Ahora el final, tengo ganas de llorar! Gracias por todo minna!

Epilogo

Cinco años han pasado desde la muerte de Lyn y Ace. Los mugiwaras pasaron un mal momento cuando su nakama se fue, pero pudieron salir adelante, comprendieron que ellos no querrían que sufrieran por su culpa.

En estos momentos ya habían recorrido casi toda la segunda parte del Grand Line, solo faltaba pisar tierra en la isla donde la hermana de Rey de los Piratas prometió que estaría. Nadie sabia de la promesa que Lyn le había hecho a Zoro, ya que él no tenía muchas esperanzas de que ella cumpliera su palabra y no quería darle falsas ilusiones a sus compañeros.

En el tiempo transcurrido Luffy había recolectado un par de nuevos nakamas, pero no eran muchos, solo tres. Jimbei, que los había ido a buscar a los tres meses del accidente, una chica que ahora estaba con Sanji, Yui y su hermano llamado Luke.

Una niña de unos cuatro, cinco años aproximadamente jugaba con la arena de la playa, la pequeña tenía un hermoso cabello largo que le llegaba hasta la cintura, de un color verde oliva; unos ojos rojos brillantes y una piel bronceada, por las muchas horas bajo el sol.

Al levantar la vista ve que a lo lejos un barco se acercaba a la isla, asustada corre por el bosque hasta dar con una pequeña pero acogedora cabaña.

-¡Mami, mami! Un barco se acerca, tengo miedo-le dijo entre llantos.

-¿Un barco pirata?-preguntó extrañada la mujer.

Esta también tenía sus ojos rojos, pero su cabello era negro, con algunos mechones de color plata.

-Sí, tengo mucho miedo-gimoteó.

-Kuina ve y escóndete en la cabaña, no salgas de ahí hasta que yo te lo diga ¿entendiste?-la pequeña asintió-, tu tío debe estar durmiendo, si alguien llega a venir lo despiertas, yo volveré luego.

La mujer dejó a su hija y salió corriendo a la costa.

Mientras tanto...

-¡Tierra a la vista!

-Chicos, esta isla es Raftel-anunció con una sonrisa Nami.

-Oi, hay alguien en la costa-dijo Chopper que de inmediato fue a no esconderse detrás de Luffy.

-¡Es verdad! Es una chica, ojala me deje ver sus bragas-dijo esperanzado Brook.

-¡Mellorine! Una hermosa dama nos vino a recibir-gritó el cocinero con su ojo convertido en un corazón.

-¡Sanji!-se quejó Yui ya acostumbrada al comportamiento de su novio, pero eso no significaba que no la pusiera celosa.

-Me pregunto quien será-se dijo Robin para si misma.

-Chicos, se parece a Lyn-dijo asombrado Ussop.

Al segundo que dijo aquello Zoro ya estaba apoyado en la barandilla tratando de ver, los demás hicieron lo mismo; cual fue su sorpresa al ver que era verdad.

Lyn llegó a la playa y cuando vio la bandera del barco, que estaba bastante cambiado desde la última vez, quedó en un estado de shock, del que solo salió al ver a su amado peliverde apoyado en la barandilla.

Las lágrimas empezaron a caer y sus labios se curvaron, empezó a mover la mano en forma de saludo, su sonrisa se ensanchó cuando le respondieron el saludo.

-¡Zoro!-gritó con todas sus ganas.

-¡Lyn!-se escuchó el grito de todos los tripulantes, pero sobre todo el del espadachín.

Los minutos que tardaron en llegar a la costa se hicieron eternos, el primero en saltar fuera del Sunny fue el espadachín; que corrió hacia la ex-peliplateada y la alzó en brazos para luego estamparle un beso que ella correspondió, los demás observaban la escena sorprendidos y conmovidos.

-Te amo-le dijo Lyn cuando se separaron.

-Yo también-respondió Zoro.

Los demás cuando vieron que habían terminado, se acercaron y le dieron un abrazo grupal a la chica, que por poco queda ahogada.

-¿Mami?-Kuina salió de entre los árboles acompañada de su tío Ace.

-¡¿Luffy?! ¡¿Sabo?!-gritó sorprendido el pelinegro cuando se vio atrapado por los brazos de sus hermanos que lo abrazaban mientras lloraban.

-Kuina, ven-la niña se acercó temerosa, ella nunca había visto tanta gente.

-¿Lyn?-preguntó Zoro sorprendido, al parecer si resulto estar embarazada y era una suerte no haber perdido al bebe durante la explosión.

-Zoro, te presento a tu hija-dijo tomando en brazos a la pequeña- Kuina, él es tu padre.

-¿D-de verdad?-preguntaron los dos a la vez mirando a la chica.

-Sí, de verdad-asintió-, perdón por ocultarlo Zoro, pero todos debían pensar que yo había muerto...-la chica siguió pidiendo disculpas, pero el peliverde ya no la escuchaba, sólo estaba concentrado en la pequeña.

Kuina alzó sus brazitos en dirección a su padre y él la recibió con gusto, la pequeña cerró sus ojitos y a los pocos segundos ya se encontraba dormida,en eso se parecía al peliverde.

Era una escena preciosa. Un padre y su hija se conocían, hermanos que se volvían a ver, amigos que se reencontraban después de muchos años y dos amantes intercambiaban mirada cargadas de amor.

El atardecer en esa isla que todos querían visitar nunca fue tan hermoso.

Fin