nueva pregunta lo ataba en su lugar: ¿Debía de girar la perilla de la puerta? No recordaba la última vez que la incertidumbre lo abordaba de esa manera. Se sacudió sus emociones y decidió salir de su habitación.

Con cautela caminaba por los pasillos. Preparándose mentalmente para ver su figura cruzar por alguna esquina de la mansión. Aunque con el ritmo con el que latía su corazón, hasta la más diminuta criatura podría sacarle el susto de su vida. De la nada, unos ruidos delataron la actual ubicación de su preocupación. Provenían de la cocina. Al menos ahora ya no lo tomaría desprevenido. Bajó las escaleras y se dirigió a la cocina con mucha discreción. Ahí la encontró, de espaldas preparando algo y sin percatarse de su presencia.

— Buenos días.

Las palabras brotaron de su garganta automáticamente, sonando un tanto rígidas y forzadas. Tal y como se lo esperaba, ella brincó tan pronto lo escuchó. Con una mirada fugaz lo contempló y volvió a lo suyo.

— B-Buenos días —contestó nerviosa—. Espero que no te moleste que me prepare algo de desayunar. Me dio hambre, así que…

— Para nada —se acercó midiendo su distancia de ella y notó que su cafetera estaba encendida—. ¿Hiciste café? —Contuvo su asombro.

— ¡Ah! Sí. Con eso que recordé más de mi —estaba concentrada en preparar su pan tostado— bueno… Se me hizo extraño que no te hubieras levantado tan temprano como siempre y pensé que te gustaría tener café ya listo.

La castaña le echo un fugaz vistazo al Hyuga, tomó su desayuno y se dirigió a la mesa. Estaba actuando raro, alterada y nerviosa. Pero detrás de cada acción podía leer que estaba esforzándose por pretender que ese día fuera como cualquier otro. El ojiperla decidió preparase algo para almorzar también, cocinó algo rápido y se sirvió café. Se sintió raro, normalmente él se preparaba su propio café. Tan pronto acabó, tomó su comida y fue a acompañar a Tenten, la cual no se inmuto cuando se sentó enfrente de ella. Ambos miraban fijamente sus platos mientras comían, observándose secretamente sin que el otro se diera cuenta.

— Gracias —dijo Neji alzando un poco su taza— por el café.

— De nada.

El empresario le dio un sorbo al cálido brebaje y continúo comiendo. Hubo un rato de silencio, el cual era ocasionalmente interferido por el ruido de cubiertos y de sus tazas tocando la mesa.

— ¿Si quedo bien? Es la primera vez que preparo un café, bueno con tu cafetera. No sé si haya una manera especial para hacerlo o…

— Esta bien —la interrumpió—. Sabe cómo normalmente me lo hago.

La castaña le dedicó una diminuta sonrisa y continúo comiendo. Ninguno de los dos podía mantenerse la mirada por más de unos cuantos segundos. Cuando estas coincidían, una extraña sensación en su interior los forzaba a apartarla. No era de desagrado, sino que tenía un efecto abrumador y no sabían manejarlo.

La curiosa ángel se le formulaban muchas preguntas que prefirió omitir. El empresario solía bañarse primero, vestirse adecuadamente y luego desayunar. Al parecer se había saltado algunas cosas de su rutina, porque seguía en… ropa casual y su cabello lucía un poco desordenado. Por lo que dedujo que recién se había levantado. Sin mencionar la conversación que tuvieron la noche anterior… ¿acaso si le había afectado?

Estaba mal. Su perfecto orden, su preciosa regla de oro y su impecable rutina quebrantadas. Vaya manera de comenzar el día. El último día en que estarían juntos. También la analizó discretamente. Ella seguía en su pijama, la cual le quedaba algo holgada y en su cabello solo quedaba lo que sobrevivió de sus dos coletas que usualmente se hacía para dormir. Deseando en su interior que lo bombardeara con sus extrañas preguntas, a pesar de que la mayoría del tiempo terminaban siendo un tanto incomodas, quería ver como irradiaba entusiasmo cada vez que hablaban.

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Leía tranquilamente las instrucciones de una caja de avena. No era la primera vez que lo hacía y en realidad era algo muy sencillo de hacer. Simplemente era un pretexto para perder el tiempo en lo que se terminara de cocinar. De pronto, una fuerza bruta lo empujó y lo envistió contra la pared. Colocando su antebrazo sobre su cuello para evitar que se escapara. Ahora un par de ojos aquas brillaban con rabia y reflejaban perfectamente sus pensamientos. No saldría vivo de esta.

