JAIME
Tyrion fue el primero en darle la noticia, un mes después de aquella noche de pesadilla en la que Daenerys consiguió lo que su padre no pudo: llevárselo a la cama en contra de su voluntad—. Tal vez Cersei siempre tuvo razón y el amor no es más que una debilidad. Aerys jamás consiguió doblegarme porque no tenía con qué hacerlo, pero Daenerys tiene a Robb en sus manos —suspiró pesadamente—. Pero aún si eres mi debilidad más grande también eres mi mayor fortaleza, y no te cambiaría por nada en este mundo, ni siquiera por una vida sin sufrimientos—. Durante un mes Jaime había guardado silencio acerca de lo ocurrido con la Reina Dragón, aunque Robb sospechaba que algo le ocurría, pero una vez más decidió esperar a que estuviera listo para compartirle sus problemas. Jaime podía ver que lo preocupaba más si no le decía nada, pero el valor le fallaba cada vez que intentaba hablarle de esa noche—. ¿Cómo le dices al amor de tu vida que su Reina va a tener un hijo tuyo? —sabía que Robb temía que un día se levantara extrañando el calor de una mujer, que un día se cansara de él, y a Jaime le aterraba el cómo pudiera reaccionar al saber de lo ocurrido.
Todas las mentiras tarde o temprano salen a la luz, y en el caso de ésta el tiempo no mejoraría su situación—. Si quedó embarazada, le preguntaran de inmediato por el padre y Robb, como uno de sus hombres de confianza, será de los primeros en enterarse, entonces será mucho peor—. Guardar silencio lo agravaba todo, pero, eso fue exactamente lo que hizo, hasta esta mañana en la que su hermano menor vino a buscarlo con las últimas noticias.
— No pareces sorprendido —le dijo Tyrion, extrañado de que su anuncio de que la Reina Dragón esperaba un hijo no hubiera causado en él el efecto esperado.
— ¿Y ya les dijo quién es el padre? —preguntó con los brazos cruzados sobre el pecho, recargado contra la pared de la habitación que le servía como oficina a la Mano de la Reina.
Que todo el mundo se enterara no podía importarle menos, pero que Robb se enterara… hielo pareció recorrerle las venas—. Soy un idiota, en vano me aferré a la esperanza de tener más tiempo, o de que ella no concibiera; hay mujeres que lo intentan toda su vida y jamás son madres. ¡Vaya suerte la mía!
— No. De hecho, sólo Missandei y yo sabemos que se encuentra encinta —respondió Tyrion, observándolo con atención, seguro de que aquí se escondía algo—. Daenerys nos prohibió decirle a alguien más antes de su anuncio oficial dentro de una semana, pero supuse que te interesaría saber. Robb salió con un puñado de Unsullied a supervisar la compra de más barcos, estará de regreso en tres días, pero no quise esperar a compartirte las novedades.
— Fue lo mejor —Tyrion frunció el ceño.
— Jaime, ¿qué es lo que no me estás diciendo? Y no te atrevas a insultar mi inteligencia diciendo que nada.
Supongo que ya no puedo continuar guardando silencio—. Jaime no le respondió, caminó hacia él y le pidió que lo acompañara a pasear por la playa, argumentando estar cansado de la gran pirámide. Tyrion no comprendió, pero accedió entiendo sin explicaciones que no era seguro hablar ahí; y en vano trató de sacarle conversación durante el camino pues su hermano mayor se mantuvo en obstinado silencio hasta que alcanzaron la playa y Jaime estuvo seguro de que no había nadie cerca de ellos.
— Daenerys me confesó que la gran pirámide está llena de pasadizos secretos —Jaime le dijo, caminando despacio a su lado, tratando de ganar tiempo, aún sin saber bien cómo explicar aquello que hubiera deseado olvidar—, y nos ha estado espiando a Robb y a mí.
