Capítulo 15

Vegeta no espero ni un minuto más y salió intempestivamente por una de las ventanas de las instalaciones secretas de los "Men in Black" en Montecarlo, dirigiéndose como de rayo con rumbo al hotel. Bulma estaba más que colérica porque la hubiera dejado con la palabra en la boca e iba detrás de él, dispuesta a lanzarse por el ventanal para amenazarlo.

¡Regresa aquí de inmediato, tonto "Príncipe de Pacotilla"! —le gritó tan agudo como si fuera a quedarse afónica. Afortunadamente Trunks la alcanzó y así evitó que cometiera una locura, tomándola del brazo y poniéndola en un lugar seguro.

Señorita Bulma… ¿se encuentra usted bien? —le dijo solícitamente mientras trataba de evitar que se le notara el bochorno por la situación ocurrida en el área de entrevistas.

¡Enséñame a volar en este mismo instante porque quiero darle una lección a ese odioso! —por toda respuesta la joven científica se dirigió a su futuro y desconocido hijo en voz muy alta… casi lo deja sordo—. ¡A Bulma Briefs nadie la ignora!

Eee… no creo que esa sea la mejor idea —opinó el muchacho tapándose los oídos. Decidió que era más sensato hacerla entrar en razón sin contradecirla, así que le habló en tono cortés—. Prometo enseñarle a volar en un futuro, lo más importante por ahora es recoger el carnet de identidad del señor Vegeta.

¡Pues por mí pueden evacuarlo hoy mismo, me importa un rábano a donde vaya a parar ese idiota sin cerebro! —más Bulma rugió furiosa… era verdaderamente increíble que una mujer tan fina y delicada adquiriera el aspecto de una fiera en un santiamén.

Trunks retrocedió unos pasos, espantado al sentir desbordado el pequeño y casi siempre tranquilo Ki de su madre. Pero era necesario recuperar el temple y conseguir que ella razonara.

Señorita Bulma, no se enoje por favor o va a dañar su lindo rostro… ¿qué dirán sus fans si la ven así? —le explicó con paciencia para no sonar grosero.

¡Oh, lo había olvidado por completo! –la estratagema funcionó, pues la joven genio se serenó al instante, para posteriormente sacar un espejito de su bolso y mirarse en él—. Menos mal que no se me han marcado líneas de expresión… —murmuró para sí suspirando con alivio, acomodándose también algunos mechones de cabello—. ¿Cómo me veo, guapo? —le preguntó al adolescente empleando una entonación más normal, dedicándole una sonrisa.

Luce usted tan bella como siempre —Trunks también sonrió de alivio y le respondió en tono caballeroso… menos mal que volvió la paz. En eso un hombre de traje oscuro los alcanzó.

Señorita Briefs, le hago entrega del pasaporte del señor Vegeta, Príncipe Saiyajin —dijo el recién llegado extendiéndole el carnet de identidad.

Muchas gracias, es usted muy amable —dijo la científica y tomó el documento, examinándolo detenidamente—. Vaya… ¿quién diría que Vegeta es fotogénico?… —susurró muy sonriente y lo guardó en el fondo de su pequeña bolsa.

Le recomendamos que no pase más de cinco años sin renovarlo, o menos si es que decide cambiar de status social o de domicilio —sugirió el hombre y les dedicó una reverencia a modo de despedida, señalándoles el camino hacia la salida—. Ya pueden irse, y les deseamos una agradable estancia aquí en Montecarlo.

Bueno, salgamos de este lugar como la gente decente y después me llevas volando al hotel… tengo mucha flojera como para caminar buscando un taxi a estas horas —Bulma se dirigió a Trunks sonriéndole abiertamente mientras se encaminaban al acceso.

Por mí no hay inconveniente, señorita Bulma —respondió el muchacho correspondiendo el gesto amable—. Y no se preocupe por nada, que en cuanto terminemos con esos androides iniciaremos las lecciones de vuelo —agregó con amabilidad.

Tú sí que eres un chico muy bueno… —le dijo ella con admiración—… pero aun no sé como te llamas —observó mirándolo está vez con mayor atención, como si quisiera encontrar algo oculto en el fondo de esos ojos azul eléctrico.

Eto… eso no puedo revelarlo aún, señorita Bulma —manifestó él un tanto nervioso porque su futura madre lo observara tan fijamente—. Esa información pondría en peligro la vida de muchos, incluyendo la mía —le explicó conservando la serenidad.

Bien, entiendo… mi intención no es poner a nadie en peligro —dijo la dama un poco resignada. Por nada del mundo expondría la existencia de tan simpático y amable mozo.

Gracias por comprenderlo, señorita Bulma —dijo el adolescente con más tranquilidad.

Gracias a ti por ser como eres… —opinó la científica acariciándole una mejilla con suavidad—… tan guapo, varonil y caballeroso… ¿no tienes novia en tu época? —agregó guiñándole un ojo con coquetería—. Te aseguro que a muchas mujeres les gustaría tenerte como amante —puntualizó con picardía riendo muy bajito.

El pobre Trunks sintió como le subía el rubor al rostro… su madre en ese período era una coqueta empedernida y bastante directa en algunas cosas, y así seguiría hasta que se juntara con su padre y formalizaran una relación. Bulma sonrió más abiertamente al notar su bochorno.

Oh, vamos, lindo, no hay nada de que avergonzarse —le dijo palmeándole un hombro para hacerlo sentir mejor—. Eres todo un mangazo… pero no soy yo la que va a comerte debido a que en este tiempo aun no has nacido… —y se carcajeó cantarinamente al verlo enrojecer más por esas palabras—… De verdad prefiero tener un hombre de mi edad para pasármelo bien y divertirme.

Señorita Bulma… yo… —el muchacho tartamudeó desconcertado. Si que era un suplicio para él soportar las indirectas de su madre y los velados celos de su padre, así que se pasó un buen trago de fluido bucal por la garganta sin querer imaginar como se encontraría Vegeta en esos instantes… tal vez maquinando la forma de asesinarlo.

Descuida, prometo no decir más cosas que te hagan sentir mal —añadió educadamente Bulma mirándolo está vez con ternura—. Es lógico que no tengas una enamorada porque te haz dedicado a pelear contra esos autómatas para proteger a las personas… no puedes distraerte pensando en chicas —y volvió a guiñarle un ojo para transmitirle confianza—. Y mejor vámonos porque es necesario descansar para mañana —miró su reloj y exclamó con asombro—. ¡Pero qué barbaridad, ya casi es medianoche!

