Capitulo XXVI ¡Buenos días, día!
Era Domingo, Candy se levantó de excelente humor, abrió la ventana de su cuarto, estiró su cuerpo y le brindó al día una grandiosa sonrisa y dijo: "buenos días, día" ¡Que lindo es estar viva! Al ver el cielo tan azul y brillante recordó los ojos de su amado príncipe y sonrió ampliamente.
Miró hacia afuera buscando el árbol donde habían estado la noche anterior pero no se veía desde su alcoba. Se dio una ducha, se puso un vestido ocre con manga corta, cuello cuadrado y el cabello agarrado a los lados con peinetas del mismo color, zapatillas negras de tacón y se fue a la habitación de la tía Elroy.
- Adelante - dijo Sheryl al escuchar el llamado a la puerta.
- ¡Buenos días! - saludó la rubia caminando hacia la cama de la enferma. - ¿Cómo se siente tía Elroy?
- Mejor Candy, no se que me dio el doctor Collins pero me siento mejor, aunque débil.
En esos momentos llevaban el desayuno para la tía.
- Póngalo en la mesita por favor -pidió Candy amablemente - Tía, permítame darle de comer, usted está muy débil todavía, Sheryl puedes retirarte, sé que has estado con ella toda la noche. Yo la cuido este día y por la noche, regresa mañana por favor y gracias – dijo sonriente.
- Está bien Candy, gracias.
Candy le daba de comer mientras le contaba que afuera hacia un lindo día y que si descansaba, la llevaría al jardín más tarde para que tomara el sol como lo hacían antes. La tía le pidió que abriera la ventana para ver la luz del sol. Al hacerlo los rayos del sol entraron radiantes alegrando la habitación.
- ¿Ve tía? ¡Es un día hermoso! en el jardín leeremos poesía, sé que le gustará.-dijo la enfermera desde la venta.
Luego Candy continuó dándole de comer hasta que escucharon que llamaban a la puerta.
- Adelante - dijo Candy desde la cama.
- ¡Buenos días! -saludó Albert sonriente entrando a la habitación.
Los ojos de Albert y Candy hicieron un contacto electrizante por unos segundos y se regalaron una sonrisa.
- ¿Cómo se siente tía? –preguntó el joven al pie de la cama.
- Mejor William pero Candy me alimenta demasiado –se quejó sonriente mientras Candy seguía dándole de comer.
- Tiene que recuperarse pronto abuela –fue la respuesta de la enfermera.
- ¿Y Sheryl? - preguntó el joven buscando con su vista a la otra enfermera.
- Le pedí que descansara, ella estuvo aquí desde ayer tarde y toda la noche –explicó la rubia.
- ¿Qué habrá pasado con Adele? - Añadió causando sorpresa en Candy.
En eso se escuchó un toque a la puerta.
- Adelante –dijo el joven.
- Perdón señor William, se me hizo tarde - dijo la chica entrando.
- Esta bien Adele –pausó y volteó el rostro a la rubia- Candy te espero en la sala.
- Sí – respondió mientras Albert salía.
Candy se quedó dando instrucciones a Adele, luego bajó a encontrarse con Albert.
- Albert, ¿Por qué otra enfermera? Yo quiero ocuparme de la abuela, para eso estoy aquí – reclamó entrando.
- Lo sé pequeña, también cuidarás de ella – respondió tomándola de las manos - pero yo también te necesito y esta casa –dijo tiernamente.
- Estaré contigo y la abuela todo el tiempo que pueda, pero…no me puedo ocupar de la casa, eso le corresponde a Annie como esposa de Archie no a mí –respondió en voz suave.
- Ah…-exclamó el rubio suspirando profundo- tienes razón –hizo una pausa y puso sus manos en la pequeña cintura- para mí el puesto te corresponde a ti. -No puedo esperar a que seas mi esposa - pensó.- Sabes, me gusta cómo cuidas a la tía, te lo agradezco tanto Candy y me gusta cómo me tratas a mí –dijo acariciándole una mejilla con el dorso de su mano.
- Albert te quiero, te quiero tanto… –dijo amorosamente abrazándolo.
- ¿Por qué un te quiero? ¿Por qué no un te amo? - pensó el.
A lo lejos escucharon un grupo de personas acercarse. Era el resto de la familia e invitados que se acercaban al comedor para desayunar por lo que se separaron.
Annie bajaba las escaleras del brazo de su esposo, Elisa y Grace junto a Neal. Al ver a Candy y Albert juntos, Elisa le dio una mirada a Grace como diciendo 'mira que desfachatez'. Al llegar a la sala, Grace fue directo al brazo de Albert un tanto descaradamente. Albert no pudo hacer nada y buscó los ojos de Candy quien trató de disimular.
- Es una atrevida - pensó enojada la rubia.
- Pasemos al comedor por favor - dijo Albert dándole su otro brazo libre a Candy y todos entraron.
Albert tomó la cabecera y le pidió a Candy que se sentara a su derecha, Grace a su izquierda. De inmediato Elisa y Neal comenzaron a hablar en tono bajo que solo ellos podían escuchar.
- Elisa, Neal, ¿tienen algo que compartir con nosotros? -dijo Albert.
- Sí, tío William –contestó Elisa en tono arrogante- Candy ya no es una Ardley y no veo por qué tenga que ocupar el puesto de la tía abuela en la mesa.
Candy quiso levantarse, a ella no le importaba cambiar de asiento pero Albert la tomó de la mano evitándolo.