— ¡Te di una oportunidad Nara y mandas a volar todo! Exijo que me digas, ¡¿qué me hiciste?!

— N-nada. —Alzó las manos en el aire.

— ¡Entonces tienes que explicarme por qué desperté con menos ropa! —Le ordenó presionándolo más contra la pared.

El empresario controló su impulso de apartar su mirada de la de ella por temor de alentar más su enojo. Sabía que era cierto que solo tenía puesto la seda del kimono que estaba usando la noche anterior.

— N-no quería despertarte —tragó saliva— y la cosa que tenías en tu cintura se veía muy incómoda. A-así que te lo quite.

— ¡Ah! ¡Que buen samaritano! —Escupió la ironía— ¡¿Qué más hiciste?! ¡¿Viste oportunidad y te aprovechaste de mí?! ¡¿Hiciste algo que no debías?! ¡Dímelo! —Exigió apretando la quijada.

— N-no —contestó nervioso más sin perder la calma—. Solo quería que descansaras bien. No te toque. Lo juro.

La rubia entornó su fulminante mirada y mostro sus dientes. Nada. Ni una sola pisca de mentira. Eso la obligó a tranquilizarse un poco y lo soltó de golpe. No sin antes darle una clara advertencia con la mirada, que meter la pata con ella sería declarar su sentencia de muerte. Temari se fue de la cocina con la misma aura que con la que llego. Dejando a Shikamaru muy alterado en su lugar. El joven empresario volvió a tragar saliva y tocó su cuello para asegurarse que seguía en una pieza. Esperó un poco antes de volver a checar su avena.

— ¿Tienes cosas de jardinería?

Al escucharla de nuevo, brincó y se puso a la defensiva. Listo para recibir otro ataque suyo. Ella permaneció parada ahí a un metro de él con el mismo enojo de antes pintado sobre su rostro, teniendo puesto la tela holgada de seda del kimono del día anterior y sosteniendo algo en su mano. Era la corona de peonias rosas que le habían dado ayer, las cuales estaban muy deterioradas y aplastadas.

— S-si, en el garaje. ¿Qué necesitas?

Temari rodó los ojos y se dirigió a la puerta que la conducía al garaje. El empresario seguía sin comprenderla. ¿Cómo podía atacarlo y luego preguntar que si tenía cosas de jardinería? Claro que tenía. El vivir en un bosque lo obligaba a estar preparado para cuidarlo y analizarlo. De vez en cuando tenía que tomar una muestra de alguna anomalía o tener lo necesario para plantar un nuevo árbol. La rubia volvió con una empolvada maceta rectangular de color marrón. Ignoró la presencia del muchacho mientras la limpiaba en el lavabo. Luego tomó un trapo, la secó con rapidez y volvió a retirarse con ella. El Nara trataba de descifrar que era lo que hacía. ¿Acaso iba a plantar algo? ¿Por qué la urgencia? Apagó la estufa cuando su comida ya estaba lista y caminó con cuidado hacia el garaje. A la mitad del camino, la ángel volvió a salir con la maceta entre los brazos.

El empresario se paró en seco. La maceta estaba llena de las flores que tenía la chica en la mano, pero ya no en el aspecto de una corona marchita sino de flores vivas plantadas. Temari colocó la maceta en una de las ventanas de la mansión y abrió las cortinas para que les llegara la luz del sol. Se sacudió las manos y volvió a la cocina pasando por un lado del muy confundido muchacho.

— ¿De dónde…? —La siguió— ¿Cómo?

— Son las flores que me dieron en la feria. —Tomó un vaso y lo llenó de agua de la llave.

— No lucían así ni siquiera tenían raíz. ¿Cómo es que-?

— Porque yo me encargo de salvar y rescatar a los seres vivos —volvió hacia la maceta—. A diferencia de ti —le dedicó una mirada pesada— que solo te preocupaste por quitarme la ropa en vez de quitarme las flores de la cabeza.

— Entonces, ¿puedes revivir a los muertos?