Llegaremos al hotel en menos de diez minutos, así que sosténgase bien —Trunks la levantó en brazos y se elevó con ella suavemente.

Recorrieron un buen trecho en silencio, y al joven del futuro le vinieron a la memoria algunos de los difíciles momentos que había vivido desde que su maestro Gohan murió: escapando de los Jinzō Ningen con su madre en brazos, sin poder auxiliar a alguien más. Pero Bulma no es de las personas que permanezcan en silencio mucho tiempo al menos que su mente esté ocupada en algo de suma importancia.

¡Ya lo tengo! —exclamó llamando la atención del mancebo—. He ideado un sobrenombre perfecto con el que puedo llamarte sin que nadie sospeche algo de tu verdadera identidad, guapo… —le dijo emocionada, para después agregar con preocupación—… Me imagino que ha de ser algo incómodo para ti el que no te digan por tu nombre.

No hay problema por ello, señorita Bulma, y será un honor conocer el nombre que ha improvisado para mí —respondió él con amabilidad, sin sospechar lo que seguiría a continuación.

Bueno, no es un nombre Saiyajin porque no se me ocurrió ninguno de esos y además están muy feos… —habló un poco apenada—… Te llamaré Trunks… suena muy lindo en mi opinión.

El mancebo casi se precipita al suelo al escuchar ese apelativo, más consiguió permanecer en equilibrio cuidando de no soltar a su progenitora. Para la dama no pasó desapercibido el movimiento.

¿No te gustó? —dijo apesadumbrada—. Discúlpame, no quise ofenderte.

No, señorita Bulma, no me ofende —dijo él en tanto una diminuta gota anime brotaba en su frente para representar su bochorno—, es sólo que me pareció un patronímico extraño… ¿Cómo es que ideó un nombre tan original? —le preguntó con curiosidad.

Verás… siempre he querido ponerle ese nombre al primer hijo que tenga… combina con mi apellido… —respondió la científica con algo de pena, agregando al momento—… aunque no tengo la menor idea si sonara armonioso con el apellido de su padre.

Eee… si a usted le agrada como suena no veo el mayor problema —observó el adolescente sonriendo como tonto.

Claro que en el hotel había alguien que los esperaba disimuladamente aunque aparentara lo contrario. Y es que Vegeta entró muy violentamente por el balcón de su habitación, sorprendiendo a Pikoro por un instante, pues el namek se encontraba levitando para meditar.

¡P#$% m%$&*#! ¡Juro que acabaré con este planeta de mierda en cuanto mande a Kakarotto al averno! —soltó con rabia dejándose caer bruscamente en el colchón de su cama, cruzándose también de brazos.

Puedo ver que algo te molestó, Vegeta —dijo Pikoro recuperando la compostura—. Mira que entrar así e interrumpir mi valioso entre…

¡A mí tu #$%&*… entrenamiento me vale un carajo! —rezongó el aludido gruñendo y mostrando los dientes para después voltearle la cara.

Lo sabía, algo te molestó de verdad —afirmó el namek mirándolo esta vez con suspicacia. Inmediatamente preguntó haciéndose el disimulado—. ¿Y en dónde dejaste a la mujer y al muchacho que te acompañaban?

El Príncipe volvió a gruñir por lo bajo, mirando nuevamente a su interlocutor como si tuviera ganas de romperle el cuello… ese era un asunto que al namek no tenía porqué importarle.

OK., ya entendí —Pikoro percibió la amenaza oculta y trató de concentrarse una vez más en su meditación.

Al cabo de unos minutos el Saiyajin aparentó relajarse un poco. Se levantó silenciosamente y se dirigió al mirador para acomodarse en el borde del mismo, apoyando la espalda en la pared mientras miraba al cielo nocturno… era una hermosa noche estrellada de verano, y la luna brillaba en creciente. Vegeta soltó un suspiro muy bajo de pesadumbre al pensar en el imperio cósmico que se encontraba ante sus ojos, y tan lejos de su alcance. Pikoro le había visto de reojo y decidió que lo mejor era no importunarlo más, pues, si su impresión era correcta, el arrogante ese acechaba por la llegada de la mujer y el mozalbete. Se sonrió disimuladamente… si eso no era una muestra de interés por ella se comería su turbante. Antes de la medianoche se pudo percibir la cercanía del poderoso Ki del muchacho, el cual opacaba el débil Ki de la científica.

Puedo ver que el señor Vegeta está en el balcón como si estuviera esperándonos —observó Trunks con cautela al distinguir la silueta en el palco, esperando por la reacción de su madre.

¡Pues por mí puede quedarse ahí! —dijo Bulma en tono contundente y ni se dignó a ver al Príncipe—. Mejor entremos por la puerta principal como harían todas las personas, no quiero asustar a Lunch entrando por la ventana o podría dispararnos —agregó con serenidad.

¿Dispararnos? —al joven le extraño que una señorita tan gentil pudiera tener un comportamiento agresivo.

Esa es una larga historia que te contaré más tarde —le respondió la dama como restándole importancia—. Por ahora es menester descansar… ¡ajum!... —y bostezó grandemente para después completar con algo de preocupación—… si no duermo mis ocho horas mi piel puede marchitarse más rápido.

Haremos lo que a usted le parezca mejor, señorita Bulma —fue la respuesta del adolescente y descendió en la entrada del hotel.

Ambos se encaminaron a sus habitaciones, y en el trayecto Bulma le describió a grandes rasgos sobre la bipolaridad de Lunch. Trunks pareció un tanto escéptico por esa información… algo más que preguntarle a su verdadera madre cuando regresara a su tiempo.

Bueno, que descanses querido Trunks… ¿de verdad puedo llamarte así?... —se despidió la científica preguntando con algo de timidez, a lo que el aludido asintió levemente con la cabeza—… Entonces duerme bien y nos vemos mañana para desayunar —agregó antes de meterse silenciosamente en sus aposentos.

Igualmente, señorita Bulma —respondió él imitándola. Ni bien cerró la puerta para encaminarse al baño cuando fue duramente cuestionado.

¿Y bien, mozalbete? —se oyó la áspera voz de Vegeta, quien permanecía sin moverse en el lugar donde lo habían visto—, ¿en dónde diablos está el #$%&* carnet ese por el que se armó todo este argüende?

La señorita Bulma tuvo la delicadeza de guardarlo muy bien —fue la contestación del joven guardándose un suspiro bajo y dirigiéndose a su progenitor con seriedad, pues en realidad no esperaba que fuera a buscarlo y así pedirle una disculpa a su madre.