- Candy es muy importante para mí y para ésta familia, pensé que ya te habías dado cuenta Elisa –fue la directa respuesta del rubio.
- ¡No quiero discutir por tonterías! –respondió Elisa sarcásticamente.
Albert sintió que su sangre hervía de rabia por la respuesta pero confiaba que llegaría el momento de hablar con ella.
El desayuno fue servido y comenzaron a comer.
- Albert, ¿cómo viste a la tía ésta mañana? –cuestionó Archie antes de tomar de su café.
- Un poco mejor pero todavía está débil.
- Le prometí sacarla al jardín esta tarde si descansa todo el día –comentó la rubia alegremente.
- ¡Tú no eres doctor! -dijo Elisa exaltada- ¿Cómo sabes lo que es mejor para ella?
- ¿Se te olvida que Candy cuidó a la tía en Lakewood? – exclamó Albert en su defensa.
- Tú no sabes nada de medicina Elisa, Candy es enfermera titulada, ella sabe lo que hace – intervino Archie.
- Un poco de sol le hará bien –añadió la rubia en tono dulce para apaciguar el tenso momento.
Elisa vio una buena oportunidad de hacer que Grace se luciera ante el tío William y hacer sentir mal a Candy:
- ¿Qué proyectos tienes al llegar a Londres Grace? –preguntó astutamente la pelirroja al tomar su taza de café.
- Por ahora creo que estaremos en América por algún tiempo porque mi padre está en trámites de negocios con William, pero al regresar a Londres acompañaré a mis padres a importantes recepciones y pienso seguir prestando mi apoyo a obras caritativas en Londres y París – respondió sinceramente la morena.
- ¡Como toda una dama de sociedad! –añadió Elisa en tono solemne viendo disimuladamente a Candy, mandándole una indirecta, que ésta entendió a la perfección.
Albert también entendió la indirecta y disimuladamente buscó los ojos esmeraldas, le dio una leve sonrisa de apoyo, la cual Candy agradeció dándole una tierna mirada.
- Albert me gustaría que continuáramos hablando sobre nuestro proyecto en África – dijo Grace poniendo una de sus manos sobre la mano del joven - ¿recuerdas que hablamos de eso ayer en nuestro paseo?
Los ojos de Candy se abrieron grandemente y bajó su rostro disimulando sus emociones.
- Ah, ustedes tienen un proyecto juntos - dijo Elisa despacio recalcando, viendo nuevamente a Candy.
- Sí Elisa, William y yo pensamos abrir una clínica en el lugar donde nos conocimos en África –dijo volteando su sonriente rostro hacia el joven- Será nuestroproyectojuntos William, no lo podría hacer sin ti - dijo apretando más la mano del joven.
Albert disimuladamente buscó la mirada de Candy, pero la encontró con el rostro bajo por lo que lentamente retiró su mano de entre la mano de Grace. Candy lo notó y en el fondo se sintió muy alegre.
- Por ahora preferiría concentrarme en los negocios pendientes con tu padre, Grace. Además la tía Elroy no está bien de salud, prefiero esperar si no te molesta – dijo antes de comenzar a comer.
En realidad el projecto habia sido idea de ella, no de el.
- Sí claro, tienes razón este no es el mejor momento, lo podemos dejar para después –respondió la morena un poco apenada porque todos vieron que el había retirado su mano.
El desayuno terminó. La mayoría acordó reunirse en dos horas en los jardines de la mansión para hacer un poco de ejercicio, jugar y caminar. Durante ese tiempo todos se cambiaron de ropa para la ocasión. Candy usó un hermoso vestido blanco, manga corta y se recogió el cabello en una cola con listones ocres, sombrero blanco y se maquilló un poco en tono rosado.
Todos comenzaron a congregarse en los jardines a la hora acordada. Un asistente llevó a la tía abuela al jardín en una silla de ruedas, desde ahí podría observar a los jóvenes jugando Cróquet. El grupo vestía en su mayoría tonos blancos.
Albert vestía pantalón blanco y camisa del mismo color con mangas enrolladas mostrando sus fuertes brazos.
Debido al calor se había abierto un poco la camisa mostrando el principio de su fuerte pecho el cual no pasó desapercibido por Candy, Grace y Elisa.
Luego, Candy corrió hacia la tía. A la anciana le pareció graciosa la agilidad de la rubia.
- ¿Cómo se siente tía Elroy? –dijo la chica cansada de la carrera.
- El sol me sienta bien Candy, ve a jugar, Adele me cuidará.
- Está bien tía – aceptó, luego corrió hacia el grupo que comenzaba a jugar.
La tía se deleitó viendo al joven grupo divertirse. Se oían carcajadas, risas, y gritos. Después de un rato, las damas decidieron jugar badminton y tanto fue la euforia, que los caballeros se unieron a ellas.
Albert y Candy estaban en el mismo equipo, ambos jugaban cerca uno del otro. En un instante cuando el volante venía sobre ellos, los dos corrieron en la misma dirección a golpearlo. Albert por ser más alto pudo golpearlo pero colisionó con Candy. Para evitar que ella cayera al piso, la abrazó fuertemente, y el sombrero cayó en el piso. Albert aprovechó el momento de tenerla en brazos:
- Te ves preciosa vestida de blanco – dijo seductor imaginándosela vestida de novia.
Ambos se regalaron una gran sonrisa.
Todos vieron el incidente, y tanto Grace como Elisa pensaron que el abrazo había durado más de lo necesario y se pusieron furiosas, mientras que Annie y Archie sonrieron.
***
Continuará