— ¡Claro que no! Aún tenían vida —se acercó a las flores y les sirvió con cuidado el vaso con agua—. Solo puedo sanar heridas y proteger —suavizó su voz un poco—. Aparte son muy bonitas para dejarlas morir de esta manera. No mientras yo esté aquí. Espero que cuides de ellas cuando me vaya.

— ¡¿Qué?! Yo no sé nada de eso. Ino es muy buena con la botánica y esas cosas.

— No te perdonare si las dejas morir. —Volvió a clavarle una severa mirada.

Shikamaru permaneció petrificado por un momento y la rubia comenzó a revisar entre los tallos de las flores.

— ¿Cómo sabrás que las estoy cuidando bien? ¿Vendrías a espiarme todo el tiempo por esas flores? ¿Qué tal si las muevo de lugar? ¿Qué tal si estoy haciendo algo mal y comienzan a marchitarse lentamente? ¿Vendrías a regañarme y a patearme el trasero?

Temari se detuvo por instante y permaneció con la vista pegada a las flores. Se deshizo de su actitud agresiva e inhaló profundamente para hablar con un nuevo tono de voz.

— Quizás sean inferiores a ti, pero tienen vida. Crecen y respiran el mismo aire que tú. Supuse que como vives rodeado de un bosque entendías ese respeto. Así que no me demuestres lo contrario —acarició suavemente los pétalos de una peonia—. Si estuviera en mí, yo las cuidaría personalmente.

— Tenten defiende a los animales y tu defiendes las flores. Deben gustarte mucho.

— No solo las flores, las plantas en general. Lo que no me gusta es que las maten para convertirlos en regalos temporales. Sé algo de ellas pues solía tener un invernadero. Yo las cuidaba —hizo una pausa—. Es algo que extraño. Ese invernadero era mi santuario. Siempre estaba cálido y me recordaba a mi hogar. Si pudiera, te diría como cuidar de estas flores, pero jamás tuve unas de este tipo. Así que tendrás que preguntarle a Ino que cuidados necesitan.

Pasaron los segundos y no se escuchó otro reclamo más de parte del muchacho. Prefirió acomodar un nuevo aburrido deber en su lista de que haceres. Hasta que recordó algo.

— Hablando de Ino… —atrajo la atención de la rubia.

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Después del desayuno, el empresario pudo darse un baño sin que ese sentimiento de incomodidad lo abandonara. Ese no era el orden de su rutina. Se vistió con prendas casuales pues aún faltaban diez horas para que fuera su evento. Así que decidió matar el tiempo sentado en su sala mirando fijamente a su pantalla plana, la cual estaba apagada.

— Neji —le sorprendió escucharla decir su nombre—. Solo quería decir que… Gracias. Gracias por dejarme quedarme en tu casa y por dejarme viajar contigo. Si pudiera compensarte todo lo que has hecho por mi lo haría.

— No fue nada.

La castaña respiró profundo y consultó con la mirada si podía sentarse junto a él. El Hyuga solo se movió un poco hacia a un lado para indicarle que estaba bien si lo hacía. La ángel tomó asiento y mantuvo su mirada en el suelo sin borrar la diminuta sonrisa que portaba en sus labios.

— Perdóname —dijo en una pequeña risa— debió ser muy molesto para ti tener que explicarme todo lo que no recordaba.

— No digas eso —se cruzó de brazos—. Ya me había acostumbrado a tus preguntas. Aunque creo que ya lo recuerdas todo.

— No todo. Aún hay espacios en blanco en mi memoria que no he podido llenar.

— ¿Cómo tu memoria de él?

Tenten se congelo. Se encogió un poco de hombros y junto sus manos.

— S-sí. Especialmente mis recuerdos de él. Entre otras cosas importantes.

— Y cuándo lo recuerdes todo —hubo un breve silencio— ¿Qué harás? ¿Iras a buscarlo?

— N-no lo sé —divagó un poco en su mente—. Recuerda que… yo ya no pertenezco a este plano. De seguro su ultimo recuerdo de mi es mi muerte. No creo que encontrarte con alguien que ya murió, sea muy… sea lo correcto.

— ¿No tienen reglas que las detengan en eso?

— De hecho, —recargó su mano en su mentón mientras pensaba— ninguna regla nos impide buscar a un humano en específico en nuestro tiempo libre. Es extraño.

— Entiendo.