— ¿Ella misma te lo confesó? —Tyrion no comprendía nada y comprendió aún menos cuando su hermano asintió— ¿Por qué?
— ¿Por qué nos espía o por qué me lo dijo?
— ¿Por qué te lo dijo?
— Porque me chantajeó —Jaime le respondió con la vista en el mar, en los barcos de los Greyjoy a la distancia, entrecerrando los ojos en un triste intento de protegerse del intenso sol—, me amenazó con matarnos a los tres si no le daba un hijo.
Tyrion se detuvo y lo obligó a hacer lo mismo, forzándolo a verlo por más que sólo deseara hacer un agujero profundo en la arena para ocultarse y no salir jamás—. Y yo que creí haber escapado de una Reina caprichosa que me sacó tres hijos sólo para cruzar medio mundo y caer con otra exactamente igual.
— Jaime, mírame a los ojos —Tyrion estaba preocupado, muy preocupado, retorciendo sus manos compulsivamente—. ¿El hijo que espera Daenerys es tuyo?
— Sí. Irónico, ¿no te parece? Años estuve al lado de Aerys y jamás consiguió meterme en su cama, y mira que ganas no le faltaron, pero su hija lo consiguió casi sin esfuerzo —Jaime sonrió con arrogante pereza, sin mostrar los dientes, pero a su hermano menor no lo engañaba; por más que tratara de restarle importancia al asunto la preocupación lo carcomía.
— Eso fue lo que casi me confesaste, lo que no podías decirle a Robb —ahora Tyrion lo comprendía todo, y su mente comenzó a trabajar, analizando la nueva información.
— Hace mucho tiempo que me di cuenta que ella me deseaba, pero no imaginé que llegaría tan lejos —Jaime habló molesto—. No puedo creer que una niña me pudiera manipular de esta forma.
— No es una niña cualquiera, y ten cuidado en no pensar en ella de esa forma, no la subestimes —Tyrion le advirtió—. Tienes que decirle a Robb antes de que se entere por alguien más. Lo peor que podría pasar es que ella misma se lo diga.
Eso no lo había pensado —se dijo Jaime, deslizando la mano por su rostro—. ¡Los Otros se la lleven! ¡Maldita mujer!
— Hablaré con él en cuanto vuelva.
— Bien. Ahora cuéntame exactamente qué fue lo que sucedió con Daenerys y cómo comenzó todo —pidió Tyrion, hablando muy enserio—. Cada gesto, cada palabra, por más insignificante que te parezca —y Jaime le relató por horas toda la situación, respondiendo las numerosas preguntas de su hermano que en más de una ocasión le parecieron incomprensibles. ¿Para qué querría Tyrion saber de qué color iba vestida o si ella se mordía el labio o peinaba su cabello hacia atrás?
Tyrion es brillante, y si para él este montón de información basura es útil, haré mi mejor esfuerzo en responderle —y eso fue exactamente lo que hizo, exprimiendo su memoria por cada detalle.
-o-o-o-
El día del regreso de Robb, Jaime esperó por él a las afueras de Meereen, sobre el magnífico caballo regalo de la Reina Dragón y al cual se había negado a nombrar, pues como una vez le confesara a uno de sus escuderos, ¿para qué nombrar a los caballos de guerra si eran propensos a morir pronto? Pero Robb era más romántico que él, y si el direwolf tenía nombre su montura también debería tener uno, así que su amante lo había llamado Ser Longshadow. Jaime esperó casi una hora, bajando y subiendo de su montura, caminando en círculos, lanzando piedras contra los árboles, tan ansioso que no sabía qué hacer consigo mismo, buscando en vano palabras en su mente que sabía terminarían hiriendo de muerte a la persona que más amaba en su vida, a la que no deseaba más que ver sonreír.