Bien… entonces puede metérselo por donde mejor le quepa —y efectivamente, el hosco Saiyajin no pensaba tomarse la molestia de tener la identificación a su resguardo, pues le tenía sin cuidado esa credencial… que la mujer idiota se encargara de ese tipo de cosas propias de terrestres, total, era tan debilucha y problemática como todos ellos.

De acuerdo… con su permiso voy a asearme para dormir —dijo Trunks sin ningún cambio en su expresión, disimulando un bostezo y entrando al baño.

Pikoro no intervino para nada en la conversación y fingió dormitar, aunque se sorprendió un momento pues había alcanzado a escuchar cómo Bulma llamaba a Trunks por su nombre… ¿acaso ella ya sospechaba algo?... Podría ser, porque en realidad era bastante lista y sagaz en varios aspectos, aunque en otros no dejaba de comportarse tontamente. Bueno, ya lo confirmaría más tarde.

En tanto la joven y bella científica se aseó cuidadosamente para no despertar a su durmiente compañera, la cual dormía tan plácidamente y con una dulce y relajada expresión en el rostro, como si tuviera un sueño muy lindo. Bulma decidió asomarse un momento más al balcón para refrescarse con la brisa nocturna, imaginando lo perfecto que sería para Lunch si Ten Shin Han no fuera tan tímido y le declarara su amor. Entonces pudo percatarse que en el mirador de a lado todavía se encontraba el dueño de una cabellera negra en flama, el cual parecía dormitar tranquilo. Por unos segundos admiró su perfil con ojitos de ternura, olvidando el mal momento pasado y pensando que el Príncipe Saiyajin no era tan feo cuando estaba sosegado, hasta que él le habló en tono grosero y cortante.

Mujer… ¿se puede saber por qué te quedas ahí parada como mensa? —dijo Vegeta sin abrir lo ojos para no tomarse la molestia de verla de frente—. Y déjame decirte que con esos harapos que traes puestos no te ves nada bien… no cabe duda que eres tan patética.

La dama abrió y cerró la boca con asombro, e inmediatamente frunció el ceño sintiéndose completamente ofendida… después de todo, no valía la pena pensar cosas agradables de ese prosaico.

Pues no vayas a creer que estoy aquí por verte a ti, ni a quien le intereses… ¡vulgar! —le dijo con irritación y se dispuso a retirarse, dedicándole una seña obscena antes de cerrar bruscamente la puerta del ventanal.

¡Mph!, con eso me confirma que es una blandengue —la acción le provocó al Saiyajin unas ganas locas de carcajearse, más resopló complacido por haberla incomodado. Había estado pensando por unos minutos en las estúpidas preguntas de la entrevista, hasta que por su mente perversa cruzó la idea de que en realidad no sería tan malo usar a la hembra para regodearse y darle un gusto al cuerpo en ese plano… al final de cuentas era todo un varón bien macho, y se merecía una satisfacción sin fines de lucro.

¿Pero quién se ha creído ese infame? —en tanto la muchacha se dejó caer en su cama maldiciendo por lo bajo. Prefirió dormirse y se acostó, dándose la vuelta para acomodarse. Se fijó que en el pequeño buró había dejado la bendita identificación… le dieron ganas de romperla en pedacitos—. ¡Uy, como no te mueres en este mismo instante y me dejas en paz! —resopló tomando el carnet como si quisiera doblarlo, más nuevamente la quedó mirando con detenimiento—. En realidad, Vegeta, aunque eres el hombre más irritante y odioso que he conocido en mi vida, también eres el Saiyajin más interesante… únicamente que el peinado que te cargas y el gesto que acostumbras mostrar no te favorecen mucho que digamos —le dijo a la fotografía como si estuviera hablando con el mismo Príncipe en persona, y después le sonrió grandemente—. Pero mientras vivas conmigo te ayudaré en lo que pueda… estás tan solo en la vida y es bueno que tengas a alguien en quien confiar —agregó con ternura e inmediatamente suspiró muy despacio, dándole un beso a la tarjeta sin pensarlo demasiado. Posteriormente la guardó en el cajón del buró y se acomodó una vez más en la cama para soltar un suave ronquido.

El siguiente día les tenía reservadas muchas emociones.

Vegeta se levantó bastante temprano según su costumbre y despertó a Trunks para que le pidiera el desayuno y así pudiera entrenar sin perder tiempo en el comedor, metiéndose inmediatamente al baño para asearse escrupulosamente… se pasó buena parte de la noche ideando las mejores cachonderías con Bulma, por lo que tenía que limpiar las huellas del delito (lo bueno es que nadie de ellos sabe legeremancia, o esas escenas los harían vomitar… jejeje). El muchacho hizo lo que le pedían y marcó al número de la recepción para solicitar un "ligero" "room service", y a Pikoro no le quedó más remedio que abrir también los ojos.

Pero que pesado es Vegeta… —bufó un tanto molesto colocándose el turbante en su lugar después de acomodarse la capa. Al momento miró al adolescente con algo de recelo—. Dime una cosa, Trunks, ¿acaso tú madre ya sabe quien eres?

El chico pareció un poco desconcertado porque el namek lo llamara por su nombre, más recordó que una de las cualidades de Pikoro es que tenía un oído bastante fino para oír las conversaciones aunque los demás no se hallaran cerca de él, así que no era de asombrarse que el verde alienígeno estuviera enterado de su secreto.

Esto… señor Pikoro, ¿qué tanto sabe usted? —aun así le preguntó con cautela para no delatarse.

Lo suficiente para entender tus razones —respondió parcamente el aludido—. Ahora cuéntame porqué tu madre te llamó Trunks… anoche la escuché despedirse así de ti.

Bueno… en realidad no lo sabe, dice que se le ocurrió ese nombre porque es con el que le gustaría llamar a su primer hijo… —refirió el joven con serenidad, para después agregar con un poco de vergüenza—… para ella suena lindo… y no pude negarme a su petición.

Ya veo… —Pikoro disimuló un gesto de pena lo mejor que pudo, y evitó poner los ojos en blanco—… Las mujeres terrestres son tan impredecibles —opinó con reserva, y el joven sonrió como bobo.

Una hora más tarde, mientras Vegeta y Trunks ya entrenaban en el campo de golf, alguien llamó a la habitación donde Bulma y Lunch se encontraban. La joven bandolera ya se había levantado y tendía su cama con esmero y dedicación al tiempo que tarareaba una cancioncita.