Dejaron de conversar. Ya todo se sentía muy incómodo después de esa charla que tuvieron. Esa extraña confesión, esa mentira para pretender que todo estaba bien y ese nombre. Ese nombre que cada vez más se aferraba de los labios de la chica, uno que pronto borraría por completo el nombre del Hyuga de ellos. Solo le quedaba ese día. Ese maldito y corto día para tenerla a su lado. Justificando su necesidad de estar con ella con el evento.

"¿Evento?" —Reaccionó de pronto y se levantó del sillón—. Sabia que se me estaba olvidando algo. Vas a necesitar un vestido.

— ¿Eh?

— Para el evento de esta noche —fue a buscar su celular—. No puedes ir con cualquier vestido. Es de etiqueta. Debo de tener el número de Ino por aquí.

— ¿I-Ino?

— Si ella es diseñadora de modas, —tecleó el número y se colocó el celular en su oído— debe tener un vestido que te pueda prestar.

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— ¡Hola Tema-chan!, ¿Cómo estás? ¡Tan reluciente como siempre, claro! —La estrujo entre sus brazos y restregaba su rostro de nuevo contra el de ella.

— ¿Siempre eres así de afectuosa con los saludos? —Protestó levemente mientras era prisionera de sus brazos—. Te vi ayer. No es necesaria tanta conmoción.

— Se toca la puerta sabes. —Habló por detrás el Nara.

— No fue necesario. Estaba abierta.

— Porque fui por el periódico y de nuevo, en vez de saludar, te pasaste de largo y entraste a la casa como si fuera tuya.

— No te preocupes Temari, —pronunció su nombre en una melodía y la tomó de la mano— saldremos de esta energía negativa que emana este chico, ¿te parece? Además tenemos cosas que charlar y aquí simplemente no se puede.

— ¿Amigos desde la infancia para que me llames este chico? Que bajo. —De nuevo protestó el chico de la coleta.

— Te llevare a mi reino. Haremos que robes suspiros esta noche. —Guio a la recién nombrada hacia la puerta principal.

— Ino —alzó la voz para hacerse escuchar—. Nada de tus locas ideas. Es un evento importante y formal.

— ¿Y manchar mi nombre? —bufó con una sonrisa levantando un poco el fleco que ocultaba la mitad de su rostro—. ¡Por favor! Sé lo que hago. Neji y tú no son los únicos que me piden ayuda para su exclusivo evento. Son afortunados de que tienen mi ayuda a último minuto.

— ¿Neji? —Preguntó la ángel.

— Ah sí, también pasaremos por Tenten. Sera nuestra escapada de chicas. ¡Nos vemos Shikamaru!

Después de salir de la mansión Nara, Ino condujo hasta la residencia del Hyuga para pasar por la castaña. La Yamanaka destellaba felicidad porque amaba hacer su trabajo y más cuando ayudaba a sus amigas. A pesar de lo prometedor que se veía esa escapada, la castaña se veía un tanto confundida en los asientos de atrás.

— Ino.

— Dime. —Acomodó el retrovisor mientras sonreía y conducía el auto.

— A ¿Qué te referías que ibas a secuestrarme y tenerme cautiva en tu oficina? —Cuestionó la de ojos chocolates.

La rubia soltó una dulce carcajada.

— Estaba jugando, cariño. Están en buenas manos. Pero pensándolo bien, creo que no las llevare a mi oficina aun.

— ¿No? —Se incluyó a la conversación Temari.

— No. Se me ocurrió una mejor idea. Es una noche importante y mi meta es hacer que se vean más espectaculares. Así que haremos un ritual de "diosas".

"Blasfemia" apareció en la mente de la Sabaku y alzó una ceja ante la extraña propuesta de la chica. Si fuera una persona normal, quizás hubiera entendido de lo que hablaba la rubia, pero ella era un ángel y hablar de diosas… no era lo suyo.

— ¡Iremos a un Spa! —Continúo la de ojos zafiro—. Iremos a sacar todas las impurezas y a relajarnos. Nos darán un baño especial, un facial energizante, masajes exóticos, algo de manicura…

— Pero Ino, eso cuesta y no traemos dinero para pagar esas cosas. —Intervinó de nuevo la Sabaku.

— Por dinero no se preocupen. Al lugar a donde vamos me deben favores y siempre me dan cortesías completas para mí y mis amigas.