Robb estaría mejor sin mí —se dijo, peinando compulsivamente su ahora largo cabello como oro hacia atrás—, nunca he tenido suerte en el amor, no sé cómo fue que pensé que esta vez podría ser diferente. Debimos quedarnos en Volantis cuando Robb me lo propuso, pero no podía hacerle eso, es demasiado brillante para tener una vida común —el ruido de caballos lo hizo girarse, y distinguió a la comitiva de Robb a lo lejos, con el estandarte de los Targaryen ondeando al viento—. Llegó el momento.
Jaime tomó aire, nervioso como si estuviera a punto de entrar al campo de batalla, y montó. La sorpresa de Robb fue grande al verlo, y por un instante temió que algún asunto de gravedad lo hubiera traído hasta aquí.
— ¿Ocurrió algo?
— No. Sólo que no podía esperar por verte —respondió Jaime, haciéndolo sonreír.
Robb despidió a su escolta, dio indicaciones de que se le informara a la Reina que llegaría un poco más tarde, y acercó su montura hacia él, despacio, esperando hasta que se hallaron solos para hablar.
— Yo también te extrañé —Robb sonrió como el muchacho que era, mostrándole ese lado que sólo él conocía—. Me he acostumbrado demasiado a dormir contigo y no podía conciliar el sueño solo.
— Y después de todas tus quejas de que te acaloraba compartir la cama conmigo —Jaime no pudo evitar molestarlo.
— La gente se acostumbra a todo —Robb respondió con toda dignidad—. Así que… ¿viniste a esperarme aquí porque "me extrañas"? —preguntó dándole un fuerte doble sentido a sus palabras. Jaime sonrió, en otro contexto habría encontrado este obvio intento de seducción de lo más divertido, una mirada a Robb le dijo que estaba listo para que lo tomara ahí mismo, a medio camino e importándole poco quien pasara y los viera, pero sus grandes problemas le impidieron disfrutar de su amante como hubiera deseado.
— Sabes que siempre "te extraño", pero vine a esperarte porque… —sacó aire de las mejillas—, necesito hablarte de algo importante —el cambio en su voz no pasó desapercibido para su Lobo—. Ven, conozco un sitio donde nadie nos molestará.
Robb asintió, su buen humor olvidado. Siguió a Jaime a todo galope en dirección a la playa, tomando un estrecho y poco utilizado camino. No se detuvieron hasta hallarse lejos de Meereen, dejaron a los caballos atados, y caminaron otro tramo hasta llegar cerca de unas cuevas de difícil acceso. Jaime tomó asiento sobre las rocas y esperó hasta que Robb hizo lo mismo. Tenían una vista hermosa, el mar abierto, azul intenso, pareciendo fundirse con el cielo a la distancia, ni una sola nube en lo que era un día perfecto. Las olas llegaban hasta ellos con pereza, acariciando las rocas y mojando las botas, pero Jaime no podía apreciar la belleza del lugar en esos momentos, demasiado nervioso y asustado, asustando de paso a su Lobo.
— Jaime —Robb lo llamó para que volteara a verlo—, puedes decirme lo que sea, no hay nada que no podamos resolver juntos ni nada que puedas hacer que me haga dejar de amarte, ¿me escuchas?
Jaime se cubrió el rostro con la mano, tratando de ocultar sus lágrimas, y Robb sintió un hueco en el estómago al escucharlo llorar. El León de Lannister no lloraba nunca, era de las personas más fuertes que conocía y el miedo lo invadió sin consideraciones. Incluso el mismo Jaime se sorprendió por esta explosión de sentimientos, pero toda la tensión que acumulara por días encontró un escape al escuchar las palabras cargadas de amor y comprensión de Robb—. No lo merezco, ¿cómo es que puede estar a mi lado?— Tomó aire, forzándose a tranquilizarse, no tenían mucho tiempo y sí mucho de qué hablar.