¿Quién será a estás horas? —se preguntó al escuchar los golpes… la científica ni por enterada, pues roncaba despatarrada en su colchón. Al ver dormir a su amiga de esa forma, la salteadora no se animó a despertarla y fue a abrir la puerta—. ¡Un momento por favor! —dijo antes de hacerlo.

¡Lunch, preciosa, qué linda amaneciste el día de hoy! —era Kame Sen'nin, quien vestía una camisa más ridícula que la del día anterior, y llevaba un gran ramo de flores en los brazos.

Muy buen día, maestro Rōshi —ella le saludó dedicándole una reverencia—. ¿Qué hace despierto tan temprano?... un hombre maduro como usted debe descansar mucho para que no se enferme —observó con educación.

No te fijes en pequeñeces, dulzura… he venido a obsequiarte esto y a invitarte a dar un paseo por esta hermosa ciudad, ¿qué dices? Te aseguro que te va a gustar mucho —el viejo verde se carcajeó por lo bajo por un momento y después habló en tono de galán telenovelero, entregándole el ramo… sólo porque Lunch en esa personalidad es una mujer linda, dulce, delicada y servicial, le perdonaba que lo hubiera llamado indirectamente senil.

Es usted muy amable, maestro, son tan bonitas… —respondió la joven sin animarse a tomar las flores—… pero mi alergólogo me dijo que… ¡ah… ah… ah…! —y, entonces, amenazó con estornudar.

Kame Sen'nin brincó del susto y rápidamente le puso un dedo en la naricita, lanzando el ramo lo más lejos que pudo… estaba tan emocionado por salir con ella los dos solitos y tal vez "divertirse" sanamente, que pasó por alto el insignificante detalle de los estornudos.

¡Oh, linda Lunch, cuanto lo siento! —exclamó acongojado, esperando no fuera tarde para detener la transformación. Afortunadamente la muchacha no estornudó—. Discúlpame, por favor, había olvidado lo de tus alergias —dijo haciendo una reverencia profunda.

Descuide, maestro, no es necesario que haga eso —observó la dama sonándose discretamente con un pañuelo que traía en su delantal—. Creo que mejor nos vemos en el comedor para desayunar todos juntos —y le dedicó una sonrisa de lo más amable antes de cerrar la puerta.

¡Uf, por poquito! —Rōshi suspiró de alivio y decidió también entrar en su habitación, en donde Oolong lo esperaba con el ramo en la cabeza… el precio de ser chismoso.

¿Acaso se volvió loco, maestro? —le cuestionó el metamorfo en tono de reclamo—. Si ella llega a transformarse no dudara en vaciarle una metralleta completa por molestarla —observó como si fuera un experto en todos los temas.

¡Ya cállate, eso ya lo sé! —el anciano alzó la voz con disgusto, dejando muy en claro que no era ignorante de las consecuencias de sus actos—. Lo único malo es que me gasté una buena parte de mi dinero en ese ramo —agregó apesadumbrado antes de cruzar el umbral.

Sólo a usted se le ocurre hacer algo así —puntualizó el cerdito cerrando la puerta tras él.

Muy a tiempo para desayunar estaban todos en el comedor, y Gokú tragaba como sólo él sabe hacerlo… como desesperado, siendo imitado por Gohan casi a la perfección. Milk suspiró con resignación al verlos, porque de nada serviría pedirles educación. Bulma y Lunch compartían mesa muy cerca de Krilin, Oolong y el maestro Rōshi, quien aun no perdía la esperanza de salir él solito con la forajida, y la bandolera no salía de su asombro al presenciar como comían el simpático Saiyajin y su pequeño hijo.

Todavía me cuesta creer que Gokú coma así por ser un extraterrestre —dijo sin dirigirse a nadie en especial.

Y se acabó todos los hot cakes del bufete —bufó Oolong con fastidio y tristeza, lloriqueando un poco—, apenas si pude probar tres.

Los demás "Z" se encontraban en otra mesa, y tampoco podían quitarle la vista de encima a su amigo de alborotada cabellera. Una gran gota anime colectiva representaba su bochorno.

¿No se supone que Gokú desayunó algo hace más o menos una hora? —preguntó Chaozu sin poder cerrar la boca.

A pesar de que lo hemos visto comer muchas veces, todavía no alcanzo a comprender donde le cabe tanto —fue la opinión de Yamcha en tanto Ten Shin Han sólo movió la cabeza para demostrar que estaba de acuerdo con eso.

¿Acaso seguirá en etapa de crecimiento? —se aventuró a comentar Puar.

¡Agh, pero que asco! —dijo Pikoro y decidió que ya había tenido bastante de ese espectáculo, así que se levantó en cuanto terminó de beber su tercer vaso con agua—. Yo me voy de aquí…

Bien… nos vemos luego —Yamcha fue el que se despidió sin esperar una contestación por parte del namek.

Gokú y Gohan terminaron con las tres cuartas partes del bufete en menos de media hora, y comerían más si los hubieran dejado.

"Oye, 'ilk, de 'erías p'e'arar e'to" —le dijo Gokú a su esposa al tiempo que masticaba unas enchiladas suizas sin consideración—. De seguro te quedan exquisitas porque cocinas fenomenal, y yo no me cansaría de comerlas todos los días —agregó amablemente al pasarse sonoramente el bocado, antes de continuar su labor con unos chilaquiles.

Ay, Gokú, que cosas tan lindas dices… —fue la respuesta de Milk al tiempo que enrojecía un poco de la felicidad… lo bueno es que SU Gokú consideraba lo que ella cocinaba la mejor comida del mundo, así probara todos los manjares de un restaurante de lujo.

Ajá, papá tiene razón, mamá… —Gohan también puso de su parte y confirmó las palabras de su padre después de terminar con su décimo litro de leche, mirando a su madre con admiración—… eres una muy buena cocinera.

Oh, Gohan, que buen hijo eres —ella le dedicó una dulce sonrisa a su retoño y le acarició la cabeza con suavidad. Fue en ese momento que una personita encantadora se presentó a su mesa.

¡Gohan, hola! —era Videl, y llevaba una revista en las manos—, y muy buenos días para ustedes, señores papás de Gohan —les saludó educadamente y volvió la vista a su amiguito en tanto le sonreía grandemente—. ¿Pudiste comer del desayuno bufete? —le preguntó con curiosidad—. Mi papá y yo ya no alcanzamos… y me dijeron que sirvieron hot cakes —agregó con algo de pesadumbre por no haber tenido la oportunidad de probarlos.

Eee… —el pobre niño enrojeció y trató de disimularlo, avergonzado por haber dejado a su amiga sin los deliciosos hot cakes, y porque ella lo mirara con simpatía.