Ninguna de las dos ángeles emitió otra palabra. ¿Un spa? Eso también era nuevo para ellas. Ino en cambio estaba muy ansiosa con su magnífica idea. Cuando llegaron al lugar las recibieron cálidamente. Los trabajadores del lugar recibían con alegría a la Yamanaka y sabían perfectamente que era lo que ella quería. Tanto a ella como a las ángeles les dieron una suave y blanca bata para que cambiaran sus ropas. Y el "ritual" del que Ino hablaba comenzó. Inicio con un baño en una piscina circular que emanaba vapor, el agua tenía un color extraño y pétalos de rosas flotando en ella. Las tres entraron al agua y comenzaron a platicar. Pasaron quince minutos para que su baño se acabara y cada una se bañó en una regadera para quitarse el agua extraña que tenían encima y proceder con el resto del ritual. Después las tres se separaron, les dieron su masaje personal y un facial. Al final de todo, salieron sintiéndose renovadas y tomando de un té helado que les dieron de cortesía. Faltaban cinco horas para el evento e Ino al fin condujo hacia su oficina.

Llegaron a un edificio tan alto y moderno como el de las empresas Hyuga. La rubia le dejo su auto a un Valet parking y guio a las ángeles al lobby de ese edificio. Las chicas entraron al elevador e Ino saco una tarjeta, la paso por el sensor y después presionó el botón "22" del elevador. Cuando sus puertas se abrieron, dejaron ver que la oficina de la Yamanaka no era una oficina común y corriente ni se parecía un poco a la oficina donde Neji trabajaba. Era un lugar lleno de estilo, principalmente de color blanco, con metros de telas de colores que parecían cortinas que colgaban del techo y estaban colocadas, intercaladas o colgadas de diferentes maneras en varias partes de ese piso. La Yamanaka las llevo con el primer par de maquillistas que encontró y les dio instrucciones muy claras de como quería que las peinaran, maquillaran y que tonos usarían. Luego de un par de horas, Tenten fue la primera en estar lista. Ino fue por ella y la llevo a un vestidor para trabajar en ella.

— Ahora, primero que nada. Fuera brasier.

— ¡¿Qué?!

— Claro, es parte del ritual. Los vestidos tienen copas integradas. No se necesita. Yo te lo cuido y otro día te lo llevo. —Le guiño un ojo. La ángel dudosa obedeció su orden y se cubrió su pecho porque se sentía algo incomoda estar así enfrente de la chica—. ¡Bien! —abrió un poco la cortina del vestidor para meter todo un perchero con un montón de vestidos que colgaban de él y volvió a cerrar la cortina—. Cuando te estaban maquillando, elegí una serie de vestidos que pienso que irían contigo. Solo tienes que probártelos y veremos cuál te queda mejor.

— Ino.

— ¿Si?

— ¿Cómo es Neji con ustedes?

— ¿Neji? —siguió concentrada en los vestidos—. Creo que ya te lo había dicho antes. Que lo apodamos tempano de hielo por lo frío que es.

— ¿Siempre esta solo?

— Si, le gusta andar por su cuenta. Es muy independiente y sabemos respetarlo cuando quiere su espacio. Lo que es la mayoría del tiempo.

— Y si un día los necesita, ¿estarían ahí para él?

La Yamanaka dejo de buscar entre los vestidos y miró con atención a la castaña. Agarró una bata rosa de seda que tenía ahí colgada, caminó a su dirección y le ofreció la prenda. Tenten se vistió con ella y luego la rubia procedió a sentarse a su lado.

— ¿Paso algo? —Preguntó con seriedad.

— Solo tenía curiosidad. Veras. Yo tendré que irme de la ciudad, pero me preocupa que Neji siempre este solo. No creo que sea posible que sepa si está bien o no cuando yo esté lejos.

— ¿De qué hablas linda? ¡Están las redes sociales para eso! Oh, pero ahora recuerdo que Neji no tiene Facebook entonces si es difícil saberlo. Tiene su celular, ¿no me digas que después de todo este tiempo no te lo ha pasado?

— Um, la cosa es que yo tampoco tengo celular.

— ¡Cierto! Les perdieron el equipaje. Que dilema. De todos modos, quédate tranquila —sonrió—. Estamos aquí para él. Por más que quiera alejarse, tiene unos chicles que lo quieren mucho y lo cuidan constantemente. Hinata, Lee y Naruto son los primeros en detectar que Neji nos necesita, aunque él no quiera admitirlo. Somos sus amigos y estaremos siempre para él.