— Quiero contarte una historia —dijo el León en cuanto encontró su voz de nuevo, carraspeando un par de veces antes de poder continuar, buscando en vano calma en su interior—. Cuando… cuando mi madre era joven, sirvió en la corte en King's Landing, ahí la conoció Aerys y desde el primer momento en que la vio intentó seducirla. Toda la corte sabía que desde que era Príncipe, Aerys deseaba a Lady Joanna, e incluso después de contraer nupcias con mi padre, Aerys no dejó de hacerle comentarios obscenos. En una ocasión le preguntó si el habernos amamantado a Cersei y a mí no le había arruinado sus soberbios senos, imagina eso.
— No lo sabía —dijo Robb con paciencia. A Jaime le era difícil compartir sus sentimientos, así que se limitó a escuchar con atención y esperar.
— He odiado a Aerys desde mucho antes de que tratara de quemar King's Landing —Jaime continuó como si Robb no hubiera hablado—. Aerys trató muchas veces de llevarme a la cama, por mi parecido con mi madre, como me lo hizo ver Tyrion —la mirada azul de Robb refulgió con odio al escuchar aquello—. No lo consiguió, pero eso no significó que yo no tuviera que soportar sus insistentes miradas y comentarios sobre mi belleza o las cosas que me haría. Supongo que cuando me conoció decidió nombrarme hermano de la Kingsguard para tenerme cerca además de darle un golpe bajo a mi padre, a quien como bien puedes imaginar, detestaba.
— ¿Por qué no me lo habías dicho antes? —Jaime se alzó de hombros.
— No le vi la necesidad, además, si el rey loco hubiera tratado de violarte, ¿tú lo andarías contando por ahí? —lo cuestionó y Robb guardó silencio—. Y no sólo Aerys. Toda mi vida he tenido mala suerte con las mujeres. Mi tía Dorna, la esposa de mi tío Kevan, me dijo que mi madre fue amiga de la madre de Oberyn Martell, y que entre ambas decidieron que cuando Cersei y yo fuéramos mayores, yo contraería nupcias con Elia, y Cersei con Oberyn. Mi madre, como ya sabes, murió al nacer Tyrion, pero cuando Elia me conoció se encaprichó conmigo, estaba loca por mí, y entonces insistió en que la promesa de nuestras madres se cumpliera, pero mi padre se negó. Su plan era que Cersei contrajera matrimonio con Rhaegar Targaryen, y en mi lugar les ofreció a Tyrion para desposar a Elia. Como bien podrás imaginar, se ofendieron, y como venganza, arreglaron el matrimonio de Elia con Rhaegar.
— Pero, ¿ella te siguió amando después de ser una mujer casada? —preguntó Robb ya imaginando a dónde iba esta historia.
— Ésa es toda una novela —Jaime dijo divertido—. Sí, Elia estaba obsesionada conmigo, y cuando fui nombrado hermano de la Kingsguard se me ofreció varias veces. En una ocasión la encontré desnuda en mi habitación en la torre de la espada blanca.
— ¿Alguien lo llegó a saber? —quiso saber el impresionado Robb, sabiendo que no había habido nada entre ellos pues Jaime ya le había dicho un día que jamás estuvo con otra mujer que no fuera Cersei.
— No lo sé. A mí no podía importarme menos si alguien se enteraba, era más ingenuo en esa época y como yo no había hecho nada malo creí que no tenía nada que temer —respondió Jaime—. Tuve suerte de que Elia no fuera como Cersei o en venganza me habría podido acusar de agredirla. Elia… no era una mala mujer, estaba necesitada de amor, y Rhaegar no era el marido que ella deseaba. No era secreto para nadie que el Príncipe estaba enamorado de tu tía, Lyanna Stark, y si bien era amable con su esposa no le prestaba mucha atención.
— Tampoco sabía lo de Rhaegar y mi tía Lyanna —dijo Robb, cada vez más impresionado con estas revelaciones.
— ¡Ah! Ése fue un chisme muy jugoso en la corte, otro día te lo contaré. En fin, además de Elia, otro dolor de cabeza para mí fue tu otra tía, Lysa Tully —Jaime continuó su historia—. Mi padre quiso comprometerme con ella, pero cuando me llevaron a conocerla a Riverrun yo estaba más interesado en las historias del Blackfish sobre la Rebelión de los Blackfyre que en ella, y Lysa no se tomó muy bien el rechazo. Mucho después me enteré que terminó enredándose con Littlefinger, escuché a Varys decir que la dejó embarazada siendo muy joven y que tu abuelo Lord Hoster Tully la obligó a abortar. Después supe que su sueño era casarse en el hombre de sus sueños, y que al igual que tu madre deseaba comprometerse con alguien como tu tío Brandon Stark, un hombre noble y apuesto. Lo que haya sido, el punto es que Lysa me odia a muerte.
Robb lo observaba como un búho, los ojos permanentemente abiertos y fijos en él.
— Empiezo a pensar que tú conoces mejor a mi familia que yo.
— Lamento si estoy rompiendo tus ilusiones infantiles acerca de tus tías, pero te cuento todo esto para que me conozcas —dijo Jaime, sintiéndose terriblemente vulnerable en ese momento, como si se hallara a medio campo de batalla desnudo—. No sé si mi mala suerte con las mujeres me hizo refugiarme en Cersei, o si en verdad la llegué a amar, pero quiero que sepas que no es la primera vez que mi apariencia me mete en problemas.
Aquello puso a Robb en alerta y no le tomó mucho darse cuenta de qué era lo que trataba de decirle.
— Estás hablando de Daenerys.
Jaime suspiró pesadamente.
— Sí.
— ¿Esto es lo no podías decirme cuando me pediste confiar en ti?
— Sí —admitió, cerrando el puño para obligarse a dejar de temblar—. Cuando dije que se parecía a su padre me refería a esto precisamente, a que ella me desea.
Robb no habló, meditó en silencio recordando hechos pasados, cada palabra que Daenerys le había dicho, cada gesto, obligándose a leer entre líneas…
— Ahora entiendo por qué dijo que yo debía ser el hombre más feliz del mundo —habló despacio, casi para sí mismo, comenzando a entender qué era lo que lo había tenido intranquilo por tanto tiempo.
— Te lo dijo porque nos ha estado espiando —Jaime le dijo, dejándolo atónito.
— ¿Cómo lo sabes?
— Ella misma me lo confesó. La gran pirámide tiene pasadizos y pasajes secretos, y nos ha visto incluso cuando hacemos el amor; sabía que te llamo mi estrella del norte.
— ¡Los Otros se la lleven! —Robb exclamó furioso— Debiste decírmelo antes, ¿por qué me lo ocultaste? Ahora entiendo por qué no querías decirle nada de Aegon, quieres información para protegernos en caso de que la situación empeore.
Oh, Robb, la situación ya empeoró —se dijo, tomando aire.
— Así es. No quería preocuparte, sé que Daenerys te agrada y lo último que pretendía era predisponerte en contra de la Reina que juramos servir, y créeme que jamás te lo habría dicho pero las cosas cambiaron —Jaime carraspeó.
— ¿Qué te dijo? —Robb sintió hielo en las venas. Lo conocía, conocía a Jaime mejor que a sí mismo, y podía ver lo nervioso y alterado que estaba desde que se encontraron en el camino.
Jaime vio su mano, sabía que tenía que decírselo, pero súbitamente todo su valor lo abandonó, seguro de que lo odiaría en cuanto lo supiera todo—. Pero Tyrion está en lo cierto, si no lo hago yo lo hará ella, y eso sería mucho peor. Que me odie, pero no voy a permitir que Daenerys lo lastime.
— Daenerys está embarazada…
— No. No, no, no —Robb lo interrumpió, sacudiendo la cabeza y Jaime fue incapaz de darle la cara, la vista obstinadamente fija en su mano. No tenía que decirle más, era obvio lo que estaba ocurriendo—. ¡No! ¡NO! ¿Por qué? Dímelo, ¿por qué?
Jaime se lo confesó todo, al igual que lo había hecho con Tyrion, le relató la conversación palabra por palabra, sin ocultarle nada, y para cuando terminó Robb se puso de pie, tiró de su cabello hasta arrancarse mechones a manojos y gritó con todas sus fuerzas, maldiciendo al Destino que los había traído hasta Meereen, a los dioses que le habían arrebatado su corona para dejarlo a merced de dos Reinas: Cersei y Daenerys, a la Muerte que le arrebató a sus padres y a sus hermanos. Jaime no podía levantar el rostro para verlo, ¿cómo podría después de lo que había hecho? Una vez más creyó hacer lo correcto, y una vez más no hacía más que causar dolor y miseria—. Estaría mejor muerto —pensó, escuchando los terribles gritos de su Lobo.
Fue peor que dagas enterradas en su carne, cada grito parecía clavársele en su misma alma, y largo rato pasó hasta que Robb se dejó caer de nuevo a su lado, agotado en más de un sentido, aunque la furia y el dolor no menguaban, respirando trabajosamente.
— ¡NO! Ya no, ¿por qué pasa esto? ¿Por qué cuando creí que podríamos ser felices?
— Perdóname Robb, perdóname, sé que no tengo…
Robb tomó su rostro entre sus manos y lo obligó a sostenerle la mirada.
— Tú no tienes nada de qué disculparte —le dijo con una fuerza que lo sacudió más que una bofetada— ¿me escuchas? ¿Qué tengo que perdonarte? ¿Qué me ames tanto como para haber accedido a semejante humillación por mí, por salvar mi vida? Yo soy quien debería pedirte perdón por no ser más fuerte, por no haberte podido proteger.
Jaime sintió un nudo en la garganta.
— Creí que me odiarías.
La mirada de Robb se suavizó y consiguió sonreírle a pesar de la ira que lo quemaba por dentro.
— Tendría que arrancarme el corazón primero, porque sólo muerto dejaría de sentir amor por ti.
Jaime no pudo más y lo abrazó con fuerza, ocultando el rostro en su cuello, y cerró los ojos, aspirando su aroma—. No sé qué hice para merecerlo, pero tenerlo a mi lado vale más que todos los sufrimientos de este mundo.
— Te amo… —su voz tembló por más que quiso evitarlo, pero la emoción era demasiada y al fin la tensión y el miedo lo abandonaban.
— Y yo a ti —Robb le regresó el abrazo con la misma intensidad.
— Desearía haberte echo caso, hubiera sido mejor quedarnos en Volantis —Jaime bromeó, buscando reducir la tensión del momento.
— No Jaime, tenías razón, ésa no era vida para nosotros —Robb dijo en un tono de voz extraño, uno que le pareció a Jaime pertenecía a alguien más—. Lo que dijiste el otro día nunca me pareció tan cierto como ahora, ya no volveremos a bailar en la palma de la mano de ninguna Reina.
Jaime se separó de él para verlo.
— ¿De qué hablas?
— No vamos a huir, nos vamos a quedar aquí, con Daenerys, y vamos a fingir que aquí no pasa nada y que nos hace muy felices que vaya a tener un hijo tuyo —Robb habló con calma y absoluta seguridad, pero su voz estaba cargada de odio.
— Me estás asustando —Jaime detestó escucharlo así cuando lo único que deseaba era que fuera feliz, que nada le preocupara y que pasara sus días en paz—, ya estás hablando como Tyrion y eso no puede ser bueno.
— ¿Se lo dijiste a Tyrion? —Robb no estaba molesto, todo lo contrario, agradecía que tuviera a quién contarle sus problemas si había decidido no hacerlo con él, pues cuando se quedaba solo con sus pensamientos solía tomar malas decisiones.
— No fue necesario, Daenerys le informó a él y a Missandei que tendría un hijo y que va a anunciarlo públicamente la semana entrante —Jaime le respondió—. Tyrion piensa que por más que haya jurado dejarnos en paz va a utilizar a su hijo para manipularme, le pareció curioso que mencionara que no pensaba ocultarle quién era su padre.
— Admito que pensé algo similar —asintió Robb—. No tiene sentido que le diga quién es su padre si no piensa utilizarte de alguna forma, y lo más probable es que esté contando con hacerme enojar a mí lo suficiente para que tome la decisión de dejarte.
— Deja de hablar con mi hermano está resultando una pésima influenza para ti —Jaime quiso sonreír, pero falló—. Tyrion también me advirtió que si yo no te decía lo ocurrido, Daenerys lo haría, por eso fue que salí a buscarte antes de que alcanzaras la ciudad.
— Hiciste bien, pero espero que te vayas deshaciendo de esa manía tuya por ocultarme las cosas —Robb le recriminó.
— Lo haré, lo siento.
— ¿Qué más dijo Tyrion?
— Que lo más inteligente que podemos hacer es, lo mismo que tu propones, quedarnos aquí y fingir que no pasa nada —explicó Jaime—. Dice que nuestra mejor opción es volver a Westeros con Daenerys y sus tres dragones y hacernos fuertes, en mi caso, ir con mi tío Kevan y hacerme del control de la familia Lannister y todos sus recursos, y en el tuyo recuperar Wintefell. La ventaja que tienes es que tú y Asha comparten el mismo enemigo: los Bolton y Stannis que los apoya, así que puede ayudarte a recuperar el Norte. Conmigo ya sabes que cuentas. Una vez que tengamos asegurado Winterfell y Casterly Rock, buscaremos a tus hermanas y terminaremos con la mía.
— Es un buen plan, Tyrion pensó en todo —Robb estuvo de acuerdo, tomándose un momento antes de agregar—: Para nuestros fines importa poco si Daenerys tiene un hijo o una hija, o si nunca llega a nacer, eso es su problema… a menos que a ti te importe.
— ¿Por qué debería? Al igual que con Cersei, Joffrey, Myrcella y Tommen no eran mis hijos, eran mi semilla, y lo mismo aplica con Daenerys.
— Jaime, por mi Daenerys puede pudrirse en el infierno —y hablaba muy enserio cuando lo decía—. Me preocupas tú y por más que la odie lo que te dijo es verdad, nos quitó lo único que yo jamás podré darte —su cuerpo tembló de furia—. Va a tener un hijo tuyo, y si en algún momento tú quieres a este hijo contigo, yo te ayudaré a conseguirlo.
A Jaime lo conmovió y en esta ocasión sí alcanzó a sonreírle con sinceridad.
— No te preocupes, estaré bien. Seguiremos con nuestros planes y veremos después qué ocurrirá con su hijo —era más fácil pensar en él como el hijo de la Reina Dragón, era lo mismo que había hecho con Cersei después de que ella no le hubiera permitido siquiera cargar a sus hijos al nacer.
Jaime no había pensado nunca en ser padre, primero porque lo nombraron hermano de la Kingsguard, después cuando Cersei le confesó que estaba embarazada de Joffrey, sintió una emoción y alegría que murieron tan pronto nació el pequeño y fue públicamente reconocido como el hijo del Rey Robert Baratheon—. Y cuando conocí a Robb terminé de convencerme de que jamás sería padre… hasta ahora—. No quería pensar mucho en el hijo de Daenerys, en que sería padre, no quería y no lo haría, y ya verían después si el Destino les sonreía o continuaba ensañándose con ellos.
— Y una vez asegurado el Iron Throne, una vez que Daenerys esté confiada y disfrutando de su victoria, yo la mataré —Robb le aseguró, su mirada azul enviando un escalofrío por la espalda de Jaime—. Eso te lo juro por los dioses viejos de mi familia, yo acabaré con la última de los Targaryen.
Continuará…