¡Hola, qué bueno es verte por aquí! —justo Gokú correspondió el saludo de la niña, sonriéndole grandemente al terminar con su última porción de comida.

Muy buen día para ti también, pequeña —Milk igualmente la saludó y después la miró con algo de suspicacia al tiempo que le preguntaba—. ¿Y dónde está tu papá?

Él se encuentra con los otros luchadores… van a tener una rueda de prensa —respondió la niña con fastidio e inmediatamente recobró el buen humor—. Por eso le pedí permiso para ir a pasear hoy también con ustedes… ¿no te parece maravilloso, Gohan? —dirigiéndose una vez más al más joven de los Saiyajins y mirándolo con ojitos de entusiasmo, como si fuera el niño más atractivo del mundo.

Sí, claro, Videl, lo que tu digas —el aludido se carcajeó un poco nervioso enrojeciendo otra vez de las mejillas. Aunque todavía están muy chicos, Videl empezaba a encontrar algo atrayente en Gohan.

Oye, Milk, ¿tú sabes qué vamos a hacer hoy antes del juego? —Gokú miró a su esposa con duda… no estaba enterado de cuales serían las actividades de ese día.

En realidad no lo sé… pero le preguntaré a Bulma —le respondió la morena y se levantó de su asiento para dirigirse hacia la mesa donde su amiga la científica estaba sentada, y aprovechó para meditar sobre el comportamiento inusual de una niña tan pequeña. Decidió no mortificarse pues SU Gohan aun es menor de edad, y por supuesto que no pensaría en casarlo sin que antes hiciera la carrera científica que lo llevara a ganar la gloria del Premio Nobel en cualquier área de la ciencia.

Gokú, Gohan y Videl la vieron alejarse, y la chiquilla se acomodó junto al niño para mostrarle unas páginas de la revista que llevaba en sus manos.

¡Mira, Gohan, aquí en Mónaco hay una pista de carreras de autos a nivel internacional! —le dijo muy emocionada—. ¿Te gustaría que viéramos una?, ¡sería fenomenal!

Eee… sí, no suena tan mal —respondió el pequeño Saiyajin tratando de oírse convencido. Videl le parecía una niña agradable pero le daba bastante pena el que ella se diera cuenta de algunas cosas y no las entendiera… con trabajo la había convencido de que todos los guerreros "Z" eran únicamente actores de circo que se dedicaban a hacer trucos sorprendentes.

¡Vaya, eso se ve muy divertido!... ¡Esos vehículos si que vuelan! —por su parte Gokú había mirado la revista por encima del hombro de su hijo, y las imágenes le parecieron increíbles… tanta velocidad se le hizo fascinante.

Cada año se realiza el gran premio de Montecarlo de la Fórmula Uno… —le dijo la pequeña en tono amable y complaciente—… pero nunca he podido ver una carrera en vivo —agregó un tanto apesadumbrada.

Justo entonces se aparecieron Bulma y Milk.

Creo que no hay un itinerario formal de actividades hoy, Gokú —dijo la científica dirigiendose especialmente a su amigo de la infancia—, pero me parece que lo mejor que podemos hacer es decidirlo por nosotros mismos… yo necesito ir al salón de belleza porque me es indispensable retocar el manicure y el pedicure —agregó sin desfachatez mirándose las uñas por un segundo.

Y Gohan debe de estudiar todo lo que pueda —dijo la morena en tono de circunspecta, lanzándole a su descendiente una significativa mirada—, es necesario que se prepare muy bien para su ingreso en la secundaria.

Pero mamá… —el chiquillo rezongó en voz muy baja… aun le faltan unos tres años para eso.

¡Entonces vamos a las carreras de autos! —pero Gokú no prestó nada de atención a los argumentos de las damas, y únicamente escuchó que ellos podían decidir que hacer, así que se levantó presurosamente de su lugar para dirigirles a sus amigos estás palabras—. ¡Oigan, muchachos, iremos a ver los autos de carreras! ¡Son sorprendentemente rápidos!

Pero… —Milk se quedó con la boca abierta y una expresión de desconcierto, y Bulma sólo atinó a poner los ojos en blanco evitando azotarse estilo anime.

¡Óyeme, Gokú, tú no puedes decidir que hacer por los demás! —en un santiamén la de cabellera azul se recuperó y le habló a su compañero de aventuras en tono bastante airado—. ¡Eso no está nada bien!

… —por un segundo el aludido la miró con desconcierto, dado que la joven científica acostumbraba imponer su voluntad a todos—… Pero, Bulma, tú haces eso que dices todo el tiempo… además los muchachos también quieren ir a ver las carreras de autos, ¿verdad que sí, amigos? —y volvió a dirigirle a sus camaradas una gran sonrisa de sinceridad.

Los demás afirmaron moviendo sincronizadamente las cabezas. Aunque su amiga la científica se ofendiera con ellos preferían ir a la pista de carreras que a cualquier otra parte con ella.

Será tan emocionante ver una carrera de autos como la Nascar —opinó Lunch muy sonriente haciendo gesto de complacencia—. A mí me gustan mucho conducir vehículos a gran velocidad… ¿y a ti, Ten Shin Han, te gustan las carreras de autos? —y se dirigió al guerrero de tres ojos con mucha amabilidad, mirándolo con ojitos soñadores.

Eee… por supuesto, es uno de mis pasatiempos favoritos —respondió éste un tanto apenado de que la joven cuatrera le hablara directamente en esa personalidad tan dulce. Chaozu se sonrió discretamente al ver a su amigo y protector tan nervioso.

Y los vehículos de Fórmula Uno son los más aerodinámicos que conozco —Rōshi no pensaba dejar que Lunch lo ignorara, así que intervino prontamente para llamar su atención—. De hecho yo pude llegar a ser un gran competidor de ese tipo de autos, más decidí dedicar mi vida a las artes marciales en favor de mantener la paz mundial.

¿En serio? —la chica pareció asombrada por esa revelación, y ni que decir del luchador de verde.

Sí, claro, maestro, es que en sus tiempos de juventud los autos aun eran de tracción pedal… Estamos hablando de la época de las cavernas —Oolong no pudo guardarse un comentario irónico ante lo dicho por Kame Sen'nin.

¡No seas tonto! —y el viejo no dudo en darle un buen zape con todas sus fuerzas, pues lo estaba haciendo quedar mal ante la linda muchacha. Eso provocó que la bandolera mejor se colocara más cerca del tricíclope, quien aun se veía bastante avergonzado.