— Me siento mejor ahora que sé eso.

— Tenten —la abrazó con dulzura—. Gracias por cuidarlo también. Es muy lindo de tu parte. Contigo cerca, Neji ha vuelto a ser el de antes y todos nosotros te agradecemos eso —se levantó de un brinco y siguió revisando el perchero—. ¡Bien! Regresemos al trabajo. Se me olvidaba que iras con él a ese evento. Tendremos que descartar los escotes provocativos, pero no todos —Le guiño el ojo—. Necesitamos algo discreto, modesto y elegante. Que parezca reservado, pero ¡Bam! — bufó divertida—. Se le caerán los ojos cuando te vea así. Dijiste que te ibas pronto ¿Es muy necesario que te vayas? Digo sé que Neji está aquí, pero ¿nosotros? No creo aguantar tanto tiempo sin verte Tenten. — Sacó un vestido rosa y lo inspecciono mientras lo comparaba con la ángel.

La de ojos chocolates tenía más preguntas sobre lo primero que dijo la Yamanaka, aun así decidió ignorarlo.

— S-sí, ya no puedo quedarme más tiempo. De hecho, me iré mañana.

— ¡¿Mañana?! —Ino mostro una mueca parecida a la de un niño triste— ¡¿Por qué no lo dijiste antes?! Pudimos haberte hecho una fiesta de despedida. —Se lamentaba en su lugar y después miró el vestido que tenía en la mano—. Definitivamente no. Necesitas algo que te asegure que no olvidara que traías puesto esta noche —lo regresó con el resto de los vestidos—. Al menos te disfrute hoy con la salida del Spa.

— Lo siento.

— En ese caso debes prometernos que vendrás a visitarnos seguido. Te puedes quedar conmigo para que no pagues hotel.

— Gracias, yo… lo intentare.

— Impacto. Necesitas impacto. Tu tranquila, todavía queda tiempo —saco cinco vestidos del perchero y los colgó en la pared—. Pruébate estos, linda. Iré a checar a Temari, pronto volveré contigo y me dices cual te gusto más ¿sí?

— De acuerdo.

Ino salió del vestidor y caminó hacia otro vestidor que estaba a unos cuantos metros de donde estaba la castaña. Al llegar a ese vestidor abrió la cortina de golpe.

— ¡¿Lista para hacerte brillar?!

— ¡Santo cielo Ino! —Se aferró de su bata rosa— Advierte que vas a entrar. Me sacaste un susto.

— Así debes de tener la conciencia, cariño —bufó divertida y jaló otro perchero lleno de vestidos detrás de ella— Fuera ropa. La escultora tiene que ver la piedra con que va a trabajar.

— Ya me has visto en traje de baño, no creo que sea necesario.

— A-ah, confía en mí. Soy profesional en esto. Entonces… ¡Cuenta! —Exclamó con entusiasmo— ¿Qué hicieron Shikamaru y tu ayer después de que me fui?

A Temari le costó un poco de trabajo entender a que se refería con esa pregunta, pero enseguida recordó que hablaba de la feria de Konoha. Poco a poco se fue desaciendo de su bata rosa.

— Pues subimos a la rueda de la fortun-

— ¿Subieron ustedes dos solitos? —Interrumpió emocionada—. O ¿fueron aguafiestas y se subieron todos juntos?

— Solo él y yo, pe-

— ¡Lo sabía! Picarones —dio un par de brincos de emoción— y ¿qué? ¿Se lanzó sobre ti? Digo no es de él, pero como te arregle ¡uf! ¿Quién no quisiera arrancarte esas prendas? —Continúo inspeccionando los vestidos.

— ¿Arrancarme? —Tuvo un recuerdo de despertar con menos ropa esa mañana—. N-no se arrojó en mí. Hablamos muy poco, estuvimos en silencio y fue todo.

— Ay, cariño —se detuvo mientras torcía la boca con decepción— ese es el problema. Al parecer, hoy en día las mujeres tenemos que dar el primer paso y con hombres como Shikamaru ¡Ja! Como si no lo conociera —sacó un vestido del perchero y lo analizó con la mirada—. No. Morado no será esta vez.

— Ese no es-

— Y ¿Qué más? —La alentó con la emoción de antes mientras devolvía el vestido con los demás—. ¡Anda! No me dejes con la intriga

— Después —siguió buscando entre sus recuerdos— fuimos a la casa de los espejos.

— Que aburrido —se quejó la Yamanaka, pero se detuvo en seco—. A menos, ¿paso algo?

— Eh, sí. Me perdí y él tuvo que entrar a sacarme.

— ¡Que romántico! —Chilló de alegría— ¡Shikamaru al rescate! ¿Ves? Está loco por ti, pero no me escuchas. —Hizo una breve pausa— ¿Te gusta usar escotes muy pronunciados?

— ¿E-escotes?

— No me salgas que eres una santa como Hinata que sé muy bien que no. Eres atrevida, atractiva, una fiera —sacó otro vestido del perchero—. No, rojo tampoco me gusta para ti. ¿Qué más cariño? Cuenta, cuenta.

— Jugamos en uno de los puestos de por ahí.

— ¿Te ganó algo? —Le brillaron los ojos cuando formuló la pregunta.

— Um, sí. Me dio un panda de peluche.

— ¡No puede ser! ¡Que astuto chico! —Abrazó algunos de los vestidos—. Tratando de ganarte con detalles. Lo sé, somos débiles con eso. ¡Pero tú! Eres una reina. Detalles te puedes conseguir y mejores.

— No entiendo Ino —negó con la cabeza— ¿de qué lado estas?

— ¿Me estas pidiendo que tome un lado?

— N-no. Es solo que lo que insinúas…

— ¡Estoy del lado del amor claro! Bueno, por mi larga amistad con Shikamaru estaría de su lado… pero con lo poco que te conozco ¡Sé que eres perfecta para él!

— Ino.

— Disculpe, —una voz ajena provino del otro lado de las cortinas— ¿señorita Yamanaka?

— ¿Si?

— El señor Hyuga llamó por teléfono. Dijo que llegaría aquí en media hora.

— ¡Madre mía! Tengo que ir con Tenten para saber si ya eligió vestido. Tú pruébate estos que te elegí para que veas cual te gusta —apresurada tomó unos cuantos vestidos del perchero y los colgó en la pared—. ¡Si no está lista a tiempo, Neji me va a colgar! ¡Pronto vuelvo contigo!

La rubia salió corriendo junto los vestidos descartados que estaban en el perchero dejando a la ángel sola y semidesnuda en el vestidor.

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— Linda, ¿cómo vas? —la rubia se escabullo a su vestidor por la cortina—. Oh —se cubrió la boca para no chillar de felicidad— ¡Definitivamente no olvidara lo que tienes puesto esta noche! A ver, ven acá. —Tenten obedeció y caminó hacia Ino. El vestido que tenía puesto era uno rojo escarlata, largo, con encaje dorado, de cuello alto y sus brazos estaban completamente descubiertos. Con cada paso que daba una abertura que tenía en la falda del vestido permitía que luciera su pierna izquierda—. Da una vuelta. —De nuevo la ángel obedeció, dio una vuelta demostrando en su espalda un ovalo que permitía que se viera su piel—. Te ves bellísima, ¿este vestido te gusto?

— Si, podría decir que me enamore de él. —Esbozó una sonrisa la castaña.

— Eso es una buena señal. Te quedo de maravilla. Muy buena elección. Iré a buscarte unos tacones dorados y joyas. Tu cita llegara por ti en veinte minutos y sabes que él es muy puntual. —Se dirigió a la cortina.

— ¿C-cita? —Sintió algo de calor en su rostro—. No es una cita. Solo me pidió que lo acompañara a ese evento.

— Mmm —demostró una sonrisa pícara— Como te ves esta noche, estoy segura que cambiara de opinión. —Le guiñó un ojo.

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Agarren sus lugares porque a partir de aquí, si aquí, las cosas se pondrán intensas. ¡Garantizado! Mientras tortúrense con estas preguntas de cortesía:

¡¿El fic terminara pronto?!

¿Las angelitas se irán?

¿Algún día sabrán que fue de sus pasados?

¡¿HABRA CORAZONES ROTOS?!

¡Listo! Una pequeña reflexión. Que duerman bien queridos lectores. ¡Los quiero!