Bueno, Gokú, me parece que ver una carrera de autos es una gran idea —dijo Krilin inmediatamente después de ver a Oolong lloriquear de dolor.

Entonces no se diga más y vamos a alistarnos para irnos —dijo Gokú sin dejar de sonreír, mas en ese momento se percibió una energía negativa que hizo que su cabellera de por si erizada se levantara más.

Gokúuuu… —Milk se dirigió a él empleando una entonación lúgubre que no auguraba nada bueno—… ¿es qué acaso no te importan los estudios de Gohan? ¡Eres un mal padre!

No… Milk, no es eso… recuerda que son vacaciones y… —el cándido Saiyajin se hizo de tamaño "chibi" por unos segundos, recordándole la razón por la que se encontraban allí.

¡Qué vacaciones ni qué nada! —más la aludida subió el volumen de su voz, mostrándole su enfado.

Por favor, señora Milk, yo le prometo que ayudaré a Gohan a estudiar… pero déjelo venir con nosotros a ver los coches de carreras —Videl fue la que intervino a favor de su amiguito, dedicándole a la dama una mirada de inocencia.

Anda, mamá, te prometo que estudiaré con Videl, en serio que sí lo hago —y el chiquillo repitió el ruego con la misma entonación de un niño desvalido, regalándole también a su progenitora unos ojitos de borrego tierno.

Ante esas caritas no hay mujer que se niegue… los parvulitos son tan buenos para convencer y manipular cuando se lo proponen, especialmente a una madre tan susceptible como Milk.

Está bien, Gohan, tesoro, pero no se te olvide estudiar más tarde —ella les correspondió con una sonrisa de ternura… SU niño es tan bueno y trabajador que bien se merecía un descanso por todo lo que ha hecho en su corta vida.

Sí, mamá, no lo olvidaré, te doy mi palabra —respondió el aludido con firmeza para que no quedara duda de sus buenas y firmes intenciones, aunque en realidad no tenía demasiadas ganas de estudiar.

Y Gokú disimuló detrás de su esposa un suspiro de alivio antes de animarse a hablar otra vez.

Bien, Gohan, nos vamos a divertir mucho en las carreras de autos —dijo con prontitud recobrando la sonrisa.

Sí —respondió el chiquillo sin ocultar su entusiasmo, para después dirigirse a su amiguita—. Videl, voy a arreglarme y más tarde nos vemos en el hall, ¿de acuerdo?

Lo que tú digas, Gohan, yo te espero —dijo ella igual de sonriente.

Qué remedio… —a Bulma no le quedó más que darse por vencida, y susurró muy bajito antes de encaminarse a la salida del comedor—. Los veo luego… —agregó para despedirse, tomando rumbo hacia el campo de golf.

Unos diez minutos después…

¡Guapote, Vegeta, salgan pronto! —la joven científica llamó en repetidas ocasiones a la puerta de la mini Cámara de Gravedad.

¿Se le ofrece algo, señorita Bulma? —Trunks asomó la cabeza con discreción y se dirigió a ella en tono cortés—. El señor Vegeta y yo…

¡Carajo, mujer inicua, como molestas! ¿Se puede saber a qué mierda has venido? —más el altanero Príncipe no pudo quedarse callado y le gritó desde adentro con bastante descortesía.

Bulma prefirió ignorar al Saiyajin adulto y le habló melosamente al joven.

Lindo, todos vamos a ir de paseo para conocer la fabulosa pista de carreras de autos Fórmula 1 que está aquí en Montecarlo… ¿vienes conmigo? —y le tomó cariñosamente de un brazo, sonriéndole con coquetería y apoyándose en su hombro.

Eee… sí, claro que sí señorita Bulma, yo… la acompañó —el adolescente sintió por enésima ocasión como el bochorno llenaba sus pómulos, más contestó en el mismo tono amable. Tenía que aguantar el ser utilizado por su madre como carne de cañón para provocar a su padre… valía la pena con tal de asegurar y reafirmar el nacimiento de su yo en ese tiempo.

Y, hablando de su padre… Vegeta ya no pudo ignorar el hecho de que tramaban algo a sus costillas, así que se asomó con cautela.

Imagino que tú has de saber conducir toda clase de vehículos… eres todo un genio en la tecnología —la dama aparentó indiferencia por unos segundos más, mirando al joven del futuro con expresión soñadora. Posteriormente se dirigió al altanero Príncipe con fingida amabilidad—. Bueno, Vegeta, me voy con este guapo muchacho a pasear… pórtate bien —recalcó en tono picaresco.

¿Y a dónde m#$%& se supone que vas a largarte, eh? —el nombrado habló con irritación sin dar del todo la cara… las ñoñerías terrestres le caían en la punta del hígado y, lo más desagradable de todo el asunto, era que a esa ordinaria hembra le gustaba perturbarlo.

Aquí en Montecarlo hay una pista de carreras de autos, Vegeta, y Gokú y los muchachos van a mostrarnos sus dotes de conductor —está vez ella le respondió en tono sincero y cortés, eso sí, sin soltar el brazo de su futuro hijo, quien hacía esfuerzos para disimular su contrariedad—. Supongo que alguien como tú, tan diestro en el manejo de equipos especializados, ha de ser un as en las carreras —agregó empleando un tono de respetuosa fascinación.

¡Bah, yo no pienso perder mi valioso tiempo contigo y la bola de insectos rastreros! —farfulló el hosco Saiyajin y prefirió volver a sus ejercicios, cerrando la puerta con brusquedad.

Bueno… tú te lo pierdes —Bulma resopló un poco con altivez y jaló a Trunks para marcharse. Como lo tomó desprevenido casi lo tira—. Vámonos de aquí, guapo —le dijo sin percatarse de su acción.

Sí… si, señorita Bulma —el adolescente alcanzó a enderezarse y a responder al mismo tiempo, suspirando muy bajito para disimular.

Bueno, Trunks querido, supongo que en tu tiempo no ha de haber actividades recreativas para divertirse en familia —observó la científica en lo que se dirigían al hall, mirando a su futuro hijo con una mezcla de ternura y comprensión—. Es una pena que alguien tan buena gente como tú tenga que vivir en ese mundo de pesadilla —adicionó con algo de pesadumbre.

Tiene usted toda la razón, señorita Bulma… no conozco ninguna actividad de diversión ya que toda la gente tiene miedo y se hallan afligidos —dijo el muchacho con bastante circunspección, recordando ciertos sucesos que vivió algunos años atrás—, y yo aun no estoy al nivel de esos androides malditos… —añadió disimulando una entonación de rabia y desaliento.

Oh, Trunks, ya no te angusties más que mientras estés aquí conmigo me encargaré de que te diviertas —la dama le acarició una mejilla con cariño y le sonrió ampliamente—. Así podrás contarle a tu mamá lo bien que se vive en esta época, y le llevarás también muchas fotografías de mi parte.

Muchas gracias, señorita Bulma, es usted muy amable conmigo —el joven correspondió el gesto bondadoso y trató de disimular su pena… si la científica supiera la verdad completa, tal vez sería tan encimosa como la esposa del señor Gokú.

En fin, los acontecimientos tenían que seguir su curso, y por el momento no era nada conveniente ponerla sobre aviso.

Pero, por otro lado, no se crean ustedes que en esta ocasión el Príncipe Saiyajin se iba a quedar tan tranquilo mientras los demás se la pasaban bien sin su importante presencia… nadie pondría nunca en duda sus habilidades, nadie tenía que tomarse el atrevimiento de decir que él es un cobarde e ignorante.

¡Patrañas, imbecilidades y más que estupideces, eso es lo que son todas esas m$%&#! —Vegeta resopló al interior de la mini Cámara, lanzando el mejor repertorio de golpes y patadas que formaban su entrenamiento. Había notado que el Ki del mozalbete y de la mujer se alejaban de ahí, y sintió una momentánea oleada de rabia e incomodidad que le nublaba las ideas—. ¡Esos despreciables insectos me las van a pagar algún día! —exclamó apretando fuertemente los puños.

Después de todo, él, el Gran Vegeta, Príncipe de los Saiyajins y próximo Emperador Supremo del Universo, no tenía porqué mezclarse con una vulgar muchedumbre de arrastrados… ese no era su estilo y no tenía ninguna necesidad de hacerlo. Bueno, si ni cuando estuvo con Freeza se rozó con el papanatas de Ginyu y los mamarrachos que le seguían, así dijeran que eran los mejores soldados de élite de las huestes. Retornó a su habitual rostro al meditar en eso y sonreírse por un segundo, y continuó ejercitándose esforzadamente. Pero, unos cuantos minutos después, una nueva inquietud ocupó sus pensamientos.

¿Acaso esa zorra mencionó algo sobre conducir vehículos…? —se preguntó en voz alta al recuperar la respiración cuando terminó una extenuante serie de malabares—… mmm… Dudo mucho que el idiota de Kakarotto sepa siquiera como se opera una carcacha terrestres… —afirmó bien convencido de su argumento y comenzó con una nueva serie de abdominales, lagartijas y sentadillas.

A la mitad de esta última serie, volvió a cuestionarse con más alteración, recordando algunas palabras que Pikoro le había dicho a Gokú: "Al dichoso carnet que tuvimos que conseguir en ese maldito curso de manejo al que nos mandó la irritante de tu mujer"… Un curso de manejo sólo podía significar una cosa:

¿De verdad Kakarotto sabrá conducir?... ¡Mierda, ese imbécil no puede ser mejor que yo! —bufó enfadado y terminó con lo que estaba haciendo, saliendo precipitadamente en vuelo de la mini Cámara y sin preocuparse por guardarla en su cápsula—. ¡Ya verán esas sabandijas quien es el Gran Vegeta! —bramó por todo lo alto.

Y, a todo esto, ya todos los demás se encontraban en la pista de autos dispuestos a pasar una buena mañana, alistándose para una súper carrera de "Go – karts". Inclusive Maki Gero y sus Jinzō Ningen, así como Babidi y sus hombres, les habían seguido, pues no deseaban perder sus movimientos para así descubrir sus puntos débiles y poder contra atacarlos cuando fuera el momento.

No es por presumirles, muchachos, pero les puedo asegurar que no hay mejor conductor que yo —dijo Yamcha con entonación presuntuosa mientras se acomodaba un ceñido traje, el ideal para conducir un vehículo automotor en eventos de esta categoría.

¡Jah!, eso me gustaría verlo —se escuchó la voz del androide 17, el cual se acercó a su posición mirándolos con fanfarronería. Él y Cell habían decidido hacerle la competencia a los "Z"—. Por si no lo saben, yo no soy sólo el androide más poderoso, sino también soy un experto conductor de autos —añadió mirándolos de arriba para abajo.

¿De verdad? ¡Eso es fantástico! —y Gokú lo miró con gesto de admiración hablándole amablemente—. ¡Así tendremos una gran carrera! —exclamó emocionado y le tomó de una mano sacudiéndolo en tanto lo saludaba—. ¡Es un verdadero gusto que tengas espíritu deportivo, 17!

Oye, pedazo de torpe, ¿podrías soltarme? —el joven androide se quedó un segundo pasmado antes de responder de modo cortante y zafarse bruscamente del agarre del ingenuo Saiyajin—. ¿Alguien te ha dicho alguna vez que eres un idiota? —le espetó en tanto se alejaba.

Pues… creo que Vegeta me lo dice todo el tiempo —le respondió en voz muy baja rascándose levemente en lo alto de la cabeza. Inmediatamente se volvió hacia Trunks—. Oye, joven, ¿y Vegeta no va a venir? —preguntó extrañado—. No pensé que quisiera perderse la diversión —agregó un tanto apenado.

Bueno, señor Gokú, usted ya sabe lo que el señor Vegeta opina de todo esto —respondió el muchacho un tanto apenado, colocándose también su respectivo traje—, así que dudo mucho que se presente por acá.

Qué lástima… —observó con la cabellera un tanto mustia de la desilusión—… pensé que podríamos pasarla súper todos juntos.

Vamos, Gokú, también podemos pasarla de pelos sin Vegeta —le dijo Krilin a modo de reproche—. Nosotros no necesitamos a un amargado como ese —puntualizó.

Krilin tiene razón, Gokú —opinó Yamcha en tono solemne—, entre menos estorbos…

Pero es que… —el aludido tartamudeó con algo de inseguridad. Apreciaba a sus amigos y de verdad le gustaría que todos, en eso incluía al Príncipe Saiyajin, compartieran un buen momento de camaradería.

Anda ya, Gokú, no vale la pena que te preocupes por el antipático de Vegeta —dijo Pikoro en tono de fastidio y, tomándolo bruscamente del traje, lo arrastró para llevarlo al área de "pits"—. Es mejor empezar de una maldita vez con la carrera o esos tontos androides de Cell y 17 seguirán burlándose de nosotros.

E… está bien, Pikoro, pero no te enojes —al ingenuo Saiyajin no le quedó más que dejarse llevar de esa manera. Los demás se dispusieron a seguirlos después de hacer un disimulado gesto de abatimiento.

¡Oigan, espérennos, no se vayan! —Rōshi y Oolong los alcanzaron sacando la lengua. Venían de los sanitarios y lucían verdaderamente graciosos enfundados en los trajes de carreras.

Maestro Rōshi… ¿usted también va a participar en la carrera? —le preguntó Ten Shin Han en tono respetuoso, aunque no pudo disimular una expresión de incredulidad.

¡Pero por supuesto que sí! —afirmó el anciano con orgullo, para inmediatamente explicar sus razones—. Así la linda Lunch verá que mis cualidades no son sólo habladurías sin sentido, y de seguro aceptara salir conmigo a cenar.

Bueno… si usted lo dice… —el joven guerrero de tres ojos se encogió un poco de hombros para disimular su contrariedad. Si no fuera tan tímido y la damisela en cuestión no fuera tan cambiante, bien podría pedirle que anduviera con él.

Pues eso está por verse, maestro —dijo retadoramente el metamorfo riendo por lo bajo—. Yo también soy un hábil piloto de primera y se lo voy a demostrar.

Entonces vas a tener que comerte el polvo que mi vehículo y yo te echaremos en la cara… únicamente me dicen "Gran maestro tortuga" de sobrenombre —le respondió Kame Sen'nin de igual manera.

Eee… ya nos sorprenderán en la pista con sus habilidades hasta ahora insospechadas —Krilin se interpuso entre ellos conciliadoramente, aguantando las ganas de reír ante la actitud de esos dos—. Pero primero tenemos que escoger buenos autos, así que démonos prisa que Gokú, Pikoro y ese muchacho ya se nos adelantaron.

Y mientras tanto, en el área de las gradas…

Bulma, Milk y Lunch, junto con Chaozu, Puar, Gohan y Videl, se habían colocado en muy buenos asientos a la sombra para no perder detalle de la competencia. Unos cuantos asientos más a la derecha estaban el Dr. Maki Gero, 16 y 18, y en la parte más alta vemos a Babidi, Dabura y Majin Boo, quien absortamente miraba los espectaculares en los que se anunciaban las carreras del día, a los nuevos campeones y, lo más importante, las golosinas del momento. La joven 18 parecía aburrirse al máximo y el científico llevaba en las manos una especie de Tablet para hacer anotaciones… 16 miraba distraídamente hacia el cielo, con la vista fija en una parvada de palomas que daban vueltas alrededor de la zona.

Oye, viejo Maki, ¿en serio es necesario estar aquí? —bufó la rubia sin poder disimular su incomodidad.

Guarda silencio, número 18 —respondió el referido con seriedad—, cualquier punto débil que encontremos de Son Gokú y sus amigos podrá sernos de utilidad para derrotarlo.

Qué molesto es todo esto —rezongó la muchacha guardándose las ganas de asesinar a su "creador".

Volviendo al grupo principal…

Milk… ¿te sucede algo? —le preguntó Bulma al percatarse de que algo preocupaba a su amiga morena.

Tengo un mal presentimiento, Bulma… esto no va a acabar bien —respondió la aludida con voz de angustia.

Oh, vamos, Milk, no tienes de que preocuparte —dijo la científica en tono amable y desenfadado—. Los muchachos saben como conducir y no va a pasarles nada.

Pero es que esos androides también van a estar ahí… —mencionó la dama de negra cabellera mirando con disimulo hacia donde Maki Gero se encontraba—… y eso no es bueno.

Así la carrera será más emocionante —puntualizó la joven genio restándole importancia—. Ya verás como Gokú los pone en su lugar ahora que ya sabe conducir decentemente.

Es que… no sé… en el curso de manejo no le fue muy bien —Milk tartamudeó con algo de inseguridad, recordando todo lo que su amado esposo tuvo que pasar para obtener su licencia—. Con mucho trabajo aprobó el examen en el segundo intento, yo tuve que practicar con él en las noches.

Bulma pareció un poco pasmada ante esa información, más, pensándolo detenidamente, no era de extrañarse dado que su amigo de peinado punk es un cabeza dura en muchos aspectos.

Tú confía en Gokú, Milk, que ya sabrá que hacer en caso de ser necesario —pero había que darle ánimos a su compañera de "batallas"—. Además todos los muchachos y ese guapote del futuro no permitirán que nada malo suceda —añadió plenamente convencida.

Sí… creo que tienes razón —admitió la morena tratando de sonar más tranquila y segura.

Y por su parte Gohan, Videl y Lunch habían comprado rosetas de maíz y refresco… el pequeño Saiyajin tuvo que aguantar las ganas de comerse más de un kilo de palomitas para que su amiguita no fuera a cuestionarle por sus hábitos alimenticios, y se veían emocionados mirando hacia la parrilla de salida en espera de que los corredores tomaran sus posiciones para empezar la carrera.

Ya quiero ver al maestro Rōshi conducir como todo un profesional —observó la joven bandolera sonriendo grandemente—, y también a Ten Shin Han… aunque no recuerdo haberlo visto conducir alguna vez —meditó con algo de seriedad al pensarlo detenidamente.

¿Entonces, Gohan, dices que tu papá sabe conducir muy bien? —le preguntó Videl a Gohan.

Bueno… apenas el año pasado él y el señor Pikoro obtuvieron su licencia… —respondió el aludido un tanto dudoso. No podía decir que su progenitor fuera un conductor modelo.

Eso es bueno… vamos a ver una carrera por demás emocionante —opinó la chiquilla sonriéndole grandemente con un poco de coquetería, haciéndolo enrojecer de las mejillas por un segundo.

Y ya el grupo que iba a competir escogían en ese momento el automóvil que usarían durante la carrera. Casi todos vestían el ajustado traje de los conductores de Fórmula 1, claro, menos Gokú, al cual le gusta su propia vestimenta y no la cambia por nada del mundo a menos que Milk lo obligue, Pikoro, quien en definitiva no vestiría de forma ridícula, y, por supuesto, Cell, a quien de todos modos ningún traje le quedaría. Repentinamente alguien se presentó parándose enfrente de todos los autos para impedirles el avance.

Nota: Ya han de saber quien es el recién llegado, y mejor lo dejamos en suspense porque la carrera va a empezar. De verdad espero se estén divirtiendo con la historia que no tiene grandes pretensiones más que arrancar una sonrisa en sus rostros, y les adelanto mis mejores deseos para este fin de año e inicio del siguiente, así que disfruten los días de asueto sin pasarse de copas, eh? Un saludo